Elías Rubio Marcos y su "CAJÓN DE SASTRE"

Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.

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viernes, 31 de julio de 2026

ROSETAS QUE ME PERSIGUEN


Puertas y arcones con rosetas en la sidrería.

                                                              

Abigarrada acumulación de objetos antiguos en un lugar de Burgos. 
Se puede encontrar de todo, pero buscando mucho. 

FOTOGRAFÍAS: De aquí y de allá (Tomadas en julio de 2026)

Anticuarios, coleccionistas, románticos empedernidos, soñadores del pasado, aprendices de etnógrafos, personas que gustan rodearse de lo que sirvió a sus padres y abuelos, gente que gasta sus dineros en rescates con afán inversionista, que durante muchos años de su vida, o una vida entera, se han dedicado a rastrear pueblos y aldeas, incluso mercadillos de lo viejo de cualquier lugar para conseguir cualquier cosa de aquello que ya no se usa y ha pasado al olvido, da lo mismo que sea en su propia región o en otra cualquiera.

Aprendices de museos (aunque mejor sería decir inmensos almacenes de antigüedades), particulares, son despreciados por las instituciones y responsables del patrimonio etnográfico por no tener convenientemente clasificada e identificada cada pieza almacenada, principalmente su procedencia. Y así, miles de artefactos y enseres, de lugares desconocidos, de enorme valor y atractivo, que con todo derecho serían merecedoras de figurar en cualquier museo oficial, duermen en grandes desvanes, naves y almacenes sin cuidado alguno y sin que se vea para su contenido una salida digna. Y así, lo que parecían buenas intenciones de quienes almacenaron estos tesoros con un cierto sentido de aportación cultural se quedó en algo sin destino ni aprovechamiento para la sociedad en general.

Conozco en Burgos algunas de estas impresionantes colecciones, que probablemente hayan costado millones, entre pesetas y euros, a sus conseguidores, y me cuentan que ahora no saben qué hacer con lo acumulado, sabiendo, además, que, por lo general, serán una rémora para sus familiares cuando ellos mueran.


Miles de piezas, de toda condición y con alto valor etnográfico en una colección
particular burgalesa.    

                                                           

Viene lo anterior a cuento de haber conocido este verano uno de estos abigarrados almacenes de antigüedades en un lugar del Principado de Asturias, concretamente en el concejo de Llanes. Se trata de una afamada sidrería que tiene la particularidad de lucir en una pared del zaguán que da acceso al establecimiento una impresionante colección de arte mobiliario, una notable y sugerente muestra compuesta de oscuros arcones y puertas de otros siglos, labrados con madera noble, con admirable talla carpintera y con rosetas de distintos radiales que me llevaron a recordar las hexapétalas que catalogamos recientemente en Burgos fuera del arte mobiliario. Las rosetas, al parecer, fueron en la Asturias rural un motivo decorativo con gran trascendencia, y seguramente con un simbolismo protector de los hogares.     

Aparte de dicho zaguán, la sidrería tiene en un espacioso desván una colección de antigüedades tan notable que cuesta creer que ninguna institución se haya hecho cargo de ella. No os describo lo que allí vi, sería abrumador para vosotros, pero os haréis cabal idea viendo las fotografías que aquí os dejo. Que las disfrutéis.


Puerta con rosetas, artesanía asturiana.  

Armario en el desván de la sidrería. 

Y haya sidra en el lagar... 

 

domingo, 21 de junio de 2026

LAS BODEGAS COMO REFUGIOS CLIMÁTICOS (BODEGAS XVI)

     

Descriptivo bocallave para acceso a bodega en Isar. 
Una jarra, una botella y un porrón adornan la bella y sugerente 
obra de un herrero artista y anónimo.  


FOTOGRAFÍAS:  Bocallaves en bodega de Isar. 

