Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 3 de octubre de 2022

LA ARRUGA ES BELLA, SAN PEDRO DE ARLANZA


FOTOGRAFÍA:
Ruinas de San Pedro de Arlanza (Tomada en 2016).

Suele decirse que la arruga es bella, y no falta razón en ello, en muchos casos. Haciendo bueno este símil textil, podría decirse también que las ruinas de un edificio histórico son las arrugas del patrimonio, que es como decir de la arquitectura y del arte, y que por tanto son igualmente bellas. Ocurre, sin embargo, que en ocasiones nos fijamos más en el lado negativo de estas arrugas, llorando la apariencia de la integridad perdida de un edificio histórico, y prestamos menos atención a la incuestionable belleza de sus restos. Suspiramos a menudo por restauraciones totales y olvidamos que las fechas de caducidad también existen en el patrimonio. Las ruinas nos sirven para entender y entendernos, para interpretar y soñar, pero sobre todo para ver en su abandono el inexorable y no recuperable paso del tiempo, lo que es también un valor añadido. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, dejo aquí restos del monasterio de San Pedro de Arlanza, cuyas arrugas del tiempo son tan bellas que hace que nos olvidemos de restauraciones integrales.   


viernes, 30 de septiembre de 2022

BELLEZA DE LAS RUINAS, AHORA LAS DE SAN ANTÓN

Grandiosidad y belleza en las ruinas de San Antón


FOTOGRAFÍAS: Ruinas encantadas de  San Antón (Tomadas en septiembre de 2022).

        Continuando con la belleza de las ruinas y el gozo de su contemplación, comentado en la anterior entrada, dejo aquí hoy las antonianas de San Antón, en las proximidades de Castrogeriz, fantástico conjunto desmembrado que bien podría ser calificado como Catedral de las Ruinas. Os confieso, queridos amigos, que a pesar de haber pasado infinidad de veces bajo el gran arco que se sobrepone en la carretera nunca me había detenido a admirar todo el conjunto, entre otras cosas porque durante mucho tiempo hubo un cerramiento y no era cuestión de practicar el salto de valla. Ahora, tras el libre acceso para los peregrinos de Santiago, he podido por fin acceder al interior y admirar la magnitud de estas emblemáticas ruinas. El espectáculo es sobrecogedor por su belleza. En esta ocasión no hay yedra que abrace y embellezca, pero los altísimos muros, limpios y llenos de vanos góticos, son suficiente maravilla para deleitarnos y para fantasear y hacernos preguntas sobre lo que un día fue el monasterio completo. Pero, sobre todo, para poner en valor el orden natural y la belleza de las ruinas en un sentido general. 



Una ruina vegetal junto al convento.
El chopo desgajado y los tentáculos de yedra seca que le abrazan, 
un encantamiento más en las ruinas de San Antón.

lunes, 19 de septiembre de 2022

LA RUINA ES BELLA


Belleza en peligro


FOTOGRAFÍA: Portada en Santa María la Imperial de Obarenes (Tomada en 2002)

Hay a quien le gustaría restaurar monumentos a todo pasto, con el noble afán de que no se caigan o desaparezcan, y hay a quien le gustaría mantener o incluso construir ruinas por el gozo que les reporta su contemplación. Esto no es un dilema para saber o ver que opción tomar en determinadas circunstancias, sino la constatación de que hay gustos y gente para todo. Hablamos entonces de belleza, solo de belleza. ¿Cómo medimos la belleza? ¿Son acaso más bellos los muros pelados de un monasterio recién restaurado que los arcos antiguos de uno sin restaurar y cubierto de yedra? Semejante reflexión viene a cuento de que rebuscando en mi archivo fotográfico he dado con una fotografía que muestra la maravillosa portada, gótica, del abandonado y ruinoso monasterio de Obarenes. Se podrá despotricar más o menos por su abandono, pero no me negaréis, queridos amigos de este Cajón de Sastre, que su contemplación es un deleite para los sentidos. Y digo más: conservar con inteligencia determinadas ruinas históricas es una opción a tener en cuenta para no perder las muchas bellezas que existen en Burgos.


