sábado, 29 de marzo de 2014

EL ARCHIVO DE CASTRILLO DE LA REINA


Detalle en portada de la iglesia de Castrillo de la Reina. 


FOTOGRAFÍAS: Portada iglesia de Castrillo de la Reina (Tomada en marzo 2014). Arca de tres llaves de Hontoria de Valdearados (Tomada en marzo de 2010). Archivo de Los Altos en la iglesia de Ahedo de Butrón (Foto: M. Moreno). Archivo de Castrillo de la Reina (Tomadas en marzo de 2014).


En reciente excursión a Castrillo de la Reina, pueblo de largo paso por el que circulan hoy camiones rugientes cargados de madera serrana, y por donde ayer se vieron pasar infinidad de carretas de bueyes cargadas con lo mismo, tuve ocasión de visitar su iglesia parroquial y quedé impresionado no tanto por su gótica portada, magnífica representación flamígera, como por una construcción a los pies del templo que en su día hizo de archivo civil y eclesiástico. 


Un archivo con cuatro arcas en la iglesia de
Castrillo de la Reina.


Antes de nada he de decir que siempre han despertado mi interés los archivos municipales y los lugares o modalidades donde fueron custodiados, quizá porque pienso que los archivos son la memoria del pueblo y de los pueblos, los testigos de su existencia. Una de estas modalidades era el arca de las tres llaves, muy extendida en todo el territorio nacional y cuyas raíces se hunden en la Edad Media. Asimismo, fue también habitual que en los pueblos que no disponían de casa de Concejo la documentación pasara de mano en mano entre ediles y vecinos, sin otra protección que los armarios y cajones de sus propias casas. 


Arca de tres llaves en Hontoria de Valdearados.


Otro modo de custodia fueron las iglesias parroquiales. Muchas se convirtieron en guardianes del patrimonio documental de los pueblos, lo que no deja de tener su lógica, pues hubo  momentos en que los pórticos de los templos fueron punto de celebración de reuniones concejiles y era una comodidad la consulta y trasiego de los documentos, digamos que in situ; por no hablar de las garantías de conservación que ofrecían las iglesias en lugares donde no existía edificio consistorial. En esta modalidad de custodia es donde podemos encasillar el muy singular archivo de Castrillo de la Reina, o el de Ahedo de Butrón, mencionado en el Diccionario de Pascua Madoz de esta manera: 

“Una iglesia parroquial bajo la advocación de Santa María la Mayor, de construcción  moderna y segura; al lado del Evangelio tiene un archivo con puertas de hierro, en el cual se custodian bajo tres llaves, documentos de los pueblos y vecinos de lo alto del partido judicial”.


Archivo enrejado, con tres candados,
en la iglesia parroquial de Ahedo de Butrón

Leyenda sobre el archivo:
Archivo de papeles del Partido de Los Altos.



EL ARCHIVO DE CASTRILLO DE LA REINA

Es una auténtica maravilla, una reliquia del pasado archivístico de Burgos a la que, en mi opinión, no se le ha prestado la atención que merece. Se trata de una voluminosa arca de piedra rematada con frontón clásico, situada a los pies de la iglesia y junto a un retablo del siglo XVII, en la que se han ahondado cuatro cajas o nichos alineados, cada uno con su correspondiente puerta de madera y doble cerrojo (ojo: con dos llaves, no tres). Todos están perfectamente identificados, pues sobre ellos pueden leerse inscripciones con los servicios de archivo para los que fueron creados. Una de las cajas, la primera por la derecha, sirvió para albergar y custodiar el archivo del Concejo de Castrillo, como bien puede leerse sobre la piedra (“ESTE ARCHIVO ES DEL CONCEJO”), y los demás para propios de la iglesia y una capellanía. Su antigüedad está garantizada, pues por encima de cada descripción individual aparece otra no alineada en la que se distingue bien la fecha de 1693, seguramente el año de su construcción. Es posible, no obstante, que para 1850 este archivo en la iglesia hubiera dejado de cumplir su función, pues por entonces ya existía Casa Consistorial en Castrillo, como consta en el citado Diccionario de Madoz.


