Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 14 de enero de 2021

PICO MENCILLA, LA MONTAÑA MÁGICA

         


                                          Lara con el Pico Mencilla como telón de fondo


FOTOGRAFÍASLara de los Infantes. Pico Mencilla. Quintanilla de las Viñas  (Tomadas el 13 de enero de 2021)   

A veces pienso que el Pico Mencilla marcó mi vida y mi destino, si es que en verdad creyera en destinos predeterminados. Haber nacido bajo el poder telúrico de esta gran montaña, diosa protectora de los campos de Lara, debió ejercer una influencia a la que hubiera sido inútil rebelarse, me dejé llevar. Majestuosa, indomable y a veces trágica, dominadora mole, la fuerza que sale de su vientre elefantiásico marcó para siempre a quienes cabalgamos sobre su lomo alguna vez. Los lareños sentimos siempre su aliento, para bien y para mal (casi siempre para bien), como lo sintieron los romanos que nos ocuparon e hicieron civita en Lara (Nova Augusta), o los monjes artistas de Santa María de las Viñas, cuyo arte de los símbolos va más allá de lo imaginable, o los que a su abrigo construyeron iglesias románicas con pórticos y labras de fantasía, o los que hollaron peñas de vientos imposibles para asentar fortalezas de condes e infantes de leyenda. El Pico Mencilla, la Montaña Mágica, continuó arropándonos con su capa parda hasta que dejamos de creer en la bondad de su cobijo e inventamos la despoblación. ¿Qué piensa ahora, qué pensará la Montaña Mágica cuando todos nos hayamos ido?

Hoy, cuando de regreso de Santa María la visigoda, camino de Lara, la veo y contemplo luminosamente blanca bajo la luz del mediodía, con su túnica de nieve reposada, no veo solo el telón de un escenario apacible, mi imaginación se desborda y adivino en la cumbre las figuras de dos músicos arrecidos que un día soñé salidos de la tempestad (Pasacalles en el Mencilla). Dos apariciones que, desde ahora y en el tiempo que me quede, siempre veré cuando atisbe la cima.

Al cumplir veinte años intenté doblegar el poder de la Montaña Mágica para cambiar mi destino. Con la nieve hasta la cintura, subido en su lomo blanco, cabalgué hasta su cumbre. Te he doblegado, le dije al coronar, allí donde se domina el mundo, mi destino será ahora el que yo quiera. Iluso de mí, ella ya había decidido y me contestó: “No te engañes, no tienes vuelta atrás, tú serás lo que serás y yo quiera, siempre estaré contigo y tú conmigo”.    


       Fantasía visigótica en Quintanilla de las Viñas                                 

                                      

martes, 29 de diciembre de 2020

FELIZ AÑO 2021




FOTOGRAFÍA
: Estela romana en Campolara (enero, 2019)

        Con mis mejores deseos para todos los que tenéis la paciencia de seguir este Cajón de Sastre. Que este annus horribilis que nos ha asolado pronto quede en un mal sueño. Con un recuerdo especial para todos aquellos que nos dejaron por culpa de la malhadada pandemia.  

miércoles, 23 de diciembre de 2020

EL ABAD CON SU BÁCULO


Abad con su báculo esculpido en la peana de la pila


La pila se encuentra en la actualidad en la parroquia de El Rosario, 
en la ciudad de Burgos.
Además del abad con su báculo son reseñables el sogueado del borde de la taza 
y dos grandes rosetas enfrentadas en su circunferencia.


FOTOGRAFÍAS: Pila bautismal de Santa  María de Rioseco (Junio, 2020)

Conocí esta pila bautismal allá a finales de los sesenta. Creo recordar que entonces se hallaba asentada prácticamente a los pies del coro. Por aquellos años el monasterio de Rioseco se encontraba ya en avanzado estado de ruina y solo su altiva y robusta torre, desde la que se dominaba el valle de Manzanedo, mostraba todavía cierta integridad. En años sucesivos seguí visitando las ruinas del monasterio, había algo magnético en ellas que me atraían con inusitada fuerza. Decir Valle de Manzanedo era para mí sinónimo de lugar inexplorado, romántico y mágico, donde perderse en mil ensoñaciones. Durante un tiempo la pila siguió estando en su sitio, hasta que un día dejó de estarlo y perdí su pista. Se la llevaron no recuerdo dónde (ni siquiera hoy sé si lo supe), debió convertirse en pila viajera, como tantos otros elementos del cenobio cisterciense, hasta que no hace mucho aterrizó en la iglesia parroquial de El Rosario, en el barrio nuevo de Las Fuentecillas de Burgos, donde hoy se encuentra y donde he podido fotografiarla.

