Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

miércoles, 15 de abril de 2015

LA ESCUELA DE BAÑUELOS, LOS NIÑOS IMPRESORES (VI)


Asistentes a las I Jornadas posan junto a la escuela

Imprimiendo como los niños de Benaiges

Enlazados para un homenaje 

Sombras proyectadas sobre otras sombras


FOTOGRAFÍAS: En la Escuela de Bañuelos. En La Pedraja (abril 2015, Sergi Bernal). 


           De esta manera titulé y publiqué, recientemente en este Cajón de Sastre, una serie de cinco entradas. Las guardé en el Cajón bien dobladitas,  con la sensación de haber acabado una obra sobre la que ya no habría de volver, como en tantas ocasiones y en tantos temas me viene sucediendo. Craso error. Hay algo magnético que te atrapa en la historia de Antonio Benaiges, el maestro que prometió el mar a sus alumnos y que no pudo cumplir con su promesa porque le quitaron la vida al pie de una fosa común en el Monte de la Pedraja, en 1936. Hay algo magnético, ya digo. La tela de araña creada en torno a la figura de este maestro ejemplar, su escuela y sus niños impresores es ya tan grande y envolvente que por mucho que uno lo intente no puede escapar. Así, su poder de atracción me llevó el pasado fin de semana a vivir las Primeras Jornadas de la Asociación Escuela Benaiges en Bañuelos de Bureba. Fue impresionante. Vi docentes llegados de distintas partes de España, de Cataluña, Madrid, Zaragoza... Vi a niñas y niños de cincuenta y más años imprimiendo con la técnica Freinet, ilusionados como los pequeños alumnos de Benaiges, esperanzados porque la escuela de Bañuelos va a ser recuperada como museo pedagógico, un destino digno en el que ni los más optimistas hubieran pensado hasta hace bien poco. Vi alegría e ilusión, mucha ilusión. ¿Y si esta escuela llegara a convertirse en un referente nacional, en un lugar de peregrinaje? ¿Acaso no lo es ya? La Asociación Escuela Benaiges, de Bañuelos, suma día a día nuevos adeptos y está consiguiendo cosas imposibles de creer para este humilde pueblo burgalés escondido entre lomas peladas.

Como complemento a las entradas anteriores dejo aquí un testimonio fotográfico de las primeras jornadas. impresionante fue lo vivido el domingo en torno a la fosa de la ignominia en La Pedraja: las palabras, los silencios, la canción dedicada, las sombras de los numerosos asistentes, cogidas de la mano y proyectadas sobre los enterrados, los familiares de Benaiges sintiendo aquel abrazo...


Una canción para Antonio Benaiges,
en el Monte de la Pedraja,
bajo su retrato.


martes, 14 de abril de 2015

EL DRAGÓN COMEPIEDRA, CUENTO



El cuerpo del dragón


Otra vista del dragón

No parece el dragón que fue

El dragón paralizado


FOTOGRAFÍAS: Obtenidas y manipuladas en abril de 2015

Durante muchos años el dragón Comepiedra atemorizó a los viandantes que osaban adentrarse en el desfiladero. Su enorme dentadura trituradora producía tan espantosos rugidos que hacían levantar la boina al más valiente.  Había comido gran parte de la montaña y no le era bastante. Cuando tenía hambre y pedía almuerzo, sus bramidos eran tan sobrecogedores que paralizaban la vida en la comarca. Tenía esclavos que le suministraban comida arrancada a la montaña, pero nunca se saciaba y pedía más y más piedra, su voracidad no tenía límite, parecía que quisiera comerse toda la sierra. “¡Chuletas de piedra, quiero más chuletas de piedra!”, pedía a sus esclavos a gritos y a todas horas. De tanto devorar, el estómago del dragón se resentía con frecuencia y violencia, vomitando entonces grandes guijarros de fuego al camino, con gran peligro para los arriesgados transeúntes que se veían obligados a pasar bajo su aliento.

