FOTOGRAFÍA: Rebolledo de la Torre (Tomada en junio 2011).
Recopilación de artículos publicados y otros de nueva creación. Blog iniciado en 2009.
viernes, 24 de junio de 2011
EN REBOLLEDO DE LA TORRE
FOTOGRAFÍA: Rebolledo de la Torre (Tomada en junio 2011).
lunes, 20 de junio de 2011
VENTANAS CON HISTORIA
La ventana tapiada de Cornejo
martes, 7 de junio de 2011
EL LAVADERO DE ALBA





Hoy, queridos amigos de este Cajón de Sastre os traigo una historia que no por humilde deja tener su interés. Ha pasado una docena de años desde que visité por primera vez las ruinas de Alba, uno de los pueblos recogidos en mi libro Los pueblos del silencio. En aquella ocasión, intentando encontrar los restos del pueblo, hurgando entre la maraña vegetal que envolvía el lugar, encontré el lavadero del común, que estaba en su mayor parte oculto por una capa de hierba y tierra y corría sobre él el agua de un pequeño arroyo desbordado. Entonces, por mucho que lo intenté, no pude leer en su totalidad una inscripción, de buena caligrafía, que se adivinaba más larga que la simple fecha y firma de los constructores. “Alba 6 de junio de 1931. Jesús Solórzano hizo esta obra”, creí leer. Y ahí quedó la cosa, con la incógnita de saber si debajo de la capa vegetal había escrito algo más. Varios años más tarde conocí a un tipo en el Espacio Tangente, de Burgos, que habiendo ojeado o leído mi libro y picado por la curiosidad, sus dotes de detective le llevaron un día a Alba. Rebuscó como yo entre la selva y encontró también el citado lavadero. Todo su afán desde entonces fue descifrar el mensaje escrito en él. Y así, un día y otro, y otro, volvió al lugar para hacer una concienzuda limpieza del conjunto. Tras minuciosa labor, propia de un restaurador de arte, un día descifraba una palabra nueva, otro, dos más..., hasta que llegó un momento en el creyó que el mensaje empezaba a tener sentido, y sobre todo, mayor trascendencia que la de la simple datación y firma del constructor. Con todo ello, un día me invitó a visitar juntos las ruinas. Y tengo que decir que quedé admirado por la labor que había realizado. Ya la inscripción podía leerse con claridad, aunque todavía no del todo completa. El mensaje nos habla de una época en la que los roles de hombres y mujeres estaban bien definidos en Alba. Y dice así:
Este lavadero es solo para las mujeres.
Queda terminantemente prohibido lavar los hombres.
Y para que conste firmo la presente.
Alba 6 de septiembre de 1931
Jesús Solórzano.
Firman también a uno y otro lado de la pared, de cemento duro como la piedra, los que parecen ser vecinos y testigos de la normativa inscrita: al lado izquierdo, Cayetano Rubio y de nuevo Jesús Solórzano, que bien podría ser el mismo constructor o un hijo suyo con el mismo nombre; al lado derecho firman otros dos testigos, cuyos apellidos Rubio y Cámara llegan a leerse con claridad, pero no sus nombres, que se prestan a la confusión.
Finalmente, cabe señalar que en un extremo de la pared que hace de presa del lavadero puede verse una pequeña hendidura, rectangular, que debió servir para aliviar el lavadero, pero que las personas que la hicieron creyeron oportuno darle el sorprendente nombre de “BUZÓN”. Buzón para el paso del agua, que no para correspondencia, creo.
A mi amigo Oscar de la Torre, buscador empedernido de lo insólito, trotamundos por la provincia.
sábado, 4 de junio de 2011
VENTANAS BURGALESAS DE OTROS SIGLOS

jueves, 2 de junio de 2011
RUMORES DEL PÁRAMO

FOTOGRAFÍAS: El pastor de Peñahorada. Llega el vendaval (junio 2009). Reborada en La Polera.
AMO PASTOR
De El año de la gripe y otros relatos burgaleses (2005).
