Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 19 de marzo de 2021

LA CARRASCA Y EL LAGO AZUL DE LOS CENIZALES



Enterramientos, laguna y carrasca en Los Cenizales
Castro de La Polera (Ubierna)



Carrasca de Los Cenizales

FOTOGRAFÍAS:  Carrasca y laguna en Los Cenizales (Tomadas en febrero de 2021)  

Ecos de la lluvia y el aire  

Hoy estamos parados, Aire, ni tú resoplas ni yo fabrico nubes. Hoy inundamos de calma este páramo de descarnadas tumbas al sol, donde descansan en cenizas hombres que se creyeron de hierro en las alturas, que buscaron sosiego al amparo de esa negra y redonda carrasca que nos observa. ¿La ves, compañera? Cómo no he de verla, si ha estado siempre ahí, si está junto a la laguna azul que yo misma llegué a crear en días seguidos de trabajo. Los Cenizales, llaman al lugar, y con razón, pues las llamas de aquellos hombres de metal dejaron poso gris en la hondonada. Ah, Lluvia, siempre me he preguntado por qué aquella gente llegada del norte eligió esta paramera de piedra y estrellas, este balcón azotado, para hacer ciudad. Es cierto, Aire, eran gente brava y por eso le pusieron de nombre Bravum. Fue en la carrasca, en ese ojo oscuro que emerge de las entrañas del páramo, donde hubo reunión de jefes y se acordó que ese sería su nombre. Ninguna de tus ventoleras, ni tampoco mis temporales, pudieron borrarlo después.

  De mis paseos por el páramo

            Febrero de 2021 

 

sábado, 13 de marzo de 2021

ANILLOS DE ÁRBOL, FRAGANCIAS ESCONDIDAS


                                                                    Anillos de moral     


FOTOGRAFÍASMoral de Hermosilla. Rodaja de tronco seco de moral (2007, 2021) 

Cuando el tronco de un árbol es seccionado por una sierra mecánica, se descubren en él los anillos de crecimiento, se hacen visibles con perfecta claridad líneas en círculos más o menos regulares, más o menos apretados, por los cuales podemos aproximarnos a la edad del árbol y saber de los periodos climáticos que tuvo que soportar, ya fueran fríos, templados o calurosos, húmedos o de sequía. Pero más allá de esto, que debe tener su interés para distintas disciplinas científicas, lo que podemos ver quienes soñamos el arte de las cosas es un conjunto de olas formando círculos, un campo magnético de vida que se fue dibujando lentamente en la soledad de los bosques o del aislamiento, una pieza artística, de perfume sin alquimias, digna de cualquier museo, que nos conmueve y nos lleva a adentrarnos en los secretos escondidos bajo el caparazón que le envuelve y protege. La fragancia exhalada por un tronco recién cortado siempre te produce placer, pero ese placer resulta mucho mayor si el tronco es cortado cuando está seco, cuando ya no es un ser sintiente, tras haber estado olvidado años en algún rincón polvoriento de una leñera de pueblo, es entonces cuando alcanza el zenit de su perfume, y es también cuando los anillos aparecen con su mayor expresividad y belleza.

Tengo delante de mí, queridos amigos de este ya carcomido Cajón de Sastre, la rodaja de un tronco seco de moral, recién cortada y que me han regalado, y os aseguro que sus líneas transitando por el duramen hasta llegar a la albura me emocionan. Y no digamos la fragancia que desprende, que respiro y aspiro cada poco como si en ello me fuera la vida, tratando de empaparme de algo nuevo y puro que hasta ahora desconocía. Os hago una confidencia: tengo guardada la rodaja dentro de una biblioteca con puertas (¿dónde mejor que entre libros?), y cada vez que abro esas puertas recibo una bocanada de olor corporal del moral que me lleva al éxtasis (perdón por la cursilada).

¿Cómo meter en un frasco ese olor? ¿Qué perfumista sería capaz de meter los olores de todos los árboles en frascos? ¿Cada uno de ellos tiene su propia fragancia?, esto es seguro. Definitivamente, creo que coleccionaré anillos de árbol, si puede ser, de todos los árboles silvestres que crecen y envejecen en la provincia de Burgos, para que vayan a acompañar al Árbol de la Provincia en Jaramillo de las Fuente.