La situación llegó a oídos del Rey, quien ordenó a su hijo, el príncipe Administraco, que pusiera remedio. Le dijo: “Hijo mío, tienes que ir a matar el dragón Comepiedra, nuestros súbditos nos lo demandan y además está dejando al reino sin la montaña que nos provee de caza. Llévate la espada mágica, la de papel envenenado, y cuando por la noche la bestia esté dormida y tenga la lengua fuera, se la clavas. Así lo hizo tu hermano Oficiacos con otro dragón que hace años asoló también el reino y con magníficos resultados”.

Obediente, el príncipe Administraco se posicionó una tarde detrás de unos peñascos hasta la llegada de la noche. Y cuando vio que el dragón había caído rendido, espatarrado sobre sus propios vómitos de piedra, se acercó sigilosamente y le hundió la espada de papel en la lengua, que tenía más de dos metros de larga y descansaba babeante sobre una losa. El dragón apenas si se despertó, de tan letal que era el papel envenenado, ya nunca más volvería a comer montañas. Su enorme cuerpo quedó allí tendido hasta que el rey ordenó que le abrieran las carnes de piedra y que sajaran su perversa alma. Desde entonces, su esqueleto fue disminuyendo poco a poco, ante la dolorida mirada de la montaña herida.


Falta lo que comió el dragón

Su apetito fue insaciable


miércoles, 8 de abril de 2015

TEJEROS LLANISCOS EN BURGOS, LOS HOMBRES DEL BARRO

           
Valle de Ardisana, tierra de tejeros

Una tejera sin actividad en el Valle de Ardisana


FOTOGRAFÍAS: Valle de Ardisana. Vibaño. Tejera de Pino de Bureba. Cubillo del Campo (Tomadas en abril de 2015). Fotos de época en tejera de Pino de Bureba (posibles de los años cincuenta, cedidas por Carmen Balmori en Vibaño). 

Pino de Bureba, Quintanabureba, Briviesca, Cabañas de Virtus, Condado de Valdivielso, Cubillo del Campo, San Mamés de Abar, Villalibado..., son nombres que recuerdan a laboriosos asturianos que trabajaron el barro en Burgos durante más de un siglo, quizá dos, quién sabe si más. Decir tejeros en estas tierras es sinónimo de asturianos. No hay tejera en la provincia que no esté asociada a tejeros asturianos. Cuantas veces me encontré con tejeras abandonadas en los pueblos burgaleses, cuantas veces me hablaron de ellas, indefectiblemente salían a relucir asturianos que las regentaron o las trabajaron. ¿Y quiénes eran aquellos asturianos que trabajaron el barro en Burgos, haciendo tejas y ladrillos sin descanso? ¿Y por qué quienes desarrollaban el oficio de tejero eran asturianos y no de otras regiones de España? ¿De qué lugar o lugares de Asturias procedían, acaso de toda Asturias? Eran preguntas que muchas veces me hice, en realidad cada vez que me encontraba con las ruinas de una tejera. Ahora, por fin, mi ignorancia no es tanta. Sin habérmelo propuesto, en un reciente viaje al Concejo de Llanes con un grupo de amigos, fui a dar al corazón mismo de los tejeros, al centro geográfico irradiador del cual salía cada año legión de hombres del barro en distintas direcciones.

MADREÑEROS EN INVIERNO, TEJEROS EN VERANO

A finales de abril se producía la diáspora, los pueblos se quedaban sin hombres, las mujeres y los niños quedaban solos y compraban en las tiendas de fiado hasta la vuelta de maridos y padres. De Llanes, de Posada, del Valle de Ardisana... En el invierno los hombres hacían almadreñas para venderlas en los mercados, era su pobre modo de vida, y con la primavera salían hacia las tejeras que conocían, o que se iban a montar, de león, de Palencia, de Cantabria, de Burgos... Unos iban ya contratados, por ser conocidos de otros años, otros a la aventura. A veces se desplazaban en tren, a veces en bicicleta, incluso había quien lo hacía andando, todo dependía de las épocas y las posibilidades. Era gente sacrificada. Podían salir en cuadrilla, o un padre con hijo o hijos para iniciarlos, o en solitario por atajos de cajoneiros y afiladores. A últimos de abril se despedían de esposas y madres hasta el otoño. Lo expresaba muy bien Manolo, un vecino de Malatería: Los hombres se marchaban y las mujeres quedaban al cuidado de lo que quedaba del campo, unas patatas, unas alubias..., y los animales, tres o cuatro vaquinas de leche. Mi madre quedaba con los hermanos menores pal colegio, que ya te digo, éramos siete, y los mayores se iban. Marzo o abril marchaban, y en octubre o noviembre volvían”.



