Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 16 de noviembre de 2018

EL PEÑON DE GETE, DONDE JAN FORE GRABÓ SU NOMBRE



A la sombra del Peñón de Gete se reunían los pastores


Junto a un camino, en un robledal


Jan Fore quiso inmortalizar su visita 
También Julito

FOTOGRAFÍAS: Peñón de Gete (Tomadas en octubre de 2018)

        Últimamente se divulgan afloraciones rocosas en distintos lugares de Burgos a las que se concede el mérito de ser sacras y además celtas. Suelen ser peñas de roca arenisca que destacan sobre los pastizales, de manera  abundante en los bajíos de la Peña Carazo. Aunque yo, tan incrédulo como Tomás (o más), me permito poner en duda ambas cosas ¡y mira que me gustaría que fueran ciertas! No habiendo ninguna inscripción aclaratoria, resultan elementos poco fiables algunas simples cazoletillas o concavidades y escalerillas talladas, que pudieron haber sido hechas por pastores de cualquier época, por eremitas del medioevo (tan presentes en la zona, San Marcos, Peña Rota, Peña Aguda...), o simplemente ser de carácter natural y producto de la erosión. Sin ser un experto, tampoco algunos fragmentos cerámicos encontrados en alguna de las peñas me parece motivo suficiente para catalogarlas como peñas sagradas y celtas. Cuántas veces yo mismo he encontrado, en distintos lugares de la provincia, promontorios rocosos en cuyas cúspides se encuentran cazoletas naturales que pueden llamar al engaño. Si ser peña destacable en el terreno ya es mérito para ser sagrada (con lo que esta denominación conlleva) entonces tendríamos un vasto territorio lleno de santuarios, fueran de pueblos turmogos o de otras culturas pretéritas. Y si esto hubiera sido así, entonces entre todas se llevaría la palma el llamado Peñón de Gete, un imponente y solitario testigo rocoso, de unos doce metros de altura y unos ocho de perímetro, que sobresale majestuoso en el robledal, como una pirámide maya en las selvas del Yucatán, justo en la divisoria de los términos municipales de este pueblo y Villanueva Carazo. Un majestuoso peñón que nunca hubiera pasado desapercibido para quien ideara llevar a cabo servicios rituales. Como no pasó desapercibido para los pastores de siempre, pues al girar sobre sí mismo en perfecto acuerdo con el sol, siempre proyecta acogedoras sombras, en uno o en otro de sus lados. Imaginaos, queridos amigos de este Cajón de Sastre, las siestas de los pastores de Hacinas, Villanueva y Gete, en este lugar y al arrullo del enjambre que vive en el piso de arriba sin más pretensión que la de hacer miel. Siestas sagradas, cuando el calor más apretaba y las ovejas formaban ovillo.
        Cosa aparte serían los grafitis del lado del sol naciente. Una “pizarra” como aquella por fuerza tuvo que ser golosa para la escritura grabada y para que los que una vez estuvieran al pie del Peñón desearan  dejar constancia de su admiración. Esto debió ser lo que llevó a un tal JAN FORE a escribir su nombre en el año de 179? ¿Jan Fore?, ¿pero qué clase de nombre es este? Jan es de uso normal en Paises Bajos, Noruega o Polonia, entre otros, pero, ¿y entonces, quién fue esta persona, de dónde procedía y cómo llegó hasta el Peñón de Gete?  Estaría dispuesto a aceptar que me dijerais, queridos amigos, que fue cualquier profesional, un agrimensor o un geólogo, por ejemplo, que inspeccionaba y estudiaba el terreno aledaño a la Peña Carazo a finales del siglo XVIII. Pero creo que  sería una especulación de complicado trazo. Dejemos, entonces, volar la imaginación y construyamos cada uno de nosotros la historia que más nos guste en torno al grafitero Jan. 

miércoles, 10 de octubre de 2018

UNA CRUCERÍA DE ENSUEÑO EN QUINTANARRUZ


Iglesia de Quintanarruz
Filigrana de complejas nervaturas
en las alturas del crucero 

FOTOGRAFÍA: Iglesia de Santa Leocadia, en Quintanarruz (Tomada, octubre de 2018) 


