Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

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martes, 29 de septiembre de 2026

UN BISONTE EN VILLAQUIRÁN, INSÓLITO HALLAZGO EN UNA BODEGA (BODEGAS XVIII)

                                                                                                                                                             

Bisonte pintado a la entrada de una bodega. 


FOTOGRAFÍAS: Bisonte pintado en Villaquirán de la Puebla (septiembre de 2026) 

A estas alturas de nuestro quehacer en torno a las bodegas de Burgos creía que lo habíamos visto todo. Pero no, todavía estos hipogeos del vino siguen deparándonos sorpresas. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, os hablo de un descubrimiento insólito con el que nunca hubiera soñado. Luego os cuento. Primero me parece pertinente haceros una nueva confesión, una más de las muchas que hasta ahora os he hecho: un día ya lejano, alguien en este blog me preguntaba si me quedaba por visitar alguno de los muchos pueblos de Burgos. Me quedé pensando en ello un buen rato y en aquellos momentos no recordaba ninguno. Hoy ya puedo decir que sí, que había varios que no había pisado nunca, uno de ellos Villaquirán de la Puebla, el que tuve ocasión de conocer y visitar ayer siguiendo la estela de las bodegas. Todo fue fortuito: nos dirigíamos a Tamarón, y al atravesar un páramo vacío, decolorado y adusto y que parecía no tener fin, vimos una señal de carretera que indicaba un desvío al pueblo con ese nombre. ¿De la Puebla? Yo solo conocía el otro Villaquirán, el de los Infantes. Era tentador, al fin y al cabo, también allí podía haber bodegas, como las hay en todos los pueblos del medio oeste de Burgos. Tomamos el desvío, y al poco nos encontramos con un portillo (¿o mejor sería decir cuesta?) que por supuesto tampoco conocíamos. Llegados a la mitad del descenso, en un hondón de un territorio escondido, acertamos a ver el pueblo recostado, como descansando de su milenio vivido. Se parecía a muchos otros, a tantos…  


Bodegas y merendero sobre bodega en Villaquirán de la Puebla. 


Era sábado, final del verano, todavía se apreciaba alguna vida en Villaquirán. No hubo necesidad de dar vueltas para encontrar las bodegas. A la entrada del pueblo ya se veían algunas a un lado de la carretera. Eran antiguas, imaginamos construcciones de la edad céltica, la mayoría parecían abandonadas. Pronto serán ruinas, pensamos, y penamos. Junto a ellas alguien trabajaba levantando un merendero sobre bodega con trazas de castillo. Uno más de los que llevamos vistos con esta forma (¿Qué tendrán torres y castillos que tanto hemos interiorizado los burgaleses?); quizá anide en nuestros genes el deseo escondido de querer ser condes.

Luego de charlar sobre las bodegas de su pueblo, particularmente del costumbrismo que emanaba de ellas, el constructor del neocastillo nos indicó los lugares donde estaban repartidas por el pueblo. Y así, visitamos muchas desde fuera, no todas. Bien se veía que no eran frecuentadas desde hacía tiempo, seguramente desde que se perdió la costumbre de acudir a ellas al salir de misa los domingos, que es lo mismo que decir desde que la despoblación marchitó los pueblos. Las puertas, caladas con variedad de óculos de aireación, invitaban a mirar su interior (no me atrevo a decir fisgar), aun sabiendo que lo único que encontraríamos sería oscuridad. ¿Lo único? Casi siempre es así, pero no en esta ocasión. En una de ellas, pintada de verde lejano, calada con rejilla para aireación, arrimamos los ojos, y cuál no sería nuestra sorpresa al ver, justo delante de nuestras narices y pese a la poca luz que se filtraba por los barrotes, la figura de un bisonte pintado a carboncillo con gran maestría. ¡Pero qué era aquello! ¿La magistral pintura se había escapado de los murales de Altamira? ¿Se había perdido y encontró refugio en la oscuridad de una nueva cueva? Lo dejo a vuestra imaginación, queridos amigos de este Cajón de Sastre. Para nosotros siempre será El Bisonte de Villaquirán.


Oculto detrás de los barrotes.


viernes, 29 de agosto de 2025

BODEGAS DE ZAZUAR, UN PAISAJE DE FANTASÍA: LOS BORRESQUILES (BODEGAS XIII)


Bodegas y árboles del paraíso, un conjunto de fantasía. 

