Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

domingo, 8 de julio de 2018

POR LA CUESTA DE LA TESLA, DOS VENTANAS Y UN ESCUDO




Ventana geminada en Quintanalacuesta

Escudo con leyenda en Quintanalacuesta 

Ventana en Paralacuesta



FOTOGRAFÍAS: Ventana y escudo en Quintanalacuesta. Ventana en Paralacuesta (Tomadas en julio de 2018)

Valdelacuesta, Quintanalacuesta, Paralacuesta..., tres pueblos burgaleses que se reconocen en la ladera norte de la Sierra de la Tesla, al pie y abrigaño de una cuesta protectora donde se acurrucaron hace mil años gentes que tenían miedo a los vendavales que llegaban de los altos. Los tres llevan el mismo apellido, y los tres su seña personal: Valle, Quinta y Para. De las tres, la que más me gusta es la última, pues su acepción podría estar aludiendo a cómo la cuesta de dicha sierra “para” los vientos (¿la cuesta que detiene los vientos?). La toponimia de los pueblos es así de maravillosa, y casi siempre clarificadora.
Hace nada que veíamos aquí el naufragio de Valdelacuesta, de cómo a lo poco que quedaba de este pueblo se lo había engullido la floresta. Era la viva imagen de la desolación, una triste visión de las que cuesta recuperarse. Por eso, del “val” de la cuesta seguimos bordeando La Tesla norte con intención de encontrar algo de vida que nos alegrara la mañana. Y así, al poco, llegamos a Quintanalacuesta, donde nos esperaba la sorpresa-regalo del día, una preciosa ventana hidalga; una más de las muchas hidalgas que en Merindades llevamos guardadas en su correspondiente cajón. Se trata de un magnífico ejemplar geminado, con su correspondiente parteluz y arcos mixtilíneos, digna de cualquier casona del siglo XV o XVI. Una joya, sin duda. Pero no contenta con ello, Quintanalacuesta nos iba a regalar con otra maravilla en la parte alta del pueblo, un espectacular escudo labrado en 1725 con las Armas Díaz, Trechuelo y Yedra. Y a la vista de tanta perfección escultórica y de tanta filigrana como contiene y adorna este escudo, uno no puede por menos que preguntarse quién o quienes lo esculpieron; item más: quiénes eran los escultores de escudos, a qué gremio o logia pertenecían, de dónde procedían, dónde estaban su talleres, quién les enseñó las directrices heráldicas..., pues de todo eso y de más, lo reconozco, me siento ignorante. Se ha estudiado bien la heráldica en su vertiente de pertenencia, linaje, simbología y distribución de los motivos en los escudos, etc., pero, que yo sepa, nada se ha dicho de los artesanos anónimos que los labraron, algunos, como el que ahora nos ocupa, verdaderas obras de arte. ¿Alguien conoce el nombre y apellido de algún constructor de escudos de la Baja Edad Media, o incluso de siglos posteriores hasta el XVIII?
Sin abandonar la estrecha carretera llegamos a Paralacuesta, donde otra maravilla de ventana nos esperaba. Fechada en 1724 y con el apellido Serna, alusivo sin duda al dueño de la casa, su decoración pertenece a esa constante de líneas geométricas sumamente elegantes que tanto abundan en el periodo dieciochesco.

miércoles, 4 de julio de 2018

VALDELACUESTA NÁUFRAGO

Restos de Valdelacuesta en 1998
Solo una casa en pie y una iglesia que se desmoronaba

Valdelacuesta bajo el Portillo de Medina
Al menos, en 1998 se veían las ruinas de las casas

Ruinas de Valdelacuesta vistas de cerca (1998)