Siempre me he preguntado que hace una pila bautismal en un monasterio, ¿es que acaso los monjes la usaban a discreción para bautizar a los nacidos en los pueblos de su entorno? No lo creo, si se tiene en cuenta que podría haber otras iglesias en el mencionado valle que tendrían esa función y sus propias pilas. ¿O es que las monacales se utilizaban solo para cristianar a gente noble (de nobleza heráldica o con poder)? En mi ignorancia, no me parece muy descabellada esta hipótesis. Estoy seguro, no obstante, de que alguien habrá que alivie las  incertidumbres de este lego en la materia de un tiempo tan confuso.

Por otro lado, siempre también me ha llamado la atención el hecho de que la susodicha pila tenga esculpida en la peana la figura medieval de un abad con su báculo (¿tal vez una representación de San Bernardo de Claraval?). Me sorprende, digo, porque el ornato cisterciense no se distingue por exhibir imágenes humanas ni animalescas en sus templos, como sucede con el románico clásico, más bien son elementos vegetales los que aparecen en ellos y de manera general. Por tanto, podría decirse que la presencia de esta figura en Rioseco quizá debería ser mirada como una originalidad.

Quedaría una última cuestión, la datación de la pila. En este sentido vemos que, sorprendentemente y a pesar de lo anteriormente dicho, la escultura del abad y su báculo tienen el sello inconfundible del románico que todos conocemos y admiramos, aquel que se muestra repleto de figuras y figuraciones. De ello podría deducirse que pudo ser tallada en los primeros momentos del monasterio en Rioseco (principios del s. XIII). Y digo Rioseco porque no parece lógico pensar que llegara a Manzanedo de los anteriores enclaves que tuvo este complejo monástico. No es imaginable el traslado de una mole como esa siendo arrastrada en carro por montes y morenas, desde Quintanajuar a los Montes de Oca y desde estos a Manzanedo. Pero bueno, no es totalmente descartable que así fuera.

 

lunes, 7 de diciembre de 2020

EL GATO DE CEBOLLEROS


FOTOGRAFÍA:
Ventana en Cebolleros (Tomada en diciembre de 2020) 

El gato merodea por lugares oscuros a la busca de algún ratón que llevarse a la boca. En los pueblos hay muchos lugares oscuros en casas vacías, el gato los conoce todos. Al gato le gustan también las ventanas, por eso hace de ellas pedestal de dominio, por eso las ocupa. El gato es un sibarita, tiene refinado gusto pero sabe amoldarse. Cuando no hay ventanas ilustres, le sirve cualquier ventana para vigilar todo lo que se menea, en cambio, cuando puede elegir, prefiere la repisa de una ventana con arte. El gato de Cebolleros, que ha salido de la oscuridad, no es que entienda de arte ni de heráldica, pero desde su repisa barroca y bajo el escudo, se siente marqués de Salazar. Y lo sería, si calzara botas.  


martes, 1 de diciembre de 2020

DE LA ESPAÑA LLENADA A LA ESPAÑA VACÍA

                                                                  Torre de Villapanillo

                                                                     Pasaje de la Torre 

     Ventana en el pasaje 


FOTOGRAFÍAS: Torre y pasaje con artística ventana en Villapanillo (30/11/020)

AÑO 1º, MES 11 del Coronavirus. Todavía Impactado y conmocionado por las imágenes de riadas humanas moviéndose el sábado por el centro de Madrid, no repuesto de los efectos secundarios que el extraño fenómeno de la España Llenada me produjo, decidí tomar un analgésico de Naturaleza, que tan buenos resultados suele darme. Y así, decidí una excursión al Gran Norte, donde hacía tiempo que no pisaba. Pensé que el paisaje me ayudaría a contrarrestar los perversos efectos de aquellas imágenes. Dicho y hecho: aprovechando que el  Confinamiento Perimetral no impedía el movimiento por la provincia, en aquella dirección nos fuimos, sin rumbo fijo. No importaba la meta, lo urgente era salir, salir en busca del analgésico que me hiciera olvidar lo que nunca hubiera querido ver. Los pueblos y su paisaje, que de tan poco usar, por culpa del Aliens que nos acongoja, podíamos llegar a olvidar, aliviarían mi malestar. Salimos de Burgos con gran sol. Fue un buen principio de la excursión, pero pronto vino a unirse a nosotros una incómoda pasajera, la señora niebla, casi siempre enemiga, aunque a veces consumada artista. Pasadas la tierras rojas de Las Torcas hizo acto de presencia y nos acompañó hasta la España Vacía, que en este caso viene a ser lo mismo que decir hasta Villapanillo. Y bien hizo la niebla llevarnos hasta este lugar de Cuesta Urria, pues era un pueblo que no conocíamos. En él descubrimos casonas de otros siglos con grandes portadas, una torre con arco-pasaje adherido y una maravillosa ventana, la que, sin dudarlo, guardé en el ya carcomido arcón de las ventanas singulares de Burgos, el que hacía ya tanto tiempo que no abría.

