Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

domingo, 23 de agosto de 2020

FOTOS CON HISTORIA, OTRA VEZ PEÑAHORADA


Carretera blanca, pañolones negros

Posible trillero de Cantalejo, con su ayudante,
atravesando Peñahorada camino de Burgos


Arco hoy desaparecido, procedente de la ermita de 
Nuestra Señora de las Arenas 

Lavadero en laguna hoy desaparecida bajo La Peñuela
¡Tiempos de agua!


FOTOGRAFÍAS: Imágenes de Peñahorada (Archivo Cortés-Archivo Municipal de Burgos)

Siguiendo con la estela de Peñahorada, quiero traer hoy a estas Memorias cuatro fotografías de este lugar que fueron hechas por el artista burgalés Juan Antonio Cortés a finales del siglo XIX. Las cuatro pertenecen al ya muy conocido Archivo Cortés, hoy en propiedad del Archivo Municipal de Burgos. A este respecto puedo confesaros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, que descubrí dichas fotografías por casualidad, cuando aún la magna colección apenas era conocida y en el Archivo Municipal, que hacía poco la había adquirido, aún quedaban por identificar convenientemente la totalidad de cada escena y el lugar donde fue tomada. Me encontraba yo mismo revisando la colección, para algún trabajo que ahora no viene cuento, cuando ante mis ojos aparecieron, ¡oh sorpresa!, cuatro fotografías que me resultaban muy familiares, tan familiares que eran escenas captadas en mi querido Peñahorada, el pueblo que me tiene cautivo desde hace casi medio siglo. ¡Qué emoción!, no solo por verlas, en su crudeza decimonónica, sino por poder colaborar con mis amigos del Archivo Municipal al proporcionarles una identificación que no tenían. ¿Lo recuerdas, Yolanda?
La fatalidad quiso que estas fotografías no llegaran a tiempo para haberlas incluido en el pequeño libro que yo mismo publiqué sobre mi pueblo “adoptivo” (“Peñahorada. Dos hermanas de piedra y un camino en el desfiladero”, 2009), pues aparecieron después de ser publicado. Por eso ahora siento la necesidad de compartirlas con todos vosotros, queridos amigos, en cierto modo es una manera de hacer justicia.
Poco hace falta explicar el contenido de las imágenes, pues hablan por sí solas. La foto antigua es el espejo lejano en el que nos miramos y vemos, y en estas en concreto lo que vemos son espejismos de nuestras vidas, sobre todo de los peñatos que nos precedieron.
Que las disfrutéis

viernes, 21 de agosto de 2020

LOS ATARDECERES DEL VIRUS

11 DE MARZO DE 2020

4 DE JUNIO DE 2020

5 DE JUNIO DE 2020

9 DE AGOSTO DE 2020

9 DE AGOSTO DE 2020
18 AGOSTO 2020

18 AGOSTO 2020

26 AGOSTO 2020

6 0CTUBRE 2020

8 OCTUBRE 2020

8 OCTUBRE 2020

FOTOGRAFÍAS: Atardeceres en Peñahorada (2020) 


        Disfrutar de los atardeceres es gratis, no hay que sacar entrada para el acceso al teatro donde se representan (de momento). Se necesita solo cambiar de ambiciones, estar en el preciso momento donde se producen y tener ojos de ver y comprender la belleza; si no hay ojos para ello, no hay nada.
        Desde mi privilegiada platea en Peñahorada he tenido ocasión de aplaudir cada tarde de este agosto de mascarillas (menos mal que no nos tapan los ojos) al espectáculo. Es breve su duración, apenas un cuarto de hora, pero cada segundo cambia de escenario, a cada cual más bello, cosa que ninguna otra obra iguala. 
     Todas las tardes el sol se desploma detrás del montuoso escenario, con distintas pinceladas y contraluces, da lo mismo que haya virus o no. Si os fijáis en las fechas a pie de foto veréis, queridos amigos de este Cajón de Sastre, que el primer ocaso está captado pocos días entes de la declaración del Estado de Alarma. Después vinieron otros, igual de espectaculares, y así hasta hoy, que seguimos igualmente alarmados. "Teniendo un cielo tan lindo, quién lo dijera., un manto negro envuelve a mi pobre tierra..".

(Año del Coronavirus, agosto 2020) 

domingo, 9 de agosto de 2020

PEÑAHORADA CON VUESTRO PERMISO, QUERIDOS PEÑATOS

En estas noches de canícula, contemplando las estrellas en el mismo lugar de todos los veranos, bajo el mismo coro de grillos de todos los años, uno siente la tentación de pensar que son las estrellas las que cantan y los grillos los que brillan. Las dos magias se confunden y se me antojan posibles en este pedazo de cielo que me tocó en suerte, en buena suerte.

