Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

martes, 7 de marzo de 2017

LA NUBE, LA SENDA DE LA LUZ


Ruinas del molino de Hoyos del Tozo

Palomillas que acogieron la luz
salida del molino



FOTOGRAFÍAS: Molino de Hoyos del Tozo (Tomadas en febrero de 2017). Central de Robles sobre el río Rudrón (Tomadas en 1973 y febrero de 2017). 
                                           

Sueños de humanos, Aire, primero llenaron nuestros caminos celestes de voltios, invisibles, vertiginosos, y ahora vuelven a competir con nosotros formando nubes repletas de ocurrencias nuevas. Nube, llaman a la primera que han creado. Pero que no te confundan, compañero Aire, si acaso la vieras, que sepas que no es de las mías, ni como las mías, es incipiente y ya es oronda, es invisible, como la electricidad atómica, y me resulta difícil sortearla, parece estar en todas partes, incluso en los días rasos. Algún día tendremos que pleitear con esta usurpadora de nuestro espacio. ¿Te refieres Lluvia a esa nube que dicen que no da truenos, ni agua, ni chispas, que solo guarda chatarra, desperdicios de ocurrencias y pasatiempos humanos? Sí, a esa me refiero. Pero aún sé poco de ella, quizá en alguna parte encuentre una gafa de muchas dimensiones para ver lo que contienen las tripas de esta intrusa. Entonces te diría lo que vi en su interior, te diría también si merece la pena pinchar el globo. No lo hagas, lluvia, no seas tan dura con ellos, los enterrarías con las cenizas de su propio desquiciamiento. ¿Para qué y para quién habrías de llover entonces, para qué y para quién mis brisas y mis aullares? 

(De Ecos de la lluvia y el aire)



Central de Robles.
Esqueleto de una historia eléctrica sobre el Rudrón
La Central de Robles hoy,
con las cuencas de sus ojos vacías 



        LA SENDA DE LA LUZ

Nada que ver la fiebre anterior con la senda de la luz que hoy os propongo a orillas del río Rudrón, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nada que ver, creo. Pero hay algo de luz, algo eléctrico en ella, que aviva la memoria. Quizá sean los  voltios detenidos que salieron del viejo molino de  Hoyos del Tozo y de la central eléctrica cuyo esqueleto aún puede verse aguas abajo de aquel río encajonado. Si los voltios tuvieran color, los veríamos escalando por los inmensos paredones rojizos, por los rascacielos donde moran los buitres.   
Aún recuerdo los cables salidos de aquellos dos centros de producción. En mi primera visita, el molino ya había muerto, aunque el cuerpo yacía presente, pero la central estaba viva, al menos su edificio, todavía no vandalizado. Llegó a producir luz para cerca de veinte pueblos del Tozo-Rudrón. ¡Qué maravilla! Era la de Celso Robles, la que este iluminado de los voltios decidió instalar aprovechando el torrente de un río entre peñascales, deslumbrado por recién salido de la cueva.  
De la Central de Robles, nacida en 1948, tengo un triste recuerdo. Es una historia de coincidencia. En uno de mis paseos por esta senda de la luz llegué a ver lo que nunca hubiera querido ver, la central profanada, saqueada hasta el infinito por las hienas que siempre esperan el abandono. Con todo abierto, desparramadas en el suelo se hallaban láminas de dibujos escolares, muy cuidadas, que me resultaron familiares, tanto que podrían haber sido mías, pues yo las tenía (aún tengo) prácticamente idénticas. Pronto salí de la sorpresa, pues las obras estaban firmadas por Faustino Robles, hijo del dueño de la Central, aquel que, por el apellido Robles, le tocó ser compañero mío de pupitre en la escuela. Las láminas eran bellísimas y fue muy triste verlas de ese modo despreciadas; tantos desvelos, tantos trasnoches para acabar así, mancilladas en el suelo de la central, sobre la turbina apagada. 


En 1973 la Central todavía  se conservaba con cierta dignidad



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