Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

viernes, 4 de septiembre de 2009

PASOS DE MONTAÑA III





FOTOS: Carretera del Cuatro en los Montes de la Peña. Túnel de la Complacera.

LA CARRETERA DEL CUATRO Y EL TÚNEL DE LA COMPLACERA EN LOS MONTES DE LA PEÑA

Sirvan estas líneas para rememorar la ascensión que llevé a cabo, en 1996, al Túnel de la Complacera, situado entre el valle de Mena y el valle de Losa. Mi buena amiga Aurora Fernández, maestra muy querida en tierras menesas y excelente conocedora del patrimonio de su valle, me dejó un día en Cilieza, al pie del camino. “Aquí empieza la Carretera del Cuatro, por aquí tienes que empezar a subir si quieres llegar al túnel, no tienes pérdida”, me dijo. ¡Buff!, habrá que tomárselo con calma, dije yo al ver el empinadísimo camino que araña la formidable ladera de los Montes de la Peña.

Me dejó Aurora y comencé mi lenta ascensión. La subida es ardua, pero muy gratificante, pues a mediad que se gana altura y el precipicio se agranda, el valle de Mena va adquiriendo mayor belleza. Llegado a un punto suficientemente alto, pude ver la razón de por qué se llama a este camino Carretera del Cuatro, que no es otra que por tener dos curvas pronunciadas que forman este número.

Quizá con menos calma se lo debían tomar todos los que por esta carretera (¡carretera, qué eufemismo!) tuvieron que trajinar, que debieron ser muchos desde su construcción en 1890, bien con carretas, con caballerías y otros ganados, o simplemente caminando.

Pero dejemos que sea mi Burgos en el Recuerdo 2 quien nos aporte un poco más de luz sobre este paso de montaña con túnel incorporado:

“[...] Excavado artificialmente en la roca viva, bajo el lomo de un portillo natural que cabalga entre los valles de Mena y Losa, en los llamados Montes de la Peña, este túnel comunicador de valles es parte integrante de un viejo camino que fue construido a finales del siglo pasado (XIX) para bajar a la estación de Mercadillo, del ferrocarril de la Robla, el carbón obtenido en los montes de Relloso, especialmente el que provenía del Monte Gurdieta. Sus dimensiones bien aproximadas, 65 metros de largo por 2, 5 de ancho y casi 3 de alto, son suficientes para que en su día permitiera el paso de las carretas que transportaban el carbón. No se ve huella de barreno alguno, lo que hace suponer que fuera hecho con puro esfuerzo humano, y dispone de una especie de acera, hecha con lastras, para independizar el paso de peatones y carretas.

El camino hacia el portillo donde se encuentra el túnel fue muy utilizado desde su construcción (1890-1891), tanto por los citados transportistas de carbón como por los vecinos de Losa que llegaban con sus ganados y excelentes patatas de siembra al ferial de Villasana de Mena, y vino a sustituir en el tránsito a otro paso cercano que hay en los mismos Montes de la Peña, llamado de San Mamés, por el cual bajaban también los caballos losinos a la parada de sementales que hubo en Anzo de Mena hasta aproximadamente mediados de este siglo XX).

Hoy, la Carretera del Cuatro está en desuso (sólo montañeros la utilizan) y en total abandono. Hace ya muchos años que bajó por ella la última carretera carbonera, nadie sube tampoco su ganado a los buenos pastos de Castro. Cilieza, el último pueblo que encuentra a su paso por Mena, es ya una población fantasma, pues sólo un vecino vive en ella, y algo parecido ocurre con Covides, Ovilla y los Relloso, los otros pueblos que conocieron bien el chirriar de las carretas. Quizá el último servicio comercial prestado por el camino y el túnel fuera el dado a los numerosos estraperlistas que pululaban por la zona en los años de posguerra, de cuya actividad hay cumplida memoria entre los meneses de más edad. Sobre esto último, cuenta Amelia, una vecina de Villasana que antes lo fue de Cilieza, que “A la estación de Mercadillo la llamaban entonces “La Frontera”, porque estaban allí los de Abastos y quitaban todo a los estraperlistas que bajaban por el camino”.

