Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

viernes, 21 de noviembre de 2014

EL ARCO DE LA VIRGEN EN ARENILLAS DE RIO PISUERGA


Arco de la Virgen sin imagen
El arco con la talla de la Virgen


Se aprecia la puerta de acceso al balcón

Traseras del Arco de la Virgen, con 
Estructura rústica y poderosa


FOTOGRAFÍAS: Arco de la Virgen en Arenillas de Río Pisuerga (Tomadas en 2004 y 2014) 

Uno echa la vista atrás y comprueba con nostalgia cómo este Cajón de Sastre ha envejecido. Ha cumplido con creces cinco años de vida, largo o corto periodo, según se mire, que ha servido para dar cabida a 440 entradas de temática muy dispar. Cuatro largos centenares de pequeñas historias, de distintos lugares de Burgos, que me han servido para recorrer, una vez más, la provincia y para compartir ratos de emoción con todos vosotros, no muchos  pero selectos amigos de aquí y de ultramar. No digo todo esto porque trate de hacer una conmemoración, qué va, no hay caso, solo es una reflexión a vuela pluma que se me ha ocurrido al visitar, recientemente, Arenillas de Rio Pisuerga y contemplar el Arco de la Virgen, una construcción de la cual conservaba en mis archivos imagen fotográfica de hace una decena de años, y a la que siempre creí que tarde o temprano habría de referirme. Se trata de un arco o pasaje semejante a algunos que ya han aparecido en este Cajón de Sastre. He rebuscado en los bajos fondos y he visto que han pasado ya tres años desde que nos referimos a otros arcos de parecidas características (¡cómo olvidar el precioso arco de Castil de Lences, dolorosamente demolido). Y claro, el encuentro me ha producido una sensación de vértigo. 

En aquella vieja entrada confesaba mi debilidad por arcos y pasajes,  elementos urbanos tan sencillos como prácticos. Y es que en verdad emociona pensar que pueden estar en uso desde siglos atrás, quizá desde la misma fundación de los pueblos. Pero el de Arenillas no es un pasaje cualquiera para comunicar calles o plazuelas, pues más parece una entrada al pueblo en tiempos en que debió estar cercado que un simple pasaje para comunicar espacios urbanos. En realidad, y según se nos ha informado, hubo otro arco igual que desapareció hace tiempo (¿un arco de entrada al pueblo y otro de salida?, quizá, ejemplos varios hay en los pueblos de Burgos). Apoyado sobre grueso tapial de tierra, el arco es todo un alarde de arquitectura popular. Rústico pero poderoso, con un armazón de madera y tierra donde destaca un balcón al oriente que contiene una hornacina para alojar la talla de una  Virgen, la que ahora ha sido desmontada para su restauración; y para acceder a esta hornacina y a esta Virgen el balcón tiene una escalera trasera y una puerta. Bien puede uno decir, al estar delante de esta construcción, que ha atravesado la barrera del tiempo de la arquitectura. ¡Qué delicia y qué emoción!

jueves, 13 de noviembre de 2014

OTOÑO EN TUDANCA


Las gallinas de Tudanca escarban 
en el camino amarillo

Tudanca se esconde tras la chopera dorada

El Ebro se remansa para contemplar los colores
otoñales de su ribera


FOTOGRAFÍAS: Tudanca y río Ebro (Tomadas en el otoño de 2013).


Dicen que nos vamos al caer la hoja, y la verdad, no sé por qué hacemos semejante tontería. Uno ve el radiante otoño en Tudanca y ha de querer quedarse para disfrutar de otro más, y de otro, y otro más. Los otoños en Tudanca, cuando los chopos y frutales cubren de colores sus prados verdes, son de ponerse en pie y ovación generalizada. Nada en ellos incita a marcharse, solo a quedarse. En el otoño de Tudanca las gallinas rojas y libres picotean y escarban entre las hojas caídas desde la fundación del pueblo, las más arrojadas, como lo hicieron siempre que no hubo riadas, se acercan a la orilla del Ebro remansado y visitan a los mejillones, oscuros durmientes enterrados en la arena. En Tudanca, donde la carretera muere y el río continúa entre montañas imposibles, bajo una sinfonía de colores de ribera, uno desea que siempre sea otoño.


viernes, 31 de octubre de 2014

CEMENTERIOS DEL MUNDO


Minúsculo y perdido cementerio entre Puebla y Oaxaca,
 visto en marcha, a través de los cristales del autobús.