Cuatro arcas pequeñas en una grande de piedra,
cada una de ellas con dos cerraduras.
Un arca para el Concejo.

 
Una fecha grabada, 1693. 



PD: Del incendio sufrido por el archivo de Castrillo de la Reina tengo vagas referencias. Quizá más adelante pueda incluir aquí algún detalle sobre esta cuestión.  


APÉNDICE
Pasado el tiempo, encontré referencia de otro archivo municipal en Castrogeriz, en concreto en la desaparecida iglesia de San Esteban. En el Diccionario de Pascual Madoz, en la reseña que se hace de esta villa, puede leerse :

"En la torre existe un reloj propio de la villa; y en él fondo de la pared del mediodía, a la altura de seis varas, el Archivo de la mima, donde se conservan los documentos más importantes de sus fueros y regalías, el cual está asegurado con una puerta de hierro de tres llaves".  



miércoles, 26 de marzo de 2014

“EL CAMPANARIO”, EN UN LUGAR DE HUERTA DEL REY


Una fuente, un campanario, un despoblado. 

Una columna señala una obra reciente e inacabada.

Hubo un pueblo que se llamó San Martín de Tormiellos. 


FOTOGRAFÍAS: "El Campanario", Huerta del Rey (Tomadas en marzo de 2014).  


Qué tendrán las rocas que tanto nos atraen. Qué tendrán, que a los místicos siempre llamaron. Da igual que sean de arena, caliza, yeso, o... Solo que sean roca y allí estaremos, beneficiándonos de su  belleza. Y si la roca es exenta, prominente, que alguien apretó como se hace en un globo para que salga un chichón, entonces la roca se convierte en magia y saca a relucir nuestro instinto soñador. Por eso el pastor las abraza con sus ovejas, por eso graba en ellas el narcisista su nombre, por eso el eremita las modeló, excavó su vivienda y levantó campanarios en lo más alto. Por eso los pueblos nacieron a su cobijo y dominio. Aquí, en este protuberancia del roquedal, nació uno de ellos, dicen que con el nombre de San Martín de Tormillos. “El Campanario”, llaman a este lugar entre enebros, a este despoblado medieval cerca y lejos de Huerta del Rey. El campanario de piedra está tuerto, solo tiene un ojo, porque el otro desapareció quién sabe cuándo y de qué siglo. Alguien ahora ha querido restituir el que faltaba, pero la operación de oftalmia no llegó a buen puerto y el resultado es una cicatriz mal curada y de feo especto. Ah, sí, las campanas. Las campanas dicen que suenan hoy en Espejón, que allí fueron trasladadas. Quizá se oigan desde aquí en los días de difuntos

domingo, 16 de marzo de 2014

UNA FÁBRICA DE HARINAS A LA VENTA. LA JOYA DESCONOCIDA

Artefacto suizo (Bahuler)

Impreso en artefacto inglés.

En máquina del país.

Molinos, poleas y correas.
Todo a punto, todo apagado. 

Complejo entramado para moler. 

Canalizaciones con pino de Oregón.

Una capa de harina cubre las ventanas. 

Instrumentos para una orquesta molinera. 

Tablero para contar los sacos de salvado obtenidos.

El órgano. 


Un cuadro para dar y quitar vida. 




FOTOGRAFÍAS: Imágenes de fábrica de harinas en Burgos (Tomadas en marzo de 2014).

