viernes, 9 de abril de 2010

PRADOLUENGO Y LAS BOINAS DE JULIA



FOTOGRAFÍAS: Julia Rubio, monumento sobre monumento. Boinas. (Tomadas en abril de 2010 y 1994).
De siempre he admirado la villa de Pradoluengo, no sólo por la belleza y originalidad de su casco urbano, ¡casi una ciudad!, y del rincón de la Demanda donde está situada, tan espectacular y pintoresco. Durante mucho tiempo, su larga tradición fabril me parecía a mí que la convertía en una isla dentro de la provincia de Burgos, tan agroganadera ella y tan dedicada al sector “servicios”. El por qué de la secular actividad textil de esta villa de los batanes ya lo sabemos, hay buenos tratados, publicados, que lo explican al detalle. Por eso aquí no cabe enrollarse en el tema. Ocurre, sin embargo, que hace dos días conocí a una pradoluenguina que, de sus 90 años cumplidos, 46 los dedicó a fabricar boinas en una industria de su pueblo. ¡Madre mía, casi medio siglo haciendo boinas! ¡Cuántas cabezas cubiertas por “su culpa”, cuántos madrugones en la nieve! Se llama Julia Rubio, y tuve el enorme placer y el privilegio de hacer con ella un recorrido turístico por la villa del calcetín. En el paseo, me mostró todo lo que queda de la industria, y mucho de lo que ha desaparecido. A cada paso, un portal, cada portal, un obrador, cada cuesta del monte, una rambla de tinte, cada corriente de agua, un lavadero de lana, cada suave loma, un tendedero. Julia, que empezó a trabajar a los 13 años, por supuesto que con el correspondiente permiso paterno, ha conocido momentos gloriosos de la bayeta y del calcetín, pero sobre todo, de la boina, como los que se vivieron durante la Guerra Incivil Española. Conoció la bonanza, sí, pero también ha vivido el declive de empresas señeras, como la que tuvo el privilegio de contar con sus servicios. Ya nadie fabrica boinas a orillas del Oropesa.

En Pradoluengo existe desde 2003 una escultura a la Mujer Trabajadora, y no es para menos. Quizá no exista ninguna mujer en esta villa que no haya trabajado en alguno de los numerosísimos obradores que existieron (alguno aún existe), que lavaran lana en la corriente que baja de la montaña, o que tintaran bayetas, boinas y calcetines. La mujer de Pradoluengo se merecía este monumento y mucho más. Julia Rubio, con 90 años y una vitalidad y memoria envidiables, con medio siglo de boinas a sus espaldas, es un monumento vivo, un escultura de carne y hueso que merece mi particular homenaje, mi “calcetín del año”. ¿O tendría que ser una boina?


6 comentarios:

  1. Mi abuela burgalesa (de un pueblo) también fue una gran trabajadora, a la vez que criaba a su numerosa familia (6 hijos) lavaba la ropa en el lavadero comunitario, hacia el pan en la hornera comunitaria, ayudada a mi abuelo ( que a su vez era maestro cantero) en las labores del campo: sembraba, segaba, trillaba, atendía el huerto, a veces llevaba a pastar a sus bueyes y vacas, y también algunas veces cuidaba de su pequeño rebaño de ovejas y cabras. Y sacaba tiempo para hacer queso, para cardar la lana e hilarla con la rueca y el huso, y así tejer a mano chapines (calcetines, sí chapines no escarpines, ella los llamaba así, lo mismo que a los paños de cocina los llamaba rodanas, era la terminología de su pueblo burgalés en el valle de Manzanedo) y jerséis para su familia. En ocasiones vendía los quesos que hacía y la lana que cardaba e hilaba. Desde aquí mi particular homenaje, a esta mi abuela, a mi querida madre su hija, porque una parte de su vida compartió el mismo trabajo que su madre, y a mi otra abuela, también burgalesa de un pueblo, aunque ésta con otras circunstancias. Las tres (para mí) a su manera fueron grandes mujeres. Un saludo, Flor

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  2. Como tu abuela y tu madre, Flor, hubo, hay, millones en España y en el mundo, como bien puedes imaginar. Siempre he pensado que su día debía tener más de 24 horas. Pero son una especie extinguida. Aunque, para ser justos, debemos pensar que ahora habrá nacido otra rama, otra especie de abuelas y madres trabajadoras, seguramente tan heroicas: las que luchan por sobrevivir en un mundo tan compliado y hostil como las grandes ciudades. Al menos, tu abuela y tu madre vivieron día a día en contacto con la tierra y el cielo. Últimamente, me ronda una idea: ¿por qué los mayores que vivieron en los pueblos recuerdan su vida en ellos con tanto cariño?

    Saludos

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  3. Elías, nos recuerdas que estas personas vivieron en contacto con la tierra y el cielo, y creo que en eso puede estar la clave de esos recuerdos tan vivos que tienen. Creo que hoy en día eso se ha perdido de una manera irremediable.


    Eran tiempos tan sencillos
    tan cargados de aromas
    tan envueltos en olvido
    tan lejanos a estas horas
    que parece que no fueron
    mas que nubes del estio
    que pasaron limpiamente
    sin decir casi ni pío.
    Pero desde este momento
    que me toca disfrutar
    echo en falta ese contento
    que yo no pude catar.
    Y me cago en el progreso
    que solo analiza cifras
    y me inquieto porque esto
    ha pasado a mejor vida.

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  4. Julia hará 102 en febrero 💪🏼 Está en la residencia de Pradoluengo y sigue tan lúcida como siempre.

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  5. Qué alegría saberlo. Guardo un magnífico recuerdo de su persona y de la charla que mantuvimos en Pradoluengo hace ya diez años. Le mando desde aquí un abrazo y mis deseos de que siga cumpliendo años.
    Gracias por la noticia
    Un saludo

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