| Los Balbases ("Barrio Grande)". Un repentino torrente de luz ilumina el espacio vacío de una bodega. |
| Sandoval de la Reina. Que entre la luz y el aire, que ya habrá tiempo de oscuridad. |
FOTOGRAFÍAS: Tomadas en octubre de 2006.
Cuando la puerta de una bodega se abre después de años cerrada, la luz del día entra precipitadamente y acaricia el sueño largo y negro de los toneles del vino anclado. Silencio bajo tierra, en lo más profundo. Hoy, los sueños son más duraderos en la mayoría de las bodegas, pues quienes antes abrían sus puertas, o ya no están en este mundo o no quieren encontrarse con lo que abandonaron. El vino durmiente en las cubas desde no se sabe cuándo, reposado y haciéndose cada vez más añejo para nadie, en su encierro cubierto de moho no percibe la luz que iluminan las puertas abiertas. Sí, en cambio, la ven y sienten los escalones del cañón y los artefactos quietos que sacaron el jugo de la uva, los lagares vacíos bajo las chimeneas zarceras. Acceder a una bodega abandonada o dejada de utilizar hace años, iluminada con la luz del sol entrante, tiene algo de mágico y misterioso, es el momento en que se rompe el equilibrio de los siglos. Al salir, todo es cegador si se mira a contraluz.
| Hormaza. Contraluz en el cañón de una bodega. |

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