Vibaño, lugar de madreñeros y tejeros


TRABAJANDO CON LAS ESTRELLAS

Ya en las tejeras de Castilla ninguna comodidad les esperaba, solo el polvo de las barreras, el implacable sol de la meseta y largas jornadas de trabajo, que se prolongaban no de sol a sol, sino desde las últimas a las primeras estrellas. En algunas tejeras ni siquiera un lugar o chamizo donde dormir les esperaba, las primeras tejas eran para hacerse un techado, y como colchón, trozos de césped arrancados de donde lo había. Así era en los primerizos días en las tejeras más humildes. Y sin embargo, era gente alegre y cantarina, lo dicen aquellos que les vieron trabajar semidesnudos. Y tenían su particular manera de hablar, su jerga, que llamaban “la xíriga”, la que desde hace algunos años encomiablemente se recoge y enseña en Llanes para que no llegue a perderse; los tejeros más veteranos son los que orgullosamente la enseñan. Es una jerga que fue utilizada con la misma intención que la que guiaba al habla de los canteros, o de los caldereros ( Bron), o de los zapateros (mansolea)..., guardar secretos profesionales o de otra índole, autodefensa, despistar al man (el amo)... “procurábamos hablar pa que la otra gente no nos entendiera. [como los canteros] sí, y como los caldereros. Los caldereros también tenían su jerga, yo oí algunas palabras”. Crearon su mundo oculto con el habla, sin por eso llegar a ser ninguna secta.


IMÁGENES DE TEJEROS EN PINO DE BUREBA


Tenían cocinera los hombres del barro


Algunos eran casi niños

No les faltaba el buen humor

Trabajaban de estrellas a estrellas

Trabajaban semidesnudos

Entre ellos debían hablar en xíriga

Tejas para secar

Tejas al sol

Ladrillos dispuestos en el horno


Sacando tierra para hacer el barro




CERÁMICA SAN MARTÍN, DE PINO DE BUREBA

No hay que buscar mucho por la zona de Llanes para encontrar teyerus (tejeros), están por todos los lados. Pude encontrarlos en Poo, en Posada, en Vibaño, en Los Callejos, en Malatería... Pero me interesaba alguno que hubiera trabajado en alguna tejera de Burgos, y eso tampoco fue tarea difícil, pues encontré algunos que trabajaron en la de Pino de Bureba, una de las más importantes de la provincia. Decir Pino de Bureba en tierras llaniscas es nombrar un destino seguro de los tejeros asturianos. Con más de un siglo de antigüedad, la gran “Cerámica San Martín” es ahora un sitio solitario y desolado. Dejado de producir tejas y ladrillos hace más de veinte años, abierta a todos los vientos, sufre el mal de la expoliación y la ruina. Seguro que si Evaristo Concha, a quien encontré en Vibaño y que durante tres años trabajó como encargado en esta tejera, la viera en su estado actual de deterioro sentiría melancolía, no en vano el barro de aquí fue durante mucho tiempo el pan de su familia, como también lo fue de gente del mismo Pino y Cornudilla. Impresiona ver ahora el emporio tejero sin actividad, con los secadores vacíos, los hornos apagados, las techumbres derrumbándose, los taludes de barro recordando extracciones pasadas. ¿Dónde quedan los cientos de camiones cargados de ladrillos y tejas que de aquí salían, dónde los cuerpos semidesnudos bajo el sudor ocre del barro? En cierto modo, Evaristo Concha fue un privilegiado entre los tejeros que llegaron de Asturias a Pino, pues durante algún tiempo (1958, 59 y 60) le acompañaron su mujer y su hija y tenían su propia vivienda para alojarse. Carmen Balmori, su esposa, no trabajaba el barro, solo miraba cómo aquellos hombres que hablaban la xíriga “trabajaban de luz a luz; con las estrellas se levantaban y con las estrellas lo dejaban... Se iban a la cama a las tantas de la noche, y a veces, en medio de la noche, había que cargar un camión enorme que venía de hacer ruta en dirección a Bilbao”.



