Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

martes, 8 de mayo de 2018

LAS CHOPAS DE SALGÜERO


Chopo con título de chopa
De la tala de hace cinco años salen dedos
 a buscar la luz
Dignidad de chopa, digna ancianidad
Guardianes del río



FOTOGRAFÍAS: Chopas del arroyo Salgüero (Tomadas en mayo de 2018)

 Querido Sauce del Puente:
Como te prometí ayer, fui por la tarde a tierra de Juarros para ver a tus hermanos, muchos, por cierto. Pero si te soy sincero, sentí cierta frustración, pues no son sauces, como llegué a intuir de tus palabras, sino chopos de ribera, o más bien chopas, porque todos han alcanzado, por su antigüedad y volumen, la dignidad femenina, privilegio solo reservado a pocos árboles. De acuerdo: son tus hermanos porque son vegetales, como tú, pero no sauces. En todo caso, te diré, querido Sauce del Puente, que quedé maravillado de su monumentalidad y de verlos tan bien ordenados junto al cantarín río que baja de Salguero. ¿Te puedo hacer una confidencia? ¿Sí? Pues bien, te la haré: a lo largo de mi vida he pasado infinidad de veces por esta carretera juarreña,  casi siempre en época invernal, tiempo difuso, sin hojas, pelón. Quizá por eso también yo, en la distancia, confundí siempre los troncos de estos chopos con sauces. Y te diré más: una y otra vez prometí bajarme del coche y acercarme a ellos, para identificarlos y abrazarlos, pero nunca lo llegué a hacer, hasta ayer, cuando los nubarrones y centellas de tormenta amenazaban con romper la calma de tierra de juarros. Te dejo estos retratos de familia que pude obtener para que los guardes en el vientre de tu tronca, y los mires de vez en cuando en tu soledad junto al puente sobre el Ubierna.  



Salgüero de Juarros, un remanso para soñar


  

domingo, 6 de mayo de 2018

EL SAUCE DEL PUENTE

    
El Sauce del Puente con larga cabellera de invierno


FOTOGRAFIA: Puente sobre el Ubierna, marzo de 2018

        Estoy aquí hace más de un siglo y tú me has ignorado. Sé que te han interesado encinas, robles, hayas, castaños, tejos, sabinas, morales e incluso humildes chopas. De todos ellos guardas memoria en tu baúl de los árboles longevos. Por eso me duele más que te hayas olvidado de mí, sauce entre los sauces, que vengo oyendo el murmullo del Ubierna cien años antes de que tú nacieras. He visto pasar por el puente de Ortega a muchos labriegos con sus pollinos llevando pesados costales al molino cercano, y podría contarte historias de leyenda que mucho te interesarían. Pero tú me habías ignorado. Tengo hermanos en Juarros que te hablarán de mí, ve, pregúntales.
        Disculpa, sauce entre los sauces, pronto iré donde me dices. 
  

martes, 1 de mayo de 2018

DESPOBLACIÓN Y PATRIMONIO


Artística portada, con leyenda y escudo, datada en 1727

Desde el exterior parece estar completa, 
dentro reina la ruina

Sorprenden cuatro hornacinas juntas,
bajo una cubierta que ya no está  



Dentro crecen los árboles 

Una obra hecha a expensas de un 
"caballero del hábito de Santiago"


FOTOGRAFÍAS: Ruinas en el valle de Valdelucio (Tomadas en abril de 2018)

        Uno de los efectos colaterales (¡colaterales!, ¡ni que habláramos de una guerra!) de la despoblación de nuestros pueblos es la degradación y desaparición del patrimonio histórico, artístico y etnográfico. Quienes desde hace tiempo nos dedicamos a recorrer la provincia de Burgos lo sabemos muy bien, tras haber comprobado, año tras año, visita tras visita, que lo que un día conocimos en pie, hoy, tras el abandono de los vecindarios, lo vemos reducido a escombros.
        Muchas veces hemos llamado la atención sobre el estado de algunos monumentos (no por humildes menos valiosos) a los que no se les ha prestado ni presta ninguna atención. “El pueblo se quedó vacío, luego el patrimonio ya no sirve, lo olvidamos”, parece que aceptamos todos con naturalidad. Presumimos de la riqueza patrimonial de Burgos, pero no hacemos ni una mínima parte de lo que podría hacerse para su salvación.
        Podríamos hacer una lista de edificios-patrimonio, eclesiásticos o civiles, que ya son prácticamente irrecuperables, pero sería interminable y sobrepasaría el reducido espacio que desde un principio nos propusimos aquí. Quizá algún día alguien haga esa lista, y entonces todos nos llevaremos las manos a la cabeza.
        “Deberían cuidar de que esto no se cayera, porque forma parte de su historia”, recomendé  recientemente, inocentemente, a un hombre que encontré en un pequeño pueblo de Valdelucio tras haber visto su interesantísima iglesia arruinada. Su respuesta fue lapidaria: ”Pero cómo, si aquí vivo yo solo”.
        Tanto la despoblación, como la conservación del patrimonio rural son batallas perdidas, lo sé, pero causa dolor e impotencia ver cómo tantas maravillas desaparecen ante nuestro ojos. Las imágenes que aquí dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, corresponden a la maravilla de Valdelucio que antes he citado. Seguro que, como yo, disfrutaréis con dolor al contemplarla.
        Al menos que quede registro de ella.

