FOTOGRAFÍA: Noche (enero 2012).
Hace algunos días, a primera hora de la mañana en Burgos, pude ver cómo salía una mujer del portal de su casa a la calle santiguándose. Hacía mucho que no veía esta escena urbana, tan habitual en tiempo no muy lejano pero que hoy a muchos puede parecer un tanto extraña. Lo que fue algo instintivo y natural ayer, hoy se ha convertido en una rareza. Hacer la señal de la cruz cuando por primera vez se salía de casa venía a ser, entre las personas de arraigadas creencias religiosas, una muestra de agradecimiento por haber superado la negra noche y para saludar la luz del día, así como un acto reflejo de invocación y protección del más allá. Pasar de la noche al día siempre pudo o debió significar algo trascendente en cualquier cultura. Hoy, imbuidos de ciencia y tecnologías mil, racionales empedernidos como nos hemos vuelto, apenas valoramos la diferencia entre la oscuridad y la claridad. El día, con su luz, tiene que llegar, y la noche también, es inevitable, es nuestra verdad inmutable, nadie ni nada nos la va a mover, como no sea la parca. Dicho lo anterior, y a la vista, desde mi ventana, de las casas recortadas en la negrura del barrio, me viene a la memoria aquel pueblecito burgalés de la ficción que tenía dispuesto que, para que amaneciera en su aldea, había de salir todos los días un vecino con un carro de bueyes para traer el día, porque de lo contrario no amanecía. Así de complicado, así de fácil.
ORACIÓN AL AMANECER
Bendita sea la luz del día,
y el Señor que nos la envía,
el bendito San Gabriel,
y la bendita María.
A Dios doy gracias
por haber llegado a este día,
Amén.
Informante de Castrillo de Matajudíos. 7-10-2003
ORACIÓN AL AMANECER
Bendita sea la luz del día,
y el Señor que nos la envía,
el bendito San Gabriel,
y la bendita María.
A Dios doy gracias
por haber llegado a este día,
Amén.
Informante de Castrillo de Matajudíos. 7-10-2003
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