Poco antes de que salieran las estrellas de sus escondrijos y antes también de que los grillos se aunaran en coral, un amigo peñato me había pedido una fotografía, una de tantos cientos como guardo de mi elegido y querido lugar en el mundo, de mi pueblo adoptivo. Y aquí, queridos amigos, en ese embrujo de la noche, se desató tal tempestad de recuerdos que no he podido resistirme a reproducir el introito-confesión que un lejano día escribí en un pequeño libro para dar salida a aquello que necesitaba salir.


Dentro del desfiladero existió un agujero en la roca, una ventana  natural que fue la que dio nombre a Peñahorada. Desapareció en los años veinte del pasado siglo al hacerse una trinchera para el ferrocarril Santander-Mediterráneo, hoy también desaparecido.





 PEÑAHORADA CON VUESTRO PERMISO, QUERIDOS PEÑATOS


"Un agujero en la roca, desaparecido por culpa de las vías de un tren que también han desaparecido. Un desfiladero entre calizas que costó millones de años en horadar, callejón de sombras con riachuelo y un viejo camino que lo atraviesa. Un menhir prehistórico, de roca madre engendradora de hermanas de piedra y leyenda. Dos manantiales, uno de salud y otro de vida. Mézclese todo y se obtendrá la razón de ser de Peñahorada. Todo lo demás son voces del cielo y la tierra, susurro de pasos perdidos, de recuerdos. 


Dicho lo anterior, permitidme, queridos vecinos de Peñahorada, los que ya fallecisteis y os llevasteis vivencias y recuerdos imposibles de recuperar, los que os marchasteis a la ciudad porque creísteis que en ella seríais más felices, y los que de manera heroica aún permanecéis en el pueblo, saboreando el cielo que os vio nacer, llorando las puertas cerradas, permitidme, digo, que os tutee.  Dejadme también tener la osadía de hilvanar algunos retazos de la historia de vuestro pueblo, que es también el mío, el de mi esposa y el de mis hijas, aunque sólo lo sea como consecuencia de una larga y cálida adopción.
Antes de ahondar en esa historia, sin embargo, os pido lugar para una confesión. Seguramente, muchos de vosotros, sabios del sol y la luna, los que un día me acompañasteis en el huerto y en los paseos campestres, y los que aún lo hacéis, los que compartisteis conmigo indescriptibles, felices reboradas al alcance de la mano, allá por donde asoman las tierras de Ubierna, los que escuchasteis conmigo el silbato del tren cuando se acercaba a La Peñuela, seguramente, digo, os habréis preguntado alguna vez el porqué de mi llegada a vuestro pueblo hace ya cuatro décadas. Cuál o cuáles fueron los motivos que nos llevaron a mí y a mi familia a recalar en vuestra aldea entre montañas y a convertirnos en peñatos. Os cuento. 
Siendo yo niño, lo cual viene a coincidir con una Era de necesidades, eran muchas las distracciones que los chicos de Burgos teníamos, y todas en la calle, porque entonces no existía la locura colectiva de los autos, y además había muchos espacios libres de casas, que es como decir mucho campo. Una de las distracciones era la de alquilar bicicletas por un determinado tiempo, generalmente una o dos horas, en talleres que en distintos puntos de la capital había al efecto. Ahora me viene a la memoria uno de estos establecimientos bicicleteros, el que había a mediados de los cincuenta junto al Banco de España, lo que ahora es la Subdelegación del Gobierno, y que es al que yo solía acudir para mis alquileres. Las bicis... ¡vaya bicis!, todas de deshecho, la mayoría sin frenos, sin guardabarros, con cubiertas desgastadas y tubulares con infinitos parches. ¡Parecían esqueletos rodantes! Con decir que casi siempre las devolvíamos con las ruedas sin aire, y a veces (creédmelo) hechas un ocho... Pero bueno, con aquellos artefactos aprendimos los chicos de mi generación a rodar en bici, eso sí, a fuerza de recibir un sinfín de trompazos, por aquello de la falta de frenos.
El precio del alquiler no era excesivo. Por un duro, a la sazón cinco pesetas de las de Franco, podías pedalear durante un par de horas por donde más te apeteciera. Lo más normal era ir hasta Fuentes Blancas, o más allá, pero había quien gustaba de desplazarse a los pueblos cercanos. Con dos horas, y a pesar de la cochambre de bicis que te dejaban, podías incluso llegar hasta Peñahorada, beber en su fuente y regresar sin más al punto de partida. Que fue así cómo, queridos convecinos y amigos peñatos, en una de estas expediciones heroicas llegué a sentir fascinación por vuestro pueblo, que es ya el mío. Repetí el viaje en varias ocasiones y después dejé de ser chico para hacerme mayor, pero la imagen de Peñahorada entre montañas ya no se alejaría nunca de mí, y andando el tiempo tuve la feliz oportunidad de poder acompañaros en vuestras alegrías y penas. Hice casa, y mis hijas dicen ahora: “mi pueblo”, porque en él crecieron.  
El librito que aquí os presento es de consumo interno, es solo para vosotros y para aquellos por los que doblaron ya las campanas, porque es vuestra voz y vuestros recuerdos los que le han hecho posible. No esperéis otra cosa: es vuestra voz".  



