Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 27 de febrero de 2023

BARRIO ALTO DE CEREZO, EN EL CORAZÓN DE LAS RUINAS


Cerezo de Río Tirón hace un cuarto de siglo.
Algo ha cambiado desde entonces
en el Barrio de Arriba.   


FOTOGRAFÍAS: Cerezo de Río Tirón (1997) Ruinas del Barrio de Arriba (febrero de 2023)

Ha pasado un cuarto de siglo desde que obtuve la panorámica de Cerezo de Río Tirón que aquí os dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre. Mucho e imperdonable tiempo para cumplir la promesa que entonces me hice de subir a las ruinas que se recortaban en lo más alto de la montaña, a las que se veían y las que se adivinaban bajo las nubes tormentosas. ¿Por qué hasta ahora no había cumplido esa promesa? No lo sé, de verdad que no lo sé, probablemente porque la provincia de Burgos tiene muchos focos de atracción, demasiados para abarcarlos a todos en una vida. No sabía, aunque lo intuía, lo que me estaba perdiendo. Necesitaba subir sin más dilación para entender, para comprender los muñones pelados que desde la lejanía se apreciaban, y aún se aprecian, sobre Cerezo. Y así, por fin, un día reciente de este demente febrero bajo cero, en compañía de mi insustituible ojo avizor (que será de azor, pues a ella no se le escapa nada), he subido al lugar donde las ruinas se juntan con el cielo, que es como decir donde se ubicó, hasta no hace tanto, el llamado Barrio de Arriba, principio de un Cerezo nacido al amparo de un castillo ya borrado. El espectáculo es de guerra, sobrecogedor. La historia de los restos de este Barrio es bien conocida, y escrita está ahora en varios paneles hincados, suficiente para no perderse en divagaciones. Enfrente tienes la iglesia de Nuestra Señora de la Llana, te dice uno de los carteles, la que fue románica, la que lució la soberbia portada de este estilo que durante muchos años pudimos disfrutar en el Paseo de la Isla, en la ciudad de Burgos. Nada queda de esta iglesia en pie, a los sumo algunas piedras confundidas entre el amasijo general. Otro cartel te dice: tienes enfrente la parte más alta de la montaña, el rellano donde se asentó el castillo de Cerezo, el origen de todo (754). Y entonces quieres que tus pasos se muevan aquí y allá por el recinto, lo mismo para tratar de imaginar fosos y patio de armas que para hallar muros y basamentos que configuren los siglos enterrados. Nada queda de la fortaleza, solo dos catas arqueológicas hechas por alguien que quiso encontrar y sentir la chispa de las espadas y el combate de los vientos pasados. Lo demás son ruinas de casas, testimonios muertos del Barrio de Arriba. Lo demás es también la iglesia de Nuestra Señora de Villalba, cuyos muros en suspenso encogen hoy el ánimo y son un peligro para osados visitantes. En verdad parece que solo falta un breve soplo del regañón para que todo se venga abajo, y cuando esto haya ocurrido la imagen de Cerezo, visto desde la distancia, será ya muy distinta.


Restos del Barrio de Arriba. 


Aún se aprecian vanos de las casas. 

Ruinas de Nuestra Señora de Villalba,
un peligro para osados visitantes.


lunes, 20 de febrero de 2023

RENACIMIENTO EN LA CALLE DE LAS SOMBRAS


Delicias del Renacimiento en la Casa de Miranda.


Bellezas oníricas en la calle de La Calera.



Elegancia de otro tiempo

Caprichos en la oscuridad


Siempre injustamente en las sombras.


FOTOGRAFÍAS: Ventanas en la Casa de Miranda (Tomadas en febrero de 2023)

