Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

sábado, 24 de noviembre de 2018

LA CARTA MANUSCRITA


Sobre para carta voladora

FOTOGRAFÍA: Sobre para carta en avión

De casi me da un patatús. Ayer abrí el buzón de la correspondencia (quizás habría que decir hoy de “la publicidad y apercibimientos”) y me encontré con una carta escrita de puño y letra y con bolígrafo. No os imagináis, queridos amigos, la emoción que sentí, pues hacía mucho, mucho tiempo que no recibía una carta personal tradicional, de las de antes, con sello y remitente en el reverso del sobre incluidos. Acostumbrado como estoy a recibir solo comunicaciones de bancos, recibos de compañías de gas y electricidad, del ayuntamiento o aseguradoras, con la impersonal escritura de ordenador y sin ningún calor humano, encontrar en el buzón esta joya me emocionó hasta el punto de que yo mismo me animé y la contesté de puño y letra y a bolígrafo. Y si os digo la verdad, amigos míos, cuando escribía se apoderaron de mí sentimientos encontrados. Alegres por un lado, porque, por culpa de las nuevas tecnologías que nos comieron, era la primera vez en muchos años que respondía de esta manera, y tristes por otro, porque comprobé que mi letra ya no era la misma, me di cuenta de  que había perdido destreza en el arte de escribir a mano. No digo que lo hiciera con letra de médico (¡que eso sí es arte!), pero vi que, de no usarla, mi grafía se había convertido en algo desconocido, creo que en una sucesión de garabatos bárbaros, inseguros y mal alineados. 
Ahora me pregunto cómo será una carta de amor escrita a través de un correo electrónico sin franqueo alguno. No lo puedo imaginar, aunque quizá esas cartas ya no se escriban.
  

miércoles, 21 de noviembre de 2018

LIENZOS DEL ABANDONO, ARTE DE POLVO Y ARAÑAS

Tejidos del abandono

Telas de harina y arañas 

Revuelto de sueños 


FOTOGRAFÍAS: En la vieja fábrica de harinas de Villarcayo. Tomadas en marzo de 2014 


Primero fue polvo de harina en el molino, en suspensión mientras la fábrica trabajaba. Después la fábrica se paró, sus canalones, motores y correas enmudecieron para siempre y el polvo se apoderó del tejemaneje de las arañas, ¿o fue al revés? Fuera como fuere, lo cierto es que ese hermanamiento dibujó sueños colgantes que, en mis desvaríos, me parecieron lienzos de consumado artista. Nunca semejantes colgajos lucirán en una pinacoteca, lo sé, por eso los acojo y guardo en este Cajón de Sastre, donde quizás alguna araña informática siga tejiendo en la oscuridad.


lunes, 19 de noviembre de 2018

VENTANA DE LOS AZULEJOS EN ESPINOSA DE LOS MONTEROS

Asomábase la señora de la torre entre bellos  azulejos...
¿Qué significaban las ventanas, que tanto se adornaban?

Torre de los Azulejos en Espinosa de los Monteros
¿Habrá otra tan bella?


FOTOGRAFÍAS: Torre de los Azulejos (febrero de 2012 y gentileza de Miguel Moreno)

        Dentro de la  magna colección de ventanas burgalesas que aquí llevamos guardada no podía faltar este elegantísimo ejemplar, cuya mayor originalidad es la de tener una colección de azulejos, de personalidad mudéjar, rodeando tres de sus lados. Pertenece a una de las numerosas torres que existen en Espinosa de los Monteros, la que, por dicha decoración, se conoce como Torre de los Azulejos.
        Dicho esto, siento la obligación de entonar un mea culpa, pues en la entrada que aquí guardamos el 10 de diciembre de 2015, con el título de “VENTANAS DE ESPINOSA DE LOS MONTEROS”, consignábamos la principal de esta torre (siglo XVI) y olvidamos su joyita lateral, quizá porque en el momento de nuestra visita las sombras de la tarde y de los árboles hicieron que nos pasara desapercibida.
        Guardada queda y que la disfrutéis.
  