Domingo de Quasimodo de un año olvidado. Amaneció ventoso, con lluvia racheada del poniente. Peñahorada se debatía entre ser azotado por el viento regañón, el que saca música de las chimeneas, y el que, cargado de puñales, llega siempre del norte maldiciendo y haciendo imprescindible la capa. Refugiado en un socallado del Alto del Arreadero, burlando la lluvia y atento a la titánica lucha que mantenían los dos aires por ver cuál de ellos al final habría de prevalecer, hacia las nueve el pastor de las ovejas vio salir del pueblo a dos hombres que tomaron el camino de las Dos Hermanas. Deben ser los que van a la mojonera, Lobo, ayer lo acordaron en el Concejo tañido. Sí, confirmó el perro, los reconozco, ellos me han ladrado muchas veces. Míralos bien, lobo, debajo de las capas se adivinan las azuelas de amojonar y las viandas para confraternizar; mal día llevan, son Claudio y Simeón. En efecto, gruñó el can, estoy viendo aquí debajo los borregos de cada uno. No les ladro, harta desgracia tienen, ya lo hace el viento, ya les hinca el diente el agua. Parecen dos olmos pelados que se agitan. Parecen dos gotas de lluvia negra que se enfrentan a lo que de frente les azota. Patrón, ¿me acerco? Déjalos, tienen prisa en llegar a la Mojonera de las Tres Llaves. Los de Ubierna y Gredilla lo tienen mejor, los vientos empujan a su favor. Todos han quedado a las diez en la gran piedra, los tres llegarán por aires y nortes distintos. Conozco el gorreño, nadie me lo ha podido arrojar todavía, he guardado y corrido muchas veces por aquel paraje de carrascas. ¡Ovejas, quietas, no os mováis, cumplid con vuestra obligación, no salgáis del racimo! Eso es privativo de los humanos, ¿verdad amo? Es discutible. Observa, perro, que las capas mojadas se acercan ya a las Dos Hermanas, fraternidad-eternidad hecha piedra, risco hendido, hierba en el trigal que no acaba de germinar pese al abono de milenios. Otros pastores conocí, amo, que la adoraron a la salida del sol. Levanta, lobo, corre al rebaño y di que se acabó el holgazaneo, que coman, que por la noche den leche. Voy a espabilar a estas remolonas, no saben sino estar en montón. ¿Qué os contáis al oído, bribonas? ¿Qué conciliábulos os traéis, arreglasteis ya el mundo? Soy vuestro patrón más directo, ¿dónde está vuestro portavoz? ¡Que se presente ante mí, le morderé si no se mueve el rebaño! Lobo, no preguntes, no oyen ni escuchan, sólo se escuchan a sí mismas, no saben, sólo hablan de cosas sin sustancia, derechos de hierba, no les mientes obligaciones de pensar en otra especie. Ya corren ladera abajo, en cuanto me huelen el aliento parten las patas que se las pelan. Muy bien, lobo, las muy bribonas se creen con derecho a rebañarse y a desperdigarse con libertad. Pero ojito, que sólo lo hagan cuando yo, que soy la fuerza que dirige, y tú, mi brazo ejecutor, lo ordenemos. Nuestro poder no tiene límites, y su obediencia tampoco ha de tenerlos, afirmo. Así ha sido y así será, amo pastor. Voy a presionar a aquella cuernicorta, que parece que se aparta del grupo. Tú, ¿adónde crees que te diriges, no ves la masa obediente? Las iniciativas te son prohibidas. Te morderé en tu sucio y vellonudo trasero si no vuelves al orden. Circulen, circulen. Apresúrate, Lobo, que escampa, mira que asoma por Rahedillo el que a todos nos da vida, condúcelas por el camino del polvo mojado, llévalas por donde fueron las capas, por Bachasul, y pon máxima atención, que en aquél hondón de maraña impenetrable viven tus hermanos más fieros, los sin civilidad, los que devoran lo que no es suyo, éntralos en razón, su libertad de domicilio y de carnicear es una ilicitud. Bien que lo he intentado, director, pero en cuanto les ladro un discurso, pliegan sus desmesuradas orejas y me miran con odio, son caínes y se me enfrentan, nada quieren oír ni saber de parlamentos. Sí, el único discurso que entienden es el palo, y mira que se les dio oportunidades. Pero, observa, lobo, allí se ven las dos capas al viento que