Quizá esté equivocado al llamar calle de las sombras a la que en realidad es calle de La Calera. Es una impresión muy personal, probablemente fijada porque casi siempre que paso por ella tengo la mala fortuna de encontrarla en sombras, sino en su totalidad al menos el lado en el que se encuentra la parte trasera de la Casa de Miranda, hoy Museo Arqueológico. Y es una pena que la luz solar sea tan esquiva en esta calle, pues el sombrío no nos deja ver en su plenitud las maravillosas ventanas de dicha casa que dan a esta vieja rúa burgalesa. Una rúa, por cierto (a título de curiosidad lo cuento, queridos amigos de este Cajón de Sastre) donde, según el Diccionario de Pascual Madoz, a mitad del siglo XIX hubo una fábrica “a imitación de la inglesa” de loza fina “con buenos talleres y hornos” y donde se ocupaban 100 personas, lo que no estaba nada mal para la época. Dice Madoz que esta fábrica “se halla en la calle de la Calera y está sostenida por una empresa, habiéndose dado la primera hornada el día 10 de julio de 1846”. El dato es muy interesante, aunque no llega a aclararnos el porqué del nombre de la calle; y a este respecto me atrevo a sugerir que probablemente antes que la citada fábrica debió existir en ella algún horno de fabricación de cal, uno o más de uno.  

Pero a lo que íbamos, comentábamos sobre las ventanas. Y aquí, queridos amigos, tengo que deciros que este post solo y exclusivamente está guiado por la belleza. Sabéis que nunca ha sido mi intención hacer catalogación de ventanas de los grandes monumentos en las grandes poblaciones, sino que, por el contrario, ha sido la de dar a conocer las del medio rural, tan infravaloradas ellas pese a su importancia artística. Hoy, sin embargo, la belleza me ha podido y no me he resistido a la excepción. Las ventanas traseras de la Casa Miranda, de primoroso Renacimiento, son tan extraordinariamente bellas que merecerían estar más expuestas a la luz y menos a las sombras.


miércoles, 15 de febrero de 2023

ÁLAMOS DE SANTA CASILDA, LIENZOS ENTRE POZO BLANCO Y POZO NEGRO

Nombres, corazones, deseos, fechas...


Pozo Blanco, aguas para un deseo.

Corteza de mártir.

Quizá hablen de alguna curación milagrosa


Pozo Negro, donde se diluye la sangre excesiva.  


FOTOGRAFÍAS: Álamos grabados  en Santa Casilda (Tomadas en febrero de 2023) 

Siguiendo con la estela de los álamos plateados, la casualidad ha querido que de nuevo hoy tenga que hablaros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, de estos sacrificados vegetales que sin comerlo ni beberlo se han convertido en láminas de dibujo, Papel Guarro gratuito donde cada cual escribe, graba y dibuja lo que le pide su estado de ánimo en un momento determinado. Es su triste culpa, la del árbol plateado, digo, pues su piel clara la hace muy atractiva para quien gusta de expresar sus emociones, lo mismo sea por el recuerdo de una visita muy deseada, el agradecimiento por un favor obtenido o por el encendido amor que cree será perdurable. La fina y plateada corteza de los álamos de Santa Casilda, que se alzan junto al arroyo de aguas mágicas, entre Pozo Blanco y Pozo Negro, han sido y siguen siendo, mientras haya espacio en ellos, sufrientes lienzos para los visitantes a este lugar de gran tradición. No hay más que ver los troncos atiborrados de inscripciones para ver que grafitear en la piel de los árboles ha sido y es, a través de los tiempos, una costumbre sumamente arraigada. He inspeccionado bien los lienzos, pero no he visto grandes obras, solo nombres, algunos ya envejecidos por líquenes, fechas y corazones. Pero tal vez entre el maremágnum de lo grabado se halle, tapado, el agradecimiento de aquella pareja que tuvo la dicha de conseguir el hijo o hija tan deseados con solo haber arrojado un canto al agua de Pozo Blanco, o el de aquella joven mujer que remedió su incómoda menstruación con las aguas del Pozo Negro. Tal vez. 

martes, 24 de enero de 2023

WILLIAM TURNER, GRAFITIS EN EL ÁLAMO PLATEADO


Grafitis en el álamo plateado, justo debajo de la marca de agua.


William se subió a lo más alto del álamo plateado
para grabar su nombre


FOTOGRAFÍAS: Álamo plateado en la ribera del Arlanzón. Río Arlanzón (Tomadas en enero de 2023 y mayo de 2020).

