Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

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jueves, 21 de mayo de 2026

UN CID EN LA BODEGA (XV)


La figura campea sobre la bodega. 




Hueca por dentro, parece de piedra y es escayola. Pronto el emparrado la ocultará. 

FOTOGRAFÍAS: Escultura en bodega de Hornillos del Camino. (Tomadas en mayo de 2026) 


Continuando con nuestro periplo por las bodegas tradicionales de Burgos recalamos en días recientes en el lugar de Hornillos del Camino. Y aquí, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nos aguardaba algo que ni en sueños hubiéramos esperado, una sorpresa ajena a todo lo que tiene que ver con la producción del vino. Curioseando el núcleo principal de las bodegas, el que se encuentra en la calle alta del pueblo, nos llamó la atención en una de ellas algo que nos pareció insólito y que paso a describiros. A través de los huecos que dejaba un emparrado aún incipiente, el que en poco tiempo cubriría un merendero adosado a la bodega, pudimos ver que sobresalía una cabeza, aparentemente de piedra y sujeta en la cúspide, que, por su casco, sus luengas barbas y escamado almófar, se asemejaba a la de un caballero o guerrero medieval. Nos acercamos, y al observar la imagen completa, pudimos ver que se trataba no solo de una simple cabeza, sino de un busto; un busto que, por la iconografía que conocíamos de El Cid, tenía todas las trazas de querer representar al célebre personaje.

A dos hombres que trabajaban en un merendero cercano preguntamos sobre la autoría y procedencia de la escultura y nos dieron una versión que nos dejó impresionados. Al parecer un constructor burgalés la había encontrado enterrada en una casa que estaba derribando en la capital, aunque no sabían en qué concreto lugar. El asunto, pues, era tentador y nos invitaba a seguir su rastro.

De una sorpresa a otra: aparece Marceliano Santa María

La noche de aquel día me costó conciliar el sueño, todo me daba vueltas, todo giraba en torno a la misteriosa escultura. No parecía que estuviera hecha por un simple aficionado. Las preguntas se agolpaban en mi almohada: si el busto era de piedra, quién lo labró; si se ejecutó en algún lugar fuera de Hornillos, qué lugar era este y cómo llegó a campear en la bodega; y si tenía algún valor histórico o artístico, cuáles eran esos valores. Había que tirar del hilo, hacer de detective una vez más. Inquieto por el hallazgo, volví al día siguiente a Hornillos por si, por una casualidad, el dueño se encontraba en la bodega, pues solo él podría desentrañar el enredo. Como era de esperar, el dueño no estaba (las bodegas ya no son lo que fueron). Era domingo y la hora pacífica de la siesta, mal momento para encontrar en la calle autóctonos. Había, eso sí, peregrinos junto a los muchos albergues que se han abierto en este pueblo, pero ellos eran forasteros, de lejanas tierras, y por eso no podrían ayudarme. Cuando ya desesperaba, tuve la fortuna de que, de un coche recién llegado, bajó un hombre joven que parecía nativo del lugar. Le pregunté si conocía al dueño de la bodega: “Es amigo mío”, me dijo. Vaya, qué suerte, dije. Fue así cómo compartimos nuestros teléfonos y él mismo se comprometió a ponernos en contacto.

Había merecido la pena la visita dominguera, pero me quedaba la duda sobre si recibiría la llamada esperada en los siguientes días, a veces, las promesas espontáneas se convierten en pelusa de chopo.

La llamada

No tuve que esperar mucho, al día siguiente recibí la llamada de un móvil desconocido que estuve a punto de no atender por no estar en mi lista de contactos. Pero atendí, y acerté, pues quien me llamaba era Daniel Mayor, el dueño de la susodicha bodega de Hornillos, a quien debo agradecer su colaboración. Daniel, de 59 años, es una de las personas que participaron en el mencionado derribo y por eso conoce de primera mano el descubrimiento de la escultura supuestamente cidiana. Al parecer y según describe, la casa demolida estaba justo enfrente del convento de Santa Clara, en lo que hoy es la droguería Nieva. Describe también que dicha casa, derribada a finales de los ochenta, era de piedra y madera, de dos plantas, que en la planta baja estaba la vivienda y estudio de Marceliano Santa María, el afamado artista burgalés, y que el susodicho busto apareció alojado en una de las paredes.

¿Se trata de una máscara?

Daniel nos describe la escultura como una obra hecha en escayola o yeso, hueca por dentro, enseñando el esparto o cáñamo y las tablillas cruzadas que le daban consistencia. No se trata, pues, de en rigor un busto de piedra, aunque en un primer momento así nos pareciera, sino de una especie de gran máscara que, tal vez, pudo estar destinada a ser molde en el taller de algún alfarero ¿quizá los hermanos Calvo? Solo don Marceliano nos lo podría decir, si estuviera vivo, sólo él podría decirnos si la obra la hizo él mismo o algún discípulo.

Fue una suerte que alguien de los que participaron en el derribo decidiera recuperar la interesante figura, y más aún que la expusiera al público en general en lo más alto de su bodega, porque así la podemos disfrutar todos. Ojalá se conserve muchos años.

Y hasta aquí, queridos amigos, la pequeña memoria que he podido hilvanar de un pequeño descubrimiento en una bodega de las muchas que llevamos guardadas en nuestro repleto Cajón de Sastre.


