Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 30 de agosto de 2018

UNA ALEGRÍA EN HUIDOBRO

La iglesia en su privilegiada atalaya

Imagen de la restauración (2018)

Su aspecto en 2007

FOTOGRAFÍAS: Iglesia de Huidobro (Tomadas en 2007 y 2018).

         Interrumpimos la emisión del Gran Norte para dar cuenta de una buena noticia. Tras muchísimos años en estado deplorable, tanto que amenazaba su total ruina, la bellísima iglesia románica de Huidobro luce ahora restaurada. No sé si por dentro, porque no llegué a acceder al interior, pero sí por fuera, con cubierta nueva, puertas de acceso también nuevas y reparos de las partes agrietadas o ruinosas. Ayer, tras largo y umbrío paseo desde Villaescusa de Butrón a Huidobro, pude ver cómo se había obrado el milagro. Es de suponer que por la intercesión de los organismos, Junta, Diputación, Iglesia y pueblo, aunque esto no lo sé seguro, quizá haya sido más por los réditos de los aerogeneradores. En todo caso, ¡ya era hora! Al parecer debe llevar casi un año restaurada (¡y yo sin enterarme!). Pues nada, felicitaciones a todos y aquí os dejo la nueva imagen. ¡Ah!, y olvidémonos de aquella entrada de 3 de marzo de 2010 en la que denunciábamos el estado de abandono de este emblemático monumento.   

domingo, 26 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (III) VIVANCO. VENTANAS EN LA TORRE DEL ABAD

Torre del Abad con casa adosada

Ventana gótica y blasonada en la Torre del Abad

FOTOGRAFÍAS: Torre en Vivanco (Tomadas en agosto de 2018)

Si esta torre se perdiera,
como suele suceder,
no es del rey ni de la reina,
ni siquiera de un marqués,
que es de todos los burgaleses
que lamentarían mucho perder.

        Perdonadme la broma, querido amigos de este Cajón de Sastre, al haber asociado un exlibris de cosecha propia con esta magnífica torre de Vivanco, conocida como la “Torre del Abad”, que de no recibir los cuidados que le son necesarios podría dar en ruina como ha sucedido con tantas torres y castillos de la provincia. Aún estamos a tiempo de que esto no suceda. Torres y castillos son el patrimonio histórico que más caracteriza nuestra tierra castellana, diría más, deben estar en nuestro ADN. Y siendo así, ¿por qué no lo dignificamos?, o más grave: ¿por qué lo abandonamos? No digo que esta torre esté hoy abandonada, que no lo debe estar, pero todos conocemos ejemplos de  cómo por la falta de cuidados y de uso muchos monumentos de siglos pasados, que hoy consideramos fueron y son patrimonio de todos, se han ido degradado hasta llegar al punto de ser irrecuperables. Ojalá este no sea el caso y alguien tome las riendas para una digna conservación.
        La fotografía de una ventana de esta torre, que como ya dije me fue enviada por un buen amigo, me llevó al contacto físico con el monumento. No me explayaré en lo que sentí cuando ante mis ojos, tras haber accedido por un umbrío camino del barrio de Cantonad, apareció el impresionante torreón iluminado por el sol del mediodía, ¡qué espectáculo, amigos! Jamás olvidaré el mágico momento. Como tampoco olvidaré las maravillosas ventanas góticas, blasonadas, tanto tiempo sin abrir que podrían ser siglos. Me hubiera gustado quedarme allí hasta encontrar a alguien que me informara de quienes fueron los últimos habitantes de la torre y de la casa de gran arco adherida, hasta cuándo estuvieron y cómo fue su vida allí, pero la espesa soledad en aquel lugar no parecía que pudiera cambiar, al menos en breve tiempo. El sitio de la torre de Vivanco es uno de esos que cuesta abandonar, de los que te vas con la sensación de que quizá no vuelvas más, y en los que te gustaría detener el tiempo. Pero tenía mucha ruta por delante, de modo que tomé buena nota de las ventanas, las grabé en la retina para siempre y me fui con gran pena.  

Continuará. Próxima parada: Medianas y otros


De obligada conservación

Elegancia gótica


sábado, 25 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (II) NOCECO. EN LA CASA DE LOS BUSTILLO

 


Cuando los carros de bueyes entraban en la casa
de los Bustillo
Bustos de los fundadores de la casa

Retrato de Timoteo Bustillo López,
hijo de los fundadores y
Diputado a Cortes a finales del XIX

Calor humano finisecular en la casa de los Bustillo


FOTOGRAFÍAS: Casa de los Bustillo en Noceco. (De época y tomadas en agosto de 2018)


            Sin haberlo pretendido, bien podría decirse que esta entrada es continuación de otra anterior publicada en 2010. Una concatenación de circunstancias viene a demostrar que a veces los caminos se juntan.