Echo la vista atrás, cierro los ojos, y apenas puedo creerlo. ¿Fue un sueño o fue realidad? ¿De verdad hubo un tiempo, reciente, en que estuvimos confinados en nuestras casas, sin poder salir de ellas salvo permiso concedido de una hora, como si estuviéramos presos en una cárcel de barrotes y nos dejaran salir al patio durante ese tiempo para estirar las piernas? ¿De verdad que al ver llegar de frente a otras personas por el camino nos separábamos de ellas como si fueran apestadas, como si nosotros mismos lo fuéramos? “No pudo ser, es imposible”, quizá digan generaciones venideras. Pero lo cierto es que todos lo sufrimos, sabemos que unos más dolorosamente que otros. Personalmente aquella mascarada paralizante, que tantas desgracias causó, la llevé sin mucha frustración. Y, a decir verdad, hoy la recuerdo con cierta y positiva melancolía, no por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor (que no fue mejor), o por el tonto orgullo de ser testigo y haber vivido un importante acontecimiento histórico, sino porque los sesenta minutos que se nos concedía a los de mi edad para salir a la calle, y los cortos trayectos que se nos puso como límite para movernos me permitieron dar deliciosos paseos diarios por las orillas del Arlanzón. Ah, qué paseos tan gratificantes. Paseos del Covid, los bauticé, tan cortos, pero tan intensos, y tan diferentes en la valoración. Los recuerdo ahora y veo en ellos el bosque de ribera, con sus chopos plateados, sauces y abedules escoltando nuestro gran río, que corría más libre y veloz que nunca lamiendo las patas de una solitaria garza. Todo me parecía más hermoso que nunca. Una hora de libertad vigilada me permitía saborear todo hasta límites que nunca hubiera sospechado: el camino, el bosque, el cielo y el río, como si en ello me fuera la vida. De aquellos paseos recordé hace poco un poderoso chopo-álamo, el ejemplar más grueso de todos los que jalonan el camino junto al río, cuya imagen, de tanto pasar junto a ella se me hizo familiar. Me llamó la atención entonces por su gran porte, sin embargo no fue hasta hace poquitos días, en otro de mis paseos por el mismo recorrido, con libertad de tiempo, cuando descubrí que el árbol guardaba una sorpresa. En lo más alto del tronco principal columbré un grupito de grafitis, a tamaño mínimo, en el que, a pesar de la altura, acerté a leer un nombre, WILLIAM TURNER, una fecha, XXII-X-XV y la descripción de la especie del árbol, ÁLAMO PLATEADO. Igualmente columbré otros signos en otra gruesa rama, también inaccesible para los no preparados, pero estos no se veían claros y no los pude descifrar. Aquello despertó mi curiosidad, tenía que fotografiarlo, y para ello volví de nuevo con cámara de alcance.

A la vista de dichos grafitis, pregunto al viento, ¿a quién si no?:  ¿Quién fue este William Turner que tanto arriesgó para hacer su obra? ¿Fue acaso un anglohablante, caminante de Santiago despistado que no pudo resistirse a la piel tan clara y fina del álamo plateado? Me temo que nos quedaremos sin respuesta, aunque seguir su pista podría ser bonito tema para una novela. Lo que sí parece seguro es que, con su escalada a las cumbres del árbol, el autor pretendió que su nombre no pudiera ser borrado fácilmente.


Durante el Covid el Arlanzón seguía su camino,
como si nada ocurriera.


domingo, 22 de enero de 2023

LICENCIADO HIDALGO

Escudo de hidalguía para el apellido Hidalgo

Cartela bajo escudo
                        

FOTOGRAFÍAS: Escudo en un lugar de la Patada del Cid (Tomada en 2019).  

        Esos pueblos y aldeas de la que hoy, con todo derecho del mundo, llamamos "España Vacía" esconden en su olvido testimonios de un pasado histórico que siempre, por mínimos que sean, invitan a la reflexión. Así, suele ocurrir con mucha frecuencia que dichos testimonios se manifiesten en forma de escudos y que estos luzcan maravillosas labras, todo con un afán de recordar glorias o triunfos personales alcanzados, seguramente por alguien que en su día se jactó de ellos pero que hoy ya nadie recuerda. Para comenzar el año en esta bitácora, queridos amigos, me ha parecido que no estaba de más recordar, o sacar del olvido, a un vecino de la Patada del Cid que alcanzó licenciatura (no sabemos aún en qué disciplina) en 1689, y que para mejor presumir de ella quiso que su nombre y apellido se perpetuaran en lápida adherida bajo las armas de su propio escudo. EL LICENCIADO PEDRO HIDALGO, puede leerse en la cartela, así como también, en sombrerillo sobre el casco, la citada fecha.  
        EL apellido Hidalgo es común en los pueblos del entorno de la Patada del Cid, de eso no cabe duda, pues lo tenemos bien constatado, lo que quizá no sea tan frecuente es el hecho de que una persona con ese apellido tenga también la condición de hidalgo, como bien parece evidenciarlo el propio escudo. Así, pues, estaríamos ante una dualidad interesante y digna de estudio. Pero, de verdad lo digo, hágase pronto ese estudio, ya que en la España Vacía, desprotegida en su soledad y angustioso abandono, la conservación e integridad del patrimonio no augura un buen futuro, y este licenciado en piedra, convengámoslo, es frágil ante el expolio, tan frágil como si fuera de vidrio.