Imitación de un guerrero medieval. 


viernes, 16 de enero de 2026

DE BUZONES Y POSTALES

                                            


Buzón de correos en Fuenteodra.


Buzón en Moradillo del Castillo.


Buzón en Manciles.



FOTOGRAFÍAS: Buzones de cartas (tomadas en distintos años).

En mi reciente estancia en México quise comprar alguna postal de los lugares más emblemáticos que visitamos. No porque las necesitara para enviar a familias y amigos, como hasta no hace tanto tiempo fue costumbre, sino por engrosar la colección acumulada durante años. Una colección preciosa, todo hay que decirlo. En un pasado cercano, la postal sirvió para comunicar a nuestros amigos y seres más queridos que estábamos bien y que disfrutábamos mucho de las maravillas que estábamos viendo en nuestros viajes. Quise comprar postales, ya digo, pero no pude hacerlo porque ya no se encuentran en ningún lado. Las postales han desaparecido. ¿Alguien ha comprado o visto alguna en los quioscos en estos últimos tiempos? Silencio. Hoy esa costumbre postal, que era una forma cómoda de comunicación, pues requería menos esfuerzo que una carta, ha sido sustituida por los envíos por wasap. Ahora, con nuestros móviles, podemos enviar fotografías sin cuento y el sufriente familiar o amigo recibirlas al instante de ser enviadas, sin necesidad de barcos ni de trenes que las transporten en sacas de Correos.  La competencia, pues, no resiste comparación y por eso las postales han desaparecido.  Otra pérdida sobrevenida por las nuevas tecnologías.  

Después de lo anterior, queridos amigos, me parece oportuno traer a colación los buzones de correos en los pueblos. Cuando veo empotradas en muros estas cajitas de distintos colores, con su característica trompetilla como logo y su mágica ranura para introducir las cartas, se me ocurre pensar que quizá lleven años vacías y que la menguada población de los pueblos, vieja de años y llena de experiencia, debe estar cansada ya de abrirlas para no encontrar nada. Pueden ser media docena de almas mayores que quizá no tengan quien les escriba, como no sea un banco sin calor amigo ni familiar.    

Si abriéramos uno de estos buzones olvidados, ¿con  qué nos encontraríamos?


Villanueva de los Montes 
En algunos lugares, las cajitas de Correos no llegaron, o llegaron tarde, y fueron
los propios dueños de las casas quienes tuvieron que arreglárselas
fabricando sus propios buzones.
 


 
 Buzón en Villasidro.  
Antes de las cajitas de Correos una simple ranura
 en la puerta podía servir como buzón.
  


 

sábado, 15 de noviembre de 2025

CARTAS DE RELACIÓN DE UN BURGALÉS EN MÉXICO (II). SEGUNDA PARTE, SEGUNDA ENTREGA. GUANAJUATO


El color, una característica de Guanajuato. 


Recoleta plaza de la ciudad minera.


SEGUNDA PARTE, SEGUNDA ENTREGA 

UN ENCUENTRO INESPERADO, EL ABRAZO DE GUANAJUATO 

   Hay ocasiones en que los encuentros entre personas, por sorprendentes e inesperados, tienen algo de especial, por no decir mágico. Esto podría decirse del que tuvimos en Guanajutao en el viaje que nos lleva. Lo cuento como sucedió. El Festival Internacional Cervantino, como ya se ha apuntado, entre sus muchas actividades había organizado distintos conciertos musicales, entre ellos el de Carmina Burana, que iba a tener lugar por la tarde en un escenario instalado junto a la célebre Alhóndiga Guanajuateña (de la que luego hablaremos). Este escenario, grande y semejante a los que vemos en televisión y que acogen los conciertos de grandes divas y divos, se me pasó por la cabeza que debía ser parecido a los que mi buen amigo Sergi Gras, catalán pero afincado en Burgos, organiza por el mundo para este tipo de eventos. Pensé en él. Pero no solo pensé, sino que se me ocurrió mandarle un saludo por guasap en el mismo lugar en el que me encontraba, tan lejos de nuestro Burgos. “Hola, Sergi, me encuentro en Guanajuato. Debajo de donde estoy hay un escenario enorme que me ha recordado a ti. Desde aquí te mando un fuerte abrazo”, algo así de escueto le escribí. Lo que no me esperaba es su pronta y sorprendente respuesta: “¿Estás de broma? Estoy de viaje en el autobús. Mañana estaré en Guanjuato para un concierto de Nati Pelusso”, me escribió. Ni que decir tiene que mi sorpresa fue tan grande como la suya. Sergi estaba haciendo el mismo viaje que un día antes hicimos nosotros y se quejaba del palizón que ello le estaba suponiendo, muchos atascos, muchas horas… Aun así, pese a su cansancio, quedamos para vernos y desayunar al día siguiente. Que fue así cómo, en la terraza exterior del Hotel Luna, en el centro de la ciudad mexicana, pudimos darnos un abrazo que, por sus especiales circunstancias, quedará para siempre en los anales de nuestra amistad. 


Fachada principal de la Alhóndiga de Granaditas. 


Patio de la Alhóndiga. Con la matanza pudo quedar inundado de sangre.  