Aspecto actual de la tejera de Pino de Bureba, antigua "Cerámica San Martín"





Tras el cese de actividad llega
             el abandono y la ruina.

¿Molino de tierra?

Bocas de horno en tejeras


TEJERAS DE CUBILLO DEL CAMPO

          Antes de trabajar en la de Pino de Bureba, Evaristo Concha, siguiendo una saga familiar de tejeros y siendo casi un niño, estuvo en otra tejera de Burgos, concretamente en una de Cubillo del Campo: “La tenía un señor que tenía un bar que estaba en la carretera general [de Burgos a Soria]. No me acuerdo cómo se llamaba aquella venta. Yo estuve allí, tenía catorce años, así que sería en 1952..., ya llovió”. Por sus palabras, parece evidente que Evaristo se refiere a una tejera que hubo justo enfrente de la venta que se encontraba a la entrada de Cubillo. Hoy la venta, nacida en 1876, como se expresa en una inscripción en el dintel de entrada, y que tantos carreteros serranos alojó, se encuentra cerrada, en realidad está así desde hace aproximadamente 60 años; y de la tejera apenas si se pueden ver algunos restos. Pero la huella de Evaristo quedó impresa en aquel barro burgalés.


Cubillo del Campo.
En primer término se pueden apreciar los restos una tejera 

Una venta a la entrada de Cubillo, junto a la carrtera

Dintel de la entrada a la venta.
Luce un porrón y un queso, más una data: 1876.


          Y no fue la tejera de la carretera la única que hubo en Cubillo del Campo. Hubo otra más antigua, perteneciente al Concejo de este lugar, de cuya presencia apenas si quedan algunos túmulos y hondonadas cubiertos de verde césped, así como restos de ladrillos y tejas desparramados aquí y allá en superficie. Sobre lo que fue el horno ahora se levanta el depósito de aguas de Cubillo. Es más que probable que quienes trabajaron el barro en esta tejera fueran, en algún momento, igualmente asturianos, pero no tengo constancia segura de ello. Dos ancianos que la conocieron en activo me contaron que disponía de un solo horno, que servía también para hacer cal, y que este se alimentaba con leña de encina que los mismos vecinos llevaban con carros de bueyes. Me contaron también que, por ser la tejera del municipio, los que la trabajaban estaban obligados a entregar 40 tejas a cada vecino cada año.



Huellas de la antigua tejera municipal de Cubillo del Campo.
 En el lugar que ahora ocupa el depósito de agua
se encontraba el horno. 


Los llaniscos fueron tejeros hasta que se produjo la gran emigración de los años sesenta a los países europeos, Alemania, Suiza, Bélgica... Desde hace algunos años, Evaristo y otros veteranos tejeros reviven sus tiempos del barro enseñando la xíriga en Llanes, incluso han llegado componer y editar un diccionario de esta lenguajerga, la que debió escucharse en las tejeras de Burgos durante muchos años. Pero esa sería otra historia. 