            Merecería estar en alguna catedral más que en una humilde iglesia  de pueblo. A nadie podría extrañar ver esta crucería sobre alguna gran nave catedralicia, soportando bóvedas imposibles del gótico, como Segovia, Palencia, Salamanca... Pero es el caso que esta maravilla se encuentra en Quintanarruz, un pequeño lugar de la Merindad de Río Ubierna, concretamente en la iglesia de Santa Leocadia, que por ser románica puede llevar toda la atención de los visitantes hacia las arquerías, canecillos  y capiteles de este estilo. Aunque, pensándolo bien, eso parece imposible, pues la increíble bóveda estrellada sobre el crucero, con extraordinaria madeja de terceletes, y su consiguiente colección de claves de bóveda, cada una con su roseta hexafolia,  luce con tanta intensidad que por fuerza uno ha de sentirse cautivado. Historiadores del arte habrá que puedan dar señales de los autores de esta obra de arte del primer cuarto del siglo XVI, que por fuerza debieron pertenecer a buena escuela. 

martes, 9 de octubre de 2018

DOS CARAS TALLADAS EN QUINTANARRUZ



Posible rostro masculino 

Inquietante rostro ¿femenino?

Cruz protectora en la entrada de la casa


FOTOGRAFÍAS: Casa de Quintanarruz (Tomadas en octubre de 2018)

        Iba buscando hexapétalas y me encontré con otra cosa. Junto al centenario moral de la iglesia de Quintanarruz vemos hoy una antigua y despoblada casona, de planta cuadrangular, que pronto ha de dar en ruina, como sucede con todo lo que en los pueblos ha dejado de habitarse o tener uso. Esta casa, probablemente del siglo XIX, tiene la particularidad de contar en los esquinales de su alero principal con dos cabezas humanas, una en cada extremo, talladas en los “modillones” o saledizos que le sustentan. Y no es un caso único. Ya vimos aquí cómo en Ahedo de Butrón existen también dos figuras diablescas, en casas distintas y situadas de la misma manera, bien es cierto que con aspecto..., digamos más brujil. Estos dos ejemplos nos sirven para creer que en un pasado no muy lejano, de supersticiones sin cuento, debió ser costumbre poner en sitio bien visible de las casas (ninguno mejor que las esquinas de los aleros) figuras humanas de apariencia monstruosa, imágenes que, con su aspecto feroz, pudieran hacer de ahuyentadores ante la posible entrada de malos espíritus o animales de mal agüero, como por ejemplo la lechuza nocturna anunciadora de muerte. Pero la casa de Quintanarruz tiene la particularidad de que si bien uno de los rostros presenta una evidente e inquietante fealdad, con enorme boca vacía, con tan solo tres dientes muy separados, la otra parece de aspecto más apacible, inductora de serenidad, lo que nos lleva a la confusión. En todo caso, las buenas gentes que construyeron esta casa tuvieron la precaución de protegerse de manera más religiosa, grabando en el dintel de la entrada una gran cruz, como fue costumbre extendidísima en nuestros pueblos. La figura más fea asustaría, la cruz protegería, la imagen apacible del otro esquinal marcaría propiedad y dominio. Especulaciones, por supuesto. Convendría contar con otros ejemplos para conclusiones de mayor enjundia.   

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL CARTEL MÁS BONITO, LA EXPOSICIÓN MÁS ESPECTACULAR




FOTOGRAFÍA: Cartel de la 7ª Exposición (Tomada el 29/9/2018)  


        El cartel más bonito y llamativo y la exposición más original y espectacular que se puede ver en Burgos, eso es lo que a mí me ha parecido la 7ª Exposición de Tractores Antiguos de Lechedo. Por séptimo año y otra vez sin que las autoridades provinciales y regionales se tomen en serio la particular muestra, José Luis Ortiz, este romántico de las viejas máquinas, este visionario que recorre Europa en busca de los antiguos artefactos, los viejos monstruos que se utilizaron en la agricultura hace un siglo y más, dio vida en Lechedo de Cuesta-Urría, el pasado fin de semana, a sus maravillosos tractores antiguos ante la admiración de miles de personas llegadas desde distintos lugares. No voy a repetir lo que ya dije aquí en la 5ª Exposición, hoy solo trato de mostraros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, el precioso cartel de este año, una maravilla de las artes gráficas que parece escapada del siglo XIX. Solo una cosa más: a poco que se movieran las señaladas instituciones esta muestra podría tener resonancias nacionales e internacionales. Medítenlo.  

