Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 31 de julio de 2009

IGLESIA DE SAN SATURNINO, LA JOYA DE RIOSERAS




Un día no muy lejano se encontraban los fieles de Rioseras en misa y vieron caer una teja delante de sus propias narices. Afortunadamente, no hubo que lamentar desgracias personales en aquella ocasión, pero el incidente sirvió para que los vecinos de este pueblo cogieran miedo y ya no volvieran a escuchar más misas en su iglesia de siempre. No retejaron en su momento y, claro, la ruina pronto se apoderó de la iglesia. En su lugar se construyó una moderna de cemento en medio del pueblo, pasando San Saturnino al olvido. El desastre era evidente ya en 1987, como bien puede apreciarse en las fotografías. Y así, una preciosa iglesia de los siglos XII-XIII, románico-gótica, con bellísima rejería barroca en el pórtico de entrada, pasó a formar parte de las nobles ruinas olvidadas de Burgos. Era interesantísima la llamada Capilla del Cristo, del más puro estilo románico.

miércoles, 29 de julio de 2009

“CASTILLO DE LARA, ¿QUIÉN TE DERRIBÓ?”



FOTOS: antes y después del derrumbe


Diario 16 Burgos, 7 enero 1995

El derrumbe de una parte del castillo de Lara dio pie al siguiente artículo:


En la noche del 30 al 31 de diciembre pasado se produjo un ruido sordo, con arrastre de piedras, en el Picón de Lara, y otro seco que atronó el interior de la iglesia parroquial de Lara de los Infantes. Debió ser aquella una noche de perros, de lluvia y fortísimo viento. Nadie oyó nada, tal vez algún perro ladró unos instantes, pero luego fue el silencio y otra vez aulló el viento. A la mañana siguiente los poquitos vecinos de la Jurisdicción de Lara miraron como cada día hacia las peñas y vieron que el castillo parecía una estaca clavada en el Picón, que su imagen no era la misma que la del día anterior: había desaparecido el gran bocarón que conocían desde niños. También los pasajeros de autobuses La Serrana y los conductores de los coches que circulaban por la N-234 notaron aquella mañana que lago faltaba en el célebre Picón. Y la noticia corrió de pueblo en pueblo, de casa en casa: ¡el castillo de Lara se ha derrumbado!

En la iglesia de la natividad de Nuestra Señora, parroquial de Lara de los Infantes, declarada hace años Monumento Histórico Artístico –no se sabe muy bien para qué, si su abandono es clamoroso-, el huracán de la noche hizo vibrar el edificio y un artístico zócalo barroco, de madera y con angelote, que coronaba un gran cuadro, cayó al suelo con gran estrépito partiéndose en cien pedazos. Don Abel, el cura párroco, lo encontró de esa guisa y recordó, al ver el hueco del cuadro, otra noche que los cacos desvalijaron la iglesia llevándose parte de su arte para ser pasto de especuladores. El zócalo sigue allí, nada de él se ha movido, como si fuera el cadáver de un asesinado esperando la visita de los forenses del patrimonio.

Un castillo para un alfoz

Entres las sierras del Mencilla y Las Mamblas, se encuentran la Peña de Lara, La Muela y el Picón de Lara, tres míticos alcores en torno a los cuales se han escrito bellas páginas de nuestra Historia y el arte burgalés. Son tierras de alfoz, de infantes decapitados, de leyendas cantadas a través de los siglos; tierras de castros, y dólmenes, de ocupación romana y de filigranas visigodas y románicas. Cada rincón de Lara es una hoja en el libro de la castilla primitiva, un libro cuya portada se muestra en el fabuloso y damnificado castillo. Su imagen, tan familiar a todos los burgaleses, no debe desaparecer nunca, como testigo recortado sobre una historia que nos pertenece y no debemos olvidar.

“Castillo de Lara, ¿quién te derribó?
El castillo de Bocanegra, el de Burgos,
que pudo más que yo”.

Así reza el dicho cantado en los pueblos situados en derredor del famoso Picón, probablemente haciendo alusión a las disputas que por su posesión mantuvieron esta fortaleza y la ciudad de Burgos en el siglo XIII.
El origen del castillo habría que buscarlo en los pedruscos que Gonzalo Fernández, padre de Fernán González, encontró en La Muela cuando se hallaba fundando Lara y tratando de ahuecar a los moros de carazo. Créese que Fernán González nació del vientre de la señora Muniadona en este castillo, un hecho que resalta aún más la necesidad de recuperar su figura, la del castillo, al menos lo que de ella hasta ahora conocíamos.
Reducto, pues, de los señores de Lara, fue este castillo cabeza de un dilatado alfoz, administrando a 67 pueblos o lugares de la comarca. La casa paterna del buen conde creció en poderío y el prestigio y el señorío de Lara también, tal vez por ello en Burgos crecieran las envidias y las apetencias por el dominio de la fortaleza. Así se explica que, en 1255, Alfonso X entregara a Burgos la posesión de la misma. Hubo, sí, rebeldías por aquella afrenta, pero al final Burgos acabó cortando el bacalao en Lara y desde la capital se nombraban los alcaides del castillo. Los Cartagena ostentaron este cargo en el siglo XV, cuando estaba en manos de un “extranjero”, un tal Jofre de Cotanes, era una pura ruina, un a ruina de la cual desde Burgos se trató de poner freno enviándose para ello a un ilustre de la cantería, nada menos que al autor del crucero de la catedral, Juan de Vallejo. Sin embargo, este maestro no debió hacer nada, o muy poco, ya que en 1752 el informe de otro colega, Pedro de Castañeda, decía que la barbacana, las seis torres que tenía el castillo, más la del Homenaje, estaban francamente mal, y se preguntaba si merecía la pena gastar muchos maravedises en un lugar en el que ya no vivía nadie.
Resulta curioso comprobar cómo la historia se repite una vez más, pues así como en el siglo XVI desde la capital se envió a un técnico para ver el estado del castillo y su posible reparación, ahora, tres siglos después, desde el mismo lugar una llamada Comisión de Patrimonio ha enviado a otro para que dé su informe de los desperfectos que se ocasionaron en la noche de autos.




lunes, 27 de julio de 2009

LA CASA DE JUANA LA LOCA EN PRESENCIO





FOTOGRAFÍAS: Casa de Juana la Loca, Presencio. (Tomadas en 2007).

En la Plaza Mayor de Presencio, junto a un bellísimo rollo-picota gótico-renacentista, se encuentra una de las más bellas muestras de arquitectura civil en la provincia de Burgos. Es la casa blasonada que los vecinos de dicho pueblo conocen como Casa de Juana la Loca. Se justifica esta denominación por el hecho de que la tradición popular asegura que la reina Juana I de Castilla pernoctó en ella en su nocturno viaje por los campos del Arlanzón y del Cerrato, con su marido Felipe el Hermoso muerto, rumbo a Granada.
El estado del edificio es ruinoso, en realidad de su parte noble sólo se conserva la fachada principal. Pero es esta fachada de un porte bellísimo: su organización en tres cuerpos, de ladrillo mudéjar los dos últimos y de piedra sillar el primero, y con zapatas o modillones terminados en curiosos mascarones primorosamente labrados, le dan un porte difícil de encontrar en la provincia de Burgos.
Por nada del mundo habría de perderse esta fachada, aunque, por unos o por otros, me temo que esto pueda llegar a suceder.


viernes, 24 de julio de 2009

EL BURGOS DE MI INFANCIA (MEDIADOS DEL SIGLO XX)






Inédito


FOTOS: "Ir de merienda" el día de la Virgen de Agosto. Locomotora y depósito de aguadas.



            Consciente de que en el listado que sigue faltarán muchos aspectos de la vida en el Burgos que conocí en mi infancia, mediado el siglo XX, y de que cada uno de los elementos señalados mercería ser estudiado en profundidad, espero que sea una ayudita para todo aquel que quiera conocer cómo vivíamos y cómo éramos los burgaleses por aquel tiempo de sabañones y de cara al sol.


