Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

martes, 18 de septiembre de 2018

LOS NEOS DE BÁSCONES DE ZAMANZAS


Báscones de Zamanzas
Calle tallada en la roca


FOTOGRAFÍAS: Báscones de Zamanzas (Tomadas circa de 1970 y setiembre de 2018)

        Creo que fue a finales de los sesenta cuando una nutrida excursión de amigos nos presentamos en Báscones de Zamanzas con el simple afán de conocer aquel lugar tan bello como escondido. Por aquel tiempo ya este pueblo debía estar totalmente despoblado, o eso creíamos, o tal vez eso es lo que queríamos averiguar, no recuerdo bien. El dramático silencio, la nula presencia humana, la ausencia de humo y ladridos, la incipiente ruina de algunas casas..., todo aparentaba un evidente y total abandono. Sin embargo, un hecho extraño vino a sacarnos de este convencimiento. Mientras dos de nosotros “explorábamos” el interior de un edificio arruinado, sin tejado, vimos y sentimos caer grandes piedras a nuestros pies, y no eran desprendimientos de los muros que permanecían todavía en pie, no, eran pedruscos arrojados por alguien. ¿Qué era aquello? ¿Quién lanzaba estos proyectiles a ciegas (o no tan a ciegas), que en caso de haber caído sobre nuestras cabezas quizá ahora no lo estaría contando? ¿Es que acaso el pueblo no estaba tan abandonado como pensábamos? La visita, pues, se tornó peligrosa, más habiendo niños en la excursión, por lo que decidimos escapar de aquel misterioso ataque y salir a todas prisa del pueblo. Pasaron los años, bastantes, hasta que un día, relatando estos hechos a alguien de algún pueblo cercano supe que habíamos estado a merced del último habitante de Báscones, de un solitario y "eficaz" guardián del pueblo que no quiso mostrarse de cuerpo presente. 



Báscones de Zamanzas circa 1970

Casona en Báscones de Zamanzas circa 1970


Lo que queda de la misma casona en 2018


        Al poco de aquella historia llegaron a repoblar este lugar gente de Valladolid (siempre pensé que fueron dos parejas jóvenes, o dos jóvenes simplemente, no lo supe bien), huidores de la gran ciudad en busca del sosiego del campo y con el afán de emprender una nueva vida acorde con su pensamiento libre y ecológico. Durante años tuve curiosidad por saber cómo sería su vida allí, pues pensaba que llegando de la ciudad no tendrían experiencia campesina. Yo era escéptico, creía que pronto aprenderían lo que me parecía inevitable, que con el cambio eran más libres pero estarían encadenados a una tierra pobre que poco les podía reportar. Alguien me dijo que su Modus Vivendi era hacer trabajos por los pueblos, de albañilería, carpintería, etc. Han tenido que pasar muchos años más, sin embargo, para saber que de aquellos neovecinos solo ha quedado uno, Nino, excelso artista de la madera, que llegó de Medina de Rioseco y que, entre otros oficios, durante dos años ejerció como cartero por los pueblos de Zamanzas.


La iglesia en el alto y casa restaurada

        Después de aquellos pioneros fueron más los neocolonos que llegaron a este atractivo lugar, con parecida mentalidad y similares afanes, algunos de los cuales no resistieron la presión del aislamiento y se fueron. Uno de estos últimos, tras cinco años en Báscones, restauró una vieja casa y decoró sus muros exteriores con curiosas tallas. Especialmente notables son las que labró en dinteles y jambas de las ventanas, al mejor estilo de los maestros canteros zamanceños, que tantos hubo y que dieron carácter a los pueblos del valle. En una de dichas ventanas dejó grabado el símbolo que identifica a las farmacias, (copa con serpiente enroscada) con la variante de tener además, junto  a  la copa, el añadido de una flor. Junto a este símbolo grabó también la curiosa leyenda: “SIMILA SIMILUS CURENTUS”, que puede ser equivalente a la locución latina “Similia Similibus Curantur” (lo similar se cura con similares). Todo los cual nos induce a pensar que este colono, si no la practicaba sí debía estar al tanto de la homeopatía. 
        Algún día, en un futuro no muy lejano, cuando la piedra oscurezca, quizá algún despistado confunda estas tallas y las meta en el mismo saco de las verdaderamente antiguas. Para que eso no suceda, aquí queda dicho lo  dicho.


