Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 9 de febrero de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS, LOS NIÑOS IMPRESORES (IV)


FOTOGRAFÍAS: Hojas y escritos del primer  cuaderno (Fotos: Sergi Bernal)



Hojas que se salvaron del fuego. 




UN VIAJE FRUSTRADO, UN DESTINO CRUEL

No tenía memoria, porque no fue testigo de los hechos y porque un muro de silencio se había interpuesto en la trasmisión oral. Ahora vive, siente y trasmite como si él mismo hubiera sido uno de los niños impresores con el maestro Benaiges. Ahora tiene memoria. La tiene desde que empezó a contar la historia a quien quiso oírla. Al mostrarme de nuevo el fajo de los cuadernos editados en Bañuelos, con la técnica Freinet, Jesús Viadas volvió a emocionarse cuando se detuvo en el de los niños que nunca habían visto el mar, del cual ya pudimos ver alguna infantil y conmovedora descripción.

Jesús cuenta que

“[...] El maestro prometió a los niños que les iba a llevar a ver el mar a Tarragona. Se cuenta que incluso ya había adecentado un poco la casa para poder llevarlos a su casa. Y también que, si en lugar de haberse entretenido en buscar un autobús para hacer el viaje se hubiera ido, no le hubieran matado; pudieron matarle porque estaba esperando [la confirmación del autobús]”.

Aquel viaje no pudo ser. El sueño de los niños y del joven maestro no llegó a realizarse, la muerte llegó antes en una fosa común del monte de La Pedraja. Cuando le llevaban, Antonio Benaiges no sabía qué le producía mayor dolor, si su propia muerte, que adivinaba tan cercana, o saber que sus niños se quedarían sin conocer el mar. Tal vez a partes iguales.(Que es aquí donde una lágrima no furtiva se filtra entre las ranuras tenebrosas del teclado).

“Y la fantasía de unos niños que suben y bajan la loma, sólo la loma, disparose hacia Lejanía para hundirse en la vastitud líquida, misteriosa, sublime... También ellos, los niños, saben del mar sin haberlo visto nunca” .
Antonio Benaiges, del cuaderno “EL MAR”



DE LA PIRA SE SALVA EL PRIMER CUADERNO 

“[...] Y lo que pasó luego [después de la muerte de Benaiges] es que no quedó nada en la escuela de la documentación del maestro, porque el siguiente [docente] era ya del régimen de Franco. Y entonces, cogieron toda la documentación del maestro, la sacaron ahí fuera, a la calle, y la quemaron. Eso lo ha contado la gente. Y unos niños, cuando estaban quemando  en la hoguera, agarraron un paquete de hojas con la mano (ya sabe cómo son los niños). Y uno de los niños guardó un paquete de hojas  como este, con los bordes quemados, y las guardó. Y  estas hojas eran los originales del primer cuaderno. Ha coincidido que son los del primer cuaderno. Un señor de aquí, del pueblo, las tiene guardadas, pero hicimos copia de ello”. 



Primer número.
Cuaderno original manuscrito

Primer número.
Cuaderno original manuscrito

Cuaderno original del primer número, rescatado del fuego por los niños.
Es manuscrito porque aún no había llegado
la imprenta que Antonio Benaiges tenía pedida.
Se observan los bordes chamuscados
de su paso por la hoguera.
(Fotografías de Sergi Bernal)


De la noche a la mañana, aquellos niños impresores vieron cómo desaparecía su maestro y sus cuadernos eran pasto de las llamas.

      “[...] Eran cuadernos que contaban la vida del pueblo en los años que estuvo el maestro, todo lo que se hacía... Cómo hacían el yeso, la colada, la pesca de cangrejos, la fiesta de San Mateo... Hablaban [también] de los más viejos... Tenían [incluso] apuntadas las temperaturas, los días que nevaba, los días despejados y los que salían nublados, la asistencia media de alumnos [a la escuela]”.



Tenían su propio observatorio meteorológico



TRANSCRIPCIÓN DE UNO DE LOS ESCRITOS QUE FORMAN EL PRIMER CUADERNO

(Donde se aprecia que los escolares de Bañuelos estaban esperando la llegada de la imprenta)



  Jueves 27 de septiembre 1934
        Villanueva y la Geltrú
               (Barcelona)

Queridos niños. En Bañuelos de Bureba está el Maestro que de vuestro pueblo ha marchado. Por lo que él nos ha dicho, nos ha dicho también que vosotros teneis una imprenta y que todos los días haceis dos periodicos, pues nosotros también esperamos la imprenta estos días. Cuando la tengamos os mandaremos nuestro periódico y bosotros nos mandareis el vuestro, el nuestro periodico le pondremos el nombre de “Gestos”, En este pueblo solamente hay cuarenta y dos vecinos, y una Escuela de niños y niñas. Esperamos que nos contesteis.