Dejo Bisjueces, con sus ventanas y legendarios jueces, y sigo ruta, camino del valle Mena, para ser exacto, camino de Vivanco, donde espero encontrar una bellísima ventana, de gran antigüedad, que mi buen amigo y compañero de excursiones, Miguel Moreno, me hizo llegar en su día. Tenía la fotografía de Miguel, no era mala, o por mejor decir, era muy buena, pero estaba descontextualizada y por ello creí necesario conocer el edificio que la albergaba. Y allí me dirigía cuando, al pasar por Noceco (¡otra vez Noceco!), pude ver, al pie de la carretera y una vez más, una casona del siglo XIX que tantas veces ha llamado mi atención por su belleza. No sé cómo, pero de refilón, sobre la marcha, pude ver dos bustos oscuros en sendas ventanas-hornacina de su fachada principal que nunca antes, lo reconozco, había observado, uno a cada lado del gran balcón central. Me detuve, aquello me pareció de gran interés, ¿pues acaso no era tema ya tratado aquí el de las ventanas con cabezas humanas de piedra? Lo era, recordemos las de Arroyal, Manciles, Baltanás..., con sus cabezas esculpidas, torpemente, más bien, ejemplos todos de cómo los hacedores o fundadores de casas desde antiguo han querido trascender más allá de su momento. Caras o bustos de mujer y de hombre, efigies del matrimonio que, orgullosamente, quiere dejar sentado el triunfo de hacer o haber hecho casa. Noceco, pues, era un caso más, solo que de mayor belleza que las citadas (digo belleza y no antigüedad, pues la de Arrroyal es una noble casa del S.XVI, mientras que las demás mencionadas son más modernas). Un letrero anunciaba junto al gran edificio el apellido Bustillo, linaje ilustre en Noceco cuyo máximo exponente debe ser Timoteo Bustillo López, hijo de los fundadores de la casona cuyos bustos (¿en bronce?) comentamos. Diputado a Cortes en los postreros años del siglo XIX, Timoteo fue uno de los tres mecenas a cuyas expensas se erigió, en 1906, la imponente iglesia de Noceco (ver entrada en este blog “Noceco: siguiendo la ruta indiana encontré una catedral -25 de noviembre de 2010-)”.Sin llegar a traspasar la rejas protectoras de la casa, frente a la entrada principal, un amable y joven  miembro de la familia Bustillo, que por esos días veraneaba en la finca, declarado amigo de la Historia, tuvo la gentileza de atenderme y mostrarme un retrato del Diputado, y no solo eso, también un sencillo cuadro con cuatro fotografías de época bajo cristal, de esas que hacen temblar las manos a quien las sostiene, como es mi caso. Una parte de esta documentación gráfica, queridos amigos de este Cajón de Sastre, es la que aquí os dejo para que sintáis, en la medida de lo posible, la emoción que yo mismo sentí.

Continuará. Próxima parada, Vivanco

miércoles, 22 de agosto de 2018

DE RUTA POR EL GRAN NORTE (I) LAS VENTANAS DE BISJUECES

La torre de Bisjueces, probablemente transformada,
pero con una ventana que pregona su nobleza

Elegantes líneas en una ventana de
"La Torre" de Bisjueces

Bella ventana en casa adyacente
a la torre de Bisjueces

Ventana con arcos geminados y mixtilineos (desapareció el parteluz)
 en otra casa adyacente a la torre de Bisjueces.
A juzgar por su escudo, debió pertenecer a algún eclesiástico.


FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Bisjueces (Tomadas en agosto de 2018)

        Como la niebla, el verano, con su sol abrasador, (el Rey de Amarillo, como gusta decir a mi amiga Rosa Cruz) es también paralizante para mí, no hay quien me mueva de la sombra y el botijo. Sucede sin embargo, que llega un momento en que te dices: “o te despegas ahora que en los pueblos puedes encontrar a alguien, que te diga y que  te cuente algo de lo que buscas, o si no, ya sabes lo que te espera, el largo invierno con los pueblos en estado catatónico, sin un alma visible con la que pegar la hebra”.  Es lo uno o lo otro, el sol y el ruido veraniego o la desolación. Y en esto pensaba cuando decidí que ya era hora de dejar la tumbona, coger el coche e inventar una ruta; la  inacción me estaba causando una sensación de culpabilidad, ciertamente. Tenía muchos lugares pendientes de visitar para encontrar nuevas ventanas, aunque ya se sabe, uno va por la provincia en busca de una cosa y te salen cientos y de variada temática, que así de afortunada es Burgos. Ahora, y desde hace varios años, mis ojos están puestos en las ventanas singulares, como bien sabéis, queridos amigos de este Cajón de Sastre, pero no desdeño y tomo nota de otras curiosidades que van surgiendo en el camino, en los caminos. Esta es la secuencia de un viaje alucinante por una parte del Gran Norte, quiero decir del norte de la provincia de Burgos. Empiezo a contaros lo que vi:

PRIMERA PARADA EN BISJUECES, LA TORRE IGNORADA


        Llama la atención en este lugar con resonancias de jueces legendarios, en el mismo centro del pueblo, una torre convertida en casa para turismo rural. Su nombre comercial es “La Torre”, y no falta razón para ello, pues en verdad el edificio parece una torre, se ve de lejos que lo es. Entonces, ¿cómo se explica que en las grandes publicaciones de temática castellar y torrera se haya ignorado su existencia? No lo sé. Esta torre se encuentra, destacando por su altura, en una línea de varias casas con cierta nobleza, cada una de ellas digna de una minuciosa investigación y todas con bellas y nobles ventanas, que son las aquí dejo.



