miércoles, 4 de febrero de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS, LOS NIÑOS IMPRESORES (II)



Niños  manipulando imprenta.
Así debieron aprender los alumnos de Antonio Benaiges
 en Bañuelos de Bureba.
(Fotografía de Sergi Bernal)


FOTOGRAFÍAS: Caja de tipos (Tomada en enero 2015). Resto, gentileza de Asociación Escuela Benaiges. 

El relato de Jesús Viadas, alcalde Bañuelos y Presidente de la Asociación creada para la recuperación de la escuela en la que ejerció el maestro Antonio Benaiges es tan interesante que no me resisto a transcribirlo literalmente, al menos alguna de las partes.  


“Pues esta escuela tiene su historia. El maestro que hubo aquí en el 36 (1936), Antonio Benaiges, utilizó un método de enseñanza diferente y novedosa para aquellos años, que se la llamaba la técnica Freinet, que era francesa, y que utilizaba la imprenta para enseñar a los niños. Compró una imprenta chiquitina, parecía un ordenador de ahora, y con ella hacían cuadernos. Y estos cuadernos que hacían los intercambiaban, manteniendo correspondencia con toda España y también con el extranjero. Incluso tenía también sus suscriptores, a los que enviaba los cuadernos”. 

“[...] La  primera noticia que tuve yo de todo esto fue a través de una fotografía con niños de la escuela. Un tío abuelo mío que vive en Bilbao, bastante mayor, un día me dijo: “Pues tengo una fotografía que te voy a enseñar”. Y uno de los días que vino al pueblo (ahora ya no viene porque está muy mayor), me enseñó la fotografía y me dijo: “es una fotografía de cuando yo iba a la escuela aquí en Bañuelos”. Me dijo que la fotografía la hicieron cuando él era niño con un maestro. Pero no me habló del maestro ni nada. Y como no tenía seguridad del lugar donde fue hecha, entonces cogí la fotografía y la traje aquí, a la escuela, para ver si coincidían las piedras... Y coincidían.  [luego la foto era de niños en la escuela]. Y a raíz de eso, mi tío contó toda la historia”.


Escolares y el maestro Antonio Benaiges
con fondo de la escuela (1936)


         
LOS NIÑOS IMPRESORES

          “[...] El maestro les decía: “Escribir sobre un tema, por ejemplo sobre Briviesca, y cada niño escribía lo que le parecía sobre Briviesca. Y elegían un texto [para editarlo], no importaba que fuera el mejor, daba igual, a veces incluso se elegía el peor. Lo corregían un poco y ese era para hacer el cuaderno. Había temas [textos] de todos los niños, incluso de los que escribían muy mal”.


Caja de tipos. Es lo único que se conserva 
de la imprenta en la vieja escuela

          
Eligiendo letras en caja de tipos
(Fotografía de Sergi Bernal)


 “[...] La imprenta es más o menos como este libro de pequeña, y tiene unos huecos onde iban colocadas las letras.  Se colocaban las letras y se pasaban unos rodillos con tinta, luego ponían la hoja de papel y ponían la plancha encima”.


En este punto del relato, Jesús Viadas me mostró fotocopias de todos los cuadernos editados, un total de catorce, algunos de los cuales tienen alto valor etnográfico. Entre ellos hay uno que se titula EL MAR. VISIÓN DE UNOS NIÑOS QUE NO LO HAN VISTO NUNCA”, y otro titulado EL RETRATISTA. Los dos son verdaderamente conmovedores. El primero inspiró el título del magnífico libro (Antonio Benaiges, el maestro que prometió el mar), y recoge la visión de cada niño sobre un mar que nunca habían visto. He aquí lo que pensaba y escribió Severino, uno de los niños:

“En el mar habrá más agua que toda la tierra que yo he visto. El agua estará muy caliente. En las orillas debe ser piedra, porque si no se lo tenía que llevar”. 

Y lo que escribió Lucía Carranza:

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir, porque tengo miedo que me voy a ahogar”.


En cuanto a EL RETRATISTA, creo oportuno reproducirlo también, pues aunque más extenso, tiene que ver con el origen de toda la historia y además es el título de un maravilloso video-documental sobre la misma.

“Un día vino un retratista a la escuela. El maestro le preguntó:
-¿Quién es usted?
-Soy de Briviesca y vengo a ver si quería sacar una fotografía de los niños de la escuela.
-Sí, sí; ya tenía ganas de tener una fotografía de los niños.
El maestros nos dijo que fuésemos a lavarnos y arreglarnos.
Cuando vinimos bajamos los dos bancos a la calle y el retratista nos puso bien y nos retrató.
Nos extrañó mucho como sacaba las fotografías. Primero salíamos muy negros, pero después salimos bien.
El retratista decía
-Mira, mirar aquí... Ya está.
Salimos bien. El maestro se reía y dijo que sólo había salido uno con cara de bobo.
Por dos retratos llevaba seis reales y los nuestros uno una peseta.
Después empezó a venir gente y muchos se retrataron.
Tomás venía de la tierra y se retrató con el azadón y el hacha y con el Ruso.
La madre de la Felisa decía:
-No es por nada, pero mi hija es la que mejor ha salido.
El retratista vino con Rabacholo, el dulcero de la Fiesta. Traían un burro. En un seno de las alforjas ponían la máquina y en el otro las cosas que vendía Rabacholo: arroz, pimiento molido, almendras, chocolate y jabón.
El maestro, aunque pocas perras tenía, nos compró un paquete de almendras y nos las repartimos”.  

Continuará




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