Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"


Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación

domingo, 6 de diciembre de 2009

HERBOSA, ARNEDO Y SAN VICENTE DE VILLAMEZÁN, LA TURBA QUE NOS CALENTÓ








Inédito

FOTOGRAFÍAS (2003): "Peña La Junta", donde antiguamente se reunía la Hermandad de la Ribera (al fondo puede verse el pantano de Arija). "Peña La Junta" y Herbosa. Arquitectura tradicional de Herbosa". Explotación de turba. Camioneta abandonada en turbera. Vieja camioneta de empresa explotadora de turbera. Carro con turba (foto obtenida en Fuente:
"Angeles López
Autor: posiblemente Vicente López
Fecha: desconocida.
Lugar: San Vicente de Villamezán.
Descripción: Marcelino López, con su carro de turba en San Vicente de Villamezán. Personas identificadas: Marcelino López. Ver
http://www.arija-vilga.org/es/index.php?title=Carro_de_turba_en_San_Vicente"

Antes del butano, o sea, en la “era fría”, hubo pueblos burgaleses sin apenas monte, sin apenas leña que cortar que, para no morir sus vecinos de un pasmo invernal, ni de hambre, tuvieron que recurrir a una cosa negra que, sin ser petróleo, aparecía libre y abundante en la naturaleza. Era la turba. Vaya usted a saber quién empezó primero a servirse de este combustible, pero el hecho es que, durante siglos, una buena parte del vecindario del noroeste burgalés, aquella que linda con Cantabria, calentó sus duros inviernos y cocinó sus pucheros con él. Allí, en aquella cornisa de fantasmales rocas de arena, lindando con el famoso Monte Hijedo, donde el gran pantano de Arija ahora lo domina todo, algunos pueblos puede que deban su origen a la existencia de turba, aunque por supuesto también a los abundantes y frescos pastos de la zona (Herbosa).
Arnedo, Herbosa y San Vicente de Villamezán son, entre otros, pueblos que se beneficiaron de esta riqueza natural, que también servía como abono para fincas y huertas. La Turbera Margarita, cuyo nombre es de reciente creación, pues antes de su recuperación como humedal sólo era conocida con el nombre de la turbera, se halla a menos de un tiro de fusil (que dirían los antiguos) de ambos caseríos y fue hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo la carbonería de los dos pueblos y la fábrica de abonos de la cual se surtían. En realidad, y según refieren los lugareños, aunque la turbera natural es o era una sola, puede hablarse de varias, debido a las delimitaciones que los vecinos de los pueblos citados hicieron. Hace seis años (2003), José Díaz Díaz, un vecino de Herbosa, nos decía que

“Aquí había tres turberas; este pueblo [Herbosa] tenía tres turberas. Había una que hacía divisoria de Herbosa con Arnedo; y después teníamos aquí esta otra, mire, que era del pueblo, y que están haciendo en ella un acuífero [un humedal]; y después, a la parte allá de la loma, donde están los pinos, todavía tiene terreno [de turba] Herbosa, que colinda con San Vicente. [De modo que] confluyen en la turbera los tres pueblos: que colinda con Arnedo, la central que era del pueblo, y después la de San Vicente [de Villamezán] con Herbosa, por donde parte el término municipal. Porque claro, un poco antes de llegar a la Ánimas divide el término”.

Otro vecino de Herbosa sin identificar, en cambio, nos decía que

“Hay dos turberas juntas, una de Herbosa y otra de Arnedo”.

Denuncias de la explotación de turba. La razón de Margarita.

En cuanto al nombre de la turbera recuperada, José Díaz nos contó las razones de por qué se llama Margarita: “

“[Resulta que] venía un hombre denunciando [el terreno turbero]; entonces, si no se adelantaba el pueblo a denunciarlo, nos lo llevaban; y ya sabe, cosas de pueblo, no hubo acuerdo [y] lo denunció él. Y algunos, aunque estaba denunciao, quisimos sacar [la turba], y nos llevó a juicio. Una vez que era de él ya no se podía andar allí. Y entonces ese pueblo de San Vicente [de Villamezán], que también tiene parte de una turbera, pues también fueron con eso de que les iba a denunciar. Pero un señor, que era el presidente, que se llamaba Emiliano Arenas, cogió y denuncio [terreno] para el pueblo, y por eso ahí no hay extracción de turbas; y denunció también lo que correspondía en nuestro término, que tenemos allí un trozo, por eso aquella está intacta. Y allí, últimamente, era donde íbamos a sacar nosotros, hasta que llegó el butano. Y por eso sé yo cómo lo sacaban los de San Vicente.