Felisa Viadas    


¿Qué pasaría por la cabeza de aquellos niños al ver ardiendo la historia de su pueblo, la que ellos mismos habían escrito con entusiasmo?
Pasó que a continuación se construyó un muro de silencio, el que ha perdurado hasta casi nuestros días. 


Viejos pupitres de la escuela de Bañuelos.


Continuará


viernes, 6 de febrero de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS, LOS NIÑOS IMPRESORES (III)


Antonio Benaiges, maestro en
Bañuelos de Bureba

(1934-1936)


FOTOGRAFÍAS: Antonio Benaiges (Gentileza de Asociación Escuela Benaiges- Bañuelos de Bureba). Portal de la escuela de Bañuelos.  Pupitres de la escuela.  (Tomadas en enero de 2015) 



Por su gran interés, en el contenido y en la forma, continuamos con el formidable relato de Jesús Viadas, alcalde de Bañuelos de Bureba y Presidente de la Asociación Escuela Antonio Benaiges.


DESENTERRANDO LA HISTORIA

“[...] Al maestro Antonio Benaiges le mataron en la guerra, fue uno de los primeros [maestros] que mataron en la guerra, le mataron el 25 de julio.

Nosotros no sabíamos nada, toda la historia ha aparecido porque varios maestros que se exiliaron a México [como consecuencia de la Guerra Civil], se llevaron allí la técnica Freinet. Y hace diez o doce años empezaron a pedir desde allí documentación y cosas del maestro de aquí. Y entonces, nosotros no sabíamos nada. Y había un señor que preguntaba, y este señor, desde [San Andrés de Tuxtla], México), preguntaba por Internet que el que supiera cosas del maestro que se lo diría. Y este señor vino de México a Bañuelos, y se puso también en contacto con la familia del maestro, que era catalana, de Mont-roig del Camp [Tarragona]. Pero cuando vino al pueblo había otro alcalde y yo no le vi.
Se puso en contacto con la familia. Y la familia, igual que él, siguió también preguntando por Internet cosas del maestro.
Entonces nosotros, los chavales, no sabíamos nada del maestro, y preguntamos a los mayores del pueblo, y algunos se acordaban y otros no, y algunos se habían muerto ya. Pero nadie quería decir nada, ya sabe que de las cosas de la guerra se habla muy poco en todo los sitios; siempre hay alguno, pero se habla muy poco.  Entonces, nos pusimos en contacto con la familia, y que a ver qué querían, para ver lo qué pedían.
-Pues mira, es que había un maestro en Bañuelos y que hacia unos cuadernos...
Preguntamos y aparecieron dos cuadernos que tenía un señor por aquí. Y yo, antes de eso, ya había visto los cuadernos, pues un primo mío, de Briviesca, va un día y me dice:
-Mira qué tengo, dos cuadernos, que son estos. -Y me los enseñó.
En total, que me trajo dos cuadernos...no, dos no, uno. Y me dice:
-“Mira lo que encontrao, lo que me ha dejao un amigo. (A él se lo había agenciao un amigo, y a ese amigo, por otro amigo, por varios amigos...).
Bueno, el caso es que a este amigo le dijeron:
-Mira, he visto unos cuadernos de tu pueblo (él es de Briviesca).
El caso es que apareció el cuaderno y él me lo enseñó.
-Mira lo que he visto –me dice:
Lo primero, me quedé asombrao, pues cuadernos en color..., nunca había oído nada de esto... ¿Qué es esto? Así que lo primero que hice, como tenemos fotocopiadora, hacer fotocopias.

Y a partir de ahí fue cuando la familia de Mont-roig empezó a preguntar sobre el maestro. Nos pusimos en contacto con la familia y nos pasaron toda la documentación que tenían de él; tenían todos los cuadernos menos uno, catorce cuadernos; pero les faltaba uno, yo creo que porque se hicieron pocas copias, una o... En total, que el primero no lo tenían ni la familia, solo tenían la portada, igual que nosotros; nosotros tenemos la portada, pero lo demás, no. 
Bueno, el caso es que nos pusimos en contacto con la familia y nos pasó toda la documentación que tenían del maestro; nos lo pasaron por Internet y nosotros hicimos fotocopias de todos los cuadernos. 


Cuaderno de la serie "Gestos". 