domingo, 29 de abril de 2018

UN PORTILLO EN EL ESPINAZO DE VALDELUCIO

Paso excavado y contrafuerte ciclópeo

Desde El Portillo, a lo lejos, se ven Barrio y La Riba 


FOTOGRAFÍAS: El Portillo, Barrio-Lucio y la Riba de Valdelucio (abril 2018)

        Fueron tiempos de portillos, de excavaciones en las rocas para pasar de un lado a otro, para atravesar montañas y cordilleras imposibles y evitar grandes rodeos. Fueron tiempos en los que nada se interponía en la comunicación de pueblos y lugares, bien para la relación entre vecinos o bien para aprovechar bienes o riquezas “del otro lado”. Nada asustaba, y si había que enfrentarse a las peñas hasta desgajarlas, abrir paso donde no había, se hacía con valentía y decisión, utilizando pesados mazos y picachones; no importaba el tiempo empleado ni el esfuerzo megalítico si al otro lado se encontraba el familiar o el amigo querido, las buenas tierras de cultivo o los verdes pastizales para los ganados.
        Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, os traigo un paso nuevo de montaña, uno más que añadir a la larga lista de los que ya llevamos guardados en este Cajón de Sastre. Localizado en el valle de Valdelucio, era conocido como “El Portillo” y servía para comunicar los pueblos de Barrio-Lucio y La Riba con los del otro lado del espinazo que parte en dos al valle de Valdelucio (Respenda, Mundilla, Villaescobedo...), así como también para acceder a los ricos pastos de Berrón, abajo del “espinazo”, hoy patatales, pero ayer buenos y extensos praderíos. Alguien nos contó, en este sentido, que fue facilitar el acceso del ganado de Barrio y La Riba a estos pastos el motivo principal para la abertura de El Portillo.
        Si hubiéramos encontrado vecinos suficientes en lugar de vacíos lugares, seguramente nos hubieran descrito relatos con alma en relación a este Portillo, pero la despoblación se llevó la memoria a peor vida. Aun así supimos de novios de uno y de otro lado que en numerosas ocasiones lo atravesaron para sus encuentros amorosos. 

jueves, 26 de abril de 2018

UN MÁGICO TAPIZ DE JACINTOS

         
 
Un bosque teñido de azul.

Jacintos para los sentidos


FOTOGRAFÍAS: Bosque de Hallerbos (Tomadas en abril de 2018) 

Y otra vez en Bélgica, queridos amigos, por aquello de que un tal Erasmus me robó una hija hace veinte años y ya no la soltó. Pero el robo tuvo sus compensaciones, pues en cada visita hemos ido descubriendo nuevas cosas y gozado de las muchas maravillas que encierra el país de Brel. En esta pasada semana hemos descubierto que Bélgica está sumida también en el Cambio Climático; cómo, si no, explicar que en el mismísimo abril (nuestro abril ruin) las temperaturas alcanzaran, cada día, 26 grados y que el sol lleno acompañara hasta casi caer la noche. Bueno, esto no sé si fue gozo, pues todo lo intempestivo tiene sus consecuencias. Eso sí, los bruselenses lo disfrutaron como nunca, no había más que ver sus calles y terrazas atestadas de gente veraniega. 
Pero en realidad, lo que yo quería contar es otra cosa, es sobre la suerte que tuvimos de haber sido testigos del maravilloso espectáculo de los jacintos en flor en un bosque situado a tan solo quince minutos de Bruselas. No lo esperábamos, ni siquiera lo conocíamos, y por no esperarlo fue una sorpresa de esas que dejan gratísimo recuerdo. Es en ocasiones como esta en la que uno se da cuenta de lo importante que es estar en el lugar y en el momento indicados para ver o sentir algún tipo de acontecimiento afortunado. Hay quien (de distintas parte del mundo), recorre miles de kilómetros para ver el milagro de la floración de los jacintos en el bosque de Hallerbos (cerca de Halle), como en nuestro país otros lo hacen para ver la floración de los cerezos en el valle del Jerte. Las visitas a este gran bosque encantado, tapizado de azul en estos días de abril, son masivas, y eso está bien, porque quien se mueve para ver flores tiene un cielo ganado.
Guardamos esta maravilla natural en el cajón de Arte en la Naturaleza, el que hacía tiempo que no abríamos.  