FOTOGRAFÍAS: Bodegas de Zazuar, en primavera y en verano de 2025 

Sin ninguna duda, el conjunto de bodegas de Zazuar es uno de los más pintorescos y mejor cuidados de Burgos. Tuve ocasión de descubrirlo en el pasado abril, cuando la incipiente primavera teñía de verde los túmulos sobre los cabañones y arropaba con mimo las originales y robustas zarceras, auténticas chimeneas de hadas que surgen como periscopios del inframundo del vino; zarceras que se alzaban, íntegras (milagrosamente íntegras) conformando un paisaje de ensueño. En aquella visita, siguiendo con la aventura de las bodegas tradicionales burgalesas (recordad, queridos amigos, que nos habíamos quedado en la entrega XII), tuvimos ocasión de adentrarnos, de la mano del señor Justiniano, en una bodega, de la que es copropietario, cuyas formas no se diferenciaban mucho de las que llevábamos vistas hasta entonces. Las diferencias entre unas y otras no son muy grandes, en efecto, al menos en lo esencial, sin embargo, hay algo que puede impresionar a un neófito en las de Zazuar, y esto es las distintas habitaciones existentes, a uno y otro lado de la que podría llamarse galería principal, cada una de un dueño distinto pues son bodegas compartidas. Son habitaciones angostas, lúgubres, donde cada uno de aquellos duerme su vino en la oscuridad más absoluta, con puertas de hierro viejo, hoy recubiertas de gruesa capa de herrumbre, que más recuerdan a las mazmorras del Conde de Montecristo que a otra cosa. Son lo que se conoce como borresquiles (quedaos con esta palabra, queridos amigos de este Cajón de Sastre, porque ni en el Diccionario de la RAE la vais a encontrar, ya que debe tratarse de un aislado y muy particular localismo). ¡Borresquiles!: nueva y maravillosa palabra para guardar en nuestra memoria. Que no se pierda.


Periscopios de las bodegas. 

Afortunada conservación de un  conjunto de ensueño.


Puertas de acceso a borresquiles.


En aquella visita abrileña, el señor Justiniano nos habló de una comida popular que se celebraba todos los años en las bodegas, un día de agosto y en la que participaba todo el pueblo. Ah, eso me interesa mucho, le dije, pues es la huella de la socialización en las bodegas, que tanto auge tuvo en el pasado, uno de los aspectos que más me interesaron y me animaron a emprender mi periplo bodeguero.  El de Zazuar me invitó a la fiesta y por supuesto que acepté con gusto. Y ahí me veis, queridos amigos, nuevamente en Zazuar hace poquitos días, pero con un paisaje ambiental que ya no es verde, sino amarillento, requemado por el sol de un verano ardiente. Solo un grupo de árboles del paraíso, salpicados entre las bodegas, conservaban un halo verde y rompían la monotonía de la hierba agostada. Benditos árboles de sombra y perfume, cuyas semillas algún indiano zazuarino acertó a traer de Argentina en una de sus visitas a su pueblo.

Durante meses estuve imaginando cómo sería la comida popular en las bodegas de Zazuar; en mis cavilaciones pensaba que tendría lugar en el sombrío de las propias bodegas, parecía lógico, para protegerse del calor que se presumía en un día de agosto. Pero no, a veces lo que imaginamos nada tiene que ver con la realidad de las cosas. Lo cierto es que la participación fue masiva y que cada núcleo familiar o grupo de amigos había adosado a los cabañones grandes toldos para situar mesas y sillas. Inteligente forma de instalación de algunos, sin duda, pues así la frescura salida de cada bodega podía aliviar los 30 grados reinantes. Imaginad, pues, queridos amigos, un campamento de Miramamolín, con jaimas aquí y allá, casi una por cada bodega, y os aproximaréis al ambiente. Todo un espectáculo.


Comida popular sobre las bodegas.

Jaimas aquí y allá. 

Jaima del bingo, al atardecer.

Un día de bodegas a la sombra ganada.

Que no todo está perdido en la ancestral costumbre de socializar en los barrios de bodegas de nuestros pueblos.


ADENDA 

MÁS IMÁGENES DE LAS BODEGAS DE ZAZUAR

(9/10/2025)

Pasado un pequeño tiempo desde la publicación de esta entrada, hemos tenido la grata sorpresa de que María Miguel Bueno, una zazuarina seguidora de este blog y enamorada de su pueblo y sus bodegas, ha tenido la gentileza de enviarnos una serie de magníficas fotografías hechas por ella misma y correspondientes a las bodegas de su ribereño pueblo. Todos agradecemos su colaboración y con mucho gusto las insertamos aquí como complemento a lo ya publicado. Muchas gracias, María, por estar trabajando en el estudio y conservación de vuestro maravilloso conjunto de bodegas, que sin duda es un bien de interés cultural de primer orden. 

    








 

viernes, 30 de agosto de 2024

LOS ABRAZADOS DE TUBILLA

 

Hombre y mujer, románicos y en santo abrazo. 

