Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

jueves, 4 de febrero de 2016

EL BALCÓN DEL LEÓN

Una delicia decimonónica

Conjunto

Un león bajo el alero


FOTOGRAFÍAS: Balcón en Tubilla del Agua (Tomadas en 2015)

Hablábamos ayer de la carretera de Santander (la N-623). Decíamos que, por su ya escaso tráfico, se había echado a dormir. Y siendo esto una especie de metáfora, no deja de haber cierta verdad en ello. Atrás ha quedado la época en que burgaleses y no burgaleses elegíamos esta ruta para llegar la capital cántabra o a las playas del norte, con el temible Escudo por delante, atrás el tiempo en que  había vida en los pueblos de sus orillas. Circular hoy por esta ruta, sin el agobio del tráfico pasado, aunque con las obligadas precauciones, se convierte en un plácido paseo y nos permite disfrutar, siquiera de reojo, de las muchas bellezas naturales que salen al paso, por más que nos sean conocidas. Cuántas veces, por ejemplo, en la travesía de Tubilla del Agua, más atentos a nuestra velocidad que a otra cosa, nos pasó inadvertido, o de refilón, el magnífico balcón de piedra de una de las últimas casas de la población, junto a la carretera. Puede ser ahora el momento de admirar esta joyita decimonónica, con su envoltorio, aunque mejor si nos detenemos y aparcamos el coche.

Fechado en 1897, época modernista, el balcón llama la atención por estar construido enteramente en piedra, cosa bastante curiosa, pues lo habitual es que al menos las rejas (en este caso columnas deliciosamente torneadas) sean de forja. Pero el conjunto escultórico va más allá, y nos deleita con bellos motivos ornamentales, desde jarrones floridos y ondulantes vegetales hasta una especie de tímpano románico (¿de ventana?) con león dentro, que sirve de remate en el sombrío del alero. El color de la piedra de este “tímpano” es distinto al resto del conjunto, lo cual podría estar sugiriendo dos cosas, o que es un elemento extraño, llegado quizá de algún templo románico próximo, o que se ha teñido con el agua de lluvia pasada por la madera del alero. En todo caso, estamos ante una curiosidad más de las muchas que podemos encontrar y disfrutar en los pueblos si nos fijamos en los detalles.  


lunes, 1 de febrero de 2016

DINTELES GRABADOS EN SEDANO


Una maraña de inscripciones sobre la puerta


Cruces protectoras bajo el alero


Máquinas de coser y aparatos de radio
en la Era del blanco y negro

FOTOGRAFÍAS: Dinteles grabados y letrero comercial en Sedano. (Tomadas en 2015-2011)



Conocí Sedano con tanta vida... Ahora, qué queréis que os diga, queridos amigos, cada vez que paseo por esta población dorada, o por la infinidad de bellísimos pueblos que pertenecieron a su viejo Partido, siento cierta añoranza, mucho más en invierno. ¿Cómo se llegó a este estado de quietud, a esta triste paz? ¡Si hasta la carretera de Santander que nos llevaba, no hace mucho con gran tráfico, hoy sestea el asfalto por falta de rodajes! He visto envejecer y desaparecer a tantos hombres y tantas mujeres que me contaron historias de bullicio y vida feliz en el gran Sedano, que mi desconcierto ahora es total. En el atardecer gris de ayer, repasando una vez más las balconadas y casonas hidalgas de Sedano, acudieron a mi memoria personas que conocí de la zona y que tanto sabían de aquella otra vida; el aire me trajo ecos centenarios de los hermanos Bárcena, de Covanera, de El Churrillo, de Gredilla, de Moisés Crespo, el trajinero de Pesquera, y de tant@s otr@s... Ayer, al salir de la antigua Tienda de Cayetano, único testimonio comercial vivo del Sedano que se fue, a punto de caer la noche y cuando el rojizo de las piedras hidalgas comenzaba a teñirse de negras sombras, recordé una reciente y soleada mañana en el barrio alto, bajo el rumor de su cascada. La luz me permitió ver en aquella ocasión lo que en sombras no llega a apreciarse, signos y mensajes en piedra, incisos, que por su rareza más me parecieron encriptaciones prehistóricas que otra cosa. Pude verlos en dos dinteles, uno de ventana y otro de puerta, en sendas casonas; verlos, digo, porque por más que traté de descifrarlos se me escapaba toda comprensión. Uno de los dinteles, el de entrada a la casa, está lleno de espigas, rodeando un contorno extraño, una especie de tela de araña que se tragó letras y dibujos ahora incomprensibles, palabras y representaciones incisas de otros siglos que alguien escribió en el lenguaje de la vida perdida, quizá como protectoras de las cosechas, o tal vez como cartela comercial de alguien que se dedicaba a la compra y venta de cereal. En el otro dintel, bajo el alero del tejado, pintados en rojo y sin orden aparente, pueden verse cruces y, con un poco de imaginación, adivinarse árboles, quizá frutales. ¿Trazos con simbolismo apotropaico para que la cosecha de fruta no se malograra? Elucubraciones para los dos dinteles.
Más clara y concisa está la cartela de buena caligrafía y letras de molde, bajo ventana y sobre la puerta de una casa del Sedano mayor, donde se anuncian un agente de ventas de máquinas de coser Sigma y aparatos de radio. ¡Qué maravilla de mensaje comercial! ¿no os parece, queridos amigos?, humilde, claro y sin ocultaciones, descriptivo de una época en blanco y negro.