Hoy, que tanto sufrimiento nos va a deparar la ola de calor que nos asola, y la continuidad que esta tendrá en el tiempo, según las predicciones, se me ocurre pensar que llegados a un punto en el que ni casas con sus aires artificiales, ni piscinas ni otras refrigeraciones de las ciudades, podrán mitigar lo que se avecina en estos días (y lo que vendrá en un futuro cercano como consecuencia del cambio climático), las bodegas tradicionales de nuestros pueblos pueden llegar a ser un buen refugio para sobrellevar lo que el cuerpo de los burgaleses no puede aguantar durante mucho tiempo. Uno se imagina el exterior, con temperaturas continuadas de más de 40 grados y lo contrapone a los 12 o 14 del interior de las bodegas, y la verdad es que siente la tentación de llevarse colchón, sábanas y almohada y hacer cama en el subterráneo suelo, junto a una cuba llena de caldo, para poder dormir. Frescura y tranquilizante aroma no faltarían en las bodegas activas. En los pueblos del vino los vecinos lo tienen fácil, pues dichas bodegas están muy cercanas a las viviendas, cuando no pegadas a ellas. ¡Qué suerte! 

miércoles, 10 de junio de 2026

EL PAN DE EMILIO, DE LIGOS A ISAR


El molino de Emilio.


Emilio Bahón fabricó harina y repartió pan por los pueblos durante décadas.
Hoy, su panadería sigue repartiendo y él enseña con orgullo su histórico molino. 


FOTOGRAFÍAS: Molino en Isar (Tomadas en mayo de 2026).

Muchas veces, en mis incursiones por los pequeños pueblos del entorno de Villadiego, había visto en las plazas y calles mayores la furgoneta del panadero de Isar. Tantas veces, que llegué a familiarizarme con su imagen y con lo que representaba, que no era otra cosa que la de los últimos resistentes de la despoblación acercándose a la furgoneta para recoger su ración de pan diaria. Creo haberlo dicho ya, el encuentro entre dichos vecinos y las furgonetas panaderas me ha parecido siempre un momento extraño, pero a la vez entrañable, y diría que incluso mágico, pues advierte que detrás de la escena se esconde una manera intimista de romper aislamientos y silencios. Lo que no sabía es que un día habría de encontrarme con la tahona madre del pan de Isar, con el molino que hizo la harina y con su molinero gobernante. Y esto ocurrió hace muy poquito, el día que fui en busca de bodegas a Isar.

 

De Ligos a Isar

De allí [se supone que de Ligos], íbamos a Ayllón con seis burros a coger sacos pa moler, y yo iba con mi padre. Mi padre sí que fue molinero, mi abuelo no sé. A mi abuelo no le conocí yo. [Me contaron que] de un nublao que hubo le cayó un rayo y de eso se murió. A mi abuela sí la conocí.

 

Emilio Bahón, nacido en 1940, llegó a Isar a los 16 años procedente de Ligos, un pueblecito soriano arrimado a Cuevas de Ayllón. Sus padres, molineros en ese lugar, en vista de que su actividad molinera había decaído, o no daba más de sí para alimentar las numerosas bocas de la familia, decidieron buscar fortuna harinera más allá de su tierra soriana. Emilio lo cuenta así:

Vine aquí con 16 años. Porque en el molino en el que estábamos allá éramos molineros también, pero éramos dos hermanos y dos hermanas, y últimamente aquello no funcionaba, y entonces dijo el padre [Jesús Bahón Martínez]: “bueno pues nosotros nos vamos”. Y entonces, por aquí venía un sobrino, de una hermana de mi padre, que vivía en Burgos, venía a repartir caseras y cosas de esas, bebidas y… Y se enteró de que allí [en Isar] vendían un molino. Dijo: “vayan pa allá y le compráis ¿eh?”. Le compramos a un tío de la mujer [la mujer de Emilio].

