Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 21 de enero de 2022

PETROGLIFOS PODOMORFOS EN EL ALFOZ DE BRICIA

Pies descalzos marcados sobre roca arenisca


FOTOGRAFÍAS: Podomorfos en el Alfoz de Bricia (Tomadas en diciembre de 2021)

Días pasados tuve la fortuna y el privilegio de acompañar a un grupo de la asociación cultural Tribus del Iber, estudiosos que trabajan en Cantabria y en la zona norte de Burgos para la catalogación y posterior divulgación de las manifestaciones prehistóricas en roca, que tanto abundan en este territorio. En un momento dado de la excursión los organizadores tuvieron la gentileza de llevarnos hasta una losa de roca arenisca, por ellos ya conocida y escondida en pleno monte, llena de huellas de pies descalzos de datación muy dudosa. Inevitablemente, estas huellas, guardando las distancias, me recordaron a otras existentes en Ojo Guareña, de las cuales fui codescubridor en 1969, con perdón.  


Todo son dudas, todo son interrogantes 

Si uno se dejara llevar por una primera impresión, podría pensar que las mencionadas huellas de pies descalzos marcadas sobre roca, que aquí os dejo para vuestro asombro y juicio, queridos amigos, fueron hechas hace millones de años, cuando la losa de roca arenisca donde se hallan era todavía una masa blanda, algo así como sucede con las huellas de los dinosaurios que ahora vemos. Pero eso no puede ser, y además es imposible, como bien sabemos todos. Entonces, si no fueron pisadas sobre masa blanda, es que alguien, en algún momento, prehistórico, protohistórico, medieval, o incluso más moderno, se entretuvo en esculpirlas con alguna herramienta, con mucha perfección, a decir verdad. Una cierta antigüedad no parece discutible, si se tiene en cuenta un evidente desgaste por la erosión y los añejos líquenes que están pegados a ellas. No son pisadas de adultos, más bien parecen pertenecientes a niños, o como mucho, adolescentes. Uno contempla esos pies desnudos, hendidos en la roca, y no puede por menos que sorprenderse y enternecerse, pero al mismo tiempo hacerse una y mil preguntas. Primera de todas: ¿cómo fueron hechas con tanta perfección, es que alguien se entretuvo en esculpirlas tratando de darles una forma lo más real posible? Esto parece muy probable. Como es probable también que el autor pudo tener como modelo el pie o los pies de más de una persona del grupo que le acompañaba. Segunda pregunta: ¿Con qué finalidad fueron hechas, acaso esta losa arenisca donde se hallan fue elegida como lugar ritual para llevar a cabo en ella procedimientos iniciáticos, quizá donde adolescentes, quién sabe a través de qué clase de hechizos y conjuros, pasaban a nivel de adultos? Tal vez, quizá, pudiera ser. Lamentablemente, respuestas para esto no se encuentran en los archivos, ni nacionales, ni provinciales, ni municipales. No hay, por otro lado, una secuencia bien definida de pasos que indiquen un camino, una dirección, más bien las huellas están esculpidas sin un orden aparente, la mayoría orientadas hacia donde el "artista" escultor quiso. Podría dar la impresión de que se trató de escenificar una reunión, lo que avalaría, en cierto modo, la hipótesis citada de rito de paso. Tercera y última pregunta que aquí se plantea: ¿Cuándo fueron grabadas, a qué época pertenecen? ¿Se corresponderán acaso con el tiempo de las pinturas rupestres esquemáticas, prehistóricas, halladas también en estos parajes del noroeste de la provincia de Burgos? Tal vez, pudiera ser, quizá nunca lo sepamos.  


La erosión y los líquenes nos hablan de cierta antigüedad

     

martes, 18 de enero de 2022

UNA VENTANA CON CABEZAS EN AHEDO DE BUTRÓN


Cabezas de hombre y mujer bajo el alféizar,
como símbolo de perdurabilidad de quienes
construyeron la casa.


FOTOGRAFÍAS: Ventanas en Ahedo de Butrón (Tomadas el 1 de enero de 2022)

Ahedo de Butrón es uno de esos pueblos encantados que me tienen absorbido, un bellísimo enclave burgalés al que se llega por una carretera que muere en sus mismas puertas; más allá de Ahedo, donde termina el asfalto, todo son valles y desniveles abruptos que se precipitan al Ebro, montañas que se elevan a navas solitarias y caminos que se pierden para encontrar sueños en el pedregal. Pero Ahedo no solo tiene esa magia y encanto especial que despiden los pueblos con carreteras que mueren en ellos, allá donde mire el viajero, y por muchas veces que vuelva, siempre encontrará algún detalle para sorprenderse y para la admiración; aquí, en esta misma bitácora y sin contar la impresionante iglesia románica, hemos dado cuenta de algunas notables originalidades que le caracterizan, como las eras de trilla muradas, sin par monumento etnográfico, sus “medias puertas” generalizadas, característica también sin parangón en Burgos (como no sean las cabañas pasiegas), o las balconadas de madera multicolores, las que lamentablemente ahora se van sustituyendo por otras de forja, rompiéndose así la armonía de la arquitectura tradicional que caracterizaba a este caserío (ojalá se haya puesto la última).  