FOTOGRAFÍA: Canecillo de la iglesia de San Miguel en Tubilla del Agua (Tomada en agosto de 2024) 


Holaaaa, ¿hay alguien ahí? … Silencio. Lógico, todos debéis estar de merecidas vacaciones, queridos amigos de este viejo arcón. Esto es agosto.  Yo mismo he cambiado también de lugar para hacerme fijo en los atardeceres de mi pueblo adoptivo. Demasiado abandono, la verdad, y por ello os pido disculpas. Pero al grano, abramos nuestro Cajón de Sastre para guardar mi último descubrimiento. Se trata de un posible canecillo, procedente de la iglesia arruinada de San Miguel, hoy recostado en el suelo y sobre un muro en la de Tubilla del Agua, con el motivo toscamente labrado de un hombre y una mujer en posición clara de afectuoso y santo abrazo. Había visto cientos de canecillos románicos en las iglesias de Burgos, con temas de todo tipo, muchos de ellos de carácter monstruoso, escandalosamente eróticos, o incluso algunos en posición de evacuación de materia fecal, pero nunca había visto una pareja de tortolitos abrazándose como lo hacen en esta desubicada piedra. Celebremos juntos, pues, esta insólita escena amorosa y medieval, que sin duda será una bonita manera de reencontrarnos.    

lunes, 1 de julio de 2024

EL INCANSABLE BAILARÍN DE SAN MILLÁN


En grupo, solo o acompañado, bailar en las fiestas de los pueblos
es la pasión de Daniel.


FOTOGRAFÍAS: Fiesta de San Juan en Villazopeque (Tomadas el 24 de junio de 2024)


Interrumpo la serie sobre bodegas que aquí llevamos para contaros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, una experiencia que recientemente he tenido ocasión de vivir, y de disfrutar; involucra a una persona extraordinaria que de un tiempo a esta parte viene haciéndose popular en las fiestas de nuestros pueblos. Os cuento:

Invitado por dos buenas amigas a las fiestas patronales de su pueblo, Villazopeque, el día de San Juan acudí a este lugar, y como un participante sanjuanero más asistí a la programación con buen ánimo, pues lo tradicional y festivo de los pueblos, con sus reuniones familiares, gaitas, tamboriles y ropas de domingo, suele emocionarme; hay algo  de auténtico en ello que me hace creer que no todo está perdido. Por la mañana, a la salida de misa, hubo convite en el ayuntamiento, y mucha gente, mucha más gente que habitantes de a diario en esta villa nos arremolinamos en torno a pinchos y bebidas.     

Por supuesto, cuando recibí la invitación a la fiesta ignoraba que en su transcurso habría de conocer a un curioso personaje que, si no fuera de carne y hueso, como bien pude comprobar, pues le estreché la mano y sentí su calor, hubiera pensado que se trataba de un muñeco mecánico de cuerda larga, por no decir de movimiento continuo.


Daniel baila y baila sin parar, como si en ello le fuera la vida


San Juan de Villazopeque tiene quien le baile.


Por la tarde, tras la comida, cuando el sol más apretaba y sobraban las chaquetas, voltearon las campanas, sonó la música y se organizó la procesión. San Juan, el de la noche parrandera y la mañana mágica, fue sacado de su largo encierro como siempre se sacó en este día. Yo mismo recorrí las callejuelas del pueblo detrás de él, como un vecino más, mientras redoblaba el tamboril, sonaba la gaita y algunos danzantes bailaban la jota delante. Un cuadro que invitaba a la ternura, queridos amigos. Pero más conmovedor aún fue el hecho de que un danzante, a quien nadie conocía y con chaqueta y pantalón oscuros, bailara en el grupo sin parar, con la solvencia de un profesional y con tantas ganas que parecía que en ello le fuera la vida. ¿Pero, quién era aquel admirable bailarín que con tanta vehemencia y arte se movía? ¿Era acaso alguien contratado para la fiesta? Entre sorprendido y admirado, pregunté a varias personas que seguían la procesión y nadie supo darme razón de quien era aquel auto-invitado que, empapado de sudor, bailaba y no paraba de bailar. Nadie le conocía, nadie sabía de dónde había venido. “No es de aquí, he oído que debe ser alguien que va por los pueblos a bailar en las fiestas”, fue lo más que pudieron decirme.

Al volver de la procesión hubo un alto a la entrada de la iglesia, los joteros siguieron bailando al santo, y el infatigable y desconocido bailarín, seguía moviéndose como si nada bajo el inclemente sol de las cinco de la tarde. Pararon los demás y él seguía y seguía bailando, solo o con quien quisiera acompañarle, al tanto que chorros de sudor brillaban y corrían por su cuello.  A continuación, junto al ayuntamiento, se preparó el baile formal y un disk-jokey animó al personal (por lo general gente joven), con toda suerte de “piezas”, desde el obligado pasodoble al reguetón, pasando por “el serrucho”, “la mahonesa” y otros que ni conozco ni recuerdo. El bailarín no perdía comba, conocía los pasos de cada una y los interpretaba con tanta maestría y dedicación que a todos dejaba atónitos. Paró por unos instantes el dj y fue cuando, no pudiendo contener por más tiempo mi curiosidad, me atreví a dirigirme a él para saber sobre su persona, sobre el porqué de su especialidad bailona y sobre su presencia en Villazopeque. Me dijo su nombre, Daniel Arce, que era de San Millán de Juarros, que tenía 25 años, que su afición al baile le venía de muy chico, que le gustaban las tradiciones de los pueblos y que por eso, siempre que sabía de una fiesta,  acudía a ella con su coche para animar el cotarro y ayudar a que lo tradicional no decaiga. “Ah -le dije-, a mí me gustan también las tradiciones populares, incluso he llegado a escribir alguna cosilla sobre los pueblos”. Me preguntó mi nombre, y al dárselo fue cuando me estrechó la mano y me dio su permiso para escribir. 