FOTOGRAFÍAS: Valdelacuesta 1998- julio 2008

Han pasado veinte años, ni mucho ni poco tiempo, según se mire. El pueblo náufrago de Valdelacuesta se debatía en 1998 entre sumergirse definitivamente en el abisal fondo de la desaparición total y el olvido y la posibilidad de mantener a flote sus ruinas mientras algún salvador llegaba al rescate. Nadie llegó, ¿para qué ya, en aquella desarboladura? Para entonces, el capitán y toda la tripulación habían abandonado y ya solo quedaban flotando restos del frágil barco de piedra, entre los cuales se encontraba, milagrosamente y aunque dañado, el puesto de mando, la iglesia. Hoy, nada se ve desde los puntos de observación de aquel año. Un tsunami verde de vegetación salvaje ahoga las casas que fueron, y solo una de ellas, en su desesperación, saca todavía sus manos sillares entre el furor de las olas, aun sabiendo que nada ni nadie llegará en su auxilio. Del puesto de mando, de la iglesia que aún flotaba veinte años atrás, ni señal, debe encontrarse bajo una gran ola, o ahogado por la maraña de los sargazos que desde tierra alcanzamos a ver.
Desde la orilla, nuestros ojos ven una cosa, la nada verde bajo la gran montaña de La Tesla; eso y un letrero flotando donde se lee VALDELACUESTA, el  nombre que llevaba grabado la quilla del barco. Pero lo que nuestros ojos ven es una cosa y lo que sentimos en nuestra propia hondura es otra muy distinta. ¿Pues es que acaso no conocimos a los marineros del barco? Los conocimos, ¡vaya si los conocimos!, ¡y los quisimos! Ellos nos contaros la aventura de remar contra corriente en el océano de la indiferencia. Nos contaron de malos vientos, muchos, y de otros felices, menos. Nos hablaron de esperanzas que se hallaban en tierras lejanas a la suya, paraísos de promisión soñados en su penitente soledad. (para Eloísa). 


(2008) Lo que pueda quedar ahora de Valdelacuesta
se halla escondido

Algo testimonial en Valdelacuesta (2008)

Camino junto  a la iglesia que ya no se ve ni es


martes, 26 de junio de 2018

LAS FLORES DE QUINTANILLA VIVAR

                        

¿Quién siembra flores en Quintanilla?

La amapola siempre presente

 
 FOTOGRAFÍAS: Flores en Quintanilla Vivar (Tomadas en 2018 y 2002)

        De nuevo, la sorprendente floración que cada poco tiene lugar en Quintanilla Vivar ha vuelto estos días a convertirse en espectáculo natural. Hay años que, por no se sabe bien qué suerte de magia, algunas fincas de este pueblo se llenan en primavera de flores de distinta condición y color para conformar obras de arte difíciles de igualar. El milagro de este floración se produce en fincas situadas bien a la entrada o salida de este pueblo, a izquierda o a derecha indistintamente, y quienes frecuentamos esta carretera tenemos la suerte de disfrutar de la visión cada vez que circulamos por ella. ¿Qué tienen estas tierras, que no tengan otras, para crear esta indiscutible obra de arte? ¿Es algo espontáneo o quizá un atractivo turístico que las autoridades de Quintanilla han creado? ¿Por qué en lugar de flores no hay trigo, o cebada en las fincas? Preguntas para las que todavía no tengo respuesta. Aún estáis a tiempo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, de disfrutar de esta muestra floral. Aquí os dejo algunas imágenes de este año y de la floración de 2002.


Floral de Quintanilla Vivar en 2002

Margaritas y amapolas, ¿qué tipo de cosecha es esta?



viernes, 15 de junio de 2018

UN PASEO POR EL BAJO ARLANZA


 
Los Balbases
      Una gran torre almenada...

y dos campanarios que escoltan una maravillosa portada


Rosetón en la otra iglesia, una ventana excepcional
(¿Abriremos una carpeta para los rosetones?)  



FOTOGRAFÍAS: Los Balbases. Revilla Vallejera. Villaverde Mogina. Ciudad jardín Soto Real (Tomadas en junio de 2018)