no las mueve, junto al gran pedrusco fronterizo, y otras dos que viene del norte, más dos más que llegan del poniente; pronto rezarán a la piedra si está en su sitio, y si no lo está, que alguien en mala hora osó arrimar el ascua a su sardina territorial, maldecirán, multarán en primera instancia, si es que no hacen la guerra. La gran piedra, hija del rayo, cayó del cielo al formarse el mundo y dejó bien claro lo que era de unos y lo que era de otros. Los sagrados signos no daban lugar a distintas interpretaciones, por el lado del cierzo algún patriarca fundador escribió Gredilla, por el del regañón, otro dejó dicho Ubierna, y por el oriente, el gran padre de Peñahorada quiso perpetuar su nombre. Las tres llaves del cielo: lo que ha escrito el rayo que no lo borre nadie. Mira cómo recomponen las azuelas el hoyo separador-repartidor de cada una. Nunca meo en la gran piedra, amo, siempre me atengo a los lugares establecidos por la autoridad, soy un lobo de orden y me sirve cualquier espino. Pero, escucha, ¿no oyes, patrón?, ahí mismo, en el salón real de ese islote de carrascas, debe pernoctar una piara de jabalíes, ¿quieres que vaya a husmear? No, esos marranos nos traerían complicaciones, quédate mejor vigilando, no sea que alguna de tus protegidas llegue a pensar por su cuenta. El viento acerca palabras, ¿oyes, lobo? Oigo que rumian escabeche, ninguna migaja de interés voy a encontrar de la reunión. Silba el viento una lengua de vino churrillo que tú conoces. Tengo hambre, patrón, es media mañana y me siento algo cansado de dirigir la orquesta, ¿no ves mi lengua luenga y mi baba batida? Abre tu zurrón y saca un corrusco, sé generoso con quien te alivia del trabajo sucio. Tú descansas, tú ordenas, y yo brego con esta plebe lanuda. Pronto llegaremos a La Polera, comeremos en aquellos círculos de piedra que un compás de muertos trazó. Muchas veces he meditado allí, amo pastor, sobre este ganado que no entiende de razón, siempre con la cerviz cerca del suelo, como si algún poderoso imán le obligara a la sumisión. Los muertos inspiran, lobo, hasta a vosotros los canes, que por cuadrúpedos no tenéis asignada tan alta dignidad; los círculos son presidios del pensamiento de los que resulta imposible escapar. ¡Maldito carnero, pues no se ha metido en el círculo mayor, en el pensamiento más amplio! ¡Fuera, fuera!, ¿no ves que esto está reservado para el razonamiento de los humanos? ¡Vuelve a tu hierba de irracionalidad! Así me gusta, perro, el orden de las cosas no puede ni debe ser alterado, el mundo dejaría de serlo. Tunante, ahora te pones a escarbar, olvidas lo que tantas veces te he dicho: los huesos de estos muertos son de pensadores de otros siglos que esperaron la ración de Razón que nunca les llegó; sus huesos están lavados, no los encontrarás enjundia alguna porque están contaminados de desesperanza y locura, no te contamines tú con ellos. Quizá desentierres un brazalete de oro, un signo de lo que creyeron aquellos especuladores que era más importante que la Razón. Ya ves, lobo, para lo que les sirvió. Se enterraron con ello pensando que les perpetuaría gloria y vida eternas y ahora tú te cagas en el círculo. ¡Qué sabiduría la tuya! Aquellas paredes arruinadas pertenecen a las casas de un pueblo como el nuestro que existió hace dos mil años y un día de sosiego. Contempla como tus-mis ovejas descerebradas pacen ahora con gula y desmesura entre las ruinas. Para inmortalizarse, sus habitantes mandaban ser quemados, y ahora sus pavesas de la pira final se mantienen eternas por estos escombros de desolación, intentando encontrar todavía lo que en vida anhelaron sin su propio consentimiento: la Razón. ¡Infelices, como si Ella viviera en la tierra o en el cielo! Toma, come este mendrugo, que tu cabeza más que el estómago revienta de ambición. Ahí abajo, en la charca que bebieron los iluminados de este poblado de hierro, podrás beber tú también, pero ten cuidado, no sorbas el virus que les abocó al desastre.