martes, 20 de diciembre de 2022

LOS ESGRIMISTAS PINTADOS DE ESCALADA


Esgrimistas de Escalada 


FOTOGRAFÍAS: Pinturas en casa de Escalada (Tomadas en 2015) 

Una pintura esquemática, en la fachada de una casa de Escalada, muestra la imagen de dos esgrimistas en acción de lucha. Pintada sobre el revoco, la sorprendente escena forma parte de un panel, extendido a lo ancho del muro y pintado en almagre, con distintos motivos de significado y simbolismo cristiano. Todo el conjunto pictórico se halla bajo la sombra del alero del tejado, por donde discurre una greca decorativa igualmente pintada, de lo cual se infiere una posible intencionalidad de protegerlo contra las adversidades climáticas. Probablemente a ello se deba el hecho de que las pinturas, aun estando al aire libre, hayan perdurado hasta nuestros días. Bien es cierto que hay una parte del conjunto que tiene doble protección, pues con fecha posterior a su ejecución se hizo una balconada con tejaroz avanzado sobre la ventana mayor del citado muro, lo que ha permitido que en dicho lugar las pinturas se hallen mejor conservadas o menos desvaídas. Es sobre esta ventana donde puede verse, junto a algunos motivos religiosos pintados, entre ellos el anagrama de Jesucristo y una roseta hexapétala con el mismo significado, una leyenda corrida que da a conocer al propietario constructor de esta casa, Juan Manuel Fernández, y la fecha en que se realizaron las pinturas (o al menos una parte de ellas), lamentablemente borrada por un desconchado del revoco. Por el tipo de letra podría aventurarse que esta cartela pertenece al siglo XIX, o incluso a principios del XX, lo cual parecería no ser acorde con las representaciones situadas fuera del ámbito del balcón, particularmente con el expresivo y elegante combate de los dos esgrimistas, que requiere un dominio del arte de la esquematización no acorde con las anteriormente descritas, a nuestro juicio más burdas o menos perfeccionadas. Todo ello, desde luego, sin descartar que la totalidad de las pinturas fueran ejecutadas al mismo tiempo y por un mismo artista, quizá lo más acertado.

En lo que respecta a los motivos pintados y su interpretación, es evidente que, como ya se ha apuntado, parecen referirse a aspectos de simbología cristiana. Distintas cruces, dos de ellas con pedestal, pictogramas de Jesús, y jarrones de lirios, probablemente representados como símbolo de la pureza, así lo proclaman. Más difícil de interpretar son los dos tableros con múltiples cuadrículas que aparecen en el muro, aunque su presencia podría estar en la órbita de los alquerques que con tanta frecuencia aparecen en iglesias medievales, a veces como elementos trascendentes y/o apotropaicos, en cualquier caso, igualmente con un sentido religioso.  

Por último y en lo que se refiere a la lucha de los dos esgrimistas, aparentemente eclesiásticos a juzgar por los posibles bonetes que lucen en sus cabezas, podría verse en ella, más que un duelo al uso y con sangre, un símbolo, una forma incruenta de batalla dialéctica por distintas maneras de interpretar alguna cuestión de índole religiosa o filosófica. Todo lo cual nos llevaría a pensar en una cosa segura, que la casa, con sus pinturas, perteneció en origen a algún miembro de la Iglesia, a lo que se ve versado en simbología cristiana.


Casa de las pinturas


Panel de pinturas con distintos símbolos 

Leyenda bajo el tejaroz 

domingo, 11 de diciembre de 2022

ALGO SE MUEVE EN LA ABADÍA DE SALAS DE BUREBA

 

Todo es empezar...

para que no se caiga o desaparezca.