lunes, 1 de octubre de 2018

TAMAYO SALE DEL SILENCIO


Grupo de Tamayos delante de la casa de UNPORTA  

(No, no es la "Casa inclinada de Pisa", 
es la poca pericia del fotógrafo)

Fue presentado a los asistentes a la reunión el libro
"Tamayo. Recuerdos de una familia",
obra de Luis Jiménez Tuset y Martín  


FOTOGRAFÍAS: Tamayo (Tomadas el 28 de septiembre de 2018)


        El pasado 29 visité Tamayo, una vez más, y van.... Y es que no sé que tiene este pueblo del silencio que tanto enamora. Digo que no sé, pero sí que lo sé. Es el magnetismo de sus grandiosas ruinas, de su noble arquitectura del siglo XVIII, de sus empinadas y empedradas calles donde se hunden ojos  oscuros, bodegones del chacolí que fueron; es su moral gigante junto a la iglesia gótica, vacía y abierta a todos los vientos, a los apacibles y a los bárbaros. Es también que siempre, en cada visita, uno descubre algún detalle nuevo que le llama la atención. Sin ir muy lejos, en marzo pasado consignábamos en esta bitácora un dintel recortado sobre las nubes lleno de símbolos que nunca antes habíamos visto. Con las palabras que empleamos entonces llenamos las de hoy, no puede ser de otra forma, pues los sentimientos son inalterables en estas memorables ruinas.
        Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, tengo que decir que en mi visita del sábado encontré que el silencio no era tan profundo como en otras ocasiones, algo noté en el ambiente a mi llegada que no se parecía al de otras veces, era como si de repente rumores de fiesta sonaran de nuevo en Tamayo. Palabras, voces salidas de entre los muros desnudos, bajo los murallones de la iglesia, me llegaron en alegre brisa. ¿A qué se debía el rumor? ¿Cuál era la causa del silencio roto? Pues no era otra cosa que mi visita había coincidido con la reunión anual que la asociación Unporta (Unidos Por Tamayo), gente que tiene en común este apellido, tiene por costumbre hacer cada año desde hace ya bastantes en las ruinas. Me uní al grupo, en el que, entre otras procedencias que no recuerdo, había Tamayos de Sevilla, de San Sebastián, de Huesca, de Guadalajara, Pasajes, y así supe que dicha asociación ha adquirido una casa para rehabilitarla y para que sirva como punto de reunión de los Tamayo de cualquier procedencia. Y para mi sorpresa, dicha casa es la que luce el dintel del que antes hablé, sí, esa que tiene labrado un vítor y una fecha, 1782 (Un vítor, ¡qué apropiado para la ocasión!). Ojalá la restauración se lleve a cabo y que sea lo más respetuosa posible. De momento sabemos que Tamayo sigue siendo un pueblo del silencio, pero no del olvido.
  

martes, 25 de septiembre de 2018

LAS PIEDRAS HABLAN, LAS PIEDRAS CUENTAN, LAS PIEDRAS ANUNCIAN


 

Casa de un herrador en Tubilla del Agua, fechada en 1903.
En el esquinal de la izquierda y en el rombo bajo la ventana,
se aprecian las herramientas propias de la profesión

Martillo y herraduras, con inconfundible sabor
al oficio de herrador 


FOTOGRAFÍAS: Dinteles grabados en Solarana, Tubilla del Agua, Manciles, Cubillo del Campo (Tomadas en 2018, 2007, 2012). 


Os hablo hoy, amigos de este Cajón de Sastre, de un tiempo (que pudo ser el de nuestros abuelos y bisabuelos), en el que para anunciar una profesión o una actividad comercial en un pueblo o lugar había que grabar la piedra con maza, puntero o cincel y paciencia jobiana. Os hablo, queridos sufridores de esta ya longeva bitácora, de cuando no existían ni se habían inventado letreros luminosos de neón (por no haber, ni siquiera electricidad), ni metacrilatos, bronces dorados y otras modernidades donde llamar la atención sobre cualquier negocio. De cuando la piedra en las fachadas de las casas era expositora de los mensajes comerciales o profesionales que se querían transmitir al vecindario de los pueblos, que en nada se parecen a los de administradores de fincas, médicos y abogados (por citar solo alguna de las más extendidas hoy en los portales de nuestras ciudades). Por lo general eran los poderosos dinteles y jambas de los edificios, de puertas y ventanas, los soportes para esta publicidad. Hoy los vemos con gran nitidez, como si hubiesen sido grabados ayer, y nos recuerdan a profesionales y oficios pasados, tan humildes como trascendentales en su largo momento, como los de cantero o herrador de animales de trabajo, y a negocios hosteleros, como las antiguas ventas y mesones de caminos y pueblos. Contemplar hoy estos anuncios grabados, tan sencillos como directos, cada uno con los símbolos o herramientas que les eran propios e identificaban, llega a enternecer. Y para que sirva de meditación, aquí dejo  algunos ejemplos localizados en distintos pueblos burgaleses.