Ventana en casa restaurada  ("SIMILA SIMILUS CURENTUS")


Tallas en otra ventana de la misma casa 

  

domingo, 16 de septiembre de 2018

LOS BURGOS PERDIDOS, LO QUE PERDEMOS


Cuando la belleza era de uso normal y común

FOTOGRAFÍAS: El Toro de Arroyuelo. Arquitectura de Valdebezana (setiembre de 2008)


Acabamos la pequeña serie “De ruta por el Gran Norte” habiendo remontado el puerto de Angulo. Podría haber seguido en aquella ocasión describiendo cosas que me salieron al paso en tierras de Losa. Podría haberos contado, por ejemplo, la fuerte impresión que me causó Villalba de Losa cuando vi sus casas pintadas de colores. (Me dicen que ya no se pinta de blanco, que ha de ser de cualquier color menos blanco. (¿De quién fue tan luminosa idea?). Aquella Villalba amurallada ya no es la Villalba que conocí cuando exploraba cuevas por  aquellas tierras de piedra seca, eran tiempos de cuando Zaballa se vendía por módico precio, como símbolo de la despoblación que ya por entonces causaba estragos. Podría haberos hablado de eso, querido amigos, o del toro de Arroyuelo, ese que  imita al de Osborne en una altozano a la entrada del pueblo (hoy los vecinos mayores de Arroyuelo, han interiorizado perfectamente el negro morlaco,  tanto que cuando al atardecer salen a pasear se dicen unos a otros: “vamos hasta el toro”.  De eso y más podría haberos hablado, pero preferí cambiar de aires.


El Toro de Arroyuelo, a imitación del Osborne


Hoy es otro día, hoy es el Gran Norte también pero por otro extremo. Os hablo, queridos amigos, desde los hondones de Zamanzas y Bezana, os cuento desde lugares perdidos, sumergidos, envallados, abismados, soñados, donde el abandono era de esperar tras siglos de penurias ancladas, ancestrales, donde la vida hoy es imposible, donde la arquitectura vernácula, ya sin uso, muere sin remisión, siendo el patrimonio más importante de las Montañas de Burgos, y diría que de toda la provincia. En Villaescusa Escondida, sumergida en selvático pozo, entre nogales imposibles y tras los que se vislumbre la majestuosa Peña Dulla, siento que mi corazón se sosiega y enfada, al mismo tiempo y con la misma intensidad. No, no es posible que tanta belleza construida pueda desparecer por nuestra incuria. Así va a ser, ay. Buscaba ventanas y me encontré con un paraíso ignoto, con un paisaje de ensueño que solo debe anidar en los sueños, al que quizá este burgalés errante ya nunca volverá y al que quizá nunca vuelva nadie.   


Aldeas escondidas de Valdebezana,
testigos de un tiempo que se fue para no volver

Arquitectura tradicional de las Montañas de Burgos,
 un patrimonio de inmenso valor que desaparecerá



¿Quién defiende o protege tanta belleza?



miércoles, 5 de septiembre de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (Y V) ENTRE LA PEÑA DE ARO Y EL PUERTO DE ANGULO


Santiago de Tudela  en primer término
Al fondo, Santa María del Llano de Tudela,
y más al fondo, Araduenga

Panorámica desde el Puerto de Angulo



FOTOGRAFÍAS: Paisaje del llano de Tudela, ventana con escudo, salto de San Miguel el Viejo (Tomadas en 2018 y 1971)  

