Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

martes, 27 de septiembre de 2016

LA TAQUILLERA DEL "CAMPOS ELISEOS"


Teatro Campos Elíseos de Bilbao

Artistas y actores famosos con dedicatorias a la taquillera
del Campos Elíseos


Taquilla del teatro




FOTOGRAFÍAS: Teatro Campos Elíseos, actores y artistas famosos reunidos 

Hablábamos en la anterior entrada de lo difícil que nos resulta a algunos desprendernos de aquello que alguna vez nos fue útil o que nos pareció valioso, pero que, con el paso del tiempo, va oxidándose, adquiriendo perfume a rancio y haciéndose cada vez más inservible.  Acumular o no acumular, guardar o no guardar, esa es la cuestión. Hay quienes  guardan hasta el fin de sus vidas aquello que en algún momento de su pasado significó algo especial para ellos, o ni siquiera tan especial. Guardan y guardan, sin pensar (o aun pensándolo) que todo lo acumulado pueda llegar a ser una rémora para aquellos que lo heredan. El futuro está muy lejos, piensan o pensamos, ya haré limpieza un día, ya decidiré lo que hacer. Y pasan los años y la decisión no llega, y el futuro se presenta de improviso y nos sorprende con el desván lleno. ¿Qué ocurre después?  

En relación a lo anterior, viene a cuento una historia verídica que paso a contar.


 Bilbao, 1996, dos estudiantes burgalesas de Bellas Artes en la Universidad del País Vasco rebuscan en contenedores de basura del centro de la ciudad algo que les sirva para hacer sus instalaciones artísticas. Cualquier cosa puede servir, los de Bellas Artes tienen mucha imaginación y con lo que otros han despreciado, y arrojado a la basura, ellos reciclan y crean sueños. Y hete aquí que, en esa rebusca, descubren en el fondo de un contendor, entre todo tipo de inmundicias, unos paquetes que resultan ser fajos de cuentos y postales. ¿Cómo alguien puede tirar estas cosas?, se dicen con admiración y tristeza. Revisan los fajos. Los cuentos son de Calleja, cuentecillos ilustrados que sin duda alegraron algún día a quien los coleccionó. El fajo grande se compone de postales, o mejor, de fotografías, pues todas ellas son estampas de célebres artistas que trabajaban por los ¿felices? años veinte. Cada fotografía tiene una dedicatoria, todas están dedicadas a María Ortega, taquillera que fue del teatro Campos Elíseos, la Bombonera modernista que luce en Bilbao desde 1900. En el fajo de fotografías aparece lo más granado de la canción y del teatro de la época; por los asombrados ojos de las estudiantes desfila un repertorio de rostros para ellas desconocidos, pero que intuyen de famosos; ven la imagen y firma de Celia Gámez, lo mismo de Lola Membrives, de Ladrón de Guevara, de los payasos Hermanos Ramper..., figuras para la historia, sin duda.

         Aprovechando cada función, María Ortega consiguió la foto y autógrafo de todos los famosos que pasaban por el Campos Elíseos. Comprendió que esa pléyade de celebridades reunidas era una colección como pocas y que había que conservar. Y María la conservó, junto con los pequeños cuentos, como un tesoro, con orgullo, cariño y durante muchos años, hasta su muerte. 

Tras la desaparición de la taquillera, alguien pensó que aquellas colecciones eran un estorbo. Al fin y al cabo, para ese alguien no debían significar nada, seguramente por no haber tenido la vivencia y privilegio de conocer a los artistas que María conoció, ni haber soñado con la lectura de los Cuentos de Calleja. Por todo eso, decidió arrojar el tesoro al contenedor de basura. 

El destino quiso, sin embargo, que esas colecciones fueran rescatadas por dos estudiantes burgalesas, y así, el ciclo puede continuar.  