Casa del veterinario en Nebreda.
Se aprecian herraduras grabadas en los sillares,
con el significado de que fue aquí donde
se acordaba el herrado.


Esclarecedoras herraduras en los sillares.
El potro que se hallaba a pocos metros ya desapareció.



Feliciano Hortigüela,  a punto de cumplir los noventa,
 es ahora la memoria viva de Nebreda.
Recuerda a herradores que llegaban a su pueblo
para ejercer su trabajo:
"Conocí a uno que venía de Pinilla Trasmonte,
y a otro de Puentedura;
venían en los fines de semana".  

Un porrón y un queso (o tal vez una hogaza) como reclamo en el cartel anunciador de una venta en Cubillo del  Campo, junto a la carretera de Soria (1876)
Mesón en Manciles fechado en 1739
Dintel en las viejas escuelas de Solarana, con la maza, el cincel y la roseta hexapétala bajo círculo, probablemente distintivos del oficio de cantero. 
La inscripción debió hacerla el cantero Silverio, 
que fue quien en 1888 trabajó la piedra de dichas escuelas, 
según reza en otro dintel. 





martes, 18 de septiembre de 2018

LOS NEOS DE BÁSCONES DE ZAMANZAS


Báscones de Zamanzas
Calle tallada en la roca


FOTOGRAFÍAS: Báscones de Zamanzas (Tomadas circa de 1970 y setiembre de 2018)

        Creo que fue a finales de los sesenta cuando una nutrida excursión de amigos nos presentamos en Báscones de Zamanzas con el simple afán de conocer aquel lugar tan bello como escondido. Por aquel tiempo ya este pueblo debía estar totalmente despoblado, o eso creíamos, o tal vez eso es lo que queríamos averiguar, no recuerdo bien. El dramático silencio, la nula presencia humana, la ausencia de humo y ladridos, la incipiente ruina de algunas casas..., todo aparentaba un evidente y total abandono. Sin embargo, un hecho extraño vino a sacarnos de este convencimiento. Mientras dos de nosotros “explorábamos” el interior de un edificio arruinado, sin tejado, vimos y sentimos caer grandes piedras a nuestros pies, y no eran desprendimientos de los muros que permanecían todavía en pie, no, eran pedruscos arrojados por alguien. ¿Qué era aquello? ¿Quién lanzaba estos proyectiles a ciegas (o no tan a ciegas), que en caso de haber caído sobre nuestras cabezas quizá ahora no lo estaría contando? ¿Es que acaso el pueblo no estaba tan abandonado como pensábamos? La visita, pues, se tornó peligrosa, más habiendo niños en la excursión, por lo que decidimos escapar de aquel misterioso ataque y salir a todas prisa del pueblo. Pasaron los años, bastantes, hasta que un día, relatando estos hechos a alguien de algún pueblo cercano supe que habíamos estado a merced del último habitante de Báscones, de un solitario y "eficaz" guardián del pueblo que no quiso mostrarse de cuerpo presente. 



Báscones de Zamanzas circa 1970

Casona en Báscones de Zamanzas circa 1970


Lo que queda de la misma casona en 2018


        Al poco de aquella historia llegaron a repoblar este lugar gente de Valladolid (siempre pensé que fueron dos parejas jóvenes, o dos jóvenes simplemente, no lo supe bien), huidores de la gran ciudad en busca del sosiego del campo y con el afán de emprender una nueva vida acorde con su pensamiento libre y ecológico. Durante años tuve curiosidad por saber cómo sería su vida allí, pues pensaba que llegando de la ciudad no tendrían experiencia campesina. Yo era escéptico, creía que pronto aprenderían lo que me parecía inevitable, que con el cambio eran más libres pero estarían encadenados a una tierra pobre que poco les podía reportar. Alguien me dijo que su Modus Vivendi era hacer trabajos por los pueblos, de albañilería, carpintería, etc. Han tenido que pasar muchos años más, sin embargo, para saber que de aquellos neovecinos solo ha quedado uno, Nino, excelso artista de la madera, que llegó de Medina de Rioseco y que, entre otros oficios, durante dos años ejerció como cartero por los pueblos de Zamanzas.


