lunes, 29 de noviembre de 2010

UN ARCA DE AGUA DEL SIGLO XVII EN SAN PEDRO DE ARLANZA




FOTOGRAFÍAS: Arca de agua con inscripción en el monasterio de San Pedro de Arlanza. Jinete en acción de aplastar, a la entrada del monasterio. (Tomadas el 27 de noviembre de 2010).

Dentro de la serie de fuentes olvidadas que aquí vienen apareciendo merece figurar con luz propia la magnífica arca de agua que se encuentra a la entrada del monasterio de San Pedro de Arlanza. En su momento, cuando en 1994 publiqué mi libro “Arquitectura del agua. Fuentes de la provincia de Burgos”, desconocía la existencia de esta obra, seguro que por no haber observado con detenimiento el sistema de abastecimiento a dicho cenobio. Naturalmente, de haber sabido de ella la hubiera incluido con la dignidad que merece en el capitulo del libro que titulé “Fuentes conventuales”, o mejor, en el de “Fuentes cambijas”; en los dos apartados hubiera encajado perfectamente. Así, el pasado día 27, en una visita que realicé con mi familia a las ruinas de Arlanza, donde la soledad permite que los cacos puedan llevarse el cobre de las techumbres, pude fijarme en una construcción que nunca antes había observado con suficiente atención, a pesar de las incontables visitas a este lugar que llevo en mi haber. Me refiero a una torrecilla, construida con buenos sillares, que se encuentra adosada al arco por el que se accede al gran patio del edificio principal. La torrecilla en cuestión tiene una inscripción en la parte superior, en un pequeño frontón coronado, que nos delata su utilidad. Por ella intuimos que pudo tratarse de un arca de agua, y que fue construida en 1628, junto con otras arcas menores de registro y conductos del interior del monasterio, por el maestro de obras Pelayo de Benito. En dicha inscripción he creído leer:

Esta fuente y la de dentro del claustro con sus conductos y arcas la hizo el maestro de obras F. Pelayo de Benito. Año de 1628.

Naturalmente, por no hallarse suficientemente claras alguna letras, esta lectura está sujeta a la más correcta interpretación de quienes la estudien en profundidad.

Sin duda, dicha fuente debía ser un arca de agua, y debía ser la que captaba o recibía el agua de algún manantial lejano, a través de encañados de cerámica o barro, y que desde ella se hacía llegar al interior del convento para el suministro normal de la comunidad y para surtir a la maravillosa fuente del claustro, la que hoy se encuentra en el Paseo de la Isla de la ciudad de Burgos. Hacia la tercera hilada de sillares partiendo del suelo, y por el lado que mira al monasterio, puede verse una hornacina cuadrada de aproximadamente medio metro de lado y de profundidad. En su interior puede verse un desagüe con acanaladura que es por donde debía verterse el agua a las conducciones de barro que iban desde aquí al convento. Por el lado opuesto se puede ver, a la altura del frontón, otra ventana de similares características, que debía ser por donde entraba el encañado o tubería que llegaba del manantial.

Se trata, pues, de una obra de ingeniería hidráulica de no poca importancia, y un patrimonio histórico artístico más dentro lo que ya en sí representa el fabuloso monasterio de San Pedro de Arlanza.

Parece oportuno señalar aquí que, en muy poco tiempo, han salido a nuestro paso dos sistemas de abastecimiento de agua a monasterios burgaleses que hasta ahora debían ser totalmente desconocidos. El otro, como ya se dejó constancia aquí, es el que surtía a Santa María de Rioseco. (ver etiqueta "OTROS", entrada “LAS FUENTES OLVIDADAS", 5/9/2009).


APÉNDICE A LO DICHO ANTERIORMENTE: (información obtenida el 4 de diciembre)

Leo en el libro de mi querido amigo César Javier Palacios “Árboles singulares de la provincia de Burgos" (pgs. 49-50).

“En el año 1628 fray Pelayo de San Benito, abad de San Pedro de Arlanza, inauguraba las nuevas obras de abastecimiento de agua para el monasterio. Para ello se construyó un gran aljibe a la salida de una potente fuente en el conocido como Valle del Huerto, a 400 metros del monasterio. Desde allí se instaló una tubería, compuesta por centenares de tubos hechos de barro cocido, con su interior vitrificado, que encajaban perfectamente uno en otro Así, el agua llegaba a una robusta torre cambija levantada en sillares de caliza a la entrada del compás, desde donde el preciado líquido se distribuía después por todo el monasterio”.