lunes, 31 de agosto de 2009

CASAS NOTABLES DE BURGOS VII


LA CASA DEL ARRIAGA
Diario 16 Burgos, 23 enero 1994

Una alineación un tanto irregular se produce en el lado Este de la calle Laín Calvo al poco de su inicio por la antigua calle del Cid. Esto lo debieron ver muy bien aquellos que, a la vista del pequeño “caos” urbanístico existente en el lugar donde se alzan la capilla de la Divina Pastora y el estrecho pasaje a la Plaza Mayor, llamaron a este espacio urbano Plaza de Laín Calvo, distinguiéndolo así de lo que es propiamente la calle del legendario juez medieval. No les faltaba razón.

Gran parte del doble embudo que se forma en esta plaza sin nombre se halla ocupada por el soberbio edificio al que muchos burgaleses, familiarmente, llamamos todavía “Casa del Arriaga”, un caserón de cinco plantas con cierto aire de caserío vasco.

El primer registro de esta casa aparece en 1884, en el tomo 1285, folio 190 del Registro de la Propiedad. En esta fecha debía estar todavía en ella la Fonda Norte, de Pedro Villalaín y uno de los tres establecimientos de este tipo que había en la ciudad en 1876, según la Guía General de Antonio Buitrago; los otros dos eran la conocida Fonda Rafaela y Monín, situados en la calle Vitoria y Cantarranas respectivamente. En 1908 parece ser propietario de esta casa Fernando Quintana, a quien el Ayuntamiento Constitucional concede permiso para reponer los miradores. Siete años más tarde surge la primea mención al “Bar Arriaga” y a su dueño Santiago Moreno, a quien se autoriza para instalar un toldo en la fachada principal del edificio “con el objeto de que haga más cómoda la permanencia al público en los veladores que piensa instalar” (A.M.BU. exp. 3061). En ese mismo sentido, otra licencia de 1919 autoriza al mencionado propietario para colocar cuatro arrimadizos en las fachadas norte y sur del Arriaga “A fin de que los veladores queden recluidos en el espacio comprendido entre dichos arrimadizos, y sus clientes estén algo aislados del tránsito público”. Y tal vez, es presumible, para que no se mezclaran dicho clientes con los del velador vecino del Café España, otro de los míticos cafés de época, que todavía hoy resiste tras haber sido objeto de un acertado revival.

miércoles, 26 de agosto de 2009

PASOS DE MONTAÑA II



EL PORTILLO DEL INFIERNO

Inédito
24 de agosto de 2009


Era una asignatura pendiente que tenía desde hace muchos, muchos años. Por fin, ayer pude satisfacer mis enormes deseos de conocer, “personalmente”, el Portillo del Infierno, uno de los pasos de montaña más emblemáticos y míticos de la provincia, no por su altura, pues no está en cordillera de alta montaña, sino por la aureola de leyenda que siempre le ha acompañado.

El Portillo del Infierno es un paso arrimado a la peña La Ulaña que comunica las tierras del bajo Tozo y las vallejadas y planicies del partido de Villadiego. Generalmente era utilizado por los habitantes de San Martín de Humada y Fuencaliente de Puerta cuando se dirigían a los mercados y ferias de Villadiego con sus reatas de mulas y burros llevando toda suerte de productos y animales menores.