La ruta que seguimos me ha llevado del valle de Tudela al de Angulo, a tierras que descubrí hace muchos, muchos años. He pasado bajo el monte Gurdieta y he recodado la durísima ascensión de 1972 por la ladera en que se asientan sus escarpados farallones. Buscábamos, qué si no, una cueva, la de Moriquillos, que se halla en la base del cortado, y otras camufladas en el intrincado hayedo. Éramos jóvenes los del Edelweiss entonces y no había cuesta ni pendiente que se nos resistiera. Hoy, desde el coche, veo la inclinación y siento escalofríos, aunque quizá sea más por el tiempo pasado y  los amigos que se fueron que por la mareante inclinación. 



29 de noviembre de 1972, comenzamos la ascensión 
a Moriquillos  



Abandono Santa Olaja, y lo hago con la decepción de no haber encontrado ni una humilde ventana que llevar a mi Catálogo; no sé, tenía yo la sensación de que en este lugar me esperaba algún ejemplar notable, pues no, no lo encontré. Al poco, aparece ante mí la majestuosa y dominadora Peña de Aro, dios rocoso en cuyos divinos pies descansa un bucólico paisaje, de verdes praderíos y pequeñas aldeas regadas por las aguas de San Miguel el Viejo, como Las Fuentes, Cozuela, Encima Angulo... Aquí, en estos parajes de las profundidades, uno tiene la impresión de hallarse fuera de Burgos, y aún más, de encontrarse en un país ignoto, en un pequeño e independiente Shangri-La sometido solo a las normas que dictan las enormes peñas que le rodean. En el primero de los lugares citados encontré huella de hidalgos campesinos, al menos así parece manifestarlo una ventana con escudo en una de sus casas. 



Ventana con escudo en Las Fuentes


(Y ahora, por lo bajito, sin que se entere nadie más, os diré, queridos amigos, que bien por las sombras del arbolado o por la emoción de estar en rincones que había olvidado, y otros desconocidos, tuve un lapsus de orientación y en lugar de encaminarme hacia el Puerto de Angulo, me fui en dirección contraria hasta aparecer en Añes, lugar de la Cuadrilla alavesa de Ayala y desde el cual la Peña de Aro parece aún más dios. ¿Fue un lapsus o fue que el magnetismo de esta divinidad ejerció sobre mí su poder de atracción?, quién sabe). 


Añes

Peña de Aro

Peña de Aro desde Las Fuentes

De vuelta sobre mis rodadas regaladas, y ya en la carretera general (Trespaderne-Arceniega), de nuevo vuelve a alzarse sobre mí cabeza el cortado de Gurdieta, y en él un entrante lugar donde se hizo famosa la tirolina por la que, mediado el pasado siglo, se precipitaba la madera que cortaban los leñadores del bosque, aquellos hombres de hacha y de las sombras que pasaron al olvido. Al poco aparece el túnel del puerto, y es cuando tengo un recuerdo para una carretera aún sin túnel, con unas curvas endiabladas en las que uno tenía la impresión de que, en algún momento, podía caer en el abismo. Costó Dios y ayuda hacer este túnel, pero después fue una bendición. Ya coronado el puerto, no puedo por menos que tener un recuerdo para San Miguel el Viejo, la gran cueva manantial escondida muy cerca de allí, mitad de kilómetros subterráneos burgaleses y la otra mitad alaveses. De aquí llevaban el agua, en tubería de larga travesía, hasta Quincoces de Yuso. Sus cascadas invernales en escalera, despeñándose por el gran tajo separador de las tierras altas y húmedas de Burgos, eran y son de las que no se olvidan. Pero ya estamos arriba, vamos camino de Losa.