SERVICIOS PÚBLICOS

Biblioteca Pública del Espolón (en el Paseo del Espolón, Casa del Consulado. La puerta de acceso era de dos hojas y se abría como en las tabernas del Fart West)
Servicio de alumbrado (fábricas de electricidad, plaza de Alonso Martínez)
Compañía de Aguas (el depósito viejo del castillo)
Lavaderos públicos (en Barrio Gimeno, pegados a Transeúntes)
Matadero Municipal (de los Vadillos, en lo que es ahora el colegio de La Salle)
Centro de transeúntes (Barrio Gimeno, junto al hospital de La Concepción, entre el solar de la Fábrica de Gas y los lavaderos)
La sanidad (el Hospital Provincial, lugar de locos; Hospital de Barrantes, Clínica del Carmen (en La Castellana); Clínica del 18 de Julio, en San Pedro de Cardeña.... y otros)
Retretes públicos (el del Teatro Principal, el de La Isla. Pagabas por el servicio y había una señora sentada en una silla que cobraba unos céntimos)
El Cementerio (estaba junto a la antigua prisión, por el paseo de El Empecinado, se desmanteló y al poco se levantó un gran seminario)
Orden Público (los guardias urbanos)
Los serenos (guardaban los barrios por la noche y abrían los portales a los vecinos más rezagados. Se daban palmadas para que acudiera y se gritaba: ¡Serenooooo!... y él contestaba: ¡Vaaaaaaa! Llevaban consigo, colgado, un gran manojo de llaves, las de todos los portales del barrio que tenían encomendado)
La cárcel (la de Francisco Salinas: desde El Empecinado se veía a los presos jugar a la pelota. Había garitas de madera fuera para los guardias que vigilaban la prisión)
La Comisaría (calle Vitoria, cuartelillo de los municipales en las traseras del Teatro Principal. Por sólo tirar bolas de nieve a las chicas te podían llevar al cuartelillo y darte dos buenos guantazos)
Los barrenderos (con sus escobas, las escobas eran de brezo)
La basura se amontonaba en las calles, haciéndose grandes montañas (se la llevaban en carros)
Los carteros (golpeaban el llamador del portal y gritaban los nombres de los vecinos que recibían carta)
Faroleros de luz eléctrica (accionaban interruptores de cuchillas con sus pértigas, encendían y apagaban la luz de las calles, al amanecer y al atardecer)
Los fielatos (para cobrar tasas, a la entrada de la ciudad)
La casa de empeños (por la Plaza Vega)
Los mercados (sur y norte)
Las lecheras (venían con carros tirados por percherones y vendían leche en los portales de las casas. Usaban recipientes y medidas de zinc)
La Alhóndiga (calle de Madrid, frente a San Agustín y Hospital Provincial)
Las caravanas del trigo (carros de los pueblos cargados de cereal que se descargaban en el silo de la carretera de Arcos. Hacían colas kilométricas)
El hospicio y el torno (en plaza de San Agustín. Se abandonaban los niños en él y los chicos jugábamos haciéndole girar, para desagrado de las monjas)
Los alfareros (barrio de Alfareros; la familia Calvo )
La tahonas (había panaderías)
Paragüeros y lañadores (eran los componedores, los "húngaros"; se ponían sentados en las calles a reparar cazuelas y pucheros, paraguas y somieres y otros cacharros)
El afilador (Venían de lejos, andando y con la rueda de afilar. Recorrían las calles y hacían sonar un chiflo; a continuación llovía)
El “Trapero Globero” (recorría las calles con un carrito y repartía enormes y preciosos globos a cambio de trapos viejos. Solía gritar: ¡El trapero, globerooooo!)
El organillero (tocaba el organillo por las calles. Era una bendición oírlo)
Vendedores de helados (el señor Jesús y su locomotora de tren. Tenía unas lentes muy gordas y no veía bien las monedas. Se ponía cerca del arco de Santa María, en la Avenida del Generalísimo)
Repartidores con carros y caballerías (carboneros, lecheros, panaderos, etc. Los orines de los percherones dejaban corros amarillos en la nieve)
Las chachas (con sus uniformes y su carritos de niños en el Espolón Alto. Se las solía ver acompañadas de soldados turutas)
Las castañeras (todos los inviernos y en distintas calles, como ahora pero daban más calor)



Lavaderos públicos de barrio Gimeno. 




MILITARES

Las llegadas de Franco y su guarda mora (un espectáculo; la gente se arremolinaba en las aceras y corría hacia el palacio de la Isla para ver y aclamar al Dictador)
Los cornetines tocando a diana y en el arriado (se oía a través de las tapias de los cuarteles)
Arriado de banderas (los hombres, aunque no fueran militares, se ponían firmes en las calles cercanas mientras duraba el cornetín del arriado)
Los cuarteles (había muchos, muchos, por la calle Vitoria, por el Museo de la Evolución..., y por más sitios)
Soldados por las calles y en los cines (el color caqui inundaba la ciudad en las horas de paseo. Los domingos, en la sesión de las 5, los cines olían a caballerías))
Desfiles militares (abundantes y con cualquier motivo)
Los soldados saludan en las calles a los oficiales y superiores (como en el cuartel; los pobrecitos no paraban de levantar la mano, era de ver)


RELIGIOSOS

El Viático (nos arrodillábamos al pasar. Iba el cura y un monaguillo con una campanilla)
Las Procesiones (colchas en balcones y ventanas; participaba todo Burgos, creo. Había muchas y con cualquier motivo)
Procesiones con militares con casco (jalonaban y protegían las dos aceras de la procesión; en las de verano, les salían goterones de sudor bajo el casco de hierro marrón)
Los “monumentos” (era un entretenimiento para jóvenes y mayores ir a visitar los monumentos de la Semana Santa en las iglesias)
Semana Santa (no se podía cantar ni bailar, ni chiflar; no había cine ni baile)
Navidad, recorrido por los belenes de las parroquias, conventos y colegios (jóvenes y mayores)
Seminaristas de paseo y bonetes (largas comitivas de negro y morado por las calles; el poco tráfico que había se interrumpía para dejarlas pasar de una acera a otra)
Campanadas de la catedral, y otras muchas parroquias (desde muy de mañana ya sonaban, todas coincidían y era un gran concierto)
Captación de vocaciones religiosas en las escuelas (venían los frailes a clase sorpresivamente y animaban a los chicos a seguir la carrera. No era mala cosa, porque te enseñaban y te daban de comer gratis, lo que era ciertamente goloso para algunas casas necesitadas o de familia numerosas)
Besos al anillo del obispo y a la mano de los curas (a veces daban un caramelo)


AFIRMACIÓN DEL REGIMEN

La Sección Femenina (daban clases de Formación del Espíritu Nacional, hacían y enseñaban gimnasia, ayudaban a pobres... y otras muchas cosas)
El Hogar de Falange (estaba en la calle Defensores de Oviedo. Para entrar en él había que saludar con el saludo fascista y con taconazo. Tenía salón de cine, futbolines, mesas de billar y de pi pon, y en el invierno hacía algo menos frío que en la calle)
Las coronas de José Antonio en la Catedral (todos los años, el 20 de noviembre, Día del Dolor, había concentración en la plaza del Rey San Fernando; se ponían coronas de laurel a José Antonio, en una pared junto a la puerta del Sarmental, y se cantaba el Cara al Sol con el brazo en alto. Impresionaba, se nos ponían los pelos de punta)


