| El molino de Emilio. |
| Emilio Bahón fabricó harina y repartió pan por los pueblos durante décadas. Hoy, su panadería sigue repartiendo y él enseña con orgullo su histórico molino. |
FOTOGRAFÍAS: Molino en Isar (Tomadas en mayo de 2026).
Muchas veces, en mis incursiones por los pequeños pueblos del entorno de Villadiego, había visto en las plazas y calles mayores la furgoneta del panadero de Isar. Tantas veces, que llegué a familiarizarme con su imagen y con lo que representaba, que no era otra cosa que la de los últimos resistentes de la despoblación acercándose a la furgoneta para recoger su ración de pan diaria. Creo haberlo dicho ya, el encuentro entre dichos vecinos y las furgonetas panaderas me ha parecido siempre un momento extraño, pero a la vez entrañable, y diría que incluso mágico, pues se advierte que detrás de la escena se esconde una manera intimista de romper aislamientos y silencios. Lo que no sabía es que un día habría de encontrarme con la tahona madre del pan de Isar, con el molino que hizo la harina y con su molinero gobernante. Y esto ocurrió hace muy poquito, el día que fui en busca de bodegas a Isar.
De Ligos a Isar
De
allí [se supone que de Ligos], íbamos a Ayllón con seis burros a coger sacos pa
moler, y yo iba con mi padre. Mi padre sí que fue molinero, mi abuelo no sé. A mi abuelo no le conocí yo. [Me contaron que] de un nublao que hubo le cayó un
rayo y de eso se murió. A mi abuela sí la conocí.
Emilio
Bahón, nacido en 1940, llegó a Isar a los 16 años procedente de Ligos, un
pueblecito soriano arrimado a Cuevas de Ayllón. Sus padres, molineros en ese
lugar, en vista de que su actividad molinera había decaído, o no daba más de sí
para alimentar las numerosas bocas de la familia, decidieron buscar fortuna harinera
más allá de su tierra soriana. Emilio lo cuenta así:
Vine
aquí con 16 años. Porque en el molino en el que estábamos allá éramos molineros
también, pero éramos dos hermanos y dos hermanas, y últimamente aquello no
funcionaba, y entonces dijo el padre [Jesús Bahón Martínez]: “bueno pues
nosotros nos vamos”. Y entonces, por aquí venía un sobrino, de una hermana de
mi padre, que vivía en Burgos, venía a repartir caseras y cosas de esas,
bebidas y… Y se enteró de que allí [en Isar] vendían un molino. Dijo: “vayan pa
allá y le compráis ¿eh?”. Le compramos a un tío de la mujer [la mujer de
Emilio].
Montaron la panadería
Al
principio solo molíamos, pero al poco tiempo se montó la panadería. Montamos un
horno ahí [en edificio contiguo y para hacer de panadería] y luego montamos
otro dentro, estuvo sobre… pues igual, 15 o 20 años estaría. Y luego ya
empezamos a repartir. Y luego ya monté la panadería allí donde hora está, que
lleva cuarenta años, compré una huerta y entonces la montamos allí. Repartíamos
[pan] pues por Pedrosa, Villorejo, Manciles, Cañizar, Hornillos, Hormaza, y
hasta Villagutiérrez. Y luego ya nos metimos en Yudego, Villandiego y Citores.
Ahora
se reparte, pero menos. Ahora se reparte a Hormaza, Hornillos, Cañizar, Pedrosa
del páramo, Villanueva de Argaño, Citores, Olmillos y Villandiego. Lo reparte
el hijo.
Fábrica de harinas de
Paulino Orejón
Al
principio [de poner la panadería] gastamos harina de la fábrica de Orejón. Esa
estaba por el castillo, según subes por el arco Santa María pues subes para
allá y por ahí estaba. [debe referirse a la fábrica de harinas de Paulino
Orejón que estuvo en la calle de Fernán González, junto a la Casa del Cubo]. La
harina nos la traía él en un camión.
Pienso para el ganado,
una actividad frenética
Al
principio algo trigo sí que molimos [trigo], pero luego ya venía la harina de la
fábrica, de Briviesca, de otra que había por Villaquirán y … [molimos pienso para el ganado].
Para
pienso pal ganao, ¡ni se sabe los sacos que molíamos! Desde las cinco de
la mañana, y todo el día, ya estaban las galeras esperando [en el molino para moler].
DEL MOLINO
Emilio y familia encontraron el ingenio
de Isar con toda la instalación necesaria para la molienda, tal como se lo
compraron a Emilio Calzada, su anterior dueño, y como ahora le podemos ver,
incluida la vivienda para la familia molinera, en la que vivió el matrimonio
molinero nueve años y en la que nacieron sus dos hijos. Su aspecto actual es el de un coqueto edificio
de buena sillería (de 1915), seguramente sustituto de otro más antiguo que ya
funcionaba a mediados del siglo XVIII, y seguramente más atrás en el tiempo. Cuenta
con dos piedras molinares, que llegaron a funcionar al unísono, una movida por
turbina y otra por un motor de gasoil acoplado. Dispone también de un ciazo de
cerner, colgado, del que “salía la harina limpia y lista para cocer”. Tuvo además
una limpia, pero fue desmontada por Emilio y el olvido se la llevó. Hoy llama la atención a todo el que
visite el molino la carpintería que protege el cuerpo y conjunto de las dos
piedras, las barandillas que con gran esmero llegó a construir y montar
Emilio.
El cauce de agua que
hacía mover la turbina, hoy bien conservado, tiene 900 metros de recorrido, desde la toma del río Hormazuela hasta su entrada en el molino.
Aguas del río Hormazuela, desviadas para el molino.
Una admirable labor de carpintería envuelve la maquinaria.
PD:
Muchas gracias, Emilio Bahón, por haberme contado tu historia y por permitirme visitar
el ingenio que durante tantos años ocupó tu vida y la de tu familia. Un molino de mucho ingenio natural.
Del ciazo salía la harina limpia y lista para hacer el pan.
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