La iglesia en el alto y casa restaurada

        Después de aquellos pioneros fueron más los neocolonos que llegaron a este atractivo lugar, con parecida mentalidad y similares afanes, algunos de los cuales no resistieron la presión del aislamiento y se fueron. Uno de estos últimos, tras cinco años en Báscones, restauró una vieja casa y decoró sus muros exteriores con curiosas tallas. Especialmente notables son las que labró en dinteles y jambas de las ventanas, al mejor estilo de los maestros canteros zamanceños, que tantos hubo y que dieron carácter a los pueblos del valle. En una de dichas ventanas dejó grabado el símbolo que identifica a las farmacias, (copa con serpiente enroscada) con la variante de tener además, junto  a  la copa, el añadido de una flor. Junto a este símbolo grabó también la curiosa leyenda: “SIMILA SIMILUS CURENTUS”, que puede ser equivalente a la locución latina “Similia Similibus Curantur” (lo similar se cura con similares). Todo los cual nos induce a pensar que este colono, si no la practicaba sí debía estar al tanto de la homeopatía. 
        Algún día, en un futuro no muy lejano, cuando la piedra oscurezca, quizá algún despistado confunda estas tallas y las meta en el mismo saco de las verdaderamente antiguas. Para que eso no suceda, aquí queda dicho lo  dicho.


Ventana en casa restaurada  ("SIMILA SIMILUS CURENTUS")


Tallas en otra ventana de la misma casa 

  

domingo, 16 de septiembre de 2018

LOS BURGOS PERDIDOS, LO QUE PERDEMOS


Cuando la belleza era de uso normal y común

FOTOGRAFÍAS: El Toro de Arroyuelo. Arquitectura de Valdebezana (setiembre de 2008)


Acabamos la pequeña serie “De ruta por el Gran Norte” habiendo remontado el puerto de Angulo. Podría haber seguido en aquella ocasión describiendo cosas que me salieron al paso en tierras de Losa. Podría haberos contado, por ejemplo, la fuerte impresión que me causó Villalba de Losa cuando vi sus casas pintadas de colores. (Me dicen que ya no se pinta de blanco, que ha de ser de cualquier color menos blanco. (¿De quién fue tan luminosa idea?). Aquella Villalba amurallada ya no es la Villalba que conocí cuando exploraba cuevas por  aquellas tierras de piedra seca, eran tiempos de cuando Zaballa se vendía por módico precio, como símbolo de la despoblación que ya por entonces causaba estragos. Podría haberos hablado de eso, querido amigos, o del toro de Arroyuelo, ese que  imita al de Osborne en una altozano a la entrada del pueblo (hoy los vecinos mayores de Arroyuelo, han interiorizado perfectamente el negro morlaco,  tanto que cuando al atardecer salen a pasear se dicen unos a otros: “vamos hasta el toro”.  De eso y más podría haberos hablado, pero preferí cambiar de aires.


El Toro de Arroyuelo, a imitación del Osborne


Hoy es otro día, hoy es el Gran Norte también pero por otro extremo. Os hablo, queridos amigos, desde los hondones de Zamanzas y Bezana, os cuento desde lugares perdidos, sumergidos, envallados, abismados, soñados, donde el abandono era de esperar tras siglos de penurias ancladas, ancestrales, donde la vida hoy es imposible, donde la arquitectura vernácula, ya sin uso, muere sin remisión, siendo el patrimonio más importante de las Montañas de Burgos, y diría que de toda la provincia. En Villaescusa Escondida, sumergida en selvático pozo, entre nogales imposibles y tras los que se vislumbre la majestuosa Peña Dulla, siento que mi corazón se sosiega y enfada, al mismo tiempo y con la misma intensidad. No, no es posible que tanta belleza construida pueda desparecer por nuestra incuria. Así va a ser, ay. Buscaba ventanas y me encontré con un paraíso ignoto, con un paisaje de ensueño que solo debe anidar en los sueños, al que quizá este burgalés errante ya nunca volverá y al que quizá nunca vuelva nadie.   