Peñahorada, un pueblo-camino bajo Peña Monte



martes, 16 de junio de 2020

VENTANA DE LA DESESCALADA





FOTOGRAFÍA: Ventana en Renedo de la Escalera (15 de junio de 2020)

Han pasado los días más duros de la Pandemia y la Desescalada me ha permitido el Reencuentro con el paisaje y sus pueblos. En mi primera excursión, tras este sunami vírico que padecemos, he comprobado lo que ya suponía, que la primavera generosa en lluvias ha decorado nuestros campos llenándolos de maravillas, y que los pueblos menudos se han convertido en jardines gracias a los Confinados que tuvieron la suerte de estar presos en ellos. Las mascarillas nos taparon nariz y boca, pero no los ojos, afortunadamente. Y así, hoy podemos disfrutar de las bellezas de la primavera. Ayer, en el paseo por el occidente, vi algunos abuelos y abuelas transitar por carreteras solitarias entre pueblos, con y sin mascarillas; debían inspeccionar el granado de los espigales de uno y otro lado del camino, y quizá también soñar con el pronto abrazo de hijos y nietos confinados en la ciudad. ¡Quién les iba a decir!
La ruta me llevó hasta el límite con Palencia. Quería ver el enclave de La Rebolleda, pues lo mal-recodaba de hace muchos años, y comprobé lo poco que allí hay; pensaba encontrar la magia de un condado, pero todo quedó en un sueño. Antes había pasado por Renedo de La Escalera, y allí sí, allí me salió al paso una ventana de fantasía, una de arco conopial y repisas de bolas encajada en la torre de su iglesia, una anomalía por lo extraño. Fue un chute de nostalgia por el trabajo arrinconado, una emoción más para la colección de ventanas que llevo guardada en el apretado baúl que ya conocéis, queridos amigos. Ventana de la Desescalada, la bauticé.   

viernes, 22 de mayo de 2020

JERGA PARA UN CONFINADO

Pueblo del valle de Zamanzas, tierra de canteros

FOTOGRAFÍAS: Báscones de Zamanzas. Jesús Fernández (2018 y 1997 respect.) 

        En el obligado confinamiento que hoy nos toca vivir siento añoranza de mis andanzas por la provincia. Siento la falta de los pueblos, el oxígeno de su paisaje, de sus cielos y de las viejas palabras cuyo eco todavía resuena por callejuelas despobladas. Lo añoro hasta la extenuación, y eso que rosetas y ventanas han llenado, y están llenando, vacíos en mi soledad frente a la pantalla. Algo inesperado, sin embargo, sucedió hace poquitos días que vino a aliviarme de los efectos de la reclusión, una especie de milagro por el que aquello que tanto añoraba vino a mi encuentro sin haberlo llamado ni buscado. Por correo electrónico, queridos confinados y amigos de este Cajón de Sastre, me llegó una carta firmada por alguien que no conocía y que me hablaba de un tema que en su día me dio muchas satisfacciones. Era una carta bilingüe, escrita en castellano y en un lenguaje extraño que me resultaba familiar, el de la jerga de los canteros. Como os podéis imaginar, la misiva me produjo un agradable cosquilleo, pues me retrotraía a veinte años atrás, a una tarde de verano en un jardín de Brizuela anotando las palabras de la Jerga que Jesús Fernández, cantero que fue en Munilla, casi ciego y centenario, me fue transmitiendo. Fueron aquellos momentos mágicos, de esos que se quedan pegados en la piel de la memoria. Han pasado veinte años, y ahora recibo una carta de su nieto, ofreciéndome una ampliación de aquella Jerga recogida, la que él mismo grabó a su abuelo siendo un chaval. Por su gran interés, reproduzco la carta para el disfrute de todos.