OTRAS COSTUMBRES

Niños abandonados (en el torno del Hospicio y en los portales)
Peleas en la calle (sobre todo al salir de los bailes en el Club Ciclista)
Borrachos en la calle (se veían muchos, no se tenían)
El luto y los entierros (se ponía brazalete ancho en una manga de la chaqueta)
Los aguinaldos y los guardias de tráfico (los guardias urbanos, con sus cascos blancos, y a veces con largos tabardos, se ponían en las intersecciones de las calles, en una especie de isleta. Y en Navidad los comerciantes de la zona dejaban aguinaldos a su alrededor)
El Espolón (se paseaba para arriba y para abajo, una y cien veces, mañana y tarde. Los chicos y chicas se echaban miradas cómplices y se ligaba, "a la próxima vuelta le digo algo")
Los charlatanes (La Maña en el Puente San Pablo; vendía cosas milagrosas, de todo, y gritaba mucho subida en un pedestal)
Los ciegos adivinadores (hacían trampa, pero dejaban embobado al personal que les hacía corro. Llevaban una ayudante que estaba al tanto del truco)
Comida-merienda el día la Virgen de Agosto (se decía “ir de merienda”, iba toda la familia. No faltaba en la cesta de las viandas el melón o la sandía, tampoco el vino y la gaseosa. Generalmente se iba a La Quinta, y se tendían los manteles bajo los chopos)
Los carameleros de los cines (gritaban en los descansos: ¡hay caramelos y bombones!)
Los acomodadores del cine (vestían de uniforme y reñían a los espectadores ruidosos o a las parejas que se sobrepasaban)
Los bébes iban al cine (las madres iban al cine con sus hijos recién nacidos. Y cuando estos lloraban alguien en la sala gritaba: "¡Que le den la tetaaaa!", y la mujer se salía al vestíbulo hasta que el niño se calmaba, luego entraba otra vez)
Lavanderas bajo los puentes del Arlanzón (tendían las coladas en la hierba de las orillas)
Vareo de los colchones (se sacaba la lana de los colchones y se la golpeaba con una vara para ahuecarlla; se hacía en cualquier sitio, pero gustaba más en el río) 
Las putas de San Gil (soldados haciendo cola en la calle; el agua de cada servicio lo tiraban a la calle)


DOMÉSTICOS

Habitaciones con derecho a cocina (pues eso mismo)
Cocina económica (la paila y el agua caliente. Los pies fríos o los calcetines mojados dentro del horno, producía sabañones)
Cocinas de petróleo (olor pestilente que lo impregnaba todo)
La carbonería (carbón de piedra y de bolas, granza, sacos de astillas; el carbonero subía los sacos a los pisos, con gran esfuerzo)
Rebuscadoras de carbón en la estación de tren (generalmente mujeres vestidas de negro)
Retretes colectivos en las casas (en el último piso)
Sardinas arenques (se las quitaba la piel en los quicios de las puertas o con papel de estraza y a manotazos)
La radio (se ponía colgada en una pared de la cocina, sobre unas palomillas, a modo de altarcillo. También las había de galena, en cuyo caso la antena se enganchaba al somier de la cama)
Chinches (salían en las uniones de los travesaños de las camas y se combatían con unos polvos)
Cucarachas (vivían en las carboneras de las casas y por las noches salían a merodear por la cocina)
Ratones (lo mismo)


DIVERSIONES, JUEGOS Y PICIAS DE NIÑOS/AS

Los niños en las calles (no había en las casas ni televisión ni ordenadores; la calle era la televisión y el Internet de entonces)
Los juegos (muchos y todos en la calle; El Guincho, La Talala Trompa, el Huevo (con bolas y dinero ¡hasta de peseta!), la meta, en medio de la carretera, las Chapas, los Cacosel Guá; y más...)
El Aro (corriendo y haciendo rodar el aro, íbamos hasta La Milanera cuando allí jugaba nuestro equipo de fútbol en la liga de barrios... San Felices, San Pedro, la SESA, Los Vadillos....)
La Cueva del Moro (exploraciones en la cueva del castillo. Había quien decía que desde la cueva se podía salir a la catedral. A la entrada hacíamos tapias de piedra para dejar cerrados a otros que estaban dentro)
Las dreas (batallas con piedras entre las pandillas de los barrios. Para provocarla o concertarla, se gritaba: "¡Queremos drea, queremos drea!")
Petardos de clorato potásico y azufre (la mezcla se ponía debajo de un canto rodado, se daba una patada con fuerza el canto y ... ¡pummmm!; se partía el canto por la explosión)
El Bote (se hacía un hoyo en el suelo, se introducía un pedazo de carburo, se echaba agua, se metía un bote con un agujero, se le sellaba con barro, se prendía fuego al gas que salía por el agujero y el bote salía disparado como un cohete)
La tramilla en los llamadores (se ataba una tramilla al llamador de cualquier piso alto y se tiraba desde el portal. Salía el vecino y no veía a nadie, y así durante un rato)
Palo a las huertas (“dar palo”, robar (mangar) fruta de los árboles en las huertas era un entretenimiento más de los chicos)
Captura de pájaros con liga (se ponía liga en juncos y se dejaban en pequeños arroyos o charcas donde se sabía que los pájaros iban a beber; por lo general se cogían colorines, verdelones y gorriones
Los Trampones (pequeña cascada en el Arlanzón aprovechada para el baño por los chicos; las chicas miraban, sentadas en el malecón)
Cines en el Liceo y el Círculo (era los domingos por la tarde y valía una peseta: a la entrada y salida se cambiaban novelas; en "Los tachuelas" se rezaba el Rosario antes de la película)


DIVERSIONES DE ADULTOS, HOMBRES Y MUJERES

Bailes de los barrios, en la calle (cada barrio tenía su fiesta y baile en la calle)
El cine, los cines (había unas ocho salas de cine comercial, el más popular era el "Pulguero")
Las barracas (se ponían en La Quinta, a continuación del cuartel de Sementales)
Circos y teatros (Teatro Circo Cirujeda, Circo Americano, Circo Atlas, con sus zoológicos)
Fútbol en el Campo Zatorre (vecinos veían los partidos desde las ventanas de las casas colindantes)
Ciclismo (El Velódromo de La Quinta; la Carrera del Pavo en Navidad; la Carrera de los Puentes)


ESCUELA PRIMARIA

Los colegios (San Pablo, Liceo, Círculo, San Antonio, El Zapatito, Los Cagones, etc, etc.).
Colegios en casas particulares (cualquier señora medianamente ilustrada, sin ser maestra, podía dar clases en su domicilio)
En el aula de la escuela estaban presentes Franco, José Antonio y la Inmaculada Concepción, y el encerado gastaba tiza de yeso de mina.
La Tarela (llamábamos “hacer la tarela” cuando, voluntariamente y sin motivo que lo justificara, no se iba a clase)


EL HAMBRE

El chusco y las algarrobas en el Parque de Intendencia de San Francisco (los chuscos eran sólo para militares y su familia; a veces, apiadados, los soldados daban algarrobas a los chicos que no eran allegados a los militares)
Leche en polvo y queso americanos del Plan Marshall (nos entretenía las mañanas en la escuela, sobre todo cuando había que encender la estufa para hervir el perol de la leche; se nos iba la mañana en ello)
Los gatos de los túneles del Arlanzón (algunos con más hambre que otros se los comían como si fueran conejos)
La pesca a mano en el río (los chicos conocíamos cada cueva, cada piedra, cada ladrillo donde vivían los cangrejos en el Arlanzón)
Los escaparates con cestas de Navidad (a través del vaho de los cristales, los chicos las devorábamos con los ojos)


EL FRÍO Y SUS CONSECUENCIAS, ALIVIOS

El Frío Industrial (fábrica de hacer refrescos en la calle Madrid)
El frío hacía salir sabañones (los sabañones eran muy frecuentes y molestos; ahora, con el cambio climático, ya casi no se dan)
La fábrica de hielo (en la calle El Tinte. Se compraban barras de hielo para los bares, las casas y para cuando se iba de merienda a La Quinta en verano)
Los frigoríficos de hielo (los debía haber, pero debía ser sólo en las casas de los más pudientes)
Flores y hojas de hielo en los cristales (la condensación producía arte en los cristales. Ahora, con el calor de las calefacciones, eso se ha perdido. Una pena, porque era un arte muy bonito)
Los caleros y hornos de cal (estaban en la calle de Los Alfareros, servían también para calentarse las personas y para hervir los pucheros las mujeres)
La paila (era un depósito de agua caliente que tenía la cocina económica, una bendición)
El brasero (funcionaba con carbón vegetal; tenía una alambrera que lo cubría y se ponía debajo de la mesa camilla; producía un tufo que podía llegar a ser mortal)