Dedicatoria de Lola Membrives

Dedicatoria de Celia Gámez




martes, 13 de septiembre de 2016

VIEJOS PAPELES, EL MELANCÓLICO SABOR DE LO RANCIO


  
Ruinas de San Pedro de Arlanza, sueño de nuestra Historia





FOTOGRAFÍAS: Ruinas de San Pedro de Arlanza (Tomada en 2016)


Hace ya bastante años, alguien que estuvo de visita turística en China me trajo, como regalo y recuerdo de aquel gran país, un ejemplar del Libro Rojo  de Mao Zedong, supongo que uno de los cientos de millones que debían pulular por los mercadillos de calle y tiendas de lo viejo, y que entonces y ahora, al parecer, se difunden o venden como souvenir, al igual que aquí las espadas de Toledo.  Siempre me he preguntado qué le hizo pensar a mi amigo que podría interesarme semejante icono comunista. No sé la respuesta, pero el caso es que el olor a rancio del librito inunda desde entonces  mi pequeña biblioteca; hoy es el día en que, al abrir sus páginas, un aroma de bodega se expande y permanece en mi ambiente hogareño durante prolongado tiempo. Ocurre igual con dos bancos pasiegos que conseguí, por medio de trueque, a través de un amigo ganadero del valle de Lunada: que debieron pasar muchos años hasta que desapareció el olor a vaca y cabaña. Y sucede igual con las carpetas que yo mismo he acumulado durante mis años de rebusca en archivos y bibliotecas y de escribidor de bolígrafo y Olivetti, carpetas repletas de papel que lleva durmiendo años e impregnándose de perfume rancio en los húmedos sótanos de mi propia casa. Es mucho lo guardado, y de temas variopintos, quizá por eso siempre he tenido miedo de enfrentarme a ello. No en vano, hacerlo supondría tomar la grave decisión de tirar a la basura todo lo que ya no sirve (¡tanto!), o que nadie, nunca, va a utilizar. Pero a ver quién es el guapo que se atreve a tirar su pasado, renegando de una parte de su vida, a un cubo de basura.
En fin, revisando la montaña de papeles con apuntes fósiles, me encontré con unos viejos amigos, con los cientos de signos lapidarios (también llamados marcas de cantería) que entre 1985 y 1988 llegué a recoger en los principales monumentos medievales de Burgos. Es este un material inabordable ahora, como lo fue en aquellos años, y quizá por eso lo abandoné. Pero son recuerdos, momentos vividos, son un pasado de locura del que no puedo renegar. Y así, revisando y revisando el jeroglífico al amparo de las sombras, me veo en el frío invierno de 1986 en las ruinas de San Pedro Arlanza, escudriñando cada rincón, cada sillar, anotando en mi libreta cada signo cabalístico, cada tablero alquerque, de inescrutables significados..., soportando vendavales en el husillo del campanario, en los claustros del viento, como lo soportaron los frailes negros que habitaron el convento, como lo soportaba por aquel tiempo Fulgencio Carrancho, sin par guarda de las ruinas.  Y a la par que recogía testimonios canteros de las logias masónicas, divagaba sobre por qué estas ruinas de Arlanza, siendo tan fundamentales para nuestra historia, se encuentran tan despreciadas.
Ya digo, fueron vientos dementes los que me llevaron a aquella empresa recolectora que no llegué a concluir. Aquí os dejo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, una pequeña y rancia muestra de una colección lapidaria que dormía en los sótanos de mi memoria.


Real y Antigua de Nuestra Señora de Gamonal


En el monasterio jerónimo de Fresdelval



domingo, 11 de septiembre de 2016

FIN DEL VERANO


Trinchera del ferrocarril  Santander-Mediterráneo,
hoy convertido en senda verde. 

Donde ahora se abre esta trinchera hubo una oquedad natural
 que fue la que dio nombre a los dos Peñahoradas que existieron, 
el de Afuera y el de Adentro. 


Penúltimas nubes de verano


FOTOGRAFÍA: Nubes de verano en Peñahorada. Trinchera del S.M. (Tomadas en septiembre de 2016)