 MATANZA EN LA  ALHÓNDIGA DE GRANADITAS, “EL PÍPILA”

         Entre los muchos lugares notables que pudimos ver en la ciudad de Guanajuato se encuentra su alhóndiga, conocida como Alhóndiga de Granaditas, un edificio cuadrangular construido en el siglo XVIII para almacén y comercio de granos, hoy convertido en Museo Regional. En realidad, se trata de una desmesurada construcción, con aires palaciegos, que, por su volumen, destaca sobre el discreto y hermoso caserío. El edificio tuvo gran protagonismo en la Independencia de México. Cuando las fuerzas insurgentes, al mando de Hidalgo y Allende, atacaron la ciudad, las realistas se refugiaron en este amplio y robusto recinto y detrás de ellas muchas familias europeas peninsulares. El asedio de los rebeldes, al no haber una rendición, terminó con la gran matanza llevada a cabo por “turbas enardecidas”, quedando el recinto convertido en un gran charco de sangre.  Son acontecimientos teñidos de historia y leyenda, queridos amigos de este Cajón de Sastre, dentro de los cuales destaca un personaje que tuvo especial protagonismo en dicho asedio. Conocido como El Pípìla, fue un minero partidario de los rebeldes que decidió el final de los refugiados en la alhóndiga. Se cuenta que, protegido por una gran losa, llegó hasta las puertas del gran edificio y las prendió fuego, permitiendo así el paso de los insurgentes. Como recuerdo de esta hazaña rebelde, y lo que pudo significar en la independencia de México, El Pípila tiene su monumento en un lugar prominente de la ciudad de Guanajuato, al que se puede acceder a través de un teleférico. Investigado a fondo, el tema podría dar para una película. Tendría lógica cinematográfica, y también cierta semejanza con la que los americanos del norte realizaron con el título de El Álamo, que recuerda un hecho histórico, el de los defensores de la misión de San Antonio en la guerra de la independencia de Texas, donde, tras el asedio de las tropas del general Antonio López de Santana, todos los texanos defensores murieron. Resulta extraño, ciertamente, que no se haya hecho película de los refugiados masacrados en la mencionada Alhóndiga de Granaditas, aquí queda la idea.  


En el fondo de la imagen se aprecia la escultura de El Pípila, con un brazo en alto, no sabemos si en plan arenga rebelde o portando una antorcha incendiaria.


miércoles, 12 de noviembre de 2025

CARTAS DE RELACIÓN DE UN BURGALÉS EN MÉXICO (II)


   

Imprenta popular y de calle en la capital mexicana.

CARTAS DE RELACIÓN, DE UN BURGALÉS EN MÉXICO (II)

SEGUNDA PARTE, PRIMERA ENTREGA

Decíamos ayer:

        "!¡Holaaaaaa! ¿Hay alguien ahí?... Silencio contenido. Ah, ya, me marché  a la francesa sin ni siquiera despedirme. Y hoy, vuelto de la Nueva España, que ahora dicen México, debo pedir humildemente perdón por el abandono del barco a sus señorías, pacientes amigos y navegantes en este carcomido arcón de sastre.    

    Sabida es la ambición de este cronista por contar eventos e historias que acontecieron a burgaleses más allá del Gran Mar, cosas de las que aquí dejamos constancia en el camarote Burgaleses de Ultramar.  Durante el tiempo que ha permanecido este bergantín al pairo, dímonos prisa en visitar regiones y en aprender de la vida de los nativos del Nuevo Mundo, que ya no es tan nuevo, cosas que intentaré, Dios mediante, trasladar para el conocimiento de sus mercedes. Digo ahora, que la llegada a la capital de los mexicas nos maravilló grandemente desde la carabela voladora en la que navegamos, pues fue tal la impresión que recibimos en el aire que su recuerdo permanecerá imborrable y para siempre entre nosotros. En las maniobras de arribo la quilla apenas si podía esquivar los tejados de la infinita ciudad  que se extiende más allá de donde alcanza la vista, en un vallellano rodeado de montañas lejanas tan grandes como nunca, antes, habíamos visto. Tomamos tierra el 17 de mayo de 2013, recibiéndonos en puerto familiares y amigos que antes que nosotros habían llegado a México, ahora llamada con el abrevio  DF. 

    Vano sería describir lo que navegantes más avezados que nosotros, reconocidos conquistadores, así cono cartógrafos, frailes y escribanos, reflejaron tan profusamente en sus cartas de relación sobre este basto territorio. Aun y todo, digo  a sus señorías que algún cabo suelto quizá pueda interesar a nuestros paisanos de Burgos".                  

   

        Eso decíamos ayer, que vino a ser un 10 de junio de 2013. Y lo que decíamos ayer, es válido para hoy, a 11 de noviembre de 2025, que es cuando comenzamos a resumir un nuevo viaje al Nuevo Mundo, el que nos ha permitido conocer otras maravillas del país hermano y querido. Prosigamos, pues, como si el tiempo no hubiera pasado, y vayamos descubriendo lugares y momentos de nuestro aventurero periplo. Nada que decir de la capital mexicana, siempre recibidora, que sigue tan grandiosa y en ocasiones tan hermosa, pero tan inabarcable y avasalladora como entonces, o quizá más.