 


                                                                 
                                                                    Moral de Hermosilla


viernes, 19 de febrero de 2021

UNA EXCURSIÓN SIN DESTINO

           

Callejón de las sombras


Puertas para dos estados, hoy tapiadas


FOTOGRAFÍAS: Traseras del monasterio de Oña. Fuente de Barcina de los Montes. Ermita de Tobera (Tomadas en febrero de 2021)   

             

Cuando uno sale de Burgos a la aventura, sin más pretensiones que escaparse de la ciudad en busca de libertad, sin programa alguno (“a la buena de Dios”, como decían los abuelos), está haciendo méritos para encontrarse con cualquier sorpresa. Es normal que así sea, sin un plan preconcebido y con tan solo una mirada al mapa (“pinto, pinto gorgorito”), la salida puede convertirse en un fiasco, pero también puede suceder que se convierta en algo memorable y digno de permanecer en el recuerdo de nuestras más curiosas vivencias. Una recientísima salida al norte (siempre el norte) el gorgorito nos llevó hasta Oña. Primera parada: la ventana abierta de un bar, antesala del famoso monasterio. Un lujo poder tomar un café en un día de restricciones coronavíricas contemplando en libertad la monumental fachada monacal. A continuación, paseo por las traseras del monasterio (hasta ese día para mí desconocidas), donde viejos y graves  caserones decimonónicos nos recuerdan tiempos de alojamiento psiquiátrico y nos sugieren películas tristes del género hospitalario. Un paseo por un callejón sombrío, entre edificaciones muy altas y sin arte alguno, con enormes ventanales de los que aún parecen salir voces del desequilibrio, nos produce profundo estremecimiento en el silencio. Bajo los ventanales, a pie de suelo, dos puertas tabicadas y oscuras dentro de un gran arco de medio punto, separadas por una especie de  parteluz, describen en pintura negra dos tipos humanos: Locos-Cuerdos. Dos grandes letreros, uno para cada puerta, uno para cada estado, parecen invitar hoy a una elección, pero no nos equivoquemos, el anuncio no es para nosotros, es para los que allí se hospedaron o trabajaron como sombras despistadas en un pasado no muy lejano; locos o cuerdos, cada uno de ellos, presumiblemente, debía saber la puerta a tomar. Hoy ya no estaríamos tan seguros, confundidos y embozados como nos tiene la maldita pandemia que se ha empeñado en hacer historia. Más adelante siguen los caserones y el sombrío, pero pronto, tras rebasar el ábside del monasterio y dos cementerios, se llega a los extensos jardines de intramuros, donde uno se olvida, o no, del escalofrío dejado atrás, el sol todo lo aleja.


Fuente pública de Barcina de los Montes 


En tiempos de pandemia toda precaución es poca


Abandonamos Oña y continuamos nuestro desprogramado viaje por la carretera de Penches, rumbo a saber qué lugar. Al salir de la negrura del pinar nos topamos con Barcina de los Montes. Allí algo llamó nuestra atención, y era la fuente pública situada en lo que parece la plaza del pueblo. En realidad, ya la conocíamos, de tantas veces como hemos pasado por este lugar. La recordaba porque tiene varias inscripciones grabadas en el pilar y por la figura tallada en piedra que lo corona. Digo que nos llamó la atención porque dicha figura, que se supone representa a Jesucristo, se muestra embozada, como todos nosotros hoy, queridos amigos. Alguien le puso una mascarilla quirúrgica en el rostro, probablemente alguien que no sabía que una figura tan elevada está por encima de virus, por muy contagiosos que estos lleguen a ser. Hemos visto muchos antropomorfos en los pueblos rellenos de paja a modo de espantapájaros humanoides y luciendo mascarillas, y tienen su gracia porque son reflejo humorístico del tiempo de pandemia que vivimos, pero la figura del Salvador embozado trasciende más allá de la caricatura.

Tras esta parada nuestra intención era subir por el Portillo del Busto, más que nada por ver desde las alturas el mar verde de La Bureba, pero el día se nubló y no prometía vistas de aplauso, de modo que nos dirigimos a Tobera. Allí nada defrauda, es uno de esos lugares de Burgos que cualquiera enmarcaría para tenerlo siempre cerca. Las cabras negras y de amenazadores cuernos que se aposentan hoy en medio de la carretera, son la novedad, no las conocíamos, ¿las habrán puesto allí los de “Información y Turismo” como servicio a fotógrafos y regocijo de turistas? Si es así, todo un acierto.