Cementerio chiapaneco con cruces de madera.

Cementerio en Capadocia, sin panteones, en la tierra.  

Cementerio a orillas del Bósforo, con leyendas escritas
que parecen obras de arte. 

Un cementerio de pega y de película
en el valle de Mirandilla.

FOTOGRAFÍAS: Cementerios de México y Turquía (Tomadas en mayo de 2013 y 2010). Recreación de cementerio para la película El bueno, el feo y el malo (Valle de MIrandilla, Burgos. Tomada en 2009).   



Existe el turismo de cementerios, seguro, porque el turismo invade todo y hay gente para todo. Ocurre, sin embargo, que ese turismo está pensando para los cementerios monumentales, bellos y famosos, como el de Recoleta en Buenos Aires, o el de Bruselas donde yace Hergé, por poner solo dos ejemplos muy conocidos, mientras que los más chiquitos y de culturas pobres viven el anonimato que da la humildad.  Hoy, víspera de muertos y flores, quiero tener un recuerdo y una flor para esos cementerios humildes, sin panteones, de pueblos desconocidos y remotos, donde también se llora o han llorado difuntos. Os dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, algunos que me salieron al paso en mis idas y venidas, donde descansan ciudadanos que fueron del mundo.


martes, 28 de octubre de 2014

CAMINO DE SANTA CASILDA (III) DESDE ROJAS POR EL PASO DE LAS CUEVAS



Rojas. A la izquierda de la imagen
 puede verse su castillo. 


Molino de Los Congostos.


Molino de Los Congostos.


Gran cavidad en el paso de Las Cuevas.
En ella vivieron gitanos nómadas.
¡"Cuántos gitanos habrán nacido ahí en eso"!

Paso de Las Cuevas, camino de Buezo.
Hubo quien caminó descalzo por la roca.



Paso de Las Cuevas.

Al final del camino se aprecia la entrada
 al paso de Las Cuevas.

Santa Casilda al borde del precipicio.


FOTOGRAFÍAS: Rojas. Camino de Rojas. Paso de las Cuevas. Santuario rocoso de Santa Casilda. (Tomadas en octubre de 2014). 

Hace dos años (¿dos años ya?) que en este Cajón de Sastre, para el capítulo de “Pasos de Montaña”, recorrimos algunas de las rutas que siguieron los devotos de Santa Casilda para llegar al santuario de la princesa mora convertida. Recordemos que la última de ellas fue la que, partiendo de Quintanavides, lleva a Buezo pasando por Reinoso. Dos años, ya digo, y parece que fue ayer. Hoy venimos con una nueva ruta, la que desde Rojas, como punto de confluencia de devotos de numerosos pueblos de La Bureba y de Las Torcas, pasaba por la estrechura conocida como Las Cuevas, camino de Buezo. Las Cuevas es un pintoresco pasaje entre peñascos calizos que debe su nombre a la existencia de algunas cavidades a uno y otro lado del río que discurre paralelo al camino. En una de ellas, la de mayor amplitud, se cuenta que salió un pollo que habían metido por la Cueva del Moro, de Quintanaurria. 

Rojas es un lugar con especial veneración a Santa Casilda, como lo demuestra que cada 9 de abril celebran su fiesta. Como lo demuestra también que cada día de San Juan y cada día de San Miguel, sus vecinos tenían y tienen la costumbre de subir en romería al santuario para celebrar sendas comidas campestres (había bailes y se mataba un pollo para cada ocasión) en torno a la ermita y al milagroso Pozo Blanco. Y si a todo ello le sumamos que generación tras generación sus vecinos han visto pasar por su calle mayor a infinidad de peregrinos camino del santuario, podemos decir que Rojas es un pueblo casildiano, si se admitiera tal definición.

