Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

viernes, 15 de abril de 2016

DELICIAS DE ABRIL EN BURGOS


Majestuoso y nevado Castro Valnera

En Pedrosa de Valdeporres

FOTOGRAFÍAS: Montes pasiegos nevados.  Cascada de Pedrosa de Tobalina (Tomadas en abril de 2016) 



martes, 5 de abril de 2016

LAS FUENTES OLVIDADAS III (RIOCEREZO Y PEDRAJAS)


 
Riocerezo. Fuente del barrio de Abajo

Fuente de Riocerezo con banco de espera 

Poza de la Sal. Fuente del santuario de Nuestra Señora de Pedrajas

Representación de la Virgen de Pedrajas en el interior de la fuente



FOTOGRAFÍAS: Fuentes de Riocerezo y del santuario de Pedrajas (Tomadas en 2016)

Quienes habitualmente seguís este Cajón de Sastre recordaréis algunas entradas con fuentes de Burgos que no llegaron a publicarse en el libro “Arquitectura del Agua. Fuentes de la provincia de Burgos” (1994). Son aquellas que yo mismo llamé “las fuentes olvidadas”. Pero olvidadas no porque no las recordara, sino porque en el momento de la publicación de dicho libro desconocía su existencia. Hoy me es grato traer aquí, queridos amigos, dos nuevos ejemplares que me han salido al paso en mis recorridos por la provincia, a mi parecer sumamente notables y sin duda merecedores de haber figurado en el libro. Una de ellas se encuentra en Riocerezo, en el barrio de Santa María, o de Abajo, y la otra, en el santuario de Nuestra Señora de Pedrajas,  de Poza de la Sal. La primera, junto a la iglesia, es un ejemplar de tipo capilleta (según la definición que yo mismo acuñé), con tejado a dos aguas y arco de medio punto; es espaciosa, de un solo caño y tiene banco de piedra para sentarse mientras se espera el llenado de los cántaros u otros recipientes. En realidad, es casi una copia de la que puede verse en el barrio de Arriba, bajo la iglesia de San Juan, que recibe el nombre de Fuente del querer.

       La segunda, situada en la parte trasera del santuario de Pedrajas, es una fuente de gran espaciosidad, donde una o varias personas pueden permanecer de pie cómodamente. Tiene un banco corrido de piedra en el fondo y un único caño que ya no da agua, parece que desde hace mucho tiempo. Con gran arco de medio punto para el acceso y construida con buenos sillares, más bien parece una capilla u oratorio, pues tiene en su interior, sobre el caño y con un fondo azul, una representación escultórica y policromada de la Virgen de Pedrajas. Una inscripción en la parte superior, donde se lee con claridad “Nuestra Señora de Pedraxas”, parece remitirnos al siglo XVIII, quizá el momento de su construcción. Estamos, pues, ante un bien patrimonial al que no se le ha dado la importancia que sin duda tiene. En realidad, es un gran desconocido. Bien harían en Poza si valoraran y conservaran esta fuente, a fin de cuentas, la Virgen de Pedrajas es su patrona.  


viernes, 25 de marzo de 2016

LA LOCOMOVIL DE PADRONES


Locomóvil de "La Fábrica", en Padrones de Bureba. 


"Funcionaba con leña, movía tres cintas a la vez y
echaba mucho humo" (sic. Fernando Alonso).

Como se aprecia en la placa trasera, la locomóvil de Padrones
se hizo en Lincoln (Inglaterra) 


FOTOGRAFÍAS: Locomóvil en Padrones de Bureba. (Obtenidas en 2007 y 2016)


     L@s más mayores del valle de Caderechas no han olvidado ni olvidarán mientras vivan el tremendo huracán que asoló sus pinares la noche del 15 al 16 de febrero de 1941. Miles de pinos (hay quien dice que 18.000) cayeron por la fuerza de una gran ventolera de sur que en otros lugares alcanzó categoría de tragedia (incendio de Santander). Pero como de cada guerra siempre hay alguien que saca rédito, el huracán fue causa de beneficio para un maderero y un pueblo, concretamente para Padrones de Bureba.


Una locomóvil en el prado

    En 2007, hallándome realizando labores de inventario de Bienes de Interés Etnográfico en Burgos, visité el apartado y bello lugar de Padrones y me llamó la atención una especie de locomotora que estaba  anclada en un prado, solitaria y a pocos metros del pueblo. Me pareció una locomóvil desde el coche, semejante a la que durante muchos años estuvo expuesta a todos los vientos en un cerro junto a la Granja Guimara, a orillas de la carretera de Madrid. Pero llevaba prisa y no pude detenerme entonces para conocer los motivos por los que este artefacto con gran chimenea se encontraba allí. Sabía que algún día tendría que volver para desentrañar el misterio, pero han tenido que pasar nueve años.