DE LA EXHUMACIÓN AL LIBRO

Luego, a partir de ahí, se empezó a hacer la exhumación en La Pedraja, [fosa común de la guerra], que el maestro está enterrao ahí.  Bueno, pues cuando estaban en la exhumación, un primo mío que tenía dos niños pequeños, estaba de veraneo aquí, y este primo decía que la mejor forma para que se duerman los niños después de comer es coger el coche y dar  una vuelta con ellos. [Y así lo hizo]. Y se fue a La Pedraja cuando estaban haciendo las excavaciones. Y allí se puso a hablar con un antropólogo que había allí del CSIC, Francisco Ferrándiz. Bueno, pues se puso a hablar con él y le dice:
-Aquí está enterrao el maestro de mi pueblo.
-¿Qué, qué me dice?
-Sí, sí, que aquí está enterrao el maestro de mi pueblo.
Y se puso a hablar con él y tal y cual.  Y le dice:
-Y tenemos una historia del maestro, de unos cuadernos que hizo.
Y este señor se interesó mucho. Y le dice:
-Lo tengo en el pueblo, si quiere ir a verlo, vamos a verlo.
Agarraron el coche los dos y al pueblo. El caso es que vinieron al pueblo para ver los cuadernos. Se lo enseñamos todo esto [todas las fotocopias de los cuadernos]. Y le interesó muchísimo. Dijo:
-De esto hay que hacer un libro y tal y cual. Ya me voy a poner yo en contacto con gente, esto y lo otro.
Nos pasó documentación que tenía de él, de libros que había escrito él de enterramientos de la Guerra Civil en otros lados; nos pasó su documentación y nosotros le pasamos la nuestra.  Después él se puso en contacto con...

Las exhumaciones continuaron en La Pedraja en años siguientes. [Y en una de las ocasiones] vino otro fotógrafo catalán, Sergi Bernal, vino aquí al pueblo para conocer la historia y eso. Y a partir de ahí, se pusieron en contacto los dos y escribieron el libro [Antonio Benaiges. El maestro que prometió el mar], que trata de La Pedraja y del maestro (1). 


Portalón de la escuela.
Cuando las inclemencias del tiempo impedían salir a la calle,
los niños pasaban sus recreos en este espacio. 

LA NEVADA

Hago un inciso en  el orden de la narración para, en estos días que nos sentimos acorralados por la nieve, insertar un texto editado por los niños de Bañuelos con la imprenta de Antonio Benaiges. Forma parte de un cuaderno de la serie “Gestos” y describe unos días de grandes nevadas en el pueblo burebano. En el corto relato se dejan ver las dificultades de las gentes en los pueblos para sortear los trastornos causados por la nieve. Su interés es evidente.


“Estos días ha nevado mucho. Los hombres dicen que ha caído más de una vara. Yo no lo sé porque no lo he medido. Los más viejos del pueblo no habían visto una nevada
como ésta.
El sábado 26 de enero comenzó a nevar. El domingo ya no pude ir a misa. Y toda la semana sin venir a la escuela.
Los pobres pájaros se metían en nuestras casas, helados. Por las calles no se veía a nadie. Algunos, a veces, salían a hacer senda. Senda para ir al río, a la taberna, a la iglesia,
a los pajares...
Nadie podía entrar ni salir de Bañuelos. El cartero estuvo diez o doce día sin venir. En las casas comenzaba ya a faltar de todo.
Durante la nevada ha muerto una mujer. Cogió frío y le vino un parálisis”  

Gestos, nº 2 (abril 1935)

(1): Editado en 2012, firman dicho libro  Francesc Escriban, Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con fotografías de Sergi Bernal. 


Continuará


miércoles, 4 de febrero de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS, LOS NIÑOS IMPRESORES (II)



Niños  manipulando imprenta.
Así debieron aprender los alumnos de Antonio Benaiges
 en Bañuelos de Bureba.
(Fotografía de Sergi Bernal)


FOTOGRAFÍAS: Caja de tipos (Tomada en enero 2015). Resto, gentileza de Asociación Escuela Benaiges. 

El relato de Jesús Viadas, alcalde Bañuelos y Presidente de la Asociación creada para la recuperación de la escuela en la que ejerció el maestro Antonio Benaiges es tan interesante que no me resisto a transcribirlo literalmente, al menos alguna de las partes.  


“Pues esta escuela tiene su historia. El maestro que hubo aquí en el 36 (1936), Antonio Benaiges, utilizó un método de enseñanza diferente y novedosa para aquellos años, que se la llamaba la técnica Freinet, que era francesa, y que utilizaba la imprenta para enseñar a los niños. Compró una imprenta chiquitina, parecía un ordenador de ahora, y con ella hacían cuadernos. Y estos cuadernos que hacían los intercambiaban, manteniendo correspondencia con toda España y también con el extranjero. Incluso tenía también sus suscriptores, a los que enviaba los cuadernos”. 

