La figura campea sobre la bodega.
| Hueca por dentro, parece de piedra y es escayola. Pronto el emparrado la ocultará. |
FOTOGRAFÍAS: Escultura en bodega de Hornillos del camino. (Tomadas en mayo de 2026)
Continuando
con nuestro periplo por las bodegas tradicionales de Burgos recalamos en días
recientes en el lugar de Hornillos del Camino. Y aquí, queridos amigos de este
Cajón de Sastre, nos aguardaba algo que ni en sueños hubiéramos esperado, una
sorpresa ajena a todo lo que tiene que ver con la producción del vino. Curioseando
el núcleo principal de las bodegas, el que se encuentra en la calle alta del
pueblo, nos llamó la atención en una de ellas algo que nos pareció insólito y que
paso a describiros. A través de los huecos que dejaba un emparrado aún
incipiente, el que en poco tiempo cubriría un merendero adosado a la bodega,
pudimos ver que sobresalía una cabeza, aparentemente de piedra y sujeta en la
cúspide, que, por su casco, sus luengas barbas y escamado almófar, se asemejaba
a la de un caballero o guerrero medieval. Nos acercamos, y al observar la
imagen completa, pudimos ver que se trataba no solo de una simple cabeza, sino
de un busto; un busto que, por la iconografía que conocíamos de El Cid, tenía
todas las trazas de querer representar al célebre personaje.
A
dos hombres que trabajaban en un merendero cercano preguntamos sobre la autoría
y procedencia de la escultura y nos dieron una versión que nos dejó
impresionados. Al parecer un constructor burgalés la había encontrado enterrada
en una casa que estaba derribando en la capital, aunque no sabían en qué concreto
lugar. El asunto, pues, era tentador y nos invitaba a seguir su rastro.
De una sorpresa a otra:
aparece Marceliano Santa María
La
noche de aquel día me costó conciliar el sueño, todo me daba vueltas, todo
giraba en torno a la misteriosa escultura. No parecía que estuviera hecha por un
simple aficionado. Las preguntas se agolpaban en mi almohada: si el busto era
de piedra, quién lo labró; si se ejecutó en algún lugar fuera de Hornillos, qué lugar era este y cómo llegó a campear en la bodega; y si tenía algún valor
histórico o artístico, cuáles eran esos valores. Había que tirar del hilo,
hacer de detective una vez más. Inquieto por el hallazgo, volví al día
siguiente a Hornillos por si, por una casualidad, el dueño se encontraba en la bodega,
pues solo él podría desentrañar el enredo. Como era de esperar, el dueño no
estaba (las bodegas ya no son lo que fueron). Era domingo y la hora pacífica de
la siesta, mal momento para encontrar en la calle autóctonos. Había, eso sí,
peregrinos junto a los muchos albergues que se han abierto en este pueblo, pero
ellos eran forasteros, de lejanas tierras, y por eso no podrían ayudarme. Cuando
ya desesperaba, tuve la fortuna de que, de un coche recién llegado, bajó un
hombre joven que parecía nativo del lugar. Le pregunté si conocía al dueño de
la bodega: “Es amigo mío”, me dijo. Vaya, qué suerte, dije. Fue así cómo
compartimos nuestros teléfonos y él mismo se comprometió a ponernos en contacto.
Había
merecido la pena la visita dominguera, pero me quedaba la duda sobre si
recibiría la llamada esperada en los siguientes días, a veces, las promesas
espontáneas se convierten en pelusa de chopo.
La llamada
No
tuve que esperar mucho, al día siguiente recibí la llamada de un móvil
desconocido que estuve a punto de no atender por no estar en mi lista de
contactos. Pero atendí, y acerté, pues quien me llamaba era Daniel Mayor, el
dueño de la susodicha bodega de Hornillos, a quien debo agradecer su
colaboración. Daniel, de 59 años, es una de las personas que participaron en el
mencionado derribo y por eso conoce de primera mano el descubrimiento de la
escultura supuestamente cidiana. Al parecer y según describe, la casa demolida
estaba justo enfrente del convento de Santa Clara, en lo que hoy es la
droguería Nieva. Describe también que dicha casa, derribada a finales de los ochenta,
era de piedra y madera, de dos plantas, que en la planta baja estaba la
vivienda y estudio de Marceliano Santa María, el afamado artista burgalés, y
que el susodicho busto apareció alojado en una de las paredes.
¿Se trata de una
máscara?
Daniel
nos describe la escultura como una obra hecha en escayola o yeso, hueca por
dentro, enseñando el esparto o cáñamo y las tablillas cruzadas que le daban consistencia.
No se trata, pues, de en rigor un busto de piedra, aunque en un primer momento
así nos pareciera, sino de una especie de gran máscara que, tal vez, pudo estar
destinada a ser molde en el taller de algún alfarero ¿quizá los hermanos Calvo?
Solo don Marceliano nos lo podría decir, si estuviera vivo, sólo él podría
decirnos si la obra la hizo él mismo o algún discípulo.
Fue
una suerte que alguien de los que participaron en el derribo decidiera recuperar
la interesante figura, y más aún que la expusiera al público en general en lo
más alto de su bodega, porque así la podemos disfrutar todos. Ojalá se conserve
muchos años.
Y hasta aquí, queridos amigos, la pequeña memoria que he podido hilvanar de un pequeño descubrimiento en una bodega de las muchas que llevamos guardadas en nuestro repleto Cajón de Sastre.
| Imitación de un guerrero medieval. |






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