La Fábrica

     En fecha muy reciente volví a Padrones. No elegí bien la ocasión, pues fue un día frío y lluvioso, precursor de la Semana Santa. Pensaba que el pueblo podría tener ya cierta población vacacional y que no tendría dificultad para encontrar a alguien que me diera información sobre la máquina del prado. Pero no, me había precipitado, todavía el pueblo se encontraba en esa soledad invernal que nubla la memoria. Aun así, encontré una chica que caminaba sola y a toda prisa bajo un cielo gris. Se extrañó cuando le interrogué por la locomóvil, parecía sonarle a chino esta palabra. Cuando le di más señas, enseguida cayó en la cuenta: “Ah, dice usted la fábrica que se quemó”. ¿La fábrica...? La chica llevaba prisa y nada más pude obtener de ella, aunque intuí que aquello era una buena pista. 

    Ya de vuelta a Burgos, ciertamente decepcionado, se me ocurrió que en Aguas Cándidas, a tan solo tres kilómetros de Padrones, podría encontrar a alguien que conociera tan bien como los de Padrones la historia de la chocolatera del prado. Y acerté. En este lugar de tan bello y susurrante nombre encontré a Fernando Alonso Ojeda, de 74 años, que pese haber emigrado a Bilbao, no ha olvidado todo lo relacionado con la locomóvil ("La Máquina") y “La Fábrica”.

     En realidad, lo que en estos pueblos se conocía como La Fábrica no era otra cosa que una serrería a vapor. Fue un conocido industrial maderero de Palacios de la Sierra, Vitores María Ayuso, con sus hermanos Florentino y Lucio, quienes enterados de los destrozos en el pinar tras el huracán del 41, llegaron en bicicleta a Padrones, tras un viaje en el Santander-Mediterráneo de Salas de los Infantes a Poza, compraron los miles de pinos caídos y subastados y decidieron instalar una serrería movida con la fuerza de una locomóvil. Eran tiempos en los que la energía de las locomóviles estaba ya en franco declive, pero como todavía por aquellos años la eléctrica no debía llegar con la potencia suficiente a estos pueblos, mucho menos para mover una fábrica, Vitores se agenció una máquina de vapor como sustituto motriz. Compró la locomóvil en Madrid, fue descargada en la estación de Salas de Bureba-Poza y arrastrada desde allí a Padrones con dos parejas de bueyes.     


En el grabado, una locomóvil hace mover una trilladora



Podía mover tres cintas a la vez

     La fábrica debió funcionar entre 1942 y finales de los sesenta y se encontraba a muy poca distancia de donde ahora se encuentra la Locomóvil. Era una fábrica en toda regla, pues, aunque con armazón de madera, llegó a tener cerca de veinte obreros trabajando para ella, bien acarreando pinos del monte o bien en las cintas; "la mayoría eran de Padrones, pero también había algunos de Aguas Cándidas. Su potente sirena llamaba al tajo todos los días entre mayo y octubre; mira si sería potente la sirena que desde aquí la oíamos bien”. La locomóvil funcionaba con leña, generalmente con los desperdicios de pinos y chopos, y podía mover, con las correspondientes correas de trasmisión,  tres cintas a la vez; "echaba mucho humo, como las máquinas [del tren]”, cuenta Fernando. 

     Refiere también el caderechano que “Vitores tenía dos camioncitos, y con ellos bajaba la madera serrada a la estación de Poza [estación del fc. Santander-Mediterráneo]" para desde allí distribuirla a distintos lugares. Pero además de todo eso, a la serrería de Padrones llegaba gente de los pueblos de la zona con sus carros cargados de troncos para transformarlos en todo tipo de tablas y tablones, cuartones y vigas para la edificación y reparación de casas.