El verano está a punto de dejarnos, queridos amigos. En lo que a mí respecta, pronto abandonaré las sombras de la supervivencia. Ya los tomates del huertecillo comienzan a rojear, y las uvas, las primeras que han llegado a sazonar en mi larga historia hortelana, ya que no del oídio, sufren los ataques de la torda, como las acelgas o las lechugas; si se empeña, este monstruito negro no me dejará nada; los pájaros no entienden de propiedades ajenas. Solo por probar, he envuelto los racimos con cintas magnéticas de antiguos casetes que ya no uso, creo que en alguna iba un concierto para violín de Beethoven; también he colgado entre la hojarasca cegadores cedés, en uno de los cuales debe cantar Pavaroti, pero me temo que la torda no entienda de música sinfónica ni de bel canto y siga con sus banquetes. El velo de novia parece que se resiste a desaparecer, lleva meses de nieve perfumada y zumbido de abejas y parece estar lleno de vida. La lluvia sigue sin aparecer y la hierba se encuentra a punto de ignición. Las crías de víbora se pasean al atardecer por la senda verde, recién estrenada, del ferrocarril Santander-Mediterráneo, pronto se esconderán en sus guaridas, y hasta que apriete el sol el próximo verano, ojalá no tanto como en este. Y en este marco de fin de estío, nacen y se ocultan atardeceres de ensueño, y las estrellas se dibujan en el cielo, siempre puntuales y acompañadas de rumores aeronáuticos (muchas noches he estado tentado de contarlas, también los aviones, pero no lo he hecho porque dicen que salen verrugas). Lo digo sinceramente, hacer turismo por las estrellas es una opción para los que sufran de insomnio, y cómo no, para aventureros de la noche. Pronto el verano se esfumará como una de sus nubes, pronto abriremos las carpetas pendientes que han vivido en las sombras. 


lunes, 5 de septiembre de 2016

ATARDECER EN PEÑAHORADA









FOTOGRAFÍAS: Atardeceres de Peñahorada. (Tomadas entre 2012 y 2016)


Nada que objetar, ¡faltaría más!, a algunos les da por pasar el verano en caravanas, juntarse los culos y las cremas en playas-hormiguero, y a otros nos da por la estrafalaria costumbre de capturar atardeceres en la aldea. El mundo, la gente, somos así, y como diría el castizo, “hay gente pa to”. Este verano, de soles justicieros como pocos, ha sido generoso en bellos atardeceres, y desde mi observatorio fijo e inamovible he tenido ocasión de capturar algunos que merecieron ovación. Os dejo una muestra, de este y de otros anteriores, por si os recuerdan alguno que vosotros mismos contemplasteis, en el mar de vuestros sueños o en el horizonte infinito del surco rastrojero. 



sábado, 27 de agosto de 2016

ESTELAS EN EL CIELO, CAMINOS PARA LA VUELTA



FOTOGRAFÍA: Contraluz en Peñahorada (Tomada en agosto de 2016)

         Aunque ya despunta, mi nieto no sabe aún de gpeses ni de otros instrumentos de la tecnología moderna, pero su perspicacia infantil le lleva a pensar que las estelas que dejan los aviones en el cielo son pistas para su regreso, para no perderse en la vuelta. Me lo dijo este verano, cuando el atardecer agranda los senderos estelares, antes del brillo de las estrellas y  cuando los murciélagos comienzan a removerse en sus colgaduras. Con esa visión a contraluz, y con otras  de semejante lógica, sueño ahora cada noche, antes de la ausencia.


sábado, 20 de agosto de 2016

QUINTANALARA, UNA BIBLIOTECA EN "LA POBRERA"


Lo que fue potro de herrar y pobrera ahora se
ha convertido en una biblioteca popular

Libros y potro de herrar, una combinación extraña y admirable


FOTOGRAFÍAS: Biblioteca de La pobrera en Quintanalara (Tomadas en 2015 y 2016)


       Os voy a confesar una cosa, queridos amigos de este Cajón de Sastre,  y no me duelen prendas en hacerlo: nunca hasta el año pasado supe de la  existencia de pobreras en Burgos, ni en ningún otro lado, ni siquiera había escuchado esta definición hasta que supe de las intenciones de Rubén Heras en Quintanalara, ¡nada menos que la de crear una biblioteca en la pobrera de este pueblo con libros donados por todo el que quisiera colaborar en su invento! Me pareció curiosa e interesante la idea y me acerqué a este pueblo lareño de apenas treinta habitantes. Fue así cómo conocí a Rubén, su alcalde, lo que era una pobrera y el detalle de su proyecto. En cuanto a lo segundo, se conoce como pobrera a un edificio para acoger a los pobres de solemnidad que llegaban a los pueblos para pedir suelo, techo y comida. (hubo un tiempo no muy lejano en el que había mendigos por todos los lados y caminos, y era obligación de los pueblos socorrerlos, cosa que hacían los propios vecinos de manera rotatoria y por adra). Quizá los de Quintalara, para evitar la molestia que podía suponer abrir sus casas a estos indigentes transeúntes, decidieron habilitar esta construcción, que también fue potro de herrar (no sé cuál fue lo primero y cuál lo segundo). Ahora, repleta con miles de volúmenes donados por particulares, la pobrera y su potro se ha convertido en una biblioteca catalogada y abierta, de intercambio continuo, a la que cualquiera y en cualquier momento puede acceder, tomar un libro que le interese y dejar otro de su propiedad que algún día puede interesar a otras personas. Es el sistema que internacionalmente se conoce como “bookcrossing”.