GUANAJUATO 

         Salir de la capital mexicana no es tarea fácil, lo comprobamos cuando, ya en el camión (es la manera en que llaman los mexicanos al autobús), emprendimos ruta hacia Guanajuato, una de las ciudades coloniales que siempre soñé y desee conocer. Los atascos por la gran densidad de tráfico son exasperantes y para armarse de paciencia, pero al final se sale. Y es entonces, salidos y en ruta,  cuando uno comienza a ver la grandiosidad de un país varias veces más grande que nuestro terruño patrio. Comprenderéis, queridos amigos de este Cajón de Sastre, que en las cinco horas que dura el viaje hasta la ciudad minera de Guanajuato, a la sazón Patrimonio de la Humanidad, mis ojos no perdieran ripio de todo lo que iba apareciendo a izquierda y a derecha, en horizontes lejanos o más cercanos. Y así, iban llamando mi atención, sobre todo, la presencia de sierras montañosas que aplacaban las llanuras, espinazos en cuyas laderas nacieron pequeñas aldeas, solitarias y aplastadas, grises como el cemento. Seguía su ruta el camión, íbamos dejando territorios boscosos cuyas entrañas probablemente nuestros conquistadores no llegaron a conocer ni a pisar. Pequeños rebaños de vacas en las orillas, siempre con su pastor, eran signos de vida en esta parte del Bajío mexicano, como lo eran también exiguas milpas que, junto a la infinidad de ellas que veríamos después, nos recordaban el aforismo que retrata al país mexicano: "Sin maíz no hay país”. Y así, disfrutando de este paisaje, vino a romper las soledades Celaya, una población de cientos de miles de almas, de la que nada sabíamos pero que no era objeto de nuestro destino y por eso la dejamos de lado. No tardó mucho en aparecer la ciudad de Guanajuato, situada en un accidentado relieve y con el animado colorido de su caserío que tanto le caracteriza, con las montañas de las minas al fondo, minas de oro y plata que en algún momento de nuestra estancia teníamos intención de visitar. Desde la terminal de autobuses un taxi nos introdujo en el laberíntico y angosto callejero pasando por túneles-calle excavados en la roca, amplios y diversos pasajes que comunican distintas zonas de la ciudad (Los mineros guanajuatenses sabían de horadar las rocas y no debieron tener mayores dificultades en las excavaciones). Tiene muchos atractivos la capital del Bajío, los túneles-calle son uno de ellos. Pero cuando se visita por primera vez una ciudad Patrimonio Mundial resumir todo lo que ves en ella resulta una tarea extremadamente compleja. Para mayor suerte, coincidió nuestra visita con el Festival Internacional Cervantino, que nos dio oportunidad de asistir, en el maravilloso Teatro Juárez, a un concierto para orquesta y coros de Chaikovski, interpretada por la sinfónica de la Universidad guanajuateña y con Alexei Volodín al frente del piano. ¡Cómo olvidar! Acabábamos de salir de Burgos, como aquel que dice, y nos encontramos con semejante y extraordinario regalo en el otro lado del océano (gracias, Clara). Pero el prestigioso Festival Cervantino aún nos había de deparar más sorpresas, y no me refiero a las representaciones del teatro de calle, a dos de las cuales asistimos, sino a un curioso encuentro. Lo veremos en próxima entrega.

 

Guanajuato, una explosión popular de colores.
Al fondo, las montañas de oro y plata que le dieron fama. 


Guanajuato merece ser contemplada por la noche. 



Universidad blanca de Guanajuato. 

Bóveda del Teatro Juárez con aires de Oriente.

"El infinito en un junco",
Merecido homenaje en un banco callejero
de Guanajuato.




miércoles, 17 de septiembre de 2025

LA VIEJA OLMA DE JARAMILLO DE LA FUENTE


Olma de Jaramillo de la Fuente en verano

Olma de Jaramillo de la Fuente en invierno.


FOTOGRAFÍAS: Olma de Jaramillo de la Fuente (circa 1976).

Hurgando en mis archivos del más allá, me encontré recientemente con dos fotografías en blanco y negro de los años setenta que ya ni recordaba haberlas hecho. Son de mala calidad, lo sé, pero sirven para documentar que todavía por aquellos años resistía una olma junto a la maravillosa iglesia de Jaramillo de la Fuente. Una olma que feneció, como fenecieron otras muchas de Burgos que fueron emblemáticas, por una enfermedad contagiosa cuyo virus vaya usted a saber de dónde llegó, cómo se creó y cómo se propagó. Seguro que muchos de vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, lo sabréis. Pasaron los años y el hueco dejado por el árbol muerto fue ocupado por otro de cuya memoria y trayectoria nos hemos ocupado ya en muchas ocasiones en esta bitácora, me refiero al Árbol de la Provincia, la encina que crece con tierra de todos los pueblos de Burgos. A rey muerto, rey puesto, dijeron para sí los soñadores que plantaron el vegetal sustituto, aunque en este caso no se trataba de reyes, sino de reinas.

Para una mejor observación, dejo aquí, dos caras de la vieja olma, una de verano y otra de invierno, una poblada de hojas y otra sin ellas.  