Según el informante herbosino,

“G. del V., ése es el que denunció la turbera a su nombre, porque el pueblo no hacía caso. Y ése es el que bautizó a las turberas, Margarita y Elena, porque anduvo con una chica de San Vicente que se llamaba Margarita. Eso lo he sabido de hace poco. Y ayer lo hemos comentao, cuando ha venido por ahí un biólogo, [que] ha estao ahí por el asunto de la alambrada, buscando bichos y haciendo fotos”.

El proceso a pie de mina

El vecino de Herbosa sin identificar nos explicó el modus operandi de la extracción:

“Hacíamos unos hoyos y [la turba] se extendía por allí alrededor del hoyo. Luego, a la vuelta quince días, había que darlo vuelta. Darlo vuelta y apilarla, y se secaba. Y una vez que estaba seco, se bajaba con el carro y para arriba. Cuando íbamos era sobre julio, que es cuando más calienta el sol, claro. En julio porque se secaba enseguida. Se sacaba con unas palas largas y hasta que se secaba. Al hacer los pozos sacaba agua [por eso nos metíamos] con unas botas de goma. Se sacaba en verano porque en invierno no seca. Había que esparcerlo, unos lo sacaban y otros lo esparcían.
Debajo [de la capa de turba] hay arena.
De un año para otro aquello quedaba, si no raso, sí parecido”.

La utilidad de la turba, cocinas y huertas. La chapa de la cocina se ponía roja y hervía la paila.

José Diaz nos contó la utilidad de la turba para los usos domésticos y agrícolas de los pueblos:

“Pues valía por ejemplo para quemar, y por ejemplo también, valía para las cabeceras de las tierras, que es [de suelo arcilloso] y pues lo ahueca. Los terrones es la parte superficial [de la turbera], que es berezo y hierba, y después salía ya la turba. Nosotros lo sacábamos con una pala, na más así, [en forma] de barras. De cuadraditos lo sacaban en otro pueblo, los de San Vicente [de Villamezán], como se espala la nieve.
Claro, la usábamos pa quemar también, y esto es muy bueno para prender a lo primero, porque como es así como blanda (hueco) pues penetra mejor el aire y el fuego. Para encender hay que poner unos palucos, como estos que tengo yo aquí.
Sí, sí, claro que da humo, más que la leña.
La chapa de la cocina [cuando había cocina económica] se ponía roja, ¡hervía la paila...!, el depósito que tenía para el agua caliente, hervía.
Y cocíamos el pan también con ello. [La turba] era para acompañar a la leña. Si teníamos algo leña era para cocer el pan. Mi madre cocía [en el horno] cada mes, y la acompañabas un poco turba [a la leña]”.

El tiempo de recogida. “Parece betún o chapapote”. Se ponía a secar, “como las tejas”.

“Entonces, los de San Vicente lo cogían en cuadros, como adobes, como la nieve, y después, cuando ya estaba venteao del aire, y se hacía ya un todo compacto (porque en sí es blando, viene a ser como el chapapote), pues ya cuando estaba tieso, que le había dao el aire, lo partían y lo traían para casa.
Nosotros [lo hacíamos] con la pala, y salían unas barras así, cuadradas, rectangulares, igual que ellos, pero nosotros no lo partíamos, nosotros, una vez que atiesaba, lo poníamos así, como las tejas en las tejeras, y así se secaba. Al darle el aire se ponía duro. Y cuanto más negro, más calor daba”.
En agosto era lo mejor, cuando no había agua. Porque eso, después que se extraía, quedaban pozos y allí se acumulaba el agua de tol invierno y toda la primavera. Entonces, cuando ya el agua se había evaporao, es cuando, en el mes de agosto, o julio, ibas para allá por la mañana pronto, lo sacábamos (igual estábamos allí hasta las once o todo lo más las doce, para después venir a trillar, a trillo, allí a las eras. A las seis o las siete de la mañana estábamos allí [en la turbera]. Y ya cuando abría el sol, pues se iba pa casa a otra faena. Y algunos días que llovía o hacía malo, entonces lo dedicabas tol día a coger turba. Yo de chaval, guardando las yeguas, llevaba una pala y un horcón (porque luego después, se coge con un horcón de esos). Se solía ir pues dos [personas]: igual iba mi hermana conmigo. Entonces: tienes que ir, con la azada, primeramente, quitando el berezo de encima, de la cúspide de arriba, y después, debajo está la turba buena, que es igual que betún, parece betún. Y ya digo que, una vez extraído se pone compacto, y entonces, después de pasarse unos días, unos quince o veinte días, al primer rato que tenías libre pues a apilar la turba; lo ponías así, entonces le corría el aire, se sacaba y lo traíamos.
Pues estaba tendido [al aire] depende del clima, si le daba por llover..., alguna vez ya se estropeó. Normalmente solía estar en torno a un mes. Y estaba así apilao, como las tejas. Era de largo lo que daba el corte de la pala y algo más, pa que pasaría el aire”.

