Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

domingo, 11 de agosto de 2013

EL MOLINO DE ESCUDEROS, HARINA JUNTO AL PUENTE

                                                                                        

Puente de piedra sobre el río Arlanza.

Edificaciones del molino de Escuderos.

Aliviadero del cauce junto al puente. 

Cinco ojos para cuatro piedras de moler.

En las entrañas del molino.

Compuerta para el rodete que movía la dinamo
 productora de luz eléctrica.
Cuadro con voltímetro y amperímetro, más un
interruptor de cuchillas.
Arqueología de la luz. 
vía
Limpia para separar las impurezas del grano.


FOTOGRAFÍAS: Granja-molino de Escuderos (Tomadas en mayo de 2013).

También podríamos intitular este artículo como la Granja de Escuderos, pues de las dos maneras se conocía, y aún se conoce, al conjunto de edificaciones localizado a orillas del río Arlanza, al sur de Santa María del Campo, junto al viejo puente de piedra. Os hablo, queridos amigos y seguidores de este cajón de Sastre, de un antiguo núcleo de población cuyo término, en la actualidad, está integrado en el de Santa María, pero que en origen pudo haber tenido su propia autonomía. Aunque no es la historia de este lugar con resonancias medievales lo que me guía hoy, para lo que carezco ahora de documentación, sino el molino por el que Escuderos es más conocido.

Antes de que nos metamos en harina, sin embargo, me gustaría haceros una confidencia: a lo largo de mis años de peregrinaje por todo el territorio burgalés, fueron muchas las veces que llegué a pasar por Escuderos, y siempre con ganas de detenerme, pues tanto me atraía el lugar. Hacía promesas, sí, un día volveré y me detendré, pero son de esas promesas que se hacen en los regresos y que van quedando atrapadas por otras historias. En fin, Escuderos tiene esa imán que te llama, sea por su nombre sugerente, sea por la magia de su maravilloso puente, o por la aureola de incertidumbres históricas y arqueológicas que lo envuelven, tal como la necrópolis antropomorfa que salió a flote hace algunos años cerca de la ermita. A mí me atraían también la corriente del Arlanza, cargada de leyenda, su molino y un sorprendente conjunto de palomares en el alto, al que en otra ocasión habré de referirme.

Así, en junio de este año, tras la mediación de gente amiga (gracias, Uqui, gracias, Elena), pude por fin, acompañado de mi esposa, visitar el Molino de Escuderos. Adolfo Calleja Arribas, uno de los propietarios y una de las memorias de la familia, fue quien nos acompañó en el recorrido por las instalaciones y quien nos proporcionó jugosos datos históricos y de funcionamiento. Procede decir cuanto antes que el molino, cuya maquinaria se conserva como el último día de actividad, hace apenas 30 años, tenía un extenso campo de acción, ya que abarcaba moliendas para un buen número de pueblos; llevaban sus granos a moler Villangómez, Villafuertes, Villahoz, Zael, Mahamud, Torrepadre, Quintana del Puente, Villafruela, entre otros. Se recuerda también a los carreteros de la sierra que, a su paso por Escuderos, camino de Valladolid y cargados de madera, hacían un alto en el molino y aprovechaban para moler algún saco de trigo, lo cual hacía más rentable el largo viaje. 