Hoy día existe una pista nueva que sube desde San Martín hasta las antenas de La Ulaña incluso con coche, pero años atrás, cuando todavía los pueblos estaban llenos de vida, pasar el Portillo del Infierno era cosa imprescindible. El ascenso tiene lugar a un kilómetro al este de San Martín de Humada; un viejo camino, hoy bien remarcado por la parcelaria, nos deja prácticamente al pie de la peña en la que se halla el portillo, que a su vez se encuentra entre dos peñones calizos, que son prolongación de la formidable barrera de La Ulaña. Habiendo remontado el ascenso, por un camino entre rebollos, quejigos, avellanos, arces y endrinos, aparece, ya descarnado, el verdadero Portillo del Infierno, una estrechísima hendidura entre dos paredones, con gran pendiente, por la que continúa el camino hacia Los Barrios de Villadiego. A su derecha, en oposición, parte otro ramal, que es el camino que conduce hacia los Ordejones y que pasa debajo de la peña La Ulaña, junto a un espeso pinar y al Morro el Bolantín. Este camino fue también utilizado por los vecinos de los dos pueblos citados cuando, con sus burros, iban a moler el grano al molino de los Ordejones.

Los bandoleros del Portillo del Infierno y La Caseta de los Guardias

Cuando se ha sobrepasado el Portillo del Infierno y se da vista a las tierras de Villadiego, aparece, al poco, otro gran peñasco con una pared vertical de unos veinte metros de altura en cuyo pie, donde ahora buscan refugio las vacas, un día se guarecieron los guardias civiles que protegían a las personas que regresaban de las ferias con los dineros obtenidos en las ventas. Las personas más mayores de la zona cuentan historias de los asaltadores del Portillo del Infierno que, apostados en el paso, salían a robar por la noche a los que transitaban por él. Al parecer, los asaltos llegaban a producirse con tanta frecuencia que los vecinos solicitaron la protección a las autoridades, las cuales autorizaron la presencia en el lugar de dos guardias. Para el refugio nocturno de éstos se buscó acomodo bajo la mencionada peña, muy cerca del Portillo, donde se construyó una pared para cerrar el abrigo rocoso existente; de ahí deriva lo que se llamó Caseta de los Guardias.

Un congelado en el Portillo del Infierno

Si ya en seco era dificultoso el tránsito por el Portillo del Infierno, más cuando se arrastraban animales de tiro, qué no sería cuando estaba cubierto de nieve. Sobre este particular, es de dominio público en la zona un hecho trágico que ocurrió en este angosto paso hace años (no se precisa la fecha). Debió ser por Noche Buena. Dos vecinos de Fuencaliente habían ido a llevar a sus hijas a Villadiego para aprender a coser. De regreso, cargados con sendos sacos de grano, al llegar a Los Barrios, ya cuando anochecía, les sorprendió una fuerte nevada. Los vecinos de este lugar intentaron convencerlos de que no siguieran, de que se quedaran en aquel pueblo hasta que pasara la tormenta. Pero no atendieron las recomendaciones porque uno de ellos había dejado en su pueblo, Fuencaliente, a su mujer a punto de dar a luz y quería llegar cuanto antes. Decidieron, pues, continuar en medio de la nevada. Y tanta era la fuerza de la ventisca que se perdieron. Extenuados por el esfuerzo de caminar sobre la nieve, de cargar los sacos de grano que se caían constantemente de las caballerías, de hacer senda para que éstas pudieran seguir, y aterido de frío uno de ellos, que al parecer era el más débil, decidieron que, en vista que éste no podía continuar, se quedara refugiado en una oquedad de la peña mientras el otro regresaba a Los Barrios para pedir ayuda. Así lo hicieron: el más fuerte volvió sobre sus pasos, pero se perdió de nuevo en la nieve y en lugar de llegar a Los Barrios fue a dar a Villalbilla de Villadiego, ya al amanecer y cuando cantaban los gallos. Buscó socorro en este pueblo, de donde, inmediatamente, salió un grupo de rescate provisto con una escalera para, a modo de camilla, poder transportar al presuntamente congelado. Y en efecto, debía estar con síntomas de congelación, porque una vez rescatado, cuando llegaron de nuevo a Villalbilla, de inmediato fue introducido en un montón de estiércol en fermentación, que era la manera con las que los habitantes de la zona combatían semejantes contingencias.

lunes, 24 de agosto de 2009

PILAR BÁRCENA, UNA ARTISTA NEORROMÁNICA SURGIDA DE LAS RUINAS DE LORILLA





FOTOS: Escultura románica salida de las manos de Pilar Bárcena. Ermita de la Vega, Inauguración de pila bautismal hecha por la artista de Lorilla. Maqueta de Lorilla.