LOS BARRIOS

Del centro y "pudientes" (los chicos del sur generalmente no solíamos acercarnos a ellos, no sé por qué, quizá porque nos pillaba lejos. Ir al otro lado del río era ya mucho viajar, toda una expedición)
Lejanos y al otro lado del río (al sur, San Isidro, Alfareros, carretera de Arcos y compañía, éramos los mejores)
Barriada Yagüe y San Esteban (las pandas de aquellos barrios daban miedo; tenía que ser muy osado cualquier otro barrio para enfrentarse en drea con ellas)


MEDIOS DE COMUNICACIÓN

La radio colgada en la cocina (el Parte “por Dios por la patria y el rey”, “Viva Franco”, “Arriba España”)
Los programas de la radio (Matilde, Perico y Periquín; Pepe Iglesias “El Zorro”, y “ustedes pueden ser formidables”, de Alberto Oliveras, con la Sinfonía del Nuevo Mundo)
La prensa (El Diario, La Voz de Castilla, La Hoja del Lunes)
Vendedores de periódicos (gritaban en las calles agitando un ejemplar. Lupita era uno de ellos, "¡Ha muerto el Santo Padre", gritó una mañana, agitando el periódico cuando murió Pío XII) 


LA ESTACIÓN DEL TREN

Las locomotoras de vapor (echaban mucho humo y niebla y hacían un ruido tremendo, que era algo así como ¡fa, fa, fa, fa!
Los depósitos de aguadas (eran, altos, redondos, plateados de purpurina, y tenían una manguera que giraba con la que se cargaba el agua en las máquinas de los trenes)
Las vías del tren (había una que llevaba a la gente a los pueblos del norte y del sur de Burgos; por ella circulaba el ferrocarril Santander-Mediterráneo. Después había otra vía que llevaba a los emigrantes hacia Europa. El Correo, El Rapidillo, El Expreso, trenes para la memoria)
Los maleteros de la estación (tenían un carrito de mano para llevar las maletas a los usuarios que se lo pedían)
El Guarda Jurado de la estación (llevaba uniforme y escopeta; era el terror de los chicos que jugábamos en los vagones)

Y muchas más cosas que ahora no me acuerdo, porque la memoria es frágil..



miércoles, 22 de julio de 2009

LAS CANTERAS DE HONTORIA-CUBILLO, OLVIDO, BARBARIE Y POSIBILIDADES









Desde que a finales del siglo pasado un destacamento militar abandonara las canteras llamadas de Hontoria, la barbarie se ha cebado en ellas. Primero fue el desguace a conciencia de las instalaciones militares, que por su buen equipamiento y excelente conservación podrían haber sido utilizadas como colonias veraniegas o cualquier otro digno uso. Después, tocaba a las mismas canteras: se quema una furgoneta en su interior, se hacen todo tipo de bacanales dentro, dejando basura por todos lados, se grafitea aquí y allá, se rompen las alambradas de protección... en fin, para qué seguir.

Pero todavía el desastre no es total. Todavía se puede recuperar este patrimonio histórico-natural con enormes posibilidades para el disfrute de la gente civilizada que, pese a lo que pueda pensarse, todavía queda, y mucha. Cabe recordar, en este sentido, la iniciativa de Aurelio Rubio Marcos en 1998, que fue secundada con entusia
smo por el Ayuntamiento de Cubillo del Campo, para la recuperación de las canteras y su posterior uso. Desgraciadamente, tras el fallecimiento de mi querido hermano, aquella iniciativa pasó al olvido.

Siguiendo en la línea de Aurelio, aprovecho para lanzar la idea de crear un gran CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LAS CANTERAS DE HONTORIA-CUBILLO.... pero sin ninguna esperanza de que alguien recoja el guante.



NOTICIA CALIENTE:

La red Construrock, una propuesta creada por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) para restaurar las canteras, tiene preparado un amplio equipo de trabajo que dará servicio tanto a los arquitectos como a la administración, para que los monumentos se restauren con materiales originales. Los equipos de trabajo de investigación son públicos y privados. En cuanto a los materiales se dará una mayor prioridad a la piedra.
José Manuel Baltuille, responsable de esta iniciativa y jefe del Área de Infraestructura Minera del IGME señala que “el primer paso es la elaboración de un catálogo o inventario de los huecos mineros que han surtido de piedra al patrimonio monumental e histórico de España. Todavía no existe ninguna figura de protección para las canteras históricas, ya que no entran en el marco del patrimonio minero ni en los lugares de interés geológico”.Muchas canteras de valor histórico están amenazadas por vertidos y urbanizaciones. “Un inventario no sólo evitaría restauraciones con materiales inadecuados sino que, además, impediría que estas canteras fueran arruinadas por vertidos, urbanizaciones, infraestructuras, etc., como ya ha sucedido en algunos lugares”, continúa Baltuille.

martes, 21 de julio de 2009

CASONAS DE HIDALGO Y RECTORALES


Casonas de Pesadas de Burgos y de Pedrosa de Río Urbel

Por estar en lugares despoblados o abandonados; por el desconocimiento, que sería tanto como decir por la dejadez e indolencia de los responsables del patrimonio; por la incuria de los dueños o de los Ayuntamientos; por la falta de sensibilidad y concienciación de la ciudadanía en general; por el egoísmo, barbarie o incultura de muchos; porque nos faltan años luz para ponernos a nivel de países que, como nuestra vecina Francia, valoran, miman y conservan su patrimonio; porque los políticos y las administraciones prefieren actuaciones de relumbrón y no por otras con visión de conjunto; porque a muy pocos políticos y ciudadanos quita el sueño que una o cien ermitas románicas, un castillo o cien castillos, una o cien casas palaciegas, uno o cien monasterios medievales, una muestra o mil de arquitectura popular incomparable e insustituible desparezcan.

Por eso -y no me hablen de dinero, que hace ya tiempo que perdí la inocencia-, nuestro patrimonio va degradándose y/o desapareciendo.


No se da importancia a las magníficas casas rectorales y de hidalgos del siglo XVIII que, en gran número, existen en la mitad norte de Burgos. Y sin embargo es un patrimonio de incalculable valor. Preciosas ventanas deliciosamente remarcadas, sillares labrados con el mimo de una época de canteros artistas, perfectos arcos de piedra que hablan con elocuencia de la hidalguía castellana, se derrumban ante la indiferencia de los ayuntamientos, de las administraciones y de los propios habitantes de los pueblos. Nos da igual, pero seguimos hablando de lo importante que es el turismo para asentar población.




LA IGLESIA ROMÁNICA DE VALDEARNEDO




Antes y después del ábside de Valdearnedo. Han transcurrido 20 años de una fotografía a otra.


Despoblados como Valdearnedo son lugares en los que los expoliadores actúan con entera libertad, dejando el patrimonio existente hecho unos zorros. Y si a ello se suma el desinterés de quien debe velar por su protección o rescate, entonces la tragedia se consuma indefectiblemente.
En 1989 el delicioso ábside de la iglesia de Valdearnedo todavía presentaba un aspecto aceptable y apto para su recuperación. Hoy, 20 años después, la iglesia es ya irrecuperable. Por eso hay que insistir en la necesidad de crear un parque románico en la ciudad o en algún lugar elegido, en donde se puedan ubicar y proteger las manifestaciones románicas que todavía quedan pero que les queda poco tiempo de permanencia.