“[...] La  primera noticia que tuve yo de todo esto fue a través de una fotografía con niños de la escuela. Un tío abuelo mío que vive en Bilbao, bastante mayor, un día me dijo: “Pues tengo una fotografía que te voy a enseñar”. Y uno de los días que vino al pueblo (ahora ya no viene porque está muy mayor), me enseñó la fotografía y me dijo: “es una fotografía de cuando yo iba a la escuela aquí en Bañuelos”. Me dijo que la fotografía la hicieron cuando él era niño con un maestro. Pero no me habló del maestro ni nada. Y como no tenía seguridad del lugar donde fue hecha, entonces cogí la fotografía y la traje aquí, a la escuela, para ver si coincidían las piedras... Y coincidían.  [luego la foto era de niños en la escuela]. Y a raíz de eso, mi tío contó toda la historia”.


Escolares y el maestro Antonio Benaiges
con fondo de la escuela (1936)


         
LOS NIÑOS IMPRESORES

          “[...] El maestro les decía: “Escribir sobre un tema, por ejemplo sobre Briviesca, y cada niño escribía lo que le parecía sobre Briviesca. Y elegían un texto [para editarlo], no importaba que fuera el mejor, daba igual, a veces incluso se elegía el peor. Lo corregían un poco y ese era para hacer el cuaderno. Había temas [textos] de todos los niños, incluso de los que escribían muy mal”.


Caja de tipos. Es lo único que se conserva 
de la imprenta en la vieja escuela

          
Eligiendo letras en caja de tipos
(Fotografía de Sergi Bernal)


 “[...] La imprenta es más o menos como este libro de pequeña, y tiene unos huecos onde iban colocadas las letras.  Se colocaban las letras y se pasaban unos rodillos con tinta, luego ponían la hoja de papel y ponían la plancha encima”.


En este punto del relato, Jesús Viadas me mostró fotocopias de todos los cuadernos editados, un total de catorce, algunos de los cuales tienen alto valor etnográfico. Entre ellos hay uno que se titula EL MAR. VISIÓN DE UNOS NIÑOS QUE NO LO HAN VISTO NUNCA”, y otro titulado EL RETRATISTA. Los dos son verdaderamente conmovedores. El primero inspiró el título del magnífico libro (Antonio Benaiges, el maestro que prometió el mar), y recoge la visión de cada niño sobre un mar que nunca habían visto. He aquí lo que pensaba y escribió Severino, uno de los niños:

“En el mar habrá más agua que toda la tierra que yo he visto. El agua estará muy caliente. En las orillas debe ser piedra, porque si no se lo tenía que llevar”. 

Y lo que escribió Lucía Carranza:

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir, porque tengo miedo que me voy a ahogar”.


En cuanto a EL RETRATISTA, creo oportuno reproducirlo también, pues aunque más extenso, tiene que ver con el origen de toda la historia y además es el título de un maravilloso video-documental sobre la misma.

“Un día vino un retratista a la escuela. El maestro le preguntó:
-¿Quién es usted?
-Soy de Briviesca y vengo a ver si quería sacar una fotografía de los niños de la escuela.
-Sí, sí; ya tenía ganas de tener una fotografía de los niños.
El maestros nos dijo que fuésemos a lavarnos y arreglarnos.
Cuando vinimos bajamos los dos bancos a la calle y el retratista nos puso bien y nos retrató.
Nos extrañó mucho como sacaba las fotografías. Primero salíamos muy negros, pero después salimos bien.
El retratista decía
-Mira, mirar aquí... Ya está.
Salimos bien. El maestro se reía y dijo que sólo había salido uno con cara de bobo.
Por dos retratos llevaba seis reales y los nuestros uno una peseta.
Después empezó a venir gente y muchos se retrataron.
Tomás venía de la tierra y se retrató con el azadón y el hacha y con el Ruso.
La madre de la Felisa decía:
-No es por nada, pero mi hija es la que mejor ha salido.
El retratista vino con Rabacholo, el dulcero de la Fiesta. Traían un burro. En un seno de las alforjas ponían la máquina y en el otro las cosas que vendía Rabacholo: arroz, pimiento molido, almendras, chocolate y jabón.
El maestro, aunque pocas perras tenía, nos compró un paquete de almendras y nos las repartimos”.  

Continuará




martes, 3 de febrero de 2015

MANIOBRAS EN LA NIEVE









FOTOGRAFÍAS: Rodadas en la nieve (Tomadas en enero de 2015)

Pasamos por días de nevadas. Y lo que rondarán, dicen. Aprovechemos lo que tiene de positivo y bello la nieve, ya que lo otro nos es más difícil controlar. La nieve, en sí misma (Perogrullo dixit), es ya un espectáculo, una obra de arte del agua mutante. Y a poco que la ayudemos con ligeras pinceladas la convertimos en obra antológica, en este caso, del graffiti. Solo tenemos que asomarnos a la ventana para entrar en la galería y disfrutar de la exposición que logramos con nuestros pasos, con nuestros coches rodando y maniobrando.  Os dejo una pequeña muestra de la obra. Que la disfrutéis.



lunes, 2 de febrero de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS DE BUREBA, LOS NIÑOS IMPRESORES (I)


Bañuelos de Bureba


FOTOGRAFÍAS: Bañuelos de Bureba. Escuela de Bañuelos de Bureba (Tomadas en enero de 2015). 



