domingo, 4 de julio de 2010

CANTABRANA, LAS CASAS PROTEGIDAS
















FOTOGRAFÍAS: Escudo, dovelas y dinteles decorados en Cantabrana. (Tomadas en mayo de 2010).

Cantabrana es uno de mis favoritos. Por varios motivos, pero fundamentalmente por los amigos que siempre me reciben allí con los brazos abiertos y por la admirable capacidad de adaptación al medio de sus vecinos a lo largo de los siglos. Ubicada entre grandes montañas, esta pintoresca localidad del valle de Caderechas no tiene ni ha tenido terreno suficiente para cereal, por eso sus habitantes decidieron un día que lo suyo era plantar frutales y vides, dedicarse a la industria textil y salir al mundo como ambulantes arrieros. Semejantes actividades derivaron en una arquitectura muy singular de su caserío, la que yo mismo llamé en algún momento arquitectura caderechana, de casas muy altas de piedra y con amplios espacios, unos para guardar la fruta, otros para bodegas del chacolí y otros para el establecimiento de pequeños comercios de telas, cuyos escaparates abiertos a la vía pública todavía podían verse en buen número en los años setenta del pasado siglo. Estos eran un recuerdo de los 40 telares que trabajaban en Cantabrana hace siglo y medio.

Por las fechas que hoy pueden verse grabadas en dovelas y dinteles de accesos a las casas, Cantabrana debió sufrir una profunda trasformación en su caserío en el siglo XVIII, seguramente como consecuencia de atravesar una época boyante en los citados negocios. Pero no es la historia textil, ni arriera ni trajinera de este acogedor pueblo burgalés lo que aquí se quiere reflejar, sino una curiosidad que tiene que ver con la mencionada arquitectura. Me refiero a la serie de inscripciones que presiden y ornan las fachadas de las casas, concretamente sobre las puertas y bajo ventanas. El afán decorativo de los canteros que edificaron en Cantabrana en el XVIII fue tal, que resulta difícil encontrar un dintel sin ningún elemento decorativo, o signo protector, si se prefiere. Así, callejeando por el original caserío, uno puede ir coleccionando inscripción tras inscripción, hasta conseguir un interesantísimo elenco con el que formarse una opinión. Llama sobremanera la atención que, siendo tan parecidos, ninguno de los cuerpos decorativos es igual, cada uno tiene sus pequeñas variantes. Todos, empero, tienen como denominador común una gran cruz, en alto o bajo relieve, y casi todos lucen pequeñas rosetas, de cuatro o seis pétalos, así como cruces menores que se cobijan al amparo de la cruz mayor. Hay que advertir, sin embargo, que existen algunos edificios en los que la roseta de seis pétalos (hexapétala) se encuentra de manera solitaria, bajo ventanas y dentro de figuras rómbica o rectangular, lo que podría llevar a pensar que en su día pudo llegar a operar como símbolo protector de carácter tal vez pagano; aunque bien es verdad que, más tarde, bajo estas rosetas pudieron esculpirse los conjuntos descritos; ¿quizá un intento de despaganización?, ahí queda la interrogante para quien quiera investigar. No podemos dejar de mencionar, por último, un interesante conjunto escultórico que se sale de la regla, pues aun conteniendo cruz y roseta, luce una especie de figura monstruosa, bastante mutilada, cuyo significado se nos escapa.

Parece evidente que estos conjuntos decorativos son de carácter religioso y tienen una finalidad apotropaica y cristiana. En cuanto a la diversidad en los elementos que los conforman, quizá habría que pensar en distintos grupo o familias de canteros que quisieron diferenciar sus obras por motivos que pueden ser simples o menos simples. Es aquí donde entraría en juego el interesante y original escudo que se encuentra embutido en la fachada de una casa situada frente a la portada de la iglesia parroquial. Este escudo, que parece importado de otro lugar, contiene, además de una gran palmera como elemento central (la palmera como árbol sagrado y como símbolo cristiano), en medio de dos torres, tres rosetas de distintos pétalos, una pequeña cruz, una lanza y dos líneas paralelas que bien pudieran representar una escalera; más, en la parte inferior, una inscripción en la que se lee “armas de Montaña”, refiriéndose sin duda al apellido representado por el escudo.

Con los elementos descritos del blasón cabría preguntarse si no fue este mismo el que irradió su fuerza para los dinteles y ventanas de las casas. Algunas rosetas y cruces en estos últimos son tan parecidos a los del escudo que permite la asociación. En todo caso, es un buen tema de investigación. Sin olvidarnos de otras pistas, por ejemplo la de Juan Alonso de Ojeda, natural de Cantabrana y que mediado el siglo XVII era presbítero y aspirante a oficial del tribunal de la Inquisición de Logroño (con el Santo Oficio topamos), o que el conjunto de cruces y dinteles pudo haber sido utilizado como Calvario en tiempos mas recientes.

4 comentarios:

  1. Enhorabuena por el artículo y por su trabajo.

    Me pongo en contacto con usted dado que estoy interesado en conseguir el libro "Los pueblos del silencio".

    Sin embargo, la librería Mayba parece que ya no está abierta. ¿Se puede conseguir por algún otro canal?

    Un saludo

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  2. Muchas gracias por lo primero. Para lo segundo, ruego se ponga en contacto conmigo escribiéndome a este correo electrónico.

    eliasru@hotmail.com

    saludos

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  3. Según he leído en algún libro (creo que "Arlanza mágica y embrujada") las rosas hexapétalas podrían interpretarse como una representación arcaica de La Virgen. Un saludo

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