Tormentas sin fin y amenazadores nubarrones me han tenido varado largo tiempo en  “Puerto Casero”. Ayer, por fin, salió el sol para quedarse. Y fue ayer cuando me di cuenta de que el paisaje invernal había cambiado, que alguien lo había transformado y pintado de verde (la primavera había venido y yo sin enterarme). Las pocas nubes ya no amenazaban, salieron solo para embellecer. Así que, sin pensarlo dos veces, rompí amarras y salí gozoso del encierro con mi compañera. No importaba dónde ni a qué, lo urgente  era salir, salir, aunque solo fuera por la tarde, para ver cómo estaban mis pueblos en la nueva primavera.  “Pinto, pinto, gorgorito”, eché a suertes. Y me salieron los campos del bajo Arlanza. Eran caminos andados, lo sabía, pero siempre podría encontrar algo nuevo, quizá alguna ventana nueva que guardar. Y si no fuera así, que nada habría de encontrar, el paseo serviría para recordar y revivir pasos de otros tiempos, recordar los campos con sus llanos y lomas espigados. Que fue así como nuestra primera parada fue en Los Balbases, donde de nuevo sentí (sentimos) asombro por la espectacularidad de sus iglesias, una de ellas, la de San Esteban, con gran torre almenada, la otra con un rosetón digno de una catedral (¿hemos valorado suficiente este inmenso patrimonio?). Nada  voy a decir que no se haya dicho ya, mejor hago mutis y dejo que hablen las imágenes que obtuvimos. Por supuesto, y como bien podréis imaginar, queridos amigos de este Cajón de Sastre, escudriñé el pueblo, en la hora tranquila de las cinco de la tarde, barrio por barrio, calle por calle, casa por casa, en busca de ventanas singulares, una actividad que, como de sobra sabéis, me ocupa desde hace años. Y vaya, no es que fueran gran cosa, pero encontré dos ejemplares que guardar en el baúl de su negociado. Una de ellas en el esquinal de una mísera y noble ruina, las dos con las llaves de San Pedro en sus correspondientes dinteles.


Ventana con dintel tripartito
Restos de lo que debió ser un edificio noble


La iglesia presidió siempre el pueblo.
Ahora son aerogeneradores quienes lo hacen

No partimos de Los Balbases sin antes haber oteado horizontes, en uno de los cuales, el que se pierde al sur, entre el ya crecido cereal deben estar enterrados ciertos vestigios romanos que salieron a la luz en los años ochenta. ¿Qué habrá sido de ellos? Si allí siguen, que enterrados queden para siempre.

Dejamos Los Balbases y entre amapolas que los herbicidas respetaron, surcamos de nuevo los campos.  Cruzamos puentes de autovías y trenes hasta llegar a Revilla Vallejera. Aquí pudimos ver la gran casa de ladrillo donde nació, en 1838, el doctor Antonio Alonso Cortés, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladold (una placa en su principal fachada recuerda el dato). Pese a su belleza, el estado ruinoso de esta casa presagia una no muy lejana desaparición. Y sería una gran pérdida, pues constituye una singular muestra de la arquitectura del ladrillo en esta parte de Burgos.  De la casa del doctor, alguien nos llevó a las afueras del pueblo para visitar La Fuentona, que como su nombre indica se trata de una fuente grande, del tipo abovedado y medieval, como tantas hay en Burgos. El ejemplar fue magnífico hasta hace muy poco, lástima que una intervención reciente (bienintencionada, sin duda) haya cambiado su imagen primigenia. Y no digo más. 


Casa en la que nació el doctor Antonio Alonso Cortés
Bella muestra de la arquitectura del ladrillo

La Fuentona de Revilla Vallejera
Cantos rodados cubren ahora las losas del abovedado

La tarde había ido cayendo, era tiempo de regresar a Burgos. Pero todavía había buena luz, mágica luz del sol que lamía y doraba los trigales, por lo que decidimos desviarnos a Villaverde Mogina. Allí podríamos ver qué fue del palacio de los Varona, si fue acabada la restauración y dado el servicio que se pretendía, o si por el contrario estaba igual que cuando lo visité en 2010, lleno de andamios. Desafortunadamente, ahora se encuentra igual, ya sin andamios pero blanco y vacío, como entonces, como un esqueleto.  De sus ventanas sin marco ni cristal, me llegaron voces del más allá, de los que allí residieron de la Asociación El patriarca, conversaciones de los drogadictos que en palacio encontraron alivio a sus adicciones. 


Palacio de los Varona en Villaverde Mojina,
un proyecto inacabado


        Cercanos a la capital, nos detuvimos en la urbanización fantasma Ciudad Jardín Soto Real, un paisaje espeluznante de ladrillo y cemento que sirve como ejemplo de todo lo que representó la ya histórica “Burbuja Inmobiliaria”. Urbanistas, geógrafos, políticos y empresarios deberían visitar de vez en cuando esta ciudad inacabada, abandonada, como lección y ejemplo de lo que nunca se debió permitir, de lo que nunca debió suceder. Sin haber sido, ya es una ruina. ¡Cuánta tristeza!,  ¡Cuantas esperanzas frustradas!