Guardianas de la ermita



¿Qué es lo que espera?


jueves, 4 de febrero de 2021

BARRIO DE NÁPOLES, LA CASONA, LOS TERCIOS Y LA FUENTE


Fechada en 1931. Noventa años manando en el Barrio de Nápoles


FOTOGRAFÍAS: Casona y fuente en el Barrio de Nápoles (San Felices del Rudrón) 

El Barrio Bajero de San Felices del Rudrón, pegado a la N-623, recibe también el curioso y sugestivo nombre de Barrio de Nápoles. Seguro que muchos de vosotros, amigos de este Cajón de Sastre, al pasar por él bordeando el Rudrón os habréis preguntado la razón de dicho nombre. Yo mismo me he preguntado lo mismo una y mil veces, en realidad cada vez que he pasado por esta carretera  camino a tantos sitios hermosos del norte, pero nunca he hallado respuesta, o por mejor decir: no he sabido encontrarla. A modo de elucubración me pregunto si la casona blasonada, fechada en 1642,  existente en la parte alta del barrio, pudo pertenecer a algún soldado-oficial que luchó en el Tercio Viejo en aquella región italiana. Tenemos precedentes en Pesquera de Ebro, donde un tal Juan Escalada, cuyo imponente escudo armero luce en el frontis de una casona, fue, además de hidalgo, capitán de los Tercios de Nápoles. Quizá este Escalada y el posible hidalgo del Barrio Bajero de San Felices, cuyo nombre también desconozco, fueran amigos, quizá hasta llegaron a luchar juntos en el Tercio Viejo en cruentas batallas de picas, pero a saber. Intuyo aquí las bases para una interesante novela.

Frente al Barrio Bajero, al otro lado de la carretera y a orillas del Rudrón,  existe una fuente de cuatro caños que también maravilla, más que por su arquitectura, por la bella decoración vegetal que adorna su frontis. Parece evidente que su constructor debió inspirarse en la generosa floresta de las orillas de dicho río. Y os digo, queridos amigos, que de haberla conocido cuando registré en un libro las fuentes más singulares de Burgos, allá por 1994, hubiera ocupado, por derecho propio, un lugar en él. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, y la dicha la tengo ahora por haberla descubierto, aunque sea de manera tardía. Además de la mencionada decoración, llama mi atención la fecha de su construcción, 1931, esculpida y bien visible entre el artístico ramaje. Y digo que llama mi atención porque si uno se da una vuelta por lo que ocurría en nuestro país por aquel año (en Burgos también), podría preguntarse cómo entre tanta convulsión y tantos odios como se manifestaban pudo alguien entretenerse en hacer una obra tan delicada. Seguramente para abstraerse y relajarse.


Barrio de Nápoles. Casona hidalga fechada en 1642


jueves, 14 de enero de 2021

PICO MENCILLA, LA MONTAÑA MÁGICA

         


                                          Lara con el Pico Mencilla como telón de fondo


FOTOGRAFÍASLara de los Infantes. Pico Mencilla. Quintanilla de las Viñas  (Tomadas el 13 de enero de 2021)   

A veces pienso que el Pico Mencilla marcó mi vida y mi destino, si es que en verdad creyera en destinos predeterminados. Haber nacido bajo el poder telúrico de esta gran montaña, diosa protectora de los campos de Lara, debió ejercer una influencia a la que hubiera sido inútil rebelarse, me dejé llevar. Majestuosa, indomable y a veces trágica, dominadora mole, la fuerza que sale de su vientre elefantiásico marcó para siempre a quienes cabalgamos sobre su lomo alguna vez. Los lareños sentimos siempre su aliento, para bien y para mal (casi siempre para bien), como lo sintieron los romanos que nos ocuparon e hicieron civita en Lara (Nova Augusta), o los monjes artistas de Santa María de las Viñas, cuyo arte de los símbolos va más allá de lo imaginable, o los que a su abrigo construyeron iglesias románicas con pórticos y labras de fantasía, o los que hollaron peñas de vientos imposibles para asentar fortalezas de condes e infantes de leyenda. El Pico Mencilla, la Montaña Mágica, continuó arropándonos con su capa parda hasta que dejamos de creer en la bondad de su cobijo e inventamos la despoblación. ¿Qué piensa ahora, qué pensará la Montaña Mágica cuando todos nos hayamos ido?