viernes, 9 de septiembre de 2022

EL MAESTRO Y LA RADIO



Diseños para todos los gustos 


FOTOGRAFÍA: Aquellas viejas radios

         Ahora que los desmembrados y sumergidos restos de Villorobe deben aflorar por la bajada de las aguas del pantano, como consecuencia de la sequía que nos asola, resucito una curiosa historia que tiene que ver con los primeros tiempos de la radio en nuestros pueblos, también en Villorobe. Me parece de gran interés darla a conocer por lo que significó de revolucionario y mágico en aquella sociedad campesina de los años cuarenta-cincuenta, aún esclava del arado romano, el hecho de que música y palabra a viva voz pudieran salir de una caja de madera apenas un poco más grande que un adobe.

En mi memoria han resucitado los interrogatorios que llevé a cabo en el proceso de elaboración del libro Los pueblos del silencio, y las respuestas que quedaron inéditas.  Entre las muchas preguntas había una sobre quién fue el primero en tener radio en cada pueblo, quién fue el avanzado y cuándo la adquirió. No era una mera curiosidad, pues constituía y constituye un acontecimiento importante que ayudaba y ayuda a conocer la lenta evolución y devenir del medio rural. Las respuestas las teníamos, solo que archivadas y durmiendo desde hace veinte años en rancias carpetas. Hoy, en una operación de busca, al revisar estas carpetas he encontrado varias respuestas “radiofónicas” que me han parecido especialmente interesantes. Una de ellas es la que se refiere a un maestro de Villorobe, un docente catalán que, recién terminada la guerra (Civil, por supuesto), llegó “desterrado” al pueblo serrano y fue el primero en tener radio. Según la respuesta del vecino encuestado, este maestro, Salvador Alajón Balsac, debía ser de mentalidad abierta y solidaria, ¿cómo sino explicar que compartiera su radio con todo el vecindario poniéndola a todo volumen en su ventana para que todos la oyeran? Hermoso, ¿verdad, amigos? Esta es la respuesta completa de dicho vecino:

 

Todos en la plaza para escuchar la radio al salir de misa  

“La primera radio la tuvo un maestro nacional que vino, recién terminada la guerra, de Barcelona, de la zona roja, y le mandaron aquí, a Villorobe, a modo de destierro. Don Salvador Alajón Balsac se llamaba, catalán de pura cepa. Estuvo varios años. Era una radio rectangular, y cuando salíamos de misa ponía la radio encima de la ventana de la vivienda y todo el mundo nos juntábamos en lo que era la plaza de Villorobe, pues a escuchar la música, que la ponía muy alta. Como la cantina estaba allí mismo pues la gente se paraba allí. Era un señor muy amable. Al salir de misa, ¡a escuchar la radio!”.


OTRAS RESPUESTAS 


PLÁGARO

Ponían la radio a todo volumen para que los que estaban trabajando en el campo pudieran oírla

         “-¡Padre, compre una radio, aunque sea pequeña!

-¡Pero si no tenemos dinero, qué vamos a comprar!

Yo me acuerdo de una vez que vendió una cabra, o un chivo, cogí dinero y lo escondí en una mesilla, y le dije:

-Padre, esto tiene que ser para la radio.

Así que cuando me casé y me vine aquí [a Burgos] lo primero que hicimos fue comprarle una radio las hermanas a mi padre.

Un chico, hijo del pueblo, que trabajaba en Bilbao, trajo una radio hecha de artesanía, y los primeros días la ponía a todo volumen para que los que estábamos trabajando en el campo oyéramos los cantares. Estábamos en la era trillando y la ponía un hijo de Gregorio, Nemesio, a todo volumen para que oyéramos los cantares”.


HUIDOBRO

Le compraron una radio para que no se marchara del pueblo

“La primera radio fue en 1964. La mi hija la quería, y no se quedaba en el pueblo si no le compraba mi madre una arradio.  Se venía a Burgos con este y la compró mi madre arradio para que no se marcharía de donde nosotros”.


CORTIGUERA

“Íbamos a oír la Pirinaica y los partes”

“El padre de Chicarrilla fue el primero en tener radio. Íbamos a oír la Pirinaica cuando la guerra; cuando la guerra, llevaron la radio y íbamos a oír los partes”. 