Con esta información vemos más clara la incripción.

jueves, 25 de noviembre de 2010

NOCECO: SIGUIENDO LA RUTA INDIANA ENCONTRÉ UNA “CATEDRAL”







FOTOGRAFÍAS: Iglesia de Noceco, levantada en 1906 con estilo neorrománico. Escuela y casa del maestro en Noceco, del siglo XIX. (Tomadas en noviembre de 2002). Bahía de Montevideo desde El Cerro (Tomada en 2002).

Parece una extraña mezcla de neorrománico, santuario de Covadonga y catedral de Lourdes. Semejantes impresiones se me ocurrieron cuando el pasado día 20 visité la localidad de Noceco y comprobé la desproporción de su espectacular iglesia en relación a la pequeñez de su caserío. Aunque si se mira el conjunto a distancia puede atisbarse algún parecido con el gótico (quizá sea por el pináculo de la torre), lo cierto es que es el neorrománico lo que predomina en toda la traza.
Qué se me perdió por Noceco aquel día lo explico a continuación. En mis nuevas andanzas siguiendo el rastro de los indianos del norte de Burgos recalé en este lugar por una decepción, pues en realidad el motivo de mi viaje era llegar a Quintana de los Prados, siguiendo una pista “segura” que tenía sobre quienes embarcaron para América de este pueblo (Archivo de Indias). Pero aquí no encontré huella alguna construida de estos emigrantes, por supuesto que ni de los varios vecinos que salieron a finales del siglo XVIII para Nueva España, nada, ni siquiera conseguí un pequeño testimonio oral. De modo que, recordando la vaga pista que recientemente me dio un buen amigo, me desplacé a la cercana localidad de Noceco para probar suerte. También yo recordaba, de mis innumerables pasadas por esta población, alguna construcción notable que más o menos podía asociarse al indianismo. Fue así cómo llegué a toparme con una de las iglesias modernas más espectaculares del norte de Burgos, o quizá mejor debería decir de toda la provincia. Bajo la lluvia y en los primeros momentos, permanecí anonadado por la aparición de tan impresionante construcción. Algo tan osado no podía ser sino una obra indiana, me dije, de tan embebido como estaba con el tema: ¡qué alarde!, ¡qué exhibición de poderío! Miré hacia arriba de la torre y vi una leyenda escrita con letras de molde en la que puede leerse: “SE CONSTRUYÓ EL AÑO 1906. COSTEADA POR LOS HIJOS DE ESTE PUEBLO DON MANUEL LÓPEZ. DON TIMOTEO BUSTILLO. DON MARIANO LÓPEZ”. ¡Albricias!, alguno de estos hombres ilustres deben ser los “americanos” de mis notas –pensé-, y no precisamente de los de la “maleta al agua”. Pero no. Saqué mi cuadernillo y cotejé nombres y apellidos de los vecinos de este lugar que surcaron el océano: ninguno se correspondía con los de la iglesia, ninguno de ellos era, desde luego, Diego de Mena Ortiz (criado del Gobernador y Capitán General de Cartagena de Indias), que embarcó en 1673, junto con su mujer, María Zorrilla de San Martín, rumbo a dicha población. Otra decepción más.

Recorrí el pueblo bajo la lluvia, buscando alguna persona que pudiera darme algún tipo de información. Tarea difícil por el abandono invernal. Y así fue cómo llegué a la parte más alta del caserío y localicé la escuela. Sin niños, abierta y convertida ahora en almacén de aperos, sobre la entrada tiene una placa que nos recuerda quien o a expensas de quien se construyó. Dice así: “ESTA ESCUELA FUE FUNDADA EL AÑO 1889 Y EDIFICADA EN 1914, POR D. MANUEL LÓPEZ ANGULO NATURAL DE ESTE PUEBLO”. Y pegada a la escuela está la casa de los maestros, hoy habitada por una familia de campesinos, que también tiene su data sobre el balcón central. La inscripción reza: “A EXPENSAS DE D. MANUEL LÓPEZ Y ANGULO NATURAL DE ESTE PUEBLO Y VECINO DE MADRID SE CONSTRUYÓ ESTA CASA PARA ESCUELA DE PRIMERA ENSEÑANZA DE NIÑOS Y NIÑAS Y HABITACIÓN DEL MAESTRO. NOCECO 4 DE DICIEMBRE DE 1889”.