Paisaje después de la "Burbuja"
Lo que pudo haber sido y no fue, ¿podrá ser algún día?





domingo, 3 de junio de 2018

“LAS TORCAS”, UN EXTRAÑO Y CAUTIVADOR PAISAJE



Las Torcas, un paisaje de otro planeta...

donde se elevan fumarolas...
donde el ignoto vacío llegó a transformase en 
cautivadora belleza,


FOTOGRAFÍAS: Paisaje de Las Torcas (Tomadas en junio de 2018)

        Algún pintor anónimo, de desconocida escuela, inmortalizó la nada bajo las nubes, creando en ella un extraño paisaje, una figuración del planeta que llevaba en sus sueños. “Háganse Las Torcas, hágase lo que yo veo en mis vigilias nocturnas”, ordenó un día cansado de soñar y sintiéndose un dios del Arte. Y como por aquella nada no había nadie que atendiera su orden, nadie que llegara a imaginar su onírica fantasía, él mismo se puso manos a la obra. Y trabajó sin descanso, durante milenios, hasta conseguir todo lo que le atormentaba y que al mismo tiempo le hacía feliz. De sus pinceles y paletas fueron saliendo ondas odas de tierra, relieves y líneas blancas, rojas, amarillas, incluso de otras tonalidades que aún no habían sido inventadas. Su maravillosa locura le llevó a crear erosiones allí donde todavía no existía nada, en el ignoto vacío, creando cerros entrantes y salientes, esculpiendo terrosas curvas femeninas, descarnadas, que ni los barrocos llegaron a igualar. Y cuando creyó que su sueño por fin estaba realizado, se sentó en uno de los cerros que había creado para admirar su obra, tal vez a la espera de los críticos. Jamás llegó ninguno.


donde la geología y el color se dan la mano.





martes, 29 de mayo de 2018

PEÑAS BURGALESAS QUE MERECIERON SER LEYENDA

        
El Regidor de Perros tiene mucha nariz

Peña sin nombre a las puertas del Monte Hijedo
Como una mano que apunta al cielo

FOTOGRAFÍAS: Peñas de Perros, Santa Gadea de Alfoz, Hacinas, Lomas de Villamediana y Alfoz de Santa Gadea (Tomadas en 1971, 2016 y 2018)

Como lágrimas caídas del cielo que con el tiempo llegaron a fosilizarse, existen en Burgos, salpicando aquí allá con su majestuosa presencia, una serie de peñas que llaman la atención de caminantes perdidos. Cada una por sí misma, en su aislamiento y espectacularidad, podría haber sido protagonista de alguna fabulosa leyenda. Pero por más que he escarbado en sus raíces, nada he encontrado, ni siquiera lo más recurrente: el simple relato de alguna piel de gato, o de becerro, llena de monedas de oro. Nada, ningún tesoro escondido a sus pies. Ni siquiera un nombre que haga referencia a moros o moras del “tiempo de los moros”.  Están vacías de contenido estas peñas de otra era, estos hitos en lugares de ensueño. Y es extraño. ¿Cómo ha sido posible que llegaran hasta nuestros días, como princesas encantadas disfrazadas de megalitos, sin una mísera conseja que llevarnos a la carpeta de las leyendas, sin algún testimonio que cargar en la mochila de nuestra propia fantasía? ¿Falta de imaginación de nuestros ancestros? ¿Pérdida de la trasmisión oral por alguna causa que ignoramos? Desconocidas no serían, pues destacan sobremanera en el paisaje, en alturas o en fondos de los valles. Algunas tienen nombre, es lo menos que se las puede exigir. De entre todos, me quedo con “El Regidor”, cerca del despoblado de Perros. El regidor de perros, podríamos decir. Una lágrima con forma de mano hay que, al caer del cielo en el planeta de Santa Gadea, quedó apuntando con sus dedos hacia el lugar del que había venido. Y entre todas ellas, vemos cuatro junt@s, “Los Peñucos de Hacinas”, como cuatro hermanas o hermanos que, pudiendo haberse convertido en piedra por alguna maldición, nada ni nadie nos lo asegura. Son peñas y peñones, hitos de piedra encantados que podrían haber entrado en el imaginario popular pero que no tuvieron ese honor.