FOTOGRAFÍAS: Andamios en la abadía de Salas de Bureba (diciembre 2022) 

Han transcurrido doce años desde que en este mismo lugar denunciábamos el estado de abandono de la vieja abadía de Salas de Bureba (S.XVI), conocida en el pueblo como Casa del Cura por haber sido domicilio de los distintos curas que ejercieron en Salas. Clamábamos entonces porque, de no haber una pronta intervención, el monumento podría dar en ruina total. Mucho tiempo ha pasado desde aquella denuncia y nada había cambiado. Mas, cuando ya nada hacía presagiar que alguna institución podría hacerse cargo de la conservación, consolidación, restauración o como se quiera llamar a una hipotética intervención, hete aquí que, una vez puesto en venta el monumento, lo ha adquirido un particular para su propio uso y ha emprendido las obras que ha creído pertinentes.

Incrédulo como desafortunadamente soy, no me creí lo que, en escueto comentario en el blog (9/2/2022), un “Anónimo” decía en relación a mi escrito sobre la abadía: “Lo he comprado para restaurarlo”. Bueno, sin más indicaciones y tratándose de un anónimo, fuera cierto o no, había que ir a constatarlo. Y sí, queridos amigos de este Cajón de Sastre, ayer mismo comprobé que los andamios que rodean una parte del conjunto y la gran grúa que se levanta sobre el mismo evidencian que algo se está moviendo en la abadía, lo que es una muy buena noticia. De vez en cuando surge algo para la esperanza.  

domingo, 20 de noviembre de 2022

ANDAMIOS EN SAN PEDRO DE LA HOZ


La pequeña iglesia de San Pedro de la Hoz
guarda un tesoro campanil.


FOTOGRAFÍAS: Iglesia de San Pedro de la Hoz (Tomadas el 18 de noviembre de 2022)

Hoy me complace daros una buena noticia, queridos amigos de este Cajón de Sastre. Anteayer pasé por San Pedro de la Hoz y comprobé que su iglesia estaba rodeada de andamios. Me interesé por la obra que se estaba llevando a cabo y me informaron de que están restaurando sus dos cubiertas, la de la propia iglesia y la del campanario. Una magnífica noticia, sin duda, pues aquello por lo que suspirábamos aquí hace años, la protección del campanario que aloja las dos monumentales, legendarias y epigrafiadas campanas que contiene, una medieval y otra de mediado el siglo XVI, al parecer está en trance de solucionarse. En una vieja entrada de este blog, referida a estas campanas (11 de julio de 2012), decíamos que el humilde espacio que los alojaba nos parecía demasiado endeble como para sostener tan voluminosos cuerpos y clamábamos por una protección mayor que la que tenía. Y bueno, no es que con el retejado que ahora se lleva a cabo el tema del campanario quede resuelto del todo, pero al menos no se vendrá abajo por culpa de las siempre destructoras goteras. Las campanas de San Pedro de la Hoz son dos ejemplares sumamente importantes, y se requeriría, quizá, una intervención más sólida y acorde con esa importancia. Me atrevo a sugerir, por ejemplo, y si es que no estuviera proyectado, ahora que están los andamios instalados, que se aproveche para reforzar los muros más débiles. La singularidad de las susodichas campanas bien merece todo lo que llegue a hacerse para la consolidación del conjunto, si no es ahora, lo más pronto posible. 

lunes, 14 de noviembre de 2022

LA ÚLTIMA OLMA VIVA

Una olma olvidada...


junto a la Ermita de la Virgen Blanca... 


FOTOGRAFÍAS: Olma de Quintanilla del Monte en Rioja (Tomadas en noviembre de 2022)

       Recordaréis, queridos amigos, que hubo un tiempo en el que, en este mismo Cajón de Sastre, fuimos guardando en capítulo especial los árboles más ancianos que íbamos encontrando en nuestras andanzas por la provincia de Burgos. Registramos y dimos a conocer entonces una buena colección de matusalenes vegetales, algunos con nombre propio, cuyos robustos troncos se hallaban, por lo general, enraizados y escondidos en nuestros bosques, o acompañaban a solitarias, y no tan solitarias, ermitas desde el origen. Robles, encinas, morales, sabinas, nogales, olmos, tan arraigados en nuestros ecosistemas burgaleses, la mayoría con varios siglos de antigüedad, fueron apareciendo en este Cajón de Sastre a medida que los íbamos localizando.  