Encontré por fin una fuente de información, un matrimonio mayor y encantador que me puso en antecedentes. Así supe que de indianos, nada, que todos los nombres de las inscripciones que había visto pertenecían a familias ricas de Noceco, que tenían o tienen su residencia en Madrid, a vecinos de este pueblo que quisieron con sus obras perdurar por los siglos de los siglos en la memoria. Según mis informantes, la iglesia neo sustituyó a otra de mayor antigüedad y de mayor valor histórico y artístico.

Cuando ya me disponía a abandonar el pueblo el sol salió y la "catedral" de Noceco resplandeció.



INCERTIDUMBRE EN MONTEVIDEO. PRESIDIO Y SHOPPING
De “MEMORIAS DE AMÉRICA”

(2 de agosto de 2002)

“... Lo de siempre, al saber que éramos españoles “se admiraron mucho”, que diría algún conquistador, nos interrogaron sobre nuestro país, y se desvivieron en atenciones. Por supuesto, nos enseñaron toda la sede y nos dieron todo tipo de explicaciones. Una gente estupenda. A tantos miles de kilómetros de nuestra casa y con la situación complicada que se vivía en Montevideo aquel día, nos sentimos con ellos bastante seguros.

Hacia las siete de la tarde, noche cerrada, llegó nuestra amiga uruguaya disculpándose por el retraso. Llegó con apretado programa para nosotros. En primer lugar tomamos un taxi para ir a un mercado artesano que, según ella, nos iba a encantar. Se veía poco tráfico en las calles y se circulaba sin dificultad. Sentado junto al taxista, éste me fue describiendo la crisis y la realidad social de Uruguay. Me dijo que quería marcharse a España, concretamente a Canarias, donde tenía familia. Nos dejó anonadados cuando nos aseguró que diariamente abandonaban Uruguay, rumbo a España, unas trescientas personas, algo que me resultaba difícil de digerir para un país tan pequeño. (Otra vez la inversión: hubo un tiempo en el que los canarios repoblaron las tierras uruguayas –de ello hay constancia fotográfica en el museo de El Cerro– y ahora son los descendientes quienes retornan). El dramatismo de aquél éxodo se acentuaba, además, porque según nuestro amable conductor, los que se iban eran los más jóvenes y los más válidos, los que en algún momento podrían echar una mano para levantar el país. Una tragedia que en nuestra España también conocimos y sufrimos.

El mercadillo de artesanía estaba cerrado y volvimos a la organización. Leo en mis notas:

“Todos los comercios han cerrado; hay incidentes, asaltos a comercios en varios puntos de la ciudad; existe una psicosis tremenda; helicópteros sobrevuelan sobre nosotros. Da la impresión de que estemos al borde de un estallido social. Nuestra amiga parece haber oído que cabe la posibilidad de que los incidentes no sean espontáneos y que estén dirigidos. Es emocionante vivir en directo estos momentos, pero también estremecedor”.
Bien entrada la noche, nuestra amiga nos llevó a dar un paseo por la bahía, que en aquellos momentos estaba salpicada de luces reflejadas. Después a un shopping (hipermercado solemos decir por aquí), y aclaro antes de nada que “ir de shopping” es un “deporte” que se cultiva mucho en Uruguay, también en Paraguay y Argentina, que son los países que visitamos. El shopping en cuestión fue un antiguo presidio, uno de los más terribles del país. Ahora, y desde hace diez años, es un lujosísimo templo del consumo ¡Qué pensarán ahora los presos que allí sufrieron tantas penalidades, al ver el patio carcelero lleno de espejos, mármol y escaleras babilónicas! ¡Que dirán ahora, al ver tantos y tan llamativos escaparates atiborrados de productos allí donde no hubo más que golpizas, miseria y ratas! Pues, entre otras cosas, podrían decir: “ahora somos presos del consumo”. Pero, claro, esa es otra historia...".