VILLALTA

Todos los chicos del pueblo venían a oírla a nuestra casa

         “[La radio] la pusimos al poco de la luz, en 1955. Fue la nuestra la primera, todos los chicos del pueblo venían a oírla a nuestra casa”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

viernes, 26 de agosto de 2022

¡UNA ESTABA VIVA!


Tradicional ventana para aireación de una cuadra.
Servía también para dar luz.


FOTOGRAFÍA: Ventana aireadora de cuadra en Hospital del Rey. Tomada en 2014).  

Podría formar parte de Historias para no dormir, la famosa serie de Chicho Ibáñez Serrador que desde la televisión nos hizo estremecer hace medio siglo a los que ya peinamos canas. Solo que en la historia que propongo no hay nada de ficción ni de terror, y sí mucho de realidad, de espantosa realidad, a decir verdad. Como me lo contaron, os lo cuento. Comparto con vosotros, queridos a amigos, un hecho, a todas luces insólito, que sucedió en un pueblo del norte de Burgos del cual me vais a permitir que omita el nombre por razones que bien comprenderéis. Os hablo del caso singularísimo de un matrimonio que tuvo 25 hijos, de una madre que en tan solo 11 meses llegó a alumbrar hasta cinco criaturas (como me lo contaron os lo cuento). Esto, por sí mismo, ya sería notorio de reseñar, más en estos tiempos de natalidad tan baja por la que atravesamos. Pero lo que sigue es lo que verdaderamente parece una historia para no dormir. Sucedió que entre tanto parto hubo una ocasión en la que la misma madre trajo al mundo tres criaturas de una vez, lo cual no sería noticioso la verdad, ni siquiera hoy. Lo que llama especialmente la atención es lo que sucedió en este parto, me aseguraron que, de las tres criaturas alumbradas, a dos creyeron muertas, y que las dos, metidas en un balde, fueron arrojadas a la basura de las cuadras, dejadas como pasto para los cerdos (probablemente no generalizado, no debería extrañar que en una sociedad rural abarrotada de hijos algunos recién nacidos muertos tuvieran ese tremendo y triste destino). “Entonces todo se echaba a las cuadras, a los cerdos”, me dijeron. Pero la cosa no acabó ahí, ay, y sucedió que, “al cabo de un rato” del arrojamiento, alguien bajó a la cuadra y apreció que algo se movía entre la basura: “¡Anda, pero si se mueve algo ahí!”, dijo. Y como no pudo ser de otra manera, recogió el ser viviente y se lo llevó a hacer compañía a sus muchos hermanos vivos. Se daba la paradoja (así me lo contaron) de que esa criatura “resucitada” era la única que vivía cuando me fueron relatados los hechos, las otras dos del triple parto ya habían muerto.

 

sábado, 20 de agosto de 2022

EL VENDAVAL DEL 41, TARDE Y NOCHE DE FURIA

     

Cerámica de Pino de Bureba. Tras el paso del vendaval pudo fabricar tejas a pleno rendimiento. 