Cuando ya creía que había visto todo lo que se puede ver en Ahedo, después de tantas excursiones realizadas, una nueva visita, para más señas el pasado día de Año Nuevo, me proporcionó una nueva sorpresa: una pequeña ventana, en un estrecho y escondido callejón, que en su día se me escapó cuando “iba a ventanas”. Se trata de un pequeño y sencillo vano, sin florituras decorativas, al que no hubiera prestado atención si no fuera porque bajo su alféizar, dentro de un rebaje semicircular, muestra dos cabezas, una en cada extremo. Claramente se aprecia que una es de hombre, por sus barbas de traza románica (ojo, que no estoy diciendo que la ventana sea románica), y la otra de mujer, por sus rasgos faciales y ausencia de pilosidad. Estaríamos, pues, ante un nuevo ejemplo de la costumbre ancestral de mostrar en ventanas y aleros las cabezas o caras esculpidas de los que con su esfuerzo hicieron su casa y morada; ejemplos en la provincia de Burgos los tenemos desde el siglo XVI.  

Y ya puestos en ventanas, dejo para vuestro deleite, queridos amigos de este Cajón de Sastre, un ejemplar que descubrí, el mismo día, en una construcción arruinada en un extremo del pueblo. Se trata de una preciosa ventana de arcos geminados, ligeramente apuntados y de apariencia medieval, que por supuesto, dado su indudable mérito, irá también a engrosar el baúl de ventanas ilustres burgalesas.   


Ventana geminada en muro que amenaza ruina.


¿Qué me tendrá reservado Ahedo de Butrón en una nueva visita?  

 

domingo, 2 de enero de 2022

VEREDAS MURADAS Y CAMPANAS DE BARRO EN MOZUELOS


FOTOGRAFÍAS: Vereda y macetas en Mozuelos de Sedano (Tomadas en diciembre de 2021)

Una de las tres veredas de Mozuelos.
Aunque arruinados, se observan los dos muros
que la demarcan. 


Después del reciente amanecer solsticial en el dolmen de La Cabaña, del que en reciente entrada os hablé, queridos amigos, me acerqué a Mozuelos, uno de los 64 pueblos del silencio que hace más de veinte años me ocuparon y dolieron. El motivo: seguir los anchos callejos murados que entonces llamaron mi atención, seguirlos de principio a fin para intentar comprender la utilidad que tuvieron. Cuando los vi esa primera vez, en gran parte arruinados, supuse que convergiendo en el pueblo y llegados del páramo debieron servir para conducir el ganado de manera ordenada, tanto en los momentos de salida a los apriscos y lugares de pastoreo al amanecer como en los de su recogida en el pueblo al atardecer. Me faltaba, no obstante, la confirmación a mis suposiciones, y esa la obtuve en una charla mantenida con Ángel González, un ex-vecino de Mozuelos que, residente ahora en una ciudad del norte, vuelve siempre que puede a encontrarse con el pueblo silencioso de sus amores. Mi suerte fue encontrarle en aquella tarde invernal, cuando el sol postrero peinaba la nieve de los lejanos Picos de Europa. Me confirmó que dichos callejos fueron lo ya dicho, que recibían el nombre de “veredas”, que estas eran tres y que a la situada en el centro se la conocía como “la principal”. Me dijo, así mismo, que esta, además de para el tránsito y recogida ordenada del ganado, fue utilizada también como camino por los vecinos de algunos pueblos situados al sur de Mozuelos para acceder a Sedano y sus ferias, Masa y Nidáguila, fundamentalmente.  
        Desconozco, o no recuerdo, otros lugares de Burgos en los que se manifiesten semejantes callejos pecuarios con dicha finalidad, motivo por el que me atrevo a valorarlos y sugerirlos como elementos de incuestionable interés etnográfico.


Dos macetas de barro como campanas de la iglesia

Lo he dicho en este Cajón de Sastre en más de una ocasión: siempre en cada pueblo, en cada uno que visitemos, podemos encontrarnos con algo que puede sorprendernos. En esta visita a Mozuelos mi sorpresa fue encontrarme con algo ciertamente insólito, nada más ni nada menos que dos macetas de barro en el campanario de la iglesia sustituyendo a las campanas de bronce que en su día tuvieron. ¿Unas campanas de barro? Como lo cuento. Al parecer, las originales, tras la despoblación sufrida por Mozuelos, fueron presa de los ladrones de iglesias, quedando desde entonces el campanario desnudo. Pasaron los años, y cuando el pueblo comenzó a recuperarse, tímidamente, de su abandono, a alguien se le ocurrió la brillante idea de instalar dichas macetas de barro, con badajo incluido. Y la cosa debió tener su éxito, pues me cuenta Ángel que el sonido que producen, al ser accionadas con la pertinente cuerda, es perceptible incluso desde el interior de las casas.


Campanario de la iglesia de Mozuelos con campanas de barro

 

Dos macetas haciendo de campanas