Hoy, cuando de regreso de Santa María la visigoda, camino de Lara, la veo y contemplo luminosamente blanca bajo la luz del mediodía, con su túnica de nieve reposada, no veo solo el telón de un escenario apacible, mi imaginación se desborda y adivino en la cumbre las figuras de dos músicos arrecidos que un día soñé salidos de la tempestad (Pasacalles en el Mencilla). Dos apariciones que, desde ahora y en el tiempo que me quede, siempre veré cuando atisbe la cima.

Al cumplir veinte años intenté doblegar el poder de la Montaña Mágica para cambiar mi destino. Con la nieve hasta la cintura, subido en su lomo blanco, cabalgué hasta su cumbre. Te he doblegado, le dije al coronar, allí donde se domina el mundo, mi destino será ahora el que yo quiera. Iluso de mí, ella ya había decidido y me contestó: “No te engañes, no tienes vuelta atrás, tú serás lo que serás y yo quiera, siempre estaré contigo y tú conmigo”.    


       Fantasía visigótica en Quintanilla de las Viñas                                 

                                      

martes, 29 de diciembre de 2020

FELIZ AÑO 2021




FOTOGRAFÍA
: Estela romana en Campolara (enero, 2019)

        Con mis mejores deseos para todos los que tenéis la paciencia de seguir este Cajón de Sastre. Que este annus horribilis que nos ha asolado pronto quede en un mal sueño. Con un recuerdo especial para todos aquellos que nos dejaron por culpa de la malhadada pandemia.  

miércoles, 23 de diciembre de 2020

EL ABAD CON SU BÁCULO


Abad con su báculo esculpido en la peana de la pila


La pila se encuentra en la actualidad en la parroquia de El Rosario, 
en la ciudad de Burgos.
Además del abad con su báculo son reseñables el sogueado del borde de la taza 
y dos grandes rosetas enfrentadas en su circunferencia.


FOTOGRAFÍAS: Pila bautismal de Santa  María de Rioseco (Junio, 2020)

Conocí esta pila bautismal allá a finales de los sesenta. Creo recordar que entonces se hallaba asentada prácticamente a los pies del coro. Por aquellos años el monasterio de Rioseco se encontraba ya en avanzado estado de ruina y solo su altiva y robusta torre, desde la que se dominaba el valle de Manzanedo, mostraba todavía cierta integridad. En años sucesivos seguí visitando las ruinas del monasterio, había algo magnético en ellas que me atraían con inusitada fuerza. Decir Valle de Manzanedo era para mí sinónimo de lugar inexplorado, romántico y mágico, donde perderse en mil ensoñaciones. Durante un tiempo la pila siguió estando en su sitio, hasta que un día dejó de estarlo y perdí su pista. Se la llevaron no recuerdo dónde (ni siquiera hoy sé si lo supe), debió convertirse en pila viajera, como tantos otros elementos del cenobio cisterciense, hasta que no hace mucho aterrizó en la iglesia parroquial de El Rosario, en el barrio nuevo de Las Fuentecillas de Burgos, donde hoy se encuentra y donde he podido fotografiarla.

Siempre me he preguntado que hace una pila bautismal en un monasterio, ¿es que acaso los monjes la usaban a discreción para bautizar a los nacidos en los pueblos de su entorno? No lo creo, si se tiene en cuenta que podría haber otras iglesias en el mencionado valle que tendrían esa función y sus propias pilas. ¿O es que las monacales se utilizaban solo para cristianar a gente noble (de nobleza heráldica o con poder)? En mi ignorancia, no me parece muy descabellada esta hipótesis. Estoy seguro, no obstante, de que alguien habrá que alivie las  incertidumbres de este lego en la materia de un tiempo tan confuso.

Por otro lado, siempre también me ha llamado la atención el hecho de que la susodicha pila tenga esculpida en la peana la figura medieval de un abad con su báculo (¿tal vez una representación de San Bernardo de Claraval?). Me sorprende, digo, porque el ornato cisterciense no se distingue por exhibir imágenes humanas ni animalescas en sus templos, como sucede con el románico clásico, más bien son elementos vegetales los que aparecen en ellos y de manera general. Por tanto, podría decirse que la presencia de esta figura en Rioseco quizá debería ser mirada como una originalidad.