Montaron la panadería

Al principio solo molíamos, pero al poco tiempo se montó la panadería. Montamos un horno ahí [en edificio contiguo y para hacer de panadería] y luego montamos otro dentro, estuvo sobre… pues igual, 15 o 20 años estaría. Y luego ya empezamos a repartir. Y luego ya monté la panadería allí donde hora está, que lleva cuarenta años, compré una huerta y entonces la montamos allí. Repartíamos [pan] pues por Pedrosa, Villorejo, Manciles, Cañizar, Hornillos, Hormaza, y hasta Villagutiérrez. Y luego ya nos metimos en Yudego, Villandiego y Citores.

Ahora se reparte, pero menos. Ahora se reparte a Hormaza, Hornillos, Cañizar, Pedrosa del Páramo, Villanueva de Argaño, Citores, Olmillos y Villandiego. Lo reparte el hijo.

Fábrica de harinas de Paulino Orejón

Al principio [de poner la panadería] gastamos harina de la fábrica de Orejón. Esa estaba por el castillo, según subes por el arco Santa María pues subes para allá y por ahí estaba. [debe referirse a la fábrica de harinas de Paulino Orejón que estuvo en la calle de Fernán González, junto a la Casa del Cubo]. La harina nos la traía él en un camión.  

Pienso para el ganado, una actividad frenética

Al principio algo trigo sí que molimos [trigo], pero luego ya venía la harina de la fábrica, de Briviesca, de otra que había por Villaquirán y … [molimos pienso para el ganado].

Para pienso pal ganao, ¡ni se sabe los sacos que molíamos! Desde las cinco de la mañana, y todo el día, ya estaban las galeras esperando [en el molino para moler].

 

DEL MOLINO

         Emilio y familia encontraron el ingenio de Isar con toda la instalación necesaria para la molienda, tal como se lo compraron a Emilio Calzada, su anterior dueño, y como ahora le podemos ver, incluida la vivienda que habría de ser su hogar, en la que el matrimonio molinero vivió nueve años y en la que nacieron sus dos hijos. Su aspecto actual es el de un coqueto edificio de buena sillería (de 1915), seguramente sustituto de otro más antiguo que ya funcionaba a mediados del siglo XVIII y seguramente más atrás en el tiempo. Cuenta con dos piedras molinares, las que llegaron a funcionar al unísono, una movida por turbina y otra por un motor de gasoil acoplado. Dispone también de un ciazo de cerner, colgado, del que “salía la harina limpia y lista para cocer”. Tuvo además una limpia, pero fue desmontada por Emilio y el olvido se la llevó. Hoy llama la atención a todo el que visite el molino la carpintería que protege el cuerpo y conjunto de las dos piedras, las barandillas que con gran esmero llegó a construir y montar Emilio.

           El cauce de agua que hacía mover la turbina, aún bien conservado, tiene 900 metros de recorrido, desde la toma del río Hormazuela hasta su entrada en el molino.


Aguas del río Hormazuela, desviadas para el molino. 

Una admirable labor de carpintería envuelve la maquinaria. 



Un molino de mucho ingenio natural. 


Del ciazo salía la harina limpia y lista para hacer el pan.  


       PD: Muchas gracias, Emilio Bahón, por haberme contado tu historia y por permitirme visitar el ingenio que durante tantos años ocupó tu vida y la de tu familia.  

 

martes, 26 de mayo de 2026

EL MOLINO DE ISAR, EJEMPLO DE INTELIGENCIA NATURAL (IN)

     

Tecnología IN

   

FOTOGRAFÍA: Molino de Isar (Tomada en mayo de 2026)