Continuará. Próxima parada, Noceco


lunes, 6 de agosto de 2018

UNA CASA NEORROMÁNICA EN MONTORIO



Honorio Melgosa cumplió su sueño 


Elementos de indiscutible apariencia románica

Un conjunto armonioso

Una espectacular visión


FOTOGRAFÍAS: "La Casa de Honorio", en Montorio. (Tomadas en julio de 2018).  

        Hay quien nace artista y no lo sabe. El burgalés de Montorio, Honorio Melgosa, lo es, pero no presume de ello. Por el contrario, habiendo construido una casa de ensueño, digna de un cuento fantástico, apenas lo pregona. Honorio quiso hacer una casa para vivir y por poco no le salió una iglesia. Sin ser un profesional de la arquitectura, ni tampoco de la cantería, diseñó una idea arquitectónica hecha piedra que hoy es motivo de gran asombro y admiración para quien la contempla. Honorio asegura que no pretendió hacer con su obra algo parecido a un templo románico, y sin embargo, es indiscutible que respira arte románico por cada una de sus poros. No es la obra de un heterodoxo,  de alguien que practica el Art Brut, desde luego que no, la Casa de Honorio (porque así habría que llamarla siempre), nacida en una era de  trillar fuera de uso, es algo más serio y donde un eclecticismo lleno de lirismo domina los ambientes. Su afición por el románico, quizá devenido por sus estudios de Historia del Arte, que le llevó a visitar iglesias y ermitas románicas por toda la provincia de Burgos, e incluso fuera de ella, debió ser el origen de su onírico sueño.
        Hace veinticinco años, cuando aún trabajaba en Madrid, como empleado de Telefónica, decidió comenzar su obra empleando vacaciones y fines de semana. Primero de todo fue encontrar la piedra, y por eso recorrió lugares sin cuento hasta dar con la que creyó más conveniente, la Burgalesa de Quintanaloma y Loma, donde compró algunos edificios en ruinas, y la segoviana de Sepúlveda, dos tonalidades diferentes y queridas para el embellecimiento y el contraste. Después fue crear la estructura de hormigón donde depositar el sueño que vivía en él, sobre planos aprobados por el arquitecto de turno. A continuación llegó la parte decorativa, y ahí es donde Honorio dio rienda suelta a su imaginación y creatividad artística, tallando con maestría y paciencia elementos tan característicos del arte románico como arcos de medio punto con sus arquivoltas, canecillos, capiteles, ajedrezados, dientes de sierra..., todo un mundo de piedra esculpida al estilo medieval para cubrir paramentos y cornisas. Y entre todo, destaca la cúpula circular y calada, que sin haber sido la intención del montoriano, ha de recordarnos a los cimborrios o cúpulas-linterna de las grandes monumentos románicos o cistercienses.
        Estamos, pues, ante un sueño hecho realidad de un hombre tenaz que se planteó un reto y que lo ha cumplido con creces, un sueño en el que, desde hace ya diez años, todos podemos integrarnos. Habrá puristas que no lleguen a comprender la casa que parece jugar al “engaño”, como yo tampoco comprendo que sea una gran desconocida, pero si me lo permitís, queridos amigos de este Cajón de Sastre, por mi parte le doy una alta calificación, como se la di a otras obras de neorrománicos burgaleses que han ido apareciendo en este blog. Que la disfrutéis. 


viernes, 3 de agosto de 2018

REAPROVECHAMIENTOS


Caseta de transformación reaprovechada en Escalada
Una torre olvidada y condenada a desaparecer en El Vado

Un dujo en lo que pudo ser entrada a la torre de El Vado


FOTOGRAFÍAS: Caseta de luz en Escalada. Dujo en la torre de El Vado (Tomadas en julio de 2018)


        Pasear por nuestros pueblos nos lleva a encontrarnos con curiosidades como las que aquí comento. Primera de dos: una caseta de trasformación eléctrica, probablemente de la energía procedente de la cercana fábrica El Porvenir de Burgos y que durante muchos años dio luz al pueblo de Escalada, después de su abandono por falta de uso,ha vuelto a prestar servicio haciendo de palomilla para distintos  cables de distribución moderna. La cosa tiene su lado poético, pues es como si los voltios, tal que seres vivos cuando viven, hubieran vuelto al lugar natal de sus exiliados hermanos. El nostálgico reencuentro en el vacío de la caseta es una convergencia cuando menos curiosa.
        La segunda curiosidad la encontramos cerca a Medina de Pomar, concretamente en El Vado, una de sus pedanías. Aquí, en el gran vano de una  torre medieval junto al río Nela, tapiado desde vaya usted a saber cuándo, luce, embutido, un solitario dujo de colmena. Quién le iba a decir al señor de esta torre que dicho vano, que pudo ser el principal acceso a su casa, iba a tener un final tan prosaico.