Embozados como íbamos, espectralmente difuminados por la niebla y envueltos en el silencio sobrecogedor de las callejas, nos pareció formar parte escénica de lo que ahora conocemos como la España Vacía, en contrapunto de la España Llenada. Dolor sobre dolor.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

EL CEMENTERIO DE “LA LOMA”

       




FOTOGRAFÍAS: Cementerio de La Loma (tomadas en noviembre de 2020)

En ese afán que todos tenemos de desprendernos de papeles cuando rebasamos cierta edad, motivado sobre todo por un deseo de no dejar rémoras a los que quedan atrás y más queremos, andaba yo revisando tantas y tantas carpetas y papeles como he ido acumulando a lo largo de los años, cuando… (no sé, tengo la sensación de que sobre esto ya he dejado algo escrito, quizá en este mismo blog, que huele ya a tan añejo como el papel que durante años duerme en una bodega). Andaba yo, ya digo, en ese trance de qué papeles guardar y cuáles tirar (esto sí, esto no, este sí, este no), en ese  trágico momento en el que, al  decidir, tienes la impresión de que se te escapa algo, o mucho, de tu ser, porque ves que periodos importantes de tu vida pueden ir a la basura, y tú con ellos. Nombres de personas con historias y de lugares olvidados, apuntes arqueológicos, escritos a bolígrafo, que un día tanto significaron y que de repente aparecen ante ti provocando graves problemas de conciencia. Andaba yo, repito, rebuscando, desenterrando carpetas, cuando ante mis ojos aparecieron cuatro folios escritos a mano, con letra no muy legible, más bien lo contrario, claramente se veía que fueron escritos deprisa, seguramente por la emoción del momento. Y ese momento fue, lo recuerdo ahora, pasada una veintena de  años, en torno a una mesa camilla y con dos mujeres entrevistadas que me contaban una de las historias más tristes y conmovedoras que nunca he escuchado.

PARA PROTESTANTES

La Loma es un alto situado al sur de Mozoncillo de Juarros, muy apartado del pueblo, demasiado, donde se juntan los límites de este término municipal y el de Salgüero de Juarros. Un lugar sujeto a los vientos más descarnados y donde el pedregal no admite otra cosa que no sea el encogimiento y el escalofrío. Allí, en esa desolación, existe un cercado de piedra, un cuadrilátero  hecho con rudimentarios muros que alguien no avisado podría llegar a confundir hoy con un aprisco de ganado. Se trata de un cercado repartido en dos mitades, una para Mozoncillo y la otra para Salgüero. A eso se reduce el llamado Cementerio de los Protestantes, aquel que un lejano día, probablemente de principios del siglo XX, debió construirse “para gente pobre  que se moría por los pueblos y que nadie los reclamaba“ (sic. Vecina de Mozoncillo), y probablemente también para suicidados, el mismo cementerio que después fue aprovechado para enterrar a aquellos que  practicaron en estos pueblos dicha rama del cristianismo en una época y en un lugar poco aptos para salirse del nacional-catolicismo. En su interior, entre los hierbajos, hace 23 años encontré algunos ramos marchitos que alguien debió dejar un Día de Difuntos (a saber de qué año) como recuerdo y homenaje a los “dos o tres” allí enterrados. Me produce escalofríos imaginar a alguien escalando hacia este desolado lugar un día de noviembre, cuando en los altos juarreños suele frecuentar la nieve y el viento escuernacabras, para depositar un ramo de flores en el inhumano cementerio. Hoy, al leer aquellos folios con olor a bodega, he vuelto a emocionarme y a sentir el silencio y la soledad de los ramos marchitos en el mortuorio cuadrilátero. Su revisión me ha hecho recordar el triste relato de dos hijas del último protestante de Mozoncillo. Me lo narraron un ya lejano día de 1997. Me hablaron de su abuelo, el último enterrado en La Loma, y de la triste manera en que su cuerpo fue conducido para su eterno descanso en el pedregal, de eso hace ahora 74 años. Mis apuntes con olor a bodega, transcritos de dicho relato, me recuerdan que aquel día había nevado, que el difunto fue trasladado en un carro tirado por una pareja de bueyes y que solo unos pocos familiares acompañaron en el montaraz y áspero camino (quizá también algún protestante llegado de fuera, alguno de los que leyeron en Mozoncillo sus biblias). Ningún convecino acompañó: aquel día los cuartillos de las ventanas del pueblo se cerraron a cal y canto, los visillos se corrieron hasta donde no se podía más y el cortejo fúnebre pasó delante de las casas ante el ostracismo general. Las campanas no tocaron a muerto, alguien lo decidió, pero los que seguían a la carreta fúnebre pasaron “con la cabeza muy alta por medio del pueblo”.