CASAS NOTABLES DE BURGOS (II)




CASA DE PRUDENCIO DORRONSORO O
CUANDO EL LADRILLO SE HACE ARTE

Diario 16 Burgos, 12 diciembre 1993

El paseo sosegado por la calle Santander, si es que el tráfico de esta transitadísima rúa burgalesa permite tal lujo en el día de hoy, depara al buen observador el regusto de la contemplación de una serie de edificios de vieja y espléndida factura y no menos interesante diseño. Algunos son propios de una época dorada de la arquitectura doméstica en Burgos, cual fue el final del siglo pasado (XIX) y los primeros del XX. Destaca entre todos ellos uno, con fachadas a las calles de Santander, avenida del Cid y San Juan, que en el momento de su construcción recibió el nº 51 de la última calle citada. Se trata de una ejemplar edificación en la que se conjugan, de manera armoniosa, ladrillo, piedra, hierro y madera, incluso algunas labores escultóricas y bandas de azulejos, cuya autoría hay que atribuir al maestro de obras Eduardo Olasagasti Irigoyen. A él hay que agradecer la magistral utilización del ladrillo en esta casa y de él podían haber tomado buena nota algunos arquitectos de hoy, cuando de forma masiva, desnuda e impersonal han hecho y hacen uso del caravista.
El nacimiento de esta casa se remonta a 1853, año en el que el Ayuntamiento Constitucional concede licencia de construcción en un solar de su propiedad a José Martínez de Velasco. La obra, empero, quedó paralizada por espacio de diez años, ignorándose los motivos, siendo reanudada en 1894 por el nuevo dueño del solar, Prudencio Dorronsoro, a quien el Consistorio da permiso para edificar según planos, en expediente de 22 de julio de ese año. (AMBU).
No es común que un edificio se resuelva a tres calles, como es este el caso (Santander, San Juan y Plaza del General Santocildes), por ello, y debido a que cada una tenía su propia catalogación, existió algún problemilla en la resolución De la altura que debía tener, que al final quedó establecida en 18 metros. Por lo demás, su alzado no originó ninguna otra cuestión conocida. La presencia de un edificio de estas características debió suponer, para la época en que fue construido, un toque de modernidad. Por el lado oriental se abría a grandes espacios no urbanizados y ocupados por huertos lindantes con los ríos Vena y Pico. Los vecinos que ocuparon la fachada orientada hacia Los vadillos serían testigos de excepción, durante medio siglo, de los movimientos de tropas y piezas de artillería en el Parque de Artillería de San Idelfonso, que entonces estaba situado a los pies de la casa, en la Plaza del General Santocildes. Igualmente, asomados a las ventanas, serían observadores de privilegio del trasiego en el gran casetón del mercado norte que estuvo presente hasta 1967 en la misma plaza.

CASAS NOTABLES DE BURGOS (I)



UNA ALINEACIÓN CON PROBLEMAS

Historia inédita del edificio del hotel Norte y Londres


Diario 16 Burgos, 28 noviembre 1993

A punto estuvo la calle Laín Calvo, en Burgos, de tener una embocadura angosta, tanto que no se hubiera parecido en nada a la que ahora tiene, bien amplia por cierto.
Durante casi dos años (1862-1864), el Ayuntamiento Constitucional de la ciudad mantuvo una reñida pugna con la condesa viuda de Bornos, a través de su apoderado Modesto López de la Riva, por insistir la nobiliaria dama, afincada en Madrid, en levantar un edificio sobre el solar que se liberó después de que una casa torre, también de su propiedad, se arruinara hacia la mitad del siglo pasado (XIX) en la Plazuela de la Audiencia, actualmente nº 1 de la plaza de Alonso Martínez. El Ayuntamiento, por aquel entonces contrario ya al desarrollo espontáneo de la ciudad, con buena lógica y mirando por la conveniencia el ornato público y la mejor circulación de personas y carruajes, “así como la mayor ventilación de la calle más larga y concurrida de la ciudad”, defendió a través de su Comisión de Obras, con uñas y dientes, que la nueva casa que se pretendía “con un ángulo extraordinario”, se ajustara a la línea recta que marcaban las casas que ya estaban de Primitivo Navaes y Jalón (las que comienzan en la calle del Arco del Pilar) y que en aquel momento llegaban hasta cerca del establecimiento EL Castellano.
Por su parte, la mencionada condesa, aferrándose a unas “líneas acordadas”, en un pleno de 1850, de reñida votación, pretendía irrumpir, según planos que se adjuntaban en la solicitud de la licencia de obras, hasta prácticamente la mitad de la anchura que ahora tiene la calle. A lo que, de haberse llevado acabo, hubiera provocado, según la sensata Comisión de Obras, “las murmuraciones de todos cuantos nacionales y extranjeros repararan en semejante deformidad” (Archivo Municipal)
Afortunadamente, y después de que incluso fuera solicitada la mediación del Gobernador Civil de la provincia, debió prevalecer el buen juicio del Ayuntamiento Constitucional, porque ya en el último cuarto del siglo XIX la casa, una de las más bellas de Burgos, estaba levantada y destinada a sucursal del banco de España. Algo más tarde y luego de que esta oficina bancaria fuera trasladada al paseo de La Isla, el precioso edificio se convirtió en el actual hotel Norte y Londres, a cuyo dueños, Máximo y Germán Manzanedo, el Ayuntamiento concede en 1910 licencia para colocar un rótulo de bronce y una marquesina en la puerta principal de la casa.

SAN MARTÍN DE UBIERNA TIENE UN TRANSFORMADOR


A veces, los transformadores, postes y cables de la luz se ponen en lugares poco acertados. El ejemplo de San Martín de Ubierna que aquí se trae, con los tres elementos citados pegados a la iglesia, es paradigmático y habla de nuestra nula sensibilidad hacia el patrimonio.

lunes, 20 de julio de 2009

FUENTE VIEJA DE TREVIÑO


Un fuente del siglo XIII, la única fuente medieval con forma de auténtica capilla eclesial que conocemos en Burgos, se degrada a pasos agigantados y sin que nadie haga nada por remediarlo. Las fuentes es un patrimonio al que ni se le ha concedido ni se le concede valor alguno, pero en el caso de Treviño, de extraordinaria originalidad y de icalculable valor arquitectónico y artístico, su conservación y dignificación es de obligado cumplimiento por parte de las administraciones.


TORRE DE TORRECITORES


Sin palabras

TORRE DE SANTA CRUZ DE ANDINO







La visión que hoy ofrece este torreón medieval es inaudita, degradante, aberrante... Es una manifestación más del cariño con el que tratamos a nuestro patrimonio histórico artístico. Pajares, cochiqueras y contenedores de la basura adosados, torretas de hormigón de la luz, puertas metálicas aliñadas con ladrillo... en fin, un desastre. Y todo ello mientras la torre está al acecho de derrumbarse.
Publicado por Elías Rubio Marcos en lunes, julio 20, 2009 0 comentarios

PORTADA ROMÁNICA DE VILLAESCUSA DE BUTRÓN


La iglesia hundida tras la despoblación del pueblo, y su portada románica esperando también su fin ante la impasibilidad de quien debería velar por nuestro patrimonio. Villaescusa, un pueblo lleno de casonas de hidalgo, donde se podrían hacer grandes cosas para beneficio de la industria turística, es la imagen de la desolación y de nuestra propia dejadez.

PALACIO DE CADIÑANOS







El soberbio palacio renacentista de Cadiñanos sigue su inexorable camino hacia la ruina total. Y no sólo eso, para más burla hacia el arte y la historia que encierran sus muros, un burdo chiringuito oculta desde hace años una de sus bellas portadas (ver fotos comparativas). Y no sólo eso, torretas de hormigón y cables de la luz por doquier ocultan y degradan su imagen. Por no hablar de una horrible urbanización cercana que "decora" el ambiente renacentista. En fin un auténtico insulto hacia el arte burgalés y hacia nosotros mismos.








