lunes 23 de noviembre de 2009

DAMIÁN MONTERO ("EL PESETA"), EL ÚLTIMO MULERO




Inédito

FOTOGRAFÍAS: Damián Montero, El Peseta, en su casa de San Martín de Elines, tocado con su sombrero de tratante. Portillo del Tez. Los muleros bajaban al Rudrón por estrechos caminos entre la espesura, algunos ya perdidos (Tomadas en octubre de 2009)

Entre la larga lista de personas que ejercieron un oficio de los que ahora podrían considerarse arqueológicos, y que he tenido la gran fortuna de entrevistar a lo largo de mi andadura, no se encontraba todavía la figura del mulero, o si se prefiere la del tratante de ganado mular, aquel que frecuentaba las ferias de aquí y de allá para la venta y compra de ganado. ¡Casi nada!, aquellos míticos muleros que, en su incansable trajín, hacían caminos al andar, con sus caballos, yeguas y reatas, atravesando inhóspitos parajes, angostos desfiladeros, escalando portillos, cuetos y pandos, lugares en donde ahora sólo reina la soledad y el viento. Hoy me complace traer aquí a Damián Montero, uno de aquellos tratantes muleros que tenía (y aún tiene) su casa en San Martín de Elines, en Cantabria, pero que ejercía su oficio también por tierras de Burgos. Hacía muchos años que tenía el deseo de encontrarme con Damián, o si se prefiere “El Peseta”, que es así como se le conocía en las ferias de Burgos, de Valderredible y de buena parte del norte de España. Hoy, por fin, he podido reunirme con él en su bonita casa de San Martín y charlar largo y tendido sobre sus experiencias con las mulas por ferias y caminos ya perdidos, por esas largas rutas que hoy son mis particulares Caminos de Santiago. Tiene 89 años, pero una memoria que ningún viento ni ventisca del páramo han podido borrar. Como se negó a ser un buen estudiante, su padre, Estanislao Montero, el auténtico “Peseta”, que también fue mulero, un día de 1930 le dijo:

“Ya que no quieres estudiar, te vas a Villacarriedo a vender estos cerdos”.

Y ahí comenzó su aventura junto a las mulas. Desde entonces, hasta que el mundo de las ferias se extinguió, no paró, junto con sus cuatro hermanos, de negociar y tratar con el ganado, de conducir reatas por caminos imposibles, un hermano por aquí y otro por allá, cada uno dirigiéndose a su destino. Y tan célebres fueron los Peseta, que hasta llegó a decirse que

“éramos los fundadores de las ferias en Burgos”.

Yeguas de Holanda al acabar la guerra. De contrabandistas en Francia

Damián presume de la potencia comercial de su actividad familiar:

“La primera importación que se trajo del extranjero después de la guerra fuimos nosotros. [Llegaron] de Holanda en barco dos mil y pico yeguas, desembarcaron en Santander. Eso fue a raíz de la guerra, después de la guerra. [Las yeguas eran] para el campo y para criar..., entonces las yeguas valían muchísimo dinero... eran unas yeguas terribles, buenísimas”.

Pero sus actividades en el extranjero no se pararon en el país de los tulipanes, Damián cuenta también su experiencia en Francia:

“¡Y en Francia [nos movíamos] mucho también!, que algunas veces íbamos allí. [Íbamos] pues como podíamos, como los contrabandistas. No ha habido gobierno que haya podido con ellos, ni pueden. [Íbamos] por Pamplona, [por los Pirineos] Íbamos tranquilamente, y las mulas las comprábamos a los paisanos. A la parte de Tarbes, [a] to la parte de Po [Pau] y todo eso, donde estaban las mulas, to la parte baja, y to la parte de Las Landas. [Íbamos por esa zonas] bastante. Y luego, esas mulas las traíamos a vender a Castilla. Nosotros teníamos cuadra en Valladolid, en Palencia, en Frómista, y aquí, en San Martín, [aunque] en Frómista, más. Nosotros comprábamos [mulas] pequeñas pa casa. Nosotros criábamos unas cincuenta mulas, y una vez criadas, las vendíamos. Pero las otras, las del trato, las traíamos de to los sitios”.