El polvo de la turba, abono para las fincas

“Y claro, después [del secado, la turba] se volvía polvo como esto, mucho de ello. Al estar aquí acumulao y moverlo, y al descargarlo y tal, se produce mucho polvo, se hace polvo; y eso lo empleábamos en las fincas; y eso ahueca y servía de abono”.

La turba roja

“Es como si no estuviera hecho. [Sacabas turba] ande te parecía a ti bien, porque lo que más escaseaba, tanto hacer hoyo, tanto hacer hoyos, la gente siempre iba a buscar la turba negra, porque lo rojo tiene muy poco... Es igual, después de quitar el berezo, te ponías a cavar, y salía rojo, y entonces no te interesaba, es como si no estuviera hecho”.

Un carro de turba para pasar un mes

“Gastábamos mucho, y había que sacar lo menos doce o trece carros para el invierno, pa todo el año; porque todo el año había que hacer lumbre, como no había butano ni nada..., y [hubo un tiempo en que] no había cocinas económicas. Por lo menos..., yo tengo comprobao que un carro cada mes. [cogíamos sobre]]doce carros, o catorce, entre terrones y turba, entre lo uno y lo otro”.

Hasta que llegó el butano

“Hace que dejamos de sacar [turba] nosotros..., desde que llegó el butano”.


TURBERAS EN EL PANTANO. LA “HERMANDAD DE LA RIBERA”. DIEZ PUEBLOS DE UNA HERMANDAD QUE NACE EN TIEMPOS DE LOS REYES CATÓLICOS.

La gran masa de agua del pantano de Arija oculta la turba y los buenos pastos de los que se beneficiaron los pueblos de su entorno antes del llenado de la cubeta. A este respecto, José Díaz sigue aportándonos sabrosas noticias para la historia de la turba burgalesa:

“Pues que había turba también [en La Virga] y nosotros, como socios de la Hermandad (porque cada vecino es un socio, ¿eh?)... Después, dentro de los socios, está el vocal, y después está el Presidente y el secretario, y cada dos por tres están haciendo juntas.
(...) También se sacaba [turba] ahí abajo, [que] en el pantano también hay turberas ¿eh? Me acuerdo yo con mi padre... que ya digo, tenía yo once años, u ocho o nueve, y arrancaba mi padre con un carro grande pa`llá, a buscar terrones de estos. Pues porque aquí a lo mejor tenían miedo de que se acabase. Porque usté no sé si sabrá, [pero] ande está el pantano es de la HERMANDAD DE LA RIBERA, que lo componíamos diez pueblos, sólo de Burgos; eran Arija, San Vicente, Herbosa (que es la sede, que no sé si habrá visto, junto a la carretera, una caseta que pone HERMANDAD DE LA RIBERA, donde la peña esa; y ahí precisamente el sábado han estao [reunidos] en Junta. Hay un vocal de cada pueblo, más un secretario y el presidente. Y es una hermandad de cuando Isabel la Católica, sólo que, después, con el Gobierno de Franco, lo invadieron todo con el pantano, lo expropiaron y...), Arnedo, Villamediana, San Román, Quintanilla San Román, Bezana, Montoto, Virtus y Cilleruelo de Bezana. Se lo donó Isabel la Católica [y] hay escritos de ella [sobre este particular]..

Los buenos pastos de La Virga. Turnos de pastores

“[En La Virga] había praos, y allí iban sólo los socios. Y allí iban [a sacar turba] lo mismo de Bezana y de Virtus, y de Montoto (¡y eso que tenían monte!). Con mi padre iba pa` llá, pa llá, en dirección a Corconte. Sale [turba]en los vallejos, en todos los sitios, no.
Pues ganadero [sí que] es, ahí [en ese terreno] había cantidad de ganao antes de venir el pantano. El pantano vino hacia el año cincuenta. Ahí pasteaban muchísimas cabras, yeguas, vacas, ovejas.... Se juntaban digamos hacía el centro del pantano, en La Virga. Se juntaba todo el ganao ahí. Ahí había cantidad de yeguas, cuando aquello que valían tanto las yeguas. El ganao lo guardaban los vecinos de los pueblos: cada cuatro reses de ovejas se guarda un día, que tenías que ir de pastor para guardar de todo el pueblo, se iba corriendo [el turno] casa por casa. Iba el pastor de vacas, o dos pastores de vacas, y otros dos de bueyes, y otro de cabras, y se juntaban allí. Y mi madre sale, en albarcas, a lo mejor a las cinco y media de la mañana, o [a] las seis, ¡hasta Corconte!, que todo ese terreno era de la Hermandad.
Se dice que las nieblas [que ahora son frecuentes en la zona] han venido después del pantano, y mi madre ya sabe perderse por allá. Los praos (que había praderas), se segaban algunas veces pa Cristalería Española, pa embalajes pal vidrio; yo lo que he oído.
La caseta [de la Hermandad] está aquí arriba, está en la carretera de Arija a Cilleruelo, junto a esa peña que llamamos “Peña Alta”.