FOTOGRAFÍA: Tejeros llaniscos fabricando tejas en Pino de Bureba 


Nunca se había visto nada igual. Aquel vendaval entre los días 15 y 16 de febrero de 1941, aquel infierno de viento sur, que llegó a alcanzar rachas de hasta 200 kilómetros a la hora y que en Santander tuvo gravísimas consecuencias (incendio de la ciudad), tuvo también, aunque menos trágicos, sus efectos devastadores en el norte de Burgos, tanto para las casas y tejados de las poblaciones, incluidos campanarios de las iglesias, como para sus montes, algunos literalmente arrasados. Sería de gran interés tener un recuento de los daños que ocasionó en Burgos y hasta donde llegaron sus efectos. Hoy que tanto nos esforzamos en poner nombre a cada tragedia atmosférica, sorprende que este gran viento pasara sin tener el suyo. Como mucho, se dijo de él que fue una “surada” (expresión santanderina), o lo que es lo mismo, que fue un fortísimo vendaval con vientos del sur. Poca cosa, y poco expresivo para definir algo que tanto daño hizo en nuestro medio rural y para que su recuerdo permanezca en la memoria de la España Vacía. Hoy resulta difícil encontrar en nuestros pueblos a personas que vivieron aquel vendaval. Y si ya nadie queda, ¿quién entonces recordará en los desiertos venideros del tiempo aquella tarde y aquella noche entera de furia? Quizá en algún ayuntamiento quede constancia, es posible que las serrerías temporales que se instalaron en los montes damnificados, para el aprovechamiento de los árboles tronzados, dejaran su poso en archivos y sean una fuente en la investigación, pero de esto no tengo seguridad, sería una sorpresa que lo hubiera. Nos lo recuerdan mejor los testimonios orales que tuve la fortuna de recoger cuando empecé a intrincarme en los pueblos del silencio y a entrevistar a los mayores de estos pueblos en su diáspora. En aquella época, veinticinco años atrás, todavía encontré a gente que, por su edad, vivió y sufrió el vendaval y pudo darme noticias de él. Su testimonio lo guardé y ha dormido el sueño de los justos en carpetas que ya tanto huelen a viejas. Más recientes son los testimonios que obtuve sobre el mismo tema durante la elaboración del libro Etnografía del Alfoz de Santa Gadea (2022). Entre 2015, 2016 y 2017, pude entrevistar a personas de este Alfoz que recordaban el vendaval y sus efectos con total nitidez. Me complace hoy, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, haceros partícipes de los relatos que me fueron descritos sobre este tema, tan poco o nada estudiado. No es mucho, pero podría servir para que alguien iniciara el trabajo exhaustivo que la cuestión merece. Sin duda, en esta empresa habría de valorarse la incidencia de los tejeros y tejeras burgalesas tras el paso del vendaval, es imaginable que unos y otras debieron trabajar aquel año a pleno rendimiento.

  

  

TESTIMONIOS

 SANTA GADEA DE ALFOZ

 “Temblaban los armarios, parecía un terremoto” 

“En la mata quedó arrasao. Fue una noche. Por aquí to las chimeneas tumbó, a mí me la tiró, y muchos tejaos levantó. Fue enorme, aquello fue un desastre. Pero ya digo, en el monte aquel [en la mata] ¡adiós todo! Me acuerdo que temblaban los armarios, los platos... parecido a un terremoto. Ahí arriba tumbó un portal que había ahí, tumbó aquello, porque venía el viento así, de lado, y me acuerdo que los ripios que bajaron por aquí nos rompieron los cristales de las ventanas; venían los ripios [volando] y, ¡pas, pas! Y el tejao, todo nos le levantó, los tejaos, todos. Fue enorme el vendaval, sí”. 

Informante: A.R.B. 

El vendaval duró una tarde y una noche entera. Atados a los carros para que no se los llevara el viento. 

“Yo me acuerdo de él como si fuera hoy, ¡mejor que lo que hago hoy! Tenía yo cuatro o cinco años, fue el 21 de febrero del 41 [1941]. Pues estando esperando a un hermano mío, que estaban aquí en el monte a buscar traviesas, y [estaba yo] allí en la ventana, y ¡que no vienen, que no vienen! (Era viento sur, duró una tarde y una noche entera). Y al final vinieron amarraos al carro, ataos, y los vimos entrar por allí y... “¡ya están, ya están, ya asoman por allí, míralos!”. Bajaban de aquí, del monte, pero no pudieron cargar ni nada, bajaron de vacío. Vendavales ya había habido [por aquí], pero es que ese fue muy gordo ¿eh? Dice que (yo lo sé de contarlo mi hermano) arrastraba una piedras ¡unos pinazos...! [Para hacerse una idea] tú, mira lo que hizo en Santander, y en muchísimos pueblos levantó casas enteras, levantó... Santander fue que se incendió y se quemó. Mi padre estaba ahí haciendo una hornera..., bajó ya con el vendaval, por la tarde, y dice que se puso allí debajo de un árbol, y cuando subió al otro día, dice que ya estaba tumbao el árbol”. 

Informante: F.M.D.