Fui en búsqueda de bodegas a Isar y me salieron muchas, pero también una iglesia templaria, ¡y un molino harinero! Así es de generosa la provincia burgalesa en huellas del pasado. A poco que rascas, lo mismo te sale un yacimiento del pleistoceno, que un mosaico romano, que unas tumbas visigodas o que un ingenio de época preindustrial, por citar solo alguna muestra de ese rico pasado. Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre, vengo con un molino harinero, uno de los cientos que se localizan en nuestros pueblos a orillas de nuestros ríos. Muchos de estos ingenios, por no decir la casi totalidad, se encuentran parados, abandonados y esperando su huella final. Unos pocos, en cambio, son conservados gracias al empeño de sus dueños, o incluso gracias a la intervención de ayuntamientos que han sabido reconocer su valor etnográfico y potencial turístico. Se me antoja que los molinos, tan antiguos como el pan y que tanto servicio prestaron, son una muestra de inteligencia natural (IN) como pocas, donde una persona (en este caso el molinero o molinera) interviene o participa  con todas sus innatas capacidades humanas, en contraposición a la IA, esa que tanto manoseamos en la actualidad, la que, con sus incomprensibles tecnologías, puede, para más inri, destruirnos a poco que se empeñen sus inventores y nosotros nos dejemos. Y no digo más sobre comparaciones…, bueno, sí, una cosita más: espero y deseo no llegar a ese momento en que un bicho robótico con forma de perro, como el que se nos muestra un día sí y otro también en TV como ejemplo de IA, me duche, me sirva el desayuno y me meta en la cama. Que no nos inutilicen ni las manos creadoras, ni nos anulen la inteligencia natural y humana, en definitiva: que ese perro no nos llegue a morder algún día.

El molino de Isar tiene su historia. Lo veremos en siguiente entrega.

jueves, 21 de mayo de 2026

UN CID EN LA BODEGA (XV)


La figura campea sobre la bodega. 




Hueca por dentro, parece de piedra y es escayola. Pronto el emparrado la ocultará. 

FOTOGRAFÍAS: Escultura en bodega de Hornillos del Camino. (Tomadas en mayo de 2026) 


Continuando con nuestro periplo por las bodegas tradicionales de Burgos recalamos en días recientes en el lugar de Hornillos del Camino. Y aquí, queridos amigos de este Cajón de Sastre, nos aguardaba algo que ni en sueños hubiéramos esperado, una sorpresa ajena a todo lo que tiene que ver con la producción del vino. Curioseando el núcleo principal de las bodegas, el que se encuentra en la calle alta del pueblo, nos llamó la atención en una de ellas algo que nos pareció insólito y que paso a describiros. A través de los huecos que dejaba un emparrado aún incipiente, el que en poco tiempo cubriría un merendero adosado a la bodega, pudimos ver que sobresalía una cabeza, aparentemente de piedra y sujeta en la cúspide, que, por su casco, sus luengas barbas y escamado almófar, se asemejaba a la de un caballero o guerrero medieval. Nos acercamos, y al observar la imagen completa, pudimos ver que se trataba no solo de una simple cabeza, sino de un busto; un busto que, por la iconografía que conocíamos de El Cid, tenía todas las trazas de querer representar al célebre personaje.

A dos hombres que trabajaban en un merendero cercano preguntamos sobre la autoría y procedencia de la escultura y nos dieron una versión que nos dejó impresionados. Al parecer un constructor burgalés la había encontrado enterrada en una casa que estaba derribando en la capital, aunque no sabían en qué concreto lugar. El asunto, pues, era tentador y nos invitaba a seguir su rastro.

De una sorpresa a otra: aparece Marceliano Santa María

La noche de aquel día me costó conciliar el sueño, todo me daba vueltas, todo giraba en torno a la misteriosa escultura. No parecía que estuviera hecha por un simple aficionado. Las preguntas se agolpaban en mi almohada: si el busto era de piedra, quién lo labró; si se ejecutó en algún lugar fuera de Hornillos, qué lugar era este y cómo llegó a campear en la bodega; y si tenía algún valor histórico o artístico, cuáles eran esos valores. Había que tirar del hilo, hacer de detective una vez más. Inquieto por el hallazgo, volví al día siguiente a Hornillos por si, por una casualidad, el dueño se encontraba en la bodega, pues solo él podría desentrañar el enredo. Como era de esperar, el dueño no estaba (las bodegas ya no son lo que fueron). Era domingo y la hora pacífica de la siesta, mal momento para encontrar en la calle autóctonos. Había, eso sí, peregrinos junto a los muchos albergues que se han abierto en este pueblo, pero ellos eran forasteros, de lejanas tierras, y por eso no podrían ayudarme. Cuando ya desesperaba, tuve la fortuna de que, de un coche recién llegado, bajó un hombre joven que parecía nativo del lugar. Le pregunté si conocía al dueño de la bodega: “Es amigo mío”, me dijo. Vaya, qué suerte, dije. Fue así cómo compartimos nuestros teléfonos y él mismo se comprometió a ponernos en contacto.