La conocí hace muchos años, mientras me enseñaba su maqueta de Lorilla, el pueblo que la vio nacer, ya arruinado. Pronto en aquella ocasión me di cuenta de que Pilar estaba más dentro que fuera de la reproducción. Hablaba y hablaba, tratando de explicarme su aldea, lo que era y significaba cada cosa, cada edificio, los propietarios de las casas, los dramas vividos en hogares y callejuelas, y yo, ignorando su presencia física a mi lado, la veía doblando por las esquinas en el interior de la maqueta, corretear, reír con tristeza por la felicidad de los años vividos en aquella línea que separa el páramo de La Lora y el precipicio de Valderredible. Ella construyó la maqueta para recordar, y también para que su pueblo no desapareciera del todo. La maqueta de Lorilla fue su primera obra, una fuerza telúrica, salida del petróleo remansado que se esconde bajo el subsuelo de su pueblo abandonado, de sus escombros, le empujó realizarla. Fue su primer arte. Después, esa fuerza interior que le salía también del profundo misticismo que dan los desiertos de piedra, le llevó a construir más y más, y derivó hacia la escultura, convirtiéndose en maestra neorrománica. Sin ser medieval, de sus manos artistas, como un milagro, fueron surgiendo obras en piedra admirables que en nada desmerecen de los grandes artistas del románico.

Ayer (23 de agosto de 2009), doscientas personas tuvimos ocasión de asistir a la inauguración de su pila bautismal en la ermita de La Vega, del valle de Valdelucio. Con piedra arenisca de Cuzcurrita y paciencia y arte de cantero medieval, Pilar ha hecho una maravillosa reproducción de la bautismal del pueblo de Pedrosa. Ayer sintió la emoción de la gran obra terminada y la de ver bautizar en ella al primer bebé. Pilar y Adriana, la niña cristianada, están ahora unidas para siempre por la piedra esculpida.

viernes, 21 de agosto de 2009

LOS RELLOSOS, DE OTRO PLANETA







FOTOS: Ruinas y restos de la iglesia parroquial de San Miguel


Relloso y San Miguel de Relloso es tierra desconocida, olvidada en los confines de Burgos. Los dos pertenecen a un planeta extraño, misterioso, donde resulta inquietante el océano de estrellas en las noches serenas. No hace mucho saltó a la fama este rincón burgalés de buenas patatas. Llegaron de la gran ciudad gente famosa de la televisión con un regalo para un robinsón solitario, se lucieron, se marcharon y el pueblo volvió a su calma en la soledad de sus ruinas. Posiblemente no entraron en la iglesia porque debieron pensar que era irrecuperable, y además olía a estiércol de las vacas que vagaban mansamente por los altares vacíos. La iglesia de San Miguel es una más de las muchas que van arruinándose en la provincia y que por esta galería de arte de la desolación irán apareciendo en exposiciones permanentes. Ver ahora su pila bautismal olvidada, sus altares y retablos desarmados y desprovistos de imágenes (no importa que fueran labrados con el buen arte de los siglos pasados), esperando el expolio final, es algo que sobrecoge y que nos hace pensar en lo efímero de la grandeza. Al fin y a la postre, la fe y devoción de los vecinos hacia las vírgenes y santos de madera que les vieron nacer tampoco debieron ser tan grandes como aparentaban ser en los mejores tiempos de los pueblos. Se fueron todos, y todos pronto olvidaron.

miércoles, 19 de agosto de 2009

PAMPLIEGA, SORDILLOS, DOS MOLINOS BURGALESES QUE NO DEBERÍAN PERDERSE

Molino de Pampliega.