Salto de San Miguel el Viejo (1971) Foto: Pedro Plana



domingo, 2 de septiembre de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (IV) DE MEDIANAS AL VALLE DE TUDELA EN BUSCA DE NUEVAS VENTANAS


FOTOGRAFÍAS: Vallejo de Mena, Medianas, La Llana,  Santa María del Llano de Tudela, Santiago de Tudela (tomadas en agosto de 2018).  

Con el regusto de haber saboreado las deliciosas ventanas de la Torre del Abad, sigo ruta por el valle de Mena, un paisaje que siempre enamora y que a tantos y tantos lugares, recuerdos y vivencias me lleva. MI destino ahora es Medianas, donde tengo previsto conocer otra torre con ventanas ilustres. En el camino me sale al paso Vallejo, y aquí hago un alto, junto al molino que conocí aún en activo. ¡Cómo no detenerme, si arriba del pueblo se encuentra una de las más extraordinarias iglesias románicas de Burgos! Sería intolerable desprecio ignorarla, y además sentía curiosidad por ver en qué condiciones se encontraba su entorno, tan degradado hace años. Y si os digo la verdad, queridos amigos, tampoco en esta ocasión me satisfizo. Pues me pregunto qué pinta una torre de hormigón y un contenedor de basura alumbrando la magnificencia del incomparable ábside, y mucho cemento demasiado cemento. Bueno, al menos ya no está aquel tractor adosado, amigo de los fotógrafos y que tantas maldiciones debió cargar en su galera. Pienso que un monumento de semejante brillantez debería estar mimado hasta lo imposible, incluso su entorno. Valorar y dignificar nuestro Patrimonio como se merece es una asignatura que todavía no tenemos interiorizada. En fin, sigamos. 


Esplendores del románico en Vallejo de Mena

Ahora estamos en Medianas, donde se alza una torre cuadrada sobre un espectacular mirador orientado hacia la parte de valle que hemos dejado atrás. Como “Casa Lomanillo” se conoce a esta casa-torre del siglo XV, ahora blanca más que gris. Recientemente ha sido restaurada, o mejor, sacada de su ruina, y sus ventanas blasonadas, cuyos dueños actuales aseguran fueron hechas a imagen y semejanza de las que había, lucen hoy  como en su momento original. Por eso, y siendo así,  creo que no debe haber inconveniente para que formen parte del gran Catálogo de Ventanas Singulares de la Provincia de Burgos que estamos creando. Su belleza lo requiere. 



Medianas. Torre del siglo XV restaurada
Ventanas góticas en la torre de Medianas 

En La Llana hacemos un alto para deleitarnos con una de las torres más bellas de Burgos. El balcón de su fachada principal es un alarde de elegancia neoclásica, qué pena que no sea ventana para incluir en nuestro Catálogo. Aunque..., ya veremos.


Balcoventana en la torre de La Llana

Proseguimos. Nos encontramos ahora en tierras del valle de Tudela, un valle dentro de otro, el de Mena. En Santa María del Llano de Tudela nos sale al paso, en su diminuto cementerio, un gran panteón de mármol gris digno de algún indiano. Lo pudo ser, pero este es un tema que queda pendiente de investigar. Lo que más llama la atención es la desproporción entre su monumentalidad y la humildad del recinto (¿deseos de indianos que hicieron fortuna en América y amaban los pueblos que les vieron nacer?). 


Panteón indiano
en Santa María del Llano de Tudela

De Santa María saltamos a Santiago de Tudela, y aquí, querido amigos, tuve la mayor sorpresa de la ruta. Ya hemos visto cómo las datas epigráficas en los dinteles de las ventanas, donde se hacen ver pertenencia y fecha, están siempre grabadas a golpe de maza y buril sobre piedra, con gran perfección, por cierto. Pues bien, en una casa de dicho pueblo localizamos una data ¡manuscrita! junto a una ventana, fechada en 1780 y con la siguiente leyenda:

Año de 1780
Me fizo Feliziano de Oseguera

Ejecutada con pintura roja, tradicional por aquella época, su interés radica en que es la primera que encontramos de estas características en la provincia. Anotado queda para arqueólogos epigrafistas. 