Había merecido la pena la visita dominguera, pero me quedaba la duda sobre si recibiría la llamada esperada en los siguientes días, a veces, las promesas espontáneas se convierten en pelusa de chopo.

La llamada

No tuve que esperar mucho, al día siguiente recibí la llamada de un móvil desconocido que estuve a punto de no atender por no estar en mi lista de contactos. Pero atendí, y acerté, pues quien me llamaba era Daniel Mayor, el dueño de la susodicha bodega de Hornillos, a quien debo agradecer su colaboración. Daniel, de 59 años, es una de las personas que participaron en el mencionado derribo y por eso conoce de primera mano el descubrimiento de la escultura supuestamente cidiana. Al parecer y según describe, la casa demolida estaba justo enfrente del convento de Santa Clara, en lo que hoy es la droguería Nieva. Describe también que dicha casa, derribada a finales de los ochenta, era de piedra y madera, de dos plantas, que en la planta baja estaba la vivienda y estudio de Marceliano Santa María, el afamado artista burgalés, y que el susodicho busto apareció alojado en una de las paredes.

¿Se trata de una máscara?

Daniel nos describe la escultura como una obra hecha en escayola o yeso, hueca por dentro, enseñando el esparto o cáñamo y las tablillas cruzadas que le daban consistencia. No se trata, pues, de en rigor un busto de piedra, aunque en un primer momento así nos pareciera, sino de una especie de gran máscara que, tal vez, pudo estar destinada a ser molde en el taller de algún alfarero ¿quizá los hermanos Calvo? Solo don Marceliano nos lo podría decir, si estuviera vivo, sólo él podría decirnos si la obra la hizo él mismo o algún discípulo.

Fue una suerte que alguien de los que participaron en el derribo decidiera recuperar la interesante figura, y más aún que la expusiera al público en general en lo más alto de su bodega, porque así la podemos disfrutar todos. Ojalá se conserve muchos años.

Y hasta aquí, queridos amigos, la pequeña memoria que he podido hilvanar de un pequeño descubrimiento en una bodega de las muchas que llevamos guardadas en nuestro repleto Cajón de Sastre.


Imitación de un guerrero medieval. 


viernes, 16 de enero de 2026

DE BUZONES Y POSTALES

                                            


Buzón de correos en Fuenteodra.


Buzón en Moradillo del Castillo.


Buzón en Manciles.



FOTOGRAFÍAS: Buzones de cartas (tomadas en distintos años).

En mi reciente estancia en México quise comprar alguna postal de los lugares más emblemáticos que visitamos. No porque las necesitara para enviar a familias y amigos, como hasta no hace tanto tiempo fue costumbre, sino por engrosar la colección acumulada durante años. Una colección preciosa, todo hay que decirlo. En un pasado cercano, la postal sirvió para comunicar a nuestros amigos y seres más queridos que estábamos bien y que disfrutábamos mucho de las maravillas que estábamos viendo en nuestros viajes. Quise comprar postales, ya digo, pero no pude hacerlo porque ya no se encuentran en ningún lado. Las postales han desaparecido. ¿Alguien ha comprado o visto alguna en los quioscos en estos últimos tiempos? Silencio. Hoy esa costumbre postal, que era una forma cómoda de comunicación, pues requería menos esfuerzo que una carta, ha sido sustituida por los envíos por wasap. Ahora, con nuestros móviles, podemos enviar fotografías sin cuento y el sufriente familiar o amigo recibirlas al instante de ser enviadas, sin necesidad de barcos ni de trenes que las transporten en sacas de Correos.  La competencia, pues, no resiste comparación y por eso las postales han desaparecido.  Otra pérdida sobrevenida por las nuevas tecnologías.  