Aldeas escondidas de Valdebezana,
testigos de un tiempo que se fue para no volver

Arquitectura tradicional de las Montañas de Burgos,
 un patrimonio de inmenso valor que desaparecerá



¿Quién defiende o protege tanta belleza?



miércoles, 5 de septiembre de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (Y V) ENTRE LA PEÑA DE ARO Y EL PUERTO DE ANGULO


Santiago de Tudela  en primer término
Al fondo, Santa María del Llano de Tudela,
y más al fondo, Araduenga

Panorámica desde el Puerto de Angulo



FOTOGRAFÍAS: Paisaje del llano de Tudela, ventana con escudo, salto de San Miguel el Viejo (Tomadas en 2018 y 1971)  

La ruta que seguimos me ha llevado del valle de Tudela al de Angulo, a tierras que descubrí hace muchos, muchos años. He pasado bajo el monte Gurdieta y he recodado la durísima ascensión de 1972 por la ladera en que se asientan sus escarpados farallones. Buscábamos, qué si no, una cueva, la de Moriquillos, que se halla en la base del cortado, y otras camufladas en el intrincado hayedo. Éramos jóvenes los del Edelweiss entonces y no había cuesta ni pendiente que se nos resistiera. Hoy, desde el coche, veo la inclinación y siento escalofríos, aunque quizá sea más por el tiempo pasado y  los amigos que se fueron que por la mareante inclinación. 



29 de noviembre de 1972, comenzamos la ascensión 
a Moriquillos  



Abandono Santa Olaja, y lo hago con la decepción de no haber encontrado ni una humilde ventana que llevar a mi Catálogo; no sé, tenía yo la sensación de que en este lugar me esperaba algún ejemplar notable, pues no, no lo encontré. Al poco, aparece ante mí la majestuosa y dominadora Peña de Aro, dios rocoso en cuyos divinos pies descansa un bucólico paisaje, de verdes praderíos y pequeñas aldeas regadas por las aguas de San Miguel el Viejo, como Las Fuentes, Cozuela, Encima Angulo... Aquí, en estos parajes de las profundidades, uno tiene la impresión de hallarse fuera de Burgos, y aún más, de encontrarse en un país ignoto, en un pequeño e independiente Shangri-La sometido solo a las normas que dictan las enormes peñas que le rodean. En el primero de los lugares citados encontré huella de hidalgos campesinos, al menos así parece manifestarlo una ventana con escudo en una de sus casas. 



Ventana con escudo en Las Fuentes


(Y ahora, por lo bajito, sin que se entere nadie más, os diré, queridos amigos, que bien por las sombras del arbolado o por la emoción de estar en rincones que había olvidado, y otros desconocidos, tuve un lapsus de orientación y en lugar de encaminarme hacia el Puerto de Angulo, me fui en dirección contraria hasta aparecer en Añes, lugar de la Cuadrilla alavesa de Ayala y desde el cual la Peña de Aro parece aún más dios. ¿Fue un lapsus o fue que el magnetismo de esta divinidad ejerció sobre mí su poder de atracción?, quién sabe). 


Añes

Peña de Aro

Peña de Aro desde Las Fuentes

De vuelta sobre mis rodadas regaladas, y ya en la carretera general (Trespaderne-Arceniega), de nuevo vuelve a alzarse sobre mí cabeza el cortado de Gurdieta, y en él un entrante lugar donde se hizo famosa la tirolina por la que, mediado el pasado siglo, se precipitaba la madera que cortaban los leñadores del bosque, aquellos hombres de hacha y de las sombras que pasaron al olvido. Al poco aparece el túnel del puerto, y es cuando tengo un recuerdo para una carretera aún sin túnel, con unas curvas endiabladas en las que uno tenía la impresión de que, en algún momento, podía caer en el abismo. Costó Dios y ayuda hacer este túnel, pero después fue una bendición. Ya coronado el puerto, no puedo por menos que tener un recuerdo para San Miguel el Viejo, la gran cueva manantial escondida muy cerca de allí, mitad de kilómetros subterráneos burgaleses y la otra mitad alaveses. De aquí llevaban el agua, en tubería de larga travesía, hasta Quincoces de Yuso. Sus cascadas invernales en escalera, despeñándose por el gran tajo separador de las tierras altas y húmedas de Burgos, eran y son de las que no se olvidan. Pero ya estamos arriba, vamos camino de Losa.