       De los pueblos a veces surgen ideas luminosas que ni en las elites de la cultura de las grandes ciudades. Enhorabuena a Quintanalara. 


martes, 9 de agosto de 2016

SIMULACRO DE JUSTICIA EN LA HOGUERA


Todo preparado para la hoguera de San Juan


FOTOGRAFÍA: Tomada en junio de 2013


[...] Y ya puestos en espantapájaros, me ha venido a la memoria otro antropomorfo de pega en un pueblo del norte de Burgos. Pude verlo, repantingado en un sillón,  en el centro de un amontonamiento inflamable cuyo destino final parecía el de convertirse en hoguera. Fue en junio de 2013, era víspera de la noche de San Juan y el muñeco parecía preparado para el sacrificio en la tradicional hoguera sanjuanera. Se identificaba perfectamente, no por el parecido físico con el personaje real que se quería ajusticiar, sino porque, pegado a su  cuerpo, tenía un cartel en el que se leía su nombre. Se trataba de un popular personaje, salido de la corrupción que nos asolaba por aquellos años, que por respeto a su familia omito deliberadamente. Así como tampoco digo el nombre del pueblo, para que no arrastre para siempre el sambenito de pueblo inquisidor.

El muñeco estaba dispuesto para ser flameado y achicharrado, ya digo, aunque no sé si llegó a consumarse el ajusticiamiento. En todo caso, lo traigo aquí como una curiosidad más de las que podemos ver recorriendo nuestros pueblos.  


viernes, 5 de agosto de 2016

ESPANTAPÁJAROS DE SALÓN


  
Siesta con televisión en medio de la huerta

 

La programación no parece de su interés


FOTOGRAFÍAS: Escena en Villaverde Peñahorada (Tomadas el  agosto de 2016)

          El espantapájaros es una figura recurrente entre los hortelanos de cualquier parte del mundo, también de Burgos. Se usa, como bien describe su nombre, para ahuyentar a los pájaros que tanto daño pueden hacer en las huertas, en especial a la “torda”, que parece que en cualquier pueblo hay una que se empeña en comerse todo lo que encuentra de su gusto (es algo parecido al Robanabos de Medina). No es un tordo, ni varios tordos, sino una malévola y solitaria torda, en singular y en femenino, al menos eso es lo que cree el vecindario de los pueblos. 

¿Quién no ha visto alguna vez la estrafalaria figura antropomorfa, mejor o peor disfrazada, con o sin sombrero, rellena de paja en alguna huerta? Todos alguna vez lo hemos visto. Pero los pájaros ya se las saben todas, y estos muñecos de trapo, desde hace ya tiempo, apenas si les infunden temor, les han perdido el respeto y campean a sus anchas por sembrados y hortalizas, con gran disgusto de los hortelanos.  Esto lo ha visto muy bien alguien de Villaverde Peñahorada, que harto de ver cómo sus productos eran pasto de los pájaros, ha establecido en su huerta una escena de salón con intención de confundir al más avispado de los visitantes alados. La composición se las trae, es casi una performance, quizá ideada pos alguien interesado en el arte conceptual, ¿tal vez un hortelano versado en NewArt?  La escena, con dos humanoides arrellanados en sendos asientos, adormilados por el sopor de la comida y simulando ver la televisión en medio de la huerta, es algo para espantar al más osado de los pájaros, más si la programación de la tele es mala. Seguro que este año la cosecha se salvará. 


martes, 26 de julio de 2016

"CINEMA CASTILLA", UN CINE DE LOS CINCUENTA EN LA HORRA


Cinema Castilla nació en 1953


Restos del cinema. Aún se conserva la embocadura de la pantalla


FOTOGRAFÍAS: Cinema Castilla en La Horra (Tomadas en julio e 2016)