Cerca de Paysandú
(3 de agosto de 2002)

“...En el atardecer, el paisaje en aquella zona uruguaya se presentaba monótono, con grandes extensiones de praderas y suaves lomas, sólo interrumpidas por algún bosquecillo de eucaliptos o naranjos. Una lluvia de cabezas de ganado pastaba sin gran estrés (alguien de nosotros dijo que había más vacas que habitantes). De cuando en cuando, alguna estancia solitaria en medio de aquel mar de hierba, en el ocaso rojo. Todo conformaba una postal gauchesca. A esta imagen contribuía la silueta de algún jinete solitario volviendo hacia estancias o ranchos lejanos tras haber cabalgado todo el día por praderas del fin del mundo. Tras los cristales del ómnibus y caída la noche, mortecinas luces en remotos horizontes nos daban razón de estancias olvidadas que nunca habríamos de visitar o conocer...”.




domingo, 21 de noviembre de 2010

EL PALACIO DE LOS ISLA, UNA RUINA IMPERDONABLE










FOTOGRAFÍAS: Distintas vistas del Palacio de los Isla, de Villalaín. Iglesia de Santa María del Torrentero. (Tomadas en noviembre de 2010).

En esta triste galería de desastres del patrimonio burgalés, una vez más nos sale al paso un bien cultural abandonado a su suerte, una propiedad dejada de la mano de Dios y en avanzado estado de ruina. Una vez más podemos o debemos encontramos con propietarios mayores, que no quieren o no pueden complicarse la vida, o descendientes que tampoco muestran interés alguno, o que teniéndolo no disponen de capital para conservarla. Nada nuevo. Esto no sería grave si no fuera por el enorme valor histórico y artístico del conjunto. Os estoy hablando, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, del Palacio de los Isla, de Villalaín, una casa fuerte con torre, muy probablemente del siglo XVI, justo al lado de la carretera de Bercedo y a apenas un kilómetro antes (o después, según se mire) de Villarcayo. Es una ruina bien conocida por todos, pues siempre que uno pasa por la cerrada curva de Villalaín, los ojos no pueden evitar la reliquia. Nadie, pues, puede alegar desconocimiento de su existencia y de su estado. Conclusión: a nadie le importa que desaparezca. Parece como una maldición: en apenas la superficie de un coto redondo (aproximadamente) dos impresionantes monumentos de Las Merindades, el monasterio cisterciense de Rioseco y el Palacio de los Isla, a punto de desaparecer. “Bueno, al fin y al cabo, Rioseco está escondido, nadie puede verlo desde la carretera”, podría decir alguien. Pero no, éste se presenta de manera descarada y nos saca los colores de vergüenza a todos los que amamos el patrimonio.

Si uno se asoma desde la medievalizada puerta principal, escoltado por los dos robustos cubos de sillares que la flanquean, entre las burdas alambradas que cierran la propiedad, lo primero que ve en el interior del amplio patio es el escudo de armas de los Isla, así como los perfectos arcos de medio punto que le adornan. Lo demás es sillería perfecta, pero vejada con chatarras sin fin; lo demás es la torre, que se eleva a duras penas, pues sus grietas y desconchones son para temblar.

Damos la vuelta al edificio, por detrás vemos la hiedra que todo lo devora, y entre la hiedra, una preciosa ventana enrejada deja asomar sus románticos barrotes oxidados. Seguimos un camino entre encinas, y a los pocos metros aparece una iglesia, la de Santa María del Torrentero (¡qué bonito nombre!), que fue capilla mayor del palacio. Una iglesia escondida con restos románicos y un cartel que anuncia propaganda de un proyecto de investigación de 12. 000 euros, posiblemente ya realizado y que incluía una “lectura muraria” (jamás había oído o leído nada semejante ¿alguien me puede explicar lo que eso significa?). Hay síntomas de abandono en este escondido templo, pero el cartel lleno de entidades colaboradoras me llena de esperanza.

A pocos metros del palacio y de esta iglesia, la cantera de Villalaín navega a todo trapo, el monte va perdiendo la imagen que conocimos.



martes, 16 de noviembre de 2010

UN MÚSICO PASIEGO


FOTOGRAFÍA: El Campanero de Salcediyu en su cabaña de Lunada (Tomada en 1995).

