FOTOGRAFÍAS: Ventanas de Céspedes. Torre caída en Bárcena de Pienza (Tomadas en abril de 2016)
PRIMER DÍA, CUARTA
PARADA
(Céspedes,
ventanas hidalgas)
Tras
una visita fugaz a los montes pasiegos, para darnos el gustazo de contemplar el Castro Valnera coronado por la nieve, ese gigante que tantas veces acompañó mis
exploraciones, retrocedimos hacia un territorio de aldeas silenciosas próximas
a El Ribero, por carreteritas sinuosas y envueltas en una luz de regalo que pronto anunciaría las sombras. Así llegamos a Céspedes, lugar escondido que nunca había
hollado (siempre queda algo por conocer y descubrir). Lo sabía, intuía que en
aquel territorio interior y desconocido alguien de condición hidalga debió posar
sus reales en siglos de casastorre y escudos. Y no me equivocaba, una gran
casona con perfectos sillares albinos nos recibió a la entrada del pueblo, y
en ella una primorosa ventana, blasonada con armas del apellido Céspedes, digna
obra de algún mago de la piedra. Pero hay más casas con ventanas blasonadas en
Céspedes, un pueblo de hidalgos, a lo que se ve, solo hay que alzar la vista
hacia los aleros y llegaremos a contar hasta media docena. Huelga decir que
todas pasan a engrosar el ya repleto baúl que llevamos. Dejo aquí tan solo una muestra.
Una magnífica casona con ventana blasonada en Céspedes |
Una ventana digna de un mago de la piedra |
Preciosa ventana para un escudo vacío |
Ventana para un hijodalgo de Céspedes |
PRIMER DÍA, QUINTA Y ÚLTIMA PARADA
(Bárcena de
Pienza, la torre caída)
De
cómo al terminar el día llegamos a Bárcena de Pienza podría daros algunos
detalles; podría deciros, por ejemplo, que habíamos ido en busca de un Lechedo
que luego resultó que no era el que buscábamos, y que de vuelta por Gayangos fuimos a dar
al primero de los pueblos, pero todo lo demás sería algo que nada de interés iba a aportar.
El caso es que, ya bastante caída la tarde, a la entrada de Bárcena nos llamó la
atención un nido de cigüeña con su inquilina; y esto no hubiera sido reseñable
si no fuera porque el nido se encontraba en lo más alto de lo que parecía una casona arruinada, y porque bajo él, casi escondida, podía verse una ventana ajimezada,
de arcos apuntados, propia de algún edificio histórico. Apresurados,
aún tuvimos tiempo de recorrer el perímetro del edificio, que pronto comprobamos se
trataba de una torre, probablemente de origen medieval. Recorrimos lo que pudimos,
porque una casa adosada impedía (impide) hacerlo en su totalidad. El espectáculo era
penoso, debo decir, pues lo que se ofrecía ante nuestros ojos, a pesar de algún
lienzo en pie, era francamente desolador, una vieja torre caída (hoy sé que sin estudiar ni catalogar) con aspecto de haber pertenecido a algún notable de la zona, estaba prácticamente reducida a escombros. Ya digo, una pena.
La
noche pronto caería en Bárcena de Pienza, era momento de volver a El Ribero y de calmar en su bella torre la fatiga emocional por tantas cosas vistas.
Definitivamente, se trataba de una torre caída |
Primero vimos el nido, después la ventana ajimezada |
Algunas saeteras en el lienzo del poniente hacían sospechar que se trataba de una torre |
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