No sé si Laurentino Muelas, el maestro de Alba, a quien vimos en entrada anterior, y Antonio Benaiges, también maestro pero en Bañuelos de Bureba, al que igualmente ya nos hemos referido y que es el que motiva esta nueva entrada, llegaron a conocerse. Los dos pueblos no se hallan muy distantes entres sí, pero la complicada geografía en este sector oriental de la provincia de Burgos jugaba en contra de esa posibilidad. Desde luego, sus inquietudes y las fechas en que ejercieron son concordantes, y no sería por ello extraño el encuentro. Quizá pudieron coincidir algún domingo o festivo en Briviesca, paseando junto al templete de la música, o comprando en su día libre en Abascal materiales escolares para sus respectivos niños. Sería bonito y hasta cierto punto romántico, pero eso es una especulación, nada sabemos al respecto y quizá nunca sabremos. 



Edificio de la escuela de Bañuelos


En la escuela de Bañuelos de Bureba, la que ahora se trata de rescatar para el conocimiento y reconocimiento de un maestro excepcional que puso en práctica en este lugar de Burgos la técnica Freinet para la enseñanza, basada en una imprenta para niños, se entrecruzan historias y hechos verdaderamente conmovedores. En lo que a mi respecta, empezaré confesando que hasta el pasado día 25, que visité Bañuelos y su escuela, era un total desconocedor del tema, probablemente por no haber estado nunca ligado a la enseñanza ni haber seguido los distintos trabajos que ya han sido publicados. Aquel día de mi visita tuve la suerte de entrevistarme con el alcalde de Bañuelos, Jesús Viadas, vecino implicado en restaurar y recuperar la escuela de su pueblo y todo lo que ella representa, con una pasión que pocas veces he visto y la ayuda de una Asociación creada a tal efecto. La historia es tan larga como infeliz su final, y no sabría por dónde empezar a contarla sin la ayuda de la grabación que aquel día realicé en la misma puerta de la escuela, de una escuela tan vacía ahora de mobiliario como llena de grietas y emotivas vivencias. 


Data en el alero


          Antes de nada, empezaré diciendo que el edificio en el que desarrolló su labor docente Antonio Benaiges fue construido en 1792, como parece desprenderse de una inscripción con esta fecha grabada en una esquina del alero. Aunque no es claro que en su origen tuviera una dedicación escolar. Probablemente fuera levantado para otros servicios municipales, o simplemente para vivienda de algún vecino de mayor rango, ya que no hay constancia de que funcionaran en los pueblos de Burgos escuelas normales por aquella época, como mucho, lo hacían algunas preceptorías. En este punto es importante recordar que a mediados del siglo XIX sí existía en Bañuelos una escuela de primeras letras, a la que asistían 32 niños de ambos sexos, según podemos ver en el Diccionario de Pascual Madoz, un hecho que viene a poner más dudas sobre la cuestión. La pregunta que cabría hacerse es:  ¿pudo esta escuela decimonónica estar en el mismo edificio del que ahora hablamos, en el construido a finales del XVIII? Quizá, pero a falta de más datos, lo dejo en el aire por si en algún momento llego a encontrarlos.

Continuará


viernes, 30 de enero de 2015

LAURENTINO MUELAS, EL MAESTRO DE ALBA


Presa del Oca. En este lugar estuvo Alba. . 


FOTOGRAFÍAS: Presa de Alba (abril 2009). Desfiladero de Alba. (2011).

Indagando sobre el maestro Antonio Benaiges y su labor en la Escuela de Bañuelos de Bureba, de lo cual tengo intención de hablar en próxima entrada, me ha venido a la memoria otro maestro que se dedicó con pasión a sus alumnos. Me refiero al docente y pedagogo Laurentino Muelas, que ejerció en el ya desaparecido pueblo de Alba, escondido  lugar en las fragosidades de los Montes de Oca, al menos entre 1923 y 1936. Como recuerdo y homenaje a este héroe de la enseñanza, reproduzco la referencia  que hago en mi libro Los pueblos del silencio, así como también otra que acabo de encontrar rastreando en Internet, y que aparece publicada en el Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural.