Con mi agradecimiento a los llaniscos
Carmen,  Evaristo, Nacho, Pancho y Manolo. 



lunes, 6 de abril de 2015

DELICIAS ROMÁNICAS DE LA BUREBA, LA SIRENA Y EL SIRENO DE SOTO


Sirena y sireno entrelazados


FOTOGRAFÍAS: Portada de los Sueños en Soto (Tomadas en abril de 2015)


Se necesita tiempo para digerir toda la magia, simbolismo y belleza que encierra la increíble portada románica de Soto. Durante más de una hora, a la que he de sumar otros tantos momentos vividos delante ella en otras ocasiones, permanecí hipnotizado el vienes pasado contemplando cada una de las escenas de piedra que contiene. Me pasa siempre que contemplo esta portada de ensueño. Y es que la mirada de uno se trasfigura yendo de una moldura a otra, de una figura a otra, tratando de comprender sin conseguirlo los juegos oníricos del artista románico que debió enloquecer en su magistral obra. Por su fuerza magnética y porque algo me sugería, me entretuve especialmente en la escena de una pareja de sirenas entrelazada por sus colas. Dejando aparte el contendido sexual que pueda tener, que eso han de aclararlo los especialistas en simbolismo y mitos del arte románico y medieval, yo veo algo más cercano y prosaico. Veo dos sirenas, o mejor, una sirena y un sireno en plan pareja de hecho. La primera parece ofrecer peces a su amado sireno, seguramente en prueba de cariño o sumisión hacia él, y el segundo, en lugar de agradecer la muestra de afecto parece blandir una cachiporra con la que amenaza a su mujer escamada. No será así, pero lo parece. Si así fuera, estaríamos ante el primer caso conocido de violencia de género entre sirenas.

Para acompañar la escena, os regalo, queridos amigos de este Cajón de Sastre, con otras dos bellezas de esta portada de los sueños, la arpía y el unicornio, cada una de las cuales, por su originalidad, necesitaría de un docto comentario. Disfrutadlas y soñad.



Especie de arpía

El unicornio




lunes, 23 de marzo de 2015

UNA VENTANA DEL XVI EN FRESNO DE RODILLA



En una humilde ventana, un derroche de elegancia

FOTOGRAFÍA: Ventana en la iglesia de Fresno de Rodilla (Tomada en marzo de 2015)


Hacía tiempo que no abría el cajón de las ventanas y me ha costado esfuerzo. Han chirriado los goznes, como en el castillo antiguo, pero al fin lo he conseguido. Al levantar la tapa me he encontrado con ese montón de reliquias apretadas, abigarradas, que fuimos guardando sin ningún orden. Afortunadamente, he vuelto  a comprobar que el compartimiento sigue igual, rebosante de arte y siglos, un revoltillo que nada ni nadie ha podido hacer que se inmute. Sigue limpio, sin polilla y sin telarañas, inmaculado como las sábanas del arcón de la abuela, pese al tiempo trascurrido desde que le abrimos por última vez, allá al empezar enero. Menos mal, parece que Internet, de momento, conserva muy bien.  Pero ha de llegar un día en que tendremos que poner orden en este oscuro ventanero, por si las moscas. Mientras tanto, guardamos una nueva ventana, una reliquia que hemos encontrado en la iglesia de Fresno de Rodilla. El arco carpanel y la decoración con follajes la delata como ejemplar del siglo XVI. Se encuentra en la parte baja de un pórtico de esta época que protege la espléndida portada gótica de la iglesia. La luz que pudo entrar por esta ventana debió servir para alumbrar la escalera de caracol que sube al campanario, todo un lujo de arte renacentista para una luz ya apagada. 


Pórtico con un tesoro en la iglesia de Fresno


domingo, 15 de marzo de 2015

UNA SIERRA DE AGUA EN QUINTANILLA DE VALDEBODRES



Un alarde de conservación.

Todo por una rueda movida por el agua

Sin academia, sin planos, inteligencia natural

El arte de hacer engranajes con dientes de madera

Volante y sierra, el único jmetal

Carro con cepos para sujetar las maderas que se iban a serrar


FOTOGRAFÍAS: Sierra de agua en Quintanilla de Valdebodres (Tomadas en marzo de 2015)

Decir sierra de agua debe ser lo mismo que decir sierra hidráulica. Como “sierras de agua” las encontramos citadas en documentos y libros antiguos, mientras que lo de “hidráulica” parece más un cultismo de última hora. Si seguimos el Diccionario de Pascual Madoz veremos que allá donde se relacionan estos artefactos se dice sierras de agua. Y así vamos a llamar a la que, en día reciente, descubrimos en Quintanilla de Valdebodres.