A Rojas llegaban devotos desde lugares bien distantes, cada uno por donde le venía mejor, pero la mayoría confluyendo en el pueblo castelar. Los que llegaban de Las Torcas, Melgosa, Valdearnedo, Cobos, Abajas, Arconada, La Molina, los Rublacedos..., esos pasaban por Quintanaurria, el pueblo de las higueras, donde tomaban un camino montesino que los conducía hasta el molino de Los Congostos, inicio del paso de Las Cuevas, sin necesidad de entrar a  Rojas. Pero los que peregrinaban desde el oeste de la Bureba, dígase Poza de la Sal, Llano, Hermosilla, Castil de Lences, Lences, Carcedo, Quintanilla,.., esos tenían a Rojas como paso obligado. 

Rojas y su amplia y aseada calle mayor (desde 1910, Avenida de Toribio Saiz, benefactor del pueblo, ya que fue quien sufragó la traída de aguas), en efecto, era lugar de paso para los devotos de la santa. Sus vecinos de siempre los vieron pasar, andando o en burros, en grupos o en solitario, algunos descalzos haciendo penitencia para pedir favores ("De aquí mismo, de este pueblo [de Rojas] pues a una que tuvo un nieto la meningitis...., y el niño se quedó ciego, pues se ofreció a Santa Casilda. De rodillas subió la mujer toda la ladera, pero al chiquillo no se le quitó la ceguera ...".), otros ocultando en las alforjas los exvotos de cera que ofrecerían en el santuario. Todos en dirección a Las Cuevas, donde el camino a Santa Casilda se hace roca y ensombrece.


viernes, 24 de octubre de 2014

VILLA JOSEFA, CLINICA DE LA BLANCA Y VILLA JIMENA, TRES EN UNO


Torre con balconadas de Villa Josefa 

Villa Josefa rodeada y con restos de incendios

Caño Gordo degradado


FOTOGRAFÍAS: Villa Josefa vista desde el exterior (Tomadas en octubre de 2014). Planos para proyecto, 1918 (cortesía de Archivo Municipal de Burgos).



Engullido por edificios de nueva construcción y frondosa arboleda, el viejo y coqueto caserón de Villa Josefa, en el paseo de los Pisones, tras sufrir toda suerte de vicisitudes, llama nuestra atención hoy cuando su degradación es más que palpable. Sería una pérdida lamentable para la ciudad que este bien arquitectónico de principios del siglo XX desapareciera.

Lo que vemos ahora desde el exterior es poco, pero suficiente para hacernos una idea de lo que fue en su esplendor como residencia familiar. En realidad, si estuviera situado en La Castellana no llamaría la atención, pues se diluiría como uno más entre tantos chales de imaginativa construcción que llenan esa zona residencial de la capital burgalesa. Pero está en los Pisones, en el que un día se llamó camino de Cardeña, zona que en el tiempo que se construyó podía tener todavía un aire rural; y se levanta en el lugar de la afamada fuente de Caño Gordo, tan recordada por el vecindario del otro lado del río.

En lo más alto de la torrecilla con balconadas que caracteriza este conocido edificio campea todavía un gran letrero con la palabra “HOTEL, que hace alusión a la etapa en que cumplió esta función, y que es cuando recibía el nombre de Villa Jimena. Y si nos fijamos bien, aunque bastante camuflado por la vegetación, veremos, a su derecha y en un nivel inferior, otro letrero, de piedra, con el nombre de “VILLA JOSEFA”, que es como se llamó originariamente al edificio.

Recurrimos a los documentos que se guardan en el Archivo Municipal y vemos que Villa Josefa se levantó hacia 1918, que es cuando Gustavo Rafael Olea Trespaderne, dueño de los terrenos (“pago de Caño–Gordo”), solicitó permiso para la construcción, no sólo de uno sino de dos edificios iguales con pocos metros de separación. Aunque al final, quizá por la escasez y carestía de los materiales, a causa de la Gran Guerra, sólo se construyó uno de ellos, que es el que ahora vemos.

Llama la atención que en el documento de aprobación de la construcción por parte de la Comisión de Obras del Ayuntamiento se utilice la palabra “hotel” para referirse a ella, cuando no era para usos hoteleros lo que pretendía hacer dicho promotor. Quizá con esta denominación, por aquella época modernista del primer cuarto de siglo, un chalet de cierta importancia podía llamarse hotel, aunque no lo fuera. En todo caso, no debemos caer en el error.