lunes, 9 de abril de 2018

VENTANAS DE BURGOS Y ROSETAS HEXAPÉTALAS

Roseta hexapétala en estela romana
(Reaprovechada en casa de Revilla del Campo)
     
Rosetas hexapétalas en la ermita visigótica de
Quintanilla de las Viñas

Rosetas hexapétalas en celosía prerrománica
del santuario de Villacisla (Presencio) 
Roseta hexapétala, solitaria en iglesia tardorrománica
del valle de Zamanzas



 FOTOGRAFÍAS: Rosetas en distintos lugares de Burgos (Tomadas entre 2010 y 2018)

De nuevo abrimos el arcón de las ventanas, esta vez para guardar algunos ejemplares burgaleses que como característica común tienen grabado en alguna de sus partes el conocido símbolo de la roseta hexapétala. Pero permitidme, queridos amigos, que antes de presentar estas ventanas, y otras que aparecerán más adelante, haga alguna consideración sobre dichas rosetas y sobre su campo de distribución en Burgos, que en realidad es toda la provincia, aunque con mayor presencia en el gran norte. 
El tema de las rosetas hexapétalas tuvimos ocasión de comentarlo hace algunos años (2010) cuando describíamos dinteles y dovelas en portadas de  Cantabrana. Veíamos entonces, gráficamente, que cada casa de este lugar Caderechano tenía grabadas uno, dos, tres o cuatro de estos signos, la mayoría arropando a una cruz latina igualmente grabada, y lo asociábamos a signos apotropaicos, es decir, a símbolos protectores de las casas, teoría aceptada por la mayoría de autores que han dejado sus trabajos sobre este tema en la Red de Internet. 


Rosetas hexapétalas en dovela de portada
(Cantabrana)

Rosetas hexapétalas en dovela de portada
(Cantabrana)

Rosetas hexapétalas en dovela de Cantabrana
(Fechada en 1747)


Con respecto Cantabrana, donde las rosetas son muy numerosas,  como ya he dicho, me surgió una duda: ¿Cantabrana era un caso único o también en los demás pueblos del valle este signo estaba presente y con igual profusión? Tenía que comprobarlo, y una mañana gris del pasado marzo recorrí todos los pueblos caderechanos en busca de hexapétalas. Pero tengo que decir que mis pesquisas fueron inútiles, ya que, sorprendentemente, ni una sola más pude encontrar. ¿Qué fue, entonces, lo que ocurrió en Cantabrabana para que todas sus casas estuvieran “adornadas” con estas rosetas? ¿Fue una moda del siglo XVIII (todas las casas son de esa época), un contagio de los constructores que las levantaron, sin más intención que la de adornar, como me insinuó un amigo arqueólogo, o había algo de mayor enjundia detrás?  No era desechable la idea de mi amigo, desde luego, pero no me dejó satisfecho, prefería y prefiero  creer en algo más trascendente. Todo ello picó mi curiosidad.

Y en Cantabrana nos habíamos quedado, hasta que pasados los años, en días recientes, tropecé con una ventana en Báscones de Zamanzas que por tener hasta 16 rosetas hexapétalas grabadas en su marco exterior, me pareció una rareza, algo extraordinario. ¿Cómo, si no, explicar tal cantidad de ellas para una sola ventana? Si nos atuviéramos a la citada utilidad protectora sería lícito preguntarnos: ¿es que quizá el dueño de esta casa (ahora en ruinas y probablemente de una familia hidalga (a juzgar por la nobleza de sus muros y ventanas) era sumamente supersticioso o temeroso y pensaba que con tanta roseta protectora él y su familia estarían a salvo de todo, como lo estarían también sus animales, o quizá eran solo un motivo ornamental? Preguntas importantes para las que aún hoy no tengo respuesta.


