Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

jueves, 6 de agosto de 2009

LA MAGIA DEL CAMINO


CAMINO DE RELLOSO (junio 2009)

Unos son de polvo y barro, otros de piedra y cantos. De los pueblos parten hacia el norte, hacia el sur, hacia el este y el oeste. Algunos se inician en la calle mayor, otros en las traseras de los corrales, los hay que pasan bajo arcos de antiguas murallas. Salen, se despiden del campanario y se alejan. Algunos discurren junto al arroyo, otros por soledades de ensueño. Al poco de partir, muchos hay que se interrumpen y debemos sortear la maraña vegetal, el puentecillo quebrado o el descarnado en la roca para volver a encontrarlos. Y cuando atraviesan las parameras de nieve y estrellas, jalones de piedras los van marcando para nuestra orientación.
Son los caminos entre pueblos, los que nos comunicaron.
Nadie los utiliza ya, salvo algún raposo feliz. De quienes se sirvieron de ellos, muchos murieron, otros se fueron a ciudades de confinados. Los pueblos se despoblaron, nadie va ya de un pueblo a otro, de un despoblado a otro, sólo el raposo feliz al caer la noche.
Por ellos un día chirriaron carretas, caminaron vecinos, algunos con zapatos relucientes en la mano, para coger el tren en el pueblo que tenía estación; el buhonero solitario con su cajón de estampas y otras maravillas, el enamorado para reunirse con su amada del pueblo vecino; el pastor y su perro hacia la majada, el carbonero a su chozo de hollín, el trajinero con su macho y alforjas repletas, el cartero con noticias del hijo en América, el médico con su maletín... Caminaron también procesiones con estandartes al viento, chicos y chicas a la romería comunera de Santa Julita, a todas las romerías de todas las santas y vírgenes, de este mundo y del otro, y a la fiesta patronal más cercana, cantando y bailando en jaraneros regresos nocturnos.
Son los caminos entre pueblos, los que hicieron que no nos sintiéramos ni estuviéramos solos. Nadie, salvo el raposo feliz, camina ya por ellos..., a no ser profanadores de su historia olvidada, vehículos modernos de toda laya que hoy alborotan y descarnan sin contemplación su lecho tallado de pisadas.

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