viernes, 16 de noviembre de 2018

EL PEÑON DE GETE, DONDE JAN FORE GRABÓ SU NOMBRE



A la sombra del Peñón de Gete se reunían los pastores


Junto a un camino, en un robledal


Jan Fore quiso inmortalizar su visita 
También Julito

FOTOGRAFÍAS: Peñón de Gete (Tomadas en octubre de 2018)

        Últimamente se divulgan afloraciones rocosas en distintos lugares de Burgos a las que se concede el mérito de ser sacras y además celtas. Suelen ser peñas de roca arenisca que destacan sobre los pastizales, de manera  abundante en los bajíos de la Peña Carazo. Aunque yo, tan incrédulo como Tomás (o más), me permito poner en duda ambas cosas ¡y mira que me gustaría que fueran ciertas! No habiendo ninguna inscripción aclaratoria, resultan elementos poco fiables algunas simples cazoletillas o concavidades y escalerillas talladas, que pudieron haber sido hechas por pastores de cualquier época, por eremitas del medioevo (tan presentes en la zona, San Marcos, Peña Rota, Peña Aguda...), o simplemente ser de carácter natural y producto de la erosión. Sin ser un experto, tampoco algunos fragmentos cerámicos encontrados en alguna de las peñas me parece motivo suficiente para catalogarlas como peñas sagradas y celtas. Cuántas veces yo mismo he encontrado, en distintos lugares de la provincia, promontorios rocosos en cuyas cúspides se encuentran cazoletas naturales que pueden llamar al engaño. Si ser peña destacable en el terreno ya es mérito para ser sagrada (con lo que esta denominación conlleva) entonces tendríamos un vasto territorio lleno de santuarios, fueran de pueblos turmogos o de otras culturas pretéritas. Y si esto hubiera sido así, entonces entre todas se llevaría la palma el llamado Peñón de Gete, un imponente y solitario testigo rocoso, de unos doce metros de altura y unos ocho de perímetro, que sobresale majestuoso en el robledal, como una pirámide maya en las selvas del Yucatán, justo en la divisoria de los términos municipales de este pueblo y Villanueva Carazo. Un majestuoso peñón que nunca hubiera pasado desapercibido para quien ideara llevar a cabo servicios rituales. Como no pasó desapercibido para los pastores de siempre, pues al girar sobre sí mismo en perfecto acuerdo con el sol, siempre proyecta acogedoras sombras, en uno o en otro de sus lados. Imaginaos, queridos amigos de este Cajón de Sastre, las siestas de los pastores de Hacinas, Villanueva y Gete, en este lugar y al arrullo del enjambre que vive en el piso de arriba sin más pretensión que la de hacer miel. Siestas sagradas, cuando el calor más apretaba y las ovejas formaban ovillo.
        Cosa aparte serían los grafitis del lado del sol naciente. Una “pizarra” como aquella por fuerza tuvo que ser golosa para la escritura grabada y para que los que una vez estuvieran al pie del Peñón desearan  dejar constancia de su admiración. Esto debió ser lo que llevó a un tal JAN FORE a escribir su nombre en el año de 179? ¿Jan Fore?, ¿pero qué clase de nombre es este? Jan es de uso normal en Paises Bajos, Noruega o Polonia, entre otros, pero, ¿y entonces, quién fue esta persona, de dónde procedía y cómo llegó hasta el Peñón de Gete?  Estaría dispuesto a aceptar que me dijerais, queridos amigos, que fue cualquier profesional, un agrimensor o un geólogo, por ejemplo, que inspeccionaba y estudiaba el terreno aledaño a la Peña Carazo a finales del siglo XVIII. Pero creo que  sería una especulación de complicado trazo. Dejemos, entonces, volar la imaginación y construyamos cada uno de nosotros la historia que más nos guste en torno al grafitero Jan.