miércoles, 25 de mayo de 2011
CUEVAS DE LA MOTA, VIVIENDAS TROGLODITAS EN PAMPLIEGA



FOTOGRAFÍAS: Pampliega, puente sobre el Arlanzón y mota del castillo (mayo 2011). Vivienda troglodita reformada (mayo 2011). Varios aspectos de las cuevas-vivienda (verano 2006).Hace un año luz, o menos, con motivo de conocer la hoya de Guadix, donde según los arqueólogos acababan de aparecer en Orce restos humanos que hacían la competencia a los de Atapuerca, me acerqué a visitar las famosas casas trogloditas del lugar. A este respecto tengo que decir que, habiendo tenido la oportunidad de visitar una de estas viviendas y de recorrer todas sus estancias, quedé profundamente impresionado por su confortabilidad y por sus buenas condiciones ambientales, tanto de temperatura como de humedad y como por su aseo. Era verano y en el interior se encontraba uno como en la gloria. Y si no fuera por la oscuridad (pues no disponía de luz natural, solo eléctrica), poco diferenciaría aquella vivienda de cualquiera otra de bloques de pisos, ya que la distribución venía a ser la misma. Quedé impresionado, ya digo, quizá porque por aquellos años yo ejercía de explorador de cuevas en Burgos y todo lo que significara subterráneo me atraía especialmente. El hecho es que hace algunos años supe que en Pampliega hubo familias que vivieron en cuevas artificiales, en cuevas excavadas a los pies de lo que los pampliegueños llaman El Castillo. Ello me recordaba a Guadix y algo me decía entonces que habría de volver a la ciudad asociada al visigodo Wamba para conocer mejor el tema, como así ha sucedido. Hace apenas una semana volví de nuevo a Pampliega, en un día en el que desde el mirador de la iglesia pude disfrutar de la vega del Arlanzón como nunca antes la había disfrutado. Describir el paisaje primaveral de aquel océano verde, con los pueblos, cercanos y lejanos, rodeados de espigas puede ser una tarea ociosa, pues nunca habrá palabras que ensalcen la postal como merece. Pero, en fin, lo disfruté, y además, gratis. Bueno, al grano. Tras el flipe del mirador, encaminé mis pasos hacia la parte más alta del pueblo, donde debían encontrarse las cuevas-vivienda. Eran las primeras horas de la tarde, y cuanto más arriba del caserío la vega aparecía más esplendorosa. En lo que parecía un camino de ronda (luego supe que es por donde va una conducción de agua), antes de llegar a la picota del “castillo”, vi al mismo nivel lo que creí bodegas reformadas con mayor o menor gusto. ¿Serían algunas de aquellas posibles bodegas las viviendas que buscaba? Difícil saberlo, sin nadie que pudiera informarme en aquellos momentos. ¿Nadie? Nadie, no. Vi a un hombre que se acercaba lentamente en dirección al pinar donde yo me encontraba. Qué bien. Le interrogué: ¿Usted conoce a alguien que pueda informarme sobre familias que vivieron en unas cuevas que había por aquí? “Yo mismo” ¿¿?? ¿Y usted podría mostrarme dónde se encontraban las cuevas? “Claro”. Hacemos el recorrido por el camino del agua. “Se llamaban las Cuevas de la Mota y había seis. Seis familias llegaron a vivir en ellas. Mire: aquí, en esto que ve hundido, había una, en ella vivía una mujer que llamaban La Marión. En esta, que mi hermano la arregló para hacer un bar, vivimos nueve hermanos, cinco chicas y cuatro chicos, más mis padres, en total once personas”. ¿Nueve hermanos viviendo en la cueva? ¡Pues tenía que ser muy grande! “La cueva tenía un pasillo, dos habitaciones, con puertas, una a la izquierda y otra a la derecha, más la cocina, que estaba al fondo, donde ahora ve usted aquella chimenea. Y había también cuadras para gallinas y palomas, todo en la oscuridad”. No podía dar crédito a lo que oía, once personas viviendo en aquel angosto subterráneo me parecía algo extraordinario. ¿Y cómo se iluminaban? “Pues con velas y candiles de aceite. Cuando se hacía de noche, a dormir, y cuando salía el sol, todos afuera, como los caracoles”. ¿Y no se ahogaban con el humo de la cocina? Pues no, salía bien por la chimenea”. Hagamos cuentas: si mi informante vivió, como asegura, hasta los 20 años en la cueva, y ahora tiene 64, quiere decir que al menos hasta 1968 algunas viviendas trogloditas de Pampliega estuvieron habitadas. Un dato a tener en cuenta para la historia de la preciosa villa del Arlanzón, y de Burgos, sin duda.
