lunes, 8 de agosto de 2011

MESÓN DE MANCILES, ARQUEOLOGÍA DE UN LETRERO COMERCIAL

Letrero comercial.
Mesón de Manciles.
FOTOGRAFÍA: Manciles. (Tomada en julio de 2011).

Muchas veces, al investigar mis “Pueblos del silencio”, me encontré con referencias a los viejos mesones del XVIII. El Catastro de Ensenada, fuente principal para esta documentación, es prolijo en la descripción de dichos establecimientos, recordándonos, por ejemplo, quiénes eran sus dueños, lo que rendían sus negocios a los mesoneros, lo que habían de pagar al “fisco”... A mí, estos datos sobre los mesones de los pueblos (ojo, no confundir los mesones con las tabernas), por insignificantes que puedan parecer, qué queréis que os diga, me emocionan. Pensar en las gentes que por ellos pasaban o pernoctaban, en los ambulantes de toda laya, salineros, trilleros, aceituneros, afiladores, buhoneros, y todos aquellos que pululaban por los caminos de polvo y barro, me retrotraen a un mundo y a una vida pasados que, todo hay que decirlo, tanto se parecen a nuestro actual y continuo trasiego por autopistas y hoteles. Sólo una cosa ha cambiado: mientras en la otra vida la gente se movía individualmente y por sobrevivir, entre la cochambre, ahora se hace en masas y por placer, entre el lujo y el sibaritismo. Aquí os dejo, pues, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, esta delicia de letrero en un dintel del viejo Mesón de Manciles, de 1739, y no de 1139, como alguien podría pensar al ver un siete tan particular.

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