En la primera publicación decía que

“La primera escuela y el primer maestro llegaron a Alba  en 1923, poco después de que esta institución pública se estableciera en el pueblo hermano de Ahedillo (también desaparecido). En aquel año asistían a sus clases doce alumnos. Laurentino Muelas, fue el último maestro que vivió en el pueblo, un personaje que ha pasado a convertirse en leyenda en la zona. Se dice de él que fue un hombre de ideas renovadoras, pragmático, cuya docencia estaba encaminada más a enseñar a los niños albeños a cómo sobrevivir en un medio tan hostil  que las letras o la aritmética. Se fue del pueblo el 16 de julio de 1936, muy poco ates de estallar la Guerra Civil. Después fueron maestras quienes, viviendo en Villafranca, atendieron la escuela de Alba”.


Por su parte, en el citado Boletín, el geólogo José Royo y Gómez, en un informe de carácter científico dirigido a sus compañeros socios de la Escuela de Geología de Madrid, escribía lo siguiente:


«SOBRE EL MANCHÓN CRETÁCICO DEL RÍO OCA (BURGOS).—He recibido últimamente del maestro de la Escuela Nacional de Alba, Montes de Oca (Burgos), D. Laurentino Muelas, un paquete de fósiles recogidos por él en compañía de sus discípulos encima del desfiladero del río Oca. Este paquete viene como ampliación de otro que tuvieron la bondad de regalarme durante una visita que hice en 1932, siéndome grato hacer constar mi agradecimiento por esta atención. Al mismo tiempo deseo llamar la atención de mis consocios sobre lo provechosa que les pudiera ser en sus excursiones una visita a las Escuelas nacionales, en cuyas colecciones obtendrán muchas veces preciosas orientaciones”.

Y mas:



“... En la sesión anterior tuve el honor de transmitir a la SOCIEDAD la comunicación que nuestro distinguido consocio Sr. Aitken, de Londres, me había hecho sobre el manchón cretácico del río Oca (Burgos), la que contiene una lista de fósiles clasificados por el competente personal del Museo Británico, y facilitados por el maestro de la Escuela Nacional de Alba, Montes de Oca, D. Laurentino Muelas. A los pocos días de presentar dicha comunicación, el Sr. Muelas tuvo la atención de remitirme, para el Museo Nacional de Ciencias Naturales, una serie de fósiles de la misma localidad, o sea de encima del desfiladero del río Oca, cuyo estudio me ha permitido confirmar lo expuesto por el Sr. Aitken”.

           



Desfiladero del río Oca. Paso de Villafranca hacia Alba. 


A la vista de estos informes uno puede imaginar al maestro Laurentino Muelas recogiendo fósiles con sus alumnos por aquellos montes y riscos bañados por el río Oca, explicándoles que todo lo que veían sus curiosos ojos fue un día mar, algo que no conocían y que ni siquiera sabían lo que era; imaginar también sus paseos con el geólogo de Madrid armado de piqueta. Aquello sucedió cuando en Alba había casas en pie, cuando había población, cuando el río discurría libre, sin el freno del actual pantano. Ahora ya no hay nada, solo alguna referencia escrita, pocas e insignificantes ruinas de la aldea y la leyenda del maestro. Sobre esto último, hace años me contaron en Villafranca Montes de Oca que hubo ricos de este pueblo, al cual perteneció Alba, que por la calidad de su enseñanza preferían llevar a sus hijos a la escuela de Laurentino Muelas, incluso con lo la enorme dificultad que suponía llegar al pueblo hoy desaparecido. Hasta tal punto la leyenda del maestro se hizo grande.  



Niños de Alba en 1930





martes, 27 de enero de 2015

DE ESCUELAS Y MAESTROS DE PUEBLO

                                                   
La cocina de la maestra tenía dos fogones.
       

 FOTOGRAFÍAS: Cocina y pasillo en vivienda de la maestra. Esfera del viejo reloj. (Tomadas en enero de 2015).