A mi amigo Robustiano, compositor afinador de campanus

Unos componen o escriben partituras para piano, otros para violines, otros para guitarra o cualquier otro instrumento de música convencional, sea de cuerda, viento o percusión. Son los músicos ortodoxos, sobradamente valorados. Pero hay también otra clase de músicos menos reconocidos (¿heterodoxos?) que sacan (¿por qué sacar, y no componer) música de otros artefactos (¿es correcto llamar artefacto a un piano o a un violín?) menos convencionales. Mi amigo Robustiano Aja, el Campanero de Salcediyu, pertenece a este último grupo, pero no es un músico heterodoxo, no, solo excepcional, porque con la música que compone al afinar los cencerros de los animales (campanus los llama él, como buen pasiego), está produciendo sinfonías tan bellas y difíciles de interpretar como las de un clásico. Bien es cierto que sus partituras están escritas para un solo instrumento, y que quienes las ejecutan tampoco son interpretes al uso, sino vacas, yeguas, ovejas y cabras. Sus pastorales son de encargo ganadero; él es, además de compositor, un obrero afinador: con sus suaves y hábiles martilleos en el metal del campanu logra registros que solo él podría soñar, en su cabaña solitaria de Lunada. A veces tarda en componer, porque exige mucho a la música, pero golpe sobre leve golpe, tras días y noches de desvelos y locura, logra lo que el ganadero editor quería sin dar detalles, consigue ese sonido final y sublime que hará vibrar el paisaje, que ganará la ovación de las praderas pasiegas, de un teatro sin aforo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

MENSAJES DE PIEDRA



FOTOGRAFÍAS: Capitel en Bañuelos del Rudrón. Inscripción en Santa Gadea (Tomadas en noviembre de 2010).

Serpiente, sapo, dos lindezas con las que los canteros románicos representaban el sexo de la mujer en las iglesias. De aquellos y otros polvos vinieron los lodos actuales. En un capitel de Bañuelos los vemos juntos, parece que en ademán de enfrentarse, pero no, el significado es otro, son lo mismo, son dos maneras con las que, en aquellos siglos de símbolos, se nos dibujaba de manera críptica lo femenino prohibido, lo pecaminoso y abominable. Me pareció simpático el canecillo, y os lo traigo aquí con otra curiosidad más, también relativa a otra iglesia de Burgos: me refiero a una inscripción en Santa Gadea de Alfoz cuya interpretación ciertamente ha de resultar desconcertante para una persona no versada en la doctrina católica, pues tal y como están situadas las letras, podrían hacerse varias líneas y cada una de ellas con un significado distinto. Al final, uno se embarulla y no sabe cuál es lo que es y cuál es lo que no es. Son curiosidades que se pueden descubrir observando los viejos sillares y que nos ayudan a conocer cómo fuimos.

martes, 9 de noviembre de 2010

LAS PRIMERAS BELLOTAS DEL ÁRBOL DE LA PROVINCIA






FOTOGRAFÍAS: Recolección de bellotas en el Árbol de la Provincia. (Tomadas el 9 de noviembre de 2010).

Recordaréis, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, que en julio de este año celebramos en Jaramillo de la Fuente, con gran alborozo, el primer año de vida del Árbol de la Provincia. Pues bien, hoy este icono vegetal burgalés, lleno de vida y que crece con tierra de todos los pueblos de la provincia (1233), nos vuelve a dar otra alegría. La encina de todos, tan jovencita ella, ha querido sorprender a propios y extraños y nos ha regalado con una abundante producción de bellotas. Ha sido muy bonito ver esta mañana a Simón, el alcalde de Jaramillo, y a Domingo, otro de los incondicionales del árbol, haciendo la recolección. Más de un centenar de estos frutos, ¡todo un hito! Son las primeras bellotas de un árbol que, poco a poco, arraiga y se consolida junto a la fantástica iglesia románica. ¡Enhorabuena a todos!

viernes, 5 de noviembre de 2010

INDIANOS DE MONTEJO DE SAN MIGUEL

















FOTOGRAFÍAS: Casa indiana en Montejo de San Miguel. Dos casonas indianas. Inscripción en la torre de la iglesia de Montejo. Panteones en el cementerio de Montejo. Anagrama y fecha en la puerta del cementerio de Montejo (FDV: familia del Val). Casona indiana con galería corrida y arcos. Empedrado de casona indiana. (Tomadas en octubre de 2010 y verano de 2007).