Plano del proyecto presentado al Ayuntamiento
(Cortesía del Archivo Municipal de Burgos)


Como residencia familiar y con el nombre de Villa Josefa pudo durar hasta bien cerca de 1925, como se deduce de que en este año el mismo promotor solicitó al Ayuntamiento renovar la autorización para construir el segundo edificio, aquel que en 1918 no llegó realizarse. Pero,  a lo que se ve, tampoco en esta ocasión llegó a construirse.

Ya hacia 1930 el edificio había cambiado de usos, funcionando por aquellos años como clínica, la bien recordada Clínica de la Blanca, donde muchos burgaleses sanaron o vinieron al mundo.

Durante los años de la Guerra Civil Española, tropa mora de Franco estuvo viviendo en Villa Josefa. Hay en los Pisones vecinos que recuerdan  a los “moros” recogiendo hierba buena alrededor del Caño Gordo para hacer sus tradicionales infusiones. Se recuerda, así mismo, la ocupación del edificio por parte de altos mandos militares, quizá después de los moros, aunque las noticias orales en torno a esta cuestión son confusas.

Hacia los años setenta del siglo pasado Villa Josefa ya no funcionaba como clínica y se había transformado en un negocio hotelero con el nombre de Villa Jimena; un negocio que funcionó bastantes años, hasta que hará unos veinte, según se nos ha informado en el barrio, cerró. Desde entonces, y tras haber sido objeto de ocupación por parte de "zapadores" ambulantes de toda índole, y alguna que otra llamarada, vive su época más triste, la de su ruina. ¿Hasta cuando?


domingo, 12 de octubre de 2014

LAS “DERROTAS” DE SANTA GADEA, LA BAJADA DEL GANADO


Una cerca para recibir el ganado

El ganado no entiende de carreteras y el jinete
 tiene que esforzarse

Las vacadas de Hijedo entran en Santa Gadea

De nuevo pasan por el pueblo

Al fondo puede verse Quintanilla de Santa Gadea

Salen del cercado

Un jinete va delanrte

Las yeguas corren por el pueblo...

Parece que quieren llegar cuanto antes al Monte Hijedo

Los músicos de Valdeporres animan la fiesta ganadera

Se reparte entre los asistentes carne guisada,
carne criada en Hijedo

Un caballo americano (EEUU) fuera de exposición

De vuelta a Hijedo, por Peña Castigo.

Mañana (12), por fin, pacerán la hierba retoñada
en el Serengueti burgalés


FOTOGRAFÍAS: Santa Gadea de Alfoz y Monte Hijedo (Tomadas el 11 de octubre de 2014)

