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| A los lejos divisamos un muñón oscuro. |
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| Algo debe esconderse en su interior. |
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| Al dar la vuelta, paredes sin cubrir nos sugieren algo. |
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¡Es una estación de tren! La de Villaverde Peñahorada. Un letrero de cerámica azul así lo proclama.
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Desarte en el otro lado.
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FOTOGRAFÍAS: Estación de tren de Villaverde Peñahorada. (marzo 2026).
Caminamos
por una senda recta que los agrimensores trazaron para que una máquina humeante
no perdiera su rumbo. Y al hacerlo, vamos encontrando huellas en las orillas
del pasado de un tren, algunas más visibles que otras. Avanzamos con el paso
decidido de un senderista. A lo lejos, vemos un muñón oscuro fuera de la senda.
¿Qué será?, nos preguntamos. Parece vegetal. Pronto saldríamos de dudas. Al
llegar a él, constatamos que, en efecto, se trataba de un vegetal, para más
señas, de un gigantesco rebuño de hiedra. ¿Cómo pudo hacerse tan enorme?
Sospechamos que tal volumen no estaba en vano, pues la hiedra siempre entierra cosas,
restos. Algo debía proteger, algo debía esconder en su interior. Alguna grieta
habrá por la que poder mirar, pensamos. Picados por la curiosidad decidimos
explorar el muñón dando una vuelta completa. Y así, lo que en principio nos
pareció un amasijo informe de hiedra sin más, resultó que guardaba en su
interior algo valioso: ¡una casa, una vivienda! Por una ventana rota nos
asomamos a su interior y pudimos ver sus tripas, las habitaciones, tabiques sin
puertas, la cocina…, todo en estado ruinoso y repleto de pintadas sin arte, un
espectáculo desolador. Por lo poco que se veía de su arquitectura exterior ya imaginábamos
lo que pudo ser aquella casa, pero lo dimos como seguro cuando, al completar el
perímetro del amasijo, alcanzamos a ver, sobre el muro del norte que asomaba, un
letrero de cerámica azul en el que se leía un nombre: VILLAVERDE DE PEÑAHORADA
(con el DE). Era evidente que estábamos en la estación de tren de este lugar, perteneciente
a la desaparecida línea del fc. Santander-Mediterráneo, y que en lo que ahora
son ruinas y antes cuidada vivienda, residieron los encargados del tráfico
ferroviario en este lugar.
La
hiedra seguirá su labor envolvente y pronto lo cubrirá todo, probablemente dejando solo ver
la antena de televisión que, anacrónica, se alza todavía sobre la mancha verde tal que el periscopio
de un submarino,
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