Pobre ventana, insólita epigrafía

Casa de Santiago de Tudela con la data manuscrita


Continuará. Próxima parada: Por tierras de Angulo. Ventanas bajo la Peña de Haro      

jueves, 30 de agosto de 2018

UNA ALEGRÍA EN HUIDOBRO

La iglesia en su privilegiada atalaya

Imagen de la restauración (2018)

Su aspecto en 2007

FOTOGRAFÍAS: Iglesia de Huidobro (Tomadas en 2007 y 2018).

         Interrumpimos la emisión del Gran Norte para dar cuenta de una buena noticia. Tras muchísimos años en estado deplorable, tanto que amenazaba su total ruina, la bellísima iglesia románica de Huidobro luce ahora restaurada. No sé si por dentro, porque no llegué a acceder al interior, pero sí por fuera, con cubierta nueva, puertas de acceso también nuevas y reparos de las partes agrietadas o ruinosas. Ayer, tras largo y umbrío paseo desde Villaescusa de Butrón a Huidobro, pude ver cómo se había obrado el milagro. Es de suponer que por la intercesión de los organismos, Junta, Diputación, Iglesia y pueblo, aunque esto no lo sé seguro, quizá haya sido más por los réditos de los aerogeneradores. En todo caso, ¡ya era hora! Al parecer debe llevar casi un año restaurada (¡y yo sin enterarme!). Pues nada, felicitaciones a todos y aquí os dejo la nueva imagen. ¡Ah!, y olvidémonos de aquella entrada de 3 de marzo de 2010 en la que denunciábamos el estado de abandono de este emblemático monumento.   

domingo, 26 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (III) VIVANCO. VENTANAS EN LA TORRE DEL ABAD

Torre del Abad con casa adosada

Ventana gótica y blasonada en la Torre del Abad

FOTOGRAFÍAS: Torre en Vivanco (Tomadas en agosto de 2018)

Si esta torre se perdiera,
como suele suceder,
no es del rey ni de la reina,
ni siquiera de un marqués,
que es de todos los burgaleses
que lamentarían mucho perder.

        Perdonadme la broma, querido amigos de este Cajón de Sastre, al haber asociado un exlibris de cosecha propia con esta magnífica torre de Vivanco, conocida como la “Torre del Abad”, que de no recibir los cuidados que le son necesarios podría dar en ruina como ha sucedido con tantas torres y castillos de la provincia. Aún estamos a tiempo de que esto no suceda. Torres y castillos son el patrimonio histórico que más caracteriza nuestra tierra castellana, diría más, deben estar en nuestro ADN. Y siendo así, ¿por qué no lo dignificamos?, o más grave: ¿por qué lo abandonamos? No digo que esta torre esté hoy abandonada, que no lo debe estar, pero todos conocemos ejemplos de  cómo por la falta de cuidados y de uso muchos monumentos de siglos pasados, que hoy consideramos fueron y son patrimonio de todos, se han ido degradado hasta llegar al punto de ser irrecuperables. Ojalá este no sea el caso y alguien tome las riendas para una digna conservación.
        La fotografía de una ventana de esta torre, que como ya dije me fue enviada por un buen amigo, me llevó al contacto físico con el monumento. No me explayaré en lo que sentí cuando ante mis ojos, tras haber accedido por un umbrío camino del barrio de Cantonad, apareció el impresionante torreón iluminado por el sol del mediodía, ¡qué espectáculo, amigos! Jamás olvidaré el mágico momento. Como tampoco olvidaré las maravillosas ventanas góticas, blasonadas, tanto tiempo sin abrir que podrían ser siglos. Me hubiera gustado quedarme allí hasta encontrar a alguien que me informara de quienes fueron los últimos habitantes de la torre y de la casa de gran arco adherida, hasta cuándo estuvieron y cómo fue su vida allí, pero la espesa soledad en aquel lugar no parecía que pudiera cambiar, al menos en breve tiempo. El sitio de la torre de Vivanco es uno de esos que cuesta abandonar, de los que te vas con la sensación de que quizá no vuelvas más, y en los que te gustaría detener el tiempo. Pero tenía mucha ruta por delante, de modo que tomé buena nota de las ventanas, las grabé en la retina para siempre y me fui con gran pena.  