Daniel Arce, el incansable bailador de los pueblos 

 

lunes, 6 de noviembre de 2023

DÍA DE MUERTOS EN UN LUGAR DE MÉXICO

        

Ruinas de iglesia colonial y tumbario 



Juncia y flores


Alegre colorido para la muerte


FOTOGRAFÍAS: Cementerio en San Juan Chamula (nov. 2023)

Había prometido estar este año en México por el Día de Muertos, era, y aún sigue siendo, un sueño que arrastro de muchos años. Quería conocer in situ cómo se celebra a la muerte en este querido y bello país. No ha podido ser, otras obligaciones de última hora han surgido que me lo han impedido, y bien que lo he sentido. Conociendo mi interés, y mi decepción por no poder acudir a la cita, un ser querido me ha enviado una serie de fotografías de dicha festividad, obtenidas en un lugar que ya conocía de otras ocasiones. Se trata del cementerio de San Juan Chamula, cuyo pueblo celebra y recuerda a sus muertos con una decoración que emociona. La vistosidad del tumbario en estos recientes días, y el costumbrismo que se desprende de ella, no puede sino causarnos profunda admiración. Quiero compartir con vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, este sueño de muertos bajo la juncia, porque sé que lo vais a tomar con respetuosa alegría. 


Para ofrendas


lunes, 9 de octubre de 2023

VARIACIONES CHINCHES Y OTRAS EXPRESIONES



FELIZ OTOÑO 2023

FOTOGRAFÍA: Color de otoñada 

Una plaga de chinches de cama se ha apoderado de París. ¡París nada menos! ¡Vaya, notición! Esto me recuerda a mi niñez, cuando en Burgos, allá por los años cincuenta del XX, teníamos que convivir con estos bichitos, que tenían la costumbre de colonizar en masa las uniones de los travesaños de las camas. Cada uno luchaba contra ellos como podía, creo recordar que en mi casa se utilizaba el zotal, aunque no estoy muy seguro de que fuera este producto. Sea como fuere, el caso es que eran una plaga y que tenerlos en casa no era plato de gusto. Afortunadamente aquello ya pasó (no sé si del todo), pero la huella de su presencia quedó anclada en nuestro vocabulario. Como muestra de lo antipáticos que siempre nos han parecido, os propongo, queridos amigos, algunas variaciones derivadas (seguro que vosotros conoceréis alguna más), cada una de ellas con el significado de incomodidad, molestia, incordio o insulto amable que lleva emparejado.

  

¡Chinche, que eres un chinche!

Eres un poco chinche, ¿eh?

No me chinches, no me chinches…

¡Ese es un chinche!

¡Pero qué chinche eres!

¡Chincha y rabia!

¡Cómo te gusta chinchar!

¡Deja ya de chincharme!

¡Me estás chinchando mucho!



                    FRASEOLOGÍA BURGALESA DE USO COMÚN

Y ya puestos en frases y expresiones de uso común en Burgos (que supongo serán iguales o parecidas a las de otros muchos sitios) os propongo también una colección que, con la ayuda de algunos amigos, he podido reunir en muy poco tiempo. Aplicarme a ello fue responsabilidad de una mujer de Castil de Lences. Os cuento: en una reciente visita a este maravilloso lugar tuve oportunidad de charlar con una de sus vecinas, una que encontré junto al arroyo cantarín que surge del convento de las clarisas. Al iniciar la charla y para romper el hielo, pensando que ello podría agradarle, le dije de sopetón:

-En qué pueblo tan bonito vive usted. El mío también es bonito.

Y ella se interesó:

-Pues, ¿de qué pueblo es usted?

-De Peñahorada -le dije.

Y ella me dijo:

-¡Bah, lo mismo tiene!

 

                         ¡Bah, lo mismo tiene!