miércoles, 27 de enero de 2016

LA PORQUERA Y EL GUARDADAMAS DE LA REINA


Perfectos sillares

La mandó hacer la mujer del guardadamas

Sillares areniscos de preciosas tonalidades


FOTOGRAFÍAS: Casa de Quintanilla de Santa Gadea (Tomadas en agosto de 2015).


Sorprende en Quintanilla de Santa Gadea una casa de noble porte, de planta cuadrada y con modos de torre, cuyo mayor mérito, aparte de la magnífica labra y de la llamativa tonalidad de sus sillares, es una inscripción sobre ventana, fechada en 1673, en la que se recuerda que fue mandada edificar por Casilda Arenas y Vallejo, mujer de un “guardadamas de la reina”, oficio de un tal Juan Carrillo, cuya misión debió ser ir a caballo al estribo del carruaje de las damas en tiempo de Mariana de Austria, madre de Carlos II el Hechizado.

Probablemente por una incorrecta interpretación popular de la cartela esculpida, se forjó la leyenda en Quintanilla de que Casilda, siendo niña y estando de porquera, en cierta ocasión un lobo mató y comió uno de los cerdos que cuidaba, y que, aterrorizada por lo que sus padres pudieran decir o hacer, improvisando un hatillo y sin comunicar a nadie, puso rumbo a Madrid, donde andando el tiempo llegó a convertirse en guardadamas de la reina.


miércoles, 20 de enero de 2016

UNA VENTANA DE LEYENDA. LAS RANAS MOLESTAN AL SEÑOR


Ventana del siglo XVII en La Casona (Santa Gadea de Alfoz).
Sorprende la gran concha ¿peregrina? 

Rebaje reciente para desecar la laguna.
Al fondo, La Casona 

Un magnífico conjunto creado por los Lucio-Villegas


FOTOGRAFÍAS: Ventana, casona y poza en Santa Gadea de Alfoz (Tomadas en 2014)

 

Hola, 2016. Pasada la aventura de transformar en libro Memorias de Burgos, iniciamos nueva temporada y pasarela con una ventana de ensueño del lejano norte burgalés. Se encuentra en una casa palaciega de Santa Gadea de Alfoz que, conocida como La casona o La casa santa, perteneció a los Lucio-Villegas, fundadores de un Mayorazgo y que la mantuvieron en propiedad hasta 1836. A través de ella, como algo simbólico y hasta que el cuerpo aguante, iremos viendo, queridos amigos y seguidores de este ya carcomido Cajón de Sastre, todas las curiosidades que vayan saliendo a nuestro paso. Abrámosla, pues, y comencemos por la leyenda que la acompaña.