A veces ocurre que nos ponemos en carretera sin rumbo fijo, sin saber dónde vamos ni lo que queremos ver, y puede y suele suceder que nos salgan liebres aquí y allá a poco que nos fijemos y salga también a flote nuestra  curiosidad. A los dos días de la última nevada, yo mismo salí en busca de paisajes blancos, como suelo tener por costumbre, y me salieron dos escuelas, la primera en Quintanaloranco y la segunda, en Bañuelos de Bureba. Me desvié al primer pueblo porque me lo imaginé a primeras horas de la mañana totalmente dormido y con sus calles nevadas, lo cual tiene su encanto. Recorrí todo su callejero, subiendo y bajando de tacón por aquello de los resbalones, y solo vi casas dormidas, como imaginé que estarían sus habitantes. El tiempo detenido. Me llamó la atención un edificio de buena piedra, con torre relojera en medio rematada en campana de horas y minutos musicales. Guardando las debidas distancias, me recordó a la de Villamayor de los Montes, sí, la del reloj Canseco que aquí vimos. Será el Ayuntamiento, o las escuelas, me dije, o un multiusos, como tantos proliferan ahora en pueblos que han muerto o están a punto de morir. Despoblación. Al poco, vi subir un todo terreno por la calle Mayor. Hice una señal al conductor para que se detuviera, y se detuvo en el hielo. Hubo suerte, era el señor Alcalde; con él pude acceder al flamante edificio, que además de cumplir ahora como Ayuntamiento y centro médico, fue antes escuela y casa de los maestros, y además de todo eso, es ahora “la Peña”. Subimos a lo alto de la torre por ver la maquinaria del reloj, pero esta ya había desaparecido, y en su lugar funciona (cuando funciona) un simple aparatejo electrónico (¡qué habrá sido del ordenado y viejo nido de ruedas dentadas!) Mejor no preguntar. Para subir al cuarto del reloj hay que pasar por dos viviendas; “la de abajo era la de la maestra, y la de arriba, la del maestro”. Recorrimos las dos. En la de la maestra me llamó la atención su cocina económica; nunca antes había visto una con dos fogones adosados, “el uno era para leña y el otro para paja”, me dijo el edil. Las habitaciones de la maestra, hace tiempo sin aliento, sin  tareas ni cuadernos, eran ahora almacenes de trastos empolvados. Un antiguo mapa deshilachado de los ríos aquí, un retrato de Franco apoyado en la pared de una alcoba ciega allí, un lavabo portátil de aguas gélidas para el aseo mañanero de la maestra, una habitación sin cama, y algún trasto más que no recuerdo, cosas ahora inservibles que fueron para el servicio de la enseñanza. Olvido. Y salimos. Y las escaleras nos llevaron al piso-vivienda del maestro, donde el guano de las palomas todo lo invade. “Es que hace tiempo que nadie sube aquí”. Y además, “es que el maestro tenía conejos” en su casa. Hambre. La esfera del viejo reloj, erguida sobre la basura fósil de los conejos, duerme ahora con una aguja caída, como si quisiera detener un tiempo difícil pero feliz.


Se desmontó el viejo reloj y se detuvo el tiempo 


El maestro y la maestra de pueblo, héroes de un tiempo raído, una raza que se extinguió. Quizá un día los encuentre, y entonces les preguntaré cómo fueron sus vidas dedicadas en Quintanaloranco.

Al bajar a la planta, accedimos a la peña-bar, que todavía conservaba el calor de la noche de brisca y dominó. En un lugar junto a la barra vi colgado un calendario animado con la fotografía de un aula escolar. “Es la escuela de Bañuelos”, dijo mi acompañante. Sí, ya veo. ¡Ah, la escuela de Bañuelos, la famosa escuela!, recordé. Parecía que los hados se hubieran puesto de acuerdo para que aquella mañana de nieve todo girara en torno a las escuelas. Bien que lo agradecí, pues así, por fin, podría visitar la del maestro que enseñó con una imprenta, la que tanto anhelaba conocer.  


Ya no huele a humo y el pasillo
parece más largo sin la maestra



    
             LOS CONEJOS DEL MAESTRO

 (1): Este cuento-descripción que acabo de inventar bien podría haber sido escrito en 1934-36 por un niño de la escuela de Bañuelos de Bureba y editado con la técnica Freinet en la imprenta que el maestro Antonio Benaiges implantó en este pueblo burgalés como método de enseñanza.


La casa de la maestra tiene un pasillo largo y una cocina al fondo. La cocina es de hierro. Tiene dos fogones, uno se enciende con leña y otro con paja. La leña y la paja la llevamos los niños para que la maestra no tenga que ir a buscarla al monte.

La maestra se llama Matilde y nos dijo que era de un pueblo de León que se llama Astorga.

 Encima de la casa de la maestra está la casa del maestro, que cría conejos en una habitación. Una vez, estábamos en clase y se le escaparon todos los conejos y tuvimos que ir a buscarlos los niños con el maestro. Un conejo se escondió en la habitación del reloj y no lo encontramos, y lo encontró el tío Santos cuando subió a dar cuerda al reloj.

El maestro nos dice que pasa mucho hambre y que por eso tiene los conejos, pero no sé si será verdad porque los maestros son señoritos.     


PRÓXIMA ENTREGA: 
"LA ESCUELA DE BAÑUELOS DE BUREBA, LOS NIÑOS IMPRESORES"





jueves, 22 de enero de 2015

Y LLEGÓ LA NIEVE


Y por fin llegó la nieve.

Alegres batallas


FOTOGRAFÍAS: Batalla de bolas de nieve en la Escuela de Arte. (el 22 de enero de 2015) 

Montes Obarenes. Sierra de la Demanda (Tomadas el 23 de enero 2015)


 Cuando ya algunos no esperábamos una nevada en la ciudad, por aquello del cambio climático y el mucho tiempo pasado sin su cálida presencia, he aquí que la nieve no se la comió el lobo y vino hoy a la chita callando con nocturnidad. Los chicos de la Escuela de Arte de Burgos se tiran bolas como siempre se hizo y sus figuras animadas nos recuerdan alguna pintura de Brueghel el Viejo. ¿Qué tendrá la nieve que nos hace niños, qué magia emana de ella que nos rejuvenece y nos invita a soñar?