Este “¡Bah, lo mismo tiene!”, estuvo resonándome en los oídos durante largo tiempo. Me resultaba familiar la expresión, pero hacía muchos años que no la escuchaba. Así dicho, con el “bah” delante y entre exclamaciones, su significado es bien conocido para los que peinamos canas, pero probablemente las generaciones nuevas no lo conozcan. Simple y llanamente quiere decir que ni comparación un pueblo con otro, por supuesto, en este caso, mucho más bonito el suyo. Días más tarde, comentándolo con mi amigo Miguel, se nos ocurrió que hay expresiones en el habla burgalesa que se han perdido o que están a punto de perderse. Por eso estuvimos chateándonos durante un tiempo cada vez que recordábamos una nueva. Y en esta misma dinámica, en una comida de amigos, también con canas, en la sobremesa tuve ocasión de agregar a las que ya tenía una buena partida de ellas. Reunidas todas, unas más trasnochadas que otras, tengo el placer de compartirlas con vosotros, queridos amigos, que seguro podríais aportar muchas que aquí no están.

Soy consciente de que muchas necesitarían ir acompañadas de una explicación respecto a su significado, pero eso sería harina de otro costal.

 

COLECCIÓN

¡Lo mismo tiene!; Que sea una hora corta; A bajar de un burro; Mejorando lo presente; Se me ha ido el santo al Cielo; A trancas y barrancas; ¡Figúrate!; Pues anda que tú…; ¡Ande va usté a parar!; ¡Ay que tío por dos reales!; ¡Manda huevos!; ¡Pues ándate con bromas!; ¡Ni siquiera en broma!; ¡A saber!; ¡Más te vale!; ¡Qué quieres que te diga!;Pues no sé qué decirte; ¡Ya te digo!; ¡La has hecho buena!; En el quinto pino; En el campo Lilaila; ¡Válgame el Cielo!; ¡Válgame Dios!; Ese no se anda con bromas; Si es un perro te muerde; ¡Estoy hasta las narices!; ¡Menudo fregao!; Pues ahora que lo dices…; ¡No te joroba…!; Más tonto que el que asó la manteca; Más raro que doña Mauricia; Más sordo que una tapia; Más tonto que Abundio; ¡Que Dios nos pille confesaos!; ¡Que te crees tú eso!¡Estás como una regadera!; Verdes las han segado; A la chita callando; Comer sopas y sorber no puede ser; Tienes una forma de pedir que parece que das; Como el que no quiere la cosa; No te arriendo las ganancias; Paja pal boche; Átatelo a la faja; A verlas venir; Así se las ponían a Felipe Segundo; Que si quieres arroz, Catalina; Cada loco con su tema; Qué le vamos a hacer…; Tan jodido es enero como febrero; Tente mientras cobro; Pan para hoy y hambre para mañana; Ir de picos pardos; Ni hablar del peluquín; Para ti la perra gorda; Entre Pinto y Valdemoro; ¡Mira tú por dónde!; De la ceca a la Meca; No hay dos sin tres; Contigo pan y cebolla; ¡Eso es una burrada!; Verdes las han segao; Al pan, pan, y al vino, vino; De puta a puta taconazo; Por si las moscas; Buen puñao son tres moscas; Matar moscas a cañonazos; Tiran más dos tetas que dos carretas; Por arte de birlibirloque; Que Dios te ampare; ¡Ay que joderse!; ¡Ver para creer!; ¡Si no lo veo, no lo creo!; Lo dijo Blas, punto redondo; ¡Estamos apañaos!; Cuando el río suena, agua lleva;¡Qué memoria la mía!; Éramos pocos y parió la abuela; ¡Vaya, sonó la flauta!; A tu gusto, mula, y arrastraba al amo; Me importa tres pepinos; Borrón y cuenta nueva; Donde las dan las toman; A mesa puesta; A troche y moche; A tirios y troyanos; De los suyo gasta; Consejos vendo, que para mí no tengo; Dame pan y llámame tonto; ¡Es que, a quién se le ocurre!; No sabe ni por donde le da el aire; Para que luego digas; ¡Ay, si tú supieras!; ¡Vete a la mierda! ¡Vete a freír espárragos!; ¡Vete a freír churros!; ¡Vete a tomar por culo!; ¡Vete al carajo!; ¡Vete a tomar viento!; ¡Bastante tengo yo para que encima…!; Palo y tentetieso; Sí, majo, sí, lo que tú digas; Me importa un carajo; Todo el día de aquí para allá; ¡Pues menudo es!; Cuando el río suena…; ¡Vaya, sonó la flauta!; A ese hay que echarle de comer aparte; ¡Pues ya son ganas!; ¡No te lo vas a creer!; Vaya tejemaneje que te traes; ¡Que Dios nos pille confesaos!; ¡Joder qué pintas!; Luego vienes a la hora nona; A quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga; Se necesita Dios y ayuda; ¡A mí plin!; Me la trae al pairo; Póngame cuarto y mitad; ¡Te vas a enterar tú de lo que vale un peine!; Más tonto que mandao hacer de encargo; Más largo que un día sin pan; ¡Vaya por Dios!; A pies juntillas; Juntos pero no revueltos; ¡Menuda tremolina se ha armao! A tontas y a locas; Tirar los tejos; Tirar de la manta; No sé qué quieres que te diga; San se acabó (Sanseacabó); ¡Ojo al parche!; Le ha dado una ventolera; ¡Ancha es Castilla! Más se perdió en Cuba y venían cantando; A la chita callando; ¡Carretera y manta!; ¡Andando, que es gerundio!; Vamos a ir yendo; Dame pan aunque nunca cuezas; ¡Ni flores!; Ni puta idea!;  Pero con todo y con eso; ¡Mira tú por dónde! ¡Ande va a parar! ¡Oye, oye, para el carro! "Sin en cambio (por contra)"; ¡No te amuela...!; Se me ha ido el santo al cielo; 