Los Peñucos de Hacinas
Un hermano no da la mano
El Peñuco del Alfoz de Santa Gadea
Cuando suben las aguas de Arija se convierte en isla


Peña de la Cueva de los Alcaldes, testigo de antiguos Concejos

lunes, 21 de mayo de 2018

LOS MILAGROSOS HUESOS DEL CONDE FERNAN GONZÁLEZ Y DEL EREMITA PELAYO (1) O LO QUE PUDO HABER SIDO UNA EXTRAORDINARIA LEYENDA

        Un amigo me suele decir que Internet es un basural en el que de vez en cuando puede encontrarse una joya. Yo no estoy de acuerdo con lo primero, me parece demasiado exagerado y brutal, pero sí en la posibilidad de lo segundo. Rebuscando, rebuscando, y sobre todo separando el trigo de la paja, uno puede encontrarse con joyas como la que yo mismo encontré hace tres años y que me dio pie para escribir el pequeño artículo divulgativo (digo pequeño porque el tema hubiera podido desarrollarse mucho más de caer en manos y ojos de algún sesudo historiador ) que a continuación veréis y que entonces dejé abandonado. En el artículo, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, se hace referencia a un documento de los Archivos de los Duques de Osuna, fechado en Covarrubias en 14 de noviembre de 1510 (que encontré rebuscando en PARES) en el que varios testigos, naturales del pueblo burgalés de Castrillo de Solarana, juraban haber percibido ciertos golpes y estruendo en los sepulcros del conde Fernán González y del monje Pelayo en el monasterio de San Pedro de Arlanza. ¡Ahí es nada, ruidos que salían de sepulcros cerrados hacía siglos! La cosa no tenía desperdicio.
        Ya digo, el artículo lo tenía arrinconado, abandonado. Hoy, sin embargo, he pensado que quizá a alguno de vosotros pueda interesarle y que sería injusto por mi parte no compartirlo. Así que, aquí va: 


FOTOGRAFÍAS: Monasterio de San Pedro de Arlanza (Tomadas en otoño de 2015)




Ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza


 
Preside el acceso al monasterio el conde Fernán González

                    

            “... y haciendo oración cerca de la sepultura del conde Hernán González,  a hora de queriéndose poner el sol, oyeron gran ruido y estruendo dentro de la dicha sepultura  del dicho conde”.

Testigo Juan de Aranda


            “... e  llegando al monesterio de señor San Pedro de Arlanza , era ya cuasi noche e acordaron de quedar allí aquella noche e entraron a la  yglesia a facer oración, e este testigo oyo ciertos golpes en la sepultura del conde Hernán González, e mirando hacia ella, commo oyó los dichos golpes en lo baxo de la dicha sepultura, este testigo ovo [tuvo] gran pabor y miedo, e  saliose de la dicha yglesia lo más presto que pudo”. 

Testigo Juan Pérez, hijo de Hernando Delgado, vecino de Castrillo de Solarana


“... e mirando la dicha/26 sepultura oyó vn golpe reçio dentro de la dicha sepultura, e este testigo dixo golpes dan aquí dentro, e llegándose a ver más çerca ovo mucho temor e se le expelucaron los cavellos e no osó estar más allí, e así se salió con los otros que yvan ya delante e los alcançó en medio de la claustra”. 

Testigo Pero Sanz


“... e estando hincado de rodillas haciendo oración oyó ciertos golpes a manera como si diesen dos lanzas de armas una con otra, e le pareció que los dichos golpes y ruido eran hacia el altar cerca de la sepultura de San Pelayo”. 

Testigo Alonso Crespo


 “... oyó tres golpes como en hueco hacia, al parecer de este testigo, cabe la sepultura de San Pelayo, y como lo oyó así como estaba hincado de rodillas, volvió la cabeza de un lado a otro por ver si se hacía por alguna persona, y como no vio nada se levantó y salió hacia la claustra”. 