Después de lo anterior, queridos amigos, me parece oportuno traer a colación los buzones de correos en los pueblos. Cuando veo empotradas en muros estas cajitas de distintos colores, con su característica trompetilla como logo y su mágica ranura para introducir las cartas, se me ocurre pensar que quizá lleven años vacías y que la menguada población de los pueblos, vieja de años y llena de experiencia, debe estar cansada ya de abrirlas para no encontrar nada. Pueden ser media docena de almas mayores que quizá no tengan quien les escriba, como no sea un banco sin calor amigo ni familiar.    

Si abriéramos uno de estos buzones olvidados, ¿con  qué nos encontraríamos?


Villanueva de los Montes 
En algunos lugares, las cajitas de Correos no llegaron, o llegaron tarde, y fueron
los propios dueños de las casas quienes tuvieron que arreglárselas
fabricando sus propios buzones.
 


 
 Buzón en Villasidro.  
Antes de las cajitas de Correos una simple ranura
 en la puerta podía servir como buzón.
  


 

jueves, 18 de diciembre de 2025

CARTAS DE RELACIÓN DE UN BURGALÉS EN MÉXICO (II). SEGUNDA PARTE, NOVENA ENTREGA. DIA DE MUERTOS EN ROMERILLO, ZINAKANTÁN Y SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS

CARTAS DE RELACIÓN DE UN BURGALÉS EN MÉXICO (II).  

SEGUNDA PARTE, NOVENA ENTREGA

 

DIA DE MUERTOS EN ROMERILLO, ZINAKANTÁN Y SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS 


Desfile de muertos en San Cristóbal de las Casas.
 


Cementerio de Zinacantán.
Reunión familiar platicando con las almas
que regresan en el Día de Muertos.


Cementerio de Zinacantán.
Indígenas tzotziles pertenecientes a la comunidad maya
en el segundo Día de Muertos de 2025 




Cementerio de San Cristóbal de las Casas

Arquitectura variada y de gran colorido.






Cementerio de Romerillo.
Cruces y tumbas, juncia, pétalos de cempasúchil y tabla de muerto sobre los túmulos, 
sincretismo en estado puro.




TIERRA, JUNCIA, TABLA Y CEMPASÚCHIL

Podríamos haber ido a cualquier parte de México para conocer y sentir de cerca las celebraciones en torno al Día de Muertos, y probablemente hubiéramos visto que, con diferentes formas y costumbres de celebrarlo, en todos los lugares se trata como una fiesta, aunque haya en ella un trasfondo de dolor, el que no vemos expresado porque se camufla con el alborozo por un nuevo encuentro con los que ya se fueron de este mundo. Para nosotros, españoles de Burgos en viaje turístico, fríos y muy compungidos siempre por el dolor de la muerte, todo se nos iba en asombro en esta celebración con evidentes reminiscencias de la cultura maya. Lo primero que llamó nuestra atención en los cuatro cementerios que visitamos en el Día de Muertos de 2025 (los cuatro en el territorio de los tzotziles), fue el hecho de que unos estuvieran conformados en su totalidad por simples túmulos de tierra (Romerillo, San Juan Chamula) y otros por panteones-capilla con múltiples tipos de arquitectura (San Cristóbal de las Casas, Zinacantán). El porqué de esta diferencia entre unos y otros sería un interesante motivo de estudio, si aún no estuviera estudiado, aunque en principio se nos ocurre pensar que pudiera tener que ver con una mayor o menor disponibilidad económica de las familias. Pero ero eso se lo dejamos a los especialistas mexicanos.