APÉNDICE

Pero la misma nevada tuvo mayor intensidad en el norte de Burgos. Desde los altos de Las Lomas, entre Castrillo y Bañuelos, hoy he podido disfrutar de estas dos panorámicas. A un lado, los Montes Obarenes, y enfrente,  la Sierra de la Demanda. Tengo dudas de que haya otro mirador en Burgos tan espectacular. Muchas gracias, señora Nieves.



Montes Obarenes

Al fondo, la Sierra de la Demanda


viernes, 16 de enero de 2015

JUAN BARTOLOMÉ EN OJO GUAREÑA


Juan Bartolomé en la Sala de las Maravillas
Juan Bartolomé en Ojo Guareña


FOTOGRAFÍA: Juan Bartolomé en la  Sala de las Maravillas, en Ojo Guareña (Tomada en 1964 por Aurelio Rubio).


Quizá a algunos que le conocieron y compartieron su actividad espeleológica, la muerte de Juan Bartolomé, ocurrida en 2010, les pasara  desapercibida, como a mí me ocurrió. Y bien que lo siento, pues con este espeleólogo y doctor en medicina burgalés, y con Aurelio Rubio, mi hermano mayor y también fallecido, tuve ocasión y honor de compartir, en 1964,  siete días bajo tierra en Ojo Guareña, en una expedición dedicada a fotografiar la parte más bella y espectacular de este complejo cárstico, la conocida como Sector Huesos-Siete Lagos. En aquellas subterráneas y fotográficas jornadas, dirigidas por mi añorado hermano, poco sabía y poco llegué a saber de Juan Bartolomé, pues entonces yo era un tímido y joven principiante de la espeleología y harto tenía con superar  con alguna dignidad los obstáculos que se me presentaban y maravillarme con los insólitos lugares que tenía  el privilegio de contemplar.

Así, pues, debo decir con pena que soy el único superviviente de aquella expedición. Compartimos los tres el duro suelo como cama, con simples sacos de dormir cerca del borde del último de los Siete Lagos, durante seis noches (cada día más largas), de silencio y oscuridad solo rotos por el goteo intermitente de las estalactitas y los fogonazos del magnesio y de las lámparas de vacublitz. Juan Bartolomé era entonces alto y delgado, como los grandes pinos de la sierra burgalesa de donde era natural; recuerdo su imagen, entonces desbarbada, posando allí donde Aurelio le indicaba, ya fuera al borde de una sima o camuflado entre bosques de estalactitas y estalagmitas, y cómo, al activar el flash delante de sí, su figura se recortaba y agrandaba convirtiéndose en una columna más de la espectacular Sala de las Maravillas. 

Después de aquellas jornadas en Ojo Guareña, en la que se obtuvo una espléndida serie fotográfica en blanco y negro, no volví a coincidir más con Juan. Supe, con el paso del tiempo, que estuvo en la Antártida en alguna  expedición científica y que su figura alcanzó gran relieve por las numerosas, importantes y solidarias actividades que llevó a cabo en distintos lugares del mundo. Hoy he podido seguir sus huellas a través de Internet, en las muchas referencias biográficas que se publicaron tras su muerte. 

Aunque con retraso, descansa en paz, compañero Juan Bartolomé, tu memoria es la de un hombre de acción.  

viernes, 2 de enero de 2015

VENTANAS EN LA NIEBLA (AHEDO DE LINARES)


Ahedo entre la niebla

Ventana con escudo

Y la ventana se hizo balcón

Hidalguía del olvido

Cuando el sol las ilumina, los escudos
se encienden 


FOTOGRAFÍAS: Ahedo de Linares desde el Alto de Retuerta. Ventanas de Ahedo de Linares (Tomadas en diciembre de 2014).


No, no es humo lo que se ve, es la niebla bajo el sol, es un pueblo bajo la niebla, es Ahedo de Linares al despejar, desde el Alto de Retuerta en Sotoscueva.  Dentro de la niebla hay casas, y en las casas, ventanas de  siglos de bien labrar, con maneras de artistas olvidados y escudos que marcaron época. Y fue que fueron ventanas y se transformaron en balcones, para aprovisionarse de luz, quizá. Dos ventanas blasonadas había en Ahedo y las dos se abalconaron, poniendo bolas arriba y bolas abajo. Cuando despeja la niebla en Ahedo y funciona el sol, dos ventanas se iluminan para marcar hidalguías pasadas.