 El vendaval tumbó 300 hayas en la Mata de Santa Gadea

     “Ahí en esa mata [de Santa Gadea], toda la zona esa que da al sur, tumbó 300 hayas. A algunas levantó con las raíces. Dieron madera de hayas a tol pueblo, se repartieron entre los vecinos. Pusieron unos aserraderos ahí en la mata, pa serrarlo ahí. [Esa madera fue] pa venderlo luego, porque la madera de haya tenía mucha aceptación ¿eh? Aquí es una madera muy buena, muy especial, de la buena buenísima, la de esta mata; es que el haya depende donde esté, esta tenía mucha aceptación. De aquí se embarcó madera en Arija, en el tren de la Robla, vagones pa Valmaseda, que en Valmaseda todo eran talleres de muebles.

 Antes del vendaval ya se hacía subastas de hayas. Aquí han venido muchos [compradores] por la calidad de la madera”. 

Informante: F.M.D.                                

 Desde Montejo vieron el resplandor del fuego de Santander 

“Pues mira: se quemó Santander. Verás: yo era muy niña, yo tenía doce o trece años, y me acuerdo. Yo estaba en Montejo, porque yo soy de Montejo. Verás, [fue] el 23 de febrero. Y vinieron unas coplas [que decían]: 

El mar se pone furioso,

el viento azota con fuerza,

como cáscaras de nuez,

bailan las mares del puerto,

y corre la misma suerte,

general en la atalaya... [no recuerda más]

 

Aquello fue... Se veía la claridad, por encima del [puerto del] Escudo [se veía] la claridad del fuego de Santander. Lo veíamos desde Montejo, porque vivíamos un poco arriba y... “¡que se quema Santander, se quema Santander!”. Y ya a otro día, pues que se quemó todo, que se habían quemao veintidós calles, veintidós calles se quemaron en Santander, ¿qué te parece? Aquello fue horroroso. Fíjate, pa verse la claridad por encima del Escudo del fuego de Santander...

Fue por la noche, fue el viento sur, porque andaba el viento sur. En Montejo se cayeron muchos árboles; en [el monte] Laesa se cayeron bastantes robles”. 

Informante: E.H.L.

AEL 

          “Arrancó los tejaos y los árboles, hace muchos años ya”.

 

 HOZALLLA

 “Nos arrancó todos los tejados” 

“Nos arrancó todos los tejados, y eso que este pueblo está protegido. Donde más daños hizo fue en el monte. Contaron que había tirado lo menos 13.000 pinos, y [que] los pinos grandes que caían estropeaban los pequeños. Después los vendieron por poco dinero”.

 

QUINCOCES DE SUSO 

Desarbolados los tejados, fueron a por las tejas de la iglesia 

“Por efecto de aquel ciclón que hubo cuando la quema de Santander, pues se desarbolaron todos los tejados. Y entonces, aquellos vecinos que quedaron fueron a por tejas al tejao de la iglesia… el vecino a por las tejas. Era un matrimonio viejo, y con los hijos ya se habían marchao”. 

QUINTANAJUAR 

          “Hubo una especie de huracán en 1940. Tiró muchos árboles”.

 

REMOLINO

 

Arrasó la arboleda del valle de Manzanedo 

          “Según el secretario, fue en 1942. Fue cuando el incendio de Santander. Se declaró un viento sur, hubo un deshielo y no estaba todavía el pantano [de Arija].  

          A continuación de la riada vino un huracán que destrozó toda la arboleda del valle de Manzanedo”.

 

VALDELACUESTA 

“Vamos a las cuadras que nos levanta las casas". "Tuvieron que apuntalar las ventanas con trancas" 

          “Un huracán que vino un año, el 12 de febrero. En el portal de la iglesia estuvo el año que fue. Yo tendría diez o doce años cuando aquello.

          Nos levantó los tejaos, destrozó mucho. Decía mi padre: 

-¡Vamos abajo, a las cuadras, que nos levanta las casas! 

¡Un viento…!, tuvieron que apuntalar las ventanas con trancas, y un griterío…”.    

 

 

martes, 12 de julio de 2022

HASTA SIEMPRE, ABILIO

Muere en Santa Gadea de Alfoz Abilio Rodríguez Bustamante, 
informante predilecto y entrañable amigo
de este bloguero. 


FOTOGRAFÍA: Abilio Rodríguez Bustamante, de Santa Gadea de Alfoz (Tomada en 2017). 