      "Vitores trabajaba más que cualquier obrero, ¡me cagüen diez, menudo arranque tenía! Yo mismo le decía:
Vitores, ¿cuándo le subo un carro de madera para serrarlo?
Dice: 
Mañana.
Entonces, lo llevaba en el carro con los machos, los pinos, los chopos, los olmos o lo que fuera. Aquí había muchísimos olmos, todas las casas del pueblo, las vigas..., todas son de olmo. Hace unos 45 años que he cortado yo los olmos de ahí abajo, y luego lo subíamos pa hacerlos cuadraos. Y los pinos lo mismo, pa hacer tablas y cuartones... El roble y la encina eran para leña; para madera, eran chopo, pino y olmo. El olmo era muy fuerte, mira: cuando se clavaba un clavo en el olmo, entraba pero ya no salía, por eso se decía:

“Le dijo el olmo al clavo,
  aquí dejarás el rabo



"Todo esto ha sido serrado allí, en Padrones.
 Estas vigas llevan puestas ahí 45 años
y parece que se han puesto ayer.
Y las tablas igual. Dejábamos una pequeña separación entre ellas
para que se aireara la fruta".
(sic. Fernando Alonso)

“Cuando se murió Vitores, ya aquello se cerró, los hijos no siguieron con la serrería”. Pasado un tiempo la fábrica se quemó, pero “los hijos han conservado la locomóvil y ahora la han pintado y la han puesto allí”, como un monumento a la memoria de la fábrica y a la historia de Padrones.

Los alemanes de la locomóvil 

     Si uno se detiene en una de las placas de identificación de la locomóvil de Padrones, llegará a leer dos nombres: Alberto Ahles y Félix Schlayer, ambos de nacionalidad alemana y representantes en España de maquinaria agrícola; ambos también con biografías singulares. El primero de ellos, además de representante de maquinaria agrícola, fue también notable prócer de la colonia alemana en Madrid a principios del siglo XX, tan notable que llegó a ocupar la presidencia del Círculo Alemán “Germania”. Por su parte, Félix Schlayer, ingeniero y empresario agrícola, sucedió al anterior como representante de dicha maquinaria, y lo que es más notable, fue diplomático y cónsul de Noruega en Madrid en el primer año de nuestra Guerra Civil. Si se espiga en la historia de este personaje se verá que jugó un papel importante en ella, pues debido a su cargo y a ser simpatizante del bando “nacional”, él mismo cuenta en un libro que llegó a salvar novecientas vidas acogiéndolas en la legación de la que estaba encargado. Pero esta sería una larga historia, por otra parte ya contada, que nos alejaría de Padrones. Y es que, a veces, una humilde placa en una máquina puede llevarnos por caminos insospechados.



En la placa aparece el nombre de dos representantes alemanes:
Alberto Ahles y Félix Schlayer



PD: Con Alfredo María Ojeda 

     Y como no hay dos sin tres, he visitado Padrones por tercera vez, esta vez con unos amigos y para conocer la cascada de La Huevera. En esta ocasión, con la fortuna de haber encontrado a Alfredo María Ojeda, uno de los hijos de Vitores que llegó a trabajar en la serrería. Le hemos felicitado por haber conservado tan dignamente "La Máquina" de la fábrica y por su feliz idea de instalarla, perfectamente anclada en base de cemento, en lugar visible y para disfrute de todos. Él mismo llegó a manejarla desde muy pequeño y tuvo la gentileza de describirnos su funcionamiento. Entre sus recuerdos están las tres sierras verticales y una circular de la fábrica, la sirena accionada por la presión del vapor, la limpia de las cenizas, las tablas y tablones cortados dejados a secar, los camiones cargados de madera de chopo llevados a Madrid para la fabricación de tacones de zapatos... y tantas otras evocaciones que ahora le hacemos revivir, como salidas en un bonito sueño.  


Alfredo María Ojeda, uno de los hijos de Vitores, ha sabido conservar
la locomóvil de "La Fábrica" para el disfrute de todos.

Hace trece años que la instaló en este lugar,
 y desde entonces no ha dejado de cuidarla. 



Alfredo muestra la trampilla por donde
  él mismo llegó a atizar la caldera




Abraza con cariño y admiración la locomóvil que desde niño manejó.
Al ver esta estampa es fácil dejarse llevar por el cine y recordar al
"Maquinista de la General"



martes, 22 de marzo de 2016

SOLIDARIDAD Y HOMENAJE













 Con el mar del norte como último terreno vago
Y oleadas de dunas para detener las olas
Y vagas rocas que las mareas desbordan
Y que para siempre tiene el corazón en marea baja
Con brumas infinitamente por venir
Con el viento del oeste escuchadlo cantar

Con catedrales como únicas montañas
Y negros campanarios como mástiles de cucaña
Donde diablos de piedra descuelgan nubes
Con el hilo de los días como único viaje
Y caminos de lluvia como único “buenas noches”
Con el viento del oeste escuchadlo querer
El llano país que es el mío.