Ventana en Báscones de Zamanzas
con 16 rosetas hexapétalas en posición de simetría

Estaba, pues, metido de lleno en el proceloso mundo de las rosetas, un tema para mí nuevo y al que sesudos autores han dedicado su tiempo y encontrado soluciones al enigma de su presencia en tantos lugares, en tantas piedras labradas, inmuebles, muebles, artesanías... Unos llegan a decir que ya en la Edad del Bronce era conocido este símbolo (no he visto todavía prueba alguna de esto, pero intentaré encontrarla), otros nos remiten a divinidades, a los astros, coincidiendo la mayoría en que la hexapétala es la representación del sol (cultos solares), y que fue utilizado por los celtas, por los romanos (estelas, sarcófagos, etc.), o que se trata de un signo pagano, que pervive en el tiempo y que fue asimilado en el cristianismo a través del mundo visigodo. A todo eso nada tengo que añadir, quizá como autodefensa, pues, como me pasó con las marcas de cantería medievales, que por muchos cientos recogí hace años, tuve que abandonar su estudio seguro de que habría de llevarme a la simple especulación, cuando no a perder la cordura.
Así pues, me limitaré a dejar aquí una serie de ventanas (a veces también puertas y portadas) de Burgos donde dicha roseta está presente, y después, que cada uno haga sus propias interpretaciones. Tal vez algún día, cuando cerremos el capítulo de las ventanas y a través de ellas hayamos podido crear una estadística, lleguemos a algún tipo de conclusión; quizá a través de las circunstancias de cada una podamos distinguir entre las rosetas hexapétalas, heptapétalas y otras de más o menos pétalos que fueron simples adornos, de las que tuvieron una misión protectora, si es que esta distinción en verdad pudiera darse.


Roseta hexapétala junto a escudo
        (Quintanarruz)

Roseta hexapétala en dintel con VITOR fechado en 1782 
(Ruinas de Tamayo)

Rosetas hexapétalas en casa rectoral de
Villanueva de Río Ubierna (1675) 


Rosetas hexapétalas bajo ventana y en portada de la
iglesia de Tudanca


Rosetas hexapétalas en portada de casona hidalga
(Turzo)

Rosetas hexapétalas en ventana de
Sargentes de la Lora


No me resisto, sin embargo, a dejar constancia de una realidad que he constatado: el mayor números de rosetas que llevo vistas en Burgos se encuentran en casas y elementos arquitectónicos del siglo XVIII, bien sea en dinteles de ventanas o en arcos y dovelas de portadas. Buena prueba son las citadas casas de Cantabrana y las sorprendentes portadas de Turzo, Quintanilla Escalada y Tudanca, que aquí podéis ver.


Rosetas hexapétalas en casa hidalga de Quintanilla Escalada

Rosetas hexapétalas en portadas de casona blasonada
(Turzo)




martes, 3 de abril de 2018

UN COLMENAR RESTAURADO EN LOS ALTOS

Un colmenar en el monte...

... admirablemente conservado

Dujos tradicionales


FOTOGRAFÍAS: Colmenar de Los Altos (Tomadas en abril de 2018) 

Por si alguno se deprimió al ver la ruina de la entrada anterior, hoy, para compensar, propongo un ejemplo de lo contrario: la restauración de un bien patrimonial “menor”, como es un colmenar. Me ha parecido un hecho extraordinario, pues esta restauración se debe a un particular y no a ninguna institución u obligada normativa, algo que es justo valorar y que nos debería llenar de gozo si no fuera porque los casos aislados no suelen ni deben conducirnos al optimismo. 
Quizá a alguno de vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre,  os parezca un exceso traer aquí un único colmenar, habiendo tantos y tan variopintos conjuntos de ellos en la provincia, pero cuando un elemento etnográfico, por humilde que sea, ha sido tratado por su dueño como un bien patrimonial digno de conservar, lo ha restaurado con tanto mimo y respeto, sin más compensación que la de ver que lo que recibió de sus antepasados no se ha perdido o perderá, debemos valorarlo de manera muy positiva, mucho más sabiendo que el bien restaurado no le va a reportar ningún beneficio económico.
Este es el caso de un colmenar del Municipio de Los Altos, pintoresco donde los haya y que aquí dejo hoy para vuestra admiración y valoración. Veréis en el interior del cuadrilátero de piedra un puñado de dujos tradicionales dispuestos sobre bancadas, unos dujos que, ya sin uso, vacíos de abejas, se encuentran perfectamente cuidados. Y es esto lo que más llama la atención de todo, incluso más que su antigüedad (que la tiene y de  siglos), ¿cómo, si no hay abejas, el recinto y los dujos han sido restaurados con tanto esmero? Algo ejemplar, sin duda.


viernes, 30 de marzo de 2018

PASIÓN DEL PATRIMONIO

 
Descendimiento entre ruinas
                          

Perspectiva clásica, ¿una pista para la datación? 