Continuará. Próxima parada: Medianas y otros


De obligada conservación

Elegancia gótica


sábado, 25 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (II) NOCECO. EN LA CASA DE LOS BUSTILLO

 


Cuando los carros de bueyes entraban en la casa
de los Bustillo
Bustos de los fundadores de la casa

Retrato de Timoteo Bustillo López,
hijo de los fundadores y
Diputado a Cortes a finales del XIX

Calor humano finisecular en la casa de los Bustillo


FOTOGRAFÍAS: Casa de los Bustillo en Noceco. (De época y tomadas en agosto de 2018)


            Sin haberlo pretendido, bien podría decirse que esta entrada es continuación de otra anterior publicada en 2010. Una concatenación de circunstancias viene a demostrar que a veces los caminos se juntan.


Dejo Bisjueces, con sus ventanas y legendarios jueces, y sigo ruta, camino del valle Mena, para ser exacto, camino de Vivanco, donde espero encontrar una bellísima ventana, de gran antigüedad, que mi buen amigo y compañero de excursiones, Miguel Moreno, me hizo llegar en su día. Tenía la fotografía de Miguel, no era mala, o por mejor decir, era muy buena, pero estaba descontextualizada y por ello creí necesario conocer el edificio que la albergaba. Y allí me dirigía cuando, al pasar por Noceco (¡otra vez Noceco!), pude ver, al pie de la carretera y una vez más, una casona del siglo XIX que tantas veces ha llamado mi atención por su belleza. No sé cómo, pero de refilón, sobre la marcha, pude ver dos bustos oscuros en sendas ventanas-hornacina de su fachada principal que nunca antes, lo reconozco, había observado, uno a cada lado del gran balcón central. Me detuve, aquello me pareció de gran interés, ¿pues acaso no era tema ya tratado aquí el de las ventanas con cabezas humanas de piedra? Lo era, recordemos las de Arroyal, Manciles, Baltanás..., con sus cabezas esculpidas, torpemente, más bien, ejemplos todos de cómo los hacedores o fundadores de casas desde antiguo han querido trascender más allá de su momento. Caras o bustos de mujer y de hombre, efigies del matrimonio que, orgullosamente, quiere dejar sentado el triunfo de hacer o haber hecho casa. Noceco, pues, era un caso más, solo que de mayor belleza que las citadas (digo belleza y no antigüedad, pues la de Arrroyal es una noble casa del S.XVI, mientras que las demás mencionadas son más modernas). Un letrero anunciaba junto al gran edificio el apellido Bustillo, linaje ilustre en Noceco cuyo máximo exponente debe ser Timoteo Bustillo López, hijo de los fundadores de la casona cuyos bustos (¿en bronce?) comentamos. Diputado a Cortes en los postreros años del siglo XIX, Timoteo fue uno de los tres mecenas a cuyas expensas se erigió, en 1906, la imponente iglesia de Noceco (ver entrada en este blog “Noceco: siguiendo la ruta indiana encontré una catedral -25 de noviembre de 2010-)”.Sin llegar a traspasar la rejas protectoras de la casa, frente a la entrada principal, un amable y joven  miembro de la familia Bustillo, que por esos días veraneaba en la finca, declarado amigo de la Historia, tuvo la gentileza de atenderme y mostrarme un retrato del Diputado, y no solo eso, también un sencillo cuadro con cuatro fotografías de época bajo cristal, de esas que hacen temblar las manos a quien las sostiene, como es mi caso. Una parte de esta documentación gráfica, queridos amigos de este Cajón de Sastre, es la que aquí os dejo para que sintáis, en la medida de lo posible, la emoción que yo mismo sentí.