Ya lo he dicho en anteriores ocasiones, la nunca suficientemente ponderada "rueda hidráulica", con su tosco y estruendoso girar, movió los más dispares artilugios y complejos fabriles que precedieron a la era industrial. Molinos, batanes, norias, mazos, martinetes, sierras de agua, aserraderos, primeras fábricas de luz, etc., fueron accionados por la gran rueda, en un principio de madera y después de hierro. Es difícil encontrar un salto de agua en Burgos que en su día no fuera aprovechado para cualquiera de los artefactos mencionados, y son muchos los saltos de agua existentes en esta provincia. Pero su época de gloria pasó, el vapor y la electricidad hizo que cayeran en el olvido, las ruedas de madera se pudrieron y las de hierro el orín se las llevó. ¿A todas?, no, a todas no. En 1993 escribí notas de una sierra de agua que por entonces sobrevivía en Aldea del Pinar, en un edificio que hacía a la vez de molino harinero. Pedía entonces la restauración del conjunto, pero no sé qué habrá sido de él. Años más tarde, en 2013, guardamos en este Cajón de Sastre otra sierra de agua que funcionó en el molino de Escuderos.

La sierra de agua de Quintanilla no fue un aserradero industrial, como los muchos que hubo en tierras de pinares, sino más bien una oficina particular creada para la autosuficiencia de su constructor (aunque esporádicamente llegara a atender en ella encargos puntuales de ajenos, como la elaboración de ataúdes para vecinos fallecidos y alguna otra  urgencia). Su constructor, Félix López, padre del laureado inventor José Luis López Gómez, debió ser una de esas personas de inteligencia natural que no necesitaron pasar por universidades para desarrollar con ciencia los oficios que le eran necesarios en el medio natural en el que vivía. Aprovechando el torrente salido de una cueva en el mismo pueblo, Félix, con su sola intuición y la ayuda de un rodete de hierro movido por el agua, llegó a construir, hacia 1925, una sierra con todos los útiles necesarios para su funcionamiento. Entrar hoy en esta oficina de sierra es sumergirse en la noche de los tiempos, en un reino inventivo donde la madera domina el espacio, donde ejes, engranajes y correas cuentan cortes y aventuras pasadas. Es una suerte que la familia haya conservado este singular museo, y que nos lo haya mostrado. Gracias.    


Sierra de agua en Escuderos


miércoles, 11 de marzo de 2015

EL BALCÓN MODERNISTA DE PAMPILHOSA


Maravilla modernista en Pampilhosa.


FOTOGRAFÍAS: Balcón modernista en Pampilhosa. Fábrica de cerámica de Pampilhosa. Muestrario de baldosas que se produjeron en la fábrica. (Tomadas en 2008). 


Revolviendo en mis archivos, cada vez más profundos y ya totalmente ingobernables, he encontrado hoy una serie fotográfica de hace años. La obtuve fuera de nuestras fronteras, concretamente en la población de Pampilhosa mientras hacía tiempo esperando la llegada del tren que habría de llevarme a Oporto. Un paseo por los alrededores de aquella estación portuguesa me llevó a rondar por edificios fabriles abandonados junto a las vías, supuse que testigos de una época de esplendor en esta ciudad de azulejos y baldosas.
En aquel paseo descubrí una casa cercana al pie de una carretera. Tenía los cristales rotos y un jardín abandonado, bien se veía que en ella no vivía nadie desde hacía tiempo. Tenía también un maravilloso balcón de hierro con increíble decoración modernista, bajo el cual y sobre azulejos pude leer el nombre de Villa Rosa. Era una imagen decadente, pero a mí me sugería que debió pertenecer a algún notable empleado cuando la gran fábrica de  cerámica estuvo a pleno rendimiento. No sé a vosotros, queridos amigos, pero a mí estos complejos fabriles de finales del XIX y principios del XX (arqueología industrial llamamos ahora), con sus poblados ya vacíos y su arquitectura de entre siglos, me producen hondas sensaciones. Me pasa en Arija también.
Todos sabéis, por otro lado, de mi tardía afición por las ventanas notables de la provincia, muestra de cuyo desvarío es el ya apretado compartimento del baúl donde he ido guardando todas las que me han salido al paso en mis excursiones. Y todos conocéis también mi otra debilidad, la del art noveau, nacida de mis frecuentes viajes a Bruselas y de cuya expresión he dejado aquí notables muestras. Por eso me vais a permitir que  hoy guarde el extraordinario balcón art noveau de Villa Rosa. Que lo disfrutéis. 