Molino de Sordillos. 
FOTOS: Sordillos. Pampliega.

        Se conservan todavía en la provincia de Burgos cientos de molinos harineros, esos maravillosos artefactos que no hace tanto tiempo fueron fundamentales para los pueblos y sus habitantes. Muchos están arruinados, otros se conservan en aceptable estado, hay incluso algunos que han sido recuperados por iniciativa de los pueblos a través de asociaciones culturales.

Los molinos, incluso los más humildes de una o dos piedras, son un bien de interés etnográfico e histórico de enorme importancia. Más aún los grandes molinos con varias piedras que, como el de Pampliega, cumplió además la función de fábrica de electricidad (“La Pampliegueña”), suministrando luz a un buen número de pueblos de la comarca; o el de Sordillos, que también fabricó electricidad y que aún conserva elementos medievales, ya que en su origen perteneció a un monasterio premostratense del S. XIV. Las dos fábricas harineras -que así se las podría considerar-, conservan todos los elementos de la molienda, piedras, rodetes, un entramado espectacular de poleas, correas, engranajes y canjilones de madera, limpias, etc. Todo ello, sin apenas intervenciones de importancia, podrían convertirlos en museos vivos para enseñanza de todos, es decir en una apuesta de futuro.

Molino de Sordillos. 

Molino de Sordillos. 


Molino de Sordillos. 

Abandonada su actividad y cubiertos de telarañas, con el agua de los cauces molinares pasando de baldío por los rodetes hidráulicos, y aún con el olor de la harina por todos los rincones, recomiendo encarecidamente a quien corresponda la recuperación de estos dos molinos, lo están pidiendo a gritos; su desaparición sería una auténtica tragedia.

Compuertas. Molino de Pampliega.

Los ojos del molino de Pampliega.


Molino de Pampliega.

Molino de Pampliega.

Molino de Sordillos. 

Molino de Pampliega.

martes, 18 de agosto de 2009

REGRESO A SAN SATURNINO DE RIOSERAS



FOTO: Reja que sustituye a la original desaparecida. De la parte antigua conserva el semicírculo superior.

Tenía un presentimiento y este se ha cumplido. Como me imaginaba, la espléndida verja que cerraba el pórtico de la iglesia parroquial de Rioseras, con siglos de antigüedad, ha desaparecido, me dicen que hace ya unos años. Es natural, cuando los profesionales del expolio sienten que el patrimonio está descuidado, aprovechan para obrar a conciencia y con tranquilidad. En el año 2000, con motivo de rescatar los signos lapidarios de esta iglesia, realicé una serie de fotografías, entre ellas la de la verja, que me pareció una auténtica maravilla. Hoy, nueve años más tarde, he vuelto a San Saturnino y he visto, desolado, que la verja original ya no está, que en su lugar se ha colocado otra moderna y menos consistente. Es fea, pero no importa, para lo que tiene que proteger, sólo ruinas, ya es suficiente.

sábado, 15 de agosto de 2009

EL PORTILLO DE MEDINA Y LOS YESEROS DE TARTALÉS DE LOS MONTES



FOTOS: Portillo de Medina; en primer término ruinas de Valdelacuesta. Restos de la yesera de Tartalés.

Antes de que existiera la tupida red de carreteras con que cuenta ahora la provincia de Burgos, cuando casi todo eran infames caminos, y cuando los medios de locomoción en el medio rural eran los carros, las caballerías o el simple caminar, comunicarse entre los pueblos para cualquier asunto, comercial, urgencias médicas, aprovisionamiento de víveres o ropa, etc., era un auténtico problema, mucho más acusado en las zonas de montaña que en el llano, como es natural. Por eso, y para no dar rodeos de muchos kilómetros, desde muy antiguo los pobladores de las zonas más agrestes de la provincia se vieron obligados a sortear las más poderosas barreras montañosas, utilizando portillos naturales situados en las líneas cumbres. Esos portillos en las sierras, que ahora nos parecen insalvables obstáculos, algunos sólo aptos para avezados montañeros, hasta mediado este siglo (XX) fueron franqueados como lo más natural del mundo por los habitantes de los pueblos, bien es cierto que con no poco sufrimiento.
Hoy, con la huella de las ascensiones y herraduras de sudor borradas, y una historia de siglos de continuo trasiego, también olvidada, queremos recordar aquí los pasos de montaña que más contribuyeron al desenvolvimiento social y económico de los burgaleses de la provincia.