 

martes, 20 de octubre de 2020

EL POZO DE TORRELARA

Obra de ingeniería popular

Abrevadero compartimentado

Una noria de manivela

Enteramente de piedra

Al final, un lavadero y muchos recuerdos


FOTOGRAFÍAS: Pozo en Torrelara (Tomadas en octubre de 2020)

            Tímidamente voy recuperando el hábito de viajar por la provincia y recorrer sus pueblos. Era y es mi oxigeno de supervivencia y esta malhadada pandemia me lo ha estado quitando, limitando durante mucho tiempo (ahora amenaza de nuevo). Poco a poco, sin embargo, voy saliendo a la búsqueda de las emociones que en estos viajes siempre, siempre, me esperan. Un día el escalofrío me lo produce el sonoro vacío de la despoblación absoluta, o un esqueno muerto que conocí lleno de vida; otro día, una flor de piedra grabada en un dintel teñido de liquen centenario; otro día, un superviviente dispuesto a contarme historias de la otra vida. Siempre, siempre, en los pueblos encuentro algo conmovedor al doblar una esquina. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, es un pozo multiusos el que ha colmado mi instinto rebuscador. Un pozo singular, sin duda, pues el agua llega a la superficie mediante una noria actuada con manivela. No son muchos los pozos que conozco con artefactos semejantes (algunos ya hemos visto aquí), de ahí su interés. He dicho pozo multiusos, y he dicho bien, pues con sus canjilones vomitando se surte o surtió de agua a una parte del pueblo, a un original abrevadero, de forma semicircular, y finalmente a un humilde lavadero con piedras “ortostáticas”. Todo ello hecho en piedra y cabiendo en un puño. Y lo que es más admirable, no hizo falta ningún ingeniero de aguas para diseñar semejante maravilla, pues la idea salió de la inteligencia popular.  


lunes, 28 de septiembre de 2020

RÉQUIEM POR EL ESQUENO DE LOS REBULILLOS

 

Ayer, copa esplendorosa y paralela al suelo del cerro,,,


hoy, ramas vacías viajando a las nubes


Tentáculos sin vida



FOTOGRAFÍAS: Esqueno seco en Quintanilla de las Viñas (tomadas en septiembre de 2015 y septiembre de 2020) 

Me lo contaron y no lo creí. El célebre esqueno de Quintanilla las Viñas, el que resistía el paso de los siglos en el cerro de Los Rebulillos, se había secado. ¡Cómo podía ser, si cinco años antes le vimos lleno de vida! (ver entrada en este mismo blog de 20 de septiembre de 2015). Tenía que ir para comprobarlo. Y fui. Y lo que vi me encogió el alma. Aquella esplendorosa copa que entonces se alzaba, inclinada, sobre la pendiente del cerro, se había resumido en un esqueleto. Sus ramas peladas, tentáculos hechos hueso mondo, sin ningún atisbo de vida, parecían clamar a las nubes pidiendo reunirse con las de su hermano gemelo, aquel que creció en el mismo lugar-pedregal hasta no hace medio siglo. Apenas diez metros separaban uno de otro. Cuando el uno murió, y desapareció, el sobreviviente lloró durante años su ausencia, pero no pudo superar la tristeza que le ocasionaba su soledad y ahora, olvidados los siglos, ya sin palabras para contar fabulosas historias de Lara, ni ojos para ver las Mamblas con las que tanto dialogó, lo único que espera es que de él nadie haga astillas.   


