Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

martes, 26 de julio de 2016

"CINEMA CASTILLA", UN CINE DE LOS CINCUENTA EN LA HORRA


Cinema Castilla nació en 1953


Restos del cinema. Aún se conserva la embocadura de la pantalla


FOTOGRAFÍAS: Cinema Castilla en La Horra (Tomadas en julio e 2016)

Bajé a la Ribera, esta vez sí, en busca de brindis, de testimonios del vino en la poesía popular. Revolucioné la calmada mañana de Olmedillo, también la de Anguix y Sotillo, buscaba brindis y me salió un cine en La Horra, nada que ver. Pero el cine, los viejos cines de los cincuenta, es otra de mis muchas debilidades, y el gusanillo encontró la manera de cambiar la ruta de lo que me llevaba.
Bueno, divagaciones aparte, alguien de un grupo arremolinado en torno al panadero ambulante nos sugirió que visitásemos a Benito Royuela, un horrense de 90 años que sabía mucho de la otra vida, de la de antes de la televisión, y quizá también sobre el tema folklórico que nos interesaba. "Acompáñalos tú", dijo una de las mujeres que esperaban el pan a su marido, también presente cerca del corro y que era demás familiar de Benito.

Que fue así cómo nos plantamos en la casa del nonagenario y fuimos recibidos con gran amabilidad. Pasen, pasen. Y pasamos hasta la salita donde se encontraba Benito Royuela, sentado en su butaca y acompañado de su esposa. Nos presentó nuestro acompañante, Narciso Cob, haciéndole saber  nuestra intención de recopilar y grabar brindis. “Yo hice una poesía” dijo, y nos recitó una que algo tenía que ver con el vino pero que no era un brindis ni se le parecía. Luego, la cosa derivó por otros derroteros gracias a una fotografía que colgaba en una pared, en la que se veía una original tartana, guiada por un hombre a pie,  por una de cuyas bocas sobresalían fajos de telas. “Es mi marido”, dijo la esposa, “es nuestro padre que iba vendiendo por los pueblos”, dijeron dos hijas de Benito que se sumaron  a la reunión. Ya éramos muchos en la sala y las palabras iban de un sitio a otro, a veces formando batiburrillos incomprensibles. Para lograr una mejor audición, arrimé la grabadora a la boca de Benito, consiguiendo así oír, con nitidez, la primera parte de su vida, la de vendedor ambulante.

VENDEDOR AMBULANTE

“Yo he hecho muchas cosas en mi vida. En mi vida no ha habido más que trabajar. Desde que tenía once años... A los treces iba yo  a vender a la Ventosilla, porque tenía un hermano que se fue a ... era cuando la guerra... me llevaba a mí cinco años, y él se fue a la guerra y yo tuve que ir a vender a la granja de La Ventosilla, y llevábamos entonces ultramarinos. ¡Que no pasé yo frío entonces! Íbamos con un carro, no con este [de la fotografía, sino]  con otro. [Iba] con mi hermana, mi hermana me llevaba a mí ocho años, y ella se liaba con las [chicas] de su edad y no se acordaba de... ¡Pasaba yo más frío entonces! ¡Se helaba el aceite! Ya  a los quince años iba yo solo a vender”.

       La venta ambulante fue tradición en la familia de Benito. “Mis padres también fueron vendedores ambulantes, ahí les tengo en las fotos”, dijo señalando un cuadro con sus progenitores colgado en una pared, aunque “mi madre era la que más entendía”.

     Cuando ya solo atendía con sus ultramarinos a La ventosilla, Benito buscó una salida profesional de mayor rentabilidad, y dio con la venta de tejidos. Diseñó un nuevo carro, más acorde con el nuevo producto, y siguió igualmente peregrinando por los pueblos:

     “Los tejidos nos los servían de Barcelona, de [la fabrica de tejidos de]  Roca Umbert.  [Y es que] para ser un buen comerciante hay que ir donde [te sirven buen género], considera el ambulante de La Horra. 