Donde hubo una olma crece desde 2009 una encina, el Árbol de la Provincia.  


miércoles, 30 de julio de 2025

EL JUNCO DE IRENE

Papiro


Hola, hola. ¿Cómo va el verano, queridos amigos de este Cajón de Sastre? Espero y deseo que a vuestro gusto y disfrutando mucho, los que podéis. Sí, lo sé, os he tenido muy abandonados últimamente, y por eso debo pediros otra vez disculpas. Podría aducir que esta larga usencia se debe a que me he dedicado a una ganada molicie tras el parto del libro de las ventanas, pero no sería justo ni totalmente cierto. La verdad es que durante este tiempo me he dedicado a la jardinería, que como bien debéis saber requiere también de su esfuerzo. ¡Ah, la jardinería, cuantas satisfacciones!, no pensaba yo al iniciarme en este mundo que habría de disfrutar tanto. Podría enumeraros todos los árboles y plantas a las que abrazo cada mañana y hablaros sobre las conversaciones que mantenemos, pero seguramente no me lo creeríais, ni me lo perdonaríais. Son muchas las especies que me acompañan, pero entre ellas no se encuentra el junco, el que dio origen al papiro y a los primeros libros. Esta falta la vino a compensar el maravilloso libro de Irene Vallejo El infinito en un junco, que me devolvió a la lectura tras un largo y fructífero recorrido por las palabras aladas de la tradición oral. Solo un reproche a tan magnífica obra, y es el hecho de que me costara tanto acabar de leerla. Un reproche que es agradecimiento en realidad, porque si os digo la verdad, quería que nunca acabara, de tanto como me recreaba con su lectura; por eso mismo, a cada página que avanzaba retrocedía a la anterior (una página adelante y otra hacia atrás, como los pasos en el baile de La Yenka), pues consideraba que no podía ser que tanta belleza y tanta sabiduría en cada una de ellas cayeran en un incipiente olvido absorbida por las siguientes; ¡y no había manera de avanzar! Así, pues, queridos amigos, la jardinería y el Infinito en un junco (¡qué título tan acertado!) me han tenido ocupado todo el mes de julio y me han permitido cargar las pilas para poder seguir con nuevos viajes por la provincia. Pronto volveré a la carga, espero.   


Un banco en Guanajuato se rinde al junco de Irene. 

miércoles, 12 de marzo de 2025

LA MONTAÑA CAÍDA DE VALDECOJOS, EN ROS

La Montaña Caída de Valdecojos.

      

Camino de Valdecojos. Al fondo puede verse La Montaña Caída. 



FOTOGRAFÍAS: Montaña Caída en el término de Ros (Tomadas en febrero de 2025)

El derrumbe de La Montaña Caída de Valdecojos pudo suceder por el día, pero también por la noche. Personalmente más me inclinaría por esto último, pues siempre he tenido la impresión (no entiendo por qué razones) de que cuando se desploma y desgarra una montaña, o se mueve o desplaza la tierra en lugares solitarios y apartados de los núcleos de población, lo hace con nocturnidad y sin testigos, salvo las aves nocturnas que posan cerca (Deslizamiento de Tamayo). No es muy científica esta apreciación, lo sé y me disculpo. En cualquier caso, fuera por el día o fuera por la noche cuando la montaña colapsó, nadie podría haber oído el estruendo que debió producirse, de tan alejada como está de Ros (el lugar poblado más cercano) y dada la existencia de montañas y vallejadas que se interponen en el eco. Consultadas las personas más mayores de dicho lugar, nadie supo decirme ni la fecha ni el momento exacto en que se produjo el derrumbe. Hay coincidencia, eso sí, en que debió tener lugar a finales de los años setenta del siglo pasado, entre 1977 y 1979.

Fácil de imaginar es que tuvo que ocasionar gran ruido, dada la magnitud del “pedazo” de montaña desprendido, cuya huella vemos hoy como si hubiera ocurrido hoy el derrumbe. La blancura del descarnado resultante es bien visible y a gran distancia pues contrasta con el gris del resto de la montaña.

Lo que hoy se conoce como La Montaña Caída (quizá antes del suceso geológico no recibiera nombre alguno) era hasta el momento de su derrumbe un lugar rocoso refugio de pastores con sus rebaños. Al parecer había oquedades suficientes para el cobijo, así como también grietas profundas en la base, lo que, sumado al reblandecimiento de la capa margosa en que se sustentaba la capa de piedra, a consecuencia de que los años citados fueron muy húmedos, propició el colapso.

No sé a vosotros, queridos amigos de este Cajón de Sastre, pero a mí lo que de verdad me impresiona de este suceso es el momento preciso del silencio violado cuando se rompe la montaña, sobre todo si los únicos testigos de ello pudieron ser las estrellas y los búhos; hay algo mágico y a la vez tétrico en él que me produce emociones profundas. Siento que la tierra tiene su propia autonomía, que, sin nuestra colaboración, puede modificar cuando quiere la virginidad del paisaje de siglos que nos fue tan familiar, con crudeza y en tan solo un instante, en realidad, algo parecido a lo que ocurre con los terremotos. 

Sobre tan peregrinas y telúricas ideas meditaba cuando, por el camino de Valdecojos, iba acercándome en soledad a la Montaña Caída de Ros.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

UNA EXCURSIÓN BAJO UN CIELO NEGRO (BODEGAS IX)


Un cielo negro y amenazador se aproximaba a Villaveta.


FOTOGRAFÍAS: Bodegas en Villasandino y Villaveta. Iglesia de Villaveta.  (Tomadas el 31 de agosto de 2024). 