Se cuenta como un hecho cierto que en los meses de estío el señor de La Casona de Santa Gadea no podía dormir por las noches a consecuencia del croar de las ranas. Al parecer, el canto de los cientos de batracios que poblaban la charca (Poza Cantera) que había enfrente, a pocos metros de la ventana de su dormitorio, poco menos que le volvían loco, era un concierto que no podía soportar. Por eso, y porque debía mandar mucho en el pueblo, se le ocurrió pedir (pedir es un decir) la colaboración del vecindario. Así, y según se ha trasmitido de generación en generación, ordenó que cada noche hubiera un vecino dando vueltas por la orilla de la charca, armado con un palo, para hacer callar a las ranas. Quedó de esta manera establecido un nuevo servicio en el pueblo, una prestación que todos los vecinos, de manera rotatoria, habían de cumplir. 

Hoy las ranas han desaparecido. La charca se desecó, por los problemas que en tiempo moderno creaba, y solo queda su memoria. En otro lugar habremos de ver la importancia que esta poza tuvo para el pueblo en el pasado. 


miércoles, 16 de diciembre de 2015

FRAGMENTOS DE ROMA EN LARA



Restos del castillo, vestigios de Roma

Una estela fuera de lugar

Restos de arquitectura romana

Escaleras para subir a Roma

FOTOGRAFÍAS: Piedras de Lara de los Infantes (Tomadas en diciembre de 2015) 

Si en un día despejado uno sube a lo más alto de Lara de los Infantes quedará hipnotizado por el paisaje que desde allí se puede contemplar. Hasta donde alcanza la vista y por donde quiera que se mire todo son tierras de Lara, del histórico alfoz de Lara. Si se mira al sur, veremos Peña Carazo, nave de piedra, arca noética en la que un visionario soñó una vez que estaba el origen de la humanidad. Quiso experimentar su sueño en los años noventa del siglo pasado y, sin previa radiografía, excavó durante días y días en lo más alto por ver si llegaba a las tripas de una ciudad enterrada. No lo consiguió, como tampoco en las cumbres níveas de Canales de la Sierra, donde llevó a cabo la misma operación con la seguridad de que allí estaba también dicho origen. Es disculpable lo primero, uno ve Peña Carazo desde Lara y comprende al visionario, tanta peña llana, tanta mesa puesta no puede estar en vano: con nada dentro, sería un despilfarro.

Visiones aparte, abandonamos Carazo y nos situamos sobre el pueblo de Lara, y aquí sí, aquí, debajo de las casas, debe haber una ciudad romana enterrada. No sabemos su nombre, pero sí que debió existir, pues no de otra manera se explica la aparición de tantos restos de aquella época; restos, dicho sea de paso, aprovechados en la construcción de las casas de Lara. Un buen observador que recorra las calles de la pequeña población y escudriñe sus paramentos exteriores no tendrá dificultad en encontrar diversidad de testimonios, ya sean fragmentos de estelas funerarias o cualquier otro resto de la ciudad perdida. No digamos ya en la vieja fragua, que tiene, incrustada en sus rústicas paredes, suficiente colección como para confirmar ella sola la existencia de dicha ciudad. Lo demás, debió ser pasto de expoliadores de los siglos. 

Pero Lara es mucho más que una ciudad perdida, su nombre viene asociado a otros nombres que con solo pronunciarlos uno se estremece. San Pedro de Arlanza, Fernán González y el Condado de Castilla, Santa María de las Viñas, Castillo y Picón de Lara,  los Siete Infantes, Peña Carazo... ¿Nos hemos parado a pensar en el significado de todos estos nombres juntos? Deberíamos hacerlo alguna vez, para sentir la emoción de la historia, del romance y la leyenda. Sus resonancias nos hacen viajar a la primitiva Castilla, no a los orígenes de la humanidad pero sí a los nuestros más cercanos. ¡Cuánto patrimonio reunido en Lara!



En Revilla del Campo, al influjo de Lara



Relieve romano en Arauzo de Salce (1998). 
Lara y Clunia, hermanas de Roma, debieron estar
comunicados por calzada.






jueves, 10 de diciembre de 2015

VENTANAS DE ESPINOSA DE LOS MONTEROS










FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Espinosa de los Monteros (Tomadas en febrero de 2012).