Por poco no me dio un patatús al contemplar la fábrica, de la emoción al ver los molinos rojos, los ataúdes de harina con ventanas y el complejo laberinto de canales de madera bajo un techo lleno de poleas y correas. Todo suspendido en el tiempo, como quedó tras la última molienda al acabar los sesenta. Quizá alguna tela de araña y polvo de harina impiden que todo luzca como cuando en 1928 fue inaugurada. Cómo sospechar lo que me encontré en un lugar y edificio por el que había pasado un millón de veces, sin saber, con total ignorancia. Gracias, gracias, periódico Merindades, por haberme alertado sobre la existencia de esta maravilla. ¿Lo que vieron mis ojos no era una alucinación? Acaso aquel fantástico tesoro de tecnología molinera no era, no es, un milagro, un prodigio de conservación? Queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, puedo deciros que he sentido muchas emociones en mi vida delante de ingenios industriales convertidos en arqueología, pero como en este de la molinería, el que pasaréis a disfrutar viendo las fotografías, en ninguno. Permitidme, sin embargo, que no os diga dónde se encuentra, es tanto el terror que me produce publicarlo en este medio correveidile, y que tras divulgarlo quede a merced de saqueadores, que me reservo hacerlo, perdonadme por ello, aunque sé que me comprenderéis. Quizá algún día lo pase a papel, ampliado e historiado, y entonces diré los muchos pueblos que, de la zona de su influencia, llevaban a molturar su grano, quizá. Aunque quizá ese día podría ser demasiado tarde, quizá todo sería un recuerdo de lo que hubo. Baste ahora decir que está en la provincia de Burgos, baste con ello. Puedo deciros, eso sí, y lo pregono porque está anunciado en el exterior del edificio, que la fábrica está en venta. Y esto me crea un serio problema de conciencia, pues, ¿cómo compaginar pregonar y conservar? Lo lógico sería decir a los cuatro vientos la localización, con pelos y señales, seguro que sus dueños lo agradecerían, porque lo quieren vender, pero ello podría convocar a zapadores de toda laya y el conjunto quedaría en grave peligro. En fin, mejor sería que esta entrada cayera en ojos y conciencias de los responsables del Patrimonio y que estos tomaran las medidas justas y oportunas. Pero no tengo ninguna esperanza.




Algún detalle puedo daros de las maquinas y artefactos molinares, (cuyos nombres de servicio en su inmensa mayoría desconozco), por ejemplo el de las casas fabricantes: Bahuler (Suiza), Robinson (Rochdale - England), Juan Pascual (Logroño), como apreciaréis en las chapas de identificación. Una fábrica de molinería internacional, pues. Puedo deciros también que el alucinante laberinto, por donde circulaba el grano, en viaje de arriba y abajo, en sinfín con fin  hasta converger en la sección de limpia y ensacado, es de reluciente pino de Oregón, y que el motor eléctrico que rugía y alimentaba el orden de funcionamiento es de 40 caballos. Los contadores de sacos son un alarde de lo práctico y de la sencillez, dejo muestra de los tableros perforadas. Poco más puedo decir. Que hablen las imágenes. Con mucho menos, con una cuarta parte de lo aquí conservado, se han hecho maravillosos museos en otros lugares de España (ver Ecomuseo farinera de Castelló d`Ampuries).


Edificio para una joya molinar.


jueves, 13 de marzo de 2014

VENTANAS PARA CUADRAS


Ventana tipo para cuadra. Hospital del Rey, Burgos..

Ventana para cuadra en casa del monasterio
de Santa María de Rioseco.

Ventana para cuadra en casona de Salazar.

Ventana para cuadra en Salazar.

Ventana para cuadra fechada
Castrillo de la Reina. 

Ventanas en el Hospital del Rey, Burgos.


Ventana para cuadra de dos piezas.
Hospital del Rey, Burgos.

Casona en Salazar, con dos pequeñas ventanas
en la parte inferior del edificio.


FOTOGRAFÍAS: Ventana en Hospital del Rey, de Burgos (Tomada en marzo de 2014). Ventanas de Salazar (2011). Ventana de Santa María de Rioseco (marzo 2014). Ventana de Castrillo de la Reina (marzo 2014). Casona de Salazar (2011).