Hay excursiones que por uno u otro motivo se hacen inolvidables. De la que os voy a hablar, queridos amigos de este Cajón de Sastre, es una de las que permanecerán para siempre en el recuerdo de este cronista. Fue el 31 de agosto (del presente año, por supuesto), día en que las compuertas del cielo se abrieron sobre las 16 horas y las trompetas del apocalipsis sonaron en Villaveta con descomunal fuerza. Y diréis: ¿y qué hacías tú, y quienes te acompañaban en ese desguarnecido pueblo, cuando la oscuridad que se acercaba por Castrillo era tan negra y amenazadoramente premonitora? Vayamos por partes.

VISITA A LAS BODEGAS DE VILLASANDINO

         Siguiendo con el tema de las bodegas, mi compromiso aquel día era visitar nuevos conjuntos, especialmente los de Villasandino, los de Arriba (“El Tablar”) y los de Abajo (“Bodegas del Viento”), que ya conocía de cuando contacté por primera vez con la Cofradía de los Chisteras, de eso hace la friolera de 30 años. Me guiaba la intención de ver en qué había quedado la costumbre de socializar en las bodegas de los vecinos de este pueblo, y de otros de su entorno. Me interesaba esto. Ya vimos en entradas anteriores cómo, en algunos pueblos, por diversos motivos esa socialización prácticamente se ha perdido; los conjuntos bodegueros se han convertido en “despoblados”, donde solo algunos recalcitrantes entrados en muchos años las visitan y disfrutan con cierta asiduidad. La juventud, dicen estos resistentes, ya no quieren saber nada, ni de hacer vino ni de las bodegas, prefieren otras actividades y diversiones. Sin embargo, en la visita a Villasandino pude comprobar que esto no es del todo así. Era sábado por la mañana, era agosto, y había cierto movimiento en los barrios del vino. En las bodegas de Abajo vi que había algunas con la puerta abierta, personas haciendo reparos, dentro y fuera de ellas, y bicicletas aparcadas junto a sus entradas, lo que me llevó a pensar que el abandono no era del todo total. Mayor actividad social pudimos encontrar en las bodegas de Arriba, a una de las cuales, la que me pareció más antigua y de cierta nobleza, su dueño, el señor Anselmo, nos invitó a entrar y a compartir un vinito churrillo, con otros vecinos que le acompañaban, en el lugar entablado donde un día se pisó la uva. Fue así cómo pudimos disfrutar de las entrañas de una bodega que, según supe más tarde, era conocida como “El Senado”, en contraposición a otra que visitamos más arriba, conocida como “La Moncloa”, donde se arremolinaba en la “hora del vermú” un buen número de Villasandineses de todas las edades, con muy buen humor, todo sea dicho. La socialización en las bodegas, pues, no se ha perdido del todo, pensé.


A la bodega de Anselmo se la conoce como "El Senado".


Las bicicletas son para las bodegas. 


VILLAVETA, DONDE EL CIELO SE DESPLOMÓ

Siguiendo nuestro periplo bodeguero recalamos en Villaveta, un pueblecito en el que, creo, no había estado nunca, pero vaya usted a saber, después de tantas vueltas. También este lugar tiene dos barrios de bodegas, aunque solo nos dio tiempo a visitar uno de ellos, que por cierto parece un poblado de esos que salen en las películas “del oeste” (quizá algún  ojeador de lugares para cintas de esta naturaleza algún día se percate del interés paisajístico y urbano que ofrecen estos barrios bodegueros con sus merenderos y lo ofrezca a algún productor cinematográfico para el rodaje de alguna película, sería una oportunidad para mitigar la despoblación, solo haría falta para completar el cuadro poner un par de cardos voladores y un saloon con puertas abatibles de doble hoja). 


Bodegas de Villaveta (Barrio de Arriba).
Para una película "del oeste".


Y en esas estábamos, curioseando y fotografiando bodegas del barrio de arriba, cuando vimos que del sur se iba aproximando un inmenso y amenazador nubarrón, negro como pocas veces habíamos visto. ¡Uy, uy, uy!, “esto se pone feo”, dijimos, y acordamos que era momento de salir pitando, de ponerse a resguardo. Que fue así cómo llegamos a Villaveta. Fue a la entrada del pueblo cuando se desató el diluvio. Pero aun y con eso, fugazmente nos dio tiempo a contemplar de frente un mural del artista urbano Christian Sasa, creo que copia de un Velázquez, pero esto no es seguro, porque los goterones en las lunetas nos impedían ver con claridad. En un primer instante quisimos aparcar el coche frente a la iglesia, pero la tormenta se manifestaba ya tan colosal, con vientos tan salvajes que parecían salidos de otro planeta, que decidimos buscar otro aparcamiento más seguro, no fuera ser que alguna teja o algún pináculo se desprendiera del templo y cayera sobre nosotros. Así, sin apenas visión por la lluvia encabritada, que con inusitada fuerza atacaba por todos los lados, aparcamos en una callejuela, sin saber si en ella estábamos más seguros. Y aquí, queridos amigos, fue donde pensamos que nuestras vidas no estaban seguras, que, de un momento a otro, como sucede en los tornados, nuestro coche y nosotros dentro íbamos a ser succionados y salir volando hacia un destino incierto. Aún con el motor en marcha, el pobre Peugeot se movía en bandazos por el empuje de un viento endiablado que presionaba por todos los flancos, era una máquina indefensa que nada podía hacer para defenderse de una tormenta nunca vista ni sufrida. No podíamos escapar, salir, imposible abrir las puertas, y aunque hubiéramos podido, cómo y donde refugiarnos? Las calles hechas ríos, los canalones de las casas impotentes para recoger tantísima lluvia, remolinos de agua y viento enloquecidos formaban una estampa que nunca habremos de olvidar.