Continuará. Próxima parada, Vivanco

miércoles, 22 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (I) LAS VENTANAS DE BISJUECES

La torre de Bisjueces, probablemente transformada,
pero con una ventana que pregona su nobleza

Elegantes líneas en una ventana de
"La Torre" de Bisjueces

Bella ventana en casa adyacente
a la torre de Bisjueces

Ventana con arcos geminados y mixtilineos (desapareció el parteluz)
 en otra casa adyacente a la torre de Bisjueces.
A juzgar por su escudo, debió pertenecer a algún eclesiástico.


FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Bisjueces (Tomadas en agosto de 2018)

        Como la niebla, el verano, con su sol abrasador, (el Rey de Amarillo, como gusta decir a mi amiga Rosa Cruz) es también paralizante para mí, no hay quien me mueva de la sombra y el botijo. Sucede sin embargo, que llega un momento en que te dices: “o te despegas ahora que en los pueblos puedes encontrar a alguien, que te diga y que  te cuente algo de lo que buscas, o si no, ya sabes lo que te espera, el largo invierno con los pueblos en estado catatónico, sin un alma visible con la que pegar la hebra”.  Es lo uno o lo otro, el sol y el ruido veraniego o la desolación. Y en esto pensaba cuando decidí que ya era hora de dejar la tumbona, coger el coche e inventar una ruta; la  inacción me estaba causando una sensación de culpabilidad, ciertamente. Tenía muchos lugares pendientes de visitar para encontrar nuevas ventanas, aunque ya se sabe, uno va por la provincia en busca de una cosa y te salen cientos y de variada temática, que así de afortunada es Burgos. Ahora, y desde hace varios años, mis ojos están puestos en las ventanas singulares, como bien sabéis, queridos amigos de este Cajón de Sastre, pero no desdeño y tomo nota de otras curiosidades que van surgiendo en el camino, en los caminos. Esta es la secuencia de un viaje alucinante por una parte del Gran Norte, quiero decir del norte de la provincia de Burgos. Empiezo a contaros lo que vi:

PRIMERA PARADA EN BISJUECES, LA TORRE IGNORADA


        Llama la atención en este lugar con resonancias de jueces legendarios, en el mismo centro del pueblo, una torre convertida en casa para turismo rural. Su nombre comercial es “La Torre”, y no falta razón para ello, pues en verdad el edificio parece una torre, se ve de lejos que lo es. Entonces, ¿cómo se explica que en las grandes publicaciones de temática castellar y torrera se haya ignorado su existencia? No lo sé. Esta torre se encuentra, destacando por su altura, en una línea de varias casas con cierta nobleza, cada una de ellas digna de una minuciosa investigación y todas con bellas y nobles ventanas, que son las aquí dejo.



Continuará. Próxima parada, Noceco


lunes, 6 de agosto de 2018

UNA CASA NEORROMÁNICA EN MONTORIO



Honorio Melgosa cumplió su sueño 


Elementos de indiscutible apariencia románica

Un conjunto armonioso

Una espectacular visión


FOTOGRAFÍAS: "La Casa de Honorio", en Montorio. (Tomadas en julio de 2018).  