PORTADA DE AHEDO DE BUREBA





La portada románica de la iglesia parroquial de Ahedo de Bureba está a punto de desaparecer. Y no es por desconocimiento de su existencia, ya que yo mismo lo denuncié hace una docena de años, sino por algo que no me atrevo a calificar aquí.

IGLESIA DE HUIDOBRO



Por estar en lugares despoblados o abandonados; por el desconocimiento, que sería tanto como decir por la dejadez e indolencia de los responsables del patrimonio; por la incuria de los dueños o de los Ayuntamientos; por la falta de sensibilidad y concienciación de la ciudadanía en general; por el egoísmo, barbarie o incultura de muchos; porque nos faltan años luz para ponernos a nivel de países que, como nuestra vecina Francia, valoran, miman y conservan su patrimonio; porque los políticos y las administraciones prefieren actuaciones de relumbrón y no por otras con visión de conjunto; porque a muy pocos políticos y ciudadanos quita el sueño que una o cien ermitas románicas, un castillo o cien castillos, una o cien casas palaciegas, uno o cien monasterios medievales, una muestra o mil de arquitectura popular incomparable e insustituible desparezcan.

Por eso -y no me hablen de dinero, que hace ya tiempo que perdí la inocencia-, nuestro patrimonio va degradándose y/o desapareciendo.


Por esta ventana irán asomándose algunas de las barbaridades más dolorosas del estado de nuestro patrimonio en Burgos. Abrámosla, pues, y mirémonos en el espejo de nuestra propia ruina:

viernes, 17 de julio de 2009

JESÚS VICARIO, LA MEMORIA DEL GUARDIÁN DE LARA






Diario 16 Burgos, 20 julio 1992 (Foto: Virgilio Soto)

Entrevista en la Residencia de Ancianos de Fuentes Blancas

A Jesús Vicario Moreno en más de una ocasión se le debieron “cruzar los cables” al observar, primero con asombro y después con desesperación, cómo por la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas pasaban los más ilustres investigadores del mundo, atraídos por la importancia del monumento, y cómo, una tras otra, las uvas pétreas del friso inferior del testero iban desapareciendo invierno tras invierno por la erosión.
Aún hoy, desde su retiro obligado en la Residencia de Ancianos de Fuentes Blancas, el legendario guarda de las Viñas, como lo ha venido haciendo desde hace decenas de años, sigue insistiendo en la denuncia del progresivo deterioro de la maravillosa franja decorativa. Como si de una hija suya se tratara, a Jesús le duelen las mutilaciones que sufre “su ermita”: “Lo he puesto en conocimiento infinidad de veces y a gran número de personas e instituciones, pero hasta el momento no se ha hecho nada, nadie se lo toma en serio”.
Schlunk, Gómez Moreno, Torres Balbás, Camón Aznar, Pujol y una larga lista de renombrados especialistas del arte han desfilado por este monumento, “único”, como le gusta decir al viejo guarda. Llegaron a él, se asombraron con él y lo estudiaron, pero al final, Jesús quedaba solo en estas ásperas tierras de Lara enfrentado a su particular y milenario muro de lamentaciones. El jubilado guardián, desde Fuentes Blancas, persistirá en la denuncia a quien quiera oírle, tantas veces como las fuerzas de su débil pero convencida voz se lo permitan.

La ermita oculta en el bosque

“Cuando yo era un chaval, la ermita estaba oculta por un espeso monte de encina y roble propiedad de los monjes de silos. Los pastores encendían hogueras dentro y los chicos jugábamos en sus ruinas. Cierto día de 1925, el pueblo de Quintanilla compró el monte por 32.000 reales y lo taló para roturar y sembrar. Al quedar el campo despejado, los monjes descubrieron la ermita y la reclamaron a los nuevos dueños, quienes se negaron a devolverla, con gran berrinche de los frailes de Silos”.
Coincidiendo en el tiempo de estos acontecimientos narrados por Vicario, importantes sin duda para el devenir de Santa María de las Viñas, un Comisario de Bellas Artes, José Luis Monteverde, brujuleaba por tierras de Lara intentando adquirir objetos antiguos entre los vecinos de Quintanilla y otros pueblos de la zona. Conoció a Vicario, quien le acompañó de casa en casa en sus pesquisas y también, cómo no, a la ermita. Monteverde, a quien Jesús le atribuye la paternidad del descubrimiento de la joya visigoda, quedó sorprendido y admirado, e impaciente, puso en conocimiento su hallazgo a otros preclaros y sesudos hombres de ciencia burgaleses. Todos juntos trabajaron para que la ermita fuera declarada, en 1927, Monumento nacional.

Jesús se hace guardián

Desde aquel momento, Jesús Vicario, a quien ya resultaban familiares términos como arqueología, fíbulas, castros y villas romanas, entre otros, le cupo el honor y la responsabilidad de ser guardián, durante casi medio siglo, de una de las principalísimas obras del arte hispano-visigodo. Pasó de este modo a formar parte de aquel inolvidable y reducido elenco de míticos guardas que vigilaron con celo las ruinas en las que fraguó nuestra Historia. Unos hombres que, habiendo salido de un ambiente labrador, se encontraron de pronto ejerciendo de eruditos, explicando los conocimientos históricos y artísticos que adquirieron aplicando la oreja cuando los doctos hablaban. Y fue tal el grado de identificación de la figura del guarda con las ruinas vigiladas, que estudiosos y resabidos turistas no dudaban de retratarse junto a ellos; luego, en su casa, dirían a familiares y amigos: “Mira: este es un capitel, este un friso, y este, el de la boina, es el guarda”.
Guarda, conserje, celador, de las tres maneras se le llamó a Jesús una vez que tomó el mando , no sólo de las Viñas, sino también de la ermita románica de San Felices de Hontoria y de la abadía de San Quirce.

San Quirce cerrado al público
Esta última fue para Vicario un continuo dolor: “No hay derecho a que siendo San Quirce monumento del Estado, esté siempre cerrado. Sólo se abre al público un día al mes, el primer martes. Hasta Quintanilla venían a buscarme de toda España y del extranjero, en autocares y coches particulares, para visitar la abadía, y con todo el dolor de mi corazón tenía que decirles que no podía ser. Algunos se llevaban, como es natural, unos enfados tremendos.

Descubridor y rescatador
En ese ir y venir de una ermita a otra, andando o en bicicleta, a través d las soledades dominadas por el Picón de Lara, fue localizando un gran número de yacimientos arqueológicos: “He descubierto –comenta con orgullo- dos dólmenes en Villaespasa, otros dos en Jaramillo Quemado, cuatro castros, diecisiete villa romanas, y compré, con autorización del Director del Museo de Burgos, 189 estela romanas”.
Toda esa experiencia arqueológica acumulada hizo posible que el guarda de Quintanilla de las Viñas fuera, durante muchos años, referencia obligada para todos los arqueólogos que han ido desfilando por Burgos. José Luis Monteverde y Matías Martínez Burgos contaron con su concurso para la excavación de la necrópolis de Miraveche en 1935: “Era la mejor necrópolis de e la Edad de Hierro en España. Allí sacamos muchísimos objetos de los ajuares de las tumbas, de los cuales no hay ni siquiera la mitad en el Museo. Se echo la nieve y tuvimos que abandonar la excavación. Al año siguiente comenzó la guerra y se dejó definitivamente. Y es que –remata-, con la República se excavaba más y se declaraban más monumentos”.

En San Pedro de la Nave

Su otro gran contacto con el arte hispano-visigodo tuvo lugar en la provincia de Zamora: “Estuve con Francisco Iñiguez ocho días levantando, para su traslado, la iglesia de San Pedro de la Nave, que iban a inundar las aguas del pantano del Esla. Este mismo arquitecto fue el que puso el primer tejado en San Quirce.
Por toda una vida dedicada al cuidado del monumento, el Ministerio de Comercio y Turismo le concedió en 1978 la Placa al Mérito Turístico, la cual enseña con merecido orgullo este maestro de guardas.
Todavía, a sus 83 años, cuando desde Fuentes Blancas hace una escapadita a Quintanilla, se acerca a su ermita y charla, nostálgico, con su sucesor, quien le comenta que han desaparecido, en el año que él lleva de guarda, otras tres uvas de un racimo.

