Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 1 de diciembre de 2011

EL OLOR Y LA LUZ DEL VIEJO MOLINO

Junto al río Urbión. 

El imperecedero olor de la harina. 

El orín del tiempo y el abandono en el rodete.  

FOTOGRAFÍAS: Garganchón. Quintanaopio. Argote. Cantabrana. Jaramillo Quemado. (Tomadas entre 2007 y 2010).

Alguna vez he comentado aquí que siento especial debilidad por la arqueología industrial, quizá sea por esta revolucionaria y desbocada época que nos toca vivir. La conmovedora tecnología de un artefacto del pasado, una simple y solitaria polea de trasmisión colgada del techo de un telar apagado, el olor a vieja grasa expelido por las ruedas dentadas de una máquina que enmudeció para siempre por obsoleta, y alguna otra cosa tan humilde, pero tan evocadora, son señales, pequeños indicios que nos trasladan en el tiempo. Y ya que os he hablado de olores, os hago otra confidencia: el olor de los viejos y olvidados molinos es uno de mis perfumes favoritos. El edificio harinero puede llevar siglos abandonado, incluso podrá estar arruinado, o incluso quemado, pero a poca construcción que quede en pie, ese perfume de la molienda permanece, y permanecerá siempre, impregnado en cada piedra. Posiblemente sean cientos los molinos que en mejor o peor estado se conserven en Burgos a lo largo y ancho de nuestra geografía y a orillas de ríos y arroyos. Pero hoy, queridos amigos y seguidores de este Cajón de Sastre, permitidme que os hable de uno muy especial cuya ubicación, por motivos que vais a comprender, voy a eludir. Su tecnología es igual que la de todos y por eso no vamos a incidir en ella, nada especial descubriríamos. Su interés radica en que es el único caso que conozco que conserva la instalación de una dinamo para producir luz, seguramente la primera luz eléctrica que conoció el pueblo al que perteneció el molino. Acoplada mediante poleas a la maquinaria hidráulica, esta instalación, rústica donde las haya, es toda una lección de cómo los molinos cumplieron también la función de centrales eléctricas. La instalación de la que os hablo me hizo recordar a Santos Ibeas Prado, aquel entrañable e inolvidable electricista de la calle Laín Calvo que conoció los albores de la luz eléctrica en Burgos, aquel operador de los desaparecidos cines Parisiana y Avenida, aquel mago de la luz que, entre una y otra instalación en la capital y entre proyección y proyección en los cinematógrafos, encontraba tiempo para ir por los pueblos instalando dinamos en los molinos, llevando su milagro a los pueblos que se lo pedían, ¡qué gran obra la suya! ¡de cuántos sueños realizados fue culpable!

Para dos piedras. 

Pero el molino del que os hablo tiene algo más que la instalación eléctrica acoplada, conserva también todos los elementos que eran necesarios a la molienda y a la familia molinera. Sumidos en la oscuridad y arrullados por el salto de agua, como lo dejó el último molinero, entre telas de araña cubiertas de telas de araña, conforman un mosaico de gran valor etnográfico. Pesas, celemines, cuartillos, romana, báscula, incluso normativas para la molturación clavadas en alguna viga..., todo un alarde de conservación. Hoy todo lo guarda una colonia de murciélagos que viven en el piso de arriba. ¿Hasta cuándo?


Polea, correa y dinamo. 

Dinamo e interruptor. 

Interruptor de cuchilla y voltímetro. 

Pesas. 

Medidas.

Corazón del molino. 


Medida y rasero. 

Romana. 

Correa de transmisión y dinamo.
Recuerdos de la normativa para la molienda.  

Guardianes del molino. Viven en el piso de arriba.


1 comentario:

  1. Estas imágenes nos hacen viajar en el tiempo.
    Debió de ser un molino muy importante,porque no le falta detalle.

    Muy acertado lo de no dar pistas, aunque hayas dado alguna.....Es la norma principal de los amantes de los lugares abandonados,para que no los saqueen los desaprensivos.
    Te dejo un enlace que me fascina:

    abandonalia.blogspot.com

    Muchas gracias por tanta belleza.
    Un abrazo.

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