Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 21 de mayo de 2026

¿UN CID EN LA BODEGA? (XV)


La figura campea sobre la bodega. 




Hueca por dentro, parece de piedra y es escayola. Pronto el emparrado la ocultará. 

FOTOGRAFÍAS: Escultura en bodega de Hornillos del camino. (Tomadas en mayo de 2026) 

Continuando con nuestro periplo por las bodegas tradicionales de Burgos recalamos en días recientes en el lugar de Hornillos del Camino. Y aquí, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nos aguardaba algo que ni en sueños hubiéramos esperado, una sorpresa ajena a todo lo que tiene que ver con la producción del vino. Curioseando el núcleo principal de las bodegas, el que se encuentra en la calle alta del pueblo, nos llamó la atención en una de ellas algo que nos pareció insólito y que paso a describiros. A través de los huecos que dejaba un emparrado aún incipiente, el que en poco tiempo cubriría un merendero adosado a la bodega, pudimos ver que sobresalía una cabeza, aparentemente de piedra y sujeta en la cúspide, que, por su casco, sus luengas barbas y escamado almófar, se asemejaba a la de un caballero o guerrero medieval. Nos acercamos, y al observar la imagen completa, pudimos ver que se trataba no solo de una simple cabeza, sino de un busto; un busto que, por la iconografía que conocíamos de El Cid, tenía todas las trazas de querer representar al célebre personaje.

A dos hombres que trabajaban en un merendero cercano preguntamos sobre la autoría y procedencia de la escultura y nos dieron una versión que nos dejó impresionados. Al parecer un constructor burgalés la había encontrado enterrada en una casa que estaba derribando en la capital, aunque no sabían en qué concreto lugar. El asunto, pues, era tentador y nos invitaba a seguir su rastro.

De una sorpresa a otra: aparece Marceliano Santa María

La noche de aquel día me costó conciliar el sueño, todo me daba vueltas, todo giraba en torno a la misteriosa escultura. No parecía que estuviera hecha por un simple aficionado. Las preguntas se agolpaban en mi almohada: si el busto era de piedra, quién lo labró; si se ejecutó en algún lugar fuera de Hornillos, qué lugar era este y cómo llegó a campear en la bodega; y si tenía algún valor histórico o artístico, cuáles eran esos valores. Había que tirar del hilo, hacer de detective una vez más. Inquieto por el hallazgo, volví al día siguiente a Hornillos por si, por una casualidad, el dueño se encontraba en la bodega, pues solo él podría desentrañar el enredo. Como era de esperar, el dueño no estaba (las bodegas ya no son lo que fueron). Era domingo y la hora pacífica de la siesta, mal momento para encontrar en la calle autóctonos. Había, eso sí, peregrinos junto a los muchos albergues que se han abierto en este pueblo, pero ellos eran forasteros, de lejanas tierras, y por eso no podrían ayudarme. Cuando ya desesperaba, tuve la fortuna de que, de un coche recién llegado, bajó un hombre joven que parecía nativo del lugar. Le pregunté si conocía al dueño de la bodega: “Es amigo mío”, me dijo. Vaya, qué suerte, dije. Fue así cómo compartimos nuestros teléfonos y él mismo se comprometió a ponernos en contacto.

Había merecido la pena la visita dominguera, pero me quedaba la duda sobre si recibiría la llamada esperada en los siguientes días, a veces, las promesas espontáneas se convierten en pelusa de chopo.

La llamada

No tuve que esperar mucho, al día siguiente recibí la llamada de un móvil desconocido que estuve a punto de no atender por no estar en mi lista de contactos. Pero atendí, y acerté, pues quien me llamaba era Daniel Mayor, el dueño de la susodicha bodega de Hornillos, a quien debo agradecer su colaboración. Daniel, de 59 años, es una de las personas que participaron en el mencionado derribo y por eso conoce de primera mano el descubrimiento de la escultura supuestamente cidiana. Al parecer y según describe, la casa demolida estaba justo enfrente del convento de Santa Clara, en lo que hoy es la droguería Nieva. Describe también que dicha casa, derribada a finales de los ochenta, era de piedra y madera, de dos plantas, que en la planta baja estaba la vivienda y estudio de Marceliano Santa María, el afamado artista burgalés, y que el susodicho busto apareció alojado en una de las paredes.

¿Se trata de una máscara?

Daniel nos describe la escultura como una obra hecha en escayola o yeso, hueca por dentro, enseñando el esparto o cáñamo y las tablillas cruzadas que le daban consistencia. No se trata, pues, de en rigor un busto de piedra, aunque en un primer momento así nos pareciera, sino de una especie de gran máscara que, tal vez, pudo estar destinada a ser molde en el taller de algún alfarero ¿quizá los hermanos Calvo? Solo don Marceliano nos lo podría decir, si estuviera vivo, sólo él podría decirnos si la obra la hizo él mismo o algún discípulo.

Fue una suerte que alguien de los que participaron en el derribo decidiera recuperar la interesante figura, y más aún que la expusiera al público en general en lo más alto de su bodega, porque así la podemos disfrutar todos. Ojalá se conserve muchos años.

Y hasta aquí, queridos amigos, la pequeña memoria que he podido hilvanar de un pequeño descubrimiento en una bodega de las muchas que llevamos guardadas en nuestro repleto Cajón de Sastre.


Imitación de un guerrero medieval. 


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