Cementerio de Romerillo.
Indumentaria femenina de la comunidad chamula,
falda con piel de oveja negra.


Cementerio de Romerillo. 
Alimentos y bebidas del gusto de los fallecidos, 
por si regresaran del más allá.     


LA TABLA

En el cementerio de Romerillo llamó nuestra atención el hecho de que dichos túmulos tuvieran a su lado una holgada y rústica tabla. Y como esto nos pareció que debía tener algún significado especial, recurrimos a un nativo chamula presente en la muy concurrida y animada feria montada para la ocasión. Según nos contó era costumbre arraigada cuando moría alguien en una casa depositar al finado sobre una tabla de su tamaño hasta el momento de llevarlo al cementerio; y puesto que, habiéndolo hecho así, en esta tabla había quedado -en sentido figurado- el espíritu antropomorfo de dicho difunto, se creía que era ya parte de él y debía estar con él para siempre. Grosso modo, así lo entendimos.


Cada tumba con su tabla de muerto.   


Túmulos mortuorios cubiertos de juncia y pétalos de tajetes 


TAJETES Y JUNCIA

Entre un inusitado colorido, reflejado como en ninguna otra cosa en el amarillo de las flores cempasúchil (tajetes) que todo lo inundaban, y también en la indumentaria de los chamulas (chaleco de oveja blanca en los hombres y falda de oveja negra en las mujeres), asombro nos causó igualmente ver cómo distintas charangas con llamativos disfraces, solicitadas por los deudos, actuaban en torno a las sepulturas cubiertas de pétalos de tajetes y juncia (hojas de pino), dando así un toque de alegría allí donde nosotros solo veríamos tristeza. Es lo que tiene encontrarse con los que se fueron y regresan del inframundo, maya en este caso, aunque sea una vez al año y para degustar los alimentos y bebidas que tanto les gustó en vida, como refrescos y bebidas alcohólicas tradicionales dejados por los vivos en los túmulos. Todo nos sonaba a nuevo y de todo ansiábamos saber más, pero en nuestras retinas quedará, sobre todo y para siempre, la imagen de familias de los difuntos pasando el día sentadas en torno a sus enteramientos, largas horas y seguramente platicando con ellos sobre la vida de acá y de allá. 


Tradicionales chalecos de los chamulas. 
Cada cruz un municipio adornado con cempasúchiles.  

Charangas con sus disfraces animan a vivos y fallecidos. 


Cementerio de Romerillo.
Colorido de los tzotziles en la necrópolis.
 


Cementerio de Zinacantán.
Estar cerca por si regresan las almas de los fallecidos,
pervivencia de la cultura de los mayas.







viernes, 29 de agosto de 2025

BODEGAS DE ZAZUAR, UN PAISAJE DE FANTASÍA: LOS BORRESQUILES (BODEGAS XIII)


Bodegas y árboles del paraíso, un conjunto de fantasía. 