jueves, 19 de mayo de 2011
EN UN PUEBLO DEL VALLE DEL OCA
FOTOGRAFÍA: En un pueblo del burgalés valle del Oca. (Tomada en marzo de 2011).Campanario, chimenea y parabólica, trino indiscutible. ¿Se trata de un lugar de culto religioso a falta de otro templo mayor, seguramente ya arruinado? No lo parece, si no fuera por el campanario ¿Se trata de una peña recreativa del pueblo a la vieja usanza de los teleclubs? Tampoco parece que lo sea, por culpa del campanario. ¿Se trata quizás de un edificio de usos múltiples, de esos que ahora tanto se crean en los pueblos a pesar de sus paupérrimas poblaciones? Muy pequeño aparenta el edificio para tal cosa. ¿De qué se trata, pues? Es algo excéntrico, sin duda. Si fuera lo primero, cabe imaginarse el campanillo sonando para una población de muy escasas almas. Si fuera lo segundo, bien podría uno sentir el campanil, a media tarde, llamando a la partida, de mus si hubiera hombres o de brisca o julepe si hubiera mujeres. Si se tratase de un edificio de usos múltiples, uno pensaría que habrían de convivir demasiado apretados el cura y los feligreses, el médico y sus pacientes, el alcalde y la Junta Vecinal, más los que ven la tele o echan la partida, a pocos que fueran. Cabría, por último, la posibilidad de que el exento híbrido fuera obra de algún artista iconoclasta de la tierra buscador de nuevas expresiones. Aquí dejo las interrogantes.
miércoles, 18 de mayo de 2011
"ROBLE BORRACHO", EL ÁRBOL DE LOS SIGLOS


De Ecos de la lluvia y el aire (Inédito)
Es el guardián, Aire. Es el jalón de los pasos en la nieve cuando los viajeros de alforja se arriesgaban por la serranía profunda camino a Burgos. Se lo pensaban en la tronca centenaria, allí se sentían seguros, pues dudaban de si saldrían con bien de los barrancos de lobos, bajo el Mencilla guía que todo lo ilumina y todo lo ensombrece. Lo sé Lluvia, conozco bien el vegetal, unas veces lo mecí hasta dormir su otoño y otras doblé con violencia sus brotes de terciopelo. Conozco sus constantes, sus latidos junto a la ermita, en el pando de Santa Julita. Sé que está ahí desde antiguo, creo que desde que empuje las velas de Colón por el Gran Océano. Como hermano mayor en el rebollar, preside la ruta de serranos perdidos. Camino de Burgos, dicen que es aquel por donde van-iban los de Valdepez a La Pinta para llegar a la capital. Lugares difíciles de transitar, entre oscuros hondones, arroyos ebrios de nieves y ejércitos de robles cansados, muertos vivientes dormidos. El Roble Borracho lleva con dignidad su vejez, sigue ahí, eterno, ejerciendo de guardián para respiro de caminantes y pastores que hubo. Cinco serranos de brazos largos hacen falta para abarcarle, cinco que fundían el hierro bajo la ermita lo intentaron y se quedaron cortos. Es fortachón el árbol, Aire, sus raíces deben llegar al centro de la tierra. Quizá por eso, ni siquiera el Año de las Nubes, cuando estuve regando cuarenta días y cuarenta noches sin tregua, llegué a ablandar sus cimientos. Ni yo cuando el gran huracán de los tejados volando. No está borracho el roble del áspero camino, nadie le ha visto inclinarse, más bien puede decirse que se encuentra sobrio y erguido al pie del camino de Burgos.
lunes, 16 de mayo de 2011
SE FUE DAMIÁN MONTERO, EL ÚLTIMO MULERO

FOTOGRAFÍA: Damián Montero Rodríguez, "El Peseta", en su casa de San Martín de Elines (Tomada el 13 de octubre de 2009).
jueves, 12 de mayo de 2011
EL PALACIO BLANCO


FOTOGRAFÍAS: Palacio de Villaverde Mogina antes de las obras y ahora. La cigüeña del palacio en mayo de 2011.Siguiendo a los vendedores ambulantes por la vega del Arlanzón (¿qué tendrá la vega del Arlanzón, que tanto me atrae?), el pasado martes entré una vez más en Villaverde Mogina, el pueblo de los lagares vaciados. Y como sé que a algunos seguidores de este Cajón de Sastre, que han venido dejando sus comentarios en entradas anteriores, les puede interesar especialmente, les ofrezco una imagen nueva del palacio de los Barahona, la que pude obtener dicho día, después de que fueran retirados los andamios que le ocultaban y haberse limpiado o tratado la piedra del edificio. Ahora, aunque la restauración continúa, el monumento luce blanco, blanquísimo, como probablemente nunca lució. Tiene una guinda el pastel, la que seguramente todos vosotros, leales amigos del patrimonio, descubriréis al contemplar fotos de antes y después. Además, para mi amigo César, que se interesó en una ocasión por la cigüeña que anidaba en uno de los pináculos, le traigo la imagen de la zancuda palaciega justo en el momento del despegue, en el ocaso de la tarde. Tranquilo, amigo mío, la cigüeña ha vuelto, a pesar de las obras.