El Portillo de Medina comunicaba el valle de Valdivielso con la Merindad de Cuesta Urria a través de la sierra de la Tesla. Fue utilizado, fundamentalmente, por los habitantes de dicho valle, aunque con mayor frecuencia por los de los pueblos de Arroyo y Tartalés de los Montes. Los yeseros de esta última localidad tenían en este portillo su principal salida hacia Medina de Pomar para vender, en esta población y en otras de la citada Merindad, el yeso por ellos fabricado. Al descender de la sierra llegaban a Quintanalacuesta, y después de cruzar el río Nela en Paralacuesta, seguían hacia Medina por donde mejor les cuadraba. Pero no fueron sólo los yeseros quienes cruzaron por este paso de montaña, también lo hicieron los resineros, con sus burros cargados de resina, y el resto de los vecinos de los dos pueblos citados cuando tenían que acudir a Medina a las ferias de ganado o para proveerse de lo que les era necesario y carecían.

Un túnel en la Sierra de la Tesla.
Los habitantes de Cuesta Urria debieron utilizar menos el Portillo de Medina, aunque hay constancia de la inquietud que había en esta parte de La Tesla por comunicar ambos valles por medio de un túnel que taladrara la sierra. En relación a este legendario e imposible túnel, la tradición oral dice que a principios de este siglo (XX) alguien, no se recuerda quién, tuvo la ensoñación de construirlo, y que de ese proyecto, ingenuo y faraónico, queda como testimonio, en el término de Quintanalacuesta, la llamada Cueva de la Mina, que no es otra cosa, según hemos recabar entre los vecinos de más edad, que el principio de ese pasaje hecho por gente de Urría con picos y palas. Al parecer, al iniciar esta obra los vecinos de Quintanalacuesta y Valdelacuesta pensaban que la tarea sería menos complicada si llegaban a contactar su excavación con la mina de carbón que había al otro lado de La Tesla, en el pueblo de Arroyo. Pronto, sin embargo, debieron darse cuenta de la dificultad que entrañaba el intento y abandonaron la obra, dejando hecha una galería de cuarenta metros en la falda de la sierra.

Con respecto a los yeseros de Tartalés, cabe decir que su actividad todavía duraba hacia la mitad de este siglo (XX), y que la mina o filón del yeso estaba junto al camino del Portillo de Medina, aproximadamente a 1 kilómetro del pueblo. Todavía hoy pueden verse al pie de la yesera los restos de los dos hornos en los que se cocía la piedra de yeso, cosa que no ocurre con el filón, ya que un derrumbamiento lo sepultó hace años. Precisamente, en uno de estos hornos murió quemado un yesero en los años cincuenta (del siglo pasado).
La mina y hornos eran del común del pueblo, pudiendo extraer piedra el vecino que lo quisiese, y sólo se laboraba cuando acababan las faenas propias del campo. El yeso cocido era bajado a Tartalés de los Montes, en donde era molido y hecho polvo por los propios vecinos, algunos con un malacate y otros con simples mazas. Después se llevaba a vender, en sacos y con burros, por los pueblos del contorno, en ocasiones a lugares tan distante como los Altos de Dobro o a la mencionada Medina.




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jueves, 13 de agosto de 2009

CASAS NOTABLES DE BURGOS VI



FOTOS: Realizadas el 9 de septiembre de 2009, cuando la casa estaba siendo objeto de adecentamiento.