Testigo Hernando de Juan Delgado



Podría haber sido una preciosa leyenda y haberse trasmitido de boca en boca, de generación en generación hasta nuestros días, como tantas lo hicieron en torno a figuras heroicas del medioevo que resucitan para ayudar en batallas cruciales del cristianismo. Pero no, los hechos prodigiosos que aquí se van a reflejar, “ocurridos” en el monasterio benito de San Pedro de Arlanza, con la figuras del conde Fernán González y del eremita Pelayo y los huesos movientes de sus sepulturas como protagonistas, aún siendo merecedores de ello, parece  que no tuvieron la suerte de convertirse en relato para la trasmisión oral, al menos no hemos podido registrar en nuestras encuestas nada parecido; o si la tuvieron, fue con una caducidad de la que nada sabemos. El testimonio documental que aquí se adjunta, donde se recogen dichos hechos, de increíble elaboración y con no menos sorprendente pátina de veracidad, resulta, pues, de extraordinario valor para el conocimiento y estudio de las leyendas burgalesas, más si se tiene  en cuenta que lo que en él se expresa no es copia de un cantar de gesta, poema,  crónica o cualquier otra manifestación literaria, sino que se trata de un documento “formal” e independiente; aunque bien es cierto que pudiera estar inspirado en escritos anteriores (fray Gonzalo de Arredondo, abad de San Pedro de Arlanza), como se sugiere en una parte del documento.

“... dado muchos golpes vnos con otros, segund dixo/7 que otras veçes auían fecho en tienpos que auían guerras contra los in-/8 fieles, e quando se ganó dellos el reyno de Granada por el dicho señor/9 rey don Hernando segund lo mostró por vn testimonio signado de/10 escrivanos públicos fecho del dicho tienpo, de donde se espera con la/11 ayuda de nuestro señor e de su cavallero el conde Hernán Gonçález, a qual/12 se rece ser levantado e enviado en socorro e ayuda de los christianos que aca-/13 baran esta santa jornada”.

No puede caber duda de que los monasterios, además de poder, tenían imaginación, y que las dos cosas juntas iban de la mano para su  engrandecimiento. Con la deturpación de hechos históricos, o la creación de algunos que nunca sucedieron, convenientemente propagados como milagro, trataban de arrimar el ascua a su sardina, de crear emociones y estados de opinión, (a fin de cuentas, de manera similar a como se hace hoy en los medios televisivos, audios y escritos). Hay que ponerse en época y momento y ver a los monjes de los monasterios en sus “reuniones editoriales”, cada tiempo con su correspondiente abad, tratando de crear documentos en los que se adulara y engrandeciera a los amigos benefactores, generalmente reyes y nobles, y se menospreciara al enemigo infiel, durante mucho tiempo la “secta mahomética” o la “abominable secta de Mahoma”, que de ambas formas, entre otras, se le llega describir en el documento que comentamos. Haciéndolo así, la casa monacal y la institución a la que representaba se hacían más poderosas. Una vez ideada y decidida la historia que nunca existió, el o los escribanos de turno en el convento habían de ponerse manos a la obra en su celda o scriptorium. Resulta ciertamente enternecedor imaginar la figura de un concentrado monje escribiendo y adornando, en culta escritura cortesana, a la luz de un humeante velón, hechos de ficción que el “consejo editorial” le dictó, dándoles carácter de veracidad, y luego al encargado archivero guardando el legajo en los cajones de la historia del convento. Esto podría haber ocurrido con la maravilla de documento del que aquí hablamos y que en el A.H.N, Fondo Duques de Osuna (legajo nº 40, Documento nº 8) se guarda con el encabezado “Información de cierto milagro sucedido con los huesos del Conde Fernán González que estaban sepultados en la iglesia de San Pedro de Arlanza”.