Bajé a la Ribera, esta vez sí, en busca de brindis, de testimonios del vino en la poesía popular. Revolucioné la calmada mañana de Olmedillo, también la de Anguix y Sotillo, buscaba brindis y me salió un cine en La Horra, nada que ver. Pero el cine, los viejos cines de los cincuenta, es otra de mis muchas debilidades, y el gusanillo encontró la manera de cambiar la ruta de lo que me llevaba.
Bueno, divagaciones aparte, alguien de un grupo arremolinado en torno al panadero ambulante nos sugirió que visitásemos a Benito Royuela, un horrense de 90 años que sabía mucho de la otra vida, de la de antes de la televisión, y quizá también sobre el tema folklórico que nos interesaba. "Acompáñalos tú", dijo una de las mujeres que esperaban el pan a su marido, también presente cerca del corro y que era demás familiar de Benito.

Que fue así cómo nos plantamos en la casa del nonagenario y fuimos recibidos con gran amabilidad. Pasen, pasen. Y pasamos hasta la salita donde se encontraba Benito Royuela, sentado en su butaca y acompañado de su esposa. Nos presentó nuestro acompañante, Narciso Cob, haciéndole saber  nuestra intención de recopilar y grabar brindis. “Yo hice una poesía” dijo, y nos recitó una que algo tenía que ver con el vino pero que no era un brindis ni se le parecía. Luego, la cosa derivó por otros derroteros gracias a una fotografía que colgaba en una pared, en la que se veía una original tartana, guiada por un hombre a pie,  por una de cuyas bocas sobresalían fajos de telas. “Es mi marido”, dijo la esposa, “es nuestro padre que iba vendiendo por los pueblos”, dijeron dos hijas de Benito que se sumaron  a la reunión. Ya éramos muchos en la sala y las palabras iban de un sitio a otro, a veces formando batiburrillos incomprensibles. Para lograr una mejor audición, arrimé la grabadora a la boca de Benito, consiguiendo así oír, con nitidez, la primera parte de su vida, la de vendedor ambulante.

VENDEDOR AMBULANTE

“Yo he hecho muchas cosas en mi vida. En mi vida no ha habido más que trabajar. Desde que tenía once años... A los treces iba yo  a vender a la Ventosilla, porque tenía un hermano que se fue a ... era cuando la guerra... me llevaba a mí cinco años, y él se fue a la guerra y yo tuve que ir a vender a la granja de La Ventosilla, y llevábamos entonces ultramarinos. ¡Que no pasé yo frío entonces! Íbamos con un carro, no con este [de la fotografía, sino]  con otro. [Iba] con mi hermana, mi hermana me llevaba a mí ocho años, y ella se liaba con las [chicas] de su edad y no se acordaba de... ¡Pasaba yo más frío entonces! ¡Se helaba el aceite! Ya  a los quince años iba yo solo a vender”.

       La venta ambulante fue tradición en la familia de Benito. “Mis padres también fueron vendedores ambulantes, ahí les tengo en las fotos”, dijo señalando un cuadro con sus progenitores colgado en una pared, aunque “mi madre era la que más entendía”.

     Cuando ya solo atendía con sus ultramarinos a La ventosilla, Benito buscó una salida profesional de mayor rentabilidad, y dio con la venta de tejidos. Diseñó un nuevo carro, más acorde con el nuevo producto, y siguió igualmente peregrinando por los pueblos:

     “Los tejidos nos los servían de Barcelona, de [la fabrica de tejidos de]  Roca Umbert.  [Y es que] para ser un buen comerciante hay que ir donde [te sirven buen género], considera el ambulante de La Horra. 


Benito Royuela Esteban con su carromato para la venta ambulante de tejidos



CINEMA CASTILLA, EL PARADISO DE LA HORRA

          Persona de gran emprendimiento, Benito Royuela construyó en 1953 un cine en su pueblo, en la calle mayor. Le llamó Cinema Castilla y estuvo en activo doce años, hasta 1965, que es cuando ya la televisión venía apretando.

Taquilla del cinema


Bancos corridos en el gallinero

         
Hall del cinema con lámpara de otros tiempos

 Alfredo Mayo, Sara Montiel... marcaron épocas

"Entendían bien las películas del oeste"

¡Y las folclóricas!