DESDE LA PLAZA PRIM, CON VISTAS A LA MONEDA Y SANTANDER

Diario 16 Burgos, 16 enero 1994

A.M.BU.: (Archivo Municipal de Burgos)

Cuatro calles corren paralelas desde el centro de la ciudad a la calle de San Juan: San Lorenzo, Almirante Bonifaz, Moneda y Santander, y las cuatro inician su recorrido en la plaza de Santo Domingo de Guzmán (antes plaza de Prim). Entre las dos últimas, con un fondo cercano a los 40 metros, existe un edificio de tres pisos con cierta notoriedad, una de cuyas fachadas, la que lleva el número 3 de la calle de Santander, se asoma a la plaza de Calvo Sotelo (antes Plaza de la Libertad) con permiso de la calle del Cordón y de los soportales de Antón. A la calle de la Moneda, en otro tiempo conocida como Entrambospuentes, da la otra fachada.

Como otras muchas edificaciones domésticas de la época dorada de la construcción en Burgos, en la que hoy llega a este serial, por la calle de Santander presenta los cuatro elementos que las caracterizan: ladrillo rojo, piedra caliza sillar, hierro en las balconadas y madera en los artísticos miradores Por cierto: ¡qué ingente labor la de los carpinteros de aquella época! Anote el lector curioso que, según la Guía General de Burgos, de A. Buitrago, en 1876 estaban a pleno rendimiento nada menos que 23 talleres de carpintería.
Con planos del prolífico arquitecto Severiano Cecilia, este edificio fue construido en 1889. En este año el Ayuntamiento Constitucional concedió permiso de obra a Celedonio Varea para edificar las casas número 2 de la calle de Santander y la número 7 de la calle de la Moneda (A.M.BU. exp. 1237). Por estas fechas todavía no estaba hecha la alineación definitiva de la última de las citadas calles, circunstancia por la cual la mencionada propietaria, en su solicitud, pedía a la municipalidad que fijara la alineación de sus dos fachadas. En este sentido, el criterio de la Comisión de Obrería del Consistorio, que entendió que la misma “sería de buen efecto arquitectónico”, fue para la Moneda el de “dejar todo el trayecto de una altura constante de 10 metros, y para la de Santander, contigua a una casa de la condesa de Bornos, que se sujetara a la alineación que ya estaba aprobada. Para esta última fue necesario también el informe del Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos y Puertos (no debe olvidarse que la calle de Santander era el inicio del camino hacia la capital cántabra), donde se advertía que “durante la construcción se embarace lo menos posible el tránsito público”. Y es que, con un pequeño esfuerzo, podrá el lector imaginarse esta calle en aquel tiempo tan transitada como hoy, pero por vehículos de menor cilindrada, por no decir de distintas herraduras.

miércoles, 12 de agosto de 2009

LAS ESTACIONES DEL TREN, UN PATRIMONIO CULTURAL PERDIDO


Antes y después. Inauguración de una estación del Santander-Mediterráneo (1927) y estado actual de la misma.

agosto, 2009

Arquitectónicamente, las estaciones de tren en Burgos, lo mismo las del Santander-Mediterráneo que las del Directo Madrid-Burgos, eran una maravilla, un patrimonio cultural edificado de enorme interés. La mayoría se han perdido ya gracias a la inoperancia y poca sensibilidad de los organismos competentes. Podrían haber tenido mil y una utilidades, pero se ha preferido abandonarlas a su suerte. Sus ruinas son hoy una imagen que degrada al paisaje, a quienes las contemplamos y a quienes han permitido el desastre. En las condiciones de abandono en las que se encuentran, desde hace años sujetas a todo tipo de expolio y de vandalismo salvaje, mejor sería que alguna máquina las hiciera desaparecer en su totalidad, de ese modo nos evitaría la vergüenza que sentimos los que amamos el tren y su historia.