Fue media hora de gran tensión. Pero todo lo que empieza tiene su fin, poco a poco la tormenta perfecta se fue marchando hacia el norte, seguramente para asustar a nuevos y desvalidos pueblecitos. La bestia se había civilizado y convertido en plácida lluvia, quizá en algún lugar cercano a nosotros alguien apagó la vela a Santa Bárbara. 


CRUCERÍAS DE ENSUEÑO

         La puerta de la iglesia, que a nuestra llegada estaba cerrada (mal cerrada, a lo que se ve), el viento la había abierto y el agua se había metido dentro del templo formando charcos. De los dos árboles que se alzan a uno y otro lado de la portada, uno había perdido una gruesa rama, la que hubiera caído sobre nosotros si allí hubiéramos aparcado el coche como fue nuestra primera intención. Con el portón abierto pudimos entrar en la iglesia. Y esa fue la parte buena de todo, pues de esa manera pudimos disfrutar de las bóvedas de crucería rurales más bellas que jamás habíamos visto. Su contemplación vino a apaciguar la zozobra vivida, que aquí sí cabe aquello de que no hay mal que por bien no venga.

FINAL DE LA EXCURSIÓN EN CASTRILLO MOTA DE LOS JUDÍOS

        La relativa calma había llegado también a Castrillo, probablemente el ojo del huracán. Un hombre de 91 años que encontramos, asustado todavía por lo que habían vivido, nos dijo que nunca había conocido una tormenta semejante y lloraba sus frutales tronzados. "No vayan por ahí, que la carretera es un río", nos dijo a modo de despedida..            


Iglesia de Villaveta.
Bóvedas dignas de una catedral


Crucerías salidas de un sueño.


lunes, 9 de octubre de 2023

VARIACIONES CHINCHES Y OTRAS EXPRESIONES



FELIZ OTOÑO 2023

FOTOGRAFÍA: Color de otoñada 

Una plaga de chinches de cama se ha apoderado de París. ¡París nada menos! ¡Vaya, notición! Esto me recuerda a mi niñez, cuando en Burgos, allá por los años cincuenta del XX, teníamos que convivir con estos bichitos, que tenían la costumbre de colonizar en masa las uniones de los travesaños de las camas. Cada uno luchaba contra ellos como podía, creo recordar que en mi casa se utilizaba el zotal, aunque no estoy muy seguro de que fuera este producto. Sea como fuere, el caso es que eran una plaga y que tenerlos en casa no era plato de gusto. Afortunadamente aquello ya pasó (no sé si del todo), pero la huella de su presencia quedó anclada en nuestro vocabulario. Como muestra de lo antipáticos que siempre nos han parecido, os propongo, queridos amigos, algunas variaciones derivadas (seguro que vosotros conoceréis alguna más), cada una de ellas con el significado de incomodidad, molestia, incordio o insulto amable que lleva emparejado.

  

¡Chinche, que eres un chinche!

Eres un poco chinche, ¿eh?

No me chinches, no me chinches…

¡Ese es un chinche!

¡Pero qué chinche eres!

¡Chincha y rabia!

¡Cómo te gusta chinchar!

¡Deja ya de chincharme!

¡Me estás chinchando mucho!



                    FRASEOLOGÍA BURGALESA DE USO COMÚN

Y ya puestos en frases y expresiones de uso común en Burgos (que supongo serán iguales o parecidas a las de otros muchos sitios) os propongo también una colección que, con la ayuda de algunos amigos, he podido reunir en muy poco tiempo. Aplicarme a ello fue responsabilidad de una mujer de Castil de Lences. Os cuento: en una reciente visita a este maravilloso lugar tuve oportunidad de charlar con una de sus vecinas, una que encontré junto al arroyo cantarín que surge del convento de las clarisas. Al iniciar la charla y para romper el hielo, pensando que ello podría agradarle, le dije de sopetón:

-En qué pueblo tan bonito vive usted. El mío también es bonito.

Y ella se interesó:

-Pues, ¿de qué pueblo es usted?

-De Peñahorada -le dije.

Y ella me dijo:

-¡Bah, lo mismo tiene!

 

                         ¡Bah, lo mismo tiene!

Este “¡Bah, lo mismo tiene!”, estuvo resonándome en los oídos durante largo tiempo. Me resultaba familiar la expresión, pero hacía muchos años que no la escuchaba. Así dicho, con el “bah” delante y entre exclamaciones, su significado es bien conocido para los que peinamos canas, pero probablemente las generaciones nuevas no lo conozcan. Simple y llanamente quiere decir que ni comparación un pueblo con otro, por supuesto, en este caso, mucho más bonito el suyo. Días más tarde, comentándolo con mi amigo Miguel, se nos ocurrió que hay expresiones en el habla burgalesa que se han perdido o que están a punto de perderse. Por eso estuvimos chateándonos durante un tiempo cada vez que recordábamos una nueva. Y en esta misma dinámica, en una comida de amigos, también con canas, en la sobremesa tuve ocasión de agregar a las que ya tenía una buena partida de ellas. Reunidas todas, unas más trasnochadas que otras, tengo el placer de compartirlas con vosotros, queridos amigos, que seguro podríais aportar muchas que aquí no están.