En realidad, más que molino, casi podría decirse fábrica de harinas, pues eran nada menos que cuatro las piedras que rendían con la fuerza hidráulica del  Arlanza y sus cuatro rodetes. Digo cuatro rodetes, con sus correspondiente compuertas, pero aún había un quinto, sin piedra, que era el que daba impulso a una dinamo generadora de electricidad para el autoabastecimiento del caserío. Fue en sus orígenes uno más humilde, uno entre los cientos de pequeños molinos existentes en la provincia de Burgos, de una o dos piedras, y no se encontraba en el emplazamiento actual, sino pegado al puente. Según refiere Adolfo Calleja, nuestro guía, a finales del siglo XIX, tras la Desamortización, fue la familia Calleja, entre cuyos miembros se encuentran personas de gran renombre, como el editor Saturnino Calleja y el compositor del himno de Burgos, Rafael Calleja, los que se hicieron con la propiedad y la pusieron en renta. Un Calleja también, Ángel Calleja, arquitecto que trabajó en el alzado del palacio de la Diputación de Burgos, fue quien dirigió la construcción del actual molino, y un nieto de este último, Enrique Calleja, padre de nuestro guía, fue quien empezó y llevó el peso de la actividad en él. La sombra del apellido Calleja, pues, parece alargada en este lugar del Arlanza.

Como ya he advertido, también se conoce al reducido caserío como Granja de Escuderos (aunque “granja, lo que se dice granja, no es”, según Adolfo Calleja), y hubo un tiempo en el que sus habitantes trabajaron como renteros. Entonces vivían cinco familias; había escuela (se recuerdan hasta 16 niños escolarizados), hornera comunal y ermita, quizá la que pudo hacer de iglesia. Y como sucede en las buenas granjas, diversificaba su economía, contando para ello, además de las fincas cerealistas, con amplia bodega y lagar, eso cuando las viñas abundaban en la vega (“Toda la vega eran majuelos”, según Adolfo); se llegaron a almacenar en esta bodega, que “tuvo vías y vagonetas para carga y descarga”, hasta 3000 cántaras de vino para la venta; más tarde, al desaparecer la vid, se abrieron varias piqueras y fue transformada en silo para cereal, llegando a constituirse en Comarcal. 

Contaba también el Molino de Escuderos con un aserradero, conocido como “Serrería del Molino”, que competía con los de Torrepadre y Antigüedad, y  se beneficiaba cortando y vendiendo madera propia (vigas, tablas y verjillas) y dejando que otros cortaran la suya. 

No puedo finalizar esta sucinta reseña molinar sin hacer una nueva llamada a quien corresponda para que molinos tan bien conservados como el de Escuderos, llámese Pampliega o Sordillos, y otros que significaron tanto en las economías de amplias zonas de Burgos, de los que ya hemos hecho referencia en este Cajón de Sastre, sean puestos en valor y pasen a constituirse en un atractivo patrimonial para el disfrute de todos.


2 comentarios:

  1. Hacia mitad del siglo XVIII es Juan Montoya, natural de Santa María del Campo, casaso con Ángela Modrón , de Mahamud, quien regenta dicho molino.
    En 1792 es Juan de Espiga (el apellido no puede ser más apropiado) quien firma un compromiso de molienda de los granos recogidos en Mahamud y Santa María del Campo. Para ello, se obliga a recoger dos días a la semana los costales de trigo y devolverlos (tanto en el caso de recogida como en el de entrega ha de pasar en el peso del concejo), previa sisa o maquila ya estipulada-dos libras por arroba- convertidos en harina limpia, a los que, a través del concejo, lo han solicitado. “Lo primero que he de venir como va dicho o enviar a mis criados desde el dicho molino a esta villa por costales de grano para moler…” “Ytem que si en el intermedio de un año por el que hago esta obligación hubiere falta de molienda por esterilidad de agua o abundancia de ella después de los vecinos de esta dicha villa de Santa María del Campo han de ser preferidos los de esta de Mahamud, siempre que vayan a moler a dicho molino aunque haya prisa de molienda de otros lugares que no estén obligados…” Juan de Espiga se obligará con sus bienes a respetar y cumplir todo lo exigido en la carta de obligación, hipotecando como garante las caballerías que posee y utiliza para su trabajo.
    AHPB. Protocolos 1559-1. Goyo Ortega

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    1. Muchas gracias, Goyo Ortega, por tu interesantísma aportación al tema. Es este el tipo de comentarios que todos agradecemos.

      Un cordial saludo

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