Quedaría una última cuestión, la datación de la pila. En este sentido vemos que, sorprendentemente y a pesar de lo anteriormente dicho, la escultura del abad y su báculo tienen el sello inconfundible del románico que todos conocemos y admiramos, aquel que se muestra repleto de figuras y figuraciones. De ello podría deducirse que pudo ser tallada en los primeros momentos del monasterio en Rioseco (principios del s. XIII). Y digo Rioseco porque no parece lógico pensar que llegara a Manzanedo de los anteriores enclaves que tuvo este complejo monástico. No es imaginable el traslado de una mole como esa siendo arrastrada en carro por montes y morenas, desde Quintanajuar a los Montes de Oca y desde estos a Manzanedo. Pero bueno, no es totalmente descartable que así fuera.

 

lunes, 7 de diciembre de 2020

EL GATO DE CEBOLLEROS


FOTOGRAFÍA:
Ventana en Cebolleros (Tomada en diciembre de 2020) 

El gato merodea por lugares oscuros a la busca de algún ratón que llevarse a la boca. En los pueblos hay muchos lugares oscuros en casas vacías, el gato los conoce todos. Al gato le gustan también las ventanas, por eso hace de ellas pedestal de dominio, por eso las ocupa. El gato es un sibarita, tiene refinado gusto pero sabe amoldarse. Cuando no hay ventanas ilustres, le sirve cualquier ventana para vigilar todo lo que se menea, en cambio, cuando puede elegir, prefiere la repisa de una ventana con arte. El gato de Cebolleros, que ha salido de la oscuridad, no es que entienda de arte ni de heráldica, pero desde su repisa barroca y bajo el escudo, se siente marqués de Salazar. Y lo sería, si calzara botas.  


martes, 1 de diciembre de 2020

DE LA ESPAÑA LLENADA A LA ESPAÑA VACÍA

                                                                  Torre de Villapanillo

                                                                     Pasaje de la Torre 

     Ventana en el pasaje 


FOTOGRAFÍAS: Torre y pasaje con artística ventana en Villapanillo (30/11/020)

AÑO 1º, MES 11 del Coronavirus. Todavía Impactado y conmocionado por las imágenes de riadas humanas moviéndose el sábado por el centro de Madrid, no repuesto de los efectos secundarios que el extraño fenómeno de la España Llenada me produjo, decidí tomar un analgésico de Naturaleza, que tan buenos resultados suele darme. Y así, decidí una excursión al Gran Norte, donde hacía tiempo que no pisaba. Pensé que el paisaje me ayudaría a contrarrestar los perversos efectos de aquellas imágenes. Dicho y hecho: aprovechando que el  Confinamiento Perimetral no impedía el movimiento por la provincia, en aquella dirección nos fuimos, sin rumbo fijo. No importaba la meta, lo urgente era salir, salir en busca del analgésico que me hiciera olvidar lo que nunca hubiera querido ver. Los pueblos y su paisaje, que de tan poco usar, por culpa del Aliens que nos acongoja, podíamos llegar a olvidar, aliviarían mi malestar. Salimos de Burgos con gran sol. Fue un buen principio de la excursión, pero pronto vino a unirse a nosotros una incómoda pasajera, la señora niebla, casi siempre enemiga, aunque a veces consumada artista. Pasadas la tierras rojas de Las Torcas hizo acto de presencia y nos acompañó hasta la España Vacía, que en este caso viene a ser lo mismo que decir hasta Villapanillo. Y bien hizo la niebla llevarnos hasta este lugar de Cuesta Urria, pues era un pueblo que no conocíamos. En él descubrimos casonas de otros siglos con grandes portadas, una torre con arco-pasaje adherido y una maravillosa ventana, la que, sin dudarlo, guardé en el ya carcomido arcón de las ventanas singulares de Burgos, el que hacía ya tanto tiempo que no abría.

