Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 5 de agosto de 2021

EMILIO ARCE, MEMORIA DE VILLARGÁMAR (y IV)

 

FOTOGRAFÍAS: Hospital del Rey (Tomadas en 2021 y circa 1970)


Segundo año del Covid. Como culminación de la serie de entrevistas que en este verano he mantenido con Emilio Arce, en su casa y en su huerta de Villargámar, os traigo hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, algunas jugosas noticias sobre la estancia en el hospital del Rey de las tropas marroquíes-musulmanas, combatientes en nuestra malhadada Guerra Civil y heridas en combate. Emilio tenía 12 años cuando estalló el fratricida conflicto, por eso sus recuerdos son bastante nítidos y por eso valiosos testimonios para la historia del mismo en Burgos, y por supuesto para la del barrio. Algunos hechos descritos parecen salidos en clave de humor, y quizá por ello menos creíbles, pero el nonagenario de Villargámar, testigo directo por ser vecino de dicho hospital, es sin duda un preciado referente y a tener en cuenta.


Puerta de Romeros, circa 1970



EL HOSPITAL DEL REY FUE “HOSPITAL DE LOS MOROS”

Como “moros” designa Emilio a aquellos combatientes musulmanes heridos en la contienda civil, siguiendo con una tradición definitoria muy española, por eso no resulta extraño que al referirse al Hospital del Rey lo haga como Hospital de los Moros: “Ese era el Hospital de los moros; ahí traían a todos cuando les herían en la guerra, ahí venían a curarles; eran soldados normales, dormían en el Hospital, en barracones” (estos "barracones" a los que se refiere Emilio deben ser las aulas que hoy miran a la Facultad de Económicas). 


“MORIR EN ESPAÑA Y RESUCITAR EN ÁFRICA”

            Emilio recuerda una expresión que yo mismo he registrado en otros lugares de Burgos donde tuvieron lugar batallas en las que participaron tropas marroquíes: “Dice que decían algunos: morir en España, resucitar en África. Eso lo decían muy a menudo cuando estaban aquí, en el hospital, porque traían los heridos aquí, al hospital. Eso decían ellos, pero, ¡joder!, entonces, cuando llegaba uno cojo, que llegaba y le cortaban una pierna, iban allí y…; les habían matao y resulta que no querían volver ninguno allí, [porque] no resucitaban como decían ellos”.  


HERIDOS POR LAS PIERNAS, SE PONÍAN EL GORRO EN EL PIE

            Es bien conocida, en cualquier guerra,  la argucia utilizada por algunos soldados poco beligerantes de  pegarse un tiro en el pie para ser llevado a un hospital y librarse de una posible muerte en batalla. Emilio nos lo cuenta así: “Los heridos [que llegaban al hospital] casi todos [era] por las piernas, porque cuando la guerra se ponían el gorro en el pie, pa que tiraran al pie y no les diera en la cabeza, pa irse a su tierra después. Casi todos era de las piernas de lo que estaban heridos. Al atacar, ponían el gorro en el pie, y por eso la mayoría venían aquí [al hospital] heridos por las piernas”. 


SE BAÑABAN EN LA FUENTE EL SAUCE

[Los “moros”] venían a bañarse a una fuente que tengo yo ahí, en la Fuente el Sauce [de la Granja Villargámar], porque era una Poza grande, que tendría dos metros de larga o así. Y yo les veía como se bañaban”.


FUMABAN MUCHO HACHIS 

“Fumaban mucho hachís, con pipas de esas, más largas que… [Fumaban] cuando salían por la calle, con una pipa más grande que la madre que la parió. Todos salían del hospital con la cachimba esa, y por aquí, por las afueras.  Llevaban turbantes, y se ponían unos pantalones que detrás tenían mucha culera, así venían vestidos todos, y con una capa”. 


Santiago Matamoros tuvo que ser cubierto para evitar que le apedrearan 

  

 

TIRABAN PIEDRAS A SANTIAGO MATAMOROS. HUBO QUE TAPAR LA FIGURA ECUESTRE   

Existe a la entrada del primer patio del Hospital del Rey la típica figura ecuestre de Santiago Matamoros, en acción de eso mismo, la de matar moros. Y eso, al parecer, no debía agradar mucho a los hospitalizados musulmanes, que según Emilio, no dudaban en apedrearla. Así nos lo cuenta el de Villargámar:  “Lo que más les llamaba la atención [en el hospital] era el Santiago Matamoros, que tuvieron que taparle con un biombo, pa que no chillaran [los moros], porque si le ven la armaban cojonuda, igual tiran la iglesia y todo, y por eso pusieron unas chismas de chapa, de un cajón de chapas. Lo puso el Gobierno, los que mandaban con Franco. Le tuvieron que tapar porque ellos conocían [lo que representaba Santiago], y tiraban piedras contra él, eso lo he visto yo, ¡Si yo tenía ya doce años cuando la guerra! [No le dañaron] porque en el momento que vieron que le tiraban piedras y eso, pues le taparon”.    


JUGABAN AL FÚTBOL CON PORTERÍAS RENACENTISTAS

            Cuando Emilio era niño el Hospital del Rey ya no era la importante institución que fue, ni mucho menos, los freires comendadores que históricamente estuvieron a su cuidado ya no ejercían desde que las órdenes religiosas fueran disueltas y las atenciones de la institución benéfica fueran decayendo. Así parece desprenderse de lo que leemos en el Diccionario de Pascual Madoz: [el Hospital] “ofrece una situación amenísima al filósofo, al poeta y al anticuario”. Sobre esta decadencia resultan gráficos también los recuerdos de Emilio cuando rememora cómo jugaban al fútbol en el primer patio: “Jugábamos al fútbol en este patio. Aquí en ese arco [señala una portada renacentista], esa era una portería, y la otra era [la que está] debajo del caballo de Santiago”.


Portada renacentista. Sirvió como portería de fútbol.



Misma portada en los años setenta.
"Ofrece una situación amenísima al filósofo, al poeta y al anticuario".  

 

NOTA: Mi admiración, agradecimiento y respeto a Emilio Arce Vallejo, por su apego a la tierra y al esfuerzo y por su inestimable generosidad al haberme hecho partícipe de sus recuerdos y vivencias.

2 comentarios:

  1. Recuerdo cuando una tarde decidí con libreta y lápiz oir las memorias de mi abuelo, era un niño, el vivió muchos años y auque siempre repetía alguos hechos no era difícil llevarle por otros caminos. Mi más sincera enhorabuena a los dos, algo no se ha perdido en la fría noche de los tiempos.

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    1. Gracias, Anónimo, al final la memoria de nuestros abuelos será la nuestra.

      Un saludo

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