“EL FEO”, UN PASTOR POETA EN EL PUENTE ROMANO DE TORDÓMAR




Diario 16 Burgos, 20 marzo 1994


Florencio Díez, hombre de alma guapa y buen humor, nació hace 74 años en Todómar, pueblo de puente milenario y Camino Real junto al río Arlanza. Si se le pregunta quién te puso Feo como sobrenombre, responde con firmeza y sin atisbo de complejo alguno: “¡No soy puesto, soy hecho así!”. Y por supuesto que aquél que en un primer momento pueda sentirse incómodo de llamarle en la manera que puede parecer un insulto, le consuela diciendo: “No te debe dar apuro, porque incluso mi firma, en cualquier papel, es Feo Díez”. Pero por si el aspecto de su pretendida fealdad, que no es tal, no hubiera quedado aún suficientemente nítida, en una de sus poesías la dedicada al cura de Pineda, zanja la cuestión:

“Todos me llaman el Feo, y a nadie parece mal/ porque con sólo tres letras, está mi nombre legal/ Con Díez de apellido, por el Feo de Tordómar, soy de todos conocido”.

El asunto de los motes a veces puede traer consigo divertidas anécdotas, como la que tuvo lugar el día anterior a nuestro encuentro con Florencio en la oficina de una entidad de ahorro de Lerma. Los presentes en dicha oficina no salían de su asombro cuando en ella se encontraron Florencio y un amigo suyo de Torrecilla del Monte. Dijo el Feo: ¡”Hombre, mi mayor contrario! Dijo el otro: “el más opuesto a mí”, todo ello con grandes aspavientos de una y de otra parte. Los concurrentes, con gran susto, pensaron: “aquí va a haber una riña o cosa peor”. ¿Qué ocurre?, preguntó el cajero. “Díselo tú”, dijo uno. “Pues mira –dijo el otro-: que a mí me llaman El Belleza y a él El Feo”. Y lo que parecía iba a ser una pendencia acabó siendo motivo de regocijo.

El Feo, pastor y poeta

“Miguel Hernández, de joven fue cabrero/ y yo, por suerte o por desgracia, todavía, compañero”.

De aquella manera se expresaba Florencio en cierta ocasión en la que un hombre, en un bar de la capital, le regaló un libro del poeta de Orihuela, después de que el de Todómar le hubiera recitado una de sus sencillas poesías, salidas de la improvisación y de su particular métrica pastoril. En aquellos versos de El Feo se percibe, sino el dolor declarado por la condición de pastor que durante toda su vida ha tenido que arrastrar, sí, al menos, el sentimiento de frustración de aquel que, teniendo vocación y dotes especiales, no ha podido desarrollarse en la medida de sus posibilidades. Pese a ello, quizá tenga El Feo que agradecer a su condición de pastor la llegada de las musas de la poesía:

“Al pasar un hondo valle, y subir una ladera/ una loba y tres lobeznos, me han llevado una cordera...”.

Es un tosco y confuso poeta de pueblo, que es como decir del pueblo. Salido de las soledades de los apriscos, de las inclemencias de los páramos, pandos y alcores. Mas nada hubieran podido hacer las musas sin las horas muertas de Florencio al abrigo de aquellas rocas donde silba el viento, oteando el occidente, por donde arden los campanarios de los pueblos. Por eso las poesías de El Feo son las que hablan de aldeas, iglesias, animales, ríos, puentes...

“A Quintanilla de las Viñas, traje a pastar mi ganado/ Y el lobo me lo mató, por tenerlo abandonado...”.

Tenía catorce años, ya cuatro que había dejado la escuela, cuando, zagal, escribió sus primera poesía “yendo en un carro a por leña con mi tío”. Desde entonces no ha transcurrido un sólo día sin hacer alguna, “me salen solas”. Hoy, con su enorme producción, escrita incluso en sacos de pienso, y desperdigada sin orden alguno en la nave ganadera, en la bodega o en su propia casa, “podría hacer no un libro, sino siete”, afirma no sin cierto orgullo.

El puente romano

Nuestro encuentro con Florencio tuvo lugar en la entrada del famoso puente romano de Tordómar, junto al miliario. Este monumento, que ha sido restaurado muy recientemente con un importe de diecinueve millones de pesetas, ha sido una de las más importantes fuentes de inspiración para El Feo. ¡Cuántas veces a lo largo de su pastoril vida habrá hecho pasar sus ovejas por alguno de sus 23 ojos! Por eso, porque el puente es parte indivisible de su vida, cuando el equipo restaurador de la Junta llegó, hizo la advertencia:

“Si trabajas en el puente, y levantas una piedra/ la levantas con cuidado, no te pique la culebra/ que la que al Feo picó, el alma tenía negra”.
[...]

EL ABUELO DE POZA DE LA SAL


Diario 16 Burgos, 21 febrero 1993


"Le dijeron al pregonero: vete en busca del sereno y le dices que cuando termine de cantar las horas que se pase por la farmacia"


Tras la figura menuda y firme de Bruno Saiz López se esconden los 94 años que se empeñaron en correr más que el espíritu de este bravo pozano. Nadie lo sospecharía, por su aspecto y carácter jovial, pero su fecha de nacimiento, en el ocaso del siglo XIX, se empeña en hacer de este hombre el abuelo de los habitantes de la villa salinera.

[...] Toda su vida laboral la ejerció Bruno como agricultor, aunque paralelamente o por temporadas, buscó el pluriempleo en actividades tan diversas como curiosas. Fue uno de los esforzados que tendieron la vía del Santander-Mediterráneo, y por ello uno de los miles de frustrados que ocasionó el cierre de dicha línea férrea: “La desaparición de este tren ha perjudicado mucho a Poza, mucho...”, se duele Bruno. Fue también guarda de consumos, oficio del cual parece sentir cierto orgullo: “Cobraba tasas a todo aquel que entraba en Poza para vender sus mercancías, bien fuera vino de la Rioja, leña, etc., todo pagaba, y casi siempre con perras gordas”. Sin embargo, y en contra de su voluntad, pues hubiera preferido seguir de guarda de consumos, en 1924 el Ayuntamiento le presionó para que ejerciera de sereno; ¡casi nada, sereno de Poza, el pueblo que fue célebre por sus ¡aguaaa vaaa!

¡Las 12 y nublado!

Con su visera y su lanza, únicos atributos de autoridad de los serenos de Poza, vigiló las noches de sus convecinos rondando por el laberinto de tortuosas callejuelas del salinero pueblo: “Éramos dos serenos, teniendo por ello el pueblo dividido en dos zonas. En las noches de nevadas, lluvias o grandes fríos solíamos refugiarnos en una cuadra que nos prestaba el herrador, o bien junto a la caldera del gas del alumbrado público, con cuyo fogonero teníamos animadas tertulias. Había que cantar todas las horas, medio año hasta las 5 y el otro medio hasta las 3, ¡las nueve y nublado!, o ¡las doce y lloviendo!, según estuviera el tiempo. A veces nos dormíamos, y por ello, a la mañana siguiente, el alcalde nos reprendía porque los vecinos se habían quejado de que no habíamos cantado las horas”.