Benito Royuela Esteban con su carromato para la venta ambulante de tejidos



CINEMA CASTILLA, EL PARADISO DE LA HORRA

          Persona de gran emprendimiento, Benito Royuela construyó en 1953 un cine en su pueblo, en la calle mayor. Le llamó Cinema Castilla y estuvo en activo doce años, hasta 1965, que es cuando ya la televisión venía apretando.

Taquilla del cinema


Bancos corridos en el gallinero

         
Hall del cinema con lámpara de otros tiempos

 Alfredo Mayo, Sara Montiel... marcaron épocas

"Entendían bien las películas del oeste"

¡Y las folclóricas!



          El de La Horra fue uno más de los muchos cines de domingo que se instalaron en los pueblos importantes de Burgos en los años de posguerra, y su historia debe ser la misma que la de cada uno de ellos. A través del relato de Benito, uno pude imaginarse las mismas escenas vividas en cada sala, la misma perplejidad de los vecinos antes la magia que se les ofrecía en pantalla, las mismas protestas, los mismos silbidos. Era lo nunca visto. Cuenta el empresario que “La gente de aquí, de La Horra, no estaban preparados, no entendían las películas. [En cierta ocasión] vieron la película Más dura será la caída, que fue una película maravillosa, y que fue muy alabada por la prensa... en cambio, aquí, que era el día de la fiesta cuando se puso, se salió la gente [de la sala]..., pues porque no la entendieron, no estaba la gente preparada para ver estas películas. Las que entendían bien eran las del oeste o las de cante, como La Lola se va a los puertos....; hombre, echamos muchas películas, como A mí la legión, El derecho de nacer....”. En este punto, la esposa de Benito, que guarda una lista de las películas que se proyectaron en el cinema de su marido, menciona otras como Balarrasa, Plácido, Ana Karenina, Lo que el viento se llevó...  
         
         Las películas llegaban al Cinema Castilla procedentes de Arévalo. “Tenía un hermano en Arévalo y cuando iban los viajantes de películas a Arévalo pues mi hermano era el que contrataba las películas allí. 
       La proyección estaba a cargo de “un cuñao mío, que murió ya. Aquí vino uno de Aranda [para enseñarnos], el que tenía el cine de Aranda nos mandó el [cámara] que tenían y él nos enseñó”.



ALGO DE AMBIENTE
    
La gente gritaba y silbaba, eso lo aprendieron enseguida. No estaban preparados para películas que no entendían, pero para eso... Por ejemplo, si salía una película que los letreros no salían al principio, como a la hora de hoy hay algunas que no salen al principio, pues creían que estaba cortada, ¡oye, y qué silbidos!
Al cine venían de todos los pueblos de alrededor, de Anguix, Sotillo..., y solo se ponía los domingos. Y a la más mínima, llegaba la censura  “El cura decía que todo aquel que se tenga por cristiano, que no vaya a ver la película”.

        Cinema Castilla era un cine de pueblo, sí, pero con butaca de patio y gallinero, como casi todos los de su especie. Y tenía también sus carameleros, uno para arriba y otro para abajo. Uno de ellos, Narciso Cob, fue precisamente quien nos condujo hasta Benito Royuela. Él lo describe orgullosamente así: “¡Y tuvo carameleros! Yo estuve de caramelero, llevaba una cestita así. [Benito] no me pagaba, sólo la propina que me daba la tía”.


Narciso Cob fue caramelero en el Cinema Castilla


       ¡Ah, aquellos viejos cines, donde yo mismo vendí caramelos y bombones entre piernas de chicas y chicos, de hombres y mujeres, de soldados de caballería oliendo a establo!


Restos del naufragio. Carretes para rebobinar las películas

Un cuarto muy angosto

Escaleras que suben al gallinero 



Con mi profundo agradecimiento a 
Benito Royuela Esteban y su familia







2 comentarios:

  1. Que forma mas entrañable y precisa de recrear la atmósfera de esos cines de antaño. Ni mas,ni menos : exactamente eso. Maravillosamente eso. Gracias Elias, un maestro! Saludos desde Ultramar.

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  2. Gracias a ti, Juan Carlos. El cine se metió dentro de mí siendo un niño.

    Un abrazo desde esta orilla del océano.

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