Cuando a uno se le ponen los ojos de ventana, ya no ve otra cosa que ventanas. Por mas que busquemos otras historias, siempre, incluso en los sueños de almohada, ellas salen a nuestro encuentro. Vayamos donde vayamos, indaguemos lo que indaguemos, registremos donde registremos, ellas, las ventanas de otros siglos, contadoras mudas de historias ocultas, son inevitables. Su mirada de ojos negros nos persigue, ella y la nuestra se enfrentan sin querer. Y bien que es de agradecer, pues su belleza, apenas reconocida, es algo al alcance de la mano que sería pecado despreciar.
       En marzo de 2012 (¿más de tres años ya?, ay, que me parece que fue ayer) guardamos en este Cajón de Sastre una importantísima -inigualable, podría decirse con justicia-, colección de palacios y torres de Espinosa de los Monteros. En aquella ocasión no bajamos a los detalles y mostrábamos solo las imágenes exteriores de cada conjunto. Hoy, de aquellas torres sacamos las ventanas, hijas más bellas aún que su madres, y las guardamos con sumo cuidado aquí para que ajimeces y parteluces nos den luz cuando el mundo se nos haga vulgar.  








lunes, 7 de diciembre de 2015

LA VENTANA BLANCA DE MODÚBAR DE LA CUESTA


Radiante como una novia radiante

Destaca sobre todo

Un reloj de sol del siglo XVI


FOTOGRAFÍAS: Ventana y reloj de sol en la iglesia de Modúbar de la Cuesta (Tomadas en diciembre de 2015) 

La vi un día a lo lejos, de frente, fue como una aparición, llegando a Modúbar de la Cuesta por el camino de Revilla del Campo. Una ventana blanca, radiante como una novia radiante y en claro contraste con el color general de la iglesia parroquial, un aspecto que llamó mi atención. ¿Era una ventana hecha en tiempo reciente, y su luminosidad era por piedra nueva, o es que la habían blanqueado? Tenía miga la cosa, así que prometí volver para despejar dudas. Y he vuelto, y he comprobado que la rareza no es tanta y tiene fácil explicación. No hace mucho, la iglesia de la cuesta fue restaurada, el presupuesto llegó hasta donde llegó, la obra no pudo ser completada y una gran parte del exterior del templo quedó sin pulir. Hubo alguien, sin embargo, que pensó que la ventana, aun a pesar de las limitaciones presupuestarias, por su indudable arte merecía un decoro especial, y estiró hasta donde pudo para dignificarla. Así, pues, que nadie más se confunda, que la blanca  ventana, la dama blanca de Modúbar, es una muestra renacentista más, una obra del siglo XVI, contemporánea, por cierto, del reloj de sol que puede verse debajo de ella, en edificio anexo que hace de sacristía.  


miércoles, 25 de noviembre de 2015

VENTANAS DE MANCILES


Una ventana eclesiástica

Dos cabezas para un hogar



¿Un hombre y una mujer?


Dos cabezas de madera en el alero y un dintel con inscripción

FOTOGRAFÍAS: En Manciles (Tomadas en noviembre de 2015). 


Si rebuscamos con paciencia en este ya repleto Cajón de Sastre, queridos amigos, nos encontraremos con viejas entradas dedicadas a Manciles. En una ocasión guardamos dos preciosos palomares del Siglo XVIII, en otra, hicimos lo mismo con un letrero anunciador de un mesón, fechado en 1739, y algo más adelante echamos al cajón una leyenda inscrita en el dintel de una ventana presumida que ponía “Viva mi dueño”. Todas esas curiosidades llevábamos guardadas de Manciles. Algo, sin embargo, nos había quedado de ver en este lugar de páramos. Ayer volví a pasear por sus callejuelas, detenidamente, bajo un agradable sol invernal y el manto pacífico de los pueblos callados. Fue así cómo descubrí nuevas y sorprendentes “cosas”, entre todas, dos ventanas, las dos con méritos suficientes para engrosar la larga lista de ventanas notables que aquí llevamos inventariadas. Una parece que alumbró a algún eclesiástico, a juzgar por el escudo con llaves cruzadas que campea sobre el vano (por eso la guardamos en el compartimento de las “ventanas eclesiásticas”). La otra es muy sencilla, apenas los cuatro sillares que la enmarcan, de buena labra, le dan una mínima personalidad; ocurre, sin embargo, que a uno y otro lado del vano, salientes del muro, pueden verse dos cabezas humanas de piedra, lo cual no deja de ser una singularidad. Una cabeza debe ser de hombre, pues parece cubierta con boina, la otra, debe ser de mujer. Pero, ¿quién puso las cabezas? ¿Qué historia se esconde tras ellas? Nadie me lo ha sabido explicar. Conjeturando, podríamos decir que fueron puestas por los constructores de la casa, quizá una pareja de recién casados cuando hicieron casa, de enamorados que estaban. Y en verdad, muy enamorados debían estar, porque sobre la ventana del desván, en dos saledizos del alero de madera, tallaron otras dos cabezas, quizá también las suyas, aunque aún mucho más toscas que las de piedra. Es una pena que los nombres grabados en el dintel de esta ventana,  bajo la sombra del alero, no se alcancen a leer; de poder hacerlo, sabríamos quienes fueron los enamorados que quisieron perpetuarse en piedra y madera.