domingo, 1 de octubre de 2023

EL MORAL DE ARCELLARES LLORA POR EL ARCE SERRADO DE ADRIANO

                                                        

Si alguien no lo sierra, el moral de Arcellares morirá de viejo. 

FOTOGRAFÍA: Moral de Arcellares (Tomada en octubre de 2008).

       ¿Qué haces, viejo moral de Arcellares, con tus centenarias y gruesas ramas tan caídas que parecen lágrimas?  Lloro por el arce abatido junto al muro de Adriano, mis ramas se caen de tristeza y enfado. No comprendo cómo hay humanos tan enfermos, o tan despiadados con los de mi especie. ¿Qué daño imposible hizo al chico que lo taló, qué sombra generosa no fue buena para él, qué mala imagen ofrecía y desvirtuaba el paisaje en aquel alto collado de los romanos? Era mi hermano de tres siglos, soy demasiado viejo y no sé si viviré tanto como para ver cómo de sus raíces germina un nuevo vástago.  

martes, 23 de mayo de 2023

UNA CIUDAD DE LA MEDIA LUNA EN VILVIESTRE DEL PINAR

      

Una ciudad amurallada, con posibles minaretes, medias lunas y banderitas.


Simbolismo. 


FOTOGRAFÍAS: Iglesia de Vilviestre del Pinar (Tomadas en mayo de 2018).

Este archivo fotográfico mío no hace más que darme sorpresas. Os cuento, amigos de este Cajón de Sastre. Con harta frecuencia suele sucederme que, rebuscando para algún tema concreto en el maremágnum de imágenes guardadas, me salen al paso temas que en su día dejé orillados con la idea de que en algún momento podría resucitarlos. Muy pronto, sin embargo, se fueron yendo al olvido, y de no ser por dicha rebusca la mayoría se hubiera quedado en el limbo del olvido definitivo. Estos encuentros me crean problemillas (benditos problemillas), pues en más de una ocasión me hacen cambiar de chip en los trabajos que tengo entre manos, como es el caso que hoy me trae. No me importa mucho, la verdad, pues volver atrás es, en cierto modo, una manera de rejuvenecer, en este caso cinco añitos. Pero bueno, a lo que iba. Hablábamos de una sorpresa, y esto es lo que realmente experimenté cuando en mayo de 2018 me dio por visitar pueblos de la zona de pinares en busca de ventanas singulares. Iba buscando ventanas, en efecto, tarea que ya conocéis, pero me encontré en Vilviestre del Pinar con una ciudad de la media luna, en una insólita obra pintada a todo color. Ocurrió en la iglesia parroquial de este lugar. Fue una gran sorpresa, como os podéis imaginar, queridos amigos. En el altar mayor, detrás de un gran Cristo Crucificado, llenando el hueco que deberían ocupar calles de un retablo con su normal imaginería, encontré un lienzo pintado sobre tabla en el que vi representada una ciudad amurallada con un montón de supuestos minaretes coronados por medias lunas y banderitas. ¡Oh, una ciudad del islam!, me dije lleno de estupefacción. Intenté atar cabos para la interpretación del precioso lienzo y se me ocurrió que el pintor, probablemente de finales del siglo XVII o principios del XVIII, debió ser buen conocedor de ciudades islámicas o islamizadas (aunque solo fuera de oídas o por libros), pero más aún un buen cristiano, pues quiso que el Crucificado imperara con su grandeza sobre los seguidores de la media luna, y que la Virgen María, representada en forma de luna con cara de afable mujer, acompañara en la celestial escena. Es una forma de ver e interpretar el conjunto, seguro que puede haber otras. En todo caso, es una curiosidad más de las muchas y maravillosas que nos vamos encontrando en esta insólita provincia que no para de sorprendernos.

miércoles, 17 de mayo de 2023

CAMPANARIO HULK


El increíble Hulk visto por la espalda. 