Con un cielo tan bajo que hace la humildad
Con un cielo tan gris que un canal se colgó
Con un cielo tan gris que hay que perdonarle
Con el viento del norte escuchadlo crujir
El llano país que es el mío.

Con Italia que bajaría por el Escalda
Con Frida la Rubia cuando se convierte en Margot
Cuando los hijos de noviembre nos vuelven en mayo 
Cuando la llanura está humeante y tiembla bajo julio
Cuando el viento está en la risa cuando el viento está en el trigo
Cuando el viento está en el sur escuchadlo cantar
El llano país que es el mío

Jacques Brel



 FOTOGRAFÍAS: Bellezas de Bruselas (tomadas en distintas fechas)

  
Bruselas, donde tantos y tan grandes afectos tengo, es una ciudad maravillosa y sabrá reponerse.  Pero permitidme, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, que hoy esté triste.


viernes, 18 de marzo de 2016

322 ESCALONES


Un grafiti recuerda al rey José Bonaparte

Anagrama sin datar

Apellido sin datar


Marca de cantero medieval


FOTOGRAFÍAS: Grafitis en el pozo del castillo de Burgos (Tomadas en 2015).


No hace mucho que tuve ocasión de visitar el pozo del castillo de Burgos, esa maravilla de la arquitectura medieval a la que no sé si los burgaleses prestamos la atención que merece. Era invierno, y en el descenso observé que en algunas zonas parte de la argamasa de las junturas de los sillares, no hace tanto revocados, por muchos sitios se había ablandado y desprendido, sin duda como consecuencia de las filtraciones y de la humedad  ambiente, lo que me hizo temer que en cualquier momento podrían producirse derrumbes. “Ojalá no sea ahora, pues quedaríamos sepultados aquí para siempre”, pensé con egoísmo. Mientras seguíamos descendiendo hacia el fondo del pozo, a través de angostos y mareantes husillos, sabiamente diseñados, por inacabables escalones (322 según dicen quienes los han contado) construidos con piedra sillar, pensaba en lo complicado que sería rescatar a alguien accidentado o simplemente que hubiera sufrido un ataque agudo de claustrofobia y sus piernas se negaban a obedecerle. Lo cierto es que mis años de espeleólogo no servían para aplacar mis temores, pues una cosa son las paredes sólidas y seguras que la madre naturaleza ofrece en el interior de las cuevas y otra las construcciones hechas por los hombres bajo tierra. ¡Uf!, a tanta profundidad retorcida,  a más de 60 metros, deseaba salir cuanto antes de allí. Como supongo desearían los que durante siglos tuvieron que descender obligadamente para el asunto del suministro de agua al castillo.
Cuando uno va bajando hacia el pozo espera encontrarse al final con un punto de salida a la plaza de la Catedral, San Fernando, o al río Arlanzón (como aseguran algunos mayores que encontraron en sus tiempos de chicos), para no tener que volver sobre sus pasos. Pero no, la subida hay que hacerla, aunque bien es cierto que ya con más optimismo, pues sabes que cada escalón superado va acercándote más a la salida, a la luz del día.
Todo lo anterior son sensaciones particulares. Pero lo que en realidad me llevó a escribir estas líneas, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, es enseñaros una serie de grafitis que pude ver, incisos, en los sillares de los husillos. Entre anagramas, apellidos y signos lapidarios canteriles, destaca uno en especial de principios del XIX, uno que debió ser grabado por algún soldado francés durante la ocupación gala. En él puede leerse:

AÑO 180?
REY JOSË

(no alcancé a ver el último número, y tampoco puede apreciarse en la fotografía, pero tuvo o tiene que ser el 8 o el 9).

Uno no se imagina al rey José Bonaparte (Pepe Botella), acostumbrado más a las delicatesen de la Corte que a la espeleología, introduciéndose en este antro del castillo (y si lo imagina, le entrará la risa), por eso debemos pensar que el grafiti más bien pudo ser hecho por un mandado o un pelota de rey.


viernes, 11 de marzo de 2016

VENTANAS DE SEDANO



Casona hidalga que no debería perderse


El sol va dorando la piedra de Sedano
con oros del atardecer


Dos ventanas blasonadas para una deliciosa fachada


Elegante sencillez


Humildad blasonada 


Casi tan grande como el escudo


FOTOGRAFÍAS: Ventanas en Sedano (Tomadas en 2015).

