Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

lunes, 24 de febrero de 2014

LA ESCUELA DE SAN ANTONIO, EN EL BARRIO DE SANTA CLARA



Calle del Doctor Fleming
Josechu mira hacia donde estaba el colegio de San Antonio.
Al fondo, la casa natal  del pintor Román.

Calle de Santa Cruz
Los maristas de San Antonio vivían en el último piso
de la casa del centro.

Acceso a la calle del Doctor  Fleming.
Hubo un tiempo que estuvo cerrada al tráfico,
con una tapia donde está  ahora el paso de cebra.
Enfrente del edificio grande estaba la
escuela de San Antonio.


FOTOGRAFÍAS: Barrio de Santa Clara en Burgos. (Tomadas en febrero de 2014).


No hace mucho que un seguidor de este Cajón de Sastre, que había visto en la entrada “El Burgos de mi infancia” una cita sobre el colegio de San Antonio, ya desaparecido, me preguntaba dónde se encontraba este centro escolar. Han pasado un par de meses desde aquella consulta y hoy ya lo puedo decir con exactitud (digo con exactitud porque mis recuerdos eran vagos al respecto; en honor a la verdad, en algún momento llegué a pensar que esos recuerdos eran más producto de un sueño que de una realidad). El asunto se convirtió en un reto para mí. Así, un día de la pasada semana, me planté en la calle de Santa Clara y pregunté a toda gente mayor que pasaba; era por la mañana, cuando l@s jubilad@s salen a comprar y hacen corrillos en las aceras. No exagero si digo que interrogué a más de veinte personas; pero el colegio de San Antonio era una niebla del pasado, se recordaba como algo muy lejano, difuso. A más de medio siglo de su desaparición, cada persona interrogada contaba su versión, cada uno ubicaba el colegio en un lugar y eran raras las coincidencias. Sólo cuando encontré a José Antonio Calderón (“Josechu”), industrial que fue en Santa Clara, pude saber la localización exacta, y algún detalle más para la memoria del barrio y de la ciudad. Josechu, además de vecino de Santa Clara (8O años viviendo en el mismo lugar) fue alumno en San Antonio, y por ello sus indicaciones fueron las que definitivamente tomé como válidas. Me contó que el colegio se encontraba en lo que ahora es calle del Doctor Fleming, antigua Héroes de la División Azul, en el edificio donde ahora se encuentra la taberna de Tanín. Hoy, esta calle está abierta al tráfico, pero cuando la escuela se hallaba en funcionamiento, se encontraba cerrada por un tapial, aunque con accesos al colegio y a diversos negocios que había en lo que entonces hacía de patio escolar. Adosado a la escuela, cuenta Josechu que había un industrial que, mediado el siglo XX, se dedicaba a la venta de gasógeno, y un poco más adelante un taller de camiones, y haciendo esquina con Santa Clara, un almacén de vinos y licores de Carcedo. Así mismo y siguiendo con la descripción de industrias, el antiguo alumno recuerda en la  acera de enfrente la “carbonería de  Vivar”.

En lo que se refiere a la escuela propiamente dicha, la memoria de Josechu nos habla de un edificio de dos plantas con cinco aulas de 40 y más alumnos cada una. Era regentada por los hermanos maristas, aunque no era tan elitista como la del Liceo Castilla, pues aquí se mezclaban alumnos acomodados con otros de extracción más humilde. Aquellos hermanos maristas vivían en una casa de la calle de Santa Cruz, en el último piso, desde el cual y antes de construirse un gran edificio enfrente (circa 1960), vigilaban a los chicos del colegio cuando se encontraban de recreo en el patio.

Josechu me prometió rebuscar entre sus recuerdos alguna fotografía de cuando pasó por San Antonio, pero no estaba seguro de encontrarlas. Si en algún momento puedo disponer de ellas las insertaría. 

La memoria de la ciudad está ahí, esperando ser recuperada. Escuelas, cines, iglesias, comercios, industrias... todo lo que se fue y algo significó se conserva en la memoria. Habrá un día que no. 

15 comentarios:

  1. Buenas noches, Elías Rubio Marcos:

    Al leer en tu entrada lo que dices en el pie de la foto,”Al fondo, la casa natal del pintor Román”, he recordado los dibujos de los Programas de Fiestas de 1935 y 1951, en los que aparecían dibujos de su padre.
    Los románticos no abundan, así que se me ha ocurrido preparar un post, a modo de pequeño homenaje a nuestro paisano burgalés y en recuerdo a su familia de artistas.

    Saludos

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    1. Me parece estupenda tu idea de homenaje al artista Román. Muchas gracias por el comentario.

      Saludos cordiales

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  2. Buenas días
    A través del blog de Gelu he conocido su blog y me permito enviarle este enlace para acceder a lo que escribió mi padre, Agustín Merino, acerca de la escuela de San Antonio:
    http://elblogdesoraustringiliana.blogspot.com.es/2014/02/el-libro-de-mi-padre-y-el-colegio-de.html
    Un saludo

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    1. Muchas gracias por su comentario y la documentación que aporta. Aunque, a la vista de ella, tengo la duda de si estamos hablando del mismo colegio marista que estaba en Santa Clara.

      Un cordial saludo

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  3. Buenos días, Elías Rubio Marcos:

    He encontrado esta información de la historia de los colegios de los
    HH.Maristas – Burgos
    Parece que no viene referencia a ninguno en la calle Santa Clara.

    Saludos.

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  4. En realidad, el colegio escuela de San Antonio no estaba en Santa Clara, sino en lo que ahora es Dr. Fleming. Pero bueno, esto ya lo había dicho.

    Saludos y gracias, Gelu.