Dentro de la serie que aquí seguimos sobre ventanas notables burgalesas, traigo hoy las más humildes de todas, las que sirvieron en tiempos pasados para dar luz (y quizá también como respiraderos) a cuadras y caballerizas. Entre estas ventanas destaca un modelo de pequeñas dimensiones que se repite con misma forma y con gran intensidad en toda la provincia, y que, por lo general, coincide en edificios de noble porte o con rasgos palaciegos, generalmente del siglo XVIII. Se trata de un pequeño bloque (a veces dividido en dos mitades) de piedra, calado, rectangular y biselado en su único y centrado vano. Casi siempre responde a un modelo sencillo y sin adornos, aunque en algunos casos se presenta con cierta dignidad artística, como es el caso de una casona en Salazar, donde se pueden ver un ejemplar con el vano en forma de hoja de trébol y roseta en el centro, y otro cuyo vano remarcado y en forma de cruz difiere de la sencillez de todas las demás que llevamos vistas. Llama la atención también un ejemplar en Castrillo de la Reina que, pese a responder al modelo indicado, tiene la particularidad de tener dos de sus lados fechados en épocas distintas, 1809 y 1679; es un caso único y vendría a ser algo así como un caso de ventana resellada, al igual que sucede en monedas medievales, tan frecuente en la Edad Media. Bien es cierto que esta singular ventana parece un elemento extraño en el muro de la casa donde está situado actualmente; creemos que en origen debió estar en otro lugar o edificio de Castrillo.

Por lo demás, resulta sorprendente que este tipo de ventanas de las cuadras se repita en lugares tan distantes entre sí; es como si respondiera a un patrón emanado de directorios de una arquitectura oficial de una época. Así, las encontramos en abundancia en el norte de la provincia, pero como hemos visto, también en la zona de la Sierra burgalesa, e incluso en algunos antiguos y bajos paramentos del Hospital del Rey, en la ciudad de Burgos.

En fin, es una curiosidad y un tema más de nuestro patrimonio al que nunca habíamos prestado atención alguna. Os dejo, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, una pequeña muestra de las muchas ventanas de este tipo que llevo vistas.  



lunes, 3 de marzo de 2014

DOS VIDAS PARA DOS MUSEOS (MODÚBAR DE LA EMPAREDADA Y BELORADO)

Artefactos de la otra vida. 

Una gran nave para máquinas olvidadas. 

Una beldadora china. 

Un gran cajón para depositar los diezmos.


FOTOGRAFÍAS: Maquinaria en el MUMO, en Modúbar de la Emparedada (Tomadas en enero de 2014). Museo Internacional  de Radiotransmisión "Inocencio Bocanegra". (Tomadas en febrero de 2014).  

En lo que va de año he tenido ocasión de visitar dos magníficos museos en Burgos. Los dos se han hecho posible gracias a la pasión de dos personas que dedicaron, y aún dedican, su vida a coleccionar artefactos que les enamoraron y enamoran. Así, a bote pronto, por su temática, parece que poco tienen que ver el uno con el otro, sin embargo, si meditamos un segundo, veremos que los dos tienen en común el milagro de la evolución humana, de su ingenio y de los ingenios creados. Uno de estos museos está dedicado exclusivamente a la maquinaria agrícola y se encuentra en Modúbar de la Emparedada, el otro, especializado en las transmisiones y comunicaciones, en Belorado. Carmelo Alonso Maté es a quien hay que agradecer la espectacular muestra de Modúbar. Aquí, una gran nave alberga docenas de máquinas para las faenas del campo que hoy más nos pareen inventos del TBO. Segadoras, Cosechadoras y veldadoras de todo tipo, desde las más primitivas hasta las más sofisticadas, llenan la gran nave del MUMO, para deleite de los que amamos el campo tal como fue, con sus duros trabajos, y para sorpresa de quienes no llegaron a tiempo de conocer nada de lo que ello representa. Allí expuestas, bajo el título de “El hombre y los ingenios. La Recolección”, todas juntas parecen recrear un ejército de monstruos de hierro, de animales mecánicos que alguna mente de otro planeta ideó, bien es cierto que todo ello dulcificado por la poesía y magníficas fotografías, con contenido etnográfico, de Carmelo Alonso Maté, cantor como pocos de la vida campesina que ya desapareció. Carteles explicativos y didácticos, poesías y fotografías, enmarcan acertadamente la maquinaria expuesta, y si uno tiene la suerte de ser guiado en la visita por el actual alcalde de Modúbar, ya todo raya la perfección, pues sus apasionadas y doctas explicaciones, basadas en el conocimiento real del campo y sus técnicas de trabajo, dan vida y movimiento a todo lo allí expuesto. 