Zamanzas, Valdebezana, La Lora, Rudrón, Alfoz de Santa Gadea, son agrestes y bellas comarcas burgalesas que en su día estuvieron asociadas al gran Partido de Sedano. De casi todas, por no decir de todas, llevamos guardadas aquí artísticas ventanas, la mayoría pertenecientes a gente de casta hidalga que quiso presumir adornándolas con deliciosas molduras, arcos y escudos nobiliarios. Pero si ya habíamos guardado ventanas de numerosos  pueblos pertenecientes a estas comarcas, nos faltaban aún muestras del propio Sedano, que cuenta con una más que notable colección, como no podía ser de otra manera al ser la “capital”. Veamos alguna luciendo en sus casas y casonas hidalgas. 


miércoles, 9 de marzo de 2016

REFLEJOS DEL CHARCO












FOTOGRAFÍAS: Chopos pelados bajo el agua (Tomadas en marzo de 2016).

       En un simple y fugaz charco de lluvia uno puede ver solo agua que esquivar. Pero basta un poco de imaginación para intuir y apresar imágenes que pueden llevarte a cumbres pictóricas con las que nunca hubieras soñado. Sí, sí, lo sé, los cuadros que veis aquí están trucados, pero ¿no os parecen salidos de la paleta de algún afamado artista? Onirismo en estado puro.


miércoles, 17 de febrero de 2016

ESCRITO EN LOS DINTELES, LOS MENSAJES DE FRESNEDO


Dos fachadas gemelas, dos escudos iguales,
dos inscripciones distintas


Una ventana humilde, un dintel blasonado y un mensaje escrito


Igual escudo, distinta inscripción


FOTOGRAFÍAS: Ventanas en casa de hidalgo en Fresnedo (Tomadas en enero de 2016)


Es muy corriente que los dinteles de las ventanas blasonadas, por lo general pertenecientes a casonas de hidalgos, lleven escritos los nombres de quienes las construyeron y las fechas en que se construyeron. Lo que ya no es tan corriente es que dichos dinteles, unidos a la heráldica distintiva, tengan largos mensajes y que en ellos se lancen consignas al exterior haciendo ver las cualidades, profesionales o humanas, de los moradores de las casas. Ya hemos podido ver aquí algunas inscripciones en parecido sentido, aunque siempre en ventanas relacionadas con la condición eclesiástica. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, guardamos en el ya repleto baúl de Ventanas con historia, dos ejemplares con sendos escudos de iguales armas en sus dinteles, localizadas en el lugar de Fresnedo, que llevan inscritas dos leyendas ejemplificando lo dicho. Escritas en latín, en 1593, en la más larga puede leerse:

        PARVI INSIGNIA FORIS SI INTUS VIRTUTIS ANGUSTA SUPELLEX
                                             
Que traducido literal, quedaría así:

Las insignias (los escudos) de fuera son de poco precio si, dentro,
                          el caudal de virtud es parco

A la vista de semejante mensaje a uno se le ocurre pensar que quien lo mandó grabar era una persona de gran moralidad. Quizá le pareció que el magnífico escudo que acompaña era demasiad ostentoso (el hecho de lucir escudo ya es ostentación) y quiso quitarle importancia en una demostración de humildad. Quizá quiso también que su mensaje fuera ejemplo y lección para otros hidalgos más presuntuosos y con menos escrúpulos. Pero vaya usted a saber.

Choca, sin embargo, que en la otra ventana (parece que de otra fachada), con escudo de iguales armas en el dintel, la leyenda escrita sea un pelín contradictoria con la anterior, pues nunca la usura estuvo bien vista. Puede leerse:

                         EMIADDIDI QUIPEUSURA                   

Que traducido literalmente, vendría a significar:

        Compré, acrecenté (en riquezas). En realidad, usura

Es una pena que esta inscripción no vaya acompañada de fecha. Así, nos quedamos sin saber cuál de las dos inscripciones fue la primera y cuál la última.  



(Con mi agradecimiento a Josemi Lorenzo Arribas, traductor de las inscripciones)

martes, 16 de febrero de 2016

LA VENTANA ESCONDIDA DE OLMOS ALBOS


Una ventana noble en un edificio tosco

Un edificio auxiliar con una primorosa ventana 

Vecinos de Olmos Albos. Detrás puede verse la torre
y el muro que la protegía.
(Del libro de C. del Álamo Martínez 

Silos, cien años de historia 1880-1980)

Una simple valla de alambre intenta proteger
el espacio de la torre.