Peña La Junta”

“Pero esa peña no tiene nada que ver. Hay otra peña que se llama “Peña la Junta”, que está ahí, frente a la iglesia. Entonces, allí se juntaban para hacer sus asambleas los de esos diez pueblos; se juntaban el vocal de cada pueblo, presidente y secretario. Y cuando llovía, se bajaban a la casa contigua, que hoy ya era muy antigua, a un portalón, para no mojarse. En la cúspide de la peña hay como un nicho cuadrao donde había una cruz.
Aquí tienen un número [¿de reuniones?] determinado cada año. Pero, si hay que hacer juntas extraordinarias... [pues lo hacen en las caseta]. [Yo las reuniones en la peña] no lo he visto. Y cuando hacía malo, que no podían levantar aquí escritos o levantar actas, pues se bajaban ahí a esa casa, que era una casa vieja (esta nueva la ha hecho un chico) y en un portalón hacían la juntas, tengo entendido. Ahora yo siempre lo he conocido bajar ahí donde ese Gerardo.

Las turberas de Arnedo-Herbosa surtieron a Güisqui Dik

Los fabricantes de güisqui empleaban (o emplean) la turba para calentar en sus destilerías los hornos, lo que daba (o da) cierto y apreciado aroma a este licor. La destilería española de güisqui Dik se surtió de las turberas burgalesas. Así nos lo cuenta José Díaz:

“Fue el mismo G. del V., [el] que se puso a explotarlo hace veinte años, [o más]. Entonces, puso ahí un tramo, ahí en la Margarita, empezó a explotarlo [en] un trozo. Tenía obreros y todo, y puso una línea de vagonetas. Hizo una caseta donde guardaba la herramienta y por si llovía, y la bautizó como Lumumba; cuando aquello del Congo [1961] fue cuando lo explotaba él. En aquellas peñas donde han puesto el paso ése, allí lo tenía como secadero. Y venían camiones de [la] destilería Dyk y se lo llevaban pa Segovia. Pues para hacer el güisqui será. Yo creo que será para darle sabor”.

La turba para sustrato

Cabe decir, por último, que la turba de la zona descrita se sigue explotando (al menos se seguía explotando en 2003), por una empresa de Sotopalacios y otra de Torrelavega, las dos para obtener sustrato para mantillos. Al menos eso es lo que se nos contó en aquel año:

“Los de Sotopalacios llevan poco [sacando], por ahí tres o cuatro años. Un piquito se lo han vendido los de Arnedo a los de Sotopalacios, y esto otro lo llevan los de Torrelavega. “[Los de Sotopalacios] traen [turba] también del extranjero, y lo envuelven con esto. Traen en barcos pa envolver con esta. Lo utilizan como abono".

8 comentarios:

  1. Interesante blog el que tienes, Elias, ya que estas turberas están próximas a Higón, mi pueblo, te he leido con mayor interés.Te mando las fotos recientes de las iglesias de los pueblos.Arnedo, San Vicente, y las dos de Herbosa.
    Puedes echar un vistazo al blog RUEDA LA BOTA, de vez en cuando sale algo costumbrista. Un saludo. Si algún día te pasas por Higón pregunta por Braulio, estará encantado de charlar contigo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Alfonso. Recuerdo bien a Braulio, de Higón. Hace años estuvimos charlando en su pueblo sobre historias de la zona. Le gustaban mucho las piedras curiosas y me enseñó algunas manualidades que él mismo había hecho y que tenía guardadas en una cochera.

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado tu blog y lo iré siguiendo. Un auténtico trabajo de orfebrería que escudriña lo que tenemos en nuestra provincia. Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Interesantisimo articulo! Me paso los veranos y fines de semana en Montejo de Bricia, en la casa de un amigo.

    Me ha encantado tu blog!!

    ResponderEliminar
  5. Me ha encantado tu comentario sobre las turberas, creo que esas cosas tenían que estar protegidas .La historia que narras, en parte, la recuerdo yo
    de cuando era muy niña, aunque no sabía su orígenes.... Un saludo

    ResponderEliminar
  6. Conoce alguien si la explotación actual tiene los permisos correspondientes?

    ResponderEliminar
  7. me veo de pequeña con mi padre dando vuelta la turba, y cargandola con el carro.....y tambien cayendome al pozo que quedaba! y a las pobres vacas que habia que ayudarlas porque se "atestaban" . una de herbosa

    ResponderEliminar
  8. Anda, el tal Emiliano Arenas que hizo que no se explotara la turba de San Vicente era antepasado mío, que cosas!!

    ResponderEliminar

Solo se admiten comentarios en positivo.