Cosechadoras, segadoras, veldadoras que trabajaron nuestra tierra, son el nudo gordiano de esta exposición, es cierto, aunque en el conjunto figure y sobresalga alguna infiltrada, como una veldadora china, o una vieja diezmera, gran cajón de madera de olmo donde, durante siglos, debieron depositarse los diezmos que se pagaban a la Iglesia. ¡Casi nada, una diezmera! Simplemente por ver esta joya histórica merecería una visita al MUMO.

En el interior del silo.

Radiotransmisores.  

Por su parte, el Museo de Belorado muestra una extensa gama de aparatos de radiotransmisores que pueden hacer las delicias de todos los amantes del “género”. Museo Internacional de Radiotransmisión "Inocencio Bocanegra” se llama, haciendo honor a quien durante años se dedicó a tan singular recolección. Belorado se convierte con esta muestra en un referente europeo, en una de las tres colecciones más importantes del continente, según se expresa en tríptico explicativo. Con el aliciente añadido de que la exposición se halla dentro de un silo de grano restaurado, uno de esos edificios (feos, si se me permite) que surgieron en los años 60 del pasado siglo, en las cabeceras comarcales y para el almacenaje de cereal. Debo decir que siempre me han llamado la atención estas catedrales de cemento, edificios fríos y planos, dominadores del paisaje, altivos sobre los campos verdes, sin ventanas ni portadas hechas con arte, sin pináculos, sin gárgolas... Para mí era más la curiosidad de ver las entrañas de estos edificios que todo lo que en ellos se expusiera. Nunca comprendí para qué tanta altura, tanto volumen, todo me sugería un vacío misterioso en su interior. Pero todo se disipó cuando, en la visita, llegué a contemplar un entramado de tubos suspendido en el aire, celdas dispuestos con ciencia, un laberinto de hierro, con cangilones elevadores, conductos aquí y allá por donde circuló y se distribuyó el trigo castellano, como circula la sangre por nuestras venas. Un patrimonio etnográfico que merece la pena, una maravilla de adecuación de un espacio que jamás soñé, una recuperación para alojar aparatos tan sofisticados como los radiotransmisores, esos artefactos inteligentes que se usaron lo mismo para la comunicación en lo militar (en la guerra, Desembarco de Normandía), que en el espionaje, en la aviación, en la náutica, o en el cine, como en tantas películas hemos visto (La vida de los otros, El ojo de la aguja..., por citar alguna). Un maridaje especial, el trigo del silo y el arte de la mensajería encriptada.  

    Y aún queda la guinda del Museo. Ya puestos en guerra, tras haber visto cientos de aparatos que sirvieron para maniobrar en las contiendas, en tierra, en el mar o en el aire, la visita continúa, ya en el exterior del silo, por una trinchera hecha de troncos, recreación de las que se construyeron en la Gran Guerra, lo cual tiene su aquél, ahora que “celebramos” el centenario de tan triste capítulo de la humanidad. La trinchera de Belorado es una obra bien hecha, pues muestra perfectamente cómo debió ser la “vida” en aquellas terribles fosas. Se reproducen minuciosamente los pasillos de la muerte, los puestos de mando, los de radio, los de intendencia, los dormitorios, las literas de sueños interrumpidos por los bombardeos, enjauladas para que los soldados no fueran comidos por las ratas... En fin, toda una muestra de esas zanjas de guerra y carnicerías. Y uno, ante tanto verismo, con fondo irreal de explosiones resonando en su cabeza, no puede por menos que dejarse llevar por el cine y recordar grandes películas como Senderos de Gloria (en la que, por primera vez, escuché algo tan fuerte como “el patriotismo es el último refugio de los canallas” sic. Kirk Douglas a un general); Feliz NavidadArmas al hombro... y otras muchas que ahora no me vienen, en las que se perciben los horrores de  la guerra de las trincheras. 


Recreación de trinchera de la Gran Guerra. 

Recreación de un camastro.
Se observa la jaula de hierro  que evitaba que las ratas
se comieran al soldado. 

Cuarto de avituallamiento. 

Silo y trinchera.