        Hay quien nace artista y no lo sabe. El burgalés de Montorio, Honorio Melgosa, lo es, pero no presume de ello. Por el contrario, habiendo construido una casa de ensueño, digna de un cuento fantástico, apenas lo pregona. Honorio quiso hacer una casa para vivir y por poco no le salió una iglesia. Sin ser un profesional de la arquitectura, ni tampoco de la cantería, diseñó una idea arquitectónica hecha piedra que hoy es motivo de gran asombro y admiración para quien la contempla. Honorio asegura que no pretendió hacer con su obra algo parecido a un templo románico, y sin embargo, es indiscutible que respira arte románico por cada una de sus poros. No es la obra de un heterodoxo,  de alguien que practica el Art Brut, desde luego que no, la Casa de Honorio (porque así habría que llamarla siempre), nacida en una era de  trillar fuera de uso, es algo más serio y donde un eclecticismo lleno de lirismo domina los ambientes. Su afición por el románico, quizá devenido por sus estudios de Historia del Arte, que le llevó a visitar iglesias y ermitas románicas por toda la provincia de Burgos, e incluso fuera de ella, debió ser el origen de su onírico sueño.
        Hace veinticinco años, cuando aún trabajaba en Madrid, como empleado de Telefónica, decidió comenzar su obra empleando vacaciones y fines de semana. Primero de todo fue encontrar la piedra, y por eso recorrió lugares sin cuento hasta dar con la que creyó más conveniente, la Burgalesa de Quintanaloma y Loma, donde compró algunos edificios en ruinas, y la segoviana de Sepúlveda, dos tonalidades diferentes y queridas para el embellecimiento y el contraste. Después fue crear la estructura de hormigón donde depositar el sueño que vivía en él, sobre planos aprobados por el arquitecto de turno. A continuación llegó la parte decorativa, y ahí es donde Honorio dio rienda suelta a su imaginación y creatividad artística, tallando con maestría y paciencia elementos tan característicos del arte románico como arcos de medio punto con sus arquivoltas, canecillos, capiteles, ajedrezados, dientes de sierra..., todo un mundo de piedra esculpida al estilo medieval para cubrir paramentos y cornisas. Y entre todo, destaca la cúpula circular y calada, que sin haber sido la intención del montoriano, ha de recordarnos a los cimborrios o cúpulas-linterna de las grandes monumentos románicos o cistercienses.
        Estamos, pues, ante un sueño hecho realidad de un hombre tenaz que se planteó un reto y que lo ha cumplido con creces, un sueño en el que, desde hace ya diez años, todos podemos integrarnos. Habrá puristas que no lleguen a comprender la casa que parece jugar al “engaño”, como yo tampoco comprendo que sea una gran desconocida, pero si me lo permitís, queridos amigos de este Cajón de Sastre, por mi parte le doy una alta calificación, como se la di a otras obras de neorrománicos burgaleses que han ido apareciendo en este blog. Que la disfrutéis. 


viernes, 3 de agosto de 2018

REAPROVECHAMIENTOS


Caseta de transformación reaprovechada en Escalada
Una torre olvidada y condenada a desaparecer en El Vado

Un dujo en lo que pudo ser entrada a la torre de El Vado


FOTOGRAFÍAS: Caseta de luz en Escalada. Dujo en la torre de El Vado (Tomadas en julio de 2018)


        Pasear por nuestros pueblos nos lleva a encontrarnos con curiosidades como las que aquí comento. Primera de dos: una caseta de trasformación eléctrica, probablemente de la energía procedente de la cercana fábrica El Porvenir de Burgos y que durante muchos años dio luz al pueblo de Escalada, después de su abandono por falta de uso,ha vuelto a prestar servicio haciendo de palomilla para distintos  cables de distribución moderna. La cosa tiene su lado poético, pues es como si los voltios, tal que seres vivos cuando viven, hubieran vuelto al lugar natal de sus exiliados hermanos. El nostálgico reencuentro en el vacío de la caseta es una convergencia cuando menos curiosa.
        La segunda curiosidad la encontramos cerca a Medina de Pomar, concretamente en El Vado, una de sus pedanías. Aquí, en el gran vano de una  torre medieval junto al río Nela, tapiado desde vaya usted a saber cuándo, luce, embutido, un solitario dujo de colmena. Quién le iba a decir al señor de esta torre que dicho vano, que pudo ser el principal acceso a su casa, iba a tener un final tan prosaico.