jueves, 15 de abril de 2010

CONJUROS Y CONJURADEROS






Publicado en el libro Creencias y supesticiones populares de la provincia de Burgos

FOTOGRAFÍAS: Arco conjuradero de Poza de la Sal (con fiesta del Escarrete). Arco conjuradero de Villegas. Relicario de Santa Bárbara en conjuradero de Villegas.

        Es sobradamente conocido el pánico que el campesinado español de siempre ha tenido a las tormentas, no sólo por los terribles efectos que los rayos pueden llegar a ocasionar a personas y haciendas, sino por los daños que las grandes granizadas suelen producir en las cosechas. La pérdida de uno o más animales, o la cosecha de todo un año, significaba una terrible desgracia en la economía de las familias en tiempos en los que los seguros todavía no se habían establecido en pueblos y aldeas

        Al igual que contra las sequías, contra los nublados nada podía hacerse, como no fuera recurrir a rudimentos naturales y arcaicos, que por lo general más tenían que ver con la magia que con la ciencia (toque de campanas, platos de sal, hachas de punta, arrojamiento de piedras, etc.), o invocar la protección del Cielo y de todos los santos que en él viven. Siendo esto último lo más recurrido, la Iglesia, o mejor, los sacerdotes de cada pueblo vinieron a desempeñar hasta tiempo reciente un papel de suma relevancia en semejantes trances. Y así, Santa Bárbara, designada por la jerarquía eclesiástica protectora oficial contra las tormentas, se convirtió en la santidad más invocada por las gentes del campo.

        Si bien en dicha jerarquía no fueron muy bien vistos los conjuros o exorcismos contra los nublados, efectuados por los párrocos de los pueblos en presencia del vecindario, llegaron a ser una práctica muy extendida en todo el territorio de Castilla y León, y nos atreveríamos decir que de toda España, como puede deducirse por la existencia de conjuraderos en regiones como Murcia, Aragón, Cataluña o La Rioja.

        Aunque fue muy generalizada la costumbre de hacer los conjuros en la misma entrada de las iglesias, pórticos, torres y balcones sirvieron también para este fin. En algunos lugares se llegaron a erigir construcciones especiales para conjurar las nubes y bendecir los aires. Estas últimas, normalmente pequeñas capillas, exentas o apoyadas sobre arcos y torrecillas, con balcón conjuradero y por lo general presididas por una imagen de Santa Bárbara, son las que en Castilla y otras regiones se conocen indistintamente como conjuraderos o conjuratorios. En lugares como Aragón y Cataluña, los conjuraderos reciben, respectivamente, el nombre de esconjuraderos y comunidors, y en ambos casos vienen a ser pequeños edículos o templetes, cubiertos y con arcos abiertos a los cuatro vientos, casi siempre situados dentro de las poblaciones y cercanos a la iglesia parroquial. Su pariente más cercano podría ser el peirón aragonés, que es una especie de torrecilla o monolito, con la imagen de algún santo protector en la parte superior, que servía, entre otras cosas, para proteger a los pueblos de tormentas y otros males. Desde algún peirón cubierto se bendecían también los aires y los campos, al igual que se hacía desde los conjuraderos.

        Siendo, como se ha dicho, una costumbre de gran arraigo en todo el territorio nacional, sobre todo en zonas de gran riqueza cerealística y hortícola, son contados los conjuraderos existentes en Castilla y León. Que conozcamos, sólo han llegado hasta nosotros los de Cuenca de Campos, en Valladolid, Cozuelos de Ojeda, en Palencia, y los de Poza de la Sal y Villegas, en Burgos.


MOVIMIENTO LÍRICO (ECOS DE LA LLUVIA Y EL AIRE)

CONJURADERO


Me preparo para lo inevitable, Aire, tú ahora descansas, te adormeces en una extraña calma y no mueves ni una hoja del arce donde te ocultas. Yo, en cambio, trabajo, tapizo de grises y negros mi nube, me multiplico y avanzo, formo temible nublo y cargo mi vejiga. Pero ya no podré aguantar mucho más, creo que lo que empezó siendo minúsculo y suave como rocío sanjuanero se está transformando en piedra. Estoy pesada, pronto tendré que soltar. Esos de ahí abajo quieren hacerme daño, unos encendiendo la vela a Santa Bárbara y poniendo hachas de punta y otros arrojándome guijarros bendecidos. Ilusos, a ninguno de ellos temo, porque uno a uno su poder es cobarde; más me preocupan la campana y el conjurador, al que por cierto ya veo preparándose para sus exorcismos; no falta mucho para que suba al balcón conjuradero con su asperges y su libro mágico. Lucirá su gorro de cuatro picos y reunirá a todo el pueblo en el atrio de la iglesia... temo por la fuerza de la masa. Me dirá cosas horribles en latín que no sé si podré esquivar. Pero me defenderé, y mi fuerza hará que su sombrero levite, le haré sudar. Para ti también tendrá algún regalo envenenado, Aire, para tus cuatro direcciones, cuídate mucho, que ya atruenan las campanas del tentenublo. Aquí va mi réplica.

De mi visita a Villamorón y Villegas
mayo de 2006



3 comentarios:

  1. Me gusta mucho EL CONJURADERO (ECOS DE LA LLUVIA Y EL AIRE), es una preciosidad de texto, toda una exquisitez literaria. Un saludo, Flor

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  2. Investigando el conjuradero de Cozuelos de Ojeda me ha lle hasta tu texto informativo.
    Muchas gracias Elías.
    Un saludo desde Cervera de Pisuerga.

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  3. Ha sido un descubrimiento la existencia de estos lugares de los que habíamos perdido la memoria.

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