MOMENTOS VIVIDOS 

Mis entrevistas-conversaciones con Abilio de Santa Gadea fueron muchas y tuvieron lugar en su taller. Y no fue este un mal lugar para ellas, más bien todo lo contrario, pues lo encontré lleno de magia e inspirador de fantasías. Pegado a su vivienda, el taller de Abilio es un abigarrado y colorido colmado de objetos donde resulta fácil dejarse llevar por ensoñaciones. En su interior a uno se le vuelve nebulosa la mirada de tantos cachivaches como tiene colgados en las paredes o depositados en el suelo, tantos, que bien podría decirse aquello de “aquí ya no cabe ni un alfiler. Pese a ello, y aunque parezca imposible, él sabe dónde encontrar lo que necesita, en cada momento y sin atisbo de duda, lo que parece en verdad un auténtico milagro.

Además de afable, una de sus principales virtudes, Abilio es ganadero, toda su vida lo ha sido, y por eso domina todo lo que se refiere a esta disciplina, al igual que el resto de sus convecinos de Santa Gadea, pero es a la vez un hombre multifuncional, un Homo Habilis moderno, podría decirse, pues conoce todos los oficios que le eran, y aún lo son, útiles para la no dependencia. De ahí que en su taller no falte nada de lo que le pueda ayudar para hacer sus trabajos, como el banco de carpintero, el torno, la fragua con su yunque, zancadas de afilar y todo tipo de herramientas; en realidad, bien podría decirse que dispone de todo lo necesario para, llegado el caso, serrar un árbol, hacer una cuba, una rueda de carro, extraer y labrar la piedra, hacer zuecos, almadreñas, dujos de colmenas…, Abilio tiene habilidades para todo eso y más. Por todo, en el taller de Abilio no solo me resultó fácil dejarme llevar hacia el mundo perdido de la autosuficiencia, sino también que las entrevistas fluyeran con un halo de autenticidad difícil de encontrar en otro lugar.

AMPLIACIÓN: Ayer, 11 de julio de 2022, al poco de redactar esta pequeña semblanza sobre Abilio, recibí la trágica noticia de que un accidente con el tractor que manipulaba acabó por cercenarle la vida. Bajo la luna llena sentí una tremenda y dolorosa punzada. Ya nunca más volvería a ver su imagen de Geppetto carpintero, en su taller de verdades y sueños, ni volvería a escuchar sus relatos del más allá de su pueblo. Dolor. Santa Gadea de Alfoz ha perdido a uno de sus más entrañables y sabios vecinos, y este cronista, a uno de sus informante predilectos y más queridos. Con Abilio pierdo algo más que un amigo, pero sé que su palabra y memoria perdurarán a través del tiempo, grabadas y escritas en letra de imprenta. Hasta siempre, Abilio. 


domingo, 10 de julio de 2022

LOS CENIZALES DE BRAVUM SE TORNARON VERDES


Castro de La Polera en Ubierna.
Hierba peinada sobre el lago.



FOTOGRAFÍAS:  Laguna en Los Cenizales (Ubierna) . Tomadas en junio de 2022

   Donde fue un lago azul, hoy es un herbal encendido. Los Cenizales de Bravum se transformaron para dar un soplo de color distinto en la paramera de los turmogos. Se evaporó el lago y en su lugar se alzó una hierba misteriosa, pronto todo se enrubiará. El azul índigo, profundo y estático, y el verde que el viento ha peinado de olas se compincharon y relevaron, creando arte para nuestro deleite.    

domingo, 3 de julio de 2022

LA VENTANILLA DESDE DENTRO

Una ventanilla para el recuerdo.
"Un billete a Castrillo, por favor"


FOTOGRAFÍAS: Estación de Salas de los Infantes (Tomadas en junio de 2022)