En 1792, Julián del Val, vecino de Montejo de San Miguel, solicitaba licencia de embarque a La Habana para ayudar (es de suponer que en los negocios) a su tío Anselmo del Val. Es un buen dato que nos sirve para seguir, siquiera tangencialmente, la pista de indianos burgaleses y para comprender mejor la magnífica fábrica del caserío de Montejo. Un viajero despistado que llegue a este pueblo del valle de Tobalina quedará por fuerza sorprendido de la grandeza de sus casas, algunas ciertamente bellas, y se preguntará el por qué de tanta distinción. Yo mismo me lo preguntaba hace tres años cuando por primera vez visité el lugar. Interrogué entonces a los vecinos más mayores, y así supe que algunas de las casas fueron hechas por indianos que hicieron fortuna.

Montejo de San Miguel, situado en un alto que dirige su mirada hacia las sierras de Árcena y Humión, es un pueblo cercano a Frías, muy cuidado y bello, motivos por los que bien podría incluirse en la etiqueta establecida aquí como “Los mejores”..., sino fuera porque ya tenemos otra dedicada a los indianos con el título de “Burgaleses de ultramar”.

En Montejo de San Miguel vive gente inquieta, que sabe valorar su historia y su patrimonio; gente que ha embellecido el pueblo y que ha conseguido crear un museo etnográfico interesantísimo, con elementos autóctonos y que cada verano nos sorprende con actividades participativas.

Pero no perdamos el hilo. Montejo viene hoy aquí por el indianismo. En una visita que realicé en 2007 pude observar, al salir del pueblo y emergiendo del camposanto, dos panteones de excelente fábrica. El tiempo me apremiaba y dejé para otra ocasión la investigación sobre estas construcciones funerarias. Suponía que dichos panteones podrían pertenecer a los indianos que mandaron edificar las casonas referidas, pero tenía que verificarlo, tenía que volver. Y así, el pasado día 24 regresé de nuevo a Montejo, esta vez acompañado de mi esposa. Hicimos el recorrido por el pueblo, y en lo que parece la calle mayor, vimos dos edificios altos de buena traza, uno seguido del otro; en el primero según se sube a la plaza, en la parte más alta, puede leerse: “REFORMADA POR DON GUILLERMO DEL VAL Y ORTIZ EN 1915”; y en el siguiente, otra inscripción nos ilustra con esta leyenda “FABRICADA POR D. JERÓNIMO ROBADOR Y VAL”.

Pero por si el apellido Val no hubiera quedado suficientemente afirmado en las inscripciones anteriores, llegamos a la iglesia parroquial, donde, en el exterior de la torre, otra inscripción más nos recuerda su huella en Montejo: “REEDIFICOSE HA EXPENSAS DEL M. N. SEÑOR D. JULIÁN DEL VAL. AÑO 1831”. Y por si aún fuera poco, una lápida en el interior del templo, dentro de una hornacina sepulcral, que recuerda a los nichos funerarios góticos y renacentistas, nos dice que “PERTENECE A LA FAMILIA DE D. JULIÁN DEL VAL HIJO GENEROSO DEL PUEBLO BIENHECHOR DE SU IGLESIA Y PATRONO DE ESTA CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. AÑO 1831”.

Por supuesto, la siguiente tarea era visitar el camposanto y ver si alguno de los panteones citados se correspondían con los del Val, como así fue. La necrópolis estaba abierta, pues eran vísperas de Todos los Santos y había alguien dentro adecentando alguna tumba. Hay dos panteones con forma de capilla y prácticamente gemelos, probablemente realizados con fondos indianos; en el frontis del primero se lee “PERTENECE A LA FAMILIA DEL MUY NOBLE SEÑOR D. FRANCISCO DEL VAL HIJO GENEROSO DE ESTE PUEBLO BIENHECHOS DE SU IGLESIA Y PATRONO DE ESTA CAPILLA. EN REPRESENTACIÓN SU HERMANO D. RAMÓN. AÑO 1856”.