FOTOGRAFÍAS: Ermita de El Salvador, en Tamarón. (Tomada en mayo de 2023)

No sé a vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, pero a mí esta figura de apariencia antropomorfa, creada por la hiedra en una ermita de Tamarón, vista de espaldas me recuerda al increíble Hulk. Hay algo en esta poderosa, musculosa masa-vegetal que hace que vea en ella al personaje fantástico del cine. Pero es un Hulk verde que ni da mamporros ni nada parecido, solo sustenta la espadaña-campanario con sus brazos argamasa, lo cual no es poco. Si no fuera por su descomunal fuerza y su pacientísima labor la torrecilla campanil ya hubiera caído hace años, como sucedió con la nave. A veces, la hiedra, testigo solitario del paso del tiempo, además de proporcionarnos imágenes insólitas y bellas, cumple la función de conservar el patrimonio.   

  

Un Hulk verde y protector.

martes, 2 de mayo de 2023

EL PORRÓN DE ANGUIX


El porrón de Anguix, una escultura muy sugerente.

FOTOGRAFÍA: Porrón de Anguix (tomada en abril de 2023)

         Hicieron una apuesta en el pueblo para ver si alguien conseguía llenar de agua el gran porrón de Anguix. El premio para el ganador sería toda la cantidad de vino que cupiera en él, una cantidad para nada despreciable, pues el popular y muy especial recipiente tenía capacidad para muchas cántaras. Y así, tras la oportuna publicidad, llegaron a presentarse en la apuesta gente no solo de Anguix, sino de otros muchos pueblos ribereños. El porrón se había hecho ya famoso y todo el mundo quería participar. El día establecido no cabía un alfiler en el pueblo, las calles, las plazuelas, y sobre todo el montículo donde se encontraba el recipiente, era un hervidero de gente. Una fiesta como nunca se había visto. Al mediodía, la gran escalera para subir a la embocadura se encontraba ya instalada, una cola de concursantes con todo tipo de jarras y jarrones se aprestaba a llenar de líquido el panzudo. Drones con depósito de agua incorporados, modalidad de participación que también fue aceptada, sobrevolaban la zona esperando su turno. Justo cuando el reloj de la iglesia dio las doce comenzó a subir el primer concursante por la gran escalera. Y estaba en lo más alto, a punto de verter el agua que llevaba en su adminículo, cuando desperté y me di cuenta de que todo había sido uno de mis estrambóticos sueños; pensé también, en ese mismo momento, que los manantiales de agua este año debían estar en la últimas y no hubiera sido apropiado derrochar tanta agua por algo tan banal como la festiva apuesta.   

martes, 24 de enero de 2023

WILLIAM TURNER, GRAFITIS EN EL ÁLAMO PLATEADO


Grafitis en el álamo plateado, justo debajo de la marca de agua.


William se subió a lo más alto del álamo plateado
para grabar su nombre


FOTOGRAFÍAS: Álamo plateado en la ribera del Arlanzón. Río Arlanzón (Tomadas en enero de 2023 y mayo de 2020).

Echo la vista atrás, cierro los ojos, y apenas puedo creerlo. ¿Fue un sueño o fue realidad? ¿De verdad hubo un tiempo, reciente, en que estuvimos confinados en nuestras casas, sin poder salir de ellas salvo permiso concedido de una hora, como si estuviéramos presos en una cárcel de barrotes y nos dejaran salir al patio durante ese tiempo para estirar las piernas? ¿De verdad que al ver llegar de frente a otras personas por el camino nos separábamos de ellas como si fueran apestadas, como si nosotros mismos lo fuéramos? “No pudo ser, es imposible”, quizá digan generaciones venideras. Pero lo cierto es que todos lo sufrimos, sabemos que unos más dolorosamente que otros. Personalmente aquella mascarada paralizante, que tantas desgracias causó, la llevé sin mucha frustración. Y, a decir verdad, hoy la recuerdo con cierta y positiva melancolía, no por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor (que no fue mejor), o por el tonto orgullo de ser testigo y haber vivido un importante acontecimiento histórico, sino porque los sesenta minutos que se nos concedía a los de mi edad para salir a la calle, y los cortos trayectos que se nos puso como límite para movernos me permitieron dar deliciosos paseos diarios por las orillas del Arlanzón. Ah, qué paseos tan gratificantes. Paseos del Covid, los bauticé, tan cortos, pero tan intensos, y tan diferentes en la valoración. Los recuerdo ahora y veo en ellos el bosque de ribera, con sus chopos plateados, sauces y abedules escoltando nuestro gran río, que corría más libre y veloz que nunca lamiendo las patas de una solitaria garza. Todo me parecía más hermoso que nunca. Una hora de libertad vigilada me permitía saborear todo hasta límites que nunca hubiera sospechado: el camino, el bosque, el cielo y el río, como si en ello me fuera la vida. De aquellos paseos recordé hace poco un poderoso chopo-álamo, el ejemplar más grueso de todos los que jalonan el camino junto al río, cuya imagen, de tanto pasar junto a ella se me hizo familiar. Me llamó la atención entonces por su gran porte, sin embargo no fue hasta hace poquitos días, en otro de mis paseos por el mismo recorrido, con libertad de tiempo, cuando descubrí que el árbol guardaba una sorpresa. En lo más alto del tronco principal columbré un grupito de grafitis, a tamaño mínimo, en el que, a pesar de la altura, acerté a leer un nombre, WILLIAM TURNER, una fecha, XXII-X-XV y la descripción de la especie del árbol, ÁLAMO PLATEADO. Igualmente columbré otros signos en otra gruesa rama, también inaccesible para los no preparados, pero estos no se veían claros y no los pude descifrar. Aquello despertó mi curiosidad, tenía que fotografiarlo, y para ello volví de nuevo con cámara de alcance.