Soy consciente de que muchas necesitarían ir acompañadas de una explicación respecto a su significado, pero eso sería harina de otro costal.

 

COLECCIÓN

¡Lo mismo tiene!; Que sea una hora corta; A bajar de un burro; Mejorando lo presente; Se me ha ido el santo al Cielo; A trancas y barrancas; ¡Figúrate!; Pues anda que tú…; ¡Ande va usté a parar!; ¡Ay que tío por dos reales!; ¡Manda huevos!; ¡Pues ándate con bromas!; ¡Ni siquiera en broma!; ¡A saber!; ¡Más te vale!; ¡Qué quieres que te diga!;Pues no sé qué decirte; ¡Ya te digo!; ¡La has hecho buena!; En el quinto pino; En el campo Lilaila; ¡Válgame el Cielo!; ¡Válgame Dios!; Ese no se anda con bromas; Si es un perro te muerde; ¡Estoy hasta las narices!; ¡Menudo fregao!; Pues ahora que lo dices…; ¡No te joroba…!; Más tonto que el que asó la manteca; Más raro que doña Mauricia; Más sordo que una tapia; Más tonto que Abundio; ¡Que Dios nos pille confesaos!; ¡Que te crees tú eso!¡Estás como una regadera!; Verdes las han segado; A la chita callando; Comer sopas y sorber no puede ser; Tienes una forma de pedir que parece que das; Como el que no quiere la cosa; No te arriendo las ganancias; Paja pal boche; Átatelo a la faja; A verlas venir; Así se las ponían a Felipe Segundo; Que si quieres arroz, Catalina; Cada loco con su tema; Qué le vamos a hacer…; Tan jodido es enero como febrero; Tente mientras cobro; Pan para hoy y hambre para mañana; Ir de picos pardos; Ni hablar del peluquín; Para ti la perra gorda; Entre Pinto y Valdemoro; ¡Mira tú por dónde!; De la ceca a la MecaNo hay dos sin tres; Contigo pan y cebolla; ¡Eso es una burrada!; Verdes las han segao; Al pan, pan, y al vino, vino; De puta a puta taconazo; Por si las moscas; Buen puñao son tres moscas; Matar moscas a cañonazos; Tiran más dos tetas que dos carretas; Por arte de birlibirloque; Que Dios te ampare; ¡Ay que joderse!; ¡Ver para creer!; ¡Si no lo veo, no lo creo!; Lo dijo Blas, punto redondo; ¡Estamos apañaos!; Cuando el río suena, agua lleva;¡Qué memoria la mía!; Éramos pocos y parió la abuela; ¡Vaya, sonó la flauta!; A tu gusto, mula, y arrastraba al amo; Me importa tres pepinos; Borrón y cuenta nueva; Donde las dan las toman; A mesa puesta; A troche y moche; A tirios y troyanos; De los suyo gasta; Consejos vendo, que para mí no tengo; Dame pan y llámame tonto; ¡Es que, a quién se le ocurre!; No sabe ni por donde le da el aire; Para que luego digas; ¡Ay, si tú supieras!; ¡Vete a la mierda! ¡Vete a freír espárragos!; ¡Vete a freír churros!; ¡Vete a tomar por culo!; ¡Vete al carajo!; ¡Vete a tomar viento!; ¡Bastante tengo yo para que encima…!; Palo y tentetieso; Sí, majo, sí, lo que tú digas; Me importa un carajo; Todo el día de aquí para allá; ¡Pues menudo es!; Cuando el río suena…; ¡Vaya, sonó la flauta!; A ese hay que echarle de comer aparte; ¡Pues ya son ganas!; ¡No te lo vas a creer!; Vaya tejemaneje que te traes; ¡Que Dios nos pille confesaos!; ¡Joder qué pintas!; Luego vienes a la hora nona; A quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga; Se necesita Dios y ayuda; ¡A mí plin!; Me la trae al pairo; Póngame cuarto y mitad; ¡Te vas a enterar tú de lo que vale un peine!; Más tonto que mandao hacer de encargo; Más largo que un día sin pan; ¡Vaya por Dios!; A pies juntillas; Juntos pero no revueltos; ¡Menuda tremolina se ha armao! A tontas y a locas; Tirar los tejos; Tirar de la manta; No sé qué quieres que te diga; San se acabó (Sanseacabó); ¡Ojo al parche!; Le ha dado una ventolera; ¡Ancha es Castilla! Más se perdió en Cuba y venían cantando; A la chita callando; ¡Carretera y manta!; ¡Andando, que es gerundio!; Vamos a ir yendo; Dame pan aunque nunca cuezas; ¡Ni flores!; Ni puta idea!;  Pero con todo y con eso; ¡Mira tú por dónde! ¡Ande va a parar! ¡Oye, oye, para el carro! "Sin en cambio (por contra)"; ¡No te amuela...!; Se me ha ido el santo al cielo;