Jesús Fernández Martínez, de Munilla,
 nos transmitió la Jerga que hablaron los canteros 



LA CARTA

Hola, miaíres aire Jesús Roca Fernández.
El jabárdu Mieres aireé Jesús Fernández Martínez, erguín  de Munilla que ploró a Brizuela, con el que garleáste face 22 ñorténes, y endrepés papeloseaste  el papelosu “Jerga de los canteros en el pueblo de Munilla”. En mi ciba he burniadú un cipruquín diccionario de garleandéras que recugí de murguecíllu. Si iriequíres te andámo las garleandéras que ñéto.
Sidos
Txus

¿Qué, os ha extrañado su lectura, queridos amigos? Bueno, como intuyo vuestro asombro, y probablemente no estéis versados en este lenguaje, viene a decir lo siguiente:



TRADUCCIÓN

“Hola, soy Jesús Roca Fernández.
El abuelo mío era Jesús Fernández Martínez, cantero de Munilla, que fue a Brizuela, con el que hablaste hace 22 años y después escribiste un libro “Jerga de los canteros en el pueblo de Munilla”. En mi casa he visto un pequeño diccionario de palabras que recogí de chaval. Si quieres te mando las palabras que tengo”.
Saludos
Txus


Quizá vosotros, queridos amigos confinados, os preguntaréis: ¿Y qué pasará con ese “pequeño diccionario” recogido por Txus de boca de su abuelo? Os participo que se compone de casi 500 palabras, de las cuales más de 200 ya fueron publicadas en el “libro” que cita nuestro amigo recopilador, aquellas que me fueron transmitidas en el jardín de Brizuela en 1997. El resto son expresiones nuevas que merecerán ir a descansar junto a sus hermanas, aunque tendrá que pasar este confinamiento, y que todo llegue a la “nueva normalidad”, para ver la manera de juntarlas. 



NOTA: Como no sé en qué momento vais a leer esta extraña entrada, os mando saludos como lo haría un buen erguina (un cantero) según si fuera por la mañana, por la tarde o por la noche.

Sidos digunes  (Buenos días)
Sidas retalias  (Buenas tardes)
Sidas rachas    (Buenas noches)


Desde mi confinamiento
(Año del Coronavirus, mayo 2020) 

martes, 12 de mayo de 2020

MASCARILLAS EN LA COLADA

Diversidad 

FOTOGRAFÍA: Cubrebocas secándose (mayo, 2020)

No provienen de ningún país asiático, no han sido adquiridas en el mercado negro ni tampoco en farmacias. Estas mascarillas que aquí veis, queridos amigos, son manualidades del hogar, de quita y pon y que ya forman parte de nuestras coladas diarias. Quizá lleguen también a formar parte de alguna Feria de Arte Contemporáneo por venir. 
 El cubrebocas es signo del difícil tiempo que nos toca vivir. 

Desde mi confinamiento
(Año del Coronavirus, mayo de 2020)

sábado, 9 de mayo de 2020

A QUIEN PUEDA INTERESAR

Ruinas de la Misión de la Santísima Trinidad del Paraná. 
           

FOTOGRAFÍA: Misión de Trinidad, en Encarnación. (Tomada en 2003)

        En estos días terribles de confinamiento uno lee todo lo que cae en sus manos. Hoy me he encontrado con un librito sobre las Misiones Jesuíticas Guaraníes que adquirí en el Paraguay al visitar una de estas instituciones (también llamadas Reducciones) en 2003. Un gran encuentro, pues me ha traído recuerdos de un viaje familiar inolvidable. Pero nadie se preocupe, que en esta ocasión no voy a a hablar de mis experiencias viajeras. Si quiero, porque me ha parecido de gran actualidad, y muy curioso, hacer mención a una parte de dicho folleto en el que se describe cómo estaban organizadas aquellas Misiones, vigentes en los siglos XVII y XVIII. Al explicar el apartado de la sanidad se dice lo siguiente:

“Los hospitales eran solo para curaciones contagiosas, ya que estas eran tratadas en salas de cuarentena fuera de los pueblos. Si se producía una epidemia fuerte, se formaban hospitales de campañas. Para evitar la propagación de la epidemia se quemaban los hospitales. Los jesuitas  tuvieron muchos libros de medicina, tanto de medicina herbácea, como de cirugía”´.  