FOTOGRAFÍAS: Bodegas de Zazuar, en primavera y en verano de 2025 

Sin ninguna duda, el conjunto de bodegas de Zazuar es uno de los más pintorescos y mejor cuidados de Burgos. Tuve ocasión de descubrirlo en el pasado abril, cuando la incipiente primavera teñía de verde los túmulos sobre los cabañones y arropaba con mimo las originales y robustas zarceras, auténticas chimeneas de hadas que surgen como periscopios del inframundo del vino; zarceras que se alzaban, íntegras (milagrosamente íntegras) conformando un paisaje de ensueño. En aquella visita, siguiendo con la aventura de las bodegas tradicionales burgalesas (recordad, queridos amigos, que nos habíamos quedado en la entrega XII), tuvimos ocasión de adentrarnos, de la mano del señor Justiniano, en una bodega, de la que es copropietario, cuyas formas no se diferenciaban mucho de las que llevábamos vistas hasta entonces. Las diferencias entre unas y otras no son muy grandes, en efecto, al menos en lo esencial, sin embargo, hay algo que puede impresionar a un neófito en las de Zazuar, y esto es las distintas habitaciones existentes, a uno y otro lado de la que podría llamarse galería principal, cada una de un dueño distinto pues son bodegas compartidas. Son habitaciones angostas, lúgubres, donde cada uno de aquellos duerme su vino en la oscuridad más absoluta, con puertas de hierro viejo, hoy recubiertas de gruesa capa de herrumbre, que más recuerdan a las mazmorras del Conde de Montecristo que a otra cosa. Son lo que se conoce como borresquiles (quedaos con esta palabra, queridos amigos de este Cajón de Sastre, porque ni en el Diccionario de la RAE la vais a encontrar, ya que debe tratarse de un aislado y muy particular localismo). ¡Borresquiles!: nueva y maravillosa palabra para guardar en nuestra memoria. Que no se pierda.


Periscopios de las bodegas. 

Afortunada conservación de un  conjunto de ensueño.


Puertas de acceso a borresquiles.


En aquella visita abrileña, el señor Justiniano nos habló de una comida popular que se celebraba todos los años en las bodegas, un día de agosto y en la que participaba todo el pueblo. Ah, eso me interesa mucho, le dije, pues es la huella de la socialización en las bodegas, que tanto auge tuvo en el pasado, uno de los aspectos que más me interesaron y me animaron a emprender mi periplo bodeguero.  El de Zazuar me invitó a la fiesta y por supuesto que acepté con gusto. Y ahí me veis, queridos amigos, nuevamente en Zazuar hace poquitos días, pero con un paisaje ambiental que ya no es verde, sino amarillento, requemado por el sol de un verano ardiente. Solo un grupo de árboles del paraíso, salpicados entre las bodegas, conservaban un halo verde y rompían la monotonía de la hierba agostada. Benditos árboles de sombra y perfume, cuyas semillas algún indiano zazuarino acertó a traer de Argentina en una de sus visitas a su pueblo.

Durante meses estuve imaginando cómo sería la comida popular en las bodegas de Zazuar; en mis cavilaciones pensaba que tendría lugar en el sombrío de las propias bodegas, parecía lógico, para protegerse del calor que se presumía en un día de agosto. Pero no, a veces lo que imaginamos nada tiene que ver con la realidad de las cosas. Lo cierto es que la participación fue masiva y que cada núcleo familiar o grupo de amigos había adosado a los cabañones grandes toldos para situar mesas y sillas. Inteligente forma de instalación de algunos, sin duda, pues así la frescura salida de cada bodega podía aliviar los 30 grados reinantes. Imaginad, pues, queridos amigos, un campamento de Miramamolín, con jaimas aquí y allá, casi una por cada bodega, y os aproximaréis al ambiente. Todo un espectáculo.


Comida popular sobre las bodegas.

Jaimas aquí y allá. 

Jaima del bingo, al atardecer.

Un día de bodegas a la sombra ganada.

Que no todo está perdido en la ancestral costumbre de socializar en los barrios de bodegas de nuestros pueblos.


ADENDA 

MÁS IMÁGENES DE LAS BODEGAS DE ZAZUAR

(9/10/2025)

Pasado un pequeño tiempo desde la publicación de esta entrada, hemos tenido la grata sorpresa de que María Miguel Bueno, una zazuarina seguidora de este blog y enamorada de su pueblo y sus bodegas, ha tenido la gentileza de enviarnos una serie de magníficas fotografías hechas por ella misma y correspondientes a las bodegas de su ribereño pueblo. Todos agradecemos su colaboración y con mucho gusto las insertamos aquí como complemento a lo ya publicado. Muchas gracias, María, por estar trabajando en el estudio y conservación de vuestro maravilloso conjunto de bodegas, que sin duda es un bien de interés cultural de primer orden.