En algún aciago momento alguien decidió que las estaciones de trenes de líneas abandonadas tenían que desaparecer al ser clausurado el servicio ferroviario que prestaban. Ese era el aprecio reinante entonces por todo el patrimonio ferroviario que quedaba a su suerte. Sus deseos se han cumplido. Hoy, lo mismo las del Madrid-Directo que las del Santander-Mediterráneo, todas ellas de preciosa arquitectura, la mayoría se han convertido en un muestrario arqueológico que avergüenza. Quizá alguien pueda ver como normal que esto suceda con las estaciones de pueblecitos, pero puede ser también que haya quien se sorprenda al ver que el mismo destino puede aguardar a estaciones de cierto empaque, como por ejemplo la de Salas de los Infantes. Camino lleva. Cuando uno entra en la estación de la capital serrana, por la parte que da a las vías, donde todo se encuentra abierto, lo primero que ve es desolación. Es como si Atila, o cualquier otro bárbaro ostrogodo (que me perdonen los ostrogodos), hubieran acampado en ella en alguna de sus operaciones de castigo y desguace. Qué pena. La estación de Salas de los Infantes, un caserón de época, testimonio importante de la arquitectura ferroviaria del primer cuarto del siglo XX, que tantos servicios prestó a Burgos, debería ser protegida y conservada. Estaría bien que se le diera una nueva utilidad.  

Entre tanta desolación como puede verse, como una especie de milagro, aún puede verse, en su integridad, pero sellada a cal y canto, la ventanilla por donde muchos serranos viajeros dejaban ver sombrero, boina o pañolón cuando solicitaban sus billetes y donde todos aparentábamos ser simples retratos. Lo que se ve de ella es el otro lado, el que ningún viajero veíamos desde la sala de espera. Al mando de esta reliquia uno se imagina hoy a aquel señor uniformado y con gorra plato que expedía los billetes y manejaba los cajoncitos del dinero, los mismos cajoncitos que pueden verse en la fotografía que aquí se muestra. “Un billete a Burgos, por favor”, otro a Rabanera, otro a Soria..., y así otros tantos billetes a destinos y paradas como el S.M. hacía, desde Hontoria del Pinar hasta Cidad-Dosante, o a la inversa. La ventanilla de Salas de los Infantes nos permite viajar ahora solo al triste lugar de los recuerdos.


Estación de Salas de los Infantes.
O se la da un uso o no tardando mucho
se convertirá en una ruina 


 

jueves, 26 de mayo de 2022

MOMENTOS CON ROBUSTIANO


Robustiano sacaba música de los cencerros 



FOTOGRAFÍAS:
Robustiano afinando cencerros. Velortada. (Tomadas en 1995) 

En los muchos momentos que estuve con él nunca le vi maldecir ni quejarse por tener que arrastrar sus piernas, pesadas como leños, al hacer algún desplazamiento. Era algo que tenía asumido desde niño y que estoicamente superaba con el esfuerzo diario de dotar de música a los cencerros del ganado. En realidad, los desplazamientos que yo le vi, que tanto me impresionaban, eran muy cortos, no iban más allá de la poca distancia que separaba el interior de la cabaña del solerón cubierto que cobijaba su peculiar taller. Aquí, sentado en un banco de tres patas y provisto de un martillo, enfrentado a los campanos, pasaba sus días repiqueteando hasta conseguir entonaciones pastoriles escondidas o soñadas, muchas veces rebeladas por díscolas. Fui testigo, en numerosas ocasiones, de su lucha con el metal para extraer la música deseada. Por ello siento que fui un privilegiado, pues no muchos habrá que puedan presumir de semejante espectáculo. El suyo era un oficio de afinado continuo, de concentración y paciencia eremítica, la misma paciencia que tuvo conmigo al tener que soportar los largos interrogatorios a los que le sometí en cada una de mis visitas. Robustiano era fácil de encontrar, esa fue mi suerte, pues al contrario que los pasiegos andantes, que unas veces estaban a la hierba en cabañas de arriba, otras en las de más abajo y otras en las vividoras, él siempre estaba en el mismo lugar, en su cabaña de Carredondo, en Lunada. Por eso, siempre que me interesó disipar una duda en torno a las costumbres pasiegas, supe dónde y a quien tenía que acudir, el Campaneru de Salcediyu tenía respuesta para todo lo que yo quería saber.

Vivencia especial con Robustiano fue cuando una tarde de verano nos desplazamos a San Roque de Río Miera, él me lo había pedido y bien que lo agradecí, pues tuve ocasión, a mitad del portillo de Lunada, de contemplar el sorprendente ejercicio de la velorta en un prado cercano a una cabaña.


Velortada de hierba