Había alguno de aquellos gigantes de los que solo quedaba su tronca desnuda. Eran cadáveres que permanecían en pie. Eran los olmos, o por mejor decir, las olmas, pues algunas especies, por tradición, se han feminizado al alcanzar un importante grado de robustez. Guardamos con tristeza en nuestro Cajón alguna de esas olmas sin vida, sabiendo que los olmos burgaleses, que tanto abundaron y que tanto significaron para la vida de nuestros pueblos, como especie estaba sufriendo una fase de extinción (de todos es sabido que los olmos mueren todos los años al poco de haber nacido por culpa de un virus de nombre raro).  

Todas las olmas que localizamos estaban muertas... ¿Pero en verdad todas las olmas están muertas? Todas no, hay una que vive, una que ha resistido los embates de los siglos y que al parecer ha sido inmune al virus que mata a todas las de su género. Me explico: recientemente un seguidor de este blog escribió un comentario para alertarnos a todos de la existencia de una olma con vida en un pueblecito cercano a Belorado, para más señas, Quintanilla del Monte en Rioja. ¡Una olma con vida, una superviviente! Parecía algo increíble. Quizá el informante se equivocaba, tal vez confundió el vegetal y no era un olmo. Había que ir a comprobarlo. Y sí, queridos amigos, no hace una semana que nos acercamos a Quintanilla y certificamos que, junto a la Ermita de la Virgen Blanca, situada a muy poca distancia del pueblo, se levantaba el ejemplar en cuestión; efectivamente era una olma y estaba viva y bien viva, como se encargaban de demostrarlo las numerosas y grandes ramas con hojas verdes que se alzaban al cielo desde su grueso tronco, a la sazón de casi cinco metros de perímetro.  

Así, pues, bien puede decirse que la olma de Quintanilla del Monte, rodeada de numerosos retoños, es una sobreviviente, una rara avis que, por no se sabe qué extraña cosa, continúa viva junto a la Ermita de la Virgen Blanca. Un prodigio digno de estudio que los científicos tendrían que abordar por si fuera que sus genes pueden ayudar a combatir la plaga que asola a los olmos.

 

de casi cinco metros de perímetro

 

sábado, 22 de octubre de 2022

LA TIENDA DE AMANCIO


75 años al frente del mostrador 



Una pierna con calcetín. Escrito en francés
para el peregrino.

FOTOGRAFÍAS: Tienda en los soportales (Tomadas en septiembre de 2022).

Me gustaría ser peregrino de Santiago para, al pasar por Castrogeriz, encontrarme con la tienda de Amancio y comprarle un sombrero aventurero, o un saco de dormir, o una linterna, o.... O simplemente para llenar de charla los tiempos muertos del hombre que se ocupa de esta reliquia desde casi niño, desde que tenía quince años y ahora tiene noventa. Me gustaría haber sido Amancio, para haber estado al frente durante tanto tiempo de este pintoresco y antiguo comercio que hoy resiste, y haber visto pasar por su mostrador a generaciones de castreños, a hombres y mujeres que se hicieron un traje o un vestido para el día de su boda cuando la tienda fue también de tejidos, en el principio de sus tiempos. Me gustaría pensar que los clavos y otras menudencias que pudieron venderse fueron pesados en la balanza cansada y reluciente Arisó Regia, la que preside el mostrador con su aguja temblona. Me gustaría abrir la vieja arca de la trastienda, carcomida la madera y oscurecidos los goznes, para entender por qué el buen paño en el arca se vende. Me gustaría haber saboreado el aroma del estanco, cuando la tienda fue estanco por concesión. Me gustaría entrar en la oficina de listones verdes y encontrarme en su interior cuadernos y albaranes escritos con lápiz de carpintero, o con pluma y caligrafía inglesa, sobre una mesa dormida que ya no hace de mesa. Me gustaría que esta vieja tienda, genuina representante de aquellas entrañables tiendas de pueblo, y su no menos entrañable propietario- dependiente, resistieran para siempre en su rincón de los soportales.


Todo para el peregrino

El buen paño, en el arca se vende