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  5. El colegio tenía la entrada por la calle Santa Clara. Pasando la pequeña manzana del Juarreño hacia Las Casillas, habia un callejon y seguidamente una entrada a un patio grande, entrando en el cual y a mano derecha había un edificio de 2 plantas con 4 clases y una capillita, que era el colegio.

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  6. Muchas gracias por la información.

    Un saludo.

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    1. Yo fui al Colegio San Antonio.Se quemó en fechas anteriores a las Navidadesde de 1963 o 64, no recuerdo con exactitud.En todo caso todos los alumnos pasamos a Liceo Castilla. Se impartian clases hasta lo que entonces se llama "Ingreso" , esto el curso anterior a iniciar el Bachillerato(hasta los 10 años).Soy de Burgos, aunque llevo muchos años viviendo fuera y naci en el año 1955

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  7. En efecto, llama la atención que en la página web de los HH. Maristas no citen a este colegio de San Antonio como parte de su historia en Burgos. Por este pequeño colegio pasaros miles de estudiantes, la mayoría del entorno de este barrio de Burgos y, sin embargo, no queda apenas rastro de su existencia. Es verdad que a ello contribuyó su incendio en el invierno de 1964 a causa del fuego producido por las estufas de serrín y al almacenamiento de este producto en el ático del edificio... Aun recuerdo que los propios alumnos contribuíamos a montar, encender y recoger los restos de estas estufas. Como se ha dicho, en las cuatro aulas del colegio se impartían los cuatro cursos anteriores al bachillerato de entonces, por lo cual, los alumnos veníamos a tener de entre 4/5 a 8/9 años. El colegio contaba con un extenso patio con algún nogal y castaño y un cobertizo para los días de lluvia. Aún conservo una foto aérea de la época (del Servicio Cartográfico del Ejercito), donde aparece el colegio. También conservo muy buenos recuerdos de esa época en el San Antonio.

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  8. Muchas gracias por el comentario, sin duda muy enriquecedor.

    Un saludo

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  9. Próximo a mi jubilación y recopilando recuerdos de mis días de escuela, encuentro este blog. Colaboro con la redacción de mis propios recuerdos de ente centro.

    "Mis recuerdos se definen un poco a partir de los seis años, con mi llegada al colegio San Antonio situado en la calle Santa Clara. Este era un colegio que pertenecía a la congregación marista y era una versión restringida para niños pobres del influyente colegio Liceo Castilla, por aquel entonces representante de la flor y nata de la enseñanza en la ciudad de Burgos. Los profesores que nos daban clase allí también lo hacían en el Liceo con lo que la enseñanza era realmente muy buena. Tendría ya 6 años y estuve en ese colegio bastantes meses. Recuerdo su patio rodeado de una tapia y con árboles. Allí me hice amigo de Jesús González, amistad hoy mantengo aunque en larga cuarentena por la distancia. Allí descubrí maravillosas imágenes de animales, paisajes, experimentos... todo ello gracias a las fascinantes filminas que nos proyectaban. Recuerdo orgulloso el momento en que el hermano que nos tutelaba nos permitía, después de interminables semanas con el lápiz, iniciar al manejo de la pluma. Aún veo los antiguos tinteros cilíndricos encajados en los agujeros de nuestras viejas mesas de madera pareadas, el cuidado reverente con que encajábamos las plumillas y el primor con que escribíamos en nuestros nuevos y flamantes cuadernos de caligrafía. Allí aprendí las tablas de multiplicar y a leer, aunque probablemente en casa mi madre hiciera de maestra amateur con mucho gusto y nos enseñara por su cuenta como hizo con mi hermano Javi, al que enseñó tan bien, que logró plaza en un colegio a plazo cerrado al demostrar al director que era capaz de leer perfectamente un libro colocado al revés.
    La última imagen de aquel colegio permanece nítida en mi retina. Era el invierno de 1964 y se acercaba la Navidad. Mi madre nos había arropado con el modesto abrigo, el pasamontañas y la bufanda. La noche anterior había nevado. En las calles aún permanecían recortes de nieve en las aceras. Cuando llegamos al colegio nos encontramos un pequeño caos y desorden. Había mucha gente y algunos camiones. Vimos las ventanas ennegrecidas por el humo y cómo unos hombres arrojaban los pupitres humeantes a la calle. Aún ascendían pequeños columnas de humo desde las ventanas y algunos puntos del tejado. Me pareció ver mi mesa asomar arrastrada sobre el poyete de la ventana y, con un último impulso de un par de manos robustas, caer escandalosamente sobre el montón de pupitres desvencijados y rotos. Sorprendido miré a mi madre. Uno de los hermanos habló con ella. Nos daban vacaciones anticipadas. El colegio sería derruido. Intentarían buscarnos acomodo en el Liceo Castilla, pero hasta el siguiente trimestre deberíamos estar en casa...
    Fueron unas largas e inesperadas vacaciones. A partir de enero nos dieron la oportunidad de ingresar en el Liceo Castilla y nos concedían una beca, pues el colegio era de pago. Mis padres aceptaron y supongo que, pese a la beca, tuvieron que hacer muchos sacrificios para poder mantener nuestra plaza. Allí pasé el resto de mi infancia y mi paso por ese colegio tuvo gran repercusión en el resto de mi vida.
    Pero eso, es ya otra historia.

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    1. Es un testimonio precioso, por los datos que se aportan, y emotivo por el calor humano que desprenden. Seguro que a más de uno le va a emocionar.

      Muchas gracias y un cordial saludo

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  10. Por cierto, en el archivo del fotógrafo Villafranca existen algunas imágenes del colegio.

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