Fábrica de cerámica abandonada. 

Muestrario de cerámicas de la vieja fábrica.



domingo, 8 de marzo de 2015

A LA MUJER TRABAJADORA EN EL 8 DE MARZO


Mujer cavando una finca de patatas



FOTOGRAFÍAS: Mujeres trabajando en campos de Burgos. (Tomadas en 1995 y 2007) 

Memorias de Burgos se suma hoy al reconocimiento de la mujer trabajadora con dos imágenes captadas en el medio rural. Por regla general, las mujeres de las que tengo memoria trabajaron bastante más que los hombres a lo largo de sus vidas, y siempre por menos.


Mujer amontonando la hierba segada

jueves, 5 de marzo de 2015

EL NAVEGANTE DE PIEDRAHITA



Escudo en Piedrahita de Juarros

Leyenda en el escudo


FOTOGRAFÍAS: Escudo en Piedrahita de Juarros. (Tomadas en febrero de 2015)


Lo que pretendía aquel día era conocer si aún se conservaba en Quintanilla del Monte la Casa de la Hermandad de Montes de Oca, donde, según el Diccionario de Pascual Madoz, se guardaba mediado el  XIX el Archivo “con todos los documentos, antiguos y modernos, correspondientes a dicha Corporación”. Vana pretensión, pues nada encontré de aquello, ni siquiera un pequeño recuerdo. Y es que a veces mi optimismo no tiene límites. Pregunté a un vecino,  entrado en años y salido de las soledades mañaneras, por la casa y la Hermandad. “¿La Casa de la Hermandad? No, no he oído nada. Como no sea una que hay ahí arriba...”. Me llevó a la parte alta del pueblo, hasta un conjunto edificado de pobre traza donde parte de un arco de piedra parecía recordar a una casa de cierta nobleza ya desaparecida. Tal vez pudo ser el acceso a la casa de la Hermandad, pero al carecer de más datos, lo dejé en el aire. Quizá vuelva en verano, cuando en Quintanilla haya más vecindario y alguien ilustrado o muy mayor pueda aportar alguna noticia. 


Arco de piedra en Quintanilla del Monte,
resto de la posible casa de la Hermandad de Montes de Oca.

Así, sin casa y sin archivo, salí de Quintanilla y me perdí por una carretera que habría de llevarme por pueblos con apellidos sorprendentes: de la Sombría, de la Solana, del Invierno... ¡Ah, la toponimia, tan sugerente siempre, tan maravillosa! La ruta me hizo pasar también por Pidrahita de Juarros, donde tuve que parar en seco al ver, empotrado en adobón, un gran escudo en una construcción que ni casa se podía llamar. Me pareció evidente que el escudo estaba fuera de su ubicación original, por lo que sentí curiosidad y me acerqué para  tomar fotografías. Que fue así cómo llegué a descubrir la leyenda que ha dado motivo a estas líneas. Tallada con letras propias del siglo XVII, dice así:

“AGUAYO PASÓ LA MAR, LARGAS TIERRAS Y HONDOS MARES,
MATÓ CON MANO SUYA, LA CABEZA Y LA PROFIA DE LOS QUE ERAN INMORTALES”

          Se me ocurre que si no es parte de un poema, se  lo parece. En todo caso, sugiere también que el portador de las armas del escudo debió ser alguien de Piedrahita, o de su entono, que navegó, algún Aguayo que mató allende los mares, que se sentía orgulloso de ambas cosas  y que por eso mandó tallar la leyenda al pie. Tema interesante para investigar, o para el inicio de una novela.