Quizá sea este documento manuscrito, más que otras historias y crónicas del abad de Arlanza, fray Gonzalo de Arredondo y Alvarado, que nos hablan también de huesos movientes del conde y del monje Pelayo ya en 1483, la fuente en la que, un siglo más tarde, fray Antonio de Yepes pudo haber bebido para escribir su propia versión de los portentosos hechos, como sugiere su comentario De estos últimos acontecimientos tan notables y movimientos que hicieron los huesos del Conde hay una información muy larga que yo he visto”. Fechado en 1510, se relatan en este documento, bajo juramento sobre una cruz “dibujada” en los Santos Evangelios (“sí, juro”), y con lujo de detalles por los varios testigos que los presenciaron, que declararon “secreta y apartadamente” ante notarios públicos y apostólicos, escribanos y alcaldes, más un clérigo de la iglesia de “Santo Thomé”, de Covarrubias, que asistió como procurador en representación del abad de San Pedro de Arlanza, los hechos que acontecieron en el monasterio del “señor San Pedro de Arlanza” los días 5 y 9 de septiembre de aquel año. En síntesis, estos se resumen en lo siguiente:


“A LA HORA DE QUERIÉNDOSE PONER EL SOL”


Varios vecinos de Castrillo de Solarana, que volvían como romeros del santuario de Nuestra Señora de Valbanera, hacen un alto en su camino para hacer oración en San Pedro de Arlanza, monasterio que les pillaba de paso. Según declararon estos peregrinos, mientras hacían oración en dicho convento, “un día a hora un poco antes que se pusiese el sol, y el otro en poniéndose el sol”, oyeron “grande estruendo y ruido y dado muchos golpes unos con otros” que salían de las sepulturas del conde Fernán González y del “santo monje Pelayo”, que estaba enterrado también, según se refiere en dichos interrogatorios, cerca del altar de la iglesia. Al parecer, aquellos ruidos eran la forma de manifestar el apoyo que Fernán González y el citado monje, una vez muertos, daban a los ejércitos cristianos cuando estaba a punto de producirse algún hecho de armas relevante. Y es que, según se explica en el documento, “Dios Nuestro Señor, mostrando sus gloriosas y grandes maravillas y manifestándolas a nosotros, por sus santos y escogidos siervos para que con más celo le conozcamos y sirvamos y temamos y confesemos su gran poder y milagros infinitos...”, dota a estos siervos, “mediante su inmensa bondad, de especial gracia para ayuda y reparo en defensa de estos reinos de donde son naturales”.

Especial gracia debieron tener, en efecto, el conde burgalés y el monje Pelayo, para que, una vez muertos, sus huesos se revolvieran en sus sepulcros, chocaran entre sí y produjeran gran estrépito en determinadas ocasiones. Resulta ciertamente extraño que sucesos tan extraordinarios como los descritos, donde muertos resucitan, no llegaran a propagarse como leyenda y a asentarse en la tradición oral de los pueblos, en especial de los de tierra de Lara. 



El conde Fernán González en plan belicoso



(1) PARES (PORTAL DE ARCHIVOS ESPAÑOLES)
 A.H.N. OSUNA C40 D19
Portada
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL/1
OSUNA/2
LEG. 40 ; nº 6 /3
Información de cierto milagro sucedido con los/4 huesos del Conde Fernán González que estaban sepulta-/5 dos en la Iglesia de San Pedro de Arlanza./6
(HOJAS 1-6)/7


martes, 8 de mayo de 2018

LAS CHOPAS DE SALGÜERO


Chopo con título de chopa
De la tala de hace cinco años salen dedos
 a buscar la luz
Dignidad de chopa, digna ancianidad
Guardianes del río



FOTOGRAFÍAS: Chopas del arroyo Salgüero (Tomadas en mayo de 2018)

 Querido Sauce del Puente:
Como te prometí ayer, fui por la tarde a tierra de Juarros para ver a tus hermanos, muchos, por cierto. Pero si te soy sincero, sentí cierta frustración, pues no son sauces, como llegué a intuir de tus palabras, sino chopos de ribera, o más bien chopas, porque todos han alcanzado, por su antigüedad y volumen, la dignidad femenina, privilegio solo reservado a pocos árboles. De acuerdo: son tus hermanos porque son vegetales, como tú, pero no sauces. En todo caso, te diré, querido Sauce del Puente, que quedé maravillado de su monumentalidad y de verlos tan bien ordenados junto al cantarín río que baja de Salguero. ¿Te puedo hacer una confidencia? ¿Sí? Pues bien, te la haré: a lo largo de mi vida he pasado infinidad de veces por esta carretera juarreña,  casi siempre en época invernal, tiempo difuso, sin hojas, pelón. Quizá por eso también yo, en la distancia, confundí siempre los troncos de estos chopos con sauces. Y te diré más: una y otra vez prometí bajarme del coche y acercarme a ellos, para identificarlos y abrazarlos, pero nunca lo llegué a hacer, hasta ayer, cuando los nubarrones y centellas de tormenta amenazaban con romper la calma de tierra de juarros. Te dejo estos retratos de familia que pude obtener para que los guardes en el vientre de tu tronca, y los mires de vez en cuando en tu soledad junto al puente sobre el Ubierna.  