          El de La Horra fue uno más de los muchos cines de domingo que se instalaron en los pueblos importantes de Burgos en los años de posguerra, y su historia debe ser la misma que la de cada uno de ellos. A través del relato de Benito, uno pude imaginarse las mismas escenas vividas en cada sala, la misma perplejidad de los vecinos antes la magia que se les ofrecía en pantalla, las mismas protestas, los mismos silbidos. Era lo nunca visto. Cuenta el empresario que “La gente de aquí, de La Horra, no estaban preparados, no entendían las películas. [En cierta ocasión] vieron la película Más dura será la caída, que fue una película maravillosa, y que fue muy alabada por la prensa... en cambio, aquí, que era el día de la fiesta cuando se puso, se salió la gente [de la sala]..., pues porque no la entendieron, no estaba la gente preparada para ver estas películas. Las que entendían bien eran las del oeste o las de cante, como La Lola se va a los puertos....; hombre, echamos muchas películas, como A mí la legión, El derecho de nacer....”. En este punto, la esposa de Benito, que guarda una lista de las películas que se proyectaron en el cinema de su marido, menciona otras como Balarrasa, Plácido, Ana Karenina, Lo que el viento se llevó...  
         
         Las películas llegaban al Cinema Castilla procedentes de Arévalo. “Tenía un hermano en Arévalo y cuando iban los viajantes de películas a Arévalo pues mi hermano era el que contrataba las películas allí. 
       La proyección estaba a cargo de “un cuñao mío, que murió ya. Aquí vino uno de Aranda [para enseñarnos], el que tenía el cine de Aranda nos mandó el [cámara] que tenían y él nos enseñó”.



ALGO DE AMBIENTE
    
La gente gritaba y silbaba, eso lo aprendieron enseguida. No estaban preparados para películas que no entendían, pero para eso... Por ejemplo, si salía una película que los letreros no salían al principio, como a la hora de hoy hay algunas que no salen al principio, pues creían que estaba cortada, ¡oye, y qué silbidos!
Al cine venían de todos los pueblos de alrededor, de Anguix, Sotillo..., y solo se ponía los domingos. Y a la más mínima, llegaba la censura  “El cura decía que todo aquel que se tenga por cristiano, que no vaya a ver la película”.

        Cinema Castilla era un cine de pueblo, sí, pero con butaca de patio y gallinero, como casi todos los de su especie. Y tenía también sus carameleros, uno para arriba y otro para abajo. Uno de ellos, Narciso Cob, fue precisamente quien nos condujo hasta Benito Royuela. Él lo describe orgullosamente así: “¡Y tuvo carameleros! Yo estuve de caramelero, llevaba una cestita así. [Benito] no me pagaba, sólo la propina que me daba la tía”.


Narciso Cob fue caramelero en el Cinema Castilla


       ¡Ah, aquellos viejos cines, donde yo mismo vendí caramelos y bombones entre piernas de chicas y chicos, de hombres y mujeres, de soldados de caballería oliendo a establo!


Restos del naufragio. Carretes para rebobinar las películas

Un cuarto muy angosto

Escaleras que suben al gallinero 



Con mi profundo agradecimiento a 
Benito Royuela Esteban y su familia







jueves, 21 de julio de 2016

SÉPTIMO ANIVERSARIO DEL "ÁRBOL DE LA PROVINCIA"


Tras cantar el "Cumpleaños Feliz"...


... piden deseos al árbol.


Árbol de los deseos, lazos para la intimidad


El alcalde de Jaramillo también tiene un deseo


FOTOGRAFÍAS: Homenaje al "Árbol de la Provincia" (Tomadas el 16 de julio de 2016)

        Como todos los años desde que en 2009 la encina fue plantada, Jaramillo de la Fuente homenajeó el pasado sábado a su querido árbol, que es también el de todos los burgaleses, pues no en vano crece con tierra de todos los pueblos de Burgos. 

      Para celebrar su séptimo aniversario, y como viene siendo costumbre, los jaramillanos engalanaron el árbol, le cantaron el tradicional “cumpleaños feliz” y volvieron a poner lazos de los deseos en su ramaje. Ojalá se cumplan todos.

      Un año más de vida, pues, para un singular vegetal que, a juzgar por su ya pomposa copa, medra con buena salud.

Pues eso, que “FELIZ ANIVERSARIO”, ÁRBOL DE LA PROVINCIA