Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 5 de abril de 2013

MOLINO PANIZARES, UNA FRUSTRACIÓN LLAMADA “GÉNESIS”


Lugar del Molino Panizares.
Arriba, el legendario Puente del Hoyo. 

Caserón inacabado de tres plantas.
Sustituyó al viejo molino.

Surgencia del molino.
Junto a ella, el gran edificio
que iba a ser destinado a viviendas
de los panaderos.

Enfrente del caserón estaba la fábrica. 

Saqueada hasta la extenuación, la fábrica u obrador
agoniza tras un breve momento de esplendor.
Nada recuerda ya a "Génesis".

FOTOGRAFÍAS: Molino Panizares en Barrio Panizares (Tomadas el 30-3-2013).

Por ningún lado encuentro el significado de panizares, ni siquiera el de paniza o panizar. Quizá, panizo, pudiera aclararnos algo, pero me pega que el maíz no fue una planta cultivada en este territorio loreño-burgalés, pedregoso y petrolero. A mí, que queréis que os diga, queridos amigos de este Cajón de Sastre, me suena más a pan que a otra cosa. En fin, sirva esta divagación para situarnos en Barrio Panizares, pueblecito junto al río Rudrón que en su día llegó a tener cuatro molinos harineros, uno de ellos, el conocido como Molino Panizares, famoso ya por las historias escritas en los torrentes de agua que impulsaron sus rodetes. Podría empezar por contaros que a finales de los sesenta del pasado siglo, en mi loca actividad espeleológica, llegué a conocer en este molino a un matrimonio burgalés retornado de Europa (no recuerdo bien si de Bélgica o de Holanda) que se estableció en él buscando una vida natural lejos del mundanal ruido. En los descansos, entre exploración y exploración de cuevas y torcas de la zona, compartimos animadas charlas en el sitio molinar, allí donde el río Hurón se transforma en Rudrón tras su agitada  experiencia subterránea, bajo el natural y legendario Puente del Hoyo, el de la serpiente come-niños.

Aquel matrimonio vino a ser la primera experiencia que conocí en Burgos de alternativos que buscaban formas de vida nueva lejos de las ciudades, los primeros soñadores que creyeron ver en los pueblos su lugar en el mundo. (Más tarde llegarían otros  alternativos, “jipies” se les llamó, al norte de Burgos, pero esa puede ser harina para otra historia). Vivían en el viejo molino del hoyo, que acondicionaron con mucho mimo, surtiéndose de luz eléctrica con un pequeño generador que ellos mismos instalaron aprovechando el  torrente de una surgencia nacida al pie de la montaña y del molino. Todo aquello, el lugar aureolado de leyenda, la forma de vida independiente, el rumor del agua entre montañas, con tres torrentes distintos, me parecía un enmarque de  ensueño. Y ciertamente debió ser muy bonito para mis amigos mientras duró. Pero la soledad, ay, es dura para quien no tiene vocación de ermitaño. En aquel hondón, cuando el sol se va, las sombras producen escozor en el ánimo, y los nuevos “molineros”, que a lo que se ve no eran eremitas, se fueron. Creo recordar que el hombre se metió en política, y que incluso llegó a ser senador, sinuosidades de la vida. Y el lugar quedó abandonado.


La obra inacabada es ahora presa de grafiteros.

El caserón pudo llegar a tener cuarto de baño.
Ahora puede verse un equipamiento de pega.

Ignoro lo que sucedió con aquellas instalaciones desde que mis amigos del molino se fueron hasta que, al inicio de los ochenta, llegaron otros repobladores, con mentalidad “verde” y que se sintieron absorbidos por el nacedero del río Rudrón. Un grupo de gente joven, soñadores nuevos que creyeron en un proyecto original que les iba a permitir sobrevivir en el medio natural, la elaboración y distribución masiva de pan integral. Durante años trabajaron sin cuartel para construir el gran caserón que hoy podemos ver vacío y abandonado, sueños rotos. No debieron ser gente perezosa, muy al contrario, uno se llena de sudor al ver el sólido edificio de tres plantas que llegaron a levantar, hormigón y ladrillo a raudales donde antes solo había piedra de páramo, más un humilde molino de pueblo. ¡Cuantos esfuerzos, cuántas ilusiones se adivinan en la obra inacabada!


Desde uno de los salones puede verse
 el legendario Puente del Hoyo.

“Génesis” era la marca del pan que llegaron a elaborar, primero en Villaverde (Madrid), mientras se construía el edificio para viviendas y centro de reunión del grupo, después, en la fábrica que magníficamente equiparon, la misma que también hoy puede verse junto al gran esqueleto, pero ya igualmente abandonada y metódicamente saqueada. Todo un conjunto fantasmal ahora, desoladores restos de una quimera frustrada. La llamaron “Génesis!, perfecta definición para el comienzo de la nueva vida que soñaron.



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7 comentarios:

  1. Faustino Calderón5 de abril de 2013, 14:26

    ¿Que pasaría con el viejo molino?
    Me encantó el reportaje amigo Elias.
    Saludos.

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  2. ese sitio es un sueño que tendrá un buen final dejar de dar mal de ojo que no se lo merece

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  3. No creo que tenga nada que ver con males de ojo. Quizá sea más una cuestión de responsabilidades. A ver si tienes razón y llega un día con final feliz para este lugar maravilloso.

    Un saludo

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    Respuestas
    1. ¿Final?, no sé; pero continuación feliz, sí. Todavía hay muchos sueños, muchos deseos y muchas llamas sin apagar, que están comenzando a dar el brillo que ese lugar se merece.Doy fe.

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    2. Suena bien lo que dices, amigo Anónimo. Quedamos a la expectativa.

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  4. Estoy haciendo un proyecto de investigación sobre arquitectura hidráulica del norte de Burgos. Te importaría decirme Elías de que año es este molino?

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  5. Hola Aarón. Siento decepcionarte, pero no sé de cuándo data este molino. Según el diccionario de Pascual Madoz, en Barrio Panizares existían cuatro molinos. Lo más probables es que uno de ellos sería éste.


    , aunque pienso que ´se de qué.

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