Salgüero de Juarros, un remanso para soñar


  

domingo, 6 de mayo de 2018

EL SAUCE DEL PUENTE

    
El Sauce del Puente con larga cabellera de invierno


FOTOGRAFIA: Puente sobre el Ubierna, marzo de 2018

        Estoy aquí hace más de un siglo y tú me has ignorado. Sé que te han interesado encinas, robles, hayas, castaños, tejos, sabinas, morales e incluso humildes chopas. De todos ellos guardas memoria en tu baúl de los árboles longevos. Por eso me duele más que te hayas olvidado de mí, sauce entre los sauces, que vengo oyendo el murmullo del Ubierna cien años antes de que tú nacieras. He visto pasar por el puente de Ortega a muchos labriegos con sus pollinos llevando pesados costales al molino cercano, y podría contarte historias de leyenda que mucho te interesarían. Pero tú me habías ignorado. Tengo hermanos en Juarros que te hablarán de mí, ve, pregúntales.
        Disculpa, sauce entre los sauces, pronto iré donde me dices. 
  

martes, 1 de mayo de 2018

DESPOBLACIÓN Y PATRIMONIO


Artística portada, con leyenda y escudo, datada en 1727

Desde el exterior parece estar completa, 
dentro reina la ruina

Sorprenden cuatro hornacinas juntas,
bajo una cubierta que ya no está  



Dentro crecen los árboles 

Una obra hecha a expensas de un 
"caballero del hábito de Santiago"


FOTOGRAFÍAS: Ruinas en el valle de Valdelucio (Tomadas en abril de 2018)

        Uno de los efectos colaterales (¡colaterales!, ¡ni que habláramos de una guerra!) de la despoblación de nuestros pueblos es la degradación y desaparición del patrimonio histórico, artístico y etnográfico. Quienes desde hace tiempo nos dedicamos a recorrer la provincia de Burgos lo sabemos muy bien, tras haber comprobado, año tras año, visita tras visita, que lo que un día conocimos en pie, hoy, tras el abandono de los vecindarios, lo vemos reducido a escombros.
        Muchas veces hemos llamado la atención sobre el estado de algunos monumentos (no por humildes menos valiosos) a los que no se les ha prestado ni presta ninguna atención. “El pueblo se quedó vacío, luego el patrimonio ya no sirve, lo olvidamos”, parece que aceptamos todos con naturalidad. Presumimos de la riqueza patrimonial de Burgos, pero no hacemos ni una mínima parte de lo que podría hacerse para su salvación.
        Podríamos hacer una lista de edificios-patrimonio, eclesiásticos o civiles, que ya son prácticamente irrecuperables, pero sería interminable y sobrepasaría el reducido espacio que desde un principio nos propusimos aquí. Quizá algún día alguien haga esa lista, y entonces todos nos llevaremos las manos a la cabeza.
        “Deberían cuidar de que esto no se cayera, porque forma parte de su historia”, recomendé  recientemente, inocentemente, a un hombre que encontré en un pequeño pueblo de Valdelucio tras haber visto su interesantísima iglesia arruinada. Su respuesta fue lapidaria: ”Pero cómo, si aquí vivo yo solo”.
        Tanto la despoblación, como la conservación del patrimonio rural son batallas perdidas, lo sé, pero causa dolor e impotencia ver cómo tantas maravillas desaparecen ante nuestro ojos. Las imágenes que aquí dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, corresponden a la maravilla de Valdelucio que antes he citado. Seguro que, como yo, disfrutaréis con dolor al contemplarla.
        Al menos que quede registro de ella.