Desde mi confinamiento
(Año del Coronavirus, mayo de 2020)

lunes, 4 de mayo de 2020

EMBOZADOS



Viendo pasar el virus

FOTOGRAFÍA: Enmascarados descansando en su primer paseo

Ahora que me he tomado un descanso, después de un trabajoso abril, desde mi aliviada y desintoxicada nube te pregunto a ti, amigo Aire, si has notado algo especial en tus vaivenes por las alturas, o cuando te revuelves encabritado por los esquinales. He visto, Lluvia, cosas que nunca creí que vería; he visto la gran ciudad con sus venas vacías, como tú las viste también. Primero me estremecí con su silencio, ahora me asustan regueros de sombras carnavalescas cuando salen a respirar.  No veo sus caras, se ocultan, parecen espíritus de bandoleros que tratan de asaltar el natural equilibrio. Yo también tengo miedo, Aire, lo que presentí que ocurriría está ocurriendo. ¿Recuerdas, amigo mío, cuando comentábamos la locura de despoblar la tierra que les proporcionaba vida para hacer una sola, apretada y frágil piña? Han estado confinados sin pestañear y ahora, cuando les mencionan esta palabra, la sienten extraña. Así es, Lluvia, penden de un hilo tan fino que hasta lo invisible rompe sus vidas. Mira ahí abajo, ¿ves dos embozados que crecen en la hierba? Ellos nunca nos creyeron.

Ecos de la lluvia y el aire
Desde mi confinamiento
(Año del Coronavirus, mayo de 2020) 


viernes, 24 de abril de 2020

OTRA IMAGEN INÉDITA DE CASA LA VEGA


FOTOGRAFÍA: Patio de Casa la Vega (Tomada en 1924 por Gonzalo Miguel Ojeda)

Apenas ha transcurrido una semana desde que publicáramos dos imágenes inéditas de Casa la vega, cuando otra más, también inédita, ha llegado a estas Memorias. Enviada por un seguidor de este blog, Honorato Rupelo, la imagen fue tomada en 1924 por Gonzalo Miguel Ojeda y forma parte del fondo Photo Club, hoy en el Archivo de la Diputación Provincial de Burgos.
La imagen es de extraordinario valor, pues nos muestra una parte de la cara oculta de Casa la Vega, de aquella que la inmensa mayoría de los burgaleses nunca conocimos. Vemos en ella uno de los costados del patio central, donde se aprecian cuatro columnas de buenos sillares, probablemente hexagonales, que soportan tres arcos enmascarados por el revoco, de apariencia conopial y seguramente  pertenecientes a una galería interior cuyos vanos se aprecian tapiados en la fotografía. Es muy probable que dicha galería estuviera integrada en la primitiva fábrica gótica del conjunto mandado construir por los Condestables de Castilla (ver más referencias en este mismo blog, entrada de 4 de setiembre de 2009).

Desde mi confinamiento
(Año del coronavirus, abril de 2020)



NUEVA  ADENDA A CASA LA VEGA (7/4/2026) 

Otra vez Honorato Rupelo colabora con este blog para hacernos partícipes del 
mapa de la finca y sus anexos de Casa la Vega.  
Gracias en nombre de todos, Honorato.

He aquí dicho mapa:


lunes, 20 de abril de 2020

NOS ROBARON EL MES DE ABRIL

Cerezos de Caderechas 

Cascada en el río Trueba
Roble Borracho


FOTOGRAFÍAS: Cascada del río Trueba. Roble Borracho. Cerezos de Caderechas. Atardecer en Peñahorada. 

Queridos confinados, amigos de este Cajón de Sastre. Os escribo para estar junto a vosotros, hoy más que nunca, para daros ánimos, para con vuestra cercanía sentirme  yo mismo animado. No debe estar lejos el día en que volveremos a la vida. ¡Pero qué precio tan alto el que habremos pagado! Las semanas de encierro que llevamos nos están impidiendo ver lo que rebulle ahí fuera. Algo está sucediendo en nuestros campos, en nuestros cielos, y no podemos verlo ni disfrutarlo. Es primavera. No sé si lo habéis pensado, pero en estos mismos momentos se estarán abriendo las últimas flores de los cerezos en Caderechas, ¡y nos lo estamos perdiendo! En estos mismos momentos, las aguas recién nacidas del río Trueba, que vienen de Las Estacas de las nieves, se estarán precipitando en plateada cascada para sortear cabañas del fin del mundo, ¡y nos lo estamos perdiendo! En estos mismos momentos, el Roble Borracho debe estar alumbrando sus primerizas hojas de terciopelo, ¡y nos lo estamos perdiendo! En pocas horas, al caer la tarde, entre nubarrones de lluvia abrileños, los ocasos pintarán, cada día de este inacabable mes, parcelitas de cielo por toda la provincia, con colores y luces de planetas extraños, ¡y nos lo perderemos! Atinaba Sabina cuando se preguntaba “quién nos robó el mes de abril”. Ah, pero eso lo sabemos bien.


Atardecer en Dos Hermanas


Desde mi confinamiento
(Año del Coronavirus, primavera 2020)