A la vista de dichos grafitis, pregunto al viento, ¿a quién si no?:  ¿Quién fue este William Turner que tanto arriesgó para hacer su obra? ¿Fue acaso un anglohablante, caminante de Santiago despistado que no pudo resistirse a la piel tan clara y fina del álamo plateado? Me temo que nos quedaremos sin respuesta, aunque seguir su pista podría ser bonito tema para una novela. Lo que sí parece seguro es que, con su escalada a las cumbres del árbol, el autor pretendió que su nombre no pudiera ser borrado fácilmente.


Durante el Covid el Arlanzón seguía su camino,
como si nada ocurriera.


martes, 20 de diciembre de 2022

LOS ESGRIMISTAS PINTADOS DE ESCALADA


Esgrimistas de Escalada 


FOTOGRAFÍAS: Pinturas en casa de Escalada (Tomadas en 2015) 

Una pintura esquemática, en la fachada de una casa de Escalada, muestra la imagen de dos esgrimistas en acción de lucha. Pintada sobre el revoco, la sorprendente escena forma parte de un panel, extendido a lo ancho del muro y pintado en almagre, con distintos motivos de significado y simbolismo cristiano. Todo el conjunto pictórico se halla bajo la sombra del alero del tejado, por donde discurre una greca decorativa igualmente pintada, de lo cual se infiere una posible intencionalidad de protegerlo contra las adversidades climáticas. Probablemente a ello se deba el hecho de que las pinturas, aun estando al aire libre, hayan perdurado hasta nuestros días. Bien es cierto que hay una parte del conjunto que tiene doble protección, pues con fecha posterior a su ejecución se hizo una balconada con tejaroz avanzado sobre la ventana mayor del citado muro, lo que ha permitido que en dicho lugar las pinturas se hallen mejor conservadas o menos desvaídas. Es sobre esta ventana donde puede verse, junto a algunos motivos religiosos pintados, entre ellos el anagrama de Jesucristo y una roseta hexapétala con el mismo significado, una leyenda corrida que da a conocer al propietario constructor de esta casa, Juan Manuel Fernández, y la fecha en que se realizaron las pinturas (o al menos una parte de ellas), lamentablemente borrada por un desconchado del revoco. Por el tipo de letra podría aventurarse que esta cartela pertenece al siglo XIX, o incluso a principios del XX, lo cual parecería no ser acorde con las representaciones situadas fuera del ámbito del balcón, particularmente con el expresivo y elegante combate de los dos esgrimistas, que requiere un dominio del arte de la esquematización no acorde con las anteriormente descritas, a nuestro juicio más burdas o menos perfeccionadas. Todo ello, desde luego, sin descartar que la totalidad de las pinturas fueran ejecutadas al mismo tiempo y por un mismo artista, quizá lo más acertado.

En lo que respecta a los motivos pintados y su interpretación, es evidente que, como ya se ha apuntado, parecen referirse a aspectos de simbología cristiana. Distintas cruces, dos de ellas con pedestal, pictogramas de Jesús, y jarrones de lirios, probablemente representados como símbolo de la pureza, así lo proclaman. Más difícil de interpretar son los dos tableros con múltiples cuadrículas que aparecen en el muro, aunque su presencia podría estar en la órbita de los alquerques que con tanta frecuencia aparecen en iglesias medievales, a veces como elementos trascendentes y/o apotropaicos, en cualquier caso, igualmente con un sentido religioso.  

Por último y en lo que se refiere a la lucha de los dos esgrimistas, aparentemente eclesiásticos a juzgar por los posibles bonetes que lucen en sus cabezas, podría verse en ella, más que un duelo al uso y con sangre, un símbolo, una forma incruenta de batalla dialéctica por distintas maneras de interpretar alguna cuestión de índole religiosa o filosófica. Todo lo cual nos llevaría a pensar en una cosa segura, que la casa, con sus pinturas, perteneció en origen a algún miembro de la Iglesia, a lo que se ve versado en simbología cristiana.


Casa de las pinturas


Panel de pinturas con distintos símbolos 

Leyenda bajo el tejaroz