FOTOGRAFÍAS: Torre y ventana de Olmos Albos (Tomadas en 2015). Foto de época (del libro  Silos , cien años de historia (1880-1980). 


No sé qué maravilla más, si el nombre del lugar en que se encuentra la torre (¡Olmos Albos!), o la ventana escondida en edificio aparte de la torre, de la que nadie nunca habló. Olmos Albos igual a olmos blancos, que a veces la lírica está en los nombres. Es más que probable que en otro tiempo debió haber olmos en este lugar molinar junto al arroyo Ciriaco, y también que en otro momento debió impregnarse la torre de agradables aromas salidos de la destilería que los monjes de Silos tuvieron en ella entre 1893 y 1896, según se recoge en el precioso libro Silos, cien años de historia (1880-1980). 
Hoy, la elegante y blasonada torre que levantaran a mediados del siglo XVI Diego Gamarra, alavés él, y su mujer, Leonor Serón, tobalinesa ella, languidece en el abandono, anunciando una próxima ruina. El muro exterior de piedra que la protegía hace mucho que desapareció, y en su lugar se instaló una verja de gruesa alambre a la que ya se ha abierto hueco, permitiendo la entrada a todo tipo de vándalos y expoliadores. ¡Qué pena y qué vergüenza!
De todos modos, lo que en verdad nos trae hoy aquí es la ventana aludida al principio, que con derecho propio merece figurar en la ya larga lista de ventanas con historia que aquí seguimos y guardamos. Por su buena ejecución merecería estar en la cuadrilonga y noble torre, pero no, se encuentra en un edificio contiguo, de tosco sillarejo, que tiene toda la traza de haber servido como almacén, quizá del tiempo de la destilería, para guardar las plantas empleadas, o tal vez de lana, pues hay noticia de que los señores de la torre tuvieron aquí lavadero de este producto..., o probablemente para las dos cosas.
Llama la atención, en un muro tan tosco, la existencia de una ventana con ínfulas de nobleza. Su recercado de piedra primorosamente labrada, con dos cabezas de león, enfrentadas en los ángulos superiores, más otra humana, laureada, en el dintel superior, son elementos cultos que bien podrían llevarnos a los siglos XVII o XVIII.   


jueves, 4 de febrero de 2016

EL BALCÓN DEL LEÓN

Una delicia decimonónica

Conjunto

Un león bajo el alero


FOTOGRAFÍAS: Balcón en Tubilla del Agua (Tomadas en 2015)

Hablábamos ayer de la carretera de Santander (la N-623). Decíamos que, por su ya escaso tráfico, se había echado a dormir. Y siendo esto una especie de metáfora, no deja de haber cierta verdad en ello. Atrás ha quedado la época en que burgaleses y no burgaleses elegíamos esta ruta para llegar la capital cántabra o a las playas del norte, con el temible Escudo por delante, atrás el tiempo en que  había vida en los pueblos de sus orillas. Circular hoy por esta ruta, sin el agobio del tráfico pasado, aunque con las obligadas precauciones, se convierte en un plácido paseo y nos permite disfrutar, siquiera de reojo, de las muchas bellezas naturales que salen al paso, por más que nos sean conocidas. Cuántas veces, por ejemplo, en la travesía de Tubilla del Agua, más atentos a nuestra velocidad que a otra cosa, nos pasó inadvertido, o de refilón, el magnífico balcón de piedra de una de las últimas casas de la población, junto a la carretera. Puede ser ahora el momento de admirar esta joyita decimonónica, con su envoltorio, aunque mejor si nos detenemos y aparcamos el coche.

Fechado en 1897, época modernista, el balcón llama la atención por estar construido enteramente en piedra, cosa bastante curiosa, pues lo habitual es que al menos las rejas (en este caso columnas deliciosamente torneadas) sean de forja. Pero el conjunto escultórico va más allá, y nos deleita con bellos motivos ornamentales, desde jarrones floridos y ondulantes vegetales hasta una especie de tímpano románico (¿de ventana?) con león dentro, que sirve de remate en el sombrío del alero. El color de la piedra de este “tímpano” es distinto al resto del conjunto, lo cual podría estar sugiriendo dos cosas, o que es un elemento extraño, llegado quizá de algún templo románico próximo, o que se ha teñido con el agua de lluvia pasada por la madera del alero. En todo caso, estamos ante una curiosidad más de las muchas que podemos encontrar y disfrutar en los pueblos si nos fijamos en los detalles.