Casona de Manciles, patrimonio en peligro
Qué pena.


martes, 24 de noviembre de 2015

LA DIABLA DE AHEDO DE BUTRÓN


En un esquinal del alero, una mujer de grandes y desnudos pechos

Su monstruosa figura puede llevar siglos en el alero

Un súcubo de grandes y desnudos pechos, gran boca,
enormes dientes, ojos saltones..., es La Diabla de Ahedo


FOTOGRAFÍAS: Saledizo en alero de Ahedo de Butrón. (Tomadas en octubre de 2015)


      Se encuentra tallada en uno de los saledizos esquineros que soportan el alero de una casa en Ahedo de Butrón. Es el busto femenino de una mujer monstruosa, con voluminosos pechos al descubierto, de gran boca, abierta y enseñando terroríficos dientes, y con ojos saltones. La inquietante figura recibe el nombre de Diabla, según se nos dijo en Ahedo, un nombre, en verdad, muy apropiado, pero que no lleva aparejado leyenda alguna, lo que no deja de ser extraño; quizá la leyenda se haya perdido, o que no encontramos a personas vivas que la conocieron. La talla-mascarón aparenta ser un súcubo, una figura erótica y a la vez demoníaca, sobrenatural, hecha por alguien con imaginación medieval, quizá como elemento protector de la casa contra fuerzas diabólicas, o, más probable, como reclamo de una casa de placer o lenocinio. Sea como fuere, por su monstruosidad, bien podríamos llamarla hoy La Diabla de Ahedo. 

       Hay que observar también que el viejo y auténtico saledizo fue imitado en otro alero, reproduciéndose con gran fidelidad, como puede verse en una de las fotografías que aquí se adjuntan. Pero tal imitación, al ser de tiempo más  moderno, no debe conllevar otro significado que el de un capricho o del intento de alguien para que la figura original perdure en el tiempo, pues se encuentra ya francamente deteriorada.


domingo, 15 de noviembre de 2015

NUEVAS ESCORIAS

Muro de iglesia en Los Ausines con escorias
en el mortero.

Escorias entre las uniones del sillarejo

Un caso más de una costumbre constructiva


FOTOGRAFÍAS: Escorias en Iglesia de Los Ausines (Tomadas en noviembre de 2015)

El 24 de enero de 2012, con el título “Escorias en el castillo”,  publicaba aquí una entrada que suscitó un interesantísimo debate entre los seguidores de este blog. El tema versaba sobre las escorias que, incrustadas en muros, en en el mampuesto de las junturas, pueden verse en algunos edificios históricos de Burgos. Ponía como ejemplos la iglesia de Vadocondes y el castillo de Huérmeces y prometí que cuando localizara más casos lo haría saber en este mismo Cajón de Sastre. Bien, pues ha llegado ese momento, acabo de descubrir, en la iglesia de un barrio de Los Ausines, un paramento cargado igualmente de escorias en la masa de las junturas. Por lo tanto, hoy puede decirse que Vadocondes y Huérmeces ya no son casos aislados. Seguiremos atentos a nuevos descubrimientos.