 FOTOGRAFÍAS: En un  lugar de Zamanzas (Tomadas en marzo de 2011)

        Entre la antología de ruinas burgalesas que aquí llevamos guardada veíamos en reciente entrada las pinceladas policromas de Quintanajuar, los restos murales del conjunto que en su día embelleció la iglesia de este lugar ahora despoblado. Comentábamos que ya que ninguna figura en concreto podía distinguirse en los fragmentos que se conservaban del naufragio, mejor era dejarse llevar por la imaginación. Hoy, en cambio, queridos amigos de este Cajón de Sastre, lo que traigo son pinturas perfectamente identificables que, aunque muy deterioradas, en días recientes encontré en una iglesia arruinada del valle de Zamanzas (no digo el nombre del pueblo para evitar que a alguien se le ocurra ir a visitarlas y tenga un accidente, dado el estado ruinoso del templo). Son pinturas que parece debieron hacer las veces de retablo de altar mayor, quizá porque en su momento no hubo recursos para instalar uno tallado en madera. Otros ejemplos de “retablos pintados” hay en Burgos, ahora me viene a la memoria el de Villanueva del Grillo, del siglo XVI, que pudimos ver aquí mismo en 2011. Dijimos entonces que se trataba de un retablo pintado, algo anterior al que más tarde se colocó de madera y que hoy se puede ver, ya restaurado, en el Museo del Retablo de Burgos.
        Estaríamos, pues, en el caso de Zamanzas, ante un ejemplo más con la singularidad de que la pintura sobre revoco sustituyó al retablo. Bien es cierto que no es una imitación a retablo ni mucho menos aproximada, pues en la obra pictórica ni hay calles ni imaginería representadas, como es lo habitual en este tipo de muebles litúrgicos. Quedaría por saber, no obstante, si como en el caso de Villanueva del Grillo a estas pinturas sucedió un retablo formal y que este hubiera sido desmontado y llevado quién sabe dónde, pero es este un aspecto sobre el que hoy no tengo noticias. En todo caso, lo que queda de la iglesia amenaza con derrumbarse en poco tiempo, y entonces ella y su ornamentación pronto serán solo un recuerdo.
        Por otro lado, la casualidad ha querido que entre las pinturas comentadas (no me atrevo a sugerir su antigüedad) se encuentre, como representación principal y dentro de un gran círculo, una escena del Descendimiento, tan a propósito en estos días de Pasión.  La "Pasión" entre ruinas, podríamos decir, o la "Pasión" de nuestro Patrimonio, también.



Cada vez queda menos

Bella y original basa de columna, restos del naufragio



jueves, 15 de marzo de 2018

EL DINTEL VICTORIOSO DE UNA VENTANA


Tamayo, el doloroso encanto de las ruinas

El moral de la plaza sigue vivo

El abrazo de la hiedra. Ventanas del Siglo de las Luces




FOTOGRAFÍAS: Imágenes de Tamayo (Tomadas en marzo de 2018)

De nuevo en Tamayo. Otra vez en las mismas ruinas, y en algunas más que nacieron y crecieron después. Han pasado más de veinte años desde la última vez que sentí la emoción y el escalofrío que producen las ruinas de este pueblo del silencio, los espectros de las casas caídas, los agujeros negros de sus bodegas, que se prolongan hacia fondos ignotos. Hoy, los fantasmas de sus habitantes siguen despiertos, sobrevolando el esqueleto de la memoria que se esconde entre abrazos de poderosas yedras. Sigue vivo el moral de la iglesia, como guardián impotente de todo lo muerto, compañero del espacio vacío y grafiteado del gran templo gótico. Las ventanas, asomadas a los caminos, a aquellos que un día fueron calles transitadas, son muchas, todas con ojos vacíos por los  que pasan los vientos de un lado a otro a su libre albedrío. Tanto tiempo pasado y las sensaciones son las mismas, no pueden ser otras. Deben ser esas que genera la desolación de grandezas milenarias venidas a menos, la belleza de las ciudades y templos rotos, llámense Palmira, acrópolis ateniense o Pompeya enterrada. En su humildad, pero también en sus residuales y sobrecogedores muros, Tamayo produce ese magnetismo del que uno queda preso, esa fuerza telúrica que nos hace sentir extrañas ensoñaciones, tal vez las mismas que se diagnostican en el “Síndrome de Stendhal”. 



Algo más que un dintel





UN VITOR EN EL DINTEL 

        Si se escudriña bien, por más visitas que uno haya podido hacer, siempre podrá encontrar algo nuevo en una ruina histórica, algún detalle que pasó inadvertido en anteriores ocasiones. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, puedo mostraros una reliquia en forma de dintel de ventana que encontré en días pasados mirando a lo más alto de las casas de Tamayo. La piedra no tiene desperdicio, pues todo su frente está ocupado por variopintas inscripciones, algunas solo trazos decorativos. Llama la atención en el centro un gran VITOR inciso flanqueado por una data: AÑO DE 1782. Y en torno a este vitor una serie de representaciones, igualmente incisas, que nos llevan a un horizonte de símbolos siempre de arriesgada interpretación. Contiene una roseta hexapétala, tan recurrida como elemento protector en infinidad de edificios; lo que parece un pavo real, que quizá, al igual que el vitor, represente un pavoneo más del constructor de la casa por haber logrado su obra o alcanzar alguna dignidad; más dos figuras, quizá árboles, tal vez palmeras, que podrían abundar igualmente en el vanidoso deseo de ostentación por el triunfo alcanzado. En resumen, se trata de un dintel de gran interés, por lo que tiene de original, que entre otras cosas pone de manifiesto el conocimiento que el cantero labrador o el dueño de la casa tenían sobre el mundo de los símbolos. Aunque,  bien mirado, quizá todo lo expresado puedan ser meras especulaciones. 

domingo, 11 de marzo de 2018

"LA CASA DEL ESCUDO" EN AGUAS CÁNDIDAS

   

La "Casa del Escudo" debió ser la más notable de
Aguas Cándidas
Su escudo pregonaba cierta nobleza

Entre ventana y ventana, un blasón.
Nada de ello queda ya


Ahora todo es un montón de escombros

FOTOGRAFÍAS: "Casa del Escudo" en Aguas Cándidas (Tomadas en 2007 y 2016).  

 

        Las leyendas sobre pueblos que desaparecieron por invasiones de hormigas son numerosas en Burgos. Algunas ya están recogidas en la “Colección Tentenublo”, y se refieren a lugares o pueblos cercanos a Rupelo, San Millán de Lara o Urrez, por citar solo algunas. Pero en lo que siempre fue tomado como leyenda, en algunos casos puede solaparse una desconocida realidad. Sugiero esto porque hace apenas unos días que visité Aguas Cándidas, con intención de ver qué había sido de una casa de apariencia noble que encontré semi-arruinada en 2007, de la cual recordaba, como elemento de interés, una ventana con escudo, y me contaron que la causa principal de su ruina fue una invasión de hormigas termitas. Al parecer estas hormigas (probablemente termitas subterráneas) colonizaron el maderamen del edificio y fueron devorándolo poco a poco hasta que los vecinos, quizá viendo el peligro que se les venía encima, tuvieron que abandonarlo, cosa que debió suceder a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, época en la que las termitas se esparcían por España como marabunta, alcanzando hasta el  mismísimo Palacio Real, entre otros monumentos de la capital del Reino. Pero no solo esta casa de Aguas Cándidas sucumbió por obra de las voraces termitas, otras del pueblo, según me transmitió un vecino de edad avanzada, sufrieron igualmente sus efectos y tuvieron que ser abandonadas. Dicho vecino sabía de lo que hablaba, pues él mismo tuvo que abandonar la suya por esta causa y construir una nueva, aunque, escarmentado, ya sin madera. Los voraces insectos “Eran de cuerpo blanco y cabeza oscura”, según me contó, “pero no se las veía, iban haciendo canales por dentro” hasta dejar huecas las vigas.
         Interesante y tentador motivo de estudio sería, sin duda, la propagación de las termitas en los pueblos de Burgos y sus devastadores efectos, al igual que lo sería ahondar en la relación entre leyenda y realidad en torno a los pueblos desaparecidos por invasión de hormigas. Pero ello nos desviaría del tema que ahora nos trae, que no es otro que la catalogación de una nueva ventana con historia, una más de los cientos que llevamos ya recogidas y guardadas en este cajón de Sastre.