  
¡No, no, no se trata de ninguna derrota en algún conflicto! Más bien es al contrario, en lo que sabemos, Santa Gadea de Alfoz, solo disfruta de triunfos. Bien cercanos están los dos primeros premios conseguido por el Ayuntamiento de este  lugar del norte de Burgos (compuesto por Quintanilla, Higón y Santa Gadea) por haber sabido conservar su patrimonio, edificado y natural. Y bien que lo ha merecido. Ayer, por segundo año, se celebró en Santa Gadea de Alfoz, como una fiesta de nueva creación, lo que desde tiempo inmemorial se ha llamado  las “derrotas”. Con este nombre se refieren a la vieja costumbre de la bajada del ganado de los montes circundantes, en especial del Monte Hijedo, a los extensos praderíos que rodean el pueblo (al Serengueti, como le gusta decir a su alcalde), para que coman los nuevos brotes de hierba, los que salen por estas fechas después de la última siega a la entrada del verano; son esos brotes que los pasiegos burgaleses de Cuatro Río llaman el “retoño de otoñada”. Las derrotas siempre se han hecho de manera natural, como una de las actividades que los ganaderos de este alfoz están obligados a hacer todos los años a la entrada del otoño para alimentar a su ganado. Ayer tuve la gran suerte de disfrutar de este evento festivo-ganadero al que auguro halagüeño porvenir como fiesta popular. La verdad que fue un espectáculo total. Ya nada más acercarnos a Santa Gadea pudimos ver en la lejanía, recortados en las primeras nieblas de la mañana, cómo unos jinetes a caballo intentaban a gritos conducir una manada de vacas coloradas hacia el pueblo, era una escena que recordaba a las que tantas veces hemos visto en las películas del oeste americano, sin John Wayne, pero con actores oriundos que harían magnífico papel en Hollywood. No sin esfuerzo por parte de los jinetes, la  manada llegó por fin a la carretera, la seguimos detrás hasta llegar al pueblo. A la entrada, los cencerros de las vacas apenas si se oían por el estridente sonido de canciones tradicionales de la montaña; los altavoces, potentísimos, parecía que encabritaban a las vacas, que pasaron como una exhalación por medio del pueblo, junto  a la iglesia, los puestos de los ambulantes y el público congregado,  hasta llegar a una campa cercada donde ya había más ganado “aparcado”. Vacas de todos los colores y de todas las razas, acompañadas de yeguas rojas, fornidas y brillantes, cada cual en su recinto. Vacas pirenaicas, pardas de la Montaña, mestizas, charolesas, tudancas, pintadas rojas, limosinas, toda una exposición ganadera, que es en lo que en realidad han de convertirse, si no lo son ya, las ancestrales “derrotas”. Y en medio de la campa, el chiringuito, donde se repartió carne guisada de vacuno alimentado en el Monte Hijedo. Y alrededor del chiringuito, ganaderos con sus típicas varas, quizá hablando del próximo San Lucas en Soncillo, más los gaiteros de Valdeporres, que a duras penas se hacían oír por los estridentes altavoces. Un bullicio que habría de durar hasta las tres de la tarde, que es cuando se dio suelta al ganado para ser conducido de nuevo al monte. Fue emocionante, y muy hermoso, ver pasar a toda velocidad vacas y yeguas por la calle mayor de Santa Gadea. Nosotros las seguimos hasta que se perdieron por los prados y caprichosos peñascales de Hijedo. Mañana (por hoy) de nuevo los jinetas de a caballo habrán de ir a buscarlas al monte para bajarlas a los prados, pero esta operación es hoy una añadido para la fiesta, porque las “derrotas” eran de un solo día. 



Más pronto que tarde, las "derrotas" serán
 fiesta de interés turístico,
que es lo que se lleva ahora.



miércoles, 8 de octubre de 2014

UNA VENTANA AL CIELO DE VILLANUEVA DE PUERTA



Delicia de otros siglos,
milagro de conservación.


Villanueva de Puerta


FOTOGRAFÍAS: Ventana y lugar de Villanueva de Puerta (Tomadas en octubre de 2014).

Digo Cielo con mayúsculas porque la ventana maravillosa que hoy os traigo, queridos amigos, tiene dos escudos que la delatan como eclesiástica (llaves de San Pedro en uno y Cáliz en otro) y también porque su arte proclama una belleza y perfección fuera de lo común. No dejo de sorprenderme cuando veo una de estas joyas en algún pueblecito perdido de nuestra geografía burgalesa, a la vista de alguna de ellas siempre me hago la misma pregunta: ¿cómo es posible que ventanas tan ricamente adornadas, en casas sencillas (aunque sean rectorales), en pueblos pequeños (cuando no en aldeas) hayan perdurado  cuatro o cinco siglos, o incluso más, sin ninguna modificación? Agradezcamos el milagro a los distintos dueños que las gozaron y que tuvieron el buen sentido de dejarlas como las recibieron. Gracias.


viernes, 3 de octubre de 2014

DE ABANDONOS Y DESAPARICIONES, LA LEY DE ACACIO


1999

2014

1999

2014

1999

2014

1999

2014


 FOTOGRAFÍAS: Imágenes de Icedo (Tomadas en 1999 y 2014)

Mi inolvidable y ya desaparecido amigo Acacio, el solitario de Linares de Bricia, de quien ya dejamos huella en este Cajón de Sastre, al hablar de la despoblación de los pueblos me soltó una vez una frase lapidaria referida a Linares: “Esto, Elías, fue monte y monte se volverá”. Quería decir, obviamente, que su pueblo y otros pueblos algún día podrán desaparecer, que sus casas se hundirán y la vegetación salvaje reinará de nuevo en ellos. Bueno, afortunadamente, las predicciones de Acacio no se han cumplido en su Linares, pero sirven para otros que, tras haber sido abandonados, caminan a marchas forzadas hacia la desaparición total. Ejemplos hay muchos en Burgos.