Quién le iba a decir al poderoso tronco

ç 

domingo, 20 de septiembre de 2020

DIECINUEVE ROSETAS EN LA ANTIGUA DE GAMONAL

       




FOTOGRAFÍAS: Empedrado en la Antigua de Gamonal (septiembre de 2020)

De nuevo la roseta hexapétala. Cuando por fin ya había dado por acabada la recopilación de rosetas hexapétalas en la provincia de Burgos, cuando  me disponía a ordenar los materiales obtenidos sin ir más allá, y cuando ya creía que había encontrado la más grande de todas las rosetas de seis pétalos (una posible románica en Merindades), hete aquí que se me aparece un espectacular empedrado, no con una, sino con diecinueve rosetas, y además tan grandes o más que la citada. ¡Diecinueve hexapétalas reunidas en un mismo panel hecho con cantos! Tal portento lo descubrí recientemente en Burgos capital, para más señas (¡no os lo creeréis!), en la iglesia de la Antigua de Gamonal, bajo el gran pórtico que antecede y cobija a su no menos maravillosa, y muy descuidada, portada mudéjar, (cuánta ignorancia la mía). No tengo constancia de cuándo fue fabricado este singular empedrado, aunque me inclino a pensar que pudo ser en el siglo XVIII, que es cuando tuvo lugar el gran cañamazo de las hexapétalas. Otra cosa es si esta florida obra estuvo pensada por los ejecutores con un fin simbólico o si,  por el contrario, se realizó con una función meramente decorativa. Eso quizá no lo sepamos nunca. 

viernes, 11 de septiembre de 2020

FOTOS CON HISTORIA, DE NUEVO PEÑAHORADA





    
                                            Trinchera del ferrocarril en Peña el Agujero
            
                                      
                                             Iglesia de San Martín en el Barrio de la Mota


    
                                                        Iglesia de San Martín circa 1925


FOTOGRAFÍAS: Iglesia del Barrio de la Mota. Obras del ferrocarril Santander-Mediterráneo. Peña el Agujero

En ocasiones se dan coincidencias que llegan a sorprendernos, como la que hoy da pie a esta entrada. En la última de estas os hablaba, queridos amigos, de cuatro fotografías decimonónicas del lugar de Peñahorada, hechas por el artista Juan  Antonio Cortés y que llegaron a mí de la manera que ya os conté. Fotos arqueológicas y conmovedoras que nos hablaban de un pasado emotivo y lejano de dicho lugar, a la sazón mi pueblo adoptivo. Pues bien, la casualidad ha querido que dos nuevas fotografías, con parecido cariz arqueológico, vinieran a mi encuentro en días muy recientes, aunque esta vez correspondientes al Peñahorada de Fuera y no al de Dentro, como fueron las cuatro anteriores.
La historia y la arqueología nos hablan, en efecto, de dos poblaciones con el nombre de Peñahorada, una era la que estaba al principio del célebre desfiladero conocido como El Callejón, en el término de Villaverde Peñahorada (Pennaforada de Foras), y otra, la que está casi al final del mismo (Pennaforada de Dintro). Las dos poblaciones son citadas en los documentos (ss. XIV y XI, respectivamente), la segunda, venturosamente todavía con vida, y la primera, ya desaparecida, aunque de ella queden los tristes restos de su iglesia gótica y un nombre nuevo: Barrio de la Mota.  De esta iglesia, para más señas de San Martín, ya hablamos en una lejana ocasión  (2009) en esta misma bitácora, denunciábamos su estado ruinoso y mostrábamos que el gran arco en escalera que precedía a su portada había sido trasladado y asentado en un esquinal de la Facultad de Teología de la capital burgalesa. Por entonces a esta iglesia se la daba como amortizada, ningún futuro, salvo su total desaparición, le esperaba. Por entonces también, por supuesto que el retablo que hoy podemos ver en una de las dos fotografías que adjunto ya no estaba, alguien se lo había llevado fuera de Burgos. La imagen no es muy buena, pero parece apreciarse que era obra renacentista.
La segunda fotografía nos evoca la construcción del ferrocarril Santander-Mediterráneo. Las obras avanzaban en la zona entre los años  1925-28 y el lugar captado de las mismas es precisamente donde se encontraba la ventana natural (Peña el Agujero) que debió dar nombre a los dos pueblos (Pennaforada igual a peña agujereada). Con esa trinchera abierta, a través de la cual se aprecian obras en la apertura de un túnel, la ventana desapareció pero el nombre pervivió.
´
Peña el Agujero en el desfiladero, antes de las obras del ferrocarril


FOTOGRAFÍAS: Iglesia y trinchera cortesía de Aurelio Merino