Embozados como íbamos, espectralmente difuminados por la niebla y envueltos en el silencio sobrecogedor de las callejas, nos pareció formar parte escénica de lo que ahora conocemos como la España Vacía, en contrapunto de la España Llenada. Dolor sobre dolor.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

EL CEMENTERIO DE “LA LOMA”

       




FOTOGRAFÍAS: Cementerio de La Loma (tomadas en noviembre de 2020)

En ese afán que todos tenemos de desprendernos de papeles cuando rebasamos cierta edad, motivado sobre todo por un deseo de no dejar rémoras a los que quedan atrás y más queremos, andaba yo revisando tantas y tantas carpetas y papeles como he ido acumulando a lo largo de los años, cuando… (no sé, tengo la sensación de que sobre esto ya he dejado algo escrito, quizá en este mismo blog, que huele ya a tan añejo como el papel que durante años duerme en una bodega). Andaba yo, ya digo, en ese trance de qué papeles guardar y cuáles tirar (esto sí, esto no, este sí, este no), en ese  trágico momento en el que, al  decidir, tienes la impresión de que se te escapa algo, o mucho, de tu ser, porque ves que periodos importantes de tu vida pueden ir a la basura, y tú con ellos. Nombres de personas con historias y de lugares olvidados, apuntes arqueológicos, escritos a bolígrafo, que un día tanto significaron y que de repente aparecen ante ti provocando graves problemas de conciencia. Andaba yo, repito, rebuscando, desenterrando carpetas, cuando ante mis ojos aparecieron cuatro folios escritos a mano, con letra no muy legible, más bien lo contrario, claramente se veía que fueron escritos deprisa, seguramente por la emoción del momento. Y ese momento fue, lo recuerdo ahora, pasada una veintena de  años, en torno a una mesa camilla y con dos mujeres entrevistadas que me contaban una de las historias más tristes y conmovedoras que nunca he escuchado.

PARA PROTESTANTES

La Loma es un alto situado al sur de Mozoncillo de Juarros, muy apartado del pueblo, demasiado, donde se juntan los límites de este término municipal y el de Salgüero de Juarros. Un lugar sujeto a los vientos más descarnados y donde el pedregal no admite otra cosa que no sea el encogimiento y el escalofrío. Allí, en esa desolación, existe un cercado de piedra, un cuadrilátero  hecho con rudimentarios muros que alguien no avisado podría llegar a confundir hoy con un aprisco de ganado. Se trata de un cercado repartido en dos mitades, una para Mozoncillo y la otra para Salgüero. A eso se reduce el llamado Cementerio de los Protestantes, aquel que un lejano día, probablemente de principios del siglo XX, debió construirse “para gente pobre  que se moría por los pueblos y que nadie los reclamaba“ (sic. Vecina de Mozoncillo), y probablemente también para suicidados, el mismo cementerio que después fue aprovechado para enterrar a aquellos que  practicaron en estos pueblos dicha rama del cristianismo en una época y en un lugar poco aptos para salirse del nacional-catolicismo. En su interior, entre los hierbajos, hace 23 años encontré algunos ramos marchitos que alguien debió dejar un Día de Difuntos (a saber de qué año) como recuerdo y homenaje a los “dos o tres” allí enterrados. Me produce escalofríos imaginar a alguien escalando hacia este desolado lugar un día de noviembre, cuando en los altos juarreños suele frecuentar la nieve y el viento escuernacabras, para depositar un ramo de flores en el inhumano cementerio. Hoy, al leer aquellos folios con olor a bodega, he vuelto a emocionarme y a sentir el silencio y la soledad de los ramos marchitos en el mortuorio cuadrilátero. Su revisión me ha hecho recordar el triste relato de dos hijas del último protestante de Mozoncillo. Me lo narraron un ya lejano día de 1997. Me hablaron de su abuelo, el último enterrado en La Loma, y de la triste manera en que su cuerpo fue conducido para su eterno descanso en el pedregal, de eso hace ahora 74 años. Mis apuntes con olor a bodega, transcritos de dicho relato, me recuerdan que aquel día había nevado, que el difunto fue trasladado en un carro tirado por una pareja de bueyes y que solo unos pocos familiares acompañaron en el montaraz y áspero camino (quizá también algún protestante llegado de fuera, alguno de los que leyeron en Mozoncillo sus biblias). Ningún convecino acompañó: aquel día los cuartillos de las ventanas del pueblo se cerraron a cal y canto, los visillos se corrieron hasta donde no se podía más y el cortejo fúnebre pasó delante de las casas ante el ostracismo general. Las campanas no tocaron a muerto, alguien lo decidió, pero los que seguían a la carreta fúnebre pasaron “con la cabeza muy alta por medio del pueblo”.