Un día quise comprobar si las golondrinas llegaban a los pueblos abandonados, y dejé dicho aquí, tras hacer la comprobación en uno de ellos, que no, que estos simpáticos alados no quieren saber nada de ruinas y abandonos y desdeñan por ello los pueblos donde no habita nadie. Ninguna vi en Bárcenas de Bureba, y no será por falta de mosquitos  y otros insectos veraniegos. Y es que, así son estas amigas, que con su no presencia dan señales de lo que está sucediendo y de lo que está por venir.

Bien, pues hoy he querido hacer una nueva comprobación, la de si las previsiones de Acacio, de las cuales yo mismo no dudaba, eran certeras. Y bien que lo son. He visitado uno de mis pueblos del silencio, uno de aquellos 64 que tuve la suerte de conocer hace quince años y he comprobado que su imagen ha cambiado significativamente. Ya nada parece lo mismo en Icedo, casas que entonces estaban medio arruinadas ahora lo están del todo, y los muros y paredes caídos ahora se ocultan entre maleza salvaje y nuevos árboles, y de lo construido apenas quedan señales. El cambio es tan brutal que ni siquiera he podido acceder a los puntos desde los cuales hice las fotografías de entonces, aunque sí bastante aproximados. Tenía razón Acacio, Icedo se está haciendo monte.

Os dejo, queridos amigos y seguidores, imágenes de antes y de hoy de Icedo. Comparad, pero sabed que no son errores.  


lunes, 29 de septiembre de 2014

EL ELECTRICISTA DEL PÁRAMO


"Casa de máquinas" con vivienda 
para el electricista adosada. 

Pegados a la carretera de Masa
 y vacíos ya de contenido.

Traseras del conjunto.


FOTOGRAFÍAS: Torre de transformadores en Masa. (Tomadas en setiembre de 2014).


A veces las cosas mas sencillas sirven para recordarnos hechos relevantes. Esto podría aplicarse a una edificación solitaria que existe entre la localidad de Masa y la carretera  vieja de Santander. Se trata de una torrecilla, con pequeña casa adosada, que siempre había llamado mi atención en mis idas y venidas hacia el norte, una construcción que sospechaba pudo tener su historia y a la que sabía que un día u otro tendría que dedicarle una atención. Siempre me pareció lo que en realidad es, una torre de transformación eléctrica, pero tenía que comprobarlo, pues había algo en ella que me parecía especial. Así, recientemente hice parada en Masa para recabar información. Contacté con José Luis de Miguel, un vecino de este lugar, de 86 años, que fue quien me dio detalles del pequeño conjunto pegado a la carretera.  En efecto, se trata de una vieja torre de transformación de la luz que llegaba del El Porvenir de Burgos, de aquella  fábrica de luz que a principios del siglo XX se creó en Quintanilla Escalada, en el cañón del Ebro. En origen fue un alto en el camino, en su ruta hacia Burgos capital, de los voltios producidos en dicha central para transformar y distribuir luz a los pueblos del páramo. Hasta aquí, todo normal. Pero la torre de Masa no es una torre cualquiera, pues dispone (disponía) de una vivienda adosada, con su pozo de agua y con teléfono para comunicarse con la central. En ella vivió siempre un electricista, con su familia, que era el que se encargaba de las averías en el tendido eléctrico y en las casas, y el que cobraba los recibos de la luz a los abonados de los pueblos. En Masa siempre se ha conocido al conjunto como la “Casa Máquinas”, y al que vivía en ella, como “el electricista”. A lo largo de su historia, fueron varios los electricistas que ocuparon esta vivienda, y José Luis de Miguel los recuerda a todos y a sus familias; se acuerda de Esteban, que era de Quintanilla Sobresierra, y de su mujer Estefanía, “estaban cuando la luz era de El Porvenir de Burgos” (porque andando el tiempo pasó a ser de Electra de Burgos). Precisamente, fue con Aniceto cuando se quemó la torre con sus  transformadores y hubo de rehacerse. Más tarde, hacia los años sesenta,  estuvieron Eliseo y Juliana, y por último José María Salas y Angelita Manero. Todos con sus hijos, que acudían a la escuela de Masa. Uno se imagina al electricista del páramo reparando postes y cables en las llanuras nevadas donde se hiela hasta el alma y le entran escalofríos. Eran los tiempos heroicos de la electricidad.