El sereno de Poza lo mismo valía para un roto que para un descosido. Por un sueldo de 5 reales (1, 25 pesetas), era responsable de la paz de la noche, de llevar recados de portal a portal, de vecino a vecino, de vecino a médico, de limpiar los lavaderos de la fuente nueva, y de tantas otras cosas: “En el pueblo, en aquel entonces, a los pobres de solemnidad, cuando se encontraban en extrema gravedad, o ya fallecidos, para que recibieran asistencia religiosa había que bajarlos hasta el soportal de La Tambilla, porque el cura se negaba a subir a sus casas. En más de una ocasión me tocó bajar el ataúd a hombros con los familiares del muerto”. A este respecto, Bruno no transigió aquella noche en que se puso a prueba su dignidad, que considera sagrada: “Estaba reunida la aristocracia del pueblo (se refiere al cura, maestro, boticario y alcalde), jugando la partida en la farmacia y mandaron llamarme por mediación del pregonero, a quien dijeron: vete en busca del sereno y le dices que cuando termine de cantar las horas que se pase por la farmacia. Cuando llegué a la tertulia me dicen que tengo que subir a mudar a una enferma. Y yo les contesté: ¡soy un sereno público y no un enfermero!

Serenos para una autopsia

A semejantes escenas nocturnas, de un Poza ya olvidado, viene a sumarse otra historia, tal vez para no dormir, que Bruno toma como una macabra broma: “En cierta ocasión tuve que hacer la autopsia de un pastor que, por un lío de mujeres, había sido asesinado por un vecino de Poza. Aquel día subió el pregonero a buscarme y me dijo que me reclamaban en el cementerio. Cuando llegamos allí los dos serenos, se nos dio la orden de que teníamos que coser la cabeza del muerto que el practicante había serrado ya. Así lo hicimos pero no pudimos continuar cosiendo el resto del cuerpo abierto porque la guja, que era muy gorda, se nos dobló; y es que ¡hay que ver cómo tenemos la piel de la cabeza de dura! Al llegar a casa después de la autopsia, la mujer tuvo que lavarme hasta la boina, y de la impresión no pude comer en más de una semana”.

Hubiera seguido Bruno contando chascarrillos reales de su municipal vida, a través de los cuales afloran formas de vida que él, como un manuscrito medieval o un “disket” de ordenador, conserva en su extraordinaria memoria, pero su inseparable esposa, Victoria Alonso, de 88 años y con la que comparte su vida desde hace 70, apremia: “Es la hora de comer, son las 3”.
“Vale más lo que yo ofrezco que lo que los otros dan”, dice con sorna el abuelo de Poza al invitarnos a comer y como despedida.

miércoles, 15 de julio de 2009

MANUEL GARRIDO, EL PÉNDULO DE VILLATORO




Diario 16 Burgos, 17 junio 1995


Manuel Garrido ha creado un artístico y pintoresco vergel teniendo como base la botánica y la escultura
Su finca en Villatoro se inspira en los evocadores jardines orientales de su Granada natal. Por doquier, cientos de estatuas de un estilo que él define como "románico aztecas". Es un reputado zahorí que utiliza el péndulo para buscar desde agua a enfermedades. Ha tenido los más diversos oficios, entre ellos el de guarda del castillo de Burgos. Su casa es un auténtico museo y un jardín botánico que quiere legar a la ciudad. Manuel Garrido es un autodidacta tanto en su calidad de viverista como de escultor de la piedra. Cuando compró su "edén" de Villatoro sólo era un solar con cardos y árboles secos.

LA IMAGEN DE SAN CRISTÓBAL DE IBEAS




Diario 16 Burgos, 26 abril 1996


“... Envueltas entre las abundantes aguas de los ríos Arlanzón, Cueva y Mozonclllo, entre las feraces huertas de San Millán de Juarros y al pie del antiguo Camino Real, todavía son hoy visibles algunas ruinas de la antiquísima abadía de San Cristóbal de Ibeas. Durante años, estas ruinas históricas, robustos muros a los que los vecinos de San Millán llaman “El Convento”, fueron un enigma y una tentación para este cronista, tan enigmáticos, que en sus inveteradas visitas otoñales al lugar donde se hallan hacía una y otra vez propósito de seguir su rastro. Pasó mucho tiempo, no obstante, hasta que un día la fortuna quiso que cayera en sus manos un rancio y olvidado libro con el titulo de “Un monasterio premostratense burgalés. Abaciologio de San Cristóbal de Ibeas”, fechado en 1920 y firmado por Amancio Blanco Díez. El libro es una joya, más que por la semblanza histórica que en él se hace del monasterio, importante sin duda, por estar ilustrado con dos espléndidos grabados que muestran cómo era éste exterior e interiormente. No dice, empero, el autor del libro ni cómo ni cuándo, ni dónde obtuvo tan extraordinarios documentos, aunque cabe suponer, por el tiempo en que la obra fue publicada, que sean fidedignos y no una burda idealización basada en la imagen del monasterio hermano de Bujedo de Candepajares, perteneciente a la misma orden premostratense y situado cerca de Miranda de Ebro. Por eso, si no es demostrado lo contrario, habrá que dar crédito documental a los citados grabados, recuperando así una imagen que ya se creía perdida, para satisfacción de los pobladores de San Millán de Juarros, de los de Ibeas de Juarros, y en general de todos los burgaleses que nunca supieron cómo fue San Cristóbal de Ibeas.

Dos reyes y 115 abades

Según Amancio Blanco, el origen del monasterio de San Cristóbal de Ibeas debió estar en un pequeño oratorio “una iglesia familiar” del tiempo de la Reconquista, a la que un devoto matrimonio, con el visto bueno de Alfonso VII, transformó en 1107 en un monasterio atendido por clérigos agustinianos. Sin embargo, sobre dicho origen no habría que despreciar las cuevas eremíticas que en 1970 fueron descubiertas, de manera casual, en una terraza arenosa sobre el río Arlanzón, en el término de Castrillo de Val y muy próximas a San Millán de Juarros. Quizá estas cavidades, desconocidas para los historiadores, pudieran tener alguna relación con este convento y su origen.

Siguiendo al mencionado autor, se observa que los clérigos de la Regla de San Agustín estuvieron desde 1107 hasta 1151, en cuyo transcurso de tiempo el monasterio conoció el mandato de cuatro abades. Fue a partir del último de los años citados cuando los monjes blancos premostratenses se instalaron en el convento bajo los auspicios del emperador Alfonso VII, cuya áurea presencia estuvo en San Cristóbal de Ibeas a la llegada de los mismos. Y no fue éste el único rey que visitó esta abadía: también Alfonso VIII lo hizo en 1165, con motivo de “rendir tributo de gratitud a su tutor Gutierre Fernández de Castro”, que quiso enterrarse en este lugar. Las dos presencias reales reafirmaron y enriquecieron el monasterio de San Cristóbal, convirtiéndose así en uno de los más importantes de España de la orden de San Norberto, tan importante, que de él procedió la famosa abadía de Bujedo de Candepajares; en realidad, y si hay que atenerse a los grabados que en el citado libro se muestran, una y otra abadía eran un calco arquitectónico; las iglesias de ambas son de los escasísimos ejemplares en el románico burgalés que disponían de tres ábsides semicirculares en sus cabeceras.

El declive del mal llamado monasterio de San Cristóbal de Ibeas (no olvidar que sus ruinas se encuentran en San Millán de Juarros) comenzó cuando, en 1808, durante los meses de noviembre y diciembre, las tropas francesas se acuartelaron en sus dependencias, arramblando y arrasando todo lo que pudieron y expulsando a sus monjes. Después vendría el decretazo de 10 de marzo de 1820, que suprimía los conventos cuyo número de monjes fuera inferior a 24, con lo cual los de San Cristóbal de Ibeas se dispersaron, dejando vacía la abadía durante algunos años. Hacia mediados de los años 20 del pasado siglo (XIX), cuando ya nada de valor quedaba, salvo los edificios, volvieron algunos frailes, permaneciendo en condiciones precarias hasta que Mendizábal y su Desamortización dieran el golpe de gracia. Con el definitivo abandono, la memoria de los 115 abades que llegó a tener San Cristóbal de Ibeas poco a poco fue convirtiéndose en escombros. Aunque eso no fue obstáculo para que todavía a principios del siglo XX, a juzgar por las informaciones que da Blanco Díez en su libro, quedaran importantes restos del monasterio”.