Salto de San Miguel el Viejo (1971) Foto: Pedro Plana



domingo, 2 de septiembre de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (IV) DE MEDIANAS AL VALLE DE TUDELA EN BUSCA DE NUEVAS VENTANAS


FOTOGRAFÍAS: Vallejo de Mena, Medianas, La Llana,  Santa María del Llano de Tudela, Santiago de Tudela (tomadas en agosto de 2018).  

Con el regusto de haber saboreado las deliciosas ventanas de la Torre del Abad, sigo ruta por el valle de Mena, un paisaje que siempre enamora y que a tantos y tantos lugares, recuerdos y vivencias me lleva. MI destino ahora es Medianas, donde tengo previsto conocer otra torre con ventanas ilustres. En el camino me sale al paso Vallejo, y aquí hago un alto, junto al molino que conocí aún en activo. ¡Cómo no detenerme, si arriba del pueblo se encuentra una de las más extraordinarias iglesias románicas de Burgos! Sería intolerable desprecio ignorarla, y además sentía curiosidad por ver en qué condiciones se encontraba su entorno, tan degradado hace años. Y si os digo la verdad, queridos amigos, tampoco en esta ocasión me satisfizo. Pues me pregunto qué pinta una torre de hormigón y un contenedor de basura alumbrando la magnificencia del incomparable ábside, y mucho cemento demasiado cemento. Bueno, al menos ya no está aquel tractor adosado, amigo de los fotógrafos y que tantas maldiciones debió cargar en su galera. Pienso que un monumento de semejante brillantez debería estar mimado hasta lo imposible, incluso su entorno. Valorar y dignificar nuestro Patrimonio como se merece es una asignatura que todavía no tenemos interiorizada. En fin, sigamos. 


Esplendores del románico en Vallejo de Mena

Ahora estamos en Medianas, donde se alza una torre cuadrada sobre un espectacular mirador orientado hacia la parte de valle que hemos dejado atrás. Como “Casa Lomanillo” se conoce a esta casa-torre del siglo XV, ahora blanca más que gris. Recientemente ha sido restaurada, o mejor, sacada de su ruina, y sus ventanas blasonadas, cuyos dueños actuales aseguran fueron hechas a imagen y semejanza de las que había, lucen hoy  como en su momento original. Por eso, y siendo así,  creo que no debe haber inconveniente para que formen parte del gran Catálogo de Ventanas Singulares de la Provincia de Burgos que estamos creando. Su belleza lo requiere. 



Medianas. Torre del siglo XV restaurada
Ventanas góticas en la torre de Medianas 

En La Llana hacemos un alto para deleitarnos con una de las torres más bellas de Burgos. El balcón de su fachada principal es un alarde de elegancia neoclásica, qué pena que no sea ventana para incluir en nuestro Catálogo. Aunque..., ya veremos.


Balcoventana en la torre de La Llana

Proseguimos. Nos encontramos ahora en tierras del valle de Tudela, un valle dentro de otro, el de Mena. En Santa María del Llano de Tudela nos sale al paso, en su diminuto cementerio, un gran panteón de mármol gris digno de algún indiano. Lo pudo ser, pero este es un tema que queda pendiente de investigar. Lo que más llama la atención es la desproporción entre su monumentalidad y la humildad del recinto (¿deseos de indianos que hicieron fortuna en América y amaban los pueblos que les vieron nacer?). 


Panteón indiano
en Santa María del Llano de Tudela

De Santa María saltamos a Santiago de Tudela, y aquí, querido amigos, tuve la mayor sorpresa de la ruta. Ya hemos visto cómo las datas epigráficas en los dinteles de las ventanas, donde se hacen ver pertenencia y fecha, están siempre grabadas a golpe de maza y buril sobre piedra, con gran perfección, por cierto. Pues bien, en una casa de dicho pueblo localizamos una data ¡manuscrita! junto a una ventana, fechada en 1780 y con la siguiente leyenda:

Año de 1780
Me fizo Feliziano de Oseguera

Ejecutada con pintura roja, tradicional por aquella época, su interés radica en que es la primera que encontramos de estas características en la provincia. Anotado queda para arqueólogos epigrafistas. 


Pobre ventana, insólita epigrafía

Casa de Santiago de Tudela con la data manuscrita


Continuará. Próxima parada: Por tierras de Angulo. Ventanas bajo la Peña de Haro