Fuera de las capillas existen también otros viejos enterramientos en el suelo, de piedra y cubiertos de zarzas y musgo. Tienen ya el encanto y la pátina de los monumentos, y en verdad que algunos lo son, como lo demuestra la antigüedad de sus inscripciones. En el que tiene una Virgen de piedra sobre la lápida puede leerse a duras penas: PRIMEROS (en abreviatura) EXCELENTÍSIMOS SEÑORES CONDES DEL VAL. D. SANTIAGO DEL VAL Y MARTÍNEZ. 1791-1881, Y DOÑA (en abreviatura) RAMONA CERECEDOS DEL VAL. 1803-1867.

Los del Val, pues, además de indianos (debemos recordar aquí al Julián del Val citado al principio y que marchó a La Habana), debieron ser condes, a juzgar por dicha inscripción. Pero esa puede ser otra historia, dejémosla para los expertos en nobleza.

No podemos finalizar sin hacer mención a otra casa indiana que existe a la entrada del pueblo, quizá la más sobresaliente de todas. En este momento todavía desconozco sus primigenios dueños, seguramente alguien de ultramar, pero quizá podamos más adelante aclarar esta cuestión. Se trata de un edificio de buena piedra de sillería con varias originalidades, la principal de ellas, una galería de 13 arcos que recorre la totalidad de su fachada principal en el piso anterior al payo. Conserva también su portal empedrado, con cantos de río, una característica que debió ser generalizada en Montejo y que ahora se ve con agradecimiento; y por último, cabe señalar, en un rellano de la escalera, un curioso y circular ventanillo en imitación perfecta de las mirillas de los grandes buques. Una señal que, muy probablemente, su constructor indiano quiso plasmar como recuerdo de sus travesías oceánicas. Uno mira por este ojo de buey y sólo ve la sierra de Árcena, pero el indiano debía ver mucho más, seguramente el infinito mar.


***

DE “MEMORIAS DE AMÉRICA
(2 de agosto de 2002)

“Fun Fun”, corazón del tango

"Fun Fun", la taberna que vive el tango


        “... Después de cenar, en una noche serena, estrellada, muy fría (3º C), nuestros anfitriones nos llevaron a una vieja taberna con sabor a tango. Recibe el nombre de “Fun-Fun” y es centro nocturno de reunión de todos los montevideanos amantes de ese folclore. En su estrechez, Fun- Fun es una especie de catedral del tango, una taberna en la que profesionales de esta especialidad cantan y no paran de cantar, acompañados por una orquestina de guitarra y acordeón y coreados por el público, las más célebres composiciones del repertorio gardeliano. Se canta y corea con apasionamiento y no sin cierta dosis de nostalgia, como si en el canto se les escapara la vida, y con ese sentimiento de provisionalidad de quien vive alejado de una patria primigenia pero desconocida.        Aunque no sé, seguramente esto sea una percepción mía totalmente errónea.
Es famosa también esta taberna porque en ella “hizo estaño” el gran Carlos Gardel. “Hacer estaño” es una expresión muy popular, referida a este santuario uruguayo, que consiste en estar mucho rato con los codos apoyados en el mostrador forrado de estaño, tomando una o más copas de “uvita”, una bebida alcohólica, tipo orujo gallego, aunque más dulce, cuya fórmula se mantiene en secreto desde los orígenes de la taberna, allá por los finales del siglo XIX. Con nuestros amigos uruguayos hicimos estaño durante más de una hora, mientras escuchábamos a distintos artistas tangueros. En Fun-Fun no hay escenario, solo un hueco en el centro, entre un revoltillo de mesas y sillas ocupadas por la clientela, donde se ubican los cantores. Nunca podremos olvidar aquella joven uruguaya, en aquel ambiente marrón, decimonónico, de bruma de cigarros y uvita secreta, cantando “Por una cabeza...". Ni tampoco su discurso final, animando a la concurrencia a no perder el aliento en aquellos momentos de zozobra por los que estaba pasando su país. Parecía una arenga patriótica, pero era algo más, era algo espiritual que salía de lo más hondo de los tangos y que emocionó a toda la concurrencia. En aquel extraño ambiente de uruguayismo contagioso, nosotros, visitantes por un día, miramos una vez más la fotografía dedicada de Carlos Gardel que colgaba en la pared, miramos embelesados a la uruguaya y, estremecidos, bebimos otra uvita haciendo estaño, sacando brillo al mostrador”.