RUTAS POR BURGOS, LOS CAMINOS DE LOS MULEROS

El trajín de Damián Montero por la provincia burgalesa fue incesante, primero con su padre, después solo o con algún hermano:

“Íbamos muchísimo a Burgos, miles de veces..., íbamos a las ferias de San Pedro, de San Martín, Santiago..., a todas las ferias”.

Pero además de Burgos capital, tenían otras rutas, siendo las principales las de Villadiego, Melgar, Lerma y Miranda de Ebro. Cada una de ellas tenía sus caminos establecidos, y eran siempre los mismos, quizá buscando la línea recta, aunque ésta estuvieran llena de dificultades. Bien es cierto, sin embargo, que algunas veces, según Damián, el seguimiento se hacía “a ojo de buen cubero”:

“No sabíamos los kilómetros que hacíamos, no los contábamos”.

Ruta de Villadiego: Dos jornadas
Primera jornada: San Martín de Elines- La Rad


Partían de San Martín de Elines, subían por el Portillo del Tez y atravesaban una inmensa paramera de La Lora hasta llegar a Sargentes. Desde aquí bajaban al Rudrón, entre Moradillo y Ceniceros; cruzaban el río cerca de del molino de Rasgabragas y subían a La Rad, donde hacían noche.

Segunda jornada:
La Rad-Villadiego

De amanecida, desde La Rad seguían hasta Talamillo del Tozo, pasaban por el cercano despoblado de Cuevas y seguían hasta Villadiego pasando por Hormicedo y Villalbilla de Villadiego:

“La hacíamos en dos tiradas, una íbamos a quedarnos pues a La Rad; dormíamos allí, en una caseta que había... y las mulas las dejábamos abajo, tiradas en el campo... Por cierto: una vez me pasó un caso cojonudo: llevábamos una pareja de mulas encolleradas, atadas la una a la otra, y no las pude [¿soltar?]... y así se quedaron toda la noche, y no pasó nada”.

Ruta de Melgar y Lerma

“[A Melgar y Lerma], pues por Villadiego, siempre íbamos por el mismo sitio”.

No me fue especificado al completo, sin embargo, parece que los muleros iban hasta Villadiego por los caminos ya citados, y desde aquí a Melgar y Lerma, por rutas distintas pero que bien se pueden adivinar.

Ruta de Miranda de Ebro. Dos jornadas
Primera jornada: San Martín de Elines-Poza de la Sal:

Al amanecer del primer día salían de San Martín, subían el portillo del Tez, se internaban en La Lora, llegaban a Sargentes y de aquí bajaban a San Felices; cruzaban el Rudrón por Valdelateja, subían por el camino de Siero, pasaban por Nocedo y de este pueblo seguían hasta Poza de la Sal, donde hacían noche.

Segunda jornada: Poza de la Sal-Miranda de Ebro

“En marzo era [la feria]. La mejor feria que había en Miranda era la de marzo... Antes de San José era..., sí, porque luego hacíamos la de Melgar, que era en San José...”.

Damián explicó la ruta así:

“Pues íbamos por ahí en eso, por San Felices; subíamos por la ermita de Siero, por Valdelateja arriba, pa pasar a.... pues tol tiempo a ojo de buen cubero. [Eran] dos jornadas a Miranda, dos de ir y otras dos de venir. La primer tirada era Poza, y allí dormíamos, en Casa la Niña, que la llamaban. Una casa particular que nos daba... y claro, como nosotros llevábamos tanto... tenía una cuadra grande que era de ovejas, y...”.

Un habitante en Siero

El Peseta nos aporta un dato bien jugoso para la historia del ahora despoblado Siero:

“[En Siero] todavía vivía una persona. Me acuerdo porque subí muchas veces por allí, que había una persona allí. No me acuerdo si era hombre o mujer, una persona decían que había. Ver echar humo [por la casa] sí [que vi]. Casi siempre pasé [por allí] nevando, ¡caguen diez!

Después de Siero pues íbamos a ese pueblo... cómo se llama...¡Nocedo! Y de Nocedo, a bajar a Poza; y de Poza a Cornudilla, a coger al carretera hasta Miranda”.

Ruta de Burgos

“A Burgos íbamos por aquí abajo, por Orbaneja [del Castillo] y por ahí; como entonces había poco coche, había veces que íbamos a Burgos por ahí [siguiendo el curso del Ebro]. Y otras veces íbamos por ahí [arriba], por el camino de Sargentes pa bajar a San Felices”.

Por los pueblos sin haber ferias

“Aunque no había ferias, pues también ibas por los pueblos. Íbamos por los pueblos con mulas para ver si las querían comprar. Hombre, ibas por los pueblos grandes, por ejemplo, Castrogeriz, Melgar... y te quedabas allí unos días. Los pueblos pequeños no, esos venían a donde estábamos nosotros a comprárnoslas.
Es que decías: pues voy a estar unos días en Villadiego, voy a estar unos días después de la feria; y se lo decías a la gente. Cuatro días, o seis, según fuera la venta que tenías ... Yo, en Paredes de Nava he estao igual doce días”.

CONDUCCIÓN DE LAS MULAS

No debía ser fácil la conducción de las mulas, y mucho menos por los lugares más difíciles. Uno se imagina, por ejemplo, a una reata de mulas subiendo o bajando por el escarpado Portillo del Infierno, y le entran escalofríos de pensar en los esfuerzos sobrehumanos que tal operación podía conllevar. Damián pone algo de luz a aquél trajín, a los procedimientos.

“[Llevábamos] 50 o 60 mulas, sí, sí..., según fuera la feria. A esas ferias [a las de Villadiego, Melgar o Lerma] igual llevábamos 30 mulas, y a la de Burgos, igual 70.

“Generalmente, [los muleros] solíamos salir juntos. De aquí, del valle de valderredible, pues salían los Rojo, de Polientes, Cipriano, el de Villota... Solíamos salir juntos por El Tez, por el portillo del Tez”.

Y cuando no salían juntos

“casi siempre nos juntábamos por el camino”.

Un caballo delante, con un campano, para guiar a las mulas

“Íbamos siempre uno delante, con un caballo. [Llevábamos] el caballo de montar; generalmente todos los tratantes teníamos un buen caballo.
Si íbamos cinco tratantes, los cinco llevábamos nuestro caballo. Si iba sólo, iba en el caballo... El de alante era el muchacho [el criado], que llevaba otro caballo que ya estaba domao pa ir delante. Y detrás del muchacho iba una yegua, atada y con un campano, porque aquí, como se las tenía sueltas por aquí, pues había que [guiar a las mulas] con el cencerro. [Y es que] las mulas iban sueltas, no atadas, sueltas, sueltas...”.

Las mulas se comen los trigos. Las gallegas eran las más díscolas

“Las mulas, por ejemplo en marzo, había veces que no les poníamos los bozales, y ya estaban los trigos un poco altos, y hacían estropicios. Teníamos disputas con el guarda más que nada; y claro, había alguno que era comprensivo y te ayudaba, pero había algún borde, algún payaso, que te hacía perder el tiempo, y mientras, se te metían todas [en los trigos]. Los caballos nuestros sabían hablar, pero una mula..., se las controlaba muy mal. Las mulas gallegas son las malas. Las francesas se las llevaba mejor, ¡con esas ibas al fin del mundo, hombre!”.

INCIDENCIAS

Las incidencias más notables en las rutas de los muleros casi siempre se refieren a la nieve. Tenían lugar en los lugares más inhóspitos y donde más cargaban las nevadas. Ha de tenerse en cuenta, en este sentido, que muchas de las ferias importantes tenían lugar en los meses de invierno. Damián Montero cuenta alguna de sus experiencias:

Descalzo en la nieve, agarrado a la cola de la yegua

“Ahí tengo yo dos escenas... en ese camino, de Siero a Poza... Pues una es que venía con las mulas de Santo Domingo de la Calzada, que habíamos hecho la feria. Y resulta que, pues eso, yo tenía unas botas ya malas, y fui y compré allí unas en Santo Domingo de la Calzada. Pues eso, parecía que eran buenas, no sé lo que pagué, y arranqué... Se lía a nevar, y nieva, y nieva, y nieva... ¡caguen la madre que lo parió! Y ya me cansaba de estar en el caballo, y cogí y me tiré del caballo, y eché delante la yegua, que era una yegua, la yegua delante y las otras [las mulas] detrás de la yegua la mar de bien (traía creo que cinco mulas). Pero ¡rediós!, se me despega la suela, que estaba cosida con alambre ¡caguen la puta que las parió! Y tenía yo una corbata de cincho, y la até, y la primera pues muy bien, ¡pero ¡ay rediós!, después la otra... Y después ¡descalzo! ¡por la nieve! Y no me pasó nada. (Eso sería al año de terminar la guerra [entonces debía tener 20 años]). Llegué a Valdelateja y allí me dieron unas alpargatas, y pa casa. ¡Bah!, andando no pasa nada, lo malo es si te paras, eso es lo criminal; y si estás mojao, no se te ocurra montarte en un caballo, porque te mueres; es mejor andando, yo me agarraba a la cola de la yegua y zarpazo pa allá y zarpazo pa acá, como Dios...”.

Un congelado metido en estiércol

“[Una vez en Valdelateja] no querían dejarnos salir [por la nieve] Había uno que tenía tienda allí [en Valdelateja], Primo [se llamaba]. Y “¡que no salís de aquí, que está nevando coño!”. ¡Pero, cómo no vamos a marchar, si en Miranda no se hace [la feria] nada más que una vez al año! Bueno, pero arrancamos. Pero ¡ay!, se lía a nevar, y a nevar... y yo no me había montao a caballo, y el otro, un muchacho que iba conmigo, un criao, sí: [le digo]: ¡que no te montes, que no te montes! La cosa es que se me montó a caballo y al poco tiempo, al dar vista a Poza, allí le monté, y dice que se muere y que se muere, que se congelaba ¡me caguen la madre que lo parió! ¡Tiene cojona! Bueno, la cosa [es] que bajábamos a Poza, y yo, corriendo a buscar al médico, allí en Poza. Y claro, pues no... que si está allí, que si está allá... Pero mientras, la gente, a éste [criado], le cogieron y le metieron en un basurero [para descongelarle]. No se me olvida a mí mientras viva...”.

viernes 20 de noviembre de 2009

UNA PLAZA MAYOR DE PEGA EN QUINTANILLA DEL AGUA



FOTOGRAFÍAS: Plaza Mayor de los hermanos Yáñez. (Tomadas en 2008)

Hay quien recrea su pueblo, abandonado y en ruinas, construyéndolo fielmente en una maqueta (Lorilla). Alguien, desde la ficción, construye la plaza mayor de un pueblo como si fuera real (Quintanilla del Agua). Las dos son obras votivas, y las dos están llenas de nostalgia y pasión por los pueblos. ¿Qué lleva a la gente a recordar hasta estos extremos aldeas y pueblos? Algo muy profundo, sin duda. De Lorilla y de la maqueta realizada por Pilar Bárcena ya hablamos en otra entrada de este cajón de sastre. La Plaza Mayor de Quintanilla del Agua, realizada por los hermanos Yánez y que introduzco ahora, es además de una interesante contribución artística, el natural, íntimo y universal sentimiento de recodar las raíces. Ahora que los pueblos mueren, era natural que alguien que los llevaba tan dentro, tan dentro como los años vividos, dedicara su tiempo a gritar, con sus manos de artista, lo que ya no tiene vuelta atrás. El simulacro de la Plaza Mayor de Quintanilla del Agua, como la maqueta de Lorilla, está hecho con materiales nobles, si por nobles consideramos los escombros y maderos de ruinas cercanas aprovechadas. Fachadas con ventanas sobre soportales, detrás no hay nada más, sólo el vacío, pero para un mayor verismo la plaza tiene un crucero en el centro.

martes 17 de noviembre de 2009

TORRES



FOTOGRAFÍAS: Torres en Prádanos de Bureba. Menhir y molino en San Pedro Samuel.

Florecen en los altos de nuestra geografía, dominándonos con su altivez, unas son de piedra, otras de metal. Vemos el esqueleto de una torre antigua de telégrafos y el cuerpo lleno de carne de una torre de luz. Dos torres de progreso que vinieron a juntarse en un alcor de viento, cerca de Briviesca. La una es la ruina y el espejo donde mirar nuestro desprecio por el pasado, la otra, llena de voltaje, está pletórica de vida, aunque en algún momento llegará a ser el pasado y sus hierros se retorcerán inservibles. Lo mismo que les ha de pasar a tantos y tantos molinos de viento en un futuro no muy lejano, a esos gigantes de metal que llovieron del cielo y que han transformado nuestro paisaje. Unas torres son modernidad, otras lo fueron. A veces se conjugan para darnos imágenes sorprendentes.

viernes 13 de noviembre de 2009

LOS TESOROS DE RIOSECO
























FOTOGRAFÍAS: Cabecera se sacristía. Cabecera iglesia. Galería claustro. Claustro. Subida a galería superior claustro. Subida a órgano. Escalera de caracol. Escalera de caracol. Entrada a iglesia. Interior iglesia. Arcos hacia la torre. Arco y concha. Arcos rotos. Moldura y arco. Angelote. De la torre a claustro. Ventana rota. Balaustrada oculta. Restos de balaustrada. Arranque de arcos refectorio. Horno. Otro horno. Bóveda horno. Reloj. Salida muro del oeste.
(Tomadas entre 2007 y 2009)

Sorprendentemente, las ruinas del monasterio de Santa María de Rioseco, del valle de Manzanedo, no son Bien de Bien de Interés Cultural. Hay más de trescientos BICs en Burgos, pero Rioseco no está entre ellos. ¿Alguien puede decirme las razones de algo tan insólito? Personalmente, por más vueltas que le doy no alcanzo a comprender cómo unos restos de tanta importancia histórica y artística no tengan esa denominación. Otros elementos de no tanta valía lo son. ¿Por qué Rioseco no? ¿Desidia?, ¿olvido?, ¿desconocimiento? Esto me quita el sueño. Naturalmente, sé que no por BIC su conservación ha de estar ya asegurada, porque elementos patrimoniales hay declarados que están olvidados y esperando su desaparición, pero siento que es injusto, siento que los abades y monjes que levantaron con arte este cenobio cisterciense, también San Bernardo, santo patrón de la orden, deben estar revolviéndose en sus tumbas por semejante desprecio. Porque Rioseco no sólo tiene merecimientos para ser BIC, sino también para ser Monumento Nacional. En fin, son reflexiones que me hago al ver una y otra vez las imágenes que he podido captar en mis muchas visitas a las venerables ruinas del convento riosecano.
Queridos amigos y seguidores de este cajón de sastre: en esta nueva entrada os propongo una galería de los tesoros encerrados en las ruinas del famoso y olvidado monasterio burgalés, no son todos los que hay, son góticos, renacentistas y barrocos. Después, vosotros mismos juzgaréis...

miércoles 11 de noviembre de 2009

EL ACUEDUCTO DE HOZABEJAS




FOTOGRAFÍAS: Acueducto, arquitectura tradicional y Peña Cironte. Acueducto con cubo y escudo. Cubo con escudo. (Imágenes tomadas el 23 de octubre de 2008).

Por segunda vez, Hozabejas, pueblo guardián de uno de los desfiladeros más impresionantes de Burgos, al pie de la majestuosa Peña Cironte, hace su aparición en este cajón de sastre. La primera fue para denunciar el estado de total abandono de su magnífica iglesia gótica (ver etiqueta DESASTRES DEL PATRIMONIO). En la presente es para denunciar el estado de otro magnífico elemento patrimonial que se encuentra en el mismo centro del pueblo.
En efecto, en el corazón del núcleo urbano de Hozabejas, haciendo lado de una calle, existe un viejo muro, de perfectos sillares y con dos robustos cubos blasonados, que tiene toda la apariencia de algún resto de fortificación militar. Se trata de lo que ahora se ha dado en llamar “el acueducto”. Y no debe estar desencaminada esta denominación, ya que hacia la mitad de dicho muro, embutido entre los sillares, tiene un pequeño canal de conducción de agua que discurre paralelamente hasta perderse en una zona de huertas.
Hay algo, sin embargo, que resulta demasiado sorprendente en esta obra: cómo para sólo regar los huertos llegó a hacerse algo tan noble y sólido, tan artísticamente trabajado, y además con escudos. No conozco precedentes de algo similar en Burgos. Si junto a ella se tuviera constancia de que en algún tiempo existió un poderoso monasterio o palacio, o cualquier otra edificación mayor de gente notable, podríamos encontrar la explicación, pero no tengo constancia de nada de eso. Seguro que en algún lado estará documentado este acueducto, pero todavía no he podido encontrar nada, si hay alguien que pueda aportar sus conocimientos sobre el tema, todos le estaremos muy agradecidos. De momento conformémonos con saber que los escudos armeros que lucen los citados cubos pertenecen a la familia Núñez-Morquecho (ver “Blasones y linajes de la provincia de Burgos”, de Francisco Oñate Gómez).
En todo caso, estas escuetas líneas son sólo para advertir de que el monumental acueducto amenaza seria ruina, y que bastaría poca inversión para su consolidación.

miércoles 4 de noviembre de 2009

UN EREMITORIO ALTOMEDIEVAL EN LA HOYA DE HUIDOBRO




FOTOGRAFÍAS: Cruz patada. Acceso al eremitorio. Paraje donde se encuentra el eremitorio.

Hace ya muchos años que dediqué mi tiempo a la exploración de los eremitorios e iglesias rupestres altomedievales de Burgos. De aquellos desvelos surgieron dos publicaciones, como podrá comprobarse en mi bibliografía, una para dar a conocer y describir estos yacimientos en el norte de la provincia, en torno al Ebro, y otra para lo mismo pero en el sudeste de la misma. Respecto al primero de los trabajos, creía que mi labor había sido exhaustiva en cuanto a la catalogación, pero no ha sido así. A finales del pasado invierno, hallándome rastreando la Hoya de Huidobro en busca de antiguas explotaciones de cobre, junto con un equipo comandado por Germán Delibes y Miguel Moreno, pude localizar una nueva cueva eremítica de la cual no tenía ni la más remota idea. No puede decirse que sea un ejemplar notable, pero sí valioso, ya que permite atestiguar, documentar que la gran Hoya de Huidobro fue también lugar de ocupación de los primitivos ascetas, de aquellos que en la Alta Edad Media buscaron la soledad en las recónditas brañas del norte de Burgos.
Excavado artificialmente en una prominencia de roca arenisca, casi en el centro de dicha Hoya, en el eremitorio apenas si se cabe de pie, y su planta es también muy reducida, unos tres metros cuadrados. Un cubículo, pues, muy angosto, ideal para un penitente solitario. Tiene además, y esto es lo que más claramente indica que se trata de un eremitorio, una cruz patada incisa en la pared frontal, detalle habitual en este tipo de cuevas.

Doy a conocer este eremitorio por si pudiera ser de interés para cualquier estudioso del tema.

sábado 31 de octubre de 2009

TÚNELES, LOS DE ANTES Y LOS DE HOY


FOTOGRAFÍAS: Túnel de Pancorbo. Túnel de Ubierna.

Hubo un tiempo en el que cualquier tipo de construcción, bien fuera infraestructura pública o arquitectura civil de las ciudades, era hecha con esmero y arte. Hoy, en cambio, el feísmo impera, por lo general, en cualquier construcción (quizá con la excepción de alguna faraonada). Valgan como ejemplo las innumerables urbanizaciones-colmena de ladrillo caravista y hormigón que han surgido en los últimos años aquí y allá, por cualquier lugar, con una uniformidad y falta de estética que asusta y aburre. ¿Será este el legado de ciudad y urbanismo que dejaremos a las generaciones que vengan? No creo que su vistosidad atraiga a los turistas del mañana, la verdad. Aunque, bien mirado, vaya usted a saber los gustos, modas y necesidades de dentro de cien años.

Esa falta de mimo en el acabado de las obras se percibe incluso en los túneles de las carreteras. Traigo aquí dos modelos de acabado de túneles que son ilustrativos: uno, el de Pancorbo, creo que de principios del siglo XX, cuyas bocas fueron adornadas a imitación de un castillo, seguramente atendiendo, con sentido ético y estético, a la tradición castelar del pueblo del desfiladero; y otro, el de Ubierna, en la N-623, que es una auténtica pleitesía al feísmo. Descarnado y sin remate alguno, con el mordisco en la roca recibiéndote, parece, además de una agresión al paisaje, una obra inacabada.

A la vista de las fotografías, juzgad vosotros, amigos y visitantes de este cajón de sastre.

jueves 29 de octubre de 2009

UN JARDÍN BOTANICO EN LAS RUINAS MEDIEVALES DE SANTA CATALINA, EN ÁLAVA








FOTOGRAFÍAS: Tomadas el 28 de octubre de 2009

Permitidme hoy, amigos y seguidores de este cajón de sastre, que salga de nuestras fronteras provinciales para contaros y enseñaros un lugar del que no tuve conocimiento hasta el pasado sábado. En una nueva visita a las ruinas del monasterio de Santa María de Rioseco, en compañía de unos amigos, uno de ellos, venido desde Vitoria, maravillado por lo que en Rioseco estaba viendo, se le ocurrió comparar estas ruinas burgalesas con otras que él conocía cerca de la capital alavesa. Me habló del Jardín Botánico de Santa Catalina, con una superficie de 32.000 metros cuadrados, construido entre los restos de un antiguo palacio, luego convertido en convento de agustinos, en la localidad de Trespuentes, del Municipio de Iruña de Oca, a 10 kms. de Vitoria y casi arrimado a las ruinas de la ciudad romana Iruña-Veleia.

Un jardín botánico aprovechando las ruinas de un monasterio medieval ¡Pero si es esto mismo lo que yo siempre pensé para Rioseco!, le dije. Prometí visitarlo en poco tiempo. Y es así como ayer, 28 de octubre, soleado día otoñal, tuve el gran gozo de visitar este Jardín Botánico de Santa Catalina. En síntesis, se trata de eso, de unas ruinas medievales que llevaban muchos años abandonadas, comidas por la hiedra y perdidas dentro de la impresionante espesura de la Sierra de Badaya; unas ruinas que, ya por sí mismas, antes de dicho Jardín, eran un motivo de atracción para excursionista ávidos de emociones. Pero los responsables del citado Ayuntamiento, a lo que se ve una corporación sensibilizada con su patrimonio, y con una visión clara de que aquello podía ser aprovechado como un bien cultural que debía ser conocido por todos, han ido más allá y han querido y sabido crear en torno a ellas un auténtico gozo para los sentidos. Con una perfecta simbiosis entre las ruinas medievales, casi tan importantes como las de Rioseco, y una impresionante muestra botánica, Atlántica y Mediterránea, con plantas de casi todo el mundo, se ha creado, en mi opinión, no solamente un Jardín Botánico, sino todo un parque romántico, en el que uno podría pasarse horas y horas olvidado de la gran ciudad, sobre todo en estos días de otoño, cuando está en su momento álgido la explosión de los colores.

Con un respeto enorme al lugar, con mínimas intervenciones en las ruinas, sólo una escalera de caracol metálica que llega hasta los campanarios, desde donde se domina la llanada de Vitoria, y un laberinto de sendas perfectamente integradas entre la espesura, con pequeños carteles que identifican cada elemento vegetal, se ha conseguido un milagro por el que bien vale un viaje y una detenida visita. Lo recomiendo en estos días de otoño tan extraños, pero tan espectaculares.

PD:
Amigos de Rioseco, amigos de las incomparables ruinas cistercienses de Manzanedo, os hago una confidencia: ayer, en Santa Catalina, sentí una inmensa admiración, pero también una gran envidia por lo que allí vi, contraponiéndolo al abandono de nuestro monasterio.

miércoles 21 de octubre de 2009

LA LASTRA, OTRO PALACIO ENTRE LA RUINA Y EL OLVIDO







FOTOGRAFÍAS: Paño de ermita con inscripción. Ermita y patio con suelo de lastra. Conjunto palaciego en 1992. Acceso al gran patio, en ruinas, 2009.


S P [¿SAN PEDRO?] PATRÓN DE ESTA CASA Y DE LOS BUXEDO NOS ABRA LAS PUERTAS DE LOS CIELOS Y NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO QUE ESTÁ EN LA [¿CAPILLA?] NOS ILUMINE DE NOCHE Y DE DÍA PATER NOSTER AVE MARÍA


Así reza una inscripción en un sillar de la ermita que antecede a un ancho patio de suelo rocoso. Por ella sabemos que el conjunto palaciego del antiguo coto redondo de La Lastra, de Valderredible (aunque ahora en el término de Linares de Bricia), perteneció a los Bujedo. No sabemos cómo ni cuándo ni por qué pasó a tierras burgalesas, pero conocemos que, desde hace muchos años, la ruina se ha apoderado de este enigmático y fantástico lugar cuyo origen debe perderse en las brumas del medioevo. Los Bujedo, cuyas armas vemos en un escudo del pueblo, fueron señores y dueños de este conjunto palaciego y rural; efectivamente: lo eran al menos en 1559, y todavía a mediados del siglo XVIII debían serlo, aunque por este tiempo figurara Francisco Lucio como “dueño de la Casa de La Lastra”. Entonces la llamaban “casa”, pero ahora no tenemos empacho en llamar palacio al edificio principal.

Pero no es hacer historia lo que nos trae hoy aquí, sino llamar la atención sobre el estado ruinoso en el que se encuentra y sobre la rapiña que también ha hecho presa en todo el conjunto, en el palacio, en las arquerías del patio, en la casa de los colonos, en la ermita.... La Lastra es otro caso más del abandono del patrimonio histórico artístico de nuestros pueblos, un elemento más de la desolación. El desconocimiento, la incuria de las administraciones, la desidia de los dueños, desacuerdos familiares, o con la Administración, falta de capital, avaricia sin fin, dueños mayores e incapaces de tomar decisiones... Siempre hay algo que entorpece, siempre existen justificaciones para que monasterios, palacios, bienes de interés etnográfico etc., desaparezcan. Habría que poner freno a esto.

Por lo demás, La Lastra me trae recuerdos imborrables de mi gran amigo Acacio Iñiguez, desaparecido hace pocos años, que viviendo solitario en Linares, fue el último guardián del conjunto. En varias ocasiones visité el lugar con él, y cada vez que bajábamos desde su pueblo sentíamos los latigazos el drama al ver cómo los arcos, los muros, iban desmoronándose día a día. ¡Qué fantástico sitio para establecer una casa de agroturismo!, decíamos los dos. Mi emocionado recuerdo al amor de la lumbre, Acacio.

domingo 18 de octubre de 2009

LA CASA PINTADA DE QUINTANAS DE VALDELUCIO... Y OTRA EN REZMONDO






FOTOGRAFÍAS: Tomadas en 2008. Cuatro de Quintanas y una de Rezmondo.

Me duelen los pueblos. Me duele su abandono, a veces su ruina, y siempre su silencio. Y sin embargo, hay una fuerza en ellos que me atrae y que me incita a estar siempre pegado a sus paredes, a compartir con sus últimos habitantes el ya declarado ocaso. Presiento que algún día habrá que lamentar ese abandono del medio rural, del campo, la sustitución de la tierra por el asfalto y sus enormes incomodidades. Pero no nos pongamos tristes, menos hoy, que viene a este cajón de sastre una maravilla de casa en Quintanas de Valdelucio. Una artista americana, creo que argentina, que ha encontrado su lugar en el mundo en este apartado rincón burgalés, y en él ha establecido su centro creativo, ha pintado en cada una de las fachadas blancas de su casa murales multicolores de muy expresiva ejecución, tan expresiva que parece que las pinturas incitaran a volar. Una grata sorpresa, una delicia para la vista, un insólito ramalazo de alegría con el que combatir la depresión que surge de los adobes descarnados y del mampuesto frío.
Hay otra casa pintada con amor en Rezmondo, aunque sus pinturas vegetales parecen más populares y, sobre todo, menos pretenciosas; aunque el mensaje que subyace en ellas está claro: el reflejo del pino en la casa y la parra que existió en la fachada y que ahora no existe. En todo caso, si se diera el caso de que hubiera que pintar todas las casas de un pueblo (ni Dios ni los alcaldes permitan semejante cosa